María Corina Machado: "Sí, trabajamos de manera ardua con el Gobierno de Trump"

Corina Machado dice que Venezuela ya fue invadida/ EFE
Oslo11 DIC 2025
"Sí, trabajamos de manera ardua con el Gobierno de EEUU", pero "no estamos involucrados en las decisiones y operaciones relacionadas con la seguridad nacional de un país extranjero". Con estas dos frases trató de saldar María Corina Machado las insistentes preguntas sobre sus vínculos con Donald Trump o sus planes de intervención en Venezuela. Era la primera aparición pública de la líder de la oposición desde el inicio del año. No llevaba ni 24 horas en Oslo, adonde llegó la madrugada siguiente a la ceremonia en que se le concedía el Premio Nobel de la Paz. Si logró salir de su país fue con "el apoyo del Gobierno de Estados Unidos", aclaró, en relación a la siguiente gran incógnita sobre cómo consiguió romper el cerco de Nicolás Maduro. Pero tampoco ahí reveló los detalles sobre el itinerario o métodos a los que recurrió ni precisó cuándo se plantea regresar a Venezuela, más allá de insistir en su determinación a hacerlo. Su propósito es "devolver a los venezolanos" el Nobel que, a su parecer, corresponde a sus compatriotas.
"Desconozco si Estados Unidos tiene un ultimátum. Nosotros iremos hasta el final", respondió la líder de la oposición venezolana, a la cuestión de si Trump ha impuesto a Maduro un plazo para su 'salida' de Venezuela. Machado compareció ante los medios en Oslo irradiando optimismo, esperanza, determinación y energía, pero evitando concretar sus planes o la agenda con que la oposición, y el presidente electo Edmundo González Urrutia, quieren conseguir el adiós al régimen opresor de Maduro.
"Tengo la esperanza de que Venezuela volverá a ser libre, volverá a ser un faro de esperanza y de democracia", afirmó. "Algún día seré capaz de explicarles mi experiencia", dijo, en relación a las incertidumbres creadas por un viaje que finalmente consumó, aunque con retraso, por lo que fue su hija, Ana Corina Sosa, quien pronunció su discurso de recepción del premio.
Teóricamente salió Machado de Venezuela por vía marítima, hasta la isla neerlandesa de Curazao. Al menos esta es la versión más consistente difundida desde Estados Unidos. Más allá de estas incógnitas, sobre Machado pesa la pregunta de si respalda una eventual invasión militar como la que parece estar dispuesto a lanzar Trump. Esquivó la cuestión hablando de una Venezuela que, en realidad, ya está invadida: "Mi país ya ha sido invadido en múltiples formas. Tenemos agentes rusos, tenemos agentes iraníes, grupos terroristas como Hizbulá y Hamás que operan libremente con el beneplácito del régimen", enumeró. "Tenemos a la guerrilla colombiana, a los cárteles de la droga y que no solo están involucrados en el narcotráfico, sino también en la trata de personas y en redes de prostitución", añadió.
Aludía así al que ha sido el argumento de Trump para justificar sus ataques contra barcas presuntamente del narcotráfico, que han causado hasta ahora cerca de 90 muertos. Es necesario, dijo Machado, "cortar el flujo" de financiación que percibe el régimen.
Reencuentros políticos y privados
La presencia de Machado en Oslo quedó envuelta en una oleada de emociones, abrazos y también de reencuentros, desde lo más personal a lo político. "Llevaba semanas pensando en este momento, en quién sería la primera persona que abrazaría, cuál de mis hijos. O tal vez a los tres. Ha sido uno de los momentos más espirituales de mi vida", aseguro, en relación al momento en que pudo abrazar de nuevo a los suyos, lo que no ocurría desde hacía dos años.
Su avión había aterrizado en el aeropuerto de Oslo pasada la medianoche. Apenas dos horas y media después aparecía Machado en el balcón del Grand Hotel, saludaba desde ahí a las decenas de personas que le esperaban en la calle y a continuación bajaba a abrazar y besar a desconocidos, familiares o compañeros opositores, sin distinción, entre descargas emocionales y banderas venezolanas.
Sus primeras declaraciones, ya más serena, se habían producido a la mañana siguiente, en un breve encuentro con los medios junto al primer ministro noruego, Jonas Gahr Store. El jefe del Gobierno de Oslo, del Partido Laborista, le prometió todo su apoyo, además de recordar a los millones de ciudadanos que forman la diáspora venezolana.
La agenda de Machado se había iniciado a primera hora, con una visita al Parlamento noruego. De ahí pasó a su encuentro con el primer ministro Store. Ya sobre el mediodía se recuperó la conferencia de prensa inicialmente prevista para la víspera de la ceremonia del Nobel, pero que fue suspendida porque no había logrado llegar a Oslo.
Fue ahí donde se produjo el siguiente reencuentro, en este caso con el idioma español, tras sus anteriores declaraciones junto al primer ministro noruego en inglés. "Todos sabemos que éste (el premio Nobel) ha sido un reconocimiento para todos nosotros, para millones de venezolanos. Mi deber era venir a recoger este premio para llevarlo de vuelta a Venezuela. Sé que muy pronto estaré de vuelta. Nuestra generación entera pasará a la posteridad", aseguró, en ese primer mensaje en español.
