jueves, 4 de junio de 2026

Bofetada a mano abierta

El apoyo a Israel hunde a Alemania en una humillante derrota ante la ONU



El canciller alemán, Friedrich Merz. / CLEMENS BILAN / EFE

 Gemma Casadevall     Berlín04 JUN 2026 

A la Alemania de Friedrich Merz, estancada económicamente y aquejada de persistentes disensos en su coalición Gobierno, se le sumó ahora la humillante derrota en sus aspiraciones de acceder a uno de los puestos no permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU. Por primera vez en su historia, no logró ese objetivo en la votación celebrada el miércoles. Se vio desbancada por las otras dos candidatas por parte de Europa Occidental, Portugal y Austria.

Fue un fracaso en toda regla para el ministro de Asuntos Exteriores, Johann Wadephul, pero también para el canciller Merz, a juicio de los grandes medios de referencia como 'Der Spiegel' y de la televisión pública ARD. Se atribuye la derrota, en parte, a la arrogancia de la diplomacia de un país que creía ganada la partida por ser el segundo mayor contribuyente de la ONU. Pero, sobre todo, al aislamiento en que ha caído por su apoyo incondicional a Israel, además de las maniobras en su contra que Wadephul atribuye a Rusia, como respuesta a su compromiso con la defensa de Ucrania. Rusia es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo, junto con Francia, Estados Unidos, China y Reino Unido. Según Wadephul, habría hecho valer su influencia en contra de Alemania, ya que prefería en ese puesto a Austria, país que no pertenece a la OTAN.

"Hemos constatado que algunos trabajaron en contra nuestra. Rusia es un buen ejemplo. Por supuesto no tienen ningún interés en que esté en el Consejo un país que apoya fuertemente a Ucrania", afirmó Wadephul. El hecho de que Alemania siga respaldando a Israel, "por razones de responsabilidad histórica", en palabras del ministro, ha sido otro factor en su contra.

Portugal y Austria llevaban años preparando su candidatura y lograron imponerse por 134 y 130 votos, respectivamente, del total de los 190 emitidos. Alemania obtuvo 104, por debajo de los dos tercios necesarios. Una humillación sin precedentes para la primera potencia europea, con 84 millones de habitantes. Leyó el resultado de la votación la presidenta de la asamblea de la ONU, la exministra de Exteriores y antecesora de Wadephul en el cargo, Annalena Baerbock, lo que agrandó la imagen de derrota para el conjunto de la diplomacia germana.

Son varios los errores de Alemania a los que aluden columnistas y representantes de los Verdes -el partido de Baerbock-, la asimismo opositora Izquierda o incluso el Partido Socialdemócrata (SPD), socio de coalición de Merz. Por un lado, que Alemania no empezó a trabajar por esa candidatura inmediatamente después de ocupar por última vez uno de los 15 puestos del Consejo de Seguridad, en 2020. Merz ni siquiera estuvo presente en la última asamblea general de la ONU, lo que dejó la impresión de falta de compromiso con la organización.

Para muchos analistas políticos, la razón de peso es el aislamiento de Alemania en política internacional por su actitud ambivalente respecto al Derecho Internacional. Usa un doble rasero, no solo por mantener del apoyo incondicional a Israel en la devastadora ofensiva sobre Gaza, sino porque tampoco se ha pronunciado ante sucesivas violaciones del derecho internacional. Merz ha rehuido pronunciarse acerca de la captura por parte de EEUU del expresidente venezolano, Nicolás Maduro. Lo mismo ha hecho respecto a la ofensiva lanzada por EEUU e Israel contra Irán, recuerda 'Der Spiegel'.

"Quien pretenda ser guardián del orden internacional no puede aplicar un doble rasero", concluía en declaraciones a la televisión pública ARD el portavoz de Exteriores del grupo socialdemócrata en el Parlamento, Adis Ahmetovic.

