viernes, 31 de diciembre de 2021

Con rostro

 

GEMMA C. SERRA


 
Alemanya, a mans d’un home
  • Les fotos de família de les cimeres del G7, el G20 o la UE han per­dut la taca de color que durant setze anys s’ha iden­ti­fi­cat amb un estil propi d’exer­cir el lide­ratge. La taca eren les suc­ces­si­ves jaque­tes d’Angela Merkel, enmig del pano­rama domi­nat pels negres o gri­sos dels col·legues homes. No era l’única dona en el poder, sobre­tot a escala euro­pea. Però sí la presència domi­nant, per vete­ra­nia, per repre­sen­tar el país més poderós i per la seva capa­ci­tat per impo­sar-se sense cops de puny a la taula.
    En comp­tes de Merkel, Olaf Scholz. L’exvi­ce­can­ce­ller soci­al­demòcrata ha pas­sat a ocu­par el lloc de qui va ser la seva cap, la líder con­ser­va­dora. Sem­bla un ascens, més que un relleu. Si no fos que repre­sen­ten par­tits dife­rents.
    Els ale­manys sem­blen haver encai­xat el relleu sense tras­bal­sos. Merkel es va aco­mi­a­dar del poder el 8 de desem­bre, el dia de la inves­ti­dura de Scholz. Va sor­tir de la can­ce­lle­ria en el seu cotxe ofi­cial, envol­tada de fotògrafs. I a par­tir d’aquell moment és com si se l’hagués empas­sat la terra. De líder omni­pre­sent a jubi­lada dis­creta, d’acord amb el seu estil. Scholz lidera una coa­lició inèdita en un govern fede­ral, amb verds i libe­rals com a socis. Però això també s’ha encai­xat amb natu­ra­li­tat. El bloc con­ser­va­dor de Merkel, que el setem­bre pas­sat va que­dar enfon­sat amb el seu pit­jor resul­tat en unes elec­ci­ons gene­rals, liqui­darà en les pròximes set­ma­nes el canvi de pre­sidència. Pas­sarà del can­di­dat der­ro­tat, el cen­trista Armin Lasc­het, al dretà Fri­e­drich Merz, rival històric de Merkel i gua­nya­dor de la con­sulta entre les bases per desig­nar el nou líder.
    Aquest gir dretà dels con­ser­va­dors ale­manys tam­poc no ha aixe­cat titu­lars dramàtics a Ale­ma­nya. Es veu com un retorn més o menys natu­ral als orígens d’un par­tit –la Unió Cris­ti­a­de­nomòcrata (CDU)– que amb Merkel s’havia soci­al­de­mo­cra­tit­zat.

    A Ale­ma­nya tot sem­bla obeir a una alter­nança natu­ral, fins i tot con­ti­nu­ista. Però sobre Europa plana la pre­gunta de qui farà la farina plana i lli­garà con­sen­sos, qui acon­se­guirà man­te­nir més o menys a rat­lla Vladímir Putin, el popu­lisme dretà hon­garès o polonès o les pro­vo­ca­ci­ons del turc Recepp Taz­zip Erdo­gan.

    Scholz no neces­sita un període de rodatge després d’haver estat vice­can­ce­ller i minis­tre de Finan­ces de Merkel. I si el neces­sités, tam­poc no el tin­dria. Ale­ma­nya obre l’any amb la pre­sidència de torn del G-7. I l’eix fran­co­a­le­many, motor tra­di­ci­o­nal euro­peu, està pen­dent de les elec­ci­ons pre­si­den­ci­als fran­ce­ses.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

De Jens a Joachim

 

Adiós a Jens Weidmann, el halcón alemán

Joana Serra

Jens Weidmann, el halcón anti-inflación, como se le identificaba en Alemania, se despide este 31 de diciembre como presidente del Bundesbank, diez años y unos meses después de haberse colocado al frente del banco central alemán. Anunció su retirada prematura en octubre, mientras se orquestaba el relevo del poder político entre la conservadora Angela Merkel y el socialdemócrata Olaf Scholz. El traspaso en Cancillería se producía entre dos representantes del centro político, aunque desde partidos distintos –la Unión Cristianodemócrata (CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD)--, de perfiles hasta continuistas, pese a representar el cambio político.

