Gemma Casadevall
„Soy como un depredador. Traduzco para apropiarme de lo que me fascina, lo descifro y lo hago mío“. Fritz Vogelgsang (Stuttgart, 1930) se plantea desde su balcón de Xiva de Morella (Castellón) traducir ahora a Ausias March, recién editados sus tres tomos del „Tirant lo Blanc“ y otros tres de la obra poética de Salvador Espriu. Le gusta sentarse en su balcón para dar descanso a sus retinas „agotadas de lírica“ y para controlar a los cuervos que anidan en los acantilados de un pueblo „de menos de 20 habitantes estables“, dice. Ahí relee a Ausias, consciente de que le faltará tiempo para culminar su propósito. „El Tirant me llevó tres años, Espriu ni lo sé…“
Xiva de Morella es su paisaje de elección –reside medio año ahí, el resto en Markgröningen, entre la Selva Negra y Stuttgart -, como lo son cada uno de los poetas que ha traducido del español, del catalán o incluso el japonés. Iba para maestro, pero lo dejó ya en los años 50, más tarde dejó asimismo su puesto de redactor, en Stuttgart, para convertirse en lector de editoriales y traductor.
„Empecé a traducir fascinado por la gran lírica española que encontré en la Biblioteca Nacional de Madrid. He ido aprendiendo el idioma de aquellos poetas de quienes quería apropiarme“. Una poco común trayectoria profesional, que le llevó a aprender japonés –„en clases privadísimas, unos cuantos años“- hasta que llegó a traducir a Ogai Mori. Modestamente admite que su relación con ese idioma fue „episódica“. El catalán en cambio se convirtió en algo de por vida, ya que al leer a Espriu le vino la „necesidad“ de descrifrar „el catalán más maravilloso que existe“.
La nómina de autores de cuya fuerza poética se ha apropiado impacta. Arranca en 1953 de Pedro Salinas, luego vinieron Juan Ramón Jiménez, Gustavo Adolfo Béquer, Octavio Paz, Pablo Neruda, Rafael Alberti, Antonio Machado, Luis de Góngora y Fernando de Rojas. Entre las distinciones recibidas está el Premio Nacional de la Traducción de Autores Españoles, en 1984, y el Premi de Literatura Catalana de la Generalitat, en 1985.
Espriu le hizo acreedor de ese galardón con un tomo que incluía „El caminant i el mur“, „Final del laberint“ y „La pell de brau“, para Piper. Cinco años después, en 1990 se editó en alemán su primer tomo del „Tirant“. Ahora, diecisiete años más tarde, sigue la versión completa de la obra de Joanot Martorell, en tres tomos de Fischer Verlag de lujo „como no los hay en ninguna edición catalana“. A riesgo de dejarse la retina, completó asimismo sus tres tomos de la obra poética de Espriu, editada por Ammann.
Individualista, autodidacta y „paleolítico radical“, se define Vogelgsang, quien por no querer no quiere ni que se grabe la conversación –„el bolígrafo basta“-. Escribe a mano lo que traduce, pasa luego a máquina los textos –„tacho del contratos la palabra ‚entrega a disquette’ y pongo ‚mecanografiado’“- y, para desesperación de sus editores en la casa donde vive, duerme y escribe tampoco hay teléfono. „Tenemos uno en la casa vieja de Xiva, la primera que compramos cuando descubrimos este lugar. A veces vamos a ver qué hay en el contestador“, explica Gudrum, su esposa desde 1959, con la que tiene cinco hijos, entre ellos Tillman, alfarero y uno de los veinte habitantes fijos de Xiva, a ocho kilómetros de enrevesada carretera hasta Morella.
Dar con él no es fácil, porque cuando está enfrascado en el trabajo no se deja interrumpir. Pero cuando se consigue compensa la dificultad inicial con una amabilidad que desborda. Su regalo al visitante es recitar en catalán y luego en su alemán de depredador de poemas sus versos preferidos de Espriu, con la voz profunda de un Günter Grass de la traducción.
Dice que no le gusta ser fotografiado. Pero si se le toca la fibra asegurándole que es fotogénico posa cortesmente en su balcón con vistas a los cuervos.