Wadephul ha reconocido una amarga derrota que, en realidad, procede de antes de su llegada al cargo, hace algo más de un año. Los analistas la sitúan en los últimos tiempos de la conservadora Angela Merkel en el poder y en la corta legislatura del socialdemócrata Olaf Scholz.

Para el sensacionalista diario 'Bild', la consecuencia lógica ahora debería ser invertir menos dinero en la ONU, puesto que se le niega a Alemania uno de esos codiciados puestos del Consejo de Seguridad, órgano de la ONU capacitado para adoptar resoluciones vinculantes o sanciones. Por lo pronto, los representantes de Europa Occidental serán hasta 2028 Austria y Portugal.

miércoles, 3 de junio de 2026

Con Fabian en Dahlem Dorf

Fabian Scheidler, filósofo alemán: "Israel no podría cometer sus crímenes sin el apoyo de EEUU y Alemania"




El escritor y filósofo alemán Fabian Scheidler, en una imagen cedida. WWW.FABIANSCHEIDLER.COM

 Gemma Casadevall    Berlín03 JUN 2026 

Occidente ha entrado en una "lógica de la guerra" permanente en la que incentiva los conflictos y genera nuevos enemigos internos o externos: esta es la tesis del escritor, dramaturgo y filósofo alemán Fabian Scheidler (Bochum, 1968). El estado de guerra y la lucha por un nuevo orden de paz es el título de su último libro, editado en España por Icaria. Sigue la línea emprendida por El fin de la megamáquina. Historia de una civilización en vías de colapso, pero se centra ahora en las falsas respuestas de Occidente a crisis como la del covid o las guerras en Ucrania y Gaza. Es especialmente crítico ante el apoyo incondicional de Alemania a Israel, sustentado en su responsabilidad histórica tras el Holocausto nazi, pero que ha convertido a su país en un apoyo al "genocidio" en Gaza.

No es fácil en Alemania mantener posiciones como la suya sin verse confrontado con acusaciones de antisemitismo.

En mi libro documento cómo el Gobierno alemán reaccionó a los ataques del 7 de octubre de 2023. Con un apoyo incondicional hacia Israel, a pesar de que pocos días después estuvo claro que Israel estaba vulnerando masivamente el derecho internacional. La entonces ministra de Exteriores, Annalena Baerbock, justificó que se bombardearan hospitales y escuelas de Gaza porque supuestamente Hamás se escondía ahí. Ello va directamente contra la Convención de Ginebra, que obliga a proteger activamente a la población civil. Tanto Amnistía Internacional como Human Rights Watch y demás grandes organizaciones humanitarias concluyeron que se estaba cometiendo un genocidio. Y, sin embargo, Alemania mantiene ese apoyo a Israel. Es un escándalo inmenso que precisamente Alemania apoye ahora otro genocidio.

El Ejecutivo actual ha matizado su posición. Bajo el canciller Friedrich Merz, en agosto de 2025 se dictó un embargo temporal de armas susceptibles de ser utilizadas en Gaza. También ha criticado la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania. ¿Teme el Gobierno de Merz quedar aislado?


Cuando viajan por el mundo, nuestro canciller y su ministro de Exteriores, Johann Wadephul, notan el viento en contra. Por eso han retrocedido retóricamente en su apoyo a Israel. Pero en lo material, en lo que concierne a ventas de armas y apoyo, la posición no ha cambiado. Israel no podría cometer sus crímenes sin sus aliados occidentales. Y, junto con Estados Unidos, Alemania es el principal apoyo de Israel. Para poner fin a ese genocidio hay que poner fin a la venta de armas a Israel.

En España hay un claro posicionamiento desde el Gobierno de Pedro Sánchez en favor de Palestina.

En Alemania la situación es muy distinta. Tenemos a un encargado especial del Gobierno contra el antisemitismo, Felix Klein. Desde su perspectiva, cualquier crítica a Israel implica antisemitismo. La Asociación Internacional de Investigadores del Genocidio, entre otros, califican las acciones de Israel como genocidio. Pero Klein tacha esta afirmación de antisemita.

