martes, 22 de septiembre de 2009
La letra pequeña electoral
La erosión de los grandes partidos revitalizó a los pequeños
Gemma Casadevall
Berlín, 22 sep (EFE).- La gran coalición de Angela Merkel nació de la debilidad de las formaciones mayoritarias, cristianodemócratas y socialdemócratas, y los cuatro años de legislatura conjunta han acentuado su erosión, mientras los partidos "pequeños" -liberales, verdes y La Izquierda- se crecieron en la oposición.
En 2005, Merkel se convirtió en canciller al frente de una coalición entre la Unión Cristianodemócrata, su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CDU/CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD), conscientes todos de que partían de una situación anómala.
Por primera vez desde los años 50, la suma de las fuerzas mayoritarias no alcanzaba ni el 70 por ciento de los votos -un 35,2 por ciento para la CDU/CSU, un 34,2 para el SPD-.
La debilidad los forzó a coaligarse, por no poderse apoyar de acuerdo a la tradición alemana en un socio menor. La experiencia no ha fortalecido a las filas de Merkel, que pese a la popularidad de la canciller se mantendrá, según los sondeos, en ese mismo nivel.
La campaña electoral habrá sido un paseo para ella, pero ello no quita que, si se convirtió en canciller con el peor resultado de la CDU/CSU desde 1953, ahora se le vaticina un porcentaje idéntico.
Más dura es la factura que pagará el SPD, al que se pronostica sobre un 26 por ciento de votos, el peor resultado desde la fundación de la República Federal de Alemania (RFA) para el partido más antiguo del país.
El SPD ha tenido que ver cómo La Izquierda le relegaba a tercera fuerza en el este, amén de robarle terreno también en el oeste.
La debilidad de los mayores amenaza el esquema de alternancia bipartidista, mientras emergen con fuerza los partidos minoritarios.
A modo de vasos comunicantes, el electorado perdido por el SPD ha alimentado La Izquierda, liderada por el pos comunista Gregor Gysi y el ex socialdemócrata Oskar Lafontaine, mientras que el Partido Liberal (FDP) de Guido Westerwelle ha subido a costa de las filas de Merkel.
En los liberales, el ascenso ha ido parejo a la sed del partido de los "sueldos altos" a estar de nuevo en el gobierno. En el caso de La Izquierda tiene hasta más mérito, puesto que están excluidos como socios en un gobierno federal por el resto de formaciones.
Cuando Westerwelle asumió el liderazgo liberal, en 2001, el FDP estaba de capa caída. De ser partido bisagra en prácticamente todos los gobiernos de la RFA pasó a la oposición con el ascenso de Gerhard Schröder al frente de la alianza socialdemócrata-verde.
Desde esa posición confusa para un partido acostumbrado a co-gobernar, Westerwelle recondujo a sus filas al ascenso. Del 6,2 por ciento con el que pasó a la oposición en 1998, se alzó con el 9,8 por ciento en 2005 y ahora se le pronostica hasta un 14 por ciento.
Está por ver si la debilidad de los grandes no le jugará una mala pasada al FDP, como cuatro años atrás, cuando quedó castigado a seguir en la oposición por no alcanzarle a Merkel con un socio menor, como ya quería entonces, para formar gobierno.
El FDP es, entre los pequeños, el único partido con opciones claras a pasar ahora a socio de gobierno, aunque está por ver si la debilidad ajena no le jugará una mala pasada, como cuatro años atrás, cuando quedó castigado a seguir en la oposición.
La emergencia más espectacular entre las fuerzas no mayoritarias corresponde a La Izquierda. Tras la reunificación, los pos comunistas debían sus pocos escaños a algunos mandatos directos o victorias de distrito en sus bastiones en el este, mientras que en el oeste no obtenían más que resultados pírricos.
En 2005 se estrenaron aliados a la disidencia del SPD y llegaron al 8,7 por ciento. Ahora se les pronostica un 10 o un 11 por ciento.
Los Verdes también sacaron pecho de regreso a la oposición tras sus dos legislaturas en el gobierno. Mientras el SPD ha acrecentado, como coaligado de Merkel, la sangría de electorado que empezó en tiempos de Schröder, a los ecopacifistas se les vaticina un crecimiento parejo al del resto de los pequeños.
Del 6,7 por ciento de 1998, cuando dejaron la inocencia opositora para aliarse a Schröder, se estima que pasarán al 11 por ciento. EFE
gc/jcb/aagm