domingo, 13 de febrero de 2022

De pronto, Angela

 


Steinmeier, reelegido con un amplificado consenso a la alemana
Joana Serra






Frank-Walter Steinmeier, presidente alemán desde 2017 y correligionario del canciller Olaf Scholz, logró su reelección como representante del más amplio consenso político posible y a modo de señal de cohesión, frente a la polarización social. 

El político, representante de la socialdemocracia alemana aunque formalmente dejó en suspenso la militancia al asumir el puesto, logró el apoyo de 1.045 miembros de la Asamblea Federal, del total de 1.425 votos válidos emitidos por esa cámara, con 1.475 puestos.
Se trata de un órgano mixto, integrado por los 736 diputados del Bundestag (cámara baja) y el mismo número de delegados de los "Länder", sean los miembros del Bundesrat (cámara alta) o los ciudadanos designados por los poderes regionales.

Su única función es reunirse para elegir, para un mandato de cinco años, al presidente del país, un cargo representativo, con cierto carácter de autoridad moral y al que se atribuye neutralidad.
La inclusión entre los delegados de los "Länder" de ciudadanos comunes -que pueden ser figuras públicas, deportistas o incluso el virólogo de referencia del país, Christian Drosten- le da aire de representación popular a una fórmula de elección sin participación directa del elector.

Entre los "ciudadanos comunes" estaba la excanciller Angela Merkel, designada por el "Land" donde arrancó su carrera política, Mecklenburgo-Antepomerania, que reapareció así por primera vez en un acto público desde que dejó el poder, el pasado diciembre. Fue recibida con un fuerte aplauso y con su presencia casi eclipsó al protagonista de la jornada,  el reelegido presidente.
Steinmeier, de 66 años, tenía ante sí tres teóricos rivales: el izquierdista Gerhard Trabert, el conservador Max Otte -propuesto por la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD)- y una única candidata mujer, Stefania Gebauer, respaldada por el minoritario partido derechista de los Freie Wähler -"Electores Libres"-.

La designación de Otte había levantado un fuerte revuelo, ya que la AfD lo reclutó de las filas de la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido de la excanciller Angela Merkel y ahora liderado por Friedrich Merz. Era un desafío para los democristianos, que con la elección como nuevo jefe de Merz han dado un giro a la derecha respecto al centrismo que representó Merkel.
La dirección de la CDU suspendió de inmediato de militancia a Otte, quien decidió mantener su candidatura. La designación por parte de la AfD era una afrenta para la democracia cristiana alemana. Merz se ha comprometido a mantener un estricto cordón sanitario en torno a la ultraderecha, descartada como aliado a todos los niveles por el resto de los partidos políticos.

Steinmeier recibió los votos del Partido Socialdemócrata (SPD) y el bloque conservador -integrado por la CDU y la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), así como de los Verdes y los Libeales. Reafirmó así su condición de representante del consenso político en su sentido más amplio.
En 2017 ascendió al cargo a propuesta de la entonces canciller Merkel y sus socios de coalición, los socialdemócratas. Sucedía al pastor protestante y antiguo disidente en la Alemania comunista Joachim Gauck.
No solo personifica, para muchos ciudadanos, el consenso político, sino que además su biografía avala esta condición. Su carrera política a escala federal empezó bajo el socialdemócrata Gerhard Schröder (1998-2005), de quien fue ministro de la Cancillería -lo que incluye el puesto de coordinador de sus servicios secretos-.

Tras la derrota de Schröder frente a Merkel, en 2005, fue ministro de Asuntos Exteriores en la primera coalición de la líder alemana. De jefe de la diplomacia de Merkel pasó a ser su rival como candidato del SPD en las elecciones generales de 2019.
Cayó ante Merkel y arrastró a la socialdemócrata a lo que entonces era su peor resultado en unos comicios nacionales. Pero recuperó el puesto en Exteriores en la tercera legislatura de la canciller.
Ya en la presidencia, y desde su posición de "árbitro" de la política alemana, dio la llave a Merkel para la que sería su última gran coalición. Su SPD había sufrido su siguiente derrumbe en las generales de 2017, entonces con Martin Schulz como candidato.

El aspirante derrotado se negaba a negociar otra gran coalición. Fue necesaria la intervención de Steinmeier, quien prácticamente forzó a Schulz a suscribir otra alianza de gobierno bajo Merkel.
Era la única constelación política posible para tener una mayoría sólida y evitar ir a nuevas elecciones. La AfD había irrumpido en el Bundestag y se había convertido en el primer partido ultraderechista con escaños a escala federal desde los años 50. Alemania entraba en una dinámica de progresiva polarización.

Viaje a los 80



La melancólica Gainsbourg completa la ronda francesa en la Berlinale

Gemma Casadevall

Berlín, 13 feb (EFE).- Una eternamente melancólica Charlotte Gainsbourg completó hoy con "Les passagers de la nuit" la ronda francesa de la Berlinale, un festival dominado numéricamente por producciones del país vecino y al que el cine español se incorporará mañana, en la recta final de la lucha por los Osos.

"La nostalgia es mi lenguaje cinematográfico de adopción", afirmó el director francés Mikhaël Hers acerca de su película, donde todo apunta a ese factor, desde la música hasta las voces radiofónicas que se escuchan o las imágenes de archivo que intercala a la ficción.

Gainbourg, en el papel de una mujer recién separada, con dos hijos adolescentes y una muchacha de la calle acogida en el trastero de la casa -Noée Abita-, es la principal transmisora del sentimiento de vulnerabilidad y la melancolía, tanto cuando ríe como si llora.

"Es un personaje en busca de la felicidad, aunque no sabe exactamente cómo alcanzarla o hasta qué punto ello implicará nuevas sacudidas en su vida", explicó la actriz francesa.

Una Emmanuelle Béart masculinazada es su jefa en el programa radiofónico nocturno donde trabaja y por el que deambulan invitados, o pasajeros de la noche desvalidos. "La radio tenía por entonces el monopolio de la noche", explicó el director parisino.

Entre esos personajes necesitados de ternura estará Talulah, la muchacha a la que deja entrar Gainsbourg en su casa, sin calibrar sus posibles efectos en el hijo que quiere ser poeta o sobre ella misma.