Lo que es especialmente complejo en eventos internacionales. En la Berlinale se vivió una situación que rozó lo grotesco. Primero se criticó al festival por supuestamente "silenciar" lo que ocurre en Gaza para acabar pidiendo la dimisión de su directora, Tricia Tuttle, por posar junto a una bandera palestina. ¿Sufre Usted presiones parecidas?

Yo, afortunadamente, sigo con mi trabajo sin restricciones. Pero hay muchos casos de masivas restricciones no solo de la libertad de opinión, sino incluso de los derechos fundamentales. A petición del gobierno alemán, el Consejo Europeo ha bloqueado las cuentas del periodista crítico hacia Israel Hüseyun Dogru, a pesar de que no ha cometido ningún delito. No ha habido audiencia ni proceso, un hecho sin precedentes. O lo que le ocurrió a Francesca Albanese (Relatora de la ONU para los territorios palestinos), a la que se prohibió hablar en la Universidad Libre de Berlín por intervención del alcalde, Kai Wegner. La Universidad obedeció.



Fabian Scheidler, durante una conferencia. / GUENThER GIESE

¿Por qué es tan difícil diferenciar en Alemania la crítica a Israel del antisemitismo?


Hay dos razones. Una es la sumisión de la política alemana a Estados Unidos. Desde hace mucho no tenemos una política exterior independiente. La hubo bajo el canciller Willy Brandt (1969-1974) y, parcialmente, se mantuvo bajo Helmut Kohl (1982-1998). La otra razón es Israel y la falsa interpretación de cómo afrontar el pasado alemán. En mi opinión, la lección del Holocausto debería ser actuar frente a toda vulneración del derecho internacional, independientemente de quién la cometa o contra quién se dirija. Lo que vivimos es exactamente lo contrario. Un Gobierno alemán que apoya incondicionalmente a Israel, incluso cuando el Gobierno actual israelí tiene a reconocidos ultraderechistas. Pueden matar a decenas de miles de civiles y les seguimos apoyando. Esto, en mi opinión, es una absurda dislocación de las lecciones del Holocausto.

En su libro es especialmente crítico hacia Baerbock como ministra de Exteriores y califica a su partido, los Verdes, como el motor de la militarización alemana. ¿Habría sido distinta la reacción alemana tras el 7 de octubre con otro partido al frente de Exteriores?


No, tenemos un giro hacia el militarismo en casi todos los partidos. En La Izquierda ese giro es solo a medias, pero en el resto es total. En los Verdes es especialmente trágico por sus orígenes antimilitaristas. Hubo ya una ruptura con esa tradición con Joshka Fischer como ministro de Exteriores (1998-2005).

¿Le parece peligroso que la ultraderechista Alternativa para Alemania acabe siendo, como apuntan los sondeos, primera fuerza en el Parlamento o que incluso pase a sus manos el rearme, en el que tanto dinero invertimos?

Eso sería obviamente mucho peor. La AfD es un partido militarista, fue el primero que respaldó plenamente el objetivo de destinar un 5% del PIB al gasto en Defensa, aunque ahora prácticamente todos los partidos lo siguen. Hay un consenso en el ámbito político de Alemania en torno al militarismo.

martes, 2 de junio de 2026

Frederiksen, a la tercera

Frederiksen sella una coalición de centro-izquierda a modo de "trébol de cuatro hojas"



Martin Lidegaard, líder del Partido Social Liberal; Pia Olsen Dyhr, del partido verde; la primera ministra socialdemócrata, Mette Frederiksen; y Lars Loekke Rasmussen, de los moderados / LISELOTTE SABROE / AFP

 Gemma Casadevall   Berlín02 JUN 2026 

Un ejecutivo más paritario, más ecologista, con rebajas fiscales y apoyos a la familia, firme en su compromiso con Ucrania y en la defensa del país, incluido el territorio autónomo de Groenlandia que codicia Donald Trump: estas son las líneas maestras de la nueva coalición de gobierno de Dinamarca liderada por la socialdemócrata Mette Frederiksen. Será su tercera legislatura seguida, lograda tras complejas negociaciones y cuyo resultado es un cuatripartito en minoría, que Frederiksen denomina "un trébol de cuatro hojas". Es decir, raro y portador de fortuna.

