sábado, 10 de julio de 2010

De Tante Käthe a Revierstrasse


Del Berlín de Merkel al Oberhausen de Paul: Alemania, "partía" por La Roja



Gemma Casadevall Berlín, 10 jul (EFE).- La colonia española en Alemania siguió la seminal entre La Roja y la selección de Joachim Löw con el corazón "partío", como suele ocurrir, y aguarda la final frente a Holanda en un país dividido entre quienes admiten la superioridad hispana y los decantados por la vecina "Orange".
"Será más divertido veros a vosotros con La Roja y bocinazos por la calle que una caravana de roulottes holandeses vestidos como basureros. Pero cuidado con los Orange. Les dejamos a nuestro (Arjen) Robben", afirma Fritz, camarero del "Tante Käthe", el más "off" entre los locales con transmisión de los partidos de Berlín.
Fritz alude al tópico peyorativo con que algunos alemanes se refieren a sus vecinos -veraneantes de "camping caravaning"- y a que el naranja es el color del uniforme de los servicios de limpieza municipal. Y dan a Robben por "suyo", en tanto que a las órdenes del Bayern Múnich que entrena Louis van Gaal.
Su "Tante Käthe" -o "Tía Käthe", el apodo del ex seleccionador Rudi Völler por su peculiar peinado a lo "Golden Girls"- servirá cerveza española u holandesa a la afición, que seguirá el partido por las pantallas repartidas por el solar de su bar, muy al estilo "anti glamour" cien por cien de la modernez berlinesa.
La generación actual de la colonia española -unos 135.000 residentes, frente al medio millón que hubo en los años de la inmigración- se repartirá por locales de barrios noctámbulos, de Prenzlauer Berg, Kreuzberg o Friedrichshain, o cervecerías menos improvisadas como el "Cafe am Neuen See", ante la embajada española.
También tienen un buen repertorio de bares de moda en el céntrico barrio de Mitte, todos ellos con su televisión preparada, como "Yo Soy", o los más convencionales restaurantes de estilo español, como "Borriquito" o "Don Quijote", en distritos más acomodados del oeste.
"Con La Roja, por soberanía", sostiene Klaus, un alemán de Mitte que lloró ante su "Mannschaft" desarmada en semifinales, pero que admite sin reservas la superioridad de los de Vicente del Bosque. "Fue duro, me daba no sé qué celebrar", sostiene Juan, su novio.
Berlín tendrá su parcela de fiesta Roja, igual que el resto del país. Incluido Oberhausen, la patria chica del pulpo Paul, el oráculo hasta ahora infalible que pronostica una victoria española.
A 600 kilómetros de Berlín, en el corazón del nudo de autopistas y núcleos urbanos de delimitación imprecisa que es la Cuenca del Ruhr -unas cincuenta ciudades cuyos extrarradios se confunden entre sí-, Oberhausen tiene también sus locales de nombre español -"Jamón, Jamón", "Don Carlos", etc.-, con pantalla dispuesta para el partido.
"No vamos a borrar el pulpo del menú. Esperemos que los holandeses nos lo pidan con educación, no como provocación", explica Miguel, de "Don Carlos". Holanda queda a media hora en coche de Oberhausen y se espera mucho "Orange" por ahí, tal vez alguno se acerque al "Sea Life", el acuario donde vive Paul.
"Yo soy el auténtico oráculo de Oberhausen. Yo predije la victoria ante Portugal, cuando mi hijo apostaba por Cristiano Ronaldo y yo advertí también que no se fiaran de Suiza", sostiene Andreas, jubilado de 85 años, reivindicando a carcajadas el título de adivinador. "A los Oranje, ni los buenos días", dice, recuperando la endémica rivalidad entre las aficiones de los países vecinos. EFE
gc/nam