Hers lanza su cámara por el París de los 80, partiendo de la victoria electoral del socialista François Mitterrand, en 1981. Retrata la euforia de esa noche y reproduce la estética de entonces, hasta adoptar para su película un tono deliberadamente descolorido, a imagen de las fotos de entonces.

Su película redondeó la nutrida presencia del cine francés -o francófono, si se le suman el filme la canadiense "Un éte comme ça", de Denis Coté, aún por descubrir- entre el total de 18 aspirantes a los Osos del festival.

Había abierto la ronda, el pasado jueves, un "Peter von Kant" donde François Ozon convierte en drama de celos y dominio entre dos hombres homosexuales las "Amargas lágrimas de Petra von Kant", de Rainer Werner Fassbinder.

No tiene el factor transgresor que, en 1972, supuso la historia de amor lésbico filmada por el fallecido director alemán, pero se recibió como un tributo del francés a su "hermano mayor" cinematográfico.

De Francia llegaron también las necesarias dosis de estrellato intrínsecos a todo festival -como Juliette Binoche y Vincent Lindon, pareja de lujo al frente de "Avec amour et acharnement", o Valeria Bruni Tedeschi, en "La Ligne", un film que se atreve a plantear la figura de una hija como brutal maltratadora de su madre-.

Incluso algo de francés tenía la película de la alemana Nicolette Krebitz "A E I O U - A quick alphabet of Love"-, una historia de amor entre una actriz de 60 años y un adolescente que de robarle el bolso de un tirón pasa a ser su alumno, en clases de dicción interpretativa.

Ella es una sesentona de cuerpo joven, elegante, agria e inteligente. Él, un talento teatral por pulir, con el que pasa del Berlín donde viven a un casino de la Costa Azul.

LA MÁS HERMOSA HISTORIA DE AMOR CHINA

El cine asiático conmovió en esta jornada de domingo con "Yin ru chen yan" -"Return do dust"-, dirigida por Li Ruijun, que convierte en una historia de amor y respeto lo que arranca de un matrimonio concertado por la familia entre dos desventurados: una mujer estéril e incontinente y un agricultor que empieza a ser demasiado viejo para seguir solo.

Juntos levantarán de la nada un hogar, lo que en la China rural consiste en convertir el fango en ladrillos, secarlos al sol y construir la casa sobre un solar que tal vez se lleve poco después la excavadora, por orden de los planes estatales y la expropiación forzosa.

Era la tercera película de la jornada, pero logró encontrar su espacio y tocar la fibra en una Berlinale "comprimida" en seis días, en lugar de los diez habituales.

LA RECTA FINAL ESPAÑOLA

El jurado presidido por el director estadounidense M. Night Shyamalan repartirá el miércoles sus Osos. Al cine español le corresponde entrar en liza en la recta final. Mañana lunes se estrenará "Un año, una noche", de Isaki Lacuesta y con Nauel Pérez Biscayart en el papel protagonista. Le seguirá, el martes, "Alcarràs" de Carla Simón.

La directora (Barcelona, 1986) llega a esta Berlinale tras haber ganado el premio a la ópera prima en su edición de 2017 con "Estiu 2017". Lacuesta (1975, Girona) lo hace con una producción hispano-francesa, que parte del trauma del atentado yihadista contra la sala parisina "Bataclán". EFE gc/psh   (foto) (video)

El caballero blanco


 Steinmeier, la personificación del consenso alemán

Gemma Casadevall

Berlín, 13 feb (EFE).- El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, fue reelegido hoy para el cargo, cinco años después de acceder al puesto como candidato de consenso de la conservadora Angela Merkel y ratificado ahora con el socialdemócrata Olaf Scholz en la Cancillería.

Steinmeier, de 66 años, obtuvo un amplio respaldo de la Asamblea Federal, la cámara mixta integrada por los diputados del Bundestag (cámara baja) y delegados de los "Länder" (estados federados), cuya única función es reunirse para elegir al primer cargo representativo del país.

De origen socialdemócrata, aunque formalmente dejó en suspenso su militancia al acceder a la Presidencia, personifica el consenso como forma de hacer política de la primera potencia europea.

Desde que entró en la alta política federal ha conocido tres cancilleres: primero fue el hombre a la sombra del socialdemócrata Gerhard Schröder (1998-2005), luego ministro y también rival de Merkel (2005-2021) y ahora ha visto cómo la socialdemocracia recuperaba el poder, a través de Scholz.

Con cada uno de estos jefes de gobierno se comportó como un político leal, lo que en el caso de Merkel llevó a extremos difíciles de imaginar en otros contextos.

Accedió a la presidencia en 2017, como sucesor del pastor protestante y disidente en tiempos de la Alemania comunista Joachim Gauck.

Ya entonces contó con los votos del bloque conservador de Merkel y de sus socios socialdemócratas, así como de los opositores liberales y verdes. Había sido ministro de Exteriores del primer y del tercer gobierno de Merkel y estaba entre los políticos mejor valorados del país.

Su carácter cordial, así como sus dotes diplomáticas, le predestinaban al puesto de presidente del país, un cargo que en Alemania se identifica con la neutralidad y al que se atribuye carácter de autoridad moral.

Nacido el 5 de enero de 1956 en Detmold (centro del país), Steinmeier ingresó en el Partido Socialdemócrata (SPD) en 1975, pero no hizo carrera en la formación hasta convertirse en 1991 en asesor de Schröder, por entonces primer ministro del "Land" de Baja Sajonia.

De ese puesto pasó al de secretario de Estado de la Cancillería y en julio de 1999 al de ser jefe del departamento, un puesto clave, ya que dirige el gabinete del jefe del Gobierno.

Desde esta discreta posición coordinó la política gubernamental, incluidos los servicios de inteligencia, y organizó la Agenda 2010, el duro plan de reformas sociales, que parte del electorado del SPD encajó como una traición.

Con la derrota de Schröder, en 2005, saltó al puesto de ministro de Exteriores de la gran coalición de Merkel. Fue el jefe de la diplomacia alemana perfecto para la canciller, ansiosa de mostrar una Alemania poderosa, pero conciliadora.

Cuatro años después, tras imponerse al ala más izquierdista del SPD, fue designado candidato a la Cancillería en las elecciones generales. Cayó ante Merkel y hundió a su partido en lo que, por entonces, fue su peor resultado histórico en unos comicios generales.

