jueves, 29 de octubre de 2020

Volvemos al aperol to go por el bosque

 

Merkel demana un “esforç nacional”



“Hem d’actuar. I ho hem de fer ara”, deia ahir la can­ce­llera Angela Merkel, després d’una reunió amb els líders regi­o­nals. Si quinze dies abans no va acon­se­guir d’una sessió sem­blant més que un parell d’acords febles, ara sem­bla que té un con­sens vin­cu­lant: qua­tre set­ma­nes sense bars, ni res­tau­rants, ni gim­na­sos, ni òperes, museus, tea­tres, dis­co­te­ques, sau­nes, prostíbuls ni cap altra acti­vi­tat pública a porta tan­cada. És a dir, tot novem­bre, tan­cats amb l’espe­rança de reo­brir per Nadal.


“Cal un esforç naci­o­nal per evi­tar una emergència sanitària”, segons Merkel. Les xifres manen: gai­rebé 15.000 nous posi­tius de la Covid-19 va comu­ni­car ahir l’Ins­ti­tut Robert Koch (RKI), com­pe­tent en la matèria. El doble que una set­mana abans, en un país que, fins ara, ha tin­gut una mor­ta­li­tat baixa –10.298 morts, per un total de 463.000 con­ta­gis–. El llum d’alarma l’ha encès la mit­jana de 99,1 de posi­tius acu­mu­lats en una set­mana i per 100.000 habi­tants. El RKI con­si­dera zona de risc a par­tir dels 50 casos. Hi ha estats fede­rats, com Berlín, on s’arriba als 146. D’altres, a l’est del país, estan en 26. Els de baixa incidència no volien un nou tan­ca­ment radi­cal. A diferència del que va pas­sar entre març i abril, aquest novem­bre con­ti­nuarà l’acti­vi­tat esco­lar i les boti­gues esta­ran ober­tes.


És un tan­ca­ment una mica més suau, mal­grat que el virus s’escampa tan ràpid que ja no poden ras­tre­jar el 75% dels nous con­ta­gis. El segui­ment de la cadena d’infec­ci­ons és l’eina prin­ci­pal per con­tro­lar la pandèmia. Ara se li ha per­dut la pista. Per mirar de retro­bar-la cal que­dar-se a casa. El que implica no viat­jar ni tan sols dins el país si no és impres­cin­di­ble; tam­poc visi­tar fami­li­ars si no és per un motiu jus­ti­fi­cat, i menys encara fer turisme, ni que sigui dins el país.


La situ­ació a Ale­manya no és tan greu com als països veïns. Però si ho ar riba a ser i cal recórrer al con fi na ment es tricte, tot Eu ropa se’n ressentirà, donat el pes de la primera econo mia del con ti nent. A les em p re ses afec tades se’ls compen sarà les pèrdues: hi ha preparats 10.000 milions per com pen sar aque sta nova so tra gada a restau rants, bars, cines, teatres, gim na sos i altres afectats. Al guns no havien ni re obert -com ara les dis cote ques–; d’al tres, com els bars, havien in stal·lat estufes de calor a l’aire lli ure, per a la clien tela que de fuig els es pais tan cats.

martes, 27 de octubre de 2020

Volare

Berlín estrena aeropuerto gafado por los retrasos y condenado a un despegue lento

Gemma Casadevall 



Berlín, 27 oct (EFE).- Berlín se prepara para estrenar su aeropuerto internacional calificable como gafe, con nueve años de retraso por sucesivos problemas, un coste final que triplica lo presupuestado y castigado, además, a un despegue lento por la Covid.
"Tenemos sentimientos ambivalentes. Por un lado, alegría por todo el personal implicado. Por el otro, somos conscientes de que es un momento extremadamente difícil para el tráfico aéreo", afirma Lütke Daldrup, el director del aeropuerto Berlín-Brandenburg -BER-, ante la entrada en funcionamiento de su T-1, el próximo sábado.
No habría sido en ningún caso una inauguración como para presumir de eficiencia. Las obras arrancaron en 2006 y la fecha programada para el estreno era 2011. Pero se canceló "in extremis" al detectarse fallos de seguridad, con aerolíneas y comercios a punto de abrir.
A la engorrosa primera demora sucedieron otros cinco retrasos, nuevos fallos en los dispositivos contra incendios, cambios en su cúpula y un relevo en la alcaldía -el del socialdemócrata Klaus Wowereit, en 2013, salpicado por una gestión caótica-. El sueño del gran aeropuerto derivó en pesadilla, cuyo coste final ha sido de 5.950 millones de euros, frente a los 2.000 millones iniciales.
"Algo de orgullo sentimos ante el desafío de inaugurar en plena pandemia", añade Daldrup, con tres años en el cargo y, por tanto, no estigmatizado por la mala gestión precedente. Cabía la posibilidad de prolongar la vida a los dos aeropuertos aún operativos -Tegel y Schönefeld-. O de empezar a usar un proyecto en que están implicados 40.000 puestos de trabajo.
Berlín, capital de la primera economía europea, necesita un aeropuerto a su medida, con o sin pandemia, sostiene Daltrup. El BER lo será, pese a que se le augura un cómputo diario de 10.000 pasajeros, una quinta parte de los recibiría sin la Covid-19.
Solo estrenará el sábado su T-1. La T-2, que está lista, no tiene fecha prevista para sumársele, mientras que la 3 y la 4 sólo existen en los planes de futuro. Sí hay una Terminal 5, pero es parte del viejo aeropuerto de Schönefeld, a unos cinco kilómetros del BER.
De los 36 millones de pasajeros que recibieron el año pasado Tegel y Schönefeld no se espera que se llegue este 2020 a los 10 millones. Apenas 1,5 millones corresponderán al BER.
"Una capital como Berlín precisa un aeropuerto internacional independientemente de las cifras de pasajeros. Es una infraestructura imprescindible", prosigue Daltrup, pese a admitir que no hay perspectivas claras de normalización.
Los viajes turísticos o privados "volverán tarde o temprano"; los de negocios no recuperarán el flujo perdido: la pandemia ha acelerado el cambio a lo virtual iniciado ya con la digitalización.

