Berlín se exhibe 'en obras': del Pérgamo al futuro Museo Moderno

Detalle del relieve escultórico Telephosfries, que forma parte del Gran Altar de Pérgamo, durante un recorrido para la prensa por las remodelaciones del afamado Museo de Pérgamo, en Berlín (Alemania). / HANNIBAL HANSCHKE / EFE
"Estamos ante un hito. Todo brillará con una luz nueva", aseguraba el ministro alemán de Cultura, Wolfgang Weimer, ante decenas de cámaras y equipos de televisión, alemanes o internacionales, ansiosos por captar el hito anunciado: el Altar de Pérgamo, la joya del museo más visitado de Berlín -mientras estuvo abierto- aparece ahora entre andamios, con su escalinata recubierta de cartones y telas protectoras, mientras los frisos, esculturas, mosaicos y relieves, convenientemente señalizados, reposan repartidos por el suelo de la inmensa sala, a la espera de ser restituidos a su lugar original.
Weimer, titular de Cultura del gobierno de Friedrich Merz, acudió a la cita con la prensa acompañado por la presidenta de la Fundación del Patrimonio Prusiano, Marion Ackermann, cuya institución gestiona 21 museos públicos de la capital alemana, más archivos, bibliotecas, colecciones culturales y proyectos de investigación. No se trataba en esta ocasión de inaugurar una exposición o reabrir el Pérgamo. Simplemente se presentaba a los medios, a modo de ‘visita de obras’, el estado intermedio de una restauración cuyos primeros resultados se ofrecerán al público en la primavera de 2027. Corresponderá a esta fase tanto el Altar de Pérgamo como una cúpula de la Alhambra de Granada. Para poder acceder el Pérgamo al completo hay que esperar bastante más: será en el año 2037, tras unas obras presupuestadas en 1.200 millones de euros.

Andamios en el Gran Altar de Pérgamo, durante un recorrido para la prensa por las remodelaciones del afamado Museo de Pérgamo, en Berlín (Alemania). / HANNIBAL HANSCHKE / EFE
Es mucho el esfuerzo que se reclama tanto del berlinés como del visitante a la capital alemana. El Pérgamo es la pieza más destacada de la Isla de los Museos, el corazón del tejido museístico clásico, y cerró sus puertas en octubre de 2023. Su famoso Altar había quedado clausurado incluso nueve años antes, en 2014. Tal vez la intención de Weimer y de Ackermann, ambos en sus respectivos cargos desde hace seis meses, es calmar la impaciencia, enviando señales de cómo van las cosas en ese interior, ahora cerrado por obras.
Despedirse por una década y media del Pérgamo fue un shock para muchos berlineses. Que fuera a prolongarse catorce años o tal vez más -teniendo en cuenta que las obras en Berlín tienden a eternizarse y los retrasos son la norma- dejó una sensación de extrañeza. Se explicó que era preciso sanear cimientos, estructuras, soportes y cubierta para garantizar su preservación. Son muchos los retos derivados de su restauración. La Isla de los Museos está sobre el río que cruza la ciudad, el Spree. Se asienta sobre un cráter que fue reforzado con bloques de madera para la construcción de los primeros edificios, en el siglo XVIII. A esos elementos históricos se sumaron en las últimas décadas espectaculares edificios, como la Galería James Simon del arquitecto británico David Chipperfield, que obligó a reforzar el suelo con 1.200 pilares de acero. El hito de la restauración a que alude el ministro es, sobre todo, un desafío a la ingeniería.
Un pabellón gris junto al puro Bauhaus
La espera hasta el reencuentro con el Altar de Pérgamo, en 2027, será relativamente corta. Dos años después se prevé la inauguración de un museo de nuevo cuño, cuya construcción ha atraído ya a miles de visitantes. Es el llamado 'Berlin Modern', emplazado entre el gran exponente de la línea pura Bauhaus que es la Neue Nationalgalerie, la Philharmonie y la Pinacoteca.
Inicialmente iba a inaugurarse en 2028. Aquí hay ya un retraso reconocido: será en 2029. También han reconocido las autoridades museísticas que el presupuesto de 200 millones inicialmente contemplado se disparará a 507 millones. Por ahora.

Obras en el Museo Moderno, este diciembre en Berlín. / G. C.
Las obras avanzan y se organizó recientemente un gran fin de semana de puertas abiertas, que se estima aprovecharon 9.000 ciudadanos para visitar las obras. El edificio, de los arquitectos suizos Herzog & de Meuron, cumple con todos los requisitos de construcción respetuosa con el medio ambiente y se ajusta con rigor el precepto de la eficiencia energética. Pero ello no le ha evitado duras críticas desde los medios berlineses, que califican el edificio de mastodóntico. Se critica su acceso, que semeja una superficie comercial tipo ‘Aldi’ . Se dice, además, que con sus proporciones tapona la vecina Neue Nationalgalerie, a la Philarmonie, la histórica Iglesia de San Mateo, reconstruída tras la II Guerra Mundial, o la Pinacoteca.
Que un equipo de arquitectos de hoy se haya atrevido a superar en altura del Nationalgalerie de Mies van der Rohe ha sido recibido como una afrenta al genio del Bauhaus. La Philharmonie, obra de Hans Scharoun, no queda opacada. Pero su vecino le resta visibilidad a la esplanada que la envuelve.
Al ministro Weimer, como a la presidenta de los museos, Marion Ackermann, les correspondió argumentar que el edificio resultante necesita esas dimensiones para albergar como se merecen obras de Otto Dix, Andy Warhol, Rebecca Horn y Anselm Kiefer, entre otros, que ahora duermen almacenadas en fondos museísticos.
Weimer y Ackermann piden paciencia a los visitantes. Una vez terminado, será no solo un museo, sino también un lugar de encuentro, con sus cafés y sus jardines interiores, aseguran.