Para los jóvenes, habrá transporte público gratuito hasta los 22 años; para los pensionistas, mejoras en sus prestaciones; para el conjunto de la población, atención dental gratuita y un IVA reducido en los alimentos; para las empresas, rebaja en el impuesto a las sociedades. Y para la inmigración, un endurecimiento de las ya de por sí rígidas leyes del país nórdico.

Es una alianza de signo paritario, como se plasmó en la presentación por sus cuatro líderes: la socialdemócrata Frederiksen, la izquierdista Pia Olsen Dyhr, más el centrista Lars Lokke Rasmussen y el liberal Martin Lidegaard. Al experimentado Rasmussen, ministro de Exteriores saliente, se le atribuye el papel de árbitro. Pero el mando corresponde a Frederiksen, de 48 años y en el cargo desde 2019.

Dos intentos fallidos


La líder socialdemócrata ha necesitado 69 días para sellar su pacto, el plazo más largo de la historia de Dinamarca. En el camino hacia el acuerdo ha habido dos intentos fallidos: primero fracasó la propia Frederiksen, que tras unas semanas de consultas devolvió el encargo por falta de apoyos. La tarea pasó entonces al ministro de Defensa, el liberal Troels Lund Poulsen, que quedó aun más lejos aún del objetivo. A la tercera obtuvo Frederiksen el resultado anhelado.

A la primera ministra, una mujer que no suele prodigarse en emociones, se la veía radiante el lunes por la noche, tras notificar al rey Federico que había logrado un acuerdo. A la presentación del pacto, este martes, seguirá el miércoles la de su equipo ministerial.

El partido socialdemócrata fue el más votado en las generales el pasado 24 de marzo, pero cayó al mínimo histórico del 21,9% de los votos. De los 50 escaños que tenía pasó a 38. El cuatripartito entre Socialdemócratas, Moderados, el Partido Socialista Popular y el Radical Liberal sumará apenas 82 escaños. Contará con el apoyo de dos partidos de la izquierda ecologista. La tarta parlamentaria danesa está muy fragmentada, con 12 partidos para los 170 puestos de la Cámara.

Línea dura en migración y apuesta por el rearme

Frederiksen no se estrena como líder de un gobierno en minoría. En su primera legislatura comandó una alianza entre el bloque de izquierda sin mayoría. Fue una etapa rica en disensos, a la que siguió tras su reelección una coalición con los Moderados de Rasmussen y los liberales de Poulsen. Endureció así aún más su política migratoria, con líneas propias de formaciones derechistas. Se mantendrá en esa misma línea en su tercera legislatura. Lo mismo hará respecto al rearme, una posición compartida por el conjunto de países del ámbito nórdico y báltico europeos.

Su trébol de cuatro hojas danés deberá mantener también la fortaleza frente a la obsesión de Trump por Groenlandia. Frederiksen representa para sus compatriotas la firmeza frente al poderoso aliado transatlántico. Desde esta posición convocó elecciones anticipadas, en un momento en que los sondeos indicaban un repunte de popularidad. Logró una victoria mínima, pero suficiente para un tercer mandato.

Una Alianza entre desiguales

 Desmantellament o OTAN a dues velocitats


“L’OTAN ha d’enten­dre que reduïm tro­pes. Tenim altres obli­ga­ci­ons”, aquesta va ser la frase de comiat del secre­tari d’estat dels EUA, Marco Rubio, a la reunió minis­te­rial de l’aliança atlàntica de Hel­sing­borg, a Suècia. Era una cita clau, pre­pa­ratòria per a la cimera de Tur­quia de prin­ci­pis de juliol. Fins al dar­rer moment es va témer que Donald Trump no hi enviés Rubio, un fet que hau­ria dis­pa­rat els rumors de divorci a l’OTAN per part de l’aliat transatlàntic. Ara per ara, Trump és l’amo de l’Aliança, com es reflec­teix fins i tot en el llen­guatge cor­po­ral del seu secre­tari gene­ral, Mark Rutte, acos­tu­mat a ava­lar amb cops de cap afir­ma­tius qual­se­vol frase de Rubio.

