jueves, 29 de mayo de 2014

Nos vemos en la 2n. vuelta

[Colombia]: “El desafío de Santos es movilizar al abstencionista. Y le será difícil”

Gemma Casadeval
Colombia dejó listos para luchar por la presidencia a dos representantes de la derecha, el presidente Juan Manuel Santos y el uribista Oscar Iván Zuluaga. La primera vuelta de las presidenciales, el pasado 25 de mayo, dejó al oficialismo en segunda posición, con medio millón de votos por debajo del delfín del expresidente Álvaro Uribe. Desapareció de la lucha por la presidencia toda alternativa izquierdista o progresista y se marcó un récord de abstención: más de un 60 % de los colombianos habilitados para votar no hicieron uso de ese derecho.
Yann Basset, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Rosario (Bogotá) e impulsor del Observatorio de Procesos Electorales (http://www.procesoselectorales.org)), analiza con Noticias Electorales la situación ante la segunda vuelta del 15 de junio, el llamado abstencionismo endémico colombiano y la vía del voto útil.
Pregunta.- El lunes postelectoral colgaste un tuit en tu cuenta aludiendo al voto útil por el que, en 2002, el centro y la izquierda francesa en bloque dieron su voto al derechista Jacques Chirac, que en la segunda vuelta presidencial tenía por rival al ultraderechista Frente Nacional. Es aplicable a la realidad colombiana de hoy?
Respuesta.- Hice este comentario por ser la situacion en que se encuentra mucha gente de izquierda, de centro o independiente ahora en Colombia, en la medida en que habrá que elegir entre Santos y Zuluaga, que son dos políticos percibidos como de derecha, uno más que el otro. La cuestión acá es hasta qué punto la gente de la izquierda, el progresismo, está dispuesta a apoyar a Santos para impedir la victoria de Zuluaga, ganador de la primera vuelta.
P.- Es decir, la típica constelación: voto útil. En otras palabras: voto al malo para impedir la victoria del malísimo…
R.- Exactamente. Ahora bien, el problema es que, pese a que hay mucha gente que lo vería así, hay un gran desgaste, porque hubo ya quien apoyó por estas razones a Santos en la primera vuelta. El presidente puso el tema del proceso de paz en primera línea, ya en esa primera vuelta, lo que fue un error estratégico. Mucha gente sintió que ahí había un chantaje, en el sentido que “o votan por mi y están a favor de la guerra”. Este fue un mensaje muy mal recibido. Por otra parte, efectivamente, algunas personalidades ya reaccionaron positivamente y le dieron su apoyo en la primera vuelta, de manera que ya no sumarán más, por ese lado, para la segunda. Pienso en (el alcalde de Bogotá) Gustavo Petro y otros aliados políticos que no son del ala de Santos, como Piedad Córdoba.
P.- Petro ahora incluso ha “prestado” a Santos a algunos regidores para que refuercen el equipo de Santos y reorienten su segunda vuelta. Si uno lee los comentarios en las redes no está claro que ese apoyo no vaya a ser contraproducente. Se leen cosas como “más vale solo que mal acompaöado”…
R.- En todo caso díficilmente va a tener consecuencias políticas ahora. Lo que se dice en los análisis de resultados es que este apoyo de Petro tuvo sus efectos en la primera vuelta, pero no va a darle mucho más ya en la segunda. Al contrario, puede ser un argumento para Zuluaga, que andará diciente que Santos es un prisionero de la izquierda.
P.- Antes decías que Santos se equivocó convirtiendo el proceso de paz en su puntal. Sorprende, desde fuera, pensar que los colombianos prefieren el mensaje de Zuluaga –más seguridad, videovigilancia por todas las esquinas, estado policial- que la paz que negocia Santos desde 2012 con las FARC, tras medio siglo de devastador conflicto.
R.- Tal vez no sea exactamente así. El problema es que se politizó el tema de la paz por ambos lados. Obviamente Santos hace bien de apoyar la paz. El problema es que lo puso en el centro de su discurso y propuso solo esto. Ató recíprocamente el tema de su candidatura al proceso de la paz, mientras que Zuluaga fue el único candidato que atacó este proceso. Pero, cuidado: ganó la primera vuelta con un altísimo abstencionismo. No es que los colombianos estén en contra del proceso, sino que les parece que no basta para sustentar todo un programa de gobierno.
P.- La altísima abstención es el tema, como dicen los observadores internacionales y también los analistas colombianos. Se habla de una abstención endémica colombiana, como si fuera una enfermedad específica de este país. Es así?
R.- Sí, es así, efectivamente. En otras ocasiones hubo ya una participación del 50 % y eso era un porcentaje históricamente bajo. Ahora se sumaron motivos estructurales y coyunturales. La participación es muy distinta según los tipos de comicios y regiones del país. Por ejemplo, hay regiones de fuerte tradición clientelista, que se moviliza mucho para las legislativas y poco para las presidenciales.. Esto explica que la participación fue ahora diez puntos por debajo de lo normal.  Hay razones también coyunturales en eso, como la campaöa sucia, de ambos lados, y como el hecho de que el presidente se negara a entrar en los debates casi hasta el final, a tres días de la primera vuelta. Eso se lo cobraron acá, pareció como algo soberbio.
P.- También entra aquí la cuestión de que el voto en Colombia es voluntario. En la mayor parte de América Latina es obligatorio, pero tenemos países como Venezuela, donde siendo voluntario se alcanzan índices de participación  altos, lo que se atribuye a la polarización extrema del país, chavismo contra antichavismo. Aquí hay derecha o más derecha. Ahuyenta la falta de competitividad al elector?
R.- Sí, correcto. Hay una percepción de que ambos candidatos no difieren mucho, en temas económicos y sociales. Sí difieren en cuanto a la paz, que es un tema que evidentemente preocupa, pero que no es la única preocupación en estos momento. No se percibían grandes diferencias. Muchos electores tuvieron problemas en la primera ronda para encontrar un candidato a quien dar su voto.
P.- Qué debería hacer Santos en la segunda ronda para ser reelegido? Dicho de otro manera, para romper la dinámica de los últimos tiempos, en que siempre ganó el uribismo. Primero, con la llegada a la presidencia del propio Alvaro Uribe, en 2002. Le sucedió en 2010 Santos, en ese momento su delfín. Y cuando Santos rompió con uribismo, ganó el siguiente delfín, Zuluaga.
R.- Lo que tiene que hacer, ante todo, es movilizar a los abstencionistas. Aunque llegue a aglutinar parte de los votos de la izquierda de Clara López, o de la alternativa Alianza Verde, de Enrique Peöalosa, o incluso algunos de la conservadora Martha Lucía Ramírez, no le alcanzarál. Debe removilizar al electorado, lo que es difícil. Históricamente, en la segunda vuelta la participación es un poco más baja. Ahora puede ser distinto, porque lo ocurrido en la primera fue extremo. Movilizar es la clave, el gran desafío de Santos.
info2casadevall