Weidmann, de 53 años, argumentó “razones personales” para su decisión, que se produce cinco años antes del fin de su segundo mandato y que se hará efectiva con la entrada en 2022. A su sucesor, Joachim Nagel, miembro del SPD, se le identifica como tan apegado a la estabilidad –obsesión nacional alemana-- como lo ha sido su antecesor. Pero el adiós de Weidmann marca el fin de una era, no solo por la línea del presidente saliente sino por la progresiva pérdida de poder del Bundesbank. Sigue siendo el puntal teórico del Banco Central Europeo (BCE) por representar al país dominante de la zona euro, aunque no logra marcar pautas frente a la línea Christine Lagarde.

Weidmann se despide con la inflación disparada a niveles que no se conocían en Alemania desde hace casi 30 años –un 5,2 % marcó en diciembre--. Lagarde insiste en verlo como una evolución temporal. Weidmann, defensor de la política monetaria restrictiva y crítico desde el minuto cero a los estímulos lanzados por el BCE, mandó su última advertencia este noviembre alertando de que la inflación por encima de los objetivos marcados como recomendables no era algo pasajero.

Tal vez a corto plazo deje su altísimo nivel actual, derivado de la escalada de precios de la energía. Pero claramente seguirá por encima del 3 %, advertía el jefe saliente del Bundesbank, para el que sigue vigente el objetivo marcado, no abolido, de que la inflación “debe rondar” el 2 %.

El Bundesbank mantuvo su condición de modelo para el BCE solo en los primeros diez años. Bajo (Mario) Draghi, como consecuencia de la crisis de la deuda y siguientes calamidades, el Consejo del BCE se apartó cada vez con más fuerza de la tradición del Bundesbank y se orientó hacia una política monetaria generosa que benefició a los países más endeudados de la zona euro. Al Bundesbank solo le quedaba el papel de eterno advertidor en el Consejo del BCE”, escribía el conservador diario “Neue Zürcher Zeitung”, al valorar el adiós de Weidmann.

¿Se cansó Weidmann de ejercer de mero “Pepito Grillo” frente a la generosidad de Lagarde? Y, si ése es el caso, ¿herederá con ello Nagel sus problemas pendientes?

Weidmann llegó a la jefatura del Bundesbank, en mayo de 2011, como el presidente más joven de la historia del instituto. Fue nombrado por Merkel, de quien Weidmann era persona de máxima confianza, pese a no militar en su partido, la CDU.

Merkel le había colocado al frente del departamento de Política Económica y Financiera de la Cancillería en 2006, un año después de su llegada al poder. Desde esta posición preparó para la entonces cancillersucesivas cumbres de la Unión Europea, del G7 y del G20, a algunas de cuyas rondas acudía como representante personal de la líder alemana.

Eran los años de los rescates europeos y también de las intervenciones sobre la banca nacional más afectada por la sacudida. Tenía al apóstol de la austeridad, Wolfgang Schäuble al frente del Ministerio de Finanzas alemanas. Sucedía en el cargo a Axel Weber, contrario a la compra de deuda del BCE para afrontar la crisis de la deuda soberana en la zona euro.

Se habría convertido en el sucesor de Draghi al frente del BCE, en 2019. Pero se impuso Lagarde. Ya entonces amagó con dimitir. Finalmente decidió mantenerse en el cargo, sea por no provocar un desgarro interno en el BCE o por esperar a cerrar su ciclo con Merkel, quien un año antes había anunciado su retirada como líder de la CDU y también que no optaría a otro mandato como canciller en las elecciones generales de 2021.

La pandemia y sus estragos económicos ha favorecido no solo que el BCE mantenga la línea de estímulos y tipos de interés mínimos, sino que además precipitó un abandono por parte de Alemania del dogma de la austeridad. El Ministerio de Finanzas pasó en 2017 del dominio del ahorrador y conservador Schäuble al socialdemócrata y algo más flexible Scholz, con rango de vicecanciller en la última gran coalición de Merkel. En 2020 Alemania aprobó el mayor presupuesto adicional de su historia, con 160.000 millones de euros. La potencia europea se despidió, por tiempo indeterminado, del objetivo del déficit cero dominante bajo Schäuble.

El BCE “no debe atender solo a los riesgo de una deflación”, sino que no puede “perder de vista los peligros de la inflación”, argumentaba Weidmann en su carta de despedida al personal del Bundesbank. Era, a la vez, una forma de expresar su legado y una última andanada en defensa de la independencia de una política monetaria que, a su juicio, debía orientarse hacia la estabilidad y evitar ir a remolque de los mercados.