Pasó a liderar a la oposición en el Bundestag (Parlamento federal), mientras Merkel recuperaba como socio de gobierno a su teórico aliado natural, el Partido Liberal (FDP).

En las siguientes generales de 2013, fueron los socios liberales los castigados por las urnas, mientras Merkel afianzaba su poder. La canciller conservadora volvía a la gran coalición, con Steinmeier en Exteriores.

Pese a ser un socialdemócrata, Merkel le respaldó para suceder al independiente Gauck. Meses después de acceder a la Presidencia, Steinmeier dio una prueba de lealtad que puso contra las cuerdas a Martin Schulz, el último socialdemócrata que trató de derrotar en las urnas a Merkel.

Schulz había arrastrado al SPD al siguiente récord a la baja. Se negaba a tantear siquiera otra gran coalición con Merkel, pese a ser la única mayoría estable posible para evitar unas elecciones anticipadas.

Intervino ahí Steinmeier. Tras varias reuniones a puerta cerrada en el Palacio de Bellevue, la sede presidencial, Schulz accedió al siguiente pacto de coalición, sin él en el Gobierno ni al frente del SPD. Steinmeier, el exsoldado del socialdemócrata Schröder, fue el mejor aliado de la conservadora Merkel.

En lo privado, Steinmeier responde al perfil de estabilidad: está casado desde 1995 con la jurista Elke Büdenbender, a la que en 2010 donó un riñón para un trasplante, y con la que tiene una hija. EFE

gc/jam/fpa



sábado, 12 de febrero de 2022

Juliette, como siempre


 

Binoche se desdobla entre el buen y el mal amor en la Berlinale


Gemma Casadevall

Berlín, 12 feb (EFE).- La actriz francesa Juliette Binoche se apoderó hoy del protagonismo de la jornada en la Berlinale con "Avec amour et acharnement", bajo la dirección de Claire Denis y con Vincent Lindon compartiendo la historia de una mujer perfecta que se desdobla entre el buen y el mal amor.

Binoche lleva al extremo, también en lo físico, su interpretación de Sara, una mujer enredada entre el pasado y el presente. Lindon es su pareja estable, el hombre enamorado que la mira con los ojos de quien sabe que no puede haber mujer más hermosa en el mundo; Grégoire Colin interpreta el desafío del pasado.

"Podría haber optado por obviar el confinamiento. Pero por otro lado, por qué hacerlo. Está ahí, nos marca el presente, da una dimensión distinta al reencuentro", explicó ante los medios del festival Denis. La mascarilla es casi un elemento interpretativo en su filme y parte de lo cotidiano en sus personajes, como en cualquier ciudadano europeo.

El guión de "Avec amour et acharnement" es el tercero que escribe en colaboración con Christine Angot, uno de los ellos para la película "Un beau soleil intérieur", con Binoche.

"El amor puede sacar el animal que llevamos dentro", explicó la actriz respecto a su papel en el filme. El reencuentro o el punto de inflexión que rompe la aparente armonía de Sara es con François -el personaje de Colin-.

La Sara de Binoche será una mujer feliz, de vacaciones en la plaza, lucirá un discreto bañador negro. En la cama del apartamento parisino, se entregará al espectador con valentía interpretativa.

La actriz francesa, asidua al festival, estaba destinada a eclipsar cualquier otra presencia en la Berlinale. Es un imán mediático como ya lo fue en su anterior aparición, en 2019, entonces como presidenta del jurado.

Para el cine anfitrión la atención estaba centrada en "Rabiye Kurnaz versus George W. Bush", dirigida por Andreas Dresen, un realizador querido en la casa. La película con la que aspira ahora al Oso se centra en el caso real de un germano-turco, Murat Kurnaz, quien pasó casi cinco años en Guantánamo.

Dresen convierte en heroína a Rabiye, la madre coraje turca que de pronto está moviendo cielo y tierra, en medio de la inoperancia del gobierno del entonces canciller, el socialdemócrata Gerhard Schröder, y su ministro de la Cancillería, ahora presidente del país, Frank-Walter Steinmeier.

Kurnaz era ciudadano de Bremen (norte de Alemania), hijo de inmigrantes de una familia integrada. Pero no tenía la ciudadanía alemana y cuadraba en el perfil de "yihadista", por lo tanto no había por qué interceder. Quedó en tierra de nadie, como lo es Guantánamo en lo judicial.

Una película destinada a sacar los colores a la élite política alemana. Más aún cuando su estreno se producía la víspera de la prevista reelección de Steinmeier, mañana domingo, por parte de la Asamblea Federal. Steinmeier era por entonces ministro de la Cancillería de Schröder y, por tanto, coordinador de sus servicios secretos. El Kurnaz real sigue exigiendo hoy una disculpa.

SUTILEZAS ASIÁTICAS BAJO EL RÉGIMEN

El dilema entre el amor pasado y el presente deriva en encontronazo con Binoche. Mucho más delicadamente resuelve un problema parecido la indonesia "Nana", de Kamila Andini.

También en esta aspirante asiática a los Osos se genera un desdoblamiento entre el pasado y el presente. Nana es una mujer marcada la tragedia desde el secuestro y decapitación de su padre a su propia huida de la banda captores que pretenden obligarla a un matrimonio.

El filme se desarrolla en la Indonesia postcolonial de los años 60, entre la presidencia del revolucionario nacionalista Sukarno y el golpe de Estado del general Suharno.

Nada en el matrimonio actual de Nana refleja esas convulsiones. Es una esposa sumisa, pero venerada por su acaudalado marido, que descubre en otra mujer tan bella como ella misma, pero más joven, a alguien destinado a relevarla en su hogar.

Ambas se recogen su larga melena en una aguja para el cabello idéntica. Pero en lugar de encajar esa coincidencia como la clave de la infidelidad del marido lo convierten en una vínculo; Nana aprende de la mujer más joven la capacidad de ser libre, incluida la decisión entre el marido del pasado y el del presente.