martes, 27 de mayo de 2014

T- Schalte, FARC, medio siglo después

Con Alexandra Correa, a las 17.00, sobre la devastación política dejada por medio siglo de conflicto y los caraduras políticos
















Con Silvia Cabrera, a las 20.00, sobre la declaración de las FARC, el desafío a Santos y a Zuluaga

http://www.youtube.com/watch?v=Buftc2bCw7g


lunes, 26 de mayo de 2014

El casting del observador

Colombia] Rondando al observador

Foto gemma 6
“La abstención es el tema“, responde sin vacilar Gerardo de Icaza, director del Departamento de Cooperación y Observación Electoral de la OEA,  a la pregunta de cuál fue el principal “problema” detectado en Colombia, en la primera vuelta de las elecciones  del domingo 25 de mayo. La respuesta inmediata a esta periodista se produce en un breve encuentro, previo a la presentación de las conclusiones por parte del director de la misión, el expresidente costaricense José María Figueres, y mientras los medios colombianos hacen sus análisis y pronósticos sobre las tres semanas que quedan hasta la segunda vuelta, entre el presidente Juan Manuel Santos y el aspirante uribista Oscar Iván Zuluaga.
Fue una elección tranquila, sin complicaciones ni graves incidentes, prosigue, para declinar de inmediato hacer más comentarios, puesto que de acuerdo a la práctica de la organización esa tarea corresponde al jefe de la misión.
Poco después, el exmandatario costarricense pasa a detallar ante los medios, desde el Hotel Embassy de Bogotá, dichas conclusiones, que de acuerdo al manual diplomático arrancan con la felicitación al país anfitrión, Colombia. En esta ocasión, con un argumento de peso: fueron las elecciones más “pacíficas y distendidas” que se recuerdan –lo que implica el agradecimiento explícito a las autoridades y uniformados,  así como una mención a que las guerrillas –FARC y ELN- respetaron el alto el fuego.
Tras los agradecimientos, las alertas o, en terminología OEA, recomendaciones: a la totalidad de las fuerzas políticas implicadas en la segunda vuelta se pide un “esfuerzo nacional” para combatir la abstención, reflejo del “desencanto de la ciudadanía”, apunta. No es lo único a mejorar –también se echó de menos la presencia de testigos de los partidos en los centros de votación, entre otros aspectos-. Pero sí es el denominador o preocupación coincidente expresada por las distintas misiones de observación presentes en esa ronda electoral –OEA, Unasur, Uniore y MOE-Colombia-, en distintos encuentros mantenidos por Noticias Electorales con sus representantes, de visita a sus cuarteles generales de distintos hoteles de Bogotá.
Colombia, país donde el voto es un derecho y no un deber, fue a más en su tradición abstencionista y bajó del 44 % de participación de las presidenciales de 2010 –que ganó Santos- a rozar apenas el 40 %. El 59,9 % de los ciudadanos con derecho a voto no lo ejercieron, lo que supone la cifra más alta de abstención de las últimas cinco presidenciales del país.
El secretario de Asuntos Políticos de la OEA, Kevin Casas-Zamora, relaciona, en su comparecencia con Figueres ante los medios, la denominada abstención endémica con la modalidad de voto voluntario de Colombia.
“Nosotros no hacemos valoraciones políticas, respetamos la decisión soberana de los colombianos y el resultado de sus elecciones”, responde Casas-Zamora, a la pregunta de esta periodista de si tras esa fuerte abstención está también el hecho de que en Colombia la lucha por la presidencia se dirime entre dos derechas –la de Santos y la uribista-. En otros países de voto voluntario, como Venezuela, se alcanza una alta participación, en ese caso atribuida a la fuerte polarización, argumentó la periodista.