Su anunció de retirada le apartó de la última fase de la negociación del pacto de gobierno de Scholz con los verdes y los liberales. Nació un tripartito inédito en la historia de los gobiernos federales alemanes, que colocó en Finanzas al liberal Christian Lindner. Al ministro y al canciller les correspondió designar a Nagel, de 55 años.

Su cometido debe ser mantener a Alemania como “ancla de la estabilidad europea”, según Lindner. Al nuevo ministro y líder liberal se le identificó como un defensor del freno de la deuda más cercano a Schäuble que a Scholz, pero ha incorporado ya el término “flexibilizar” a su lenguaje. La cuarta ola de la pandemia azota a Alemania, a lo que se une el compromiso del tripartito de Scholz de impulsar la siguiente gran transformación de una potencia industrial necesitada de ponerse al día.

Es decir, despedirse de la tacañería inversora que marcó una larga fase de la “era Merkel”.

El ascenso de Nagel a la presidencia del Bundesbank es una especie de regreso a sus orígenes. Entre 2017 y 2020 pasó por el Banco de Desarrollo del Estado de la República Federal Alemana (KfW) y desde entonces era vicedirector de servicios bancarios del Banco de Pagos Internacionales (BPI). Pero había estado durante 17 años en distintos puestos directivos del banco central alemán, de los cuales seis en su presidencia. Representa, igual como le ocurre a Scholz respecto a Merkel, la continuidad y también el cambio de rumbo.

Los dilemas de Annalena

 




Alemania se enfrenta al dilema de boicotear los Juegos de Pekín

JOANA SERRACorresponsal. Berlín

El canciller alemán, Olaf Scholz, ha esquivado reiteradamente la pregunta de si Alemania se sumará al boicot diplomático a los Juegos de Invierno en China anunciado por Estados Unidos. Se escudó la primera vez que fue requerido a responder, dos días antes de ser investido en el cargo, con que no le correspondía hacerlo debido a sus responsabilidades gubernamentales. El 10 de diciembre, en su primera visita ya como canciller a París, respondió con evasivas a la misma cuestión mientras el presidente Emmanuel Macron ponía en duda la efectividad de un boicot.

Dos ministras de Scholz, la de Exteriores y la Interior, sí se han pronunciado. «Soy una gran aficionada al deportes. Pero definitivamente no voy a ir a estos Juegos», afirmó Annalena Baerbock, jefa de la diplomacia alemana y líder de Los Verdes, exgimnasta profesional y con tres bronces nacionales en trampolín.

Tampoco acudirá a los Juegos la titular de Interior, la socialdemócrata Nancy Faeser, en cuyas competencias entra Deportes. La situación de la pandemia impide ese desplazamiento, explicó un portavoz de su ministerio.

La decision de Baerbock es a título personal y no crea mayor problema de protocolo, puesto que no es tarea intrínseca a su cargo representar a Alemania en este tipo de eventos. A Faeser sí le correspondería acudir a China en razón de su cargo y representando a su correligionario Scholz. O, llegado el caso, delegar en un secretario de Estado.

Desde que Estados Unidos anunció su boicot, fundamentado en la situación de los Derechos Humanos en China, se espera un pronunciamiento del Gobierno alemán en consonancia con la de su gran aliado transatlántico. Baerbock, la primera mujer al frente de Exteriores en Alemania, ha mostrado ya cierta impaciencia por dar un acento propio a su cargo. Especialmente en lo que respecta a China y Rusia. Al asumir su puesto avanzó su propósito de marcar líneas más claras en materia de derechos humanos que los anteriores ejecutivos de Angela Merkel, tan defensora de los «puentes de diálogo» como de los intereses económicos.

El eje con Estados Unidos


Ya ahí se recordó a Baerbock, desde el Partido Socialdemócrata (SPD) de Scholz, que no le corresponde a ella marcar las líneas maestras de la política exterior alemana. Eso compete directamente al canciller, no a su jefe de la diplomacia.

La posición alemana no estará clara mientras Scholz siga esquivando la c uestión.La buena salud del eje transatlántico es una de las prioridades tradicionales de la política exterior alemana. No solo ahora, con Joe Biden en la presidencia, sino también en tiempos complejos, como cuando fue Donald Trump quien ocupó la Casa Blanca y le correspondió a Merkel limar asperezas, tanto formales como de contenidos o intereses económicos.