Es una película en la que mecerse, donde hasta lo que parecía abrupto resulta elegante. Un regalo para los sentidos, como los arreglos de flores frescas que la hermosa mujer, ya menos joven, reparte por su hogar para recibir a otras mujeres acomodadas como ella o a su insidiosa suegra. EFE

gc/psh

(foto) (video)

El caso Kurnaz, por el amigo Andreas

 


Alfombra roja a Rabiye, madre coraje turca de un preso alemán en Guantánamo

Gemma Casadevall


Berlín, 12 feb (EFE).- La alfombra roja de la Berlinale se tendió hoy para "Rabiye Kurnaz versus George W. Bush", la película dirigida por el alemán Andreas Dresen que, a partir de una "madre coraje" turca, recupera el caso real de Murat Kurnaz, un germano-turco que pasó casi cinco años preso en Guantánamo.

"Esta película es fruto de un camino largo", explicó Dresen, aspirante al Oso por parte del cine anfitrión, con una película que no solo denuncia "la arbitrariedad, las torturas" de la cárcel instalada por EEUU en Cuba, sino también la actitud del gobierno alemán de entonces.

Quien, como Murat, caía en 2001 en Guantánamo "tenía ante sí cero perspectivas de una solución judicial", explicó Dresen. Su película recuerda que siguen ahí 39 presos, 20 años después de los atentados del 11-S contra Estados Unidos.

Tal vez Murat Kurnaz habría quedado enredado en un "tierra de nadie judicial", de no haber sido por Rabiye: una turca de pelo teñido, glotona, entusiasta y pletórica de energía, que sale en busca del hijo.

El filme respira y vive a través de Rabiye, una ciudadana de Bremen de 44 años, que un día de 2001 recibe una llamada de su hijo desde Fráncfort, en que le explica que parte para Karachi. No lo recuperará hasta 1.786 días después, cuando lo abraza en Ramstein, la ciudad alemana donde EEUU tiene la mayor de sus bases en Europa.

Rabiye -Meltem Kaptan- habrá removido hasta entonces cielo y tierra en su busca. Lo hará desde su posición de simple madre de tres hijos, casada con uno de tantos turcos llegados a Alemania a trabajar, cuyo sueño era conducir un Mercedes y que nunca había oído hablar de Guantánamo.

Primero buscará pistas de su hijo en la mezquita de Bremen donde, sospecha, le radicalizaron. Luego acudirá a la policía alemana. De ahí irá a parar a un abogado luchador -Alexander Scheer-, con quien viajará primero a Turquía, por ser esa la nacionalidad de su hijo, y luego a Washington.

Es una mujer casi inmune al desaliento, que piensa que puede llegar a entregar una carta al ministro de Justicia turco o al presidente de Estados Unidos. Disfruta el champagne que le ofrecen en su vuelo en primera clase -pagado por una ONG estadounidense- y llora cuando piensa en Murat, enjaulado como un animal en esa cárcel ilícita que para ella no existía.

Dresen, director al que la Berlinale lanzó internacionalmente en 2002 con el Oso de Plata por "Halbe Treppe", imprime a su madre coraje turca esa ternura, a veces ingenua, que caracteriza su cine. El personaje real -interpretado por Abdullah Emre Özturk- no aparece hasta los minutos finales, puesto que, al fin al cabo, lo que se describe es su ausencia.

UN PRESO COMPLEJO PARA BERLÍN

Rabiye es la madre del "talibán alemán", como denominó a Murat la prensa sensacionalista. El entonces gobierno socialdemócrata-verde del canciller Gerhard Schröder se desentendió del caso, con el argumento de que Murat no adoptó nunca la nacionalidad del país donde creció.

Las autoridades de Bremen le retiraron incluso el permiso de residencia, seis meses después de ingresar en Guantánamo, con el argumento de que no se preocupó por "tramitar" su renovación.

Murat sigue esperando "una disculpa" de las autoridades alemanas, recordó Dresen. Especialmente deseable sería, según el cineasta, una "reflexión" del presidente del país, Frank-Walter Steinmeier.

El estreno del filme se produce en la víspera de la previsible reelección por parte de la Asamblea Federal de Steinmeier, quien ocupa ese cargo desde 2017 y al que respaldan tanto su Partido Socialdemócrata (SPD) como el bloque conservador, además de verdes y liberales.

Steinmeier era ministro de la Cancillería de Schröder en el periodo en que discurre el filme. El Murat Kurnaz real le responsabilizó tras su liberación de lo ocurrido, ya que entre sus atribuciones estaba la coordinación de los servicios secretos de la Cancillería; según investigaciones periodísticas, el espionaje no solo no intervino a favor de su liberación, sino que incluso la obstaculizó.

Kurnaz fue detenido a finales de 2001 en Pakistán, seguidamente trasladado a Afganistán y desde allí pasó a Guantánamo. Fue liberado en agosto de 2006, un año después de la llegada al poder de Angela Merkel, de quien Steinmeier se convirtió en ministro de Exteriores. EFE

gc/amg



viernes, 11 de febrero de 2022

Bruni Tedeschi o Natalia

 La Berlinale se centra en la mujer, víctima o generadora de violencia

Gemma Casadevall




Berlín, 11 feb (EFE).- La mujer, como víctima o también como generadora de violencia, centró hoy la sección oficial de la Berlinale, con la película "La ligne", de la franco-suiza Ursula Meier, y de "Robe of Gems", ópera prima de la boliviano-mexicana Natalia López Gallardo.

El terror reflejado en los ojos de Valeria Bruni Tedeschi mientras recibe una brutal paliza de otra mujer es el arranque de "La Ligne". La agresora es su hija -Stéphane Blanchoud-, una mujer cuya furia no logran contener por la fuerza física dos hombres.

El título del filme se remite a la orden de alejamiento a que queda sujeta esa hija maltratadora, convertida luego en la franja azul que pinta en un radio de 100 metros alrededor de su casa su hermana menor (Elli Spagnolo).

"Suele tratarse poco la violencia entre mujeres. Tardé en resolver el dilema de si plantear la historia con un maltratador masculino. Finalmente opté por esta confrontación extrema, madre e hija", explicó la directora, tras su estreno en la segunda jornada de la Berlinale.

Bruni Tedeschi interpreta a una aburguesada exconcertista de piano que, a punto de convertirse en una abuela joven, se comporta como una diva inmadura entre parejas cambiantes. La última será un muchacho con formato de guardaespaldas, que, además de amor, ofrece musculatura para defenderla de su hija.

