jueves, 29 de noviembre de 2007

Mis pobres, tus pobres, nuestros pobres


Casos de niños desatendidos sacan a la luz Alemania de la precariedad social
  
Gemma Casadevall

Berlín, 29 nov (EFE).- La aparición de varios casos de niños desatendidos, el más alarmante una niña de cinco años muerta de sed y desnutrición en casa de sus padres, ha desatado la alarma en la Alemania teóricamente próspera, donde en cambio crece la precariedad social.
En apenas una semana, la policía ha rescatado en varias viviendas de Berlín a diez menores abandonados en condiciones de insalubridad y desidia, solos, sin síntomas de ser víctimas de malos tratos físicos, pero si de la negligencia de sus progenitores.
Los últimos tres casos se localizaron hoy en Marzahn, un barrio extremo del este de Berlín, donde tres menores de entre nueve y 17 años vivían en estado de semi-abandono entre latas de cerveza vacías, bolsas de basura reventadas y ceniceros a rebosar de colillas.
También hoy fue enterrada en Schwerin (este de Alemania) Lea-Sophie, de cinco años, muerta en el hospital donde había sido ingresada unas horas antes con 7,4 kilos de peso, cuando lo normal a esa edad es pesar unos veinte kilos.
La causa de su muerte fue la desnutrición y deshidratación, de la que los responsables directos serían sus padres, de 23 y 26 años, que desde hacía meses no la alimentaban correctamente, aunque si a los dos perros de la familia.
Tras este caso, sin embargo, se escondía otro tipo de negligencia, la de los servicios de asistencia social, que a pesar de seguir el caso de esa familia, que vivía del auxilio social, no habían advertido la situación de peligro de la niña.
Una semana antes, una asistenta social había estado en el domicilio de la niña, pero no había llegado a ver a la menor.
El caso de Lea-Sophie ha conmovido a la opinión pública y la propia canciller Angela Merkel ha expresado su consternación por la muerte de la pequeña.
Los padres no asistieron hoy al entierro, puesto que están en prisión provisional, mientras siguen las investigaciones para determinar la responsabilidad de la asistencia social.
Merkel repitió esta semana, ante el Parlamento y con ocasión del debate sobre los presupuestos del Estado, su compromiso con la lucha contra la pobreza infantil y por mejorar las ayudas familiares.
La política familiar será asimismo objeto de discusión en el próximo congreso de la Unión Cristianodemócrata Alemana (CDU), que se celebra el lunes y el martes en Hannover, donde la canciller y presidenta del partido insistirá en ese concepto.
La realidad es que la precariedad social va en aumento en Alemania, en la medida en que se recortaron los subsidios a los desempleados crónicos en virtud de la reforma laboral, lo que ha precipitado la aparición de lo que se ha calificado de una nueva "clase baja" en Alemania, lo que se ha dado en llamar el "precariado", mas pobre aún que el proletariado.
Unos 2,5 millones de menores viven en la pobreza en ese país, según el "Informe de la Infancia 2007" presentado estos días, en que se hace hincapié en que los más afectados son los hijos de familias monoparentales y dependientes del auxilio social.
La Unión de Asistentes Sociales recomienda, frente a esa realidad, aumentar el subsidio a los parados crónicos de los 347 a los 420 euros.
La creciente precariedad social y sus efectos en la infancia no es un fenómeno observado únicamente por los expertos alemanes dentro del contexto de un país próspero.
El informe presentado hoy por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) destaca que en Alemania viven más niños en condiciones de pobreza que en la mayoría de los países industrializados comparables.
Según la OCDE, Alemania dedica, con un 3,0 por ciento de su PIB, más dinero que otros países a la familia. Sin embargo, estos fondos van mayoritariamente a ayudas familiares o exenciones fiscales.
Se desatiende, en cambio, lo que son plazas de guardería o equivalentes, que faciliten la compatibilización entre familia y trabajo.
Madres o padres que cuidan en solos a sus hijos -familias monoparentales- tienen, por tanto, pocas posibilidades de salir de la dependencia de los subsidios, lo que a su vez les condena a seguir en la precariedad social. EFE gc/jcb/dm