Groenlandia y Dinamarca plantan cara a Trump ante la reunión en Washington sobre el futuro de la isla ártica

El presidente de Naalakkersuisut, Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen y la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, a la derecha / Liselotte Sabroe/Ritzau Scanpix vía AP
Gemma Casadevall Berlín13 ENE 2026 "Si tenemos que elegir entre Dinamarca y Estados Unidos, elegimos Dinamarca", afirmó este martes el presidente autónomo de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, desde Copenhague y junto a la primera ministra danesa, Mette Frederiksen. "No es fácil afrontar una presión inaceptable y de nuestro aliado más próximo. Pero todo indica que lo peor está por venir", añadió la jefa del Gobierno de Copenhague, en alusión a las pretensiones declaradas por Donald Trump de hacerse con el control de la isla "por las buenas o por las malas".
Nielsen y Frederiksen reiteraron la consigna compartida frente a los propósitos de EEUU: "Groenlandia no está en venta". Su comparecencia estaba destinada a exhibir cohesión ante la cita de este miércoles en Washingon, centrada en el futuro de Groenlandia. Su anfitrión será el vicepresidente JD Vance, aunque la reunión inicialmente se había planteado entre el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, su par danés, Lars Lokke Rasmussen, y la titular de Exteriores groenlandesa, Vivian Motzfeldt.
Que Vance se haya incorporado al trío sube el rango de la cita y, presumiblemente, también el tono, puesto que no pueden esperarse tibiezas del vicepresidente. Tal vez por eso se inclinaron Frederiksen y Nielsen por un lenguaje inusualmente duro. No es la primera vez que la primera ministra danesa responde con contundencia a Trump. Para Groenlandia, cuyo estatus autonómico incluye el derecho a la autodeterminación, pero sin competencias en Exteriores ni en Defensa, es la prueba de fuego en un momento álgido.
Dos escaños
"Hay muchas inconcreciones sobre la mesa y tenemos que poder hablar directamente sobre estos asuntos", había afirmado ante la televisión pública danesa DR la diputada Aaja Chemnitz, que ocupa uno de los dos escaños por Groenlandia del Parlamento de Dinamarca. El papel de Motzfeldten Washington se perfila más bien simbólico, como lo es la de Chemnitz en el Folketinget (Parlamento danés). Una sesión de la pasada semana de la comisión de Exteriores del Parlamento danés, de la que salió la petición para la cita con Rubio, no contó con representación groenlandesa, lo que desató críticas desde Nuuk, la capital groenlandesa, y acusaciones de falta de tacto hacia Rasmussen.
Chemnitz representa al partido izquierdista Inuit Araqatigiit, socio en la coalición del presidente autonómico, Jens-Frederik Nielsen. El otro escaño por Groenlandia de la Cámara danesa, con un total de 179 diputados, lo ocupa Aki-Matilda Høegh-Dam, del opositor Naleraq, el partido más cercano a Trump. Chemnitz es así, aunque indirectamente, la única representante en el Folketinget de la coalición de Nielsen, líder del centrista partido Demokraatit.
La falta de competencias en Exteriores y Defensa pesa sobre Groenlandia. Al voraz Trump trata de hacerle frente Dinamarca, respaldada por el conjunto de aliados europeos y desde condición de miembro de la OTAN y de la UE. En el póquer por el control del Ártico juegan sus cartas otras dos superpotencias globales, Rusia y China.
"No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses", afirmaron el pasado fin de semana en una declaración conjunta los líderes de los cinco partidos del Parlamento groenlandés (Inatsisartut ). Es decir, los cuatro de la coalición de Nielsen, más el opositor Naleraq. La declaración reflejaba la cohesión con Copenhague. Pero era, a la vez, un toque de atención a Dinamarca. Nielsen precisa el respaldo danés para lograr que la OTAN asuma la defensa de la isla ártica. Pero su Gobierno autónomo no quiere asistir como mero espectador a la negociación sobre su futuro.
Agravios remotos y presentes
Los casi 600 años de vínculos entre Dinamarca y Groenlandia incluyen agravios y explotación contra los inuit, un 90% de la población de la isla ártica. A los atropellos remotos se suman humillaciones recientes, además de acusaciones de racismo latente en la sociedad actual danesa.
La socialdemócrata Frederiksen aprovechó la presidencia rotatoria danesa del Consejo de la UE, en el segundo semestre 2025, para pedir perdón en nombre de Dinamarca por la campaña de anticoncepción forzada sufrida por miles de mujeres de Groenlandia. Anunció además un fondo para indemnizar a esas víctimas. Se estima que entre 1960 y 1992 se implantó sin su consentimiento un dispositivo intrauterino (DIU) a 4.500 mujeres inuit. El objetivo era reducir su tasa de natalidad.
También en 2025, y tras años de denuncias, se suprimió el 'test de competencia parental', que se aplica de forma general en Dinamarca, pero que por razones culturales son más difíciles de superar por los padres inuit. Su consecuencia es la pérdida de la custodia de sus hijos.
Estos casos, unido a la estigmatización y marginalidad social que sufre buena parte el escaso colectivo inuit residente en Dinamarca, han alimentado corrientes independentistas en la isla, pese a su dependencia económica de Copenhague –Dinamarca cubre casi la mitad de su presupuesto anual–. Los esfuerzos Frederiksen por subsanar injusticias se ven por parte de la sociedad groenlandesa como remiendos, acelerados tras el regreso a la Casa Blanca de Trump y sus renovados propósitos anexionistas.