ABRIR UN AEROPUERTO CUANDO NADIE VUELA

Inaugurar una terminal con pocos pasajeros y pocos vuelos, el llamado "soft opening", es "lo habitual", explica a Efe Patrick Müller, director de operaciones. La diferencia, para el BER, es que a esa apertura "soft" no le seguirá un rendimiento "hard", como también sería lo habitual en otras circunstancias.

"La confianza de los pasajeros tiene que regresar, pero para ello necesitamos tener destinos a los que volar", explica este técnico, nacido en Francia, de familia alemana y un muy correcto español, aprendido de anteriores actividades entre Perú y España.
"No hay destinos de vacaciones sin riesgo. España, Francia, Marruecos, todos los destinos habituales del Mediterráneo están cerrados". Sólo está volando "quien regresa a casa", dice; los viajes de negocios se sustituyeron por videoconferencias y, además, las autoridades de cada país adoptan sus propias medidas o restricciones. "No hay decisiones europeas", recuerda Müller.
La T-1 del Berlín está terminada, el aérea de cafeterías y tiendas es un panorama de cajas a medio desembalar, escaparates que se va llenando y operarios ultimando la instalación eléctrica o los cajeros. Los mostradores para facturación de equipaje están listos, pero vacíos, lo mismo que los controles de seguridad y las pistas, convertidas en aparcamiento de unos pocos aviones.
"Mira el panel de información. Al lado derecho tienes los despegues de la T-5, Schönefeld. Teníamos 26 vuelos programados. Tres han sido cancelados. Es difícil predecir, hoy, ahora, quién volará el sábado", admite Roland Böhm, el jefe de infraestructuras, mientras muestra la flamante terminal al visitante.

TEGEL, SIGUIENTE NOMBRE PARA LA NOSTALGIA

Dotar a Berlín de un aeropuerto internacional era una asignatura pendiente desde la reunificación. En las décadas de división ciudadana hubo tres aeródromos operativos -Schönefeld, en el sector comunista; más Tegel y el legendario Tempelhof, en el oeste.
En 2008 dejó de operar Tempelhof, inaugurado en 1923, utilizado por el nazismo y rehabilitado con el puente aéreo aliado que abasteció al lado occidental durante el bloqueo soviético, entre 1948-1949. Ahora es una inmensa aérea ciudadana donde patinar, ir en bicicleta, pasear al perro o hacerse una barbacoa, un espacio de libertad donde olvidarse de la pandemia.
Su cierre desató una fiebre nostálgica, similar a la que ahora se prevé para Tegel, un aeropuerto de distancias cortas, con muchos adoradores por sus dimensiones humanas. Tras varias prórrogas cerrará, por fin, el 8 de noviembre. EFE
gc/jam/si

domingo, 25 de octubre de 2020

Volvió Kaczynski

 

Polònia desafia els jutges ultres

La sentència del Tri­bu­nal Cons­ti­tu­ci­o­nal de dijous, que va decla­rar incons­ti­tu­ci­o­nal l’avor­ta­ment en cas de mal­for­mació del fetus, no va ser gaire més que una nova reta­llada al molt escàs dret a la inter­rupció de l’embaràs de les polo­ne­ses. De les poques raons que fins ales­ho­res hi havia per acce­dir a l’avor­ta­ment legal a Polònia se’n va supri­mir la més comu­na­ment emprada en aquest país, un dels més res­tric­tius de la Unió Euro­pea en aquesta matèria; les altres encara per­sis­tents són en cas de vio­lació, d’incest o de greu perill per a la vida de la mare.

