"Otoño de 1977", herida sin cerrar para la fiscalía y las víctimas de la RAF
Gemma Casadevall
"Nunca asumí que el Estado sacrificase a mi marido", afirmaba estos días Waltrude Schleyer, viuda del presidente de la patronal alemana, Hanns Martin Schleyer, secuestrado el 5 de septiembre de 1977 por la RAF y asesinado cinco semanas más tarde.
Schleyer fue hallado el 19 de octubre en el maletero de un coche con varios disparos en la cabeza, después de que un comando de elite asaltase el avión de Lufthansa "Landshut", secuestrado por un grupo palestino afín a la RAF para forzar la liberación de sus presos.
Pocas horas después del asalto del avión en Somalia, habían aparecido muertos en sus celdas de la cárcel de alta seguridad de Stammheim dos de los fundadores de la banda, Andreas Baader y Gudrun Ensslin, junto a un tercer miembro de su generación, Jan Carl-Raspe.
Fue el capítulo más duro de los ocho años en la Cancillería del socialdemócrata Helmut Schmidt, quien a su vez admitía hace unos días, en una entrevista con el semanario "Die Zeit", que se sentía "hundido en la culpa" ante la viuda de esa víctima de la RAF.El Estado no cede ante el chantaje terrorista, fue entonces el principio rector de Schmidt. Para la viuda del presidente de la patronal se trató de una decisión que "debí aceptar, pero que nunca llegaré a entender", explica ahora, a sus 91 años.
Más allá del respeto a la razón de Estado, para la viuda Schleyer hay aún otra herida abierta: los asesinos de su esposo jamás pidieron perdón.
"Hasta hoy, los asesinos no se dirigieron ni a mi, ni a mi hijo con una palabra de perdón. No dejéis en libertad a los asesinos de su marido", reclamó la viuda Schleyer.
La banda fundada en 1970 por Ulricke Meinhof, Andreas Baader y la novia de éste, Gudrun Ensslin, se disolvió en 1998 con un lacónico comunicado tras dejar un cómputo de 34 víctimas mortales en dos décadas y media de actividad.
Este año fueron puestas en libertad dos de sus últimas presas, la primera de ellas la cabecilla en el "otoño de 1977", Brigitte Mohnhaupt, de 57 años, condenada a cadena perpetua quíntuple por su participación en el caso de Schleyer y otras acciones de la RAF.
A su liberación, en marzo, siguió este verano la de Eva Sybille Haule, de 53 años, quien tomó el relevo generacional a Mohnhaupt hasta que cayó detenida y fue condenada en 1988 a 15 años de cárcel por un frustrado atentado con bomba en 1984 contra el centro de formación de la OTAN en Oberammergau.
Sigue en prisión Christian Klar, de 54 años, compañero generacional de Mohnhaupt a quien el presidente del país, Horst Koehler, negó la petición de indulto.
También cumple condena Birgit Hogefeld, de 51 años, detenida en 1993 en la localidad germano oriental de Bad Kleinen, tras un tiroteo en la estación de ferrocarril en el que fallecieron su compañero Wolfgang Grams y un agente de la fuerza antiterrorista GSG-9, la última víctima mortal de la RAF.
El agente del GSG-9 cerró la lista de los 34 muertos por la banda Baader-Meinhof, pero el sumario sobre algunos de los casos, incluidos algunos asesinatos que precedieron al "otoño de 1977", no se ha cerrado aún para la justicia.
El pasado abril la fiscalía federal reabrió el caso del fiscal Siegfried Buback, asesinado treinta años atrás, por sospechar que su autor material está en libertad.
Un ex miembro de la RAF, Peter Jürgen Boock, desmanteló ante la revista "Der Spiegel" la teoría de que su ex compañero de armas Stefan Wisniewski fue quien asesinó a Buback.
Wisniewski cumplió ya veinte años de prisión por su participación en el secuestro de Schleyer, pero hasta entonces no se le había implicado en el caso de Buback.
Este lunes mismo, la Justicia amplió el nuevo sumario contra este ex miembro de la RAF, de 54 años, por sospecha de participación en un atentado fallido contra la fiscalía federal, también en el mortífero año de 1977, un asunto que desveló en su último numero el semanario "Der Spiegel".
La historia de la banda terrorista sigue abierta para las víctimas, para la Justicia y, más intermitentemente, para los medios. EFE gc/jcb/mcd