La paliza deja casi sorda a la madre y, por tanto, inhabilitada para siquiera dar clases de piano. La línea azul se convierte en el hilo conductor entre la hija violenta y su hermana menor, a la que la primera acompaña a la guitarra en su clase diaria de canto, al otro lado de los 100 metros estipulados.

"Mi personaje no tiene por qué generar simpatía, pese a ser la víctima", explicó Bruni Tedeschi. La pianista genial fue un desastre como madre -y lo será como abuela-, mientras que Blanchoud genera la empatía hacia la agresora necesitada de auxilio que ve en ella Meier.

La directora suiza acude a la Berlinale tras haber ganado ahí, en 2012, un Oso de Plata con "L'enfant d'en haut".

Compartió jornada a competición con la debutante López Gallardo y su "Robe of Gems" -o "Manto de gemas"-, una producción mexicano-argentina, rodada en el México más pobre, donde desapareció toda línea divisoria entre criminales o autoridad, víctimas o victimarios.

"Mi película empezó a fraguarse en conversaciones con mujeres que perdieron a sus hijos y acuden a la policía", explicó la realizadora. Parte de una mujer de clase alta, Isabel, que acude a la casa venida a menos de su elitista madre y trata de ayudar a María, una sirvienta que busca a su hermana desaparecida.

"Isabel es una mujer inadecuada, que trata de ayudar, ser para acabar siendo aún más inadecuada", explicó sobre su personaje la actriz mexicana Nailea Norvind. María o Isabel son dos de los rostros de mujer atravesados por la violencia, lo mismo que una jefa de la policía local que trata de no ser corrupta.

"Confío en el lenguaje cinematográfico", explicó la directora de "Robe of gems", un filme que exige mucho del espectador, al que corresponde tratar de ver aquello que apenas de vislumbra o entender frases apenas formuladas.

UN APOCALÍPTICO PAHN Y LA DECREPITUD DE SEIDL

A las dos directoras y sus distintas versiones sobre la violencia sobre la mujer, en la acomodada Suiza o el México empobrecido, siguió "Everything will be ok", un apocalíptico film del camboyano Rithy Panh, que mezcla imágenes de archivo y animación.

"Nada saldrá bien", sería un título más ajustado a una película en que estatuas de barro, sean monos o cerdos, toman del poder en una revolución de las bestias con patrones parecidos a los tiranos humanos que derribó.

Regresó así Pahn al festival del que en 2020 recibió el premio al mejor documental con "Irradiés", su impactante denuncia contra las armas de exterminio masivo.

Su colega austríaco Ulrich Seidl, otro habitual en festivales europeos, presentó "Rimini", una película que, si algo no despierta, es interés turístico por esa ciudad italiana. Su protagonista es Richie Bravo, un decrépito cantante de "schlager" -como se denomina en el ámbito germano-parlante a un género de canción melódica bastante trasnochado-.

Bravo (Michael Thomas) subsiste con sus galas ante una docenas de jubilados en un Rimini azotado por los vientos y heladas, adonde llega apenas ese turismo de temporada baja. Es un paisaje de bloques de apartamentos vacíos, hoteles cerrados y africanos durmiendo en las aceras, donde Richi redondea sus menguantes ingresos ejerciendo de gigoló a antiguas "groupies".

Lo que empieza como un magnífico retrato de un perdedor se pierde, sin embargo, entre historias paralelas -una hija casi desconocida que aparece para extorsionarle, el geriátrico del padre, un nostálgico del nazismo-. EFE

gc/jls



jueves, 10 de febrero de 2022

Volvimos



 


Ozon abre la Berlinale trasmutado en su "hermano mayor", Fassbinder


Gemma Casadevall

Berlín, 10 feb (EFE).- El director francés François Ozon se transmutó en Rainer Werner Fassbinder y dio así un toque muy franco-alemán a la apertura de la Berlinale, un festival que regresó algo aparatosamente a lo presencial, pero dispuesto a imprimir brío al cine.

Fassbinder (1945-1982) "forma parte de mi aprendizaje", afirmó Ozón, en la que es su sexta Berlinale con un filme a competición, en este caso "Peter von Kant". La última ocasión fue en 2019 con "Grâce à Dieu" ("Gracias a Dios"), ganadora de un Oso de Plata Gran Premio del Jurado.

El cineasta alemán "fue una especie de hermano mayor para mi", explicó Ozon, feliz de haber contado para ese acercamiento con Hanna Schygulla, musa del fallecido director.

Era la película inaugural de la 72 edición del festival, con 18 películas aspirantes a sus Osos. El "Peter von Kant" de Ozon es una "versión libre" de "Las amargas lágrimas de Petra von Kant", en que Schygulla obviamente ya no es la seductora aspirante a modelo, sino la madre que acuna al bebé grande, Peter --Denis Ménochet".

"Como ocurre con el teatro clásico, me inspiro en un texto, no me apropio de él", explicó Ozon. Su Petra es el Peter de Ménochet, un cineasta déspota que esclaviza a su secretario -Stefan Crepon- hasta convertirlo en un siervo depauperado, pero se derrite ante el sensual Amir -Khalil Gharbia-.

Isabelle Adjani se convierte, bajo Ozon, en la estiradísima examante Sidone. De mamá Schygulla llega el consuelo en forma de nana, en alemán, al mortificado y obeso a golpes de gin-tonics Ménochet.

"Schygulla me transmitió uno de los conceptos de Fassbinder", confesó Ozon. "El amor puro no existe", añadió; en su película, como en el texto del alemán, el amor es un juego de dominio y manipulación.

Ozon no acudió a la presentación ante los medios ni con Adjani ni con Schygulla, aunque sí con Ménochet y Gharbia -"un talento natural", explicó el cineasta-. La veterana actriz alemana se excusó, a través de una entrevista a un diario alemán, en el temor al contagio, pese a estar convenientemente vacunada y las estrictas medidas de higiene adoptadas por el festival.

Fassbinder estrenó sus "Amargas lágrimas" en la Berlinale de 1972, tras completar su rodaje en unas pocas semanas y con bajísimo presupuesto. El "Peter von Kant" de Ozon es un filme rodado en condiciones difíciles, como todos los que se verán, derivadas de la pandemia. Presenta a su personaje como un "confinado emocional", enclaustrado en su lujoso apartamento.