La mateixa nit de dijous van tenir lloc les pri­me­res mani­fes­ta­ci­ons fins a la casa de Jaros­law Kaczynski, el líder del par­tit en el poder, l’ultra­con­ser­va­dor Llei i Justícia (PiS), i des de fa un mes vice­pri­mer minis­tre. L’endemà es van repro­duir les pro­tes­tes “per­so­na­lit­za­des” con­tra qui ja era, de fet, l’home fort del país abans de tor­nar a ser mem­bre del govern que teòrica­ment lidera, Mateusz Morawi­ecki, un mode­rat dins el PiS. Morawi­ecki, com el pre­si­dent Andr­zej Duda –vin­cu­lat al par­tit, tot i que for­mal­ment n’ha dei­xat la militància des que és al càrrec–, són els encar­re­gats de posar la firma a les deci­si­ons del líder.

Jaros­law Kaczynski va ser pri­mer minis­tre del 2006 al 2007, quan el seu germà bessó, Lech, era el pre­si­dent del país. Des de la mort d’aquest, el 2010 en la catàstrofe aèria de Smo­lensk –hi van morir els 96 ocu­pants de l’avió pre­si­den­cial polonès–, s’havia con­cen­trat en el lide­ratge del par­tit. Ara, ha tor­nat a les tas­ques de govern, men­tre crei­xen les ten­si­ons amb Brus­sel·les. Per la Comissió Euro­pea (CE) d’Ursula von der Leyen, la reforma del poder judi­cial i altres ini­ci­a­ti­ves del PiS posen en perill els fona­ments de l’estat de dret i la sepa­ració de poders.

Per Kaczynski, qual­se­vol intent de “cas­ti­gar” el seu país amb clàusu­les al·lusi­ves a l’estat de dret pot com­por­tar el blo­queig de Varsòvia als fons de res­cat post­pandèmia que mig Europa espera.

La sentència del Cons­ti­tu­ci­o­nal ha estat el toc d’alerta. Eren poques les dones que acce­dien a l’avor­ta­ment legal a Polònia –unes mil a l’any, en un país de 38 mili­ons d’habi­tants–; mol­tes més ho feien a l’estran­ger, tant a la República Txeca com a Ale­ma­nya, per no expo­sar-se a les xar­xes il·legals que el prac­ti­quen al mateix país. Fins i tot dins el PiS hi ha cor­rents interns que con­si­de­ren inne­cessària, i si més no ino­por­tuna, aquesta nova reta­llada. La demanda davant el Tri­bu­nal havia sor­git fa tres anys, impul­sada per un grup de par­la­men­ta­ris ultra­con­ser­va­dors, però no pel con­junt del par­tit de Kaczysnki. El vere­dicte, ara, es per­cep com l’evidència de l’agenda reac­cionària del PiS, fins i tot en un país on bona part de la població com­brega amb la con­cepció menys evo­lu­ci­o­nada del cato­li­cisme.

Que, en la pràctica, la decisió del Tri­bu­nal canviï poc les coses per a la dona polo­nesa no treu força a la pro­testa al car­rer. Al con­trari: de les pri­me­res con­cen­tra­ci­ons de col·lec­tius femi­nis­tes i pro­a­vor­ta­ment davant la seu del Cons­ti­tu­ci­o­nal, del PiS o a prop de la casa de Kaczynski es va pas­sar a mobi­lit­za­ci­ons d’homes i dones, a més de repre­sen­tants de l’opo­sició, en altres parts de Polònia.

El Cons­ti­tu­ci­o­nal ha pale­sat amb el seu vere­dicte els efec­tes de la reforma judi­cial de Kaczynski. Fins fa tres anys, quan va posar-se en marxa, els 25 mem­bres del Con­sell Naci­o­nal de la Judi­ca­tura eren ele­gits pels matei­xos jut­ges. Ara, 15 sur­ten de la desig­nació del Par­la­ment. En cas de majo­ria del PiS, com passa ara, el resul­tat és un poder judi­cial fet a mida per al par­tit al poder.

La CE d’Ursula von der Leyen té obert expe­di­ent con­tra Varsòvia. El PiS ho veu com una mani­o­bra “here­tada” dels temps en què el libe­ral Donald Tusk va pre­si­dir el Con­sell Euro­peu (del 2014 al 2019). Tusk lidera ara el grup dels popu­lars euro­peus a Estras­burg. Cada piu­lada que emet denun­ci­ant la situ­ació al seu país és, pel PiS, l’evidència que no ha encai­xat les suc­ces­si­ves der­ro­tes elec­to­rals de la seva opo­sició libe­ral davant la força domi­nant de Kaczynski.

viernes, 23 de octubre de 2020

Los minis crecen

 La pandèmia posa a prova el federalisme a Alemanya

Un minis­tre de Sani­tat, Jens Spahn, en qua­ran­tena després d’haver donat posi­tiu de Covid-19; una màxima de con­ta­gis dia­ris –11.287– que depassa els càlculs d’Angela Merkel, i Bavi­era, un land amb un clar sen­tit d’iden­ti­tat pròpia, que reclama del govern esta­tal mesu­res comu­nes. La pandèmia ha collat un país on, fins ara, s’havia con­tro­lat millor que en altres a Europa la corba dels con­ta­gis, i on les regi­ons més pròspe­res, com la bava­resa, defen­sa­ven amb fer­mesa el fede­ra­lisme.

