miércoles, 9 de julio de 2008

Donde viven los Rivas

Vecinos de barrio social de Berlín se sienten como faraones gracias a UNESCO
 
Gemma Casadevall

Berlín, 9 jul (EFE).- Los vecinos de Hufeinsensiedlung, y otras cinco colonias de viviendas protegidas de Berlín, no salen de su asombro desde que su barrio ha sido declarado patrimonio de la humanidad de la Unesco por su arquitectura Bauhaus, y se sienten casi hermanados con los faraones y sus Pirámides.
Irgmard M., peluquera de unos 50 años del Friseurteam Glaubitz und Maass, no tiene aún plena consciencia del honor de ser miembro de la "familia UNESCO" -"espero que no nos lo carguen en el alquiler", dice a Efe.
Ergün, panadero germano-turco de 32 años, sí dice sentirse como el faraón del barrio -"mi local es tan patrimonio de la humanidad como las pirámides de Egipto", se ríe.
Ambos son vecinos de la colonia con forma de herradura de 2.000 viviendas construida entre 1925 y 1930 en Britz, en los confines de Neuköln, barrio tachado de socialmente problemático.
En Neuköln hay un alto porcentaje de población inmigrante, pero en Britz Ergün es una excepción pues la histórica colonia está habitada mayoritariamente por familias alemanas.
Esta y otras cinco colonias berlinesas se incorporaron el lunes a la lista de 878 tesoros de la UNESCO, lo que convierte a sus 10.000 familias residentes en habitantes de un patrimonio de la Humanidad.
Se trata de construcciones de dos o tres plantas entre conjuntos ajardinados concebidos por Bruno Taut, quien, junto con Martin Wagner y Walter Gropius, fue fundador de la escuela vanguardista de la Bauhaus.
"Se construyeron según el principio de la República de Weimar de que todo ciudadano tiene derecho a una vivienda digna. Cada apartamento tenía su cuarto de baño -en aquel entonces solía haber uno al final del rellano-, su jardincito y su confort", explica Winfried Breme, jefe del despacho de arquitectos que impulsó la inclusión en la lista de la UNESCO.
Del despacho de Breme salió la iniciativa de incorporar este concepto de viviendas protegidas "entonces revolucionarias" al catálogo de la UNESCO poblado de tesoros arqueológicos.
La asociación de vecinos de Britz recibió con orgullo su inclusión en la Lista en la reunión del Comité del Patrimonio Mundial celebrada en Québec, donde asimismo quedaron agregados, entre una treintena de lugares, el centro histórico de Camagüey, en Cuba, el Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco, en México, y 17 cuevas rupestres del norte de España.
"Somos faraones discretos", precisa Ergün. Las calles de la Hufeinsensiedlung, como las de la Siemenstadt, Weissestadt, Schillerpark, Carl Liegen Stadt, y Gartenstadt Falkenberg siguen igual ajenas al ajetreo del centro de Berlín como antes de lograr el reconocimiento de la UNESCO.
El ministro de Transportes y Obras Públicas, Wolfgang Tiefensee, recorrió hoy la colonia. Por lo demás, no se espera que acudan autocares de turistas en busca de maravillas que justifiquen el sello de "tesoro".
"El objetivo de la iniciativa por lograr ese reconocimiento no era ese, por supuesto, sino asegurarnos de que se mantendrá su estructura", explica Breme. Las casitas de la Hufeinsensiedlung estuvieron durante décadas habitadas por inquilinos y los arrendamientos los gestionaba una Sociedad de Vecinos.
"Los contratos pasaban de generación en generación", sigue el arquitecto. Esa situación cambió en la última década, ya que se inició un proceso de privatización y salieron a la venta muchas de esos apartamentos.
Del inquilinato de por vida se pasó a la situación mixta actual, entre viviendas de alquiler y de propiedad.
"El inquilino no modifica sustancialmente su casa, porque no puede ni quiere invertir en algo que no es propio. El propietario a veces se siente dueño y señor, no sólo de su hogar, sino también de la fachada", indica el arquitecto.
El sello de la UNESCO debe ser garantía de que no se alterará el conjunto, so pena de perder el preciado sello. Algo así como le ha ocurrido al Valle del Elba, en Dresde, amenazado de ser echado del prestigioso club al que se incorporó en el 2004, por culpa de la construcción de un puente que rompe la armonía del paisaje. EFE
gc/dm
(con fotografía)