miércoles, 16 de febrero de 2022

Este año sí


 "Alcarràs" conquistó el oro de una Berlinale volcada en la ternura

Gemma Casadevall

Berlín, 16 feb (EFE).- El retrato de una familia de melocotoneros catalanes cautivó a la Berlinale, que dio su Oso de Oro a la española "Alcarràs", dirigida por Carla Simón, como exponente de un cine en que confluyen ternura y rabia por la situación del pequeño agricultor.

El máximo galardón fue para una película interpretada por actores sacados de la vida real, que se convierten en una familia de la mano de Simón (Barcelona, 1986), quien regresaba a Berlín tras haber ganado en 2017 el premio a la mejor ópera prima con "Estiu 1993".

El jurado de la Berlinale, presidido por el director indio-estadounidense M. Night Shyamalan, valoró en "Alcarràs" la "extraordinaria capacidad" interpretativa de esos actores, a los que Simón reclutó entre fiestas populares de la región donde se desarrolla.

Y también la capacidad de combinar "ternura y comedia" alrededor de esa familia que, de pronto, debe recoger su última cosecha, ya que los árboles de las tierras que cultivaron durante décadas serán sustituidos por campos de placas solares fotovoltáicas.

La Berlinale volvía con esta 72 edición al formato presencial, después de haber quedado reducida a lo virtual el año anterior por la pandemia. Necesitaba dar una señal de vitalidad al castigado sector del cine. Y lo hizo apostando por la ternura, tanto a través de nuevos talentos como de genios consagrados.

El Gran Premio del Jurado fue para el surcoreano Hong Sangsoo, por "The Novelist's Film", su quinta incursión en la competición de la Berlinale, de donde hasta ahora se había llevado tres platas -la última, el año pasado, al guión de "Introduction".

"The Novelist's Film" cerró el desfile de los 18 filmes aspirantes al Oso, ya que fue presentado este mismo miércoles, horas antes de la gala de los premios. Es una película tejida sobre reencuentros y la relación que se establece entre una escritora de éxito y una actriz, con la sensibilidad que caracteriza al cineasta y ese estilo entre minimalista y exquisito plasmado en su extensa -27 cintas- filmografía.

El Oso de Plata del Jurado fue para Natalia López Gallardo, por su producción mexicano-argentina "Manto de Gemas", su primer largometraje. La directora, nacida en Bolivia en 1980, es como Simón un talento joven, aunque su película no destila precisamente ternura, sino el desgarro social del México más pobre, a merced de una violencia donde se diluyen los límites entre víctimas y victimarios.

La Plata a la mejor dirección la ganó la francesa Claire Denis, por "Avec amour et acharnement", una película interpretada por Juliette Binoche y Vincent Lindon, que acudieron a la Berlinale como máximo aporte de estrellato sobre la alfombra roja.

El premio a la mejor interpretación fue para la germano-turca Meltem Kaptan por "Rabiye Kurnaz versus George W. Bush", dirigida por el alemán Andreas Dresen. La actriz ganadora interpreta a una especie de madre coraje, en un filme basada en el caso real de Murat Kurnaz, un germano-turco que pasó casi cinco años preso en Guantánamo sin que el Gobierno de Berlín mediara a su favor.

Dresen acudía a la competición representando al cine anfitrión con una película muy emocional, en tono de comedia y centrada en esa madre luchadora y extrovertida, inmune al desaliento y metomentodo.

PRESENCIALIDAD BAJO EL COVID

Los premios del jurado internacional cerraron la competición de la Berlinale, cuyo retorno a lo presencial quería servir de señal de aliento y activación para todo el sector, tal y como indicaron tanto los co-directores del festival, Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek, como la ministra alemana de Cultura, la verde Claudia Roth.

El certamen se ha celebrado, sin embargo, bajo estrictas medidas. La apertura del festival coincidió con sucesivos picos de contagios por covid e incidencia acumulada. La curva empezó a descender este lunes, pero la vida pública sigue marcada por las restricciones a todo aquel que no tenga la pauta completa y la dosis de refresco.

La asistencia a los pases o conferencias de prensa solo era posible para los representantes de los medios acreditados con el pasaporte covid más un test diario negativo.