Hi ha mala maror en l’aliança mili­tar més pode­rosa del món. La pos­si­bi­li­tat que la guerra d’Ucraïna afecti direc­ta­ment ter­ri­tori de l’OTAN no és gens remota, com va pale­sar diven­dres pas­sat l’impacte, acci­den­tal o no, d’un dron rus a Roma­nia. Però en comp­tes de tan­car files entre ali­ats, es per­cep una inten­ci­o­na­li­tat des­man­te­lla­dora per part de Trump, reflec­tida recent­ment en les seves crítiques fron­tals con­tra dos socis euro­peus, repre­sen­tants de famílies polítiques i amb graus de lle­ial­tat transatlàntica dife­rents. D’una banda, Pedro Sánchez, el soci­a­lista que ha mate­ri­a­lit­zat el “no a la guerra” amb la pro­hi­bició de fer ser­vir les bases en ter­ri­tori espa­nyol als avi­ons dels EUA. De l’altra, el con­ser­va­dor Fri­e­drich Merz, repre­sen­tant de la sub­missió a Was­hing­ton de la política exte­rior ale­ma­nya des de temps fun­da­ci­o­nals de la República Fede­ral d’Ale­ma­nya (RFA).

Sánchez està prou entre­nat i ha gua­nyat per­fil inter­na­ci­o­nal com a líder que gosa dir no a Trump. Merz va sor­pren­dre en cri­ti­car de cop la manca d’una estratègia en l’ofen­siva con­tra l’Iran. No només perquè va des­viar-se de la sub­missió envers la Casa Blanca, sinó també per la crítica implícita a Israel, que con­trasta amb el com­promís casi incon­di­ci­o­nal d’Ale­ma­nya amb l’Estat jueu. El deto­nant va ser la frase de Merz en una visita a una escola, en què asse­gu­rava que Tehe­ran ha “humi­liat” els Estats Units. Un enfu­ris­mat Trump va anun­ciar tot seguit la reti­rada de 5.000 sol­dats de les seves bases a ter­ri­tori ale­many.

Berlín va optar per la sang freda. Hi ha uns 36.000 sol­dats dels EUA a les prop de 40 ins­tal·laci­ons mili­tars de l’aliat transatlàntic al seu ter­ri­tori. Entre aques­tes, Rams­tein, la base més gran dels EUA a Europa i la columna ver­te­bral de les ope­ra­ci­ons nord-ame­ri­ca­nes a l’Ori­ent Mitjà i de l’ano­me­nat Grup de Con­tacte per Ucraïna. Rams­tein són els ulls i el braç del Pentàgon a Europa. A més, els EUA tenen a Ale­ma­nya l’hos­pi­tal mili­tar més gran fora de les seves fron­te­res, les cen­trals del Coman­da­ment Euro­peu i el d’Àfrica (Eucom i Afri­com, res­pec­ti­va­ment), un punt d’esta­ci­o­na­ment dels F-16 i el dipòsit d’arma­ment nuclear de la base de Büchel.

Que els EUA man­tin­guin aquest con­tin­gent a Ale­ma­nya no és només en interès del país que els allotja, sinó sobre­tot de l’estratègia del Pentàgon. Molt més pre­o­cu­pant és, per a Berlín, que Trump s’hagi des­dit de des­ple­gar a Ale­ma­nya els seus míssils de llarg abast Toma­hawk, pac­tat amb Berlín en temps de Joe Biden a la Casa Blanca. La indústria euro­pea no dis­posa de míssils equi­va­lents. Per tant, hi ha cert perill d’inde­fensió davant el que Rússia pot des­ple­gar des de l’encla­va­ment de Kali­nin­grad.

