viernes, 31 de agosto de 2007
La ortodoxia hace pie en Berlín
Comunidad judía recupera mayor sinagoga de Alemania y abrirá centro ortodoxo
Gemma Casadevall
Berlín, 31 ago (EFE).- La comunidad judía de Alemania recuperó hoy uno de los símbolos arrebatados durante el Holocausto con la inauguración de la sinagoga de la Rykestrasse de Berlín, la mayor de Alemania, a la que seguirá la apertura del primer gran centro del colectivo ortodoxo hebreo en la capital alemana.
La Torá (libro de ley de los judíos) entró de nuevo en el templo, convertido por los nazis en establo para caballos, entre salmos y en presencia de Leo Trepp, el último rabino de esa misma sinagoga antes de la "shoa" (desastre en hebreo), de 94 años y en silla de ruedas.
La presencia de Trepp, superviviente del Holocausto, realzaba la solemnidad y dimensión simbólica del acto, en el que el gobierno alemán estuvo representado por el ministro del Interior, Wolfgang Schäuble.
El templo de la Rykestrasse, abierto en 1904 en el corazón de lo que es hoy el barrio de la modernidad, Prenzlauerberg, recuperó su esplendor tras tres años de trabajos de restauración que costaron 5 millones de euros.
Dos arquitectos, Kay Zareh y Ruth Golan, han reconstruido el interior a través de unas cuantas fotos en blanco en negro tomadas antes de que en la denominada "Noche de los Cristales Rotos", el 9 de noviembre de 1938, ardiesen la mayoría de las sinagogas del país.
La de la Rykestrasse no quedó reducida a cenizas, como otras, puesto que quedaba encorsetada entre viviendas "arias" y se temía que el fuego pudiese dañarlas.
Pero sí se destrozó toda la parte interior, reabierta ahora buscando la máxima similitud con la imagen que tuvo hace más de cien años, salvo alguna licencia arquitectónica para posibilitarle un aforo de 1.200 plazas.
"Berlín vuelve a tener la mayor comunidad judía de Alemania, es lógico que tengamos también el mayor centro", explicó Hermann Simon, director del Centrum Judaicum.
De los 173.000 miembros de esa confesión que vivían en Berlín antes de la llegada de Hitler al poder quedaron apenas 6.000 al fin de la Segunda Guerra Mundial.
En los últimos años este colectivo ha aumentado hasta los 12.000 miembros, con la llegada de judíos procedentes del Este de Europa tras la caída del Telón de Acero.
La inauguración de la sinagoga, emplazada entre cafés y locales de moda que se concentran en la vecina Kollwitzplatz, es un paso hacia la normalización de la presencia del colectivo de Berlín y el inicio además de las Jornadas Culturales Judías.
Hasta el 9 de septiembre, se celebrarán en distintos escenarios y centros judíos desde conciertos con la superestrella israelí David Broza -en el templo de la Rykestrasse- hasta la denominada "larga noche de las sinagogas", abierta a todos los berlineses.
También habrá ciclos de cine y una exposición alrededor de Arthur Schnitzler, considerado en sus tiempos un transgresor moral con sus obras de contenido sexual.
Las Jornadas Culturales se entroncan así en el talante abierto y liberal que tradicionalmente dominó el colectivo berlinés.
Algo alejado de este carácter se presenta la apertura, en el barrio de Wilmersdorf, al otro extremo de la ciudad, del centro ortodoxo del movimiento Chabad Lubawitsch.
Se trata del mayor centro-escuela de ese grupo en Europa y su cometido es formar a niños, jóvenes y familias en las estrictas tradiciones de ese movimiento.
Para su director, el rabino Yehuda Teichtal, "la mejor venganza para los planes de Hitler es la reconstrucción del colectivo judío en Alemania", explicaba estos días al diario "Berliner Zeitung".
La frase del rabino ortodoxo es probablemente compartida por el núcleo de todo el colectivo y también por sucesivos gobiernos alemanes, que favorecieron la llegada del flujo de judíos procedentes del Este de Europa para revitalizar esa comunidad.
Ese objetivo se logró, pero a cambio se sacrificó algo del espíritu liberal y abierto que tradicionalmente tuvo el colectivo berlinés a favor del movimiento ortodoxo.
Los propios responsables del centro quieren romper algo su imagen de cerrazón con una fiesta, el domingo, coincidiendo con la apertura, a la que está invitado el ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier. EFE gc/jcb/jac