De blanco impecable, sonriente y radiante, su rostro reflejaba no solo la emoción, sino también el cansancio tras su complejo viaje a Oslo, más sus 16 meses de clandestinidad o tal vez las dos décadas largas de confrontación, primero con Hugo Chávez y luego con Maduro.
Reiteró ahí su propósito de regresar a Venezuela, aunque sin concretar cuándo. "No depende de la salida o no del régimen", respondió, a la pregunta de si se podía plantear volver en las condiciones actuales y ante las presiones del Gobierno de Maduro, que la califica de "terrorista".
Divergencia de opiniones
En la segunda y más larga comparecencia ante los medios, estuvo Machado acompañada del presidente del Comité Nobel, Jorgen Watne Frydnes. "No hay paz con opresión", reiteró este, como había hecho el día anterior en la ceremonia del Nobel.
"Venezuela atraviesa uno de los periodos de represión más dura de su historia". "Eso es lo que ocurre cuando la democracia colapsa", resumió Frydnes.
Hay coincidencia, a derecha e izquierda, sobre el cambio radical que representa en el pulso entre la oposición y el chavismo el Nobel de la Paz para Machado y el hecho de que lograra salir del país. Este giro se produce, sin embargo, en un momento álgido, por la determinación expresada por Trump de intervenir en Venezuela y el hecho de que Machado no solo no ha rechazado esa opción, sino que más bien parece respaldarla. Junto a las muestras de devoción hacia Machado y lo que representa, Oslo fue asimismo estos días escenario de protestas de movimientos pacifistas e izquierdistas, principalmente noruegos, contra lo que consideran un "Premio Nobel manchado de sangre".
La presencia de Machado en Oslo quedó envuelta en una oleada de emociones, abrazos y también de reencuentros, desde lo más personal a lo político. "Llevaba semanas pensando en este momento, en quién sería la primera persona que abrazaría, cuál de mis hijos. O tal vez a los tres. Ha sido uno de los momentos más espirituales de mi vida", aseguro, en relación al momento en que pudo abrazar de nuevo a los suyos, lo que no ocurría desde hacía dos años.
Su avión había aterrizado en el aeropuerto de Oslo pasada la medianoche. Apenas dos horas y media después aparecía Machado en el balcón del Grand Hotel, saludaba desde ahí a las decenas de personas que le esperaban en la calle y a continuación bajaba a abrazar y besar a desconocidos, familiares o compañeros opositores, sin distinción, entre descargas emocionales y banderas venezolanas.
Sus primeras declaraciones, ya más serena, se habían producido a la mañana siguiente, en un breve encuentro con los medios junto al primer ministro noruego, Jonas Gahr Store. El jefe del Gobierno de Oslo, del Partido Laborista, le prometió todo su apoyo, además de recordar a los millones de ciudadanos que forman la diáspora venezolana.
La agenda de Machado se había iniciado a primera hora, con una visita al Parlamento noruego. De ahí pasó a su encuentro con el primer ministro Store. Ya sobre el mediodía se recuperó la conferencia de prensa inicialmente prevista para la víspera de la ceremonia del Nobel, pero que fue suspendida porque no había logrado llegar a Oslo.
Fue ahí donde se produjo el siguiente reencuentro, en este caso con el idioma español, tras sus anteriores declaraciones junto al primer ministro noruego en inglés. "Todos sabemos que éste (el premio Nobel) ha sido un reconocimiento para todos nosotros, para millones de venezolanos. Mi deber era venir a recoger este premio para llevarlo de vuelta a Venezuela. Sé que muy pronto estaré de vuelta. Nuestra generación entera pasará a la posteridad", aseguró, en ese primer mensaje en español.
De blanco impecable, sonriente y radiante, su rostro reflejaba no solo la emoción, sino también el cansancio tras su complejo viaje a Oslo, más sus 16 meses de clandestinidad o tal vez las dos décadas largas de confrontación, primero con Hugo Chávez y luego con Maduro.
Reiteró ahí su propósito de regresar a Venezuela, aunque sin concretar cuándo. "No depende de la salida o no del régimen", respondió, a la pregunta de si se podía plantear volver en las condiciones actuales y ante las presiones del Gobierno de Maduro, que la califica de "terrorista".
Divergencia de opiniones
En la segunda y más larga comparecencia ante los medios, estuvo Machado acompañada del presidente del Comité Nobel, Jorgen Watne Frydnes. "No hay paz con opresión", reiteró este, como había hecho el día anterior en la ceremonia del Nobel.
"Venezuela atraviesa uno de los periodos de represión más dura de su historia". "Eso es lo que ocurre cuando la democracia colapsa", resumió Frydnes.
Hay coincidencia, a derecha e izquierda, sobre el cambio radical que representa en el pulso entre la oposición y el chavismo el Nobel de la Paz para Machado y el hecho de que lograra salir del país. Este giro se produce, sin embargo, en un momento álgido, por la determinación expresada por Trump de intervenir en Venezuela y el hecho de que Machado no solo no ha rechazado esa opción, sino que más bien parece respaldarla. Junto a las muestras de devoción hacia Machado y lo que representa, Oslo fue asimismo estos días escenario de protestas de movimientos pacifistas e izquierdistas, principalmente noruegos, contra lo que consideran un "Premio Nobel manchado de sangre".