Al pri­mer anunci de Trump va seguir la des­con­cer­tant decisió dels EUA de sus­pen­dre el des­ple­ga­ment de 4.000 sol­dats addi­ci­o­nals a Polònia, un país que des de temps de Barack Obama que somia en veu alta un reforçament de la presència mili­tar dels Estats Units. A aquest des­con­cert va seguir-ne el següent. De cop, l’impre­vi­si­ble Trump va fer marxa enrere per anun­ciar un reforçament del con­tin­gent a Polònia amb 5.000 sol­dats. No ho va jus­ti­fi­car en cap interès estratègic, sinó en la seva amis­tat amb el pre­si­dent polonès, l’ultra­con­ser­va­dor Karol Naw­rocki, ene­mic decla­rat de l’euro­pe­ista i cap del govern Donald Tusk.

Tot encaixa en la fal·lera euro­escèptica de Trump i la tàctica de pre­miar o cas­ti­gar entre ali­ats dòcils i els que no ho són. Més o menys el mateix que fa amb els aran­zels com a arma de guerra comer­cial.

Rubio va insis­tir a Hel­sing­borg que les deci­si­ons no es pre­nen per cas­ti­gar ningú, sinó que la reducció de tro­pes obe­eix als “altres com­pro­mi­sos” a altres parts del món. Cal tenir en compte, però, que res no és tan fàcil com vol fer veure Trump. Entre els 80.000 sol­dats que té els EUA a Europa hi ha dife­rents cate­go­ries, com passa també en les seves bases. La de Rota és d’ús com­par­tit; la de Rams­tein és sota sobi­ra­nia dels EUA. El con­tin­gent a Polònia és d’uns 8.000 sol­dats rota­tius; a Rams­tein n’hi ha 9.000 de manera per­ma­nent i sovint acom­pa­nyats de les seves famílies.

Les reac­ci­ons dels des­ti­na­ta­ris d’aquests pre­mis o càstigs són dife­rents, però d’alguna manera mar­quen l’evo­lució d’una OTAN que a la pràctica es com­porta ja com una aliança a dife­rents velo­ci­tats. A Berlín, de camí cap a Hel­sing­borg, el minis­tre espa­nyol d’Afers Estran­gers, José Manuel Alba­res, va pre­su­mir de la lle­ial­tat inqüesti­o­na­ble vers l’OTAN. “El govern a què per­ta­nyo ha fet el major incre­ment en des­pesa mili­tar en democràcia. Hem pas­sat del 0,9% al 2,1%, que no queda tan lluny del 2,8% d’Ale­ma­nya”, va afir­mar. És, com acos­tuma a pas­sar en l’àmbit polític, una inter­pre­tació de xifres interes­sada. El govern de Merz exhi­beix el seu 2,8% actual com a part del com­promís d’arri­bar al 5% del PIB per al 2035, com exi­geix Trump. Aquest per­cen­tatge, però, sor­tirà per a Berlín de la suma de la des­pesa mili­tar pròpia­ment dita i de les inver­si­ons en defensa.

Com més a prop s’està geogràfica­ment de Rússia, més a la vora s’està de l’objec­tiu quan­ti­fi­ca­ble de Trump. Polònia va arri­bar ja al 4,3% el 2025, amb pers­pec­ti­ves de superar aquest any el per­cen­tatge desit­jat per Was­hing­ton. Estònia, Lituània i Letònia esta­ven entre el 3,5% i el 4% i no espe­ra­ran tam­poc al 2035 per arri­bar al 5%. Suècia, Finlàndia i Dina­marca se situen en aquesta línia.

Les diferències en el grau de com­promís defen­siu del flanc ori­en­tal, inclo­ent-hi la extra­co­mu­nitària Noru­ega, es tra­du­ei­xen en com arti­cu­len estratègies pròpies, al marge dels estats d’ànim de Trump.