Las restricciones marcarán también la presente edición de la Berlinale, que recupera el formato presencial después de haber quedado en mero festival virtual en 2021. El acceso a las proyecciones y ruedas de prensa solo es posible previo registro y se exige, además del pasaporte covid, test negativo del día.


DESAFÍOS LOGÍSTICOS Y COMPROMISO CON EL CINE

Alemania está en máximos de contagios e incidencia -hoy se reportó un nuevo pico, con 1.465,4 contagios en siete días por 100.000 habitantes- y son muchos los desafíos que afrontan los codirectores de la Berlinale, Mariette Rissenbeek y Carlo Chatrian.

Pero en la Berlinale se defiende que llegó el momento de "devolver el cine a la vida", como afirmó el director estadounidense M. Night Shyamalan, presidente del jurado que el día 16 repartirá los Osos del festival.

A la apertura con el filme de Ozon seguirán en los próximos días varias aspirantes asimismo francesas: "Avec amour et acharment", de Claire Denis, interpretada por Juliette Binoche y Vincent Lindon; "Les passagers de la nuit", de Mikhaël Hers, con Charlotte Gainsbourg; y "La ligne", de Ursula Meier, aportará la presencia de Valeria Bruni Tedeschi.

El cine español estará en competición con dos películas: "Alcarràs", dirigida por Carla Simón, premio a la mejor ópera prima de la Berlinale en 2017 con "Estiu 1993", y "Un año, una noche", de Isaki Lacuesta, con Nahuel Pérez Biscayart interpretando a un superviviente del atentado contra la sala parisina "Bataclán".

Completa la presencia hispana el filme mexicano-argentino "Robe of Gems", de la boliviana Natalia López Gallardo, mientras que por parte del cine alemán destaca "Rabiye Kurnaz versus George W. Bush", de Andreas Dresen y centrada en el caso de un germano-turco, Murat Kurnaz, preso en Guantánamo.

Italia recorrerá con "Leonora addio" el viaje de las cenizas de Luigi Pirandello, de Roma a Sicilia, de la mano de Paolo Taviani, esta vez sin su hermano Vittorio. Y por parte de Estados Unidos acude "Call Jane", de Phyllis Nagy, interpretada por Elizabeth Banks y Sigourney Weaver.

Asia tendrá una nutrida representación, con el coreano Hong Sangsoo y "The novelist's film", la indonesia "Nana", la china "Retorn to Dust", de Li Ruijun, y "Everything will be ok", del camboyano Pithy Panh. EFE



gc/jam/icn

miércoles, 9 de febrero de 2022

Re-petimos

 

Scholz i Macron volen un diàleg “responsable” amb Rússia

“Com­par­tim abso­lu­ta­ment l’objec­tiu de pre­ser­var la pau euro­pea”, va sos­te­nir ahir Olaf Scholz, en una reunió a Berlín amb el pre­si­dent francès, Emma­nuel Macron, i el polonès Andr­zej Duda. Per al cap d’estat de Polònia, “la guerra [a Ucraïna] encara es pot evi­tar”. Per al francès, aca­bat d’arri­bar de Mos­cou i de Kíev, l’objec­tiu és man­te­nir amb el pre­si­dent rus, Vladímir Putin, un “diàleg res­pon­sa­ble”.Scholz va des­ta­car l’espe­cial paper dels tres països en el con­text actual. Ale­ma­nya té la pre­sidència de torn del G7, França la de la UE i Polònia la de l’OSCE, va recor­dar. Són els pun­tals per deses­ca­lar un con­flicte davant el qual “la nos­tra ava­lu­ació és idèntica”, va asse­gu­rar, amb Macron i Duda aca­bats d’ater­rar a la capi­tal ale­ma­nya.

Scholz neces­sita mos­trar dina­misme, enmig de les crítiques que l’envol­ten a Ale­ma­nya, on se’l veu com un líder “des­a­pa­re­gut” o amb poc pro­ta­go­nisme inter­na­ci­o­nal. Del pre­si­dent dels Estats Units, Joe Biden, havia sor­tit la vigília l’amenaça que, en cas d’invasió russa, el gaso­ducte Nord-Stream 2 no entrarà en fun­ci­o­na­ment. Va ser en la visita d’estrena de Scholz com a can­ce­ller a la Casa Blanca. Biden va enviar el seu mis­satge clar; Scholz va defu­gir pro­nun­ciar el nom del macro­pro­jecte rus­so­a­le­many, hereu d’una aliança d’interes­sos entre l’excan­ce­ller soci­al­demòcrata Ger­hard Schröder i Putin, que la con­ser­va­dora Angela Merkel va man­te­nir en els setze anys al poder. Ni l’annexió de Cri­mea no va atu­rar el gaso­ducte, defen­sat per Merkel com una “empresa pri­vada”.

Scholz calla i es limita a repe­tir que en cas de nova agressió russa Mos­cou en pagarà un preu molt alt. Més clara ha estat la seva minis­tra d’Afers Estran­gers, la verda Anna­lena Baer­bock, qui sí que ha esmen­tat el Nord-Stream entre el ven­tall de san­ci­ons pos­si­bles. Men­tre Scholz es pre­para per a la pro­pera estrena, amb la seva pri­mera visita a Putin la set­mana vinent, Baer­bock era ahir de nou a Ucraïna, per segona vegada des que va arri­bar al minis­teri i aquest cop al cap­da­vant.

El can­ce­ller té pen­dent la tro­bada amb Putin la set­mana vinent, men­tre que Macron es va pre­sen­tar ahir a Berlín després de la mediàtica reunió de dilluns amb el líder del Krem­lin, cadas­cun en una punta de la llarguíssima taula. A mig camí cap a la capi­tal ale­ma­nya va pas­sar per Kíev, on es va entre­vis­tar amb el pre­si­dent ucraïnès, Volodímir Zelenski.

El propòsit del francès és reac­ti­var el Quar­tet de Nor­man­dia, el grup inte­grat per Ale­ma­nya, França, Rússia i Ucraïna, estan­cat de fa mesos. Sem­bla com si el con­flicte ucraïnès hagués de ser­vir, si més no, per recol·locar un dels dos –el francès o l’ale­many– en la posició de nou líder euro­peu que ha dei­xat vacant Merkel.