Pese a algunos inconvenientes iniciales, se logró un desarrollo más o menos ágil del festival. La alfombra roja estuvo más "despoblada" de estrellas internacionales que en otras ediciones, algo no del todo nuevo en un festival que desistió de competir en serio en esa cuestión con su directa rival, Cannes.

Entre las ausencias destacadas estuvo la dela actriz francesa Isabelle Huppert, quien no pudo acudir a Berlín para recoger el Oso de Oro de Honor al conjunto de su carrera. Había dado positivo por covid la víspera de la gala prevista para su homenaje, que siguió de forma virtual desde París. EFE gc/cdp  (vídeo) (foto) (audio)


martes, 15 de febrero de 2022

Una que nos ahorramos

El Oro de Honor virtual de Huppert y otros daños colaterales de una Berlinale bajo la covid

Gemma Casadevall

Berlín, 15 feb (EFE). La Berlinale ha sorteado con menos contratiempos que los temidos las restricciones impuestas por la covid, aunque finalmente el daño colateral más visible fue un Oso de Oro de Honor obligadamente virtual para la homenajeada del año, la actriz francesa Isabelle Huppert.

A Huppert se la esperaba para la gala especial de este martes, víspera del reparto de premios entre los dieciocho aspirantes de la sección oficial de la 72 edición del festival. Un inoportuno positivo de covid en la diva, notificado el lunes, derivó en su ausencia física en la capital alemana.


Se mantuvo la gala prevista en el Berlinale Palast, incluido el estreno de À propos de Joan. Al actor alemán Lars Eidinger, coprotagonista del filme junto a Huppert, se le asignó el cometido de pronunciar el discurso en honor a la actriz. La homenajeada asistió "a distancia", desde París, a la ceremonia, a la espera de un pronto reencuentro con Berlín, indicaron los codirectores del festival, Mariette Rissenbeek y Carlo Chatrian.

Huppert es "la actriz por excelencia, la actriz con la que crecimos, la persona que se nos viene de inmediato a la cabeza cuando se habla de una intérprete", afirmó Eidinger, quien en el filme interpreta a su pareja, un escritor unos veinte años más joven.

La película, dirigida por Laurent Larivière, coloca a Huppert en el papel de una exitosa editora, que recuerda su pasado entre Irlanda y Francia mientras conduce en una noche lluviosa.

Es una mujer segura de sí misma y algo altiva, de acuerdo a la línea habitual en Huppert. Junto al gran amor del pasado, habla al espectador del hijo o su relación con Eidinger. El filme discurre entre saltos en el tiempo, recuerdos o traumas antiguos, más lecciones aprendidas de todo ello.

De acuerdo a lo habitual en la Berlinale, además de la gala se había incluido en la Berlinale un ciclo con los papeles más destacados de la actriz, desde La Céremonie (1995), con protagonismo compartido con la igualmente malévola Sandrine Bonnaire y a las órdenes de Chabrol, a L'avenir (2016), de Mia Hansen-Love.

La gala en honor a Huppert fue la plasmación más mediática de los daños colaterales de la pandemia sobre el festival. Rissenbeek y Chatrian habían asumido el desafío de volver a lo presencial, tras la edición estrictamente digital del año pasado, con la vida pública prácticamente cerrada en Alemania.

Este año, con un 75 % de la población alemana vacunada con la pauta completa y el 55 % con la dosis de refresco, se articuló un dispositivo bastante estricto, de acuerdo a los parámetros de las autoridades de Berlín.

Los representantes de los medios acreditados han tenido que presentar, además del certificado covid, un test diario negativo para poder acceder a cualquier pase o rueda de prensa, que además estaban sujetas a un registro previo.

En las inmediaciones del Berlinale Palast había varios puntos donde hacer el test de antígenos -gratis- y el dispositivo funcionó con bastante agilidad, lo mismo que el registro previo para obtener entradas de prensa.

Pero ello no ha evitado algunas molestias, especialmente en las primeras jornadas, hasta adquirir cierta práctica en el manejo de las correspondientes aplicaciones, etc.

Había que madrugar algo más de lo habitual para asegurarse la asistencia puntual al primer pase de prensa del día -a las 09.00 hora local (08.00 GMT)- y no dejarse llevar por los nervios a la espera del resultado del test.