Les pors a un des­man­te­lla­ment de l’OTAN o, si més no, a un afe­bli­ment, van créixer per la pos­si­bi­li­tat que Trump deixés sola Europa en la defensa d’Ucraïna. S’han agreu­jat ara amb l’enuig del pre­si­dent per la nega­tiva dels ali­ats euro­peus, però també del Canadà, a inter­ve­nir con­tra l’Iran. Ha estat un regal per a Putin que ha obli­gat els països del flanc ori­en­tal a tan­car files.

Que la reunió pre­pa­ratòria per a la pro­pera cimera a Tur­quia fos a Hel­sing­borg va sevir per accen­tuar la rellevància adqui­rida per Suècia. El país nòrdic va ingres­sar a l’OTAN acce­le­ra­da­ment, com Finlàndia, ara fa dos anys i arran de la invasió d’Ucraïna. Amb aquesta incor­po­ració s’ha enfor­tit també en temps rècord un front defen­siu entorn de l’encla­va­ment rus de Kali­nin­grad.

Només cal mirar el mapa per com­pro­var que Polònia, els nòrdics i els bàltics con­cen­tren els tres punts més vul­ne­ra­bles a una agressió, sigui o no híbrida, pro­ce­dent de Mos­cou. Un d’aquests punts és l’arxipèlag noruec de Sval­bard, a l’Àrtic; el següent és la ciu­tat de Narva, a Estònia, fron­te­rera amb Rússia i amb un 90% de la població d’ori­gen rus. El ter­cer, i el de màxima tensió, és el cor­re­dor de Suwalki, que dis­corre entre Polònia i Lituània i acaba a Kali­nin­grad. L’encla­va­ment rus, a 1.000 quilòmetres de Mos­cou, és la base de la flota russa al Bàltic i on ha des­ple­gat Mos­cou els seus míssils Iskan­der, amb un radi de 500 kilòmetres. És a dir, amb capa­ci­tats d’ata­car qual­se­vol capi­tal d’aquests països.

Una sèrie d’inci­dents amb drons ucraïnesos que han entrat, cai­gut o han estat aba­tuts en ter­ri­tori dels ali­ats bàltics ha aug­men­tat l’alarma a l’OTAN. Se suposa que han pene­trat des­vi­ats pels sis­te­mes electrònics rus­sos. En alguns casos, els han fet caure les defen­ses ali­a­des. Són epi­so­dis que han pale­sat noves con­tra­dic­ci­ons. La pri­mera ha estat la cons­ta­tació que els matei­xos drons ucraïnesos que admi­ren el món –i espe­ci­al­ment Ale­ma­nya, que hi ha inver­tit en la pro­ducció– poden ser un perill per a estats de l’OTAN. La següent, que cor­res­pon a les defen­ses ali­a­des des­truir-los, amb la pos­si­bi­li­tat que impac­tin en ter­ri­tori rus.

Brus­sel·les i Was­hing­ton insis­tei­xen en la res­pon­sa­bi­li­tat russa sobre aquests inci­dents. Els drons ucraïnesos exis­tei­xen i actuen com a resul­tat de la guerra d’agressió russa, recor­den. I tot indica, diuen, que els cau­sants del des­vi­a­ment són els sis­te­mes electrònics ene­mics. La rea­li­tat, ara per ara, és que la població afec­tada ha vis­cut suc­ces­si­ves aler­tes. Cadas­cun d’aquests epi­so­dis pot deri­var en un inci­dent que vagi més enllà del dany col·late­ral. Per a Ucraïna, l’ús de drons és barat i irre­nun­ci­a­ble. Per als ali­ats occi­den­tals, un motiu més per reforçar el front bàltic. Suècia i Finlàndia no actuen amb la timi­desa atribuïda a un mem­bre nou­vin­gut. Apor­ten a l’OTAN uns exèrcits moderns i uns con­cep­tes de pro­tecció civil –inclo­ent-hi la xarxa de búnquers fin­lan­desa– que dei­xen enrere Ale­ma­nya.

