por Gemma Casadevall
Las elecciones presidenciales colombianas se plantearon ya desde la primera vuelta como un plebiscito al proceso de paz con las FARC abierto, en noviembre de 2012, por el presidente Juan Manuel Santos y amplificado, en la recta final para la segunda vuelta, con el anuncio de un diálogo exploratorio con el ELN. La primera vuelta electoral, el 25 de mayo, se saldó con el uribista Óscar Iván Zuluaga como el candidato más votado, con un 29 % -y Santos en segundo lugar, con un 25 %- con un índice de participación bajo mínimos -apenas del 40 % de los casi 33 millones de colombianos habilitados acudieron a votar. Está en peligro el proceso de paz si Santos no logra la reelección? Qué cambiará si regresa al poder la receta de la implacable mano dura contra la guerrilla de tiempos de Álvaro Uribe? Se lo preguntamos a Angelika Rettberg, profesora de Ciencias Políticas y Resolución de Conflictos en la Universidad de los Andes (Colombia) e investigadora invitada de la Fundación Alexander von Humboldt e Instituto Alemán de Asuntos Globales (GIGA), en Hamburgo.
Pregunta.- Unos días atrás, el expresidente del gobierno español, el socialista Felipe González, afirmaba a una emisora de radio colombiana que tras el histórico reconocimiento de las víctimas, uno de los últimos puntos acordados entre el Estado colombiano y las FARC, el proceso de paz había entrado en una vía irreversible. Es así?
Respuesta.- Probablemente Felipe González se refirió al avanzado estado a que se ha llegado en esas negociaciones. Si se alcanzó ese acuerdo respecto a las víctimas, un punto importante y complejo, significa que la agenda del proceso de paz y desmovilización está muy asimilado, también por parte de la guerrilla. En ese aspecto sí puede considerarse irreversible el proceso de paz o al menos muy altamente improbable que se invierta.
P.- Inclusive si el vencedor es el uribismo, es decir, el aspirante Óscar Iván Zuluaga
R.- El discurso de Zuluaga se ha dulcificado mucho en esta segunda ronda electoral, tal vez porque él mismo se ha dado cuenta de lo avanzada que está agenda y del peso, político y social, que supondría tratar de echarlo atrás. Ahora Zuluaga no habla ya de suspender el proceso de paz, sino de una paz “con condiciones”. Es decir, sin el grado de concesiones políticas a la guerrilla planteado por Santos. Es de esperar que, de imponerse sobre Santos, cambiarán los términos y los tiempos de algunos de los puntos. Pero no parece posible que se llegara a una suspensión de las negociaciones.
P.- Cuando hablas de términos imagino que te refieres especialmente a la cuestión de la impunidad o el futuro de los exguerrilleros, una vez desmovilizados, y las heridas dejadas en la sociedad por el conflicto. Crees que sería ventajoso, en cuanto a una mayor aceptación entre la sociedad colombiana?
R.- Colombia tiene mucha experiencia con desmovilizaciones y con participación política de desmovilizados. Eso nunca ha cambiado fundamentalmente el rumbo de las políticas nacionales excepto en el diseño de una Constitución de 1991, donde un tercio de la asamblea estaba integrado por un grupo guerrillero desmovilizado. Ahí si tuvieron un papel importante. Pero, fuera de ese momento, las restantes desmovilizaciones, donde sí hubo concesiones políticas importantes en circunscripciones especiales para permitir la participación de desmovilizados, no afectó mayormente el rumbo político. Por ese lado, se equivocan quienes creen que grandes concesiones llevarían a grandes cambios políticos a escala nacional. Donde sí iba a tener impacto es en las regiones donde las FARC iba a tener poder electoral y donde quieren conservar un dominio, ahora en la administración pública.
P.- Eso nos llevaría a una frase de Santos, en un entrevista a “Der Spiegel”, donde minimizaba el efecto que podría tener la llegada de los exguerrilleros a la política, en el sentido de que difícilmente podrían llegar a sentarse en el Parlamento porque su ideología está trasnochada y apenas encontraría un electorado.
R.- Efectivamente, ellos no han dado el brinco que las izquierdas de otros países sí han hecho en el sentido de proponer un curso progresista a su discurso. Las FARC están muy anclados en el curso de los 60 y los 70 y eso les resta electorado. El gran reto para las FARC es reinventarse y presentarse como un grupo de izquierda vanguardista, que los hay, y apropiarse de discursos de actualidad, como minería, reparación a víctimas, medio ambiente, que en otros países la izquierda muy hábilmente ha incluido en su oferta política.
P.- Para ganar electorado deberían adaptar su discurso….
R.- Totalmente. Si los escuchas, es impresionante lo trasnochados que están.
P.- Sí, de hecho la escenificación de la apertura de la mesa del diálogo, en Oslo, fue un repertorio de dialéctica, como dices, cuando menos trasnochada.
R.- Y aún no han salido de ahí. Lo ves en los comunicados, en todo. Por otro lado imagino que sí se han tomado en serio la necesidad de reinventarse. Más les vale hacerlo, porque la perspectiva de una futura devacle electoral es aún peor para ellos a que la guerra continúe.
R.- Desde la perspectiva internacional, el proceso de paz de Santos tiene mucho prestigio, por los efectos que se le pronostican a escala de la economía nacional y por las repercusiones que tendría en el conjunto de la región. Unos meses atrás parecía que el camino a la reelección iba a ser un paseo para Santos y de hecho hay en marcha proyectos de cooperación internacional a medio o largo plazo, diseñados en función de esa paz. Es ese un argumento para decidir a Zuluaga a no suspender el diálogo?
P.- Sí, él se puede escudar en eso. Es poco probable que él sinceramente quiera romper los diálogos. Él y sus seguidores van a querer modificarlos, pero no suspenderlos. Van a querer salvar la cara, en caso de ganar la elección, y mantener el proceso pero con esos cambios en los términos y los tiempos. Hay una sinergias creadas que le van a facilitar las cosas.
R.- Finalmente, cómo sientes que se percibe ese proceso de paz desde Europa?
P.- Me asombra el poco interés que suscita. No veo que realmente interese mayormente, a Europa y a Alemania en particular. No se le ve en prensa, no se le ve en los foros no relacionados explícitamente con América Latina. Ahora, los pocos que sí se ocupan del tema lo valoran como un paso fundamental que tiene que dar, no solo Colombia, sino el conjunto de la región latinoamericana.