Pero fuera de esas incomodidades, impaciencias y la incertidumbre ante el veredicto de los antígenos -un positivo implicaba quedar fuera para el resto del festival-, la Berlinale "bajo el covid" fue logísticamente fluida.

A las seis jornadas de competición, más la gala de los premios de mañana, seguirán cuatro días adicionales enteramente destinados a la venta de entradas al público.

A diferencia del festival de Cannes, la Berlinale pone a disposición del ciudadano localidades para todas sus secciones, a lo que debe su sello de identidad como certamen popular.

Para el público corriente, las reglas son algo más suaves: quien tiene la dosis de refresco queda liberado del test del día negativo.

El festival se abrió el jueves pasado, cuando en Alemania se marcaban a diario nuevos picos de incidencia, con 1.450 casos por siete días y 100 mil habitantes.

Desde hace tres días el índice va en descenso y el Gobierno considera que se ha dejado atrás la tónica ascendente.

Prèsseguers



"Alcarràs" y el mundo amenazado del pequeño agricultor conmueve la Berlinale

Gemma Casadevall


Berlín, 15 feb (EFE).- La directora española Carla Simón conmovió a la Berlinale con "Alcarrás", una inmersión en el mundo amenazado del pequeño agricultor, que compartió la penúltima jornada a competición del festival con "Leonora Addio", del italiano Paolo Taviani.

"Esta película es como una familia. No solo porque parto de los recuerdos de la mía propia, sino porque todos los que trabajamos en ella acabamos creando una nueva familia", explicó la cineasta, tras el pase para los medios acreditados del festival.

Simón (Barcelona, 1986) volvía la Berlinale tras haber ganado en 2017 el premio a la mejor ópera prima con "Estiu 1983" -"una película aún más familiar que ésta, porque ahí sí eran recuerdos propios, mientras que aquí hay guión, es ficción", explicó.

"Alcarràs" retrata el último verano de una familia dedicada a la recogida del melocotón en esa población catalana. No habrá otra cosecha, ya que el propietario de las tierras que cultivaron durante décadas, por contrato verbal, las dedicará ahora a otro negocio más lucrativo: las placas de energía solar.

"Es un dilema o una ironía que así sea. La energía solar es una buena idea, algo que el mundo necesita, pero que ahora quita a los melocotoneros sus tierras", explicó Simón.

Su familia de ficción la forman Quimet -Jordi Pujol Dolcet, el padre-, Dolors -Anna Otin, la madre-, Mariona -Xènia Roset, una de las hijas- y Roger -Albert Bosh, el hijo adolescente-. Todos ellos gente de Alcarràs o alrededores, a los que Simón reclutó en un cásting singular por fiestas populares de la región.

"De pronto dejé de trabajar en el campo diez horas al día para hacer una película. Y he podido mostrar lo duro que es este trabajo y lo poco valorado que está", explicó Bosch, presente en la Berlinale como la mayoría de la "familia" o equipo protagonista -incluida Montse Oró, quien interpreta a la pequeña Iris-.

"Alcarràs" transmite no solo la nostalgia de ese último verano, entre cajas de melocotones y mermeladas, alguna bronca familiar y sus efectos colaterales sobre Iris y sus primos. También se hace presente la rabia del agricultor, que ve extinguirse la base de su existencia.

Que sea por la instalación de paneles fotovoltáicos "es casualidad", matizó Simón. Son muchas las amenazas sobre el agricultor, al que las movilizaciones del campo no evitarán ver arrancar los árboles que cultivó.

El fuerte de la película consiste en que Simón crea una dinámica de familia real. Este comportamiento parece haber arraigado en su equipo, que ante la Berlinale seguían tratándose como en la película -Anna Otín, hablando a Pujol como "Quimet", mimetizada en la madre o esposa que está en todo-.

La proyección de "Alcarràs" siguió a la de "Un año, una noche", la película de Isaki Lacuesta que en la jornada anterior sacudió a la Berlinale con su reconstrucción del horror de los atentados yihadistas contra la sala parisina "Bataclán" y las heridas emocionales dejadas en una pareja de supervivientes.

Fue un regreso sólido del cine español a la Berlinale, tras unos años en que o bien no hubo representantes de esa cinematografía en la sección oficial o bien no obtuvieron el eco deseado.

Ambas representan a un cine español fuera de clichés, incluso idiomáticos: la película de Simón discurre en catalán, mientras que el de Lacuesta lo hace mayoritariamente en francés.