A la reunió d’ahir, i abans de viat­jar a Mos­cou la set­mana vinent, Scholz té pen­dent demà una tro­bada amb els líders de les repúbli­ques bàlti­ques –Estònia, Lituània i Letònia–. Si més no, el can­ce­ller ale­many s’ha mos­trat dis­po­sat a aug­men­tar el con­tin­gent ale­many a Lituània.

La previa

La Berlinale celebra con Ozon el regreso a lo presencial

Gemma Casadevall




Berlín, 9 feb (EFE).- La Berlinale tiene a punto su primera alfombra roja para el "Peter von Kant" de François Ozon, la película que abrirá mañana la 72 edición de un festival que retorna a lo presencial, pese al desafío de una covid que día a día marca nuevos picos en Alemania.

Nada en el Berlinale Palast será como en las ediciones anteriores a la pandemia. Pero tampoco será el mausoleo en que se convirtió la sede del festival en 2021, el año en que quedó recluido en lo estrictamente virtual.

La película inaugural elegida por Mariette Rissenbeck y Carlo Chatrian, los co-directores de la Berlinale, garantiza un toque francés y es, a la vez, un tributo al cineasta alemán Rainer Werner Fassbinder. "Peter von Kant" es una inspiración libre sobre las legendarias "Amargas lágrimas de Petra von Kant", ahora con Denis Ménochet como protagonista, junto con Isabelle Adjani y Hanna Schygulla, la musa de Fassbinder.

De Francia procederán también en las jornadas siguientes las presencias más esperadas. Juliette Binoche y Vincent Lindon protagonizan "Avec amour et acharnement", otra de las 18 aspirantes al Oso, dirigida por Claire Denis; Charlotte Gainsbourg es el rostro de "Les passagers de la nuit", de Mikhaël Hers.

Isabelle Huppert acudirá a Berlín a recibir un Oso de Oro de Honor al conjunto de su carrera. Y "La ligne", de Ursula Meier, aportará asimismo otra presencia estelar, con Valeria Bruni Tedeschi.

España regresa con pie firme a la competición: Carla Simón, premio a la mejor ópera prima de la Berlinale en 2017 con "Estiu 1993", buscará su Oro con "Alcarrás"; e Isaki Lacuesta lo hará con "Un año, una noche", una película que parte del atentado yihadista contra la sala parisina "Bataclán", con Nahuel Pérez Biscayart interpretando a un traumatizado superviviente.

El cine español llevaba décadas sin una representación tan sólida a concurso en Berlín. Completa la presencia hispana el filme mexicano-argentino "Robe of Gems", de la boliviana Natalia López Gallardo.

Del cine anfitrión destaca "Rabiye Kurnaz versus George W. Bush", dirigida por Andreas Dresen y centrada en el caso real de un germano-turco, Murat Kurnaz, preso en Guantánamo , lo que convierte a su madre en una "mamá Coraje" contra la inoperancia de la clase política alemana.

Italia recorrerá con "Leonora addio" el viaje de las cenizas de Luigi Pirandello, de Roma a Sicilia, de la mano de Paolo Taviani, esta vez sin su hermano Vittorio. Y por parte de Estados Unidos acude "Call Jane", de Phyllis Nagy, interpretada por Elizabeth Banks y Sigourney Weaver.

Será una Berlinale con mucho cine de "proximidad" europeo, aunque sin representantes del este continental -triunfadores en varias ediciones pasadas-. Tampoco compite el cine iraní, tradicionalmente mimado por Berlín.

Asia, por contra, tendrá de nuevo una nutrida representación, con el coreano Hong Sangsoo y "The novelist's film", la indonesia "Nana", la china "Retorn to Dust", de Li Ruijun, y "Everything will be ok", del camboyano Pithy Panh.

DEL TEST AL REGISTRO ONLINE

Todo será un poco más complicado, especialmente para los representantes de los medios: además del pasaporte covid, deberán presentar un test negativo realizado en las últimas 24 horas y haberse registrado previamente para cada proyección, rueda de prensa o para acercarse a la alfombra roja.

Al público corriente e invitados sí se le permite el acceso a las salas solo con el pasaporte covid, si recibieron la dosis de refuerzo. Que se extremen las medidas sobre los periodistas obedece a que en éstos se supone una mayor movilidad y contactos -lo normal es asistir a tres o cuatro estrenos al día, más ruedas de prensa o entrevistas-.

No habrá fiestas, las galas serán de aforo reducido y es obligatorio el uso de la mascarilla en interiores, mientras que el European Film Market será en formato virtual. Es el compromiso aceptado por Rissenbeek y Chatrian, a cambio de dar un mensaje de vitalidad al sector.


Alemania escala desde hace semanas a máximos de pandemia. Este miércoles se marcó el siguiente máximo de incidencia -1.450 casos por siete días y 100.000 habitantes-, con 234.250 contagios en 24 horas.

Berlín está por encima de esta media nacional, con una incidencia de 1.564,9 casos. Sus autoridades sanitarias pronostican que el pico de la variante ómicron se alcanzará a mediados de este mes.

Para minimizar riesgos, la Berlinale ha concentrado la competición a seis jornadas, en lugar de las diez habituales. El jurado, presidido por el director M. Night Shyamalan, entregará sus Osos el día 16, a lo que seguirán cuatro jornadas de festival consagradas al público corriente. EFE

gc

martes, 8 de febrero de 2022

En busca del heredero

Scholz y Macron suman a Polonia al “diálogo exigente” con Moscú

Joana Serra




Para el canciller alemán, Olaf Scholz, el “objetivo compartido” es “preservar a Europa de la guerra”; para el presidente francés, Emmanuel Macron, mantener un “diálogo exigente” con Moscú; y para su homólogo polaco, Andrzej Duda, demostrar que “evitar la guerra aún es posible”. Los tres líderes, representantes de las presidencias de turno de la UE –Francia--, del G7 –Alemania-- y de la OSCE –Polonia-- lanzaron ayer un mensaje claro de cohesión en dirección al Kremlin, en unos momentos en que Moscú parece determinado a mostrar voluntad de desescalar la situación, mientras Washington mantiene en alto la amenaza de bloquear el controvertido gasoducto germano-ruso Nord-Stream II.