Pero aún más fuerte es el eje franco-alemán. Berlín puede tantear un boicot diplomático con otros socios europeos. Sin embargo,Scholz tendrá complicado sumarse mientras Macron cuestione la «eficiencia» de un boicot.

martes, 28 de diciembre de 2021

Silvestre ómicron

Alemanya no vol festes per celebrar el Cap d’Any, tampoc per als vacunats

Kreuzberg, a medias

 

Alemania limita la Nochevieja con la incidencia a la baja

J. SERRA | Berlín


Alemania no se fía de su nivel de incidencia, actualmente a la baja, ni quiere una explosión de contagios como los que sufren las vecinas Francia o Dinamarca, bajo el dominio de ómicron. El Gobierno federal y los poderes regionales dejaron festejar las Navidades sin mayores restricciones, en un país donde se por sí las reuniones familiares son en formato moderado. Pero sí cortaron por lo sano los festejos de Nochevieja, más proclives a botellones y batallas campales de pirotecnia para recibir el año, para seguir luego la fiesta.

Desde este martes quedaron prohibidas las reuniones de más de diez personas, si todas ellas están vacunadas, o entre los miembros de un hogar y dos invitados más, si entre ellos hay no inmunizados. Quien no podía presentar su pasaporte covid tenía ya cerrado desde hace semanas el acceso a comercios no esenciales, restaurantes, cines, teatros o piscinas públicas.

Con las nuevas restricciones se cierran para todos, inmunizados o no, las discotecas y bares de copas, salvo algunas excepciones en clubes bajo condiciones estrictas de higiene.

Las nuevas restricciones se mantendrán al menos hasta el 7 de enero, en que vuelven a reunirse el canciller Olaf Scholz y los líderes regionales. Para entonces podrá evaluarse la situación de la pandemia. La incidencia bajó a 215 casos por siete días y 100.000 habitantes -llegó a estar en 480 a finales de noviembre-. Pero se considera que los datos no serán fiables hasta entrado enero, dado que durante las festividades el cómputo de datos se ralentiza.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Navidad

 

Alemanya també endureix mesures

sábado, 18 de diciembre de 2021

Mal día para Merkel

 

Els conservadors alemanys giren a la dreta amb Merz

viernes, 17 de diciembre de 2021

Regreso a 2002

Los conservadores alemanes eligen al derechista Merz y cierran la era Merkel

Gemma Casadevall 





Berlín, 17 dic (EFE).- El derechista Friedrich Merz será el nuevo líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) alemana, el partido que ocupó el centro político durante la "era Angela Merkel" y cuyas bases se decantaron ahora por un rival histórico de la excanciller.
Merz desbancó claramente a los dos aspirantes del ala centrista, Norbert Röttgen y el exministro de la Cancillería Helge Braun, al obtener el 62,1 % de los votos en la consulta entre la militancia democristiana.

Identificado con los poderes económicos del país, con una elocuencia muy superior a sus rivales y poderosos aliados internos, Merz se comprometió a ser el "presidente de todos, realmente de todos".
Dejó para una decisión futura si, además de presidir el partido, aspirará a ser el próximo candidato del bloque conservador a recuperar la Cancillería perdida en las últimas elecciones generales.

"Esa cuestión la decidiremos a su debido tiempo y en consenso con nuestros amigos bávaros", dijo, en alusión a la poderosa e igualmente derechista Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) de Markus Söder.
Era la primera vez en la historia del partido de Konrad Adenauer, Helmut Kohl y la misma Merkel en que se cedía la voz a la militancia para una decisión que corresponde, por sus estatutos, al congreso federal.

El voto abierto a los cerca de 405.000 afiliados -con una participación del 66 %- deberá ser ratificado formalmente por los 1.001 delegados, en un congreso virtual que se celebrará del 21 al 22 de enero.
La ratificación del congreso es de trámite, más aún tras una victoria tan clara: Röttgen, que se presentaba como un conciliador entre las corrientes del partido, obtuvo un 25,5 % de los votos, mientras Braun, persona de su máxima confianza de Merkel, apenas logró el 12,1 %.