TAVIANI Y SANGSOO, PARA LA ÚLTIMA RONDA

El jurado de la Berlinale, presidido por el director estadounidense M. Night Shyamalan, entregará mañana sus Osos entre los 18 aspirantes incluidos en esta 72 edición del festival.

Taviani compartió con Simón la jornada, con una película que acompaña las cenizas del premio Nobel de Literatura Luigi Pirandello desde Roma a Sicilia, diez años después de la muerte del escritor, en 1936.

El filme está dedicado a su hermano Vittorio, fallecido hace tres años. Con el filme regresa el apellido Taviani a la lucha por el Oso, tras haberlo ganado el Oro en 2012 con "Cesare deve morire".

Rodada en blanco y negro -que se transforma en color cuando las cenizas llegan al azul inmenso del Mediterráneo-, "Leonora addio" recorre la Italia de la postguerra a través del funcionario de Agrigento encargado del transporte.

Lo que iba a ser un viaje en avión militar topa con el primer obstáculo al negarse el resto del pasaje -y el piloto estadounidense- a viajar con un muerto. En tren topará con otras dificultades, así como con los recelos de la autoridad católica siciliana.

La ultimísima aspirante se estrenará mañana, horas antes de los premios. Se trata de "The novelist's film", del coreano Hong Sangsoo. Es la quinta ocasión en que este cineasta compite en la Berlinale, donde el año pasado obtuvo el Oso de Plata al mejor guión con la minimalista "Introduction". EFE

gc/jam/cdp

(vídeo) (foto)(audio)



lunes, 14 de febrero de 2022

Dei Kiev a Moscú

 Scholz, última llamada a Putin

Joana Serra



"Esperamos pasos claros hacia una desescalada", fue la frase más destacada del canciller alemán, Olaf Scholz, desde Kiev y camino a Moscú, donde este martes se reunirá con el presidente Vladímir Putin.
Desde el Gobierno alemán se han alternado estos días las llamadas a la calma con los apremios a sus nacionales a abandonar Ucrania, tal como han hecho no solo Polonia o los países bálticos, sino también otros socios europeos alejados del flanco este de la Unión Europea (UE).

Scholz no suspendió el que es su primer viaje como canciller a Moscu, pese a que el fin de semana pasado el semanario "Der Spiegel" afirmara que el próximo miércoles es "Día D" para el inicio de una ofensiva rusa. Es decir, un día después del encuentro entre Scholz y el líder del Kremlin.
El canciller alemán necesita regresar con algún triunfo. Han pasado algo más de dos meses desde que accedió al poder de la primera potencia europea y se le achaca tibieza frente a Rusia. La reaparición pública el domingo pasado de su predecesora Angela Merkel, en la ceremonia de la Asamblea Federal para la reelección del presidente del país, Frank-Walter Steinmeier, desataron los comentarios acerca de lo que habría sido esta crisis con la exlíder conservadora en ejercicio y la falta de liderazgo del socialdemócrata Scholz.

Merkel compartió sus 16 años en el poder con Putin. Ambos hablan el idioma del otro -la política alemana, crecida en la Alemania comunista, porque aprendió ruso en la escuela; el líder del Kremlin, porque lo hizo en sus tiempos de espía de la KGB en Dresde-. Las relaciones entre Berlín y Moscú, con el Merkel en Cancillería, pasaron momentos de gran tensión, pero nunca se rompieron.
A Scholz se le atribuye tibieza ante Rusia, en parte relacionada con el papel del anterior canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder, en el gasoducto Nord-Stream I y II. El primero se fraguó durante su alianza política y de intereses con Putin, aún en el poder. El segundo, que aún no entró en funcionamiento, está condicionado al discurrir de la actual crisis, pero tiene en Schröder el mejor aliado.

Si se viola la integridad territorial de Ucrania no habrá Nord-Stream II, han advertido desde el presidente de EEUU, Joe Biden, a la ministra de Exteriores alemana, la verde Annalena Baerbock. Scholz esquiva activamente pronunciarse hasta extremos penosos, ya que la cuestión surge a cualquier intervención suya ante los medios.

