La cara y cruz de los drones: una pesadilla para el flanco este de Europa y el posible maná de Ucrania

KHARKIV (Ukraine), 29/10/2025.- EFE/EPA/SERGEY KOZLOV / SERGEY KOZLOV / EFE
"Rusia es y seguirá siendo una amenaza para toda Europa. La única respuesta posible es reforzar la cooperación", afirmaba esta semana el primer ministro finlandés, Petteri Orpo, anfitrión de la cumbre de líderes del flanco oriental.
La reunión en Helsinki juntó a líderes de Suecia, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, además de Finlandia. Es decir, seis miembros de la Unión Europea y la OTAN fronterizos con Rusia o su aliada, Bielorrusia. Asistían también Bulgaria y Rumanía. Los bálticos venían exigiendo desde la anexión de Crimea, en 2014, el refuerzo del flanco oriental de la Alianza Atlántica. Suecia y Finlandia se unieron a ella a raíz de la invasión a gran escala de Ucrania, en 2022.
Países políticamente polarizados como Polonia, con un jefe de Gobierno europeísta –Donald Tusk– en pulso permanente y frontal con el presidente ultranacionalista –Karol Nawrowki–, reaccionaron mostrando cohesión ante la "agresión sin precedentes" que fue la incursión de 19 drones rusos en su territorio, el pasado septiembre. A esta señal de advertencia siguieron otras irrupciones que obligaron a cerrar el espacio aéreo de aeropuertos de Dinamarca, Alemania, Bélgica, los países bálticos, Polonia o Rumanía. En su mayoría siguen sin esclarecerse, puesto que a la presencia de drones militares se unieron los aparatos de uso comercial y hasta balones aéreos usados para el contrabando. Su multiplicidad ha puesto en jaque a los países afectados.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se reúnen al inicio de una sesión plenaria del Foro de la Industria de Defensa de la Cumbre de la OTAN en La Haya/ JONAS ROOSENS / EFE
La respuesta es la llamada Eastern Flank Watch (vigilancia del flanco oriental), cuyo liderazgo han asumido Finlandia y Polonia. Entre sus objetivos prioritarios está el muro antidrones anunciado a toda prisa por la Comisión Europea tras la incursión de aparatos de gran tamaño en Polonia, que "puso a prueba la capacidad de respuesta rápida de las defensas del conjunto de la OTAN". "Si era un test, le salió muy barato a Rusia. Son aparatos de fabricación en serie y obligan a la OTAN a dar respuestas eficientes, pero equilibradas, para no precipitar una escalada", comentaba en una reunión con corresponsales en Berlín Kai-Olaf Lang, experto en seguridad de la Fundación Ciencia y Política (SWP).
'Sacrificar' aparatos no tripulados sale barato y, además, se pone a prueba tanto la efectividad defensiva como las posibles reacciones de pánico de la población, advierte el experto. Son la pesadilla más reciente del espacio aéreo de países geográficamente cercanos a Rusia y, por extensión, de vecinos como Alemania.
Producto estrella del país agredido
Pero los drones son también, en paralelo, una plataforma de éxito para Ucrania. Además de precisar apoyo militar, político y económico de sus aliados, empieza a producir estos aparatos en el exterior y se plantea exportar sus excedentes de armas para financiarse.
El pasado lunes, el canciller Friedrich Merz ofició de anfitrión en la cumbre entre Volodímir Zelenski y los emisarios de Donald Trump –su representante para misiones de paz, Steve Witkoff, y su yerno, Jared Kushner–, además de los principales líderes europeos de Ucrania y cúpulas de la OTAN y la UE. En paralelo a sus reuniones maratonianas, discurrió en Berlín un foro germano-ucraniano con empresarios y potenciales inversores en el país aún en guerra.
Ahí hizo acto de presencia Zelenski, mientras Merz anunciaba un plan de 10 puntos que incluye la apertura de una delegación de la industria armamentística ucraniana en Berlín y de una planta de producción en serie de drones de combate en territorio alemán. Unas semanas antes, Zelenski había presentado en Dinamarca una oficina similar en territorio danés, donde se ha instalado ya una planta de producción de combustible de la ucraniana Fire Point, fabricante del misil de largo alcance 'Flamingo'.

A Ukrainian commander callsign Fidel of the 14th Separate Unmanned Aerial Systems Regiment (AP Photo/Evgeniy Maloletka) / Evgeniy Maloletka / AP
La empresa germano-ucraniana establecida en Alemania recibe el nombre de Quantum Frontline Industries (QFI). Será la pionera dentro de la UE en la producción automatizada e industrial de drones. Las empresas implicadas prometen transparencia y lucha contra la corrupción, el gran lamparón sobre el equipo de Zelenski. Junto a la fabricación masiva de aparatos destinados a la defensa de Ucrania se plantea producir drones para el flanco oriental de la OTAN.
Exportación de los excedentes
"Nuestro objetivo es coproducir y exportar. Necesitamos vender nuestros excedentes para adquirir sistemas defensivos que nosotros mismos no podemos fabricar", explicó Zelenski ante los empresarios. Alemania es el primer contribuyente de la UE a la ayuda militar a Ucrania. Junto con Dinamarca, asimismo muy comprometida con el apoyo a Kiev, actúa de palanca de lanzamiento al sector armamentístico ucraniano.
La exportación de excedentes es posible desde el levantamiento de la prohibición de ventas de armas propias firmado por Zelenski en noviembre. Los drones 'made in Ucrania' están destinados a ser competitivos a escala internacional. Los grandes consorcios armamentísticos alemanes les dan aún rango de subproducto, ya que su fuerte son los tanques, los misiles de largo alcance como los Taurus o los sistemas de defensa antiaérea.

Soldados ucranianos instalan redes para protegerse de los drones en una zona del Donetsk. / EFE
Ucrania ha logrado desarrollar en tiempo récord drones muy eficientes y además los fabrica en cantidades superiores a las necesidades de su defensa nacional. Los que saldrán de Quantum Frontline son aparatos totalmente automatizados, emparentados con los de largo alcance que ha desarrollado Ucrania, con una autonomía de hasta 1.000 kilómetros. En Ucrania, su producción es bajo tierra, para protegerlos de los bombardeos rusos. Con estos aparatos no tripulados ha logrado el Ejército de Zelenski atacar refinerías petroleras, terminales de crudo y centrales energéticas rusas. Son golpes al corazón del conglomerado estatal controlado por el Kremlin que es Rosneft. El siguiente gran capítulo para la industria armamentística ucraniana son los misiles Sapsan y los Flamingo.