Per la can­ce­llera, no hi ha dubte que el fede­ra­lisme “ha demos­trat els seus valors” també enmig de la pandèmia, mal­grat que a ella mateixa se li atri­bu­eixi una crisi d’auto­ri­tat. De cadas­cuna de les reu­ni­ons que ha man­tin­gut aquests mesos amb els líders regi­o­nals n’han sor­tit pau­tes de com­por­ta­ment comu­nes. Imme­di­a­ta­ment després, cada land ha tirat pel seu cantó, d’acord amb el seu cri­teri. Uns han implan­tat la pro­hi­bició d’allot­ja­ment als ciu­ta­dans pro­ce­dents de regi­ons de risc; d’altres no ho han fet; l’ús de la mas­ca­reta és o no obli­ga­tori al car­rer o a classe segons ho deci­deixi l’auto­ri­tat de torn. Al cap­da­vall, la imple­men­tació de les mesu­res que afec­ten la pandèmia cor­res­pon als poders regi­o­nals. El model fede­ra­lista ale­many, dis­se­nyat per impe­dir cen­tra­lis­mes forts, resis­teix. Però entre els ciu­ta­dans creix també l’ànsia d’eines comu­nes per fer front a un virus que no coneix límits ter­ri­to­ri­als.

Ni Merkel ni l’Ins­ti­tut Robert Koch (RKI), com­pe­tent en la matèria a Ale­ma­nya, volen modi­fi­car l’estratègia de l’acció ter­ri­to­rial dife­ren­ci­ada. Lot­har Wie­ler, el pre­si­dent del RKI, ha mar­cat com a cri­teri clau la incidència de 50 con­ta­gis per 100.000 habi­tants en una set­mana per reco­ma­nar mesu­res espe­ci­als.

La can­ce­llera s’hi sub­jecta, tot i que ella mateixa va adver­tir fa quinze dies que, d’acord amb els càlculs expo­nen­ci­als, si no s’atura la corba per Nadal hi haurà 19.200 con­ta­gis dia­ris. Les xifres d’ahir van dei­xar curt aquest càlcul. La mit­jana naci­o­nal és ara de 56,2 con­ta­gis set­ma­nals per 100.000 habi­tants, men­tre que fa quinze dies n’eren 20.

Dels 300 con­ta­gis dia­ris de juny s’havia pas­sat als 2.000 a l’agost. Al setem­bre eren 6.000 i a l’octu­bre s’han dis­pa­rat fins als 11.200 d’ahir. La defensa de l’acció ter­ri­to­rial es basa en el fet que al dis­tricte més afec­tat, la població bava­resa de Berch­tes­ga­den, la incidència set­ma­nal és de 296 con­ta­gis per 100.000 habi­tants, men­tre que a d’altres –com ara Sten­dal, a l’est–, s’està en els 4,6. A escala del land, Bavi­era té una mit­jana de 61,3 con­ta­gis, men­tre les regi­ons de l’est del país se situen en els 19. L’antic ter­ri­tori comu­nista, afec­tat pel des­po­bla­ment endèmic, sem­bla, de cop, el “gua­nya­dor” enmig de la crisi.

El líder bavarès, Markus Söder –a qui es veu com a pos­si­ble can­di­dat del bloc con­ser­va­dor per suc­ceir Merkel a la can­ce­lle­ria, en les elec­ci­ons de l’any vinent–, no afluixa.

Òbvi­a­ment no es pot con­fi­nar la població allà on la incidència és mínima. Però aspira que, amb nivells d’incidència sem­blants, s’apli­quin mesu­res sem­blants.

Ara mateix, el segon dis­tricte més afec­tat del país és el barri ber­linès de Neukölln, amb 214,6 con­ta­gis set­ma­nals per 100.000 habi­tants. A Berch­tes­ga­den han tan­cat esco­les i boti­gues i els seus habi­tants no poden sor­tir del ter­ri­tori si no és per cau­ses de força major.