Schröder se ha convertido en una piedra en el zapato para la socialdemocracia alemana. Ha llegado a acusar a Ucrania de provocar "ruido de sables" y defiende a capa y espada Nord-Stream. En favor de Scholz conviene recordar, sin embargo, que Merkel mantuvo en pie el macroproyecto energético durante sus 16 años en el poder y que tampoco se planteó detenerlo a raíz de la invasión de Crimea.

Terror en la hermosa noche parisina

Lacuesta plasta en Berlín el horror y las secuelas del "Bataclán"

Gemma Casadevall




Berlín, 14 feb (EFE).- El director español Isaki Lacuesta sacudió hoy la Berlinale con "Un año, una noche", un filme que parte del atentado yihadista del "Bataclán" y se vuelca en sus secuelas a través de una pareja que vivió el horror inimaginable en esa sala parisina.

"Son dos personas que viven esa experiencia de formas totalmente distintas y que se dan cuenta de que no pueden compartirlas, ni siquiera siendo pareja", explicó Lacuesta (Girona, 1975), tras el estreno ante los medios de la película, aspirante al Oso berlinés.

Su puntal son los recuerdos de dos supervivientes, plasmados en el libro escrito por Ramón González -la figura protagonista- y mezclados con los de otros testigos. El espectador no verá ni a los terroristas ni a sus víctimas "más que a través del terror reflejado en los ojos" de esa pareja.

"No nos interesaba mostrar heridas físicas, sino emocionales", añadió Lacuesta. Fueron 130 los muertos esa noche del 13 de noviembre de 2015 en la serie de atentados yihadistas perpetrados entre las inmediaciones del estadio nacional francés, bares y terrazas de París, así como en el concierto del "Bataclán".

Lacuesta concentra su mirada en Céline y Ramón -Noémie Merlant y Nahuel Pérez Biscayart-, que esa noche acudieron al "Bataclán" con otra pareja amiga.

La primera secuencia mostrará a los protagonistas deambulando por las calles parisinas, cada uno bajo una de esas capas térmicas que los equipos sanitarios reparten entre los supervivientes de cualquier catástrofe, accidente casero, siniestro o atentado.

Andan como zombies, porque así es como se sienten esa noche y volverán a sentirse a menudo a lo largo del año siguiente, incluidas las vacaciones navideñas con la familia española de Ramón.

Lacuesta recorre su largo camino de superación, entre ataques de pánico, de tristeza o de horror, derrumbes emocionales y la duda de si se necesita al otro para sobreponerse o si tal vez hay que desprenderse y empezar solo.

Ramón, el español afincado en París, exterioriza de inmediato lo ocurrido. Céline no lo cuenta ni a su compañera de trabajo, un centro de acogida de adolescentes árabes u de otras procedencias en una "banlieue". Difícil, incluso para ella, sustraerse del racismo.

"Se trata de no renunciar a la vida, tampoco a volver a un concierto de rock. Sobre todo para Céline, no hacerlo sería aceptar que el terrorismo ha ganado", explicó el cineasta.

"Un año, una noche" era el plato fuerte de esta jornada a competición. Lacuesta (Girona, 1975) acudía a Berlín avalado por anteriores filmes como "Los condenados", "Los pasos dobles" o "Entre dos aguas", premiado en San Sebastián.

Con su estreno, el cine español entró en la lucha por los Osos. Completará su presencia el estreno mañana de "Alcarrás", de Carla Simón, premio a la mejor ópera prima de ese festival en 2017 con "Estiu 1993".

LA MUJER, DEL ACTIVISMO A LA PSICOPATÍA

La siguiente aspirante a Oso de este lunes fue "Drii Winter" ("A piece of sky"), del suizo Michael Koch, un canto a la naturaleza y a las cumbres alpinas, a partir del retrato de un hombre -Simon Wisler- llegado del llano, noble, manso y fuerte como un buey.

En él ve Anna -Michèle Brand- al marido y buen padre para su hija con quien rehacer su vida en su pueblo remoto montañés. Un tumor cerebral derribará su armonía. Primero le inhabilita para seguir faenando con sementales o llevando vacas estériles al matadero, luego aparece la depresión y ciertos estímulos incontrolados.

Un coro montañés, a modo de oráculo griego, va avanzando ante el espectador el destino que Anna no imagina y que una amiga le revela.