A la reunió minis­te­rial de Hel­sing­borg es va accen­tuar el pro­ta­go­nisme d’aquest front bàltic i nòrdic. Les tro­ba­des en dife­rents for­mats entre els líders o minis­tres de defensa dels països impli­cats se suc­ce­ei­xen gai­rebé cada set­mana, sense espe­rar les apa­ra­to­ses cime­res de l’Aliança. La cohesió política i mili­tar de nòrdics i bàltics fun­ci­ona amb una dis­creció i velo­ci­tat pròpies, al marge del que passa a Was­hing­ton, Brus­sel·les o Mos­cou.

32
estats
configuren actualment l’OTAN. Es tracta, per ordre alfabètic, d’Albània, Alemanya, Bèlgica, Bulgària, Canadà, Croàcia, Dinamarca, Eslovàquia, Eslovènia, Espanya, Estats Units, Estònia, Finlàndia, França, Grècia, Hongria, Islàndia, Itàlia, Letònia, Lituània, Luxemburg, Macedònia del Nord, Montenegro, Noruega, Països Baixos, Polònia, Portugal, Regne Unit, Romania, Suècia, Turquia i Txèquia.

Sis preguntes per entendre la coalició transatlàntica

Què és exactament l’OTAN?

L’Organització del Tractat de l’Atlàntic Nord és una aliança política i militar intergovernamental creada per garantir la defensa col·lectiva dels seus membres. El principi bàsic és senzill i es defineix en l’article 5 del seu tractat fundacional: un atac armat contra un o més dels seus membres serà considerat un atac contra tots. Això habilita la resta d’estats a assistir la part atacada amb les mesures que cregui oportunes, incloent-hi l’ús de la força armada.

Quan es va crear?

El 4 d’abril del 1949, amb la signatura del Tractat de Washington, perquè després de la Segona Guerra Mundial Europa Occidental i els Estats Units volien protegir-se de la influència de la Unió Soviètica. El primer secretari general, el militar britànic Hastings Ismay, ho va definir amb una frase cèlebre: “Mantenir els russos fora, els nord-americans dins i els alemanys sota control.”

Qui integra l’aliança?

L’OTAN té 12 estats fundadors (entre els quals els EUA, el Regne Unit, França, el Canadà i Itàlia), però ha anat creixent fins als 32 membres amb diverses ampliacions, especialment cap a l’Europa de l’est, després de la caiguda del bloc soviètic. Les incorporacions més recents són Finlàndia i Suècia, arran de la invasió russa d’Ucraïna.

Com va entrar-hi l’Estat espanyol?

Va ingressar el 30 de maig del 1982, amb Leopoldo Calvo-Sotelo (UCD) de president, com a 16è estat de la coalició. Va ser un episodi complex de la Transició, perquè hi havia una forta oposició social liderada per l’esquerra. Quan el PSOE de Felipe González va arribar al poder aquell mateix any, va congelar la integració militar i va convocar el famós referèndum del 1986, per al qual va canviar de decisió i va defensar el sí, que acabaria guanyant amb el 52,5% dels vots. A Catalunya, però, va guanyar el no amb 53,7%.

Quines funcions té actualment?

Des del final de la guerra freda, les funcions de l’OTAN s’han ampliat considerablement més enllà de la defensa conjunta davant la nova amenaça que suposa Rússia. Actualment també té un important paper diplomàtic com a espai de coordinació entre els governs aliats per participar en operacions militars i missions internacionals en territoris externs, impulsar la lluita antiterrorista i la ciberseguretat, el control marítim i aeri, el suport i entrenament als exèrcits aliats i la coordinació d’estratègies de defensa conjunta.

S’ha invocat mai, el famós article 5?

Només un cop en tota la història de l’organització: el 12 de setembre del 2001, l’endemà dels atemptats de l’11-S contra els Estats Units.