A Neukölln no hi ha cap res­tricció espe­cial. Els resi­dents d’aquest barri de la capi­tal poden moure’s pràcti­ca­ment per tot el país, fora dels pocs llocs on ha pros­pe­rat –perquè ho han deci­dit les auto­ri­tats i no ho ha revo­cat la justícia– la pro­hi­bició d’allot­jar-se a qui vin­gui de zones de risc.

miércoles, 14 de octubre de 2020

Otra ronda con los "minis"

Merkel busca fórmula "de alerta rápida" ante el peligro del cierre de la vida pública

Gemma Casadevall


Berlín, 14 oct (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, consensuó este miércoles con los poderes regionales medidas de alerta rápida, destinadas a "no rendirse al virus" y a permitir una actuación más efectiva para evitar un "aumento descontrolado" de contagios y un nuevo cierre de la vida pública.
El objetivo de la reunión de la canciller y los líderes de los "Länder" (estados federados) era consensuar medidas comunes, en un país donde corresponde a los poderes regionales implementar esas medidas y donde hay profundas divergencias entre aquellos de mayor o menor incidencia de contagios.
"No podemos rendirnos al virus, tenemos que combatirlo", afirmó Merkel tras más de ocho horas de reunión. Resultado de ella -la primera presencial, tras meses de encuentros presenciales- fueron una serie de medidas de actuación rápida, pero también el aplazamiento en el espinoso tema de prohibir las pernoctaciones de ciudadanos de zonas de riesgo en el resto del país.
A punto de entrar en el invierno, se impone combinar la "responsabilidad individual" con la actuación política, dijo Merkel. Es importante "limitar los contactos" y actuar "en función de la dinámica" de la pandemia, explicó la canciller, para lo que deberán revisarse los resultados de esas actuaciones cada diez días.
Hubo consenso en fijar dos escalas de incidencia. Así, a partir de una incidencia de 35 casos por 100.000 habitantes y en 7 días se extenderá el uso obligatorio de la mascarilla ahí donde no se pueda mantener la necesaria distancia personal.
A partir de 50 infecciones, por ese mismo cómputo de ciudadanos y plazo, se cerrará la vida nocturna a las 23.00 horas, lo que incluye la prohibición del consumo de alcohol; quedan asimismo prohibidas las fiestas o reuniones de más de diez personas, ampliable a más, en caso de núcleos de convivencias en uno o dos hogares.
Merkel dejó clara su insatisfacción por no haber logrado el consenso para la prohibición, o no, de pernoctaciones para los viajeros procedentes de zonas consideradas de riesgo -es decir, con más de 50 contagios semanales por 100.00 habitantes, de acuerdo al criterio del Instituto Robert Koch (RKI), competente en la materia-.
Actualmente hay más de cuarenta distritos o ciudades clasificadas como zona de riesgo -incluido Berlín, Múnich y otros núcleos urbanos-. Se estima que la prohibición de hospedaje afectaría a unos 14 millones de ciudadanos, del total de 83 millones de habitantes de Alemania.
Varios "Länder" emitieron ya ese veto la semana pasada, mientras que otros o no lo aplican o no lo han adoptado. Había muchas presiones por lograr una armonización y evitar el desconcierto actual tanto de los ciudadanos como del propio sector hotelero, ante unas cifras que van en aumento y varían día a día.
Las posturas eran tan divergentes que no se logró, admitió Merkel; la cuestión ha quedado aplazada a una reunión posterior, el 8 de noviembre, pasadas las vacaciones escolares de otoño.

EL PULSO ENTRE EL CONSENSO Y LOS PODERES REGIONALES

La atención estaba centrada en ese punto, lo que se veía como un pulso entre la capacidad de lograr consensos de Merkel y los criterios específicos de cada "Land".
Todo ello, en un momento de alarma ante el aumento continuado de contagios. Alemania registró este miércoles 5.132 nuevos contagios de coronavirus, el nivel más alto desde el mes de abril.
El país de mayor peso demográfico de la Unión Europea se acerca así al pico de contagios registrados entre finales de marzo y principios de abril, con unos 6.000 diarios.
Especialmente alarmante es la situación de las grandes ciudades, en muchas de las cuales -incluido Berlín- la semana pasada se rebasó la media de los 50 contagios por 100.000 contagios y siete días.
Tanto Merkel como los líderes regionales quieren evitar a toda costa el cierre parcial de la actividad económica. En Alemania no se han adoptado medidas de confinamiento de la población, aunque sí se restringió durante meses la vida pública y la actividad escolar.

LA ECONOMÍA NO SE HUNDIÓ, PERO LA RECUPERACIÓN SE DEMORA

La pandemia ha tenido en Alemania efectos menos devastadores que en otros países europeos, especialmente en lo que concierne al factor humano. Desde el comienzo de la pandemia, en Alemania se confirmaron 334.585 contagios, con 9.677 víctimas mortales.
El impacto económico ha sido fuerte, aunque sin llegar a términos catastróficos. Pero la recuperación se demorará, incluso si se consigue evitar un cierre de la vida pública.
Los principales institutos económicos presentaron este miércoles sus pronósticos revisados respecto a los elaborados en primavera. En sus nuevas previsiones dejan claro que la recuperación no llegará hasta finales de 2021.
"La recesión este año será menos dramática que lo que se esperó inicialmente y el año próximo podemos esperar una fuerte recuperación", afirmó el ministro de Economía, Peter Altmaier. "Todo eso, bajo el presupuesto de que las cifras de nuevos contagios no aumenten de forma incontrolada y que podamos evitar una segunda desactivación de la vida pública", añadió. EFE  gc-rz/jam/jsg
(foto)

