
Berlín, 26 sep (EFE).- La Unión
Socialcristiana de Baviera (CSU) tiembla ante una posible pérdida el domingo de
su mayoría absoluta, víctima del crecimiento de los partido pequeños,
convertidos ahora en verdugos de la formación que durante 42 años ha dominado en
solitario en el estado más próspero de Alemania.
Lo que en cualquier otro
lugar del mundo occidental sería un espléndido resultado para un partido, un 49
por ciento es una pesadilla para el dúo directriz de la CSU, formado por su
primer ministro Günter Beckstein y el líder de la formación, Erwin Huber.
Este es el porcentaje que vaticinan las encuestas en los comicios regionales
del domingo a la tradicionalista CSU, hermanada a la Unión Cristianodemócrata
(CDU) de la canciller Angela Merkel.
Beckstein y Huber tomaron las riendas
del gobierno y de la formación hace apenas un año, tras retirarse Edmund Stoiber
por presiones internas que exigían un cambio generacional.
Stoiber fue
durante 14 años jefe del gobierno y durante ocho también del partido y obtuvo en
los anteriores comicios un 60,7 por ciento. Ello no le evitó que en sus filas
crecieran las prisas por abrir una nueva etapa y que fuera revelado por la
cúpula bicéfala.
El problema de Beckstein y Huber no reside en que la
segunda formación, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) esté en disposición
de arrebatarle su condición de primera fuerza del país.
Los mismos sondeos
que pronostican a la CSU entre un 49 o incluso un 47 por ciento apuntan a que el
SPD quedará en un 19 o un 20 por ciento.
El presidente designado de los
socialdemócratas, Franz Müntefering, se marcó en el mitin de clausura de
Nuremberg, donde respaldó a su candidato en Baviera, Franz Maget, un techo
"ambicioso" de superar el 20 por ciento.
Para los socialcristianos la
pesadilla no es el SPD sino el crecimiento de partidos en otros tiempos "enanos"
en un estado identificado con el conservadurismo.
A los Verdes se les
pronostica hasta un once por ciento, al Partido Liberal (FDP) un siete por
ciento, a la plataforma Electores Libres un cinco por ciento y al partido La
Izquierda entre un 4 y un cinco por ciento.
El peligro real para la CSU
viene precisamente de La Izquierda, aglutinante de la disidencia socialdemócrata
y los pos-comunistas del este de Alemania.
Si durante años ni se consideraba
la posibilidad de que una formación de tales raíces pudiera suponer un
quebradero de cabeza al partido fundado por Franz Josef Strauss, ahora su
eventual entrada en el Parlamento acentuaría el peligro de perder la mayoría
absoluta.
Beckstein podría seguir gobernando en solitario de obtener un 49 o
un 48 por ciento, en función de si aparece o no una sexta formación para
repartir la "tarta" de los escaños.
De ocurrir eso, deberá apoyarse en un
socio, probablemente su solícito aliado natural, el FDP, que ya ha expresado su
disposición a hacerlo si logra los escaños ansiados.
Caso de perder el
dominio absoluto, los medios alemanes oscilan en vaticinar un terremoto en la
CSU -incluida la dimisión de Huber- o apuntar a que tratarán de desdramatizar y
aceptar que Baviera ya no es el feudo de Strauss, sino un estado como otros
donde se gobierna con aliados.
Fuera de los efectos en el cosmos bávaro, los
comicios del domingo tendrán su habitual lectura extrapolable al ámbito federal.
Se trata de último barómetro del año antes de la maratón electoral de 2009.
El próximo año confluyen en Alemania varias elecciones municipales, más las
presidenciales -no por sufragio directo, sino por la Asamblea Federal-, las
europeas, más cuatro regionales en otros tantos "länder" y las generales, en
septiembre.
A pesar de que el SPD tiene poco que decir en Baviera, será la
primera cita con las urnas desde la designación del actual ministro de Asuntos
Exteriores, Frank Walter Steinmeier, como candidato a arrebatarle la cancillería
a su jefa, Merkel. EFE
gc/ih/ig