martes, 9 de octubre de 2007

La hora de los escritores



Los medios alemanes presentan a los autores catalanes, entre el descubrimiento y la polémica sobre las „ausencias“


G.C. Serra

Los grandes semanarios alemanes, „Die Zeit“ y „Der Spiegel“, pasaron de puntillas sobre ausencia de autores en castellano y se centraron en presentar algunos nombres de la cultura catalana, una „gran desconocida“, en palabras del director de la Feria de Fránkfurt, Jürgen Boos. Jaume Cabré, Salvador Espriu, Víctor Català y Maria Barbal son algunos de esos nombres a los que estas publicaciones dedican amplias recenciones y críticas en sus especiales sobre la Feria.
Paralelamente, otros medios, como la televisión pública, abundaban estos días en lo que denominan el „separatismo linguístico“, abanderado a su juicio por el máximo líder de un independentismo revanchista: Josep Lluís Carod-Rovira, vicepresidente de la Generalitat.
Doce páginas dedica el suplemento de „Die Zeit“, el más serio entre los semanarios alemanes, presenta a una selección entre la cincuentena de nuevas traducciones del catalán a ese idioma que se presentan en Fránfkurt. Arranca con Espriu, sigue con un artículo de Julià Guillamon sobre la perspectiva europea de la cultura catalana y se extiende luego al „Solitud“ de Català –„un satisfactorio redescubrimiento de 1905“-, tres títulos de Josep Pla –„extraordinario autor de diarios“-, „Pedra de Tartera“ de Barbal –„un clásico enorme“-, el „Pandora en Congo“ de Albert Sánchez Piñol –„inteligente juego de engaños“-, „Bearn“ de Llorenç Villalonga y „Quanta, quanta guerra“, de Mercè Rodoreda. „Der Spiegel“, por su parte, presenta al Cabré de „Les veus de Pamano“ como un „excelente autor“, capaz de describir „desde distintos niveles de narración“ el trauma de la guerra civil española.
En las antípodas de este panorama se situó „Aspekte“, el programa cultural de la ZDF, segunda cadena de la televisión pública. Emitido desde Valencia –„no todo va a ser Barcelona“, en palabras de su moderador, Wolfgang Herler- y centrado en la cultura catalana en tanto que invitada de honor de la Feria, abrió con un reportaje en que saltaba de la horchata, la paella y la Copa América de Vela a Ferran Adrià, para ofrecer luego unas pinceladas de Miró, Dalí y Pau Casals. El espacio propiamente literario se dedicó en exclusiva a Carles Porta y „Tor“, la novela de corte periodístico sobre el crimen nunca aclarado en las profundidades de los Pirineos. Un aperitivo al que siguió el reportaje central, centrado en el „nacionalismo lingüístico“. De la Barcelona moderna y vanguardista se saltó a Carod-Rovira –incluir a autores en castellano habría sido „como si Alemania, país invitado, hubiese tenido que incluir a autores alemanes que escriben en turco“, decía-. De ahí, a imágenes de la dictadura franquista, la batalla del Ebro y la Cataluña de hoy, donde en la Universidad se enseña „casi exclusivamente en catalán“, „para indignación de algunos padres“. Sigue Juan Marsé, exponente de los que quedaron fuera de la Feria, quien compara ese „error“ con el de los „fascistas de Franco“ que quisieron imponer una lengua. „En pocas palabras: quien escribe en español se convierte en Cataluña en un Kanake“, concluye el reportaje, utilizando el término despectivo en alemán para extranjero.
Menos ecuánime aún fue el artículo publicado la semana anterior por el diario „Kölner Stadt Anzeiger“, firmado por Ralph Schulze y titulado „No somos España“, en que se traza un paralelismo entre los jóvenes independendistas que queman carteles del rey Juan Carlos y el „afán de provocación con que se presenta el invitado de honor a la Feria del Libro“. También Schulze repasa la represión durante el franquismo, como explicación al conjunto y junto a otros lugares comunes. Finalmente, se detiene en el „secuestro“ denunciado por el presidente del gremio de Editores, Antoni Comas, para recordar que un tercio de las editoriales españolas están en Cataluña y que la gran mayoría de libros que se escriben y exportan a Latinoamérica y EEUU son en castellano.
La cultura catalana no es tan „desconocida“ como decía Boos –ahí quedan los éxitos de ventas de Quim Monzó o, la pasada primavera, de Barbal-, pero sí ha causado desconcierto la ausencia de autores como Carlos Ruiz Zafón, Eduardo Mendoza o el propio Marsé. La Alemania actual es muy sensible a todo cuanto suene a separatismos o nacionalismos y la problemática saltó al seminario internacional „Für ein offenes Europa. Europäische Gesellschaften auf dem Weg zu neuen Identitäten“ –„Por una Europa abierta. Sociedades europeas en camino hacia nuevas identidades“-, en Fránkfurt. Dos ex-presidentes de la Generalitat, Jordi Pujol i Pasqual Maragall, defendieron ahí la posición del invitado de honor de la Feria, mientras intelectuales, mayoritamente alemanes, hablaban de provincianismo.
La cuestión planea sobre la invitada de honor y ha merecido críticas no sólo de corrillos o algunos medios, sino también de personalidades de los ambientes literarios como Sigrid Löffler, la gran dama de la crítica, quien ha descalificado lo que considera una „exclusión“. Por no hablar del propio Boos, que ha admitido que hubiera „preferido“ que ver en su Feria a los grandes nombres de escritores catalanes, como Mendoza o Ruiz Zafón.
Desde el „Süddeustche Zeitung“, Merten Worthmann trataba ayer de poner las cosas en su sitio. El catalán es una „lengua rescatada“, una lengua que ha sobrevivido a los intentos de represión. „Se puede debatir acerca de si llegó el momento de dar por terminado el proceso de rehabilitación o no“, escribía. También de preguntarse si, en el camino de esa reconstrucción, no se ha „animado“ en exceso la producción editorial con un sistema de subvenciones que ha cuidado más la cantidad que la calidad. Y también si este sistema no ha acabado provocando cierta „desconfianza“ hacia la joven literatura catalana, seguía Worthman. Sería, en definitiva, „una amarga ironía“, que la creciente literatura moderna catalana solo pudiese existir mientras sea el „nacionalismo superviviente“ el que marque las pautas.