sábado, 10 de octubre de 2020

Risikogebiet Neukölln

Berlín cierra el ocio nocturno y pone el objetivo en sus zonas de riesgo

Gemma Casadevall 


Berlín, 10 oct (EFE).- Berlín entró este sábado en una fase inédita en esta pandemia con el cierre de facto de la vida nocturna en toda la capital, mientras surgen divisiones ambiguas entre los barrios considerados zona roja y los de menor incidencia.
La medida adoptada por el Robert Koch Institut (RKI), competente en la materia en el país, y asumida por la canciller alemana, Angela Merkel, son los 50 contagios en 7 días por 100.000 habitantes. Superado ese nivel, hay que implantar medidas territoriales especiales, coinciden expertos y poder político.
También hay coincidencia en que los núcleos urbanos son el principal problema, mientras la curva se acerca al pico de contagios que registraba Alemania entre finales de marzo y principios de abril: 6.000 diarios. Este sábado, el RKI notificó 4.700 casos de Sars-CoV-2, con 15 fallecidos. El viernes fueron 4.500; el jueves se superaron los 4.000 y el miércoles se estaba aún en los 2.800.
No hay dudas acerca de la aceleración de los contagios, en un país con 83,5 millones de habitantes donde se han verificado en toda la pandemia 319.381 casos -273.500 de lo cuales son pacientes recuperados- y 9.604 fallecidos.
Berlín superó el viernes la norma del RKI, con una media de 52 casos por 100.000 habitantes en 7 días. Fráncfort y Colonia están asimismo por encima de la franja de los 50. Lo mismo ocurre en otros distritos del "Land" de Renania del Norte-Westfalia (oeste), el más poblado del país, y de Baviera (sur), principalmente.
La primera medida del alcalde-gobernador de la capital y ciudad-estado, el socialdemócrata Michael Müller, fue dictar el cierre de bares y restaurantes entre 23.00 y 06.00. En ese horario está prohibido el alcohol y los grupos de más de cinco miembros -a no ser que sean personas que conviven en uno o dos hogares-.
Un nuevo shock para la vida nocturna berlinesa, cuyos clubes y discotecas cerraron con el inicio de la pandemia, durante la que han proliferado las fiestas espontáneas al aire libre en parques y calles de los barrios más noctámbulos de la ciudad.
El cierre nocturno es un desafío más para el sector y para los más jóvenes. Pero no el único. Cinco distritos berlineses quedaron incluidos en la categoría de "zona de riesgo" del RKI -entre ellos, el populoso Neukölln, el noctámbulo Friedrichshain-Kreuzberg y Mitte, donde se concentran sedes parlamentarias y del gobierno.
La mayoría de los "Länder" -estados federados- acordaron prohibir las pernoctaciones a los residentes de esos barrios, salvo si presentan un test negativo realizado en las 48 horas previa a su viaje. Una medida compleja, con los laboratorios saturados y coincidiendo con el inicio de las vacaciones escolares de otoño.
A esa prohibición siguió la decisión de algunos de esos "Länder" de extender el veto a todos los residentes en Berlín. Otros se han desmarcado del consenso y acepta en sus hoteles a estos viajeros.
Implementar la norma del RKI compete a los poderes regionales. En la práctica, las vacaciones de otoño se han convertido en una pesadilla para las familias que habían planificado salir.

LA INDUSTRIA QUIERE NORMAS CLARAS
La "descoordinación de las reglas desconcierta al sector y ciudadano", lamentó el presidente de la Asociación de Cámaras de Comercio e Industria (DIHK), Eric Schweitzer, en declaraciones al grupo mediático Funke. No son los viajes dentro de Alemania los que disparan los contagios, sino las "fiestas espontáneas" o las "grandes celebraciones familiares", alerta.
La Asociación de Hostelería y Gastronomía, Dehoga, ha criticado asimismo la falta de "normas claras" en todo el país. Hoy por hoy, un berlinés tiene más complicado pasar unos días en Brandeburgo -el "Land" que rodea la capital- que en Italia, uno de los pocos destinos europeos no incluido, hasta este sábado, en las 130 regiones de riesgo en el extranjero las que se recomienda no viajar.