LA VICTORIA DEL REINCIDENTE

Merz, de 66 años y nacido en el populoso "Land" (estado federado) de Renania del Norte-Westfalia, aspiraba por tercera vez a la presidencia, esta vez con un discurso algo más moderado que en las dos anteriores, en 2018 y 2019.
Pese a ello, representa para sus compatriotas una rivalidad frente a Merkel que arranca de mucho antes de que empezara la búsqueda de un sucesor para quien fue la jefa de la CDU durante 18 años.
Merz, quien entró en las juventudes del partido con 16 años, ocupaba ya un escaño de eurodiputado en 1989, cuando la ahora excanciller era aún una científica del este del país ajena al ámbito político.

En 1994 ingresó en el Bundestag (Parlamento) y empezó a destacar entre las corrientes derechistas de la CDU. Tras la derrota electoral de Helmut Kohl de 1998, y en medio del escándalo de la financiación irregular del partido, vio cómo ascendía a la presidencia Merkel, quien no llevaba ni diez años en el partido pero ya era su secretaria general y había ocupado dos carteras ministeriales.

Merz siguió luchando por dar un giro más conservador a la CDU, al que Merkel empezaba a dar ya el perfil calificado por sus detractores internos como "socialdemocratizante". En 2002 se retiró de sus estructuras, al verse desplazado por su presidenta como líder de la oposición en el Bundestag.
Concentró a partir de ahí su talento a la gran industria y los grupos de presión económicos. Se le consideraba alejado de la vida interna de la CDU, convertido en un millonario que viajaba en jets privados.

Pero periódicamente se escuchaba su opinión, en medios de comunicación o foros económicos, desde posiciones opuestas a las de la jefa del partido o entre amagos de revuelta interna contra la líder.
Volvió a la vanguardia en 2018, tras anunciar Merkel su retirada como jefa del partido y que no optaría a la reelección canciller. Su anunció seguía a varias derrotas regionales y la tortuosa formación de su última gran coalición, que tardó seis meses en lograr.

Merz se postuló como aspirante a la presidencia, pero fue derrotado por una ventaja mínima por la teórica sucesora natural de Merkel y secretaria general del partido, Annegret Kramp-Karrenbauer.
El sucesión ordenada fue fugaz. Un año después, la continuadora ideal tiró la toalla, incapaz de hacer valer su autoridad.

La siguiente ronda sucesoria la ganó otro centrista, Armin Laschet, quien derrotó de nuevo a Merz y logró además ser designado candidato de la CDU/CSU, puesto al que aspiraba también Söder.
A la derrota en las generales del pasado septiembre, con el mínimo histórico de un 24,1 % de los votos, siguió el anuncio de una renovación de la cúpula. Merz se impuso, por fin, con un discurso tan contenido como desconocido en él, pero identificable como el representante de una victoria tardía ante Merkel. EFE
gc/vh

Abgang

 Y Merkel pasó a excanciller

Gemma Casadevall









Berlín, 16 dic (EFE).- Alemania, pero también Europa, se despidieron este 2021 del liderazgo de Angela Merkel, una etapa de 16 años marcada por un estilo atípico de ejercer el poder, sacudida en su última etapa por la lucha contra la pandemia y que deja como asignatura pendiente de modernizar su país.
Merkel cumplió su compromiso de seguir en su puesto hasta la investidura de un sucesor. El 8 de diciembre la relevó el socialdemócrata Olaf Scholz, 5.860 días después de haberse convertido en la primera mujer que accedía a la Cancillería alemana. Era también la primera persona crecida en territorio comunista que lo lograba y la más joven entre sus antecesores, con 51 años.
Unas horas antes de la investidura de Scholz, Cancillería hacía público un comunicado sobre una última conversación entre Merkel con los líderes de EE.UU., Francia, Italia y el Reino Unido -Joe Biden, Emmanuel Macron, Mario Draghi y Boris Johnson- a propósito de los movimientos rusos junto a Ucrania.
El ucraniano es uno de los conflictos que no ha podido zanjar la líder que marcó la pauta en la crisis de la zona euro o ante la emergencia migratoria de 2015. A la primera de esas crisis respondió con la tenaza de la austeridad; a la segunda, manteniendo abiertas las fronteras a los refugiados cuando otros las cerraban.
La primera ola de la covid-19 la revalorizó como líder de referencia. La mostró como una política de formación científica y capacidad de análisis, mientras otros mandatarios daban bandazos. Pero ello no evitó a Alemania la furia de la segunda y la tercera olas; la cuarta sorprendió al país con cierto vacío de poder, entre una canciller en funciones y un sucesor que aún no funcionaba.
Su legado está por escribir, puesto que es la historia la que coloca a un político en su lugar. Pero parece indiscutible que esta líder, a la que tanto se criticó por lenta como por imparable, marcó un estilo de ejercer el poder, basado en el consenso y no en la confrontación.