La –de nuevo- diplomática respuesta de Casas-Zamora se parece bastante a la de Carlos M. Ljubetic y Luis Alberto Mauro, ambos  miembros del Tribunal Superior Electoral de Paraguay e integrantes de la misión de Unasur. “Nosotros desarrollamos una labor de observación técnica, no política o politizada”, responde Ljubetic, en un encuentro con Noticias Electorales, esta vez en el hotel Radisson Royal. Se trata de la octava misión de estas características de la organización, que ha desplegado 37 observadores por nueve departamentos de Colombia. Sigue una metodología de trabajo similar a la OEA, que desplegó unos 60 observadores en esta primera ronda colombiana. A Unasur se la suele tachar de organización “dominada” por el bloque de países izquierdistas, lo mismo que a la OEA se la etiqueta de “dirigida” por Estados Unidos –donde tiene su sede. La misión de Unasur en Colombia está liderada por la excanciller paraguaya Leila Theresa Rachid Lichi.
“Paraguay dirige la misión por decisión en asamblea de los cancilleres de Unasur”, afirma Ljubetic, para quien en ello no intervienen razones de “afinidad política” entre los gobiernos del país observador y el observado -ambos de derechas-.
“La abstención en Colombia es endémica”, apunta su colega Luis Alberto Mauro, que reproduce así el calificativo más extendido para la baja participación en el país y también por su colega de la OEA.
“Falta una competitividad auténtica, por ser derecha contra derecha; hay un desapego creciente del ciudadano hacia la democracia, una desilusión por tantos procesos de paz con la guerrilla que fracasaron… Y contienda sucia, qué duda cabe”, responde a la periodista Jaime José Bestard, ministro del TSJE paraguayo, pero integrado en Uniore, una misión de dinámica distinta a la de Unasur y OEA. Sus siglas responden a Unión Interamericana de Organismos Electorales y está formada por representantes de las autoridades electorales de cada uno de sus países miembros. No realiza un despliegue “de campo” como Unasur o OEA, sino una labor explícitamente técnica, entre expertos.
La estructura de la autoridad electoral colombiana es “algo compleja”, explica Bestard a Noticias Electorales, asimismo desde el Radisson. Es decir, está articulada bajo una estructura piramidal, en cuya cúspide están el Consejo Nacional Electoral (CNE) y la Registraduría Nacional, que se reparten labores tanto de tutela del proceso electoral como judicial. “Es una estructura que no contribuye a generar confianza”, apunta Bestard.
OEA, Unasur y Uniore, cada una con sus peculiaridades, coinciden en el diagnóstico: el problema más preocupante, a corto o medio plazo, es la abstención. Para MOE-Colombia, organización que desplegó a 4.100 observadores nacionales y 150 voluntarios internacionales, sí está claro que entre los motivos que impulsan a la abstención está la confrontación derecha-derecha representada por Santos y Zuluaga. “Cuando hay polarización el ciudadano siente que su voto puede marcar la diferencia”, apunta Alejandra Barrios, directora de la MOE.
“No, no fui a votar. Estamos cansados de dar nuestro voto a un caradura o a otro caradura”, expresaba Samuel Ferraro Alaba, uno de tantos colombianos que no fueron a votar el domingo. En la primera ronda sí había otras opciones, le hace ver la periodista. “Sí, pero todos sabíamos que al final queda el caradura contra el caradura. El malo contra el malísimo”, insiste el ciudadano, en cierto modo orgulloso de sentirse parte de la mayoría.
info2casadevall