BARRIOS DE INMIGRACIÓN CONTRA ZONAS RESIDENCIALES
El distrito berlinés con mayor incidencia es el multiétnico Neukölln -133,9 casos en 7 días por 100.000 habitantes-. El sensacionalista diario "Bild" ha destacado como focos de contagio sus "bodas árabes" o "fiestas familiares" de más de 350 miembros.
Una opinión compartida por la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), partido que clama contra estas situaciones pero ha recurrido ante los tribunales contra el uso obligatorio de mascarilla en el Bundestag (Parlamento federal).
Neukölln encabeza el nivel de incidencia, pero el gubernamental barrio de Mitte está en los 90,9 casos por 100.000 habitantes y 7 días. En los algo más apartados distritos de Zehlendorf y Pankow -con 40 y 30 casos en esa escala, respectivamente- se sienten castigados por lo que ocurre en el conjunto de su ciudad. EFE  gc/amg

miércoles, 7 de octubre de 2020

Del asesino en bicicleta por el Tiergarten al bosque de Navalni

 Alemania procesa al presunto asesino enviado por Moscú y agudiza la crisis bilateral

Gemma Casadevall

Berlín, 7 oct (EFE).- La Justicia alemana abrió juicio por el asesinato, a plena luz y en el corazón de Berlín, de un asilado georgiano, presuntamente por encargo de Moscú, en plena crisis bilateral por el envenenamiento del líder opositor Aléxei Navalni.
La Fiscalía federal imputa al acusado, un ruso de 55 años, haber matado de tres tiros a Zelimjan Jangoshvili, de 40 años, llegado a Alemania como refugiado en 2016. Fue en el Tiergarten, el parque central de la capital alemana, el 23 de agosto de 2019. El autor de los disparos era un hombre en bicicleta, que luego apareció en el río, junto con la peluca que llevaba y la pistola con que le mató.
Actuó "por codicia u otros bajos motivos", sostuvo ante los medios el representante de la Fiscalía, Ronald Georg, en un aparte de la apertura de un juicio envuelto entre fuertes dispositivos de seguridad y con presencia restringida de periodistas y público.
Para la Fiscalía federal no hay duda de que el asesinó actuó "por encargo de posiciones estatales de la Federación Rusa" y que su objetivo era eliminar a quien considera "enemigo de Moscú, de su república autónoma de Chechenia, y del gobierno pro-ruso de Georgia".
Jangoshvili era para el Kremlin un terrorista. Había combatido en la guerra de Chechenia al lado de los rebeldes y posteriormente formó parte de las fuerzas de seguridad georgianas.
Desde Moscú se ha rechazado toda implicación en el caso. Pero también se vinculó a la víctima con otro asesinato similar cometido en la capital rusa en 2013.
Al crimen del Tiergarten siguieron tensiones entre Moscú y Berlín, incluida la amenaza de la canciller Angela Merkel de imponer "nuevas medidas" a Rusia, si la justicia confirmaba las sospechas.
Unos meses después del crimen, Berlín expulsó a dos diplomáticos rusos por "no contribuir" al esclarecimiento del asunto.
El acusado, identificado como Vadim Krasikov, alias Vadim Sokolov, quedó en prisión preventiva desde su detención, tras ser identificado por testigos presenciales como el hombre que echó la peluca, la bicicleta y el arma al río Spree.
Asistió en silencio a la apertura de un proceso por un crimen tras el que, desde el principio, se responsabilizó a Moscú. A la "falta de cooperación" de los diplomáticos expulsados se sumó la investigación por un caso de jaqueo en el sistema informático del Bundestag (Parlamento federal) relacionado con la investigación.

UN AÑO DESPUÉS, NAVALNI

El asunto era ya suficientemente complejo para las relaciones bilaterales. Casi exactamente un año después del asesinato del Tiergarten, Navalni colapsó repentinamente durante un vuelo en Rusia, el 22 de agosto; tras varios días de tira y afloja con el hospital siberiano donde ingresó, era trasladado a la Charité de Berlín, donde quedó en coma inducido con síntomas de envenenamiento.
El equipo médico berlinés, junto con expertos del Ejército alemán, informaron a los días siguientes de su ingreso de que se había detectado muestras en Navalni del agente nervioso de la familia "Novichok", desarrollado por Rusia.
Merkel instó a Moscú a esclarecer lo que calificó de "intento de asesinato por envenenamiento". Este miércoles, en un comunicado conjunto, Berlín y París, proponían sanciones adicionales contra "personas" responsables del envenenamiento y aludían al "Novichok".
Al primer diagnóstico de la Charité y la Bundeswehr siguieron las conclusiones en el mismo sentido de expertos holandeses y franceses. Ayer, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) confirmó la presencia del "Novichok" en muestras de Navalni.
El líder opositor ruso fue dado de alta la semana pasada de la Charité. Desde entonces, y a través de redes sociales o entrevistas, ha responsabilizado a Putin de su intento de envenenamiento. Hoy mismo, desde el diario "Bild", el más leído de Alemania, reclamó "sanciones directas al círculo más próximo" del presidente ruso.

