martes, 24 de marzo de 2026

Desde el Folketing

El bloque izquierdista de Mette Frederiksen gana las elecciones de Dinamarca, pero sufre una sangría de votos


Frederiksen saluda a votantes este martes en Copenhague BAGGER / EFE

 Gemma Casadevall   Copenhague24 MAR 2026

El bloque izquierdista de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha ganado las elecciones legislativas de Dinamarca, al sumar un 48 % de los votos, lo que supone 84 escaños del total de 179 del Folketing (Parlamento danés). La formación del próximo gobierno queda supeditada al apoyo de los Moderados, el partido centrista del ministro de Exteriores, Lars Lokke Rasmussen, que obtuvo el 7,7 % y está destinado a erigirse en árbitro de la nueva coalición de gobierno con sus 14 diputados.
Las primeras proyecciones al cierre de los locales de la televisión pública DR fueron recibidas en el Folkenting (Parlamento danés) con un silencio sepulcral, o incluso rostros de pánico, por la militancia del Partido Socialdemócrata de Frederiksen. Superaba al bloque conservador, que finalmente sumó un 44 % de los votos y tendrá 77 escaños. Pero para el partido de la jefa del gobierno es el peor resultado desde 1901.
Frederiksen logró defender la posición de primera fuerza, aunque su partido ha quedado muy debilitado respecto a los comicios de 2022. Escrutado casi el 100 % de los votos, obtuvo un 21,1 % de los votos, casi siete puntos por debajo de lo obtenido en los anteriores comicios legislativos.
La imagen de la victoria correspondió, por contra, al Partido Socialista Popular (SF) de Pia Olsen, que despega hasta el 11,5 % y arrebata la posición de segunda fuerza a los liberales del ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, un punto por debajo.
Los resultados reflejan un panorama muy fragmentado y descartan una reedición de la coalición centrista con la que Frederiksen ha gobernado en su segunda legislatura. Los liberales de Poulsen conservan la posición de primera fuerza del flanco derechista, frente al nuevo partido de Alex Vanopslagh, con un 9,4 %. Vanopalpslagh es un político ambicioso e identificable como ultraliberal, es muy activo en redes sociales y recluta el voto joven. El ultraderechista Partido Popular Danés, al que hasta hace poco se daba casi por políticamente muerto, remonta posiciones y se coloca sobre el 9 % de los votos.

Negociaciones de final incierto


Se perfilan negociaciones largas y complejas. El factor clave serán los 14 escaños del partido de Rasmussen. Nada puede darse por garantizado. A favor de Frederiksen juegan su experiencia y su reputación de mujer fuerte ante cualquier crisis. Es una socialdemócrata de línea dura, que en política migratoria defiende posiciones más compatibles con la derecha que con su familia política. Ha demostrado en sus siete años en el poder un comportamiento casi camaleónico. La propia jefa del Gobierno, de 48 años, ha dejado claro en esta campaña que no se ceñirá a supuestas lealtades de bloque.
En la práctica ha demostrado con creces su versatilidad política. En su primera legislatura, de 2019 a 2022, gobernó respaldada por fuerzas izquierdistas; en la segunda, rechazó repetir esa fórmula, pese a que era posible, para formar una alianza de signo centrista con los Moderados del ex primer ministro Rasmussen y los liberales del titular de Defensa Poulsen.
Rasmussen está destinado a ser el árbitro de la futura coalición. Ha llegado a la cita con las urnas pletórico, derrochando cercanía y regalando salchichas fritas a decenas de ciudadanos, desde un puesto ambulante junto a la estación central de Copenhague. Poulsen, que nunca fue un político carismático, se había distanciado en la campaña de la línea de Frederiksen y sobre todo de la promesa de la líder socialdemócrata de reimplantar el impuesto sobre el patrimonio, suprimido hace unos 30 años.

Estrategia arriesgada

El giro izquierdista de Frederiksen ha sido una estrategia arriesgada en un país que tiene ya fuertes cargas fiscales. Con ella ha tratado de compensar algo su línea dura en política migratoria, de la que de todos modos no piensa apartarse. Su cercanía, incluso en lo personal, con la italiana Giorgia Meloni ha abierto grietas en su partido. La socialdemocracia danesa ha sufrido ya dos descalabros notables. Primero se derrumbó en las últimas elecciones europeas y luego en las municipales del pasado noviembre, donde perdió la alcaldía de Copenhague. Frederiksen entonó el mea culpa. Se lanzó tratar de recuperar terreno cedido a otras formaciones izquierdistas con sus promesas de destinar la tasa sobre el patrimonio a mejoras en la escuela pública, impulsar una reforma de las pensiones y otros aspectos que la separan, sobre todo, de formaciones del centro liberal.

Groenlandia, como factor clave electoral

El espectro parlamentario danés está muy fragmentado. Los 179 puestos de la Cámara se repartirán entre una docena de partidos, a los que se suman los dos que corresponden a Groenlandia y otros dos a las Islas Feroe, ambos territorios autónomos del Reino de Dinamarca. Los colegios groenlandeses cerraron cuatro horas más tarde, debido la diferencia horaria, lo que añadió suspense al conteo y su probable influencia en la correlación de fuerzas final.
La firmeza de Frederiksen en la defensa de Groenlandia frente a las ansias expansionistas de Donald Trump contribuyó, según los expertos, a frenar la sangría de electorado que venía sufriendo la socialdemocracia. El repunte en intención de voto reflejado a principios de año determinó a la primera ministra a avanzar los comicios, inicialmente previstos para otoño. Sus competencias como jefa del Gobierno incluyen la convocatoria de elecciones.
Finalmente, lo que ha pesado en la campaña han sido temas que inciden en el día a día de los daneses. A ello se sumó que las tensiones con Washington se relajaron, tras retirar Trump su amenaza de tomar “por las malas” el control de la isla. El cambio de dinámica del presidente estadounidense siguió al respaldo obtenido por Frederiksen entre sus principales aliados europeos y Canadá, que desplazaron equipos de oficiales a la isla ártica para una supuesta "misión exploratoria", preparatoria para unas eventuales maniobras militares.
Participaron en este operativo aliados tradicionalmente sumisos a los dictados de Estados Unidos, como Alemania. De pronto parecía que la fortaleza de Frederiksen se hubiera contagiado a otros países tan atlantistas como es la propia Dinamarca, pero que bajo el impacto de Trump sintieron traicionada su lealtad histórica a Washington.