LA LÍDER GLOBAL

Merkel no superó por diez días el récord de permanencia en el poder de Helmut Kohl (1982-1998). Dejó el cargo como la más longeva entre los líderes occidentales y a la que solo superó, en veteranía, uno de sus "ogros" internacionales, el ruso Vladímir Putin.
Representó al eje transtatlántico con cuatro líderes estadounidenses -George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump y Biden- y al franco-alemán con cuatro franceses -Jacques Chirac, Nicolas Sarzoky, François Hollande y Macron-; cuidó las relaciones con cinco británicos -Tony Blair, Gordon Brown, David Cameron, Theresa May y Johnson- y con tres españoles -José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez-.
La lista se eternizaría con Italia -ocho primeros ministros-. En su ronda de despedidas, a escala internacional o nacional, habrá acumulado más reconocimientos, títulos "honoris causa", premios o regalos de los que caben en ninguna estantería.

LA AGENDA ALEMANA

A la investidura de Scholz asistió desde la tribuna de visitantes del Bundestag, ya que tampoco optó al escaño de diputada que, desde 1990, tuvo por Stralsund, la ciudad del este alemán donde arrancó su carrera tras la caída del muro de Berlín.
Desde esa tribuna recibió la ovación de los diputados, con excepción de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), el partido al que el espectro parlamentario mantiene aislado.
Su último año como canciller ha sido duro. No solo por la pandemia, sino también por las devastadoras inundaciones con más de 180 muertos en el oeste del país. La catástrofe hizo patente los estragos de la emergencia climática y recordó el incumplimiento alemán de los objetivos de reducción de emisiones.
Al tripartito de Scholz con verdes y liberales le corresponderá luchar contra la precariedad laboral dejada por la austeridad, demostrar ambición climática, poner al día su tejido industrial e impulsar la digitalización. La pandemia confrontó al gran socio europeo con situaciones impropias de un país rico -como la imposibilidad de practicar el teletrabajo o la escuela virtual-.
Al bloque conservador de Merkel le llegó el turno de encontrar un nuevo líder sólido, tras hundirse en su mínimo en unas elecciones nacionales -un 24,1 %-, con el centrista Armin Laschet como candidato.
LO PERSONAL
Circulan varias versiones sobre los planes de la excanciller, retirada con 67 años. Se asegura que acompañará a su esposo, el científico Joachim Sauer, profesor invitado en Turín. O que se instalará en Templin, la ciudad germano-oriental donde creció.
Mantiene una oficina en la avenida Bajo los Tilos berlinesa, la misma que tuvo Kohl. Su secretaria desde hace treinta años, Beate Baumann, avanzó que escribirá unas memorias políticas.
Baumann ha sido el puntal de la actividad de Merkel, junto con su asesora en comunicación, Eva Christiansen, o su exportavoz de Gobierno, Steffen Seibert. EFE
gc/jam/rml
(foto)


jueves, 16 de diciembre de 2021

El adiós

 

