
El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, y el presidente ruso, Vladímir Putin, durante un encuentro en el Kremlin en julio de 2024. / YURI KOCHETKOV / EFE
Gemma Casadevall Berlín06 ABR 2026 Viktor Orbán nunca ha escondido su larga lista de amistades 'tóxicas'. Al contrario. El primer ministro de Hungría ha convertido en señal de identidad sus vínculos con Donald Trump, Vladímir Putin, Binyamín Netanyahu o los Patriotas por Europa, el eurogrupo fundado por él mismo con la ultraderecha de la francesa Marine Le Pen, del austríaco Herbert Kickl, del neerlandés Geert Wilders o del español Santiago Abascal.
El presidente estadounidense ha expresado su anhelo de que Orbán consiga la reelección en los comicios del próximo 12 de abril. "Vuestro éxito es nuestro éxito", le dijo el secretario de Estado, Marco Rubio, en una reciente visita a Budapest, y el vicepresidente J. D. Vance tiene previsto viajar a Hungría este martes para un espaldarazo final. Al Kremlin se le atribuye una campaña de desinformación para desacreditar al líder opositor, Péter Magyar. Unas comprometedoras conversaciones entre el ministro de Exteriores, Peter Szijjarto, y su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, han reflejado estos días el servilismo con que Budapest proporciona a Moscú información en tiempo real de lo que se cuece en la UE. Se entra así en el final de una campaña en que lo más granado del euroescepticismo xenófobo europeo y global ha arropado sin reparos a Orbán.
El primer ministro húngaro gobierna con mayoría absoluta desde 2010 y busca un sexto mandato. Los sondeos apuntan a que, por primera vez en 16 años, el ultranacionalismo húngaro caerá derrotado por Magyar, el candidato del opositor partido Tisza. La distancia entre ambos se ha agrandado y coloca al opositor entre 10 y 15 puntos por delante de Orbán. Pero hay un alto porcentaje de indecisos, un 25%, y la ley electoral húngara, remodelada legislatura a legislatura por Orbán, favorece a Fidesz. No es un sistema enteramente proporcional, sino que el voto de determinadas circunscripciones puede decantar el resultado final. Se estima que Magyar precisará al menos cinco puntos de ventaja para ganar la partida.
Hostilidad hacia Kiev y complicidad con Moscú
Orbán ha acentuado una hostilidad hacia Ucrania que entra en lo personal cuando se cruza con Volodímir Zelenski. Hungría mantiene bloqueados los 90.000 millones de euros en préstamos prometidos por la UE a Kiev. Y se ha negado a suscribir la declaración de la UE para que un Tribunal Especial juzgue los crímenes de guerra de Rusia. Todo eso entraba ya en la dinámica conocida de Orbán, el más poderoso aliado de Putin en la UE. A este contexto se han sumado filtraciones del portal de investigación 'Vsquare', entre otros medios críticos, apuntando a una guerra sucia no solo contra Magyar, sino contra toda la UE.
Primero trascendió a través del periodista Szabolcs Pany la trama orquestada desde el Kremlin para la difusión masiva de bulos generados por IA contra de Magyar. Le siguieron las primeras informaciones sobre el ministro de Exteriores húngaro, Szijjártó, informando a Lavrov de lo que se cuece en la UE. Saltaron ya ahí en cascada las acusaciones a Budapest de deslealtad del alemán Friedrich Merz, el francés Emmanuel Macron y el polaco Donald Tusk. Para redondear el escándalo, aparecieron elocuentes audios de un Szijjártó poniéndose "al servicio" de Lavrov y garantizándole su apoyo ante la UE para sacar de la lista de sancionados a la hermana del oligarca ruso Alisher Usmánov. Para Budapest, estas filtraciones son parte de una "campaña desde el extranjero" en contra de Orbán.
Orbán entra en la semana final hasta cita con las urnas con ese compendio de toxicidades y cuando parte de la ultraderecha europea está empezando a marcar distancias respecto al trumpismo. De pronto se temen daños colaterales por los estragos de la guerra de Irán en los bolsillos de los europeos.
El líder ultranacionalista, de 62 años, se enfrenta a un rival casi 20 años más joven, exmiembro de Fidesz y conocedor de las entrañas del partido de Orbán. Su electorado va de la izquierda al ecologismo, liberales y centristas. Les une el ansia de poner fin a la "era Orbán" y su rumbo de colisión contra la UE.