EL PESO DE NORD STREAM

En cada una de las crisis con Putin resurgen las exigencias sobre Merkel para que interrumpa el Nord Stream 2, el gasoducto casi terminado que transportará gas desde Rusia hasta Europa.
El proyecto se fraguó con el socialdemócrata Gerhard Schröder en la cancillería. Su amistad o alianza de intereses con Putin impulsaron la cooperación energética.
Merkel siguió adelante con ese proyecto heredado de su antecesor, por encima de las sucesivas fases de deterioro en unas relaciones con Putin, que siempre fueron, como mínimo, tensas.
Las exigencias de detener Nord Stream regresaron, tanto de la oposición verdes como en parte de las filas de la gran coalición de Merkel. En el proyecto se han invertido unos 12.000 millones de euros y están implicadas unas 120 empresas de una docena de países europeos. EFE gc/jam/mah/fp

domingo, 4 de octubre de 2020

Unidad en tiempos de distancing

 Trenta anys d’unitat complexa

Angela Merkel, la dona cres­cuda a l’Ale­ma­nya comu­nista, ara líder de referència en un món trau­ma­tit­zat per la pandèmia; un país on encara són pre­sents les diferències entre l’est i l’oest, trenta anys després de reu­ni­fi­car-se: aques­tes eren les dues pers­pec­ti­ves que coin­ci­dien ahir, en el 30è ani­ver­sari del dia que la República Democràtica Ale­ma­nya (RDA) va des­a­parèixer, per inte­grar-se el seu ter­ri­tori a la República Fede­ral d’Ale­ma­nya (RFA) occi­den­tal. Nai­xia així l’Ale­ma­nya actual, amb 83 mili­ons d’habi­tants, el país de més pes dins la Unió Euro­pea (UE).

Ho va cele­brar amb una cerimònia sense con­vi­dats inter­na­ci­o­nals i amb la plana major de la política ale­ma­nya asse­guda en un audi­tori de Pots­dam, als afo­res de Berlín. Com a qual­se­vol acte en espais tan­cats, hi havia més seients buits que ocu­pats, per raons del dis­tan­ci­a­ment social.

“Ens hau­ria agra­dat cele­brar aquest dia d’una altra manera”, deia el pre­si­dent del país, Frank-Wal­ter Stein­me­ier. No només es refe­ria als impe­ra­tius del dis­tan­ci­a­ment, sinó a tot allò que encara queda per fer en un procés d’uni­fi­cació que va arren­car de la revo­lució pacífica a l’est, fins a ender­ro­car el mur de Berlín.

El Trac­tat d’Uni­tat va entrar en vigor el 3 d’octu­bre del 1990, quan no feia ni un any de la nit heroica ber­li­nesa del 9 de novem­bre del 1989. L’ales­ho­res can­ce­ller Hel­mut Kohl va afa­nyar-se a nego­ciar amb les potències ali­a­des que s’havien repar­tit el país després de der­ro­tar el nazisme –Unió Soviètica, Regne Unit, França i els Estats Units–. Va enge­gar un procés de reu­ni­fi­cació exprés, inclo­ent-hi un govern de tran­sició a la RDA. Merkel, doc­tora en ciències físiques, tot just s’estre­nava en política, dins la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU) de Kohl.

El procés exprés va obli­dar-se del fac­tor de la iden­ti­tat de l’est. A l’eufòria de la cai­guda del mur i la festa mul­ti­tu­dinària del 3 d’octu­bre del 1990 va seguir la rea­li­tat del des­man­te­lla­ment econòmic: l’est va pas­sar de l’ocu­pació plena comu­nista a nivells d’atur que dobla­ven els de l’oest. El des­po­bla­ment –mal endèmic en aque­lla mei­tat del país des d’abans de la Segona Guerra Mun­dial– va accen­tuar-se. En deu anys, l’est va per­dre tres mili­ons d’habi­tants; trenta anys després encara no s’ha acon­se­guit una equi­pa­ració de sous i pen­si­ons –a l’est es gua­nya un 85% menys que a l’oest–. La ràbia i la frus­tració han empès la ultra­dreta –a les elec­ci­ons gene­rals del 2017, Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD) treia a l’antic ter­ri­tori comu­nista un 22%, gai­rebé el doble de la mit­jana naci­o­nal del 12,6%.

Ale­ma­nya és país ben dotat per a l’autocrítica. La per­sistència de les diferències és pre­sent a tot dis­curs polític. Sigui el de Stein­me­ier a l’acte ins­ti­tu­ci­o­nal o en decla­ra­ci­ons de Merkel d’aquests dies. Però també és evi­dent que l’Ale­ma­nya actual té raons per “estar orgu­llosa” d’aquest dia, deia Stein­me­ier. Encara que sigui perquè, enmig de la pandèmia, va optar per una cele­bració domèstica, sense com­ple­xos ni esca­ra­falls, en un acte que va aca­bar amb un himne inter­pre­tat per una orques­tra regi­o­nal –la de Bran­den­burg–, amb una vio­li­nista jove com a solista i la classe política fede­ral, regi­o­nal i local repar­tida entre dese­nes de cadi­res bui­des.