"Drii Winter" aborda con sensibilidad el drama de un hombre que no es un monstruo, pero si un peligro para Anna y su hija. Hace prevalecer al miedo el sentimiento de solidaridad y el apoyo, entre las mujeres o hacia el montañés.

Muy distinta resultó ser "Un éte comme ça", del canadiense Denis Côté. La película coloca a tres mujeres "hipersexuales" en una casa junto a un espléndido lago, donde durante 26 días quedarán a manos de dos terapeutas.

Lo de "hipersexuales" obedece a que, por exceso o por defecto, a las tres se las considera exponentes de comportamientos extremos. Ninguna consigue despertar empatías, en un filme que se mueve entre problemas propios del primer mundo.

"Call Jane", única representante del cine estadounidense a competición, incidió asimismo en colectivos mucho más combativos: un grupo de mujeres que, en los EE.UU. de 1960, organiza abortos clandestinos a embarazadas.

Al grupo llega Joy, Elizabeth Banks, que de ama de casa pasa a practicar ella misma esas intervenciones. Se convierte así en la mejor colaboradora para el grupo de la activista Virginia -Sigourney Weaver-. EFE

gc/cph/icn

(foto) (vídeo)



domingo, 13 de febrero de 2022

De pronto, Angela

 


Steinmeier, reelegido con un amplificado consenso a la alemana
Joana Serra






Frank-Walter Steinmeier, presidente alemán desde 2017 y correligionario del canciller Olaf Scholz, logró su reelección como representante del más amplio consenso político posible y a modo de señal de cohesión, frente a la polarización social. 

El político, representante de la socialdemocracia alemana aunque formalmente dejó en suspenso la militancia al asumir el puesto, logró el apoyo de 1.045 miembros de la Asamblea Federal, del total de 1.425 votos válidos emitidos por esa cámara, con 1.475 puestos.
Se trata de un órgano mixto, integrado por los 736 diputados del Bundestag (cámara baja) y el mismo número de delegados de los "Länder", sean los miembros del Bundesrat (cámara alta) o los ciudadanos designados por los poderes regionales.

Su única función es reunirse para elegir, para un mandato de cinco años, al presidente del país, un cargo representativo, con cierto carácter de autoridad moral y al que se atribuye neutralidad.
La inclusión entre los delegados de los "Länder" de ciudadanos comunes -que pueden ser figuras públicas, deportistas o incluso el virólogo de referencia del país, Christian Drosten- le da aire de representación popular a una fórmula de elección sin participación directa del elector.

Entre los "ciudadanos comunes" estaba la excanciller Angela Merkel, designada por el "Land" donde arrancó su carrera política, Mecklenburgo-Antepomerania, que reapareció así por primera vez en un acto público desde que dejó el poder, el pasado diciembre. Fue recibida con un fuerte aplauso y con su presencia casi eclipsó al protagonista de la jornada,  el reelegido presidente.
Steinmeier, de 66 años, tenía ante sí tres teóricos rivales: el izquierdista Gerhard Trabert, el conservador Max Otte -propuesto por la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD)- y una única candidata mujer, Stefania Gebauer, respaldada por el minoritario partido derechista de los Freie Wähler -"Electores Libres"-.

La designación de Otte había levantado un fuerte revuelo, ya que la AfD lo reclutó de las filas de la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido de la excanciller Angela Merkel y ahora liderado por Friedrich Merz. Era un desafío para los democristianos, que con la elección como nuevo jefe de Merz han dado un giro a la derecha respecto al centrismo que representó Merkel.
La dirección de la CDU suspendió de inmediato de militancia a Otte, quien decidió mantener su candidatura. La designación por parte de la AfD era una afrenta para la democracia cristiana alemana. Merz se ha comprometido a mantener un estricto cordón sanitario en torno a la ultraderecha, descartada como aliado a todos los niveles por el resto de los partidos políticos.

Steinmeier recibió los votos del Partido Socialdemócrata (SPD) y el bloque conservador -integrado por la CDU y la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), así como de los Verdes y los Libeales. Reafirmó así su condición de representante del consenso político en su sentido más amplio.
En 2017 ascendió al cargo a propuesta de la entonces canciller Merkel y sus socios de coalición, los socialdemócratas. Sucedía al pastor protestante y antiguo disidente en la Alemania comunista Joachim Gauck.
No solo personifica, para muchos ciudadanos, el consenso político, sino que además su biografía avala esta condición. Su carrera política a escala federal empezó bajo el socialdemócrata Gerhard Schröder (1998-2005), de quien fue ministro de la Cancillería -lo que incluye el puesto de coordinador de sus servicios secretos-.