Despertando al susto del uribismo



T- Schalten, al día después

Con Alexandra Correa, a las 17.00, sobre abtención, uribismo y temores regionales





Con Silvia Cabrera, a las 20.00, sobre veneno y geopolítica, en caso de una victoria uribista

http://www.youtube.com/watch?v=-M4KS3Ty2yU

Uribe siempre gana

AMÉRICA LATINA

Triunfo de Uribe en un electorado menguante


Gemma Casadevall


Comienza en Colombia el juego de las alianzas posibles para la segunda ronda de las elecciones presidenciales, el 15 de junio, con el esquema de una derecha-ultraderecha frente a una derecha-light.
Álvaro Uribe o el uribismo siempre ganan las elecciones presidenciales, se suele decir en Colombia. Así fue desde que el representante del derechismo ahora más radical se alzó con la presidencia, en 2002, con mayoría absoluta en la primera vuelta; luego logró la reelección, en 2006, y también en 2010, cuando ya no podía optar a un nuevo mandato y envió en su lugar a Juan Manuel Santos. La ruptura del vigente presidente con Uribe, desde el inicio de su legislatura, no ha cambiado esa tendencia.
Santos ya no es uribista, sino más bien en enemigo declarado del expresidente –que lo califica de “castrochavista”, por haber buscado la armonía vecinal con Venezuela-. Y, por tanto, de acuerdo a la lógica inicial, en lugar de imponerse Santos en la primera vuelta electoral lo hizo Oscar Iván Zuluaga, el sucesor “designado” por Uribe. Fuera de Colombia tal vez no se entienda que un presidente identificado con la pujanza económica y la búsqueda del fin a un conflicto armado de medio siglo de vida pueda no ser adorado por el pueblo. El propio Santos sabía que no lo iba a tener fácil, cuando asumió la carrera por la reelección con la consigna del “hicimos mucho, queda mucho por hacer”.

La “mano de Urbibe”

Zuluaga, la nueva cara del uribismo.
Zuluaga se impuso por aproximadamente medio millón de votos al presidente, en unos comicios en que Santos insiste que el país se juega el sí o el no a la guerra. Es decir, el proceso de paz impulsado por él mismo con las FARC, en noviembre de 2012, lo que Uribe considera el non plus ultra del castrochavismo, ya que además las negociaciones se desarrollan en Cuba, con Venezuela entre los países facilitadores.
Colombia no va a dejarse comandar desde La Habana, amenazaba Zuluaga, en su discurso a ritmo de vallenato, en la noche electoral. El aspirante que jura no recibe consignas de Uribe se presentó ante su militancia eufórica leyendo un texto triunfalista que parecía escrito por la mano de su padrino, aunque con algún toque conciliador, para no dar por derribado el proceso de paz.
El lunes arrancó el juego de las alianzas posibles para la segunda ronda, el 15 de junio, con el esquema clásico de derecha-ultraderecha frente a derecha-light. Es decir, el 29,2 % del Centro Democrático de Zuluaga, sumado al 15,5 % del Partido Conservador de Martha Lucía Ramírez, por un lado. Y el 25,6 % de Unidad Nacional de Santos, más el 15,2 %% del Polo Democrático de Clara López y el 8,2 % de la Alianza Verde de Enrique Peñalosa, por el otro.
Las alianzas virtuales están aún por tejerse pero, cabe recordar, el ganador de la segunda vuelta no surge de la suma de porcentajes de la primera. Hay que lograr que el elector acuda a las urnas y deposite su voto, independientemente de lo que los líderes hayan trazado entre ellos.
Baja participación
Colombia marcó en esta ronda presidencial un récord a la baja en cuanto a participación, un 60 %. Es decir, apenas 12 millones de los cerca de 33 millones de colombianos con derecho a voto lo ejercieron.
Quienes recorrimos, en la jornada del domingo, los centros de votación del centro y zona sur de Bogotá o su periferia nos encontramos con prácticamente el mismo panorama: filas de cabinas de votación vacías. Fuera en multicentros instalados en estacionamientos de los shoping-center o los llamados puntos calientes, polvorines donde conviven pandilleros, paramilitares y elementos de la guerrilla.
Abstención endémica, suelen decir los colombianos. A diferencia de la tendencia dominante en América Latina, donde el voto es obligatorio, en Colombia es voluntario. Eso no lo explica todo. Venezuela es otro caso de país cuya Constitución considera el voto como un derecho, no un deber, y ahí se alcanzan porcentajes de participación del 80 %, lo que se ha atribuido a la polarización política del país.
La próxima ronda colombiana no va a ser precisamente de polarización. Será derecha contra más derecha. La ronda del 15 de junio es de final abierto. Santos tiene cuesta arriba la reelección, inclusive si logra atraerse al electorado que queda huérfano por parte de la izquierdista López o la Alianza Verde. No solo debe convencer a esos líderes, sino hacer que el colombiano no deje vacías las urnas.

domingo, 25 de mayo de 2014

Desde Corferias, el E-Day

Colombia: segunda ronda derechista Santos-Zuluaga, con un uribismo reforzado



Oscar Iván Zuluaga dio un zarpazo a las aspiraciones de reelección del presidente Juan Manuel Santos, en la primera vuelta de este 25 de mayo, aunque ello no significa que tenga la carrera ganada. Con el 99,9 % de los votos, el aspirante uribista se colocó como candidato más votado, con un 29,2 %, mientras que el presidente obtuvo un 25,6 %. Parece que el escándalo de los contactos de Zuluaga con el hacker que espió las negociaciones de las Farc no hizo mella en el electorado.
Una hora larga después de que Santos apareciera ante los suyos, rebosante de optimismo o al menos aparentando tenerlo y proclamando su confianza en la victoria el 15 de junio, Zuluaga lanzó su primera pulla en dirección al proceso de paz y dijo que no permitirá que éste “se comande desde La Habana”. Una alusión no solo al escenario de las negociaciones, sino al calificativo de “castrochavista” que Alvaro Uribe dedica a Santos por su acercamiento a Venezuela.
Santos debe ganarse ahora el apoyo de los que quedaron fuera: la conservadora Martha Lucía Ramírez, con un 15,5 %, la izquierdista Clara López con un 15,2 % y Enrique Peñalosa, de Alianza Verde, con un 8,3 %. De momento, Peñalosa, el gran derrotado, delegó la decisión a su equipo, mientras López lo dejaba también a manos de su partido.
A falta de un pronunciamiento claro, parece que hay cierto acuerdo tácito de respaldar al impulsor del proceso de paz con la guerrilla de las FARC frente al propósito del aspirante aupado por el expresidente Álvaro Uribe de derrumbarlo.
Un factor a tener en cuenta, sin embargo, fue el abstencionismo récord registrado en esa primera vuelta de las presidenciales: la participación se situó por debajo del 40 %. En Colombia se habla de abstención endémica, por situarse en el puesto 14 de los países con menor participación del mundo. Tras la campaña menos violenta, pero más sucia de su historia, marcada por la falta de definición programática, el colombiano dio así un nuevo toque de alerta al conjunto de la clase política. Una especie de “que se vayan todos” que no beneficia precisamente a la aspiración de Santos de ser reelegido.
info2casadevall

T-Schalte, desde Corferias

A las 00.00, con Carlos de Vega, transmitiendo directo con el resultado al 90 %











A las 02.00, con Carlos de Vega, con Zuluaga festejando y Santos jugando al optimismo


sábado, 24 de mayo de 2014

Segundo debate inexistente

Colombia: Dos debates que no fueron


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Titulábamos el anterior reporte sobre el que fue el primer –y esperado- debate con los cinco candidatos a las elecciones presidenciales colombiana, con un “Qué fue eso”. Fue la tarde-noche del jueves y apenas veintisiete horas después se nos dio la ocasión de un segundo debate abierto entre el presidente Juan Manuel Santos, el uribista Oscar Iván Zuluaga, el alternativo Enrique Peñalosa, la conservadora María Lucía Ramírez y la izquierdista Clara López. No aportó mucho, en cuanto a contenidos, puesto que los cinco políticos repitieron sus proclamas más bien imprecisas de las últimas semanas, pero si dejó claro, de nuevo, que no estábamos en lo que comúnmente se denomina debate.
Todos tuvieron su oportunidad de hablar, eso sí. En tiempos compartimentados a golpe de reloj, con sus respuestas a la pregunta del moderador y equipo de invitados, más la posibilidad de réplica por alusión, todo ello distribuido con espíritu hasta marcial. A millas, en definitiva, del formato que permite la confrontación entre ellos. Fueron breves intervenciones, por temas, en que cada uno soltó su mensaje ya aprendido, mirando a cámara y en pocas ocasiones dirigiéndose a teórico oponente o replicante.
Santos se apuntaló en su imagen de hombre de Estado que busca la paz para todos los colombianos, además de destacar el buen balance económico de su gestión, en el contexto de América Latina; Zuluaga insistió en presentarse como “víctima” de una trampa por el video en que aparece con el hacker del proceso de paz con las FARC, por mucho que la fiscalía verificó su autenticidad;  Peñalosa ejerció de hombre bueno, hasta el punto que llegó a decir que no aspira a ser presidente –todo un sincericidio, si su Alianza Verde acaba hundiéndose; Ramírez reprochó al presidente que quiera erigirse en la única opción para la paz, cuando todos la buscan, dijo; y Clara López, finalmente, la más sólida con diferencia, acusó a los dos grandes rivales de haber hundido su pugna en una guerra sucia.
Tan cierto es esto último que el propio Santos había abierto su turno admitiendo que la carrera por las presidenciales no estuvo a la altura de los colombianos. Otro sincericidio? No, probablemente esa evidencia no quiera negarla el presidente, consciente de que se abocan a unos comicios con riesgo de récord abstencionista, en un país situado entre los 14 del mundo con menor participación.
Fue un antidebate, ante el que algunos representantes de los medios nos preguntábamos si el gran derrotado de la noche fue el periodismo. No solo por el formato del falso debate, sino también porque las pausas publicitarias adoptaron una presencia abusiva. Una gran noche, sin duda, para la taquilla del canal de televisión –Noticias Caracol-. Pobre, para los 33 millones de colombianos convocados a las urnas.
Afirmaba luego “El Tiempo”  que las mayores tensiones se produjeron detrás de las cámaras. Vaya. Nosotros creímos que los destinatarios eran los colombianos, tras una contienda sucia que avergüenza –o debería- al grueso de la clase política.


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