Gemma Casadevall Berlín, 10 jul (EFE).- La colonia
española en Alemania siguió la seminal entre La Roja y la selección de Joachim
Löw con el corazón "partío", como suele ocurrir, y aguarda la final frente a
Holanda en un país dividido entre quienes admiten la superioridad hispana y los
decantados por la vecina "Orange".
"Será más divertido veros a vosotros con
La Roja y bocinazos por la calle que una caravana de roulottes holandeses
vestidos como basureros. Pero cuidado con los Orange. Les dejamos a nuestro
(Arjen) Robben", afirma Fritz, camarero del "Tante Käthe", el más "off" entre
los locales con transmisión de los partidos de Berlín.
Fritz alude al tópico
peyorativo con que algunos alemanes se refieren a sus vecinos -veraneantes de
"camping caravaning"- y a que el naranja es el color del uniforme de los
servicios de limpieza municipal. Y dan a Robben por "suyo", en tanto que a las
órdenes del Bayern Múnich que entrena Louis van Gaal.
Su "Tante Käthe" -o
"Tía Käthe", el apodo del ex seleccionador Rudi Völler por su peculiar peinado a
lo "Golden Girls"- servirá cerveza española u holandesa a la afición, que
seguirá el partido por las pantallas repartidas por el solar de su bar, muy al
estilo "anti glamour" cien por cien de la modernez berlinesa.
La generación
actual de la colonia española -unos 135.000 residentes, frente al medio millón
que hubo en los años de la inmigración- se repartirá por locales de barrios
noctámbulos, de Prenzlauer Berg, Kreuzberg o Friedrichshain, o cervecerías menos
improvisadas como el "Cafe am Neuen See", ante la embajada española.
También
tienen un buen repertorio de bares de moda en el céntrico barrio de Mitte, todos
ellos con su televisión preparada, como "Yo Soy", o los más convencionales
restaurantes de estilo español, como "Borriquito" o "Don Quijote", en distritos
más acomodados del oeste.
"Con La Roja, por soberanía", sostiene Klaus, un
alemán de Mitte que lloró ante su "Mannschaft" desarmada en semifinales, pero
que admite sin reservas la superioridad de los de Vicente del Bosque. "Fue duro,
me daba no sé qué celebrar", sostiene Juan, su novio.
Berlín tendrá su
parcela de fiesta Roja, igual que el resto del país. Incluido Oberhausen, la
patria chica del pulpo Paul, el oráculo hasta ahora infalible que pronostica una
victoria española.
A 600 kilómetros de Berlín, en el corazón del nudo de
autopistas y núcleos urbanos de delimitación imprecisa que es la Cuenca del Ruhr
-unas cincuenta ciudades cuyos extrarradios se confunden entre sí-, Oberhausen
tiene también sus locales de nombre español -"Jamón, Jamón", "Don Carlos",
etc.-, con pantalla dispuesta para el partido.
"No vamos a borrar el pulpo
del menú. Esperemos que los holandeses nos lo pidan con educación, no como
provocación", explica Miguel, de "Don Carlos". Holanda queda a media hora en
coche de Oberhausen y se espera mucho "Orange" por ahí, tal vez alguno se
acerque al "Sea Life", el acuario donde vive Paul.
"Yo soy el auténtico
oráculo de Oberhausen. Yo predije la victoria ante Portugal, cuando mi hijo
apostaba por Cristiano Ronaldo y yo advertí también que no se fiaran de Suiza",
sostiene Andreas, jubilado de 85 años, reivindicando a carcajadas el título de
adivinador. "A los Oranje, ni los buenos días", dice, recuperando la endémica
rivalidad entre las aficiones de los países vecinos. EFE
gc/nam