Tras la derrota de Schröder frente a Merkel, en 2005, fue ministro de Asuntos Exteriores en la primera coalición de la líder alemana. De jefe de la diplomacia de Merkel pasó a ser su rival como candidato del SPD en las elecciones generales de 2019.
Cayó ante Merkel y arrastró a la socialdemócrata a lo que entonces era su peor resultado en unos comicios nacionales. Pero recuperó el puesto en Exteriores en la tercera legislatura de la canciller.
Ya en la presidencia, y desde su posición de "árbitro" de la política alemana, dio la llave a Merkel para la que sería su última gran coalición. Su SPD había sufrido su siguiente derrumbe en las generales de 2017, entonces con Martin Schulz como candidato.

El aspirante derrotado se negaba a negociar otra gran coalición. Fue necesaria la intervención de Steinmeier, quien prácticamente forzó a Schulz a suscribir otra alianza de gobierno bajo Merkel.
Era la única constelación política posible para tener una mayoría sólida y evitar ir a nuevas elecciones. La AfD había irrumpido en el Bundestag y se había convertido en el primer partido ultraderechista con escaños a escala federal desde los años 50. Alemania entraba en una dinámica de progresiva polarización.

Viaje a los 80



La melancólica Gainsbourg completa la ronda francesa en la Berlinale

Gemma Casadevall

Berlín, 13 feb (EFE).- Una eternamente melancólica Charlotte Gainsbourg completó hoy con "Les passagers de la nuit" la ronda francesa de la Berlinale, un festival dominado numéricamente por producciones del país vecino y al que el cine español se incorporará mañana, en la recta final de la lucha por los Osos.

"La nostalgia es mi lenguaje cinematográfico de adopción", afirmó el director francés Mikhaël Hers acerca de su película, donde todo apunta a ese factor, desde la música hasta las voces radiofónicas que se escuchan o las imágenes de archivo que intercala a la ficción.

Gainbourg, en el papel de una mujer recién separada, con dos hijos adolescentes y una muchacha de la calle acogida en el trastero de la casa -Noée Abita-, es la principal transmisora del sentimiento de vulnerabilidad y la melancolía, tanto cuando ríe como si llora.

"Es un personaje en busca de la felicidad, aunque no sabe exactamente cómo alcanzarla o hasta qué punto ello implicará nuevas sacudidas en su vida", explicó la actriz francesa.

Una Emmanuelle Béart masculinazada es su jefa en el programa radiofónico nocturno donde trabaja y por el que deambulan invitados, o pasajeros de la noche desvalidos. "La radio tenía por entonces el monopolio de la noche", explicó el director parisino.

Entre esos personajes necesitados de ternura estará Talulah, la muchacha a la que deja entrar Gainsbourg en su casa, sin calibrar sus posibles efectos en el hijo que quiere ser poeta o sobre ella misma.

Hers lanza su cámara por el París de los 80, partiendo de la victoria electoral del socialista François Mitterrand, en 1981. Retrata la euforia de esa noche y reproduce la estética de entonces, hasta adoptar para su película un tono deliberadamente descolorido, a imagen de las fotos de entonces.

Su película redondeó la nutrida presencia del cine francés -o francófono, si se le suman el filme la canadiense "Un éte comme ça", de Denis Coté, aún por descubrir- entre el total de 18 aspirantes a los Osos del festival.

Había abierto la ronda, el pasado jueves, un "Peter von Kant" donde François Ozon convierte en drama de celos y dominio entre dos hombres homosexuales las "Amargas lágrimas de Petra von Kant", de Rainer Werner Fassbinder.

No tiene el factor transgresor que, en 1972, supuso la historia de amor lésbico filmada por el fallecido director alemán, pero se recibió como un tributo del francés a su "hermano mayor" cinematográfico.

De Francia llegaron también las necesarias dosis de estrellato intrínsecos a todo festival -como Juliette Binoche y Vincent Lindon, pareja de lujo al frente de "Avec amour et acharnement", o Valeria Bruni Tedeschