La izquierda alemana exhibe sus dilemas
Berlín, 28 may (EFE).- La Izquierda alemana mostró hoy sus dilemas, en un congreso marcado por el debate en torno a un acercamiento al Partido Socialdemócrata (SPD) y empañado por el ataque a la líder de su ala comunista, Sahra Wagenknecht, a quien un activista estampó una tarta contra el rostro.
"De este congreso tiene que salir una señal fuerte a favor del cambio", afirmó el presidente del partido, Bern Riexinger, ante los 600 delegados reunidos en Magdeburgo (este), para alertar luego de los peligros del avance del populismo, a escala europea y mundial.
A la Izquierda corresponde "arrinconar al populismo de derechas" y vencer la tendencia de un "capitalismo cada vez más autoritario", siguió Riexinger, quien fue reelegido con un 78,4 % de los votos, mientras que la co-presidenta Katja Kipping lo fue con un 74 %.
El congreso de la Izquierda, la primera fuerza de la oposición parlamentaria, se había abierto bajo el signo del sí o no a ese acercamiento a los socialdemócratas, a raíz de la propuesta lanzada dos días atrás por Gregor Gysi, exlíder y fundador del partido.
Gysi, artífice del resurgimiento del poscomunismo tras la reunificación (1990), apostó por presentar una candidatura conjunta con el SPD y los Verdes a las elecciones generales de 2017, como alternativa con perspectivas reales de imponerse a los conservadores de Merkel y para frenar el auge de la derecha radical.
Los sondeos apuntan a que las filas de Merkel obtendrá un 33 %, mientras que SPD se hundirá en un 20 % -su récord a la baja-, mientras que a la Izquierda se le atribuye un 9 % y a los Verdes un 14 %, porcentaje similar al que se vaticina para la xenófoba Alternativa para Alemania (AfD).
El carismático Gysi no asistía el congreso, pero su propuesta pesó sobre el cónclave, que se cerrará mañana.
La posibilidad de un bloque de izquierdas ha sido durante décadas un tabú, sobre todo para el SPD, ya que remite a la absorción forzosa por el partido comunista a que se vio obligado en territorio de la República Democrática Alemana, en 1946.
A esa herida histórica se une otra más reciente: la escisión del SPD de la disidencia abanderada por Oskar Lafontaine, quien en 1999 abandonó la socialdemocracia para refundar la Izquierda con Gysi.
El congreso se abrió inmerso en este contexto de cismas pasados o más presentes, a lo que se sumó el ataque a Wagenknecht, su líder en el Bundestag (cámara baja) y actual pareja de Lafontaine, retirado de la vanguardia del partido como Gysi.
El incidente se produjo apenas iniciado el discurso de Riexinger, cuando un activista de la autoproclamada "Iniciativa antifascista" se acercó a la jefa del grupo parlamentario, sentada en primera fila, y le estampó una tarta de chocolate contra el rostro.
Riexinger siguió con su discurso tras unos segundos de confusión para condenar "todo tipo de violencia, especialmente contra la mujer", mientras Wagenknecht abandonaba la sala, arropada por algunos correligionarios y entre un fuerte revuelo mediático.
El ataque no se dirigía a su condición de líder del ala comunista, sino a una reciente declaración en que defendía que el país no puede acoger a todos los refugiados que le llegan, en alusión a los 1,1 millones de peticionarios de asilo que recibió Alemania en 2015.
Los activistas - que se infiltraron en el congreso acreditados como periodistas - lanzaron octavillas equiparando a la dirigente con la eurodiputada de la AfD Beatriz von Storch, quien recientemente sufrió un ataque parecido.
El tartazo fue una especie de catalizador de simpatías a su favor. A la imagen de Wagenknecht abandonando la sala, con su vistoso traje rojo manchado por la tarta, siguió unas horas después su regreso triunfal, con otra ropa, entre fuertes aplausos. EFE
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