París y Berlín representaban ya la vía diplomática frente a Moscú. Varsovia sigue apremiando a reforzar la presencia de la OTAN en todo el flanco este de la Unión Europea (UE), lo mismo que los países bálticos y restantes socios directamente afectados, por razones de vecindad y por su histórico –y fundamentado-- miedo a Rusia.


Pero al margen de las coincidencias -”evaluamos la situación de forma idéntica”, afirmó Scholz- entre el eje franco-alemán, en este nudo diplomático alrededor del conflicto ucraniano parece haber un pulso más o menos discreto entre Macron y Scholz por el puesto de “heredero” de la exlíder de referencia europea que fue Angela Merkel.


Scholz se ha comportado hasta ahora como un líder silencioso y hasta tímido, lo que le ha costado críticas en su propio país por inoperante. Macron le llevaba ya la delantera y sumó el lunes el tanto de su reunión con el presidente Vladímir Putin, seguida de la mantenida ayer, camino a Berlín, con el ucraniano Volodímir Zelenski.


De Moscú quedó la imagen de una reunión con dos líderes a ambos extremos de una larguísima mesa. De Kiev partió Macron con anuncios de “avances” en dirección a un hipotético Formato Normandía, como se denomina el foro diplomático entre Rusia, Ucrania, Alemania y Francia, estancado desde hace un año, pero que París y Berlín quieren reactivar.


Reparto de papeles


Macron es el factor dinamizador, o al menos así se escenifica a sí mismo. Scholz, el socialdemócrata 

sucesor de la conservadora Merkel que aún debe encontrar su lugar.

El canciller alemán se estrenó el lunes en la Casa Blanca con Joe Biden, quien se encargó de marcarle el territorio de las amenazas en dirección a Moscú: en caso de invasión, el gasoducto Nord-Stream II no entrará en funcionamiento. Scholz calló, como siempre hace cuando se menciona un macroproyecto del que depende el suministro de gas a Alemania y que nació con el sello de la dependencia energética a Moscú.


El actual gasoducto debe completar al Nord-Stream I que sellaron el excanciller Gerhard Schröder y su aliado político Putin, en 2005. Merkel no detuvo su construcción ni siquiera por la invasión de Crimea, en 2014. Ahí pesó el criterio de los intereses de la empresa privada y de la seguridad del suministro energético.


Hasta ahora, por parte de la coalición de gobierno alemana sólo ha cuestionado claramente su puesta en funcionamiento la ministra de Asuntos Exteriores, la verde Annalena Baerbock. Fue en el Parlamento, al advertir que Nord-Stream II no entrará en funcionamiento, en caso de una nueva agresión a la integridad territorial de Ucrania. Baerbock, en el puesto desde diciembre, ha estado ya en Kiev dos veces –a lo que sumó ayer una mediática visita al frente y la frontera--, más otra en Moscú. Scholz tiene previsto hacer esa doble visita la próxima semana.




viernes, 4 de febrero de 2022

Olaf, el desaparecido

 



Scholz toma carrerilla entre críticas por su inacción

Joana Serra

El canciller alemán, Olaf Scholz, inicia este fin de semana su primera gran ronda diplomática, con una visita a Washington a la que seguirán dos viajes a Kiev y a Moscú, mientras empezaban a llover sobre él las críticas por su “desaparición” o tibieza en medio del conflicto ucraniano.


El presidente Joe Biden le recibirá en la Casa Blanca el lunes, una cita que empezaba a demorarse mucho por ser Estados Unidos el socio preferente de Alemania a escala transatlántica. Es una visita compleja: Berlín se niega a suministrar armas a Ucrania –solo se ha comprometido a entregar 5.000 cascos militares, lo que se ha encajado más como una ironía que como una aportación--. Encima, mantiene hacia Moscú una posición ambivalente, lo que se atribuye a su defensa del gasoducto Nord-Stream II, listo para funcionar, pero sin licencia para hacerlo en medio del fuego cruzado de intereses energéticos y geoestratégicos. Es un proyecto que nació bajo el signo de la controversia, heredero del Nord-Stream I pactado en tiempos del asimismo canciller socialdemócrata Gerhard Schröder y su entonces gran aliado político Vladímir Putin.


Guerra mediática


Mantener el equilibrio ya era difícil, tanto ante Washington como ante los socios europeos del flanco este europeo –Polonia y los países bálticos, especialmente-. El socialdemócrata Scholz tenía además encima la posición de su ministra de Exteriores, la verde Annalena Baerbock, defensora de una línea más dura frente al Kremlin. Y en medio surgió la “guerra mediática” entre Berlín y Moscú, precipitada por la suspensión del canal en alemán de la televisión rusa RT –considerada un órgano de propaganda del Kremlin--, a lo que siguió el cierre de la radiotelevisión pública alemana Deutsche Welle en Rusia. Lo primero ocurrió el miércoles, por decisión del regulador de medios alemán, que argumentó que RT ni siquiera pidió licencia; lo segundo, al día siguiente, fue la respuesta del Ministerio de Exteriores ruso a lo anterior.


Scholz viajará a Moscú el 15 de febrero para entrevistarse con Putin. Un día antes habrá estado en Kiev. Acudirá visiblemente rezagado, no solo respecto al francés Emmanuel Macron, sino incluso respecto a su ministra Baerbock, quien ya estuvo en ambas capitales hace unas semanas y repetirá visita a principios de la próxima.


El lenguaje de los sondeos


La opinión pública alemana empieza a preguntarse en voz alta –o sea, en los sondeos-- dónde está su nuevo líder. Por primera vez en meses, el bloque conservador aventaja a los socialdemócratas en la encuesta de la televisión pública ARD: un 27 % votaría ahora a los conservadores, frente al 22 % que lo haría por el partido de Scholz. 


El vuelco no debe atribuirse únicamente a la “desaparición escénica” del canciller, llegado al poder en diciembre. También ha contribuido la definición del nuevo líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU), el derechista Friedrich Merz. Es un enemigo histórico de la línea centrista que defendió Angela Merkel, cuyo último representante, Armin Laschet, hundió al bloque conservador en las elecciones de septiembre en un 24,1 %, su mínimo histórico en unos comicios nacionales.