Del Hitler que vió Xammar a la inmensidad de Jaume Cabré
Gemma Casadevall

Kirsten Brandt (Friedberg, Alemania, 1963) recuerda desde su oficina en Offenbach, junto a Frankfurt, los tiempos nada remotos en que „vendía“ autores catalanes en la Feria del Libro. “Te presentabas, decías, mira qué libro, represento a Quaderns Crema y además soy traductora del catalán. Ni caso.“. Ahora tiene sobre la mesa cinco títulos –Josep Pla, Carme Riera, Emili Rosales, Jaume Cabré y Eugeni Xammar-, cinco traducciones hechas en los últimos dos años y a punto para el gran escaparate del mundo editorial.
„El que me hace más ilusión es Xammar. Es mi apuesta personal. Llevaba años buscándole un editor, tratando de convencerles de que es un libro que tienen que leer los alemanes. Y aquí está incluida la entrevista que hizo con Pla a Hitler de 1923. Impresionante, pone los pelos de punta. En la primera frase te das cuenta del delirio nazi. Está todo ahí“, explica.
Xammar era entonces corresponsal de medios españoles en Alemania. En „L’ou de la serp“ estan contenidas las crónicas que ahora se publican en alemán –„Das Schlangenei“, Berenberg. Brandt ha tenido que „retraducir al alemán la voz de Hitler captada por Xammar“.
De otro escritor y periodista, Josep Pla, tiene traducido „El carrer estret“ –„Enge Straße, Amman-. „Es un caso muy distinto, no se trata ya de hechos reales, sino de puro lenguaje, como siempre es Pla, en novela o fuera de ella“.
Cinco autores, en cinco editoriales distintas sintetiza para ella el „boom“ de las traducciones al alemán disparado en Frankfurt. Completan la lista „L’estiu de l’anglès“, de Carme Riera –„Der englische Sommer“, Ullstein- „un libro ligero, con el que me divertí y me desangrasé mucho“; „La ciutat invisible“, de Emili Rosales –„Tiepolo und die Unsichtbare Stadt“, Piper–donde „lo más complejo fue trasladar su tono histórico, marcar la dualidad del lenguaje entre los siglos XVIII y XIX-. Y, finalmente „Les veus del Panamo“, de Jaume Cabré –„Die Stimmen des Flusses“, Insel.
„Tienen que estar muy convencidos de que va a funcionar para lanzarse con un libro de 700 páginas, como si fuera un Günter Grass“, explica. Traducir esa novela „inmensa, no sólo en número de páginas“, fue agotador, hasta un punto que „no llegué a calibrar“. „Es una novela sinfónica, con muchas voces, que deben trasladarse diferenciadas al alemán“.
Brandt vive de su oficio de traductora. Su primera opción fue el portugués y para ello se fue a Lisboa, en 1989. „Estaba en una cena, con estudiantes chinos y de repente me enteré que había caído el Muro de Berlín. No podía creerlo, no entendía nada… Y esa noche conocí a Jordi, un catalán, a quien le conté que necesitaba un billete para volver a casa. Me dijo: voy contigo“.
Jordi no le dijo sólo eso. También le explicó que lo mejor era estudiar primero catalán, porque el español ya lo aprendería solo. „Tenía razón, aunque tan fácil no fue. El español no vino, sino que lo estudié en la Escuela de Idiomas“.
Con Jordi pasaron cuatro años en Hamburgo, siguieron otros siete en Barcelona y el regreso a Alemania, a Offenbach, donde además de la oficina tiene a Jordi y a sus hijos, Anna, de cuatro años, y Marc, de tres.
„Vamos a ver qué nos dejará esta Feria. Como dice mi colega Petra Zickmann, sólo con los encargos que hemos rechazado estos dos años, por falta de tiempo, habríamos vivido otros tres… Veremos si se mantendrá un ritmo o si tendremos que recurrir a otro idioma. En 2010 el país invitado es Argentina…“.