Y Merkel ya es excanciller

Gemma Casadevall

Berlín, 16 dic (EFE).- Alemania, pero también Europa, se despidieron este 2021 del liderazgo de Angela Merkel, una etapa de 16 años marcada por un estilo atípico de ejercer el poder, sacudida en su última etapa por la lucha contra la pandemia y que deja como asignatura pendiente de modernizar su país.
Merkel cumplió su compromiso de seguir en su puesto hasta la investidura de un sucesor. El 8 de diciembre la relevó el socialdemócrata Olaf Scholz, 5.860 días después de haberse convertido en la primera mujer que accedía a la Cancillería alemana. Era también la primera persona crecida en territorio comunista que lo lograba y la más joven entre sus antecesores, con 51 años.
Unas horas antes de la investidura de Scholz, Cancillería hacía público un comunicado sobre una última conversación entre Merkel con los líderes de EE.UU., Francia, Italia y el Reino Unido -Joe Biden, Emmanuel Macron, Mario Draghi y Boris Johnson- a propósito de los movimientos rusos junto a Ucrania.
El ucraniano es uno de los conflictos que no ha podido zanjar la líder que marcó la pauta en la crisis de la zona euro o ante la emergencia migratoria de 2015. A la primera de esas crisis respondió con la tenaza de la austeridad; a la segunda, manteniendo abiertas las fronteras a los refugiados cuando otros las cerraban.
La primera ola de la covid-19 la revalorizó como líder de referencia. La mostró como una política de formación científica y capacidad de análisis, mientras otros mandatarios daban bandazos. Pero ello no evitó a Alemania la furia de la segunda y la tercera olas; la cuarta sorprendió al país con cierto vacío de poder, entre una canciller en funciones y un sucesor que aún no funcionaba.
Su legado está por escribir, puesto que es la historia la que coloca a un político en su lugar. Pero parece indiscutible que esta líder, a la que tanto se criticó por lenta como por imparable, marcó un estilo de ejercer el poder, basado en el consenso y no en la confrontación.

LA LÍDER GLOBAL

Merkel no superó por diez días el récord de permanencia en el poder de Helmut Kohl (1982-1998). Dejó el cargo como la más longeva entre los líderes occidentales y a la que solo superó, en veteranía, uno de sus "ogros" internacionales, el ruso Vladímir Putin.
Representó al eje transtatlántico con cuatro líderes estadounidenses -George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump y Biden- y al franco-alemán con cuatro franceses -Jacques Chirac, Nicolas Sarzoky, François Hollande y Macron-; cuidó las relaciones con cinco británicos -Tony Blair, Gordon Brown, David Cameron, Theresa May y Johnson- y con tres españoles -José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez-.
La lista se eternizaría con Italia -ocho primeros ministros-. En su ronda de despedidas, a escala internacional o nacional, habrá acumulado más reconocimientos, títulos "honoris causa", premios o regalos de los que caben en ninguna estantería.

LA AGENDA ALEMANA

A la investidura de Scholz asistió desde la tribuna de visitantes del Bundestag, ya que tampoco optó al escaño de diputada que, desde 1990, tuvo por Stralsund, la ciudad del este alemán donde arrancó su carrera tras la caída del muro de Berlín.
Desde esa tribuna recibió la ovación de los diputados, con excepción de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), el partido al que el espectro parlamentario mantiene aislado.
Su último año como canciller ha sido duro. No solo por la pandemia, sino también por las devastadoras inundaciones con más de 180 muertos en el oeste del país. La catástrofe hizo patente los estragos de la emergencia climática y recordó el incumplimiento alemán de los objetivos de reducción de emisiones.
Al tripartito de Scholz con verdes y liberales le corresponderá luchar contra la precariedad laboral dejada por la austeridad, demostrar ambición climática, poner al día su tejido industrial e impulsar la digitalización. La pandemia confrontó al gran socio europeo con situaciones impropias de un país rico -como la imposibilidad de practicar el teletrabajo o la escuela virtual-.
Al bloque conservador de Merkel le llegó el turno de encontrar un nuevo líder sólido, tras hundirse en su mínimo en unas elecciones nacionales -un 24,1 %-, con el centrista Armin Laschet como candidato.

LO PERSONAL

Circulan varias versiones sobre los planes de la excanciller, retirada con 67 años. Se asegura que acompañará a su esposo, el científico Joachim Sauer, profesor invitado en Turín. O que se instalará en Templin, la ciudad germano-oriental donde creció.
Mantiene una oficina en la avenida Bajo los Tilos berlinesa, la misma que tuvo Kohl. Su secretaria desde hace treinta años, Beate Baumann, avanzó que escribirá unas memorias políticas.
Baumann ha sido el puntal de la actividad de Merkel, junto con su asesora en comunicación, Eva Christiansen, o su exportavoz de Gobierno, Steffen Seibert. EFE      gc/jam/rml   

Regierungserklärung hacia Putin

 

Scholz s’estrena amb un enfrontament amb Rússia

 La justícia alemanya condemna un rus per haver matar a Berlín un home titllat de terrorista pel Kremlin

 El canceller porta al Parlament els avisos a Moscou si viola la frontera amb Ucraïna