martes, 24 de marzo de 2026

La batalla de Copenhague

Frederiksen busca su tercer mandato tras defender Groenlandia frente al expansionismo de Trump



La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, durante un acto del partido en esta campaña electoral. / LISELOTTE SABROE / AFP
  Gemma Casadevall    Copenhague24 MAR 2026

Dinamarca celebra este martes elecciones legislativas, convertida en exponente de cómo plantar cara a Donald Trump y marcar pautas en la UE pese a tener apenas seis millones de habitantes. El rostro de la resistencia a la Casa Blanca es su primera ministra, Mette Frederiksen, una socialdemócrata atípica, que en materia migratoria defiende posiciones más propias de la derecha populista que de su familia política.
Los comicios estaban previstos para otoño, pero Frederiksen decidió avanzarlos unos meses. La obsesión del presidente estadounidense por "hacerse" con Groenlandia, por las buenas o por las malas, ha sido un revés para este miembro de la OTAN y apóstol del rearme.
Tras siete años como jefa del Gobierno de Copenhague, Frederiksen busca la reelección abonada a su imagen de mujer fuerte. En su primer mandato, de 2019 a 2022, lideró una coalición izquierdista. En el segundo se decantó por una alianza centrista con los Moderados de su antecesor, el actual ministro de Exteriores Lars Lokke Rasmussen, y los liberales del titular de Defensa, Troels Lund Poulsen.
Los sondeos apuntan a que los socialdemócratas cederán terreno, pero defenderán su posición de primera fuerza, con algo más del 21% de los votos. Les seguirá el Partido Socialista Popular (SF), con un 13% y los liberales de Poulsen, algo por debajo. Frederiksen podría regresar a la fórmula del bloque de izquierdas, con el apoyo de Rasmussen. No se descarta una victoria del centrismo, en un panorama parlamentario muy fragmentado y en un país acostumbrado a constelaciones arriesgadas.

Del susto groenlandés al giro izquierdista


La defensa de Groenlandia, territorio autónomo danés, ha cohesionado a un país que de pronto cuestiona al gran socio transatlántico. Ni siquiera el reciente macropedido de 27 cazas F-35 estadounidenses ha apaciguado la voracidad de Trump, quien en su primer mandato en la Casa Blanca ya había pretendido "comprar" la isla ártica. La respuesta de Frederiksen, entonces y ahora, es el nuevo mantra nacional: Groenlandia no está en venta.
La líder danesa ya no se fía de Washington, sino de Canadá, Francia, Alemania y sus vecinos nórdicos, a los que en febrero movilizó para una misión militar exploratoria, destinada a futuras maniobras en Groenlandia. Trump retrocedió ante esta inédita resistencia aliada. Anunció un acuerdo a escala de la OTAN para reforzar la seguridad en el Ártico y retiró su amenaza de nuevos aranceles a los países que respaldaron a Dinamarca. Según se ha sabido ahora, la movilización coordinada por Copenhague incluyó el transporte de plasma sanguíneo y explosivos para responder a una eventual agresión estadounidense.
Aunque la tensión con Washington se relajó, Frederiksen viene alertando de que Trump sigue pretendiendo hacerse con la isla. Groenlandia está muy presente en las mentes danesas, pero no ha sido un tema preferencial en esta campaña. Más destacado es el giro izquierdista de Frederiksen, tras la sangría de votos que ha sufrido por ese flanco. Las alertas socialdemócratas se dispararon en las municipales del pasado noviembre, cuando el partido de Frederiksen perdió la alcaldía de Copenhague tras 87 años de dominio en la capital. La ganadora fue la izquierda del SF.
El giro de la primera ministra no afectará ni la política exterior ni a su restrictiva línea migratoria. Pero se refleja en su promesa de implantar un impuesto sobre el patrimonio, cuyos ingresos se destinarán a políticas sociales. Poulsen rechaza categóricamente esa tasa.

Careo entre políticos muy rodados

Los debates de la campaña han adoptado un formato de casting entre Frederiksen y sus dos ministros, el todoterreno Rasmussen y el menos carismático Poulsen. Todos ellos son políticos con mucho rodaje. Al titular de Defensa le ha surgido un rival entre el flanco conservador, Alex Vanopslagh, calificable de ultraliberal e hiperactivo en redes sociales.
"En términos de competencia en situaciones de crisis, sus rivales están a millas por debajo (de Frederiksen)", afirma Kristina Birke Daniel, directora en los países nórdicos de la Fundación Friedrich Ebert, afín al Partido Socialdemócrata alemán. Alude así a la solidez de una líder que ha dirigido el país frente al coronavirus, la guerra de Ucrania o el expansionismo de Trump. Es una primera ministra "capaz de adaptarse a nuevas realidades", en un "panorama muy fragmentado que recuerda a las piezas de un Lego", añade la analista, en referencia a los famosos juegos de construcción de patente danesa. Rasmusen podría convertirse "en la pieza de oro" de Lego, ya que si él no se vislumbra una mayoría parlamentaria.

Los cuatro escaños autonómicos

La tensión con EEUU se ha relajado y se ha diluido también la cohesión política en la isla ártica. De la coalición de amplio espectro formada tras las elecciones autonómicas de 2025 se ha desmarcado uno de los socios, el socialdemócrata Siumut. El Gobierno del centrista Jens-Frederik Nielsen sigue teniendo una cómoda mayoría en el Parlamento autónomo. Pero se ha roto la unidad del independentismo moderado.
Groenlandia y el otro territorio autónomo danés, las islas Feroe, tienen cada uno dos escaños en el Folketing, el Parlamento danés. Si hay empate, los cuatro diputados de estos territorios autónomos pueden ser decisivos. "Los diputados de los territorios autónomos no suelen incidir en cuestiones nacionales danesas. Pero alguna vez su voto decantó la balanza", explica en una reunión virtual con periodistas extranjeros Heini Skorini, profesor asociado de Relaciones Internacionales de la Universidad de las Feroe. Los electores del archipiélago, con unos 56.000 habitantes --más o menos como Groenlandia-- tienen una doble cita electoral: el próximo jueves, dos días después de las parlamentarias danesas, están convocadas sus elecciones autonómicas.