Gemma Casadevall
"No expresamos preferencias de coalición. El objetivo es formar un gobierno estable para mantener el fenomenal expediente de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU)", sostenía Joachim Herrmann, ministro bávaro del Interior, en una reunión con medios extranjeros.
A la CSU, rama bávara en el bloque conservador de Merkel, se le pronostica en los comicios del próximo 14 de octubre un 35 % y la pérdida de la mayoría absoluta que ha tenido casi ininterrumpidamente desde los años 60 en un "Land" identificado con el conservadurismo y la solidez económica.
Un porcentaje aceptable en otro lugar, pero que en Baviera supone un mínimo histórico para un partido que en 2003 obtuvo un 60,7 %.
Herrmann rehúsa entrar en lo que denomina "especulaciones" sobre con quién coligará, visto que previsiblemente no le alcanzará con el Partido Liberal (FDP) -con el que gobernó de 2008 a 2013-.
"Descartamos tanto a La Izquierda como a Alternativa para Alemania (AfD)", afirma, en alusión a la formación ultraderechista de la que, tras los recientes incidentes xenófobos del este de Alemania, se ha distanciado la CSU con especial énfasis.
La AfD "de ahora no es la de 2013, entre sus filas hay elementos radicalizados y en esa dirección va a seguir", apunta Herrmann, respecto a los orígenes euroescépticos de ese partido, que viraron a la clara xenofobia con la crisis migratoria de 2015.
La CSU es el ala más derechista dentro del bloque conservador de la canciller y ha sido un factor de riesgo en la gran coalición de gobierno por las sucesivas amenazas de ruptura del líder del partido y ministro de Interior de Merkel, Horst Seehofer.
Paradójicamente, de cumplirse los pronósticos, la CSU podría verse abocada a buscar una alianza con los Verdes, al que los sondeos sitúan en segunda posición, con un 17 %, seguido del Partido Socialdemócrata (SPD) -con un 13 %-, la AfD -un 12 %- y los Electores Libres, escisión de la CSU -con un 10 %-.
"Queremos una Baviera que no dé miedo, sino que infunda valor, que refleje la realidad de nuestro 'Land', no la que pinta la ultraderecha", sostiene Katharina Schulze, candidata de los Verdes.
Schulze es un rostro refrescante en la política bávara, como lo es Natascha Kohnen, la candidata del SPD; a la primera la impulsa el despegue verde que apuntan también a escala federal los sondeos, mientras que la segunda la persigue la sombra del desgaste de su partido en la gran coalición de Merkel.
"Si observamos con atención los sondeos veremos que un 70 % de los encuestados no tiene aún definido su voto", sostiene Kohnen, quien ha tenido que hacer equilibrios entre su lealtad a la línea del partido y el rechazo a algunas decisiones de la gran coalición.
Las elecciones bávaras podrían ser determinantes para el futuro de la coalición de Merkel, ya que se considera que unos resultados nefastos para la CSU implicarían el fin de la carrera de Seehofer.
A doce días de los comicios y cinco del cierre de la Oktoberfest, Múnich es un hervidero entre visitantes de todo el mundo vestidos a lo bávaro y escaparates de las más diversas opciones políticas, incluidas las corrientes no parlamentarias.
Por la fiesta de la cerveza bávara se estima que habrán pasado, hasta su cierre, el próximo fin de semana, seis millones de visitantes, que se habrán bebido 70.000 litros de cerveza.
Ninguno de los candidatos bávaros se atreve a hacer estimaciones en voz alta sobre resultados o alianzas futuras -"los pasos se deciden cuando se abren las urnas", dice la Verde Schulze, en una frase muy parecida a la pronunciada por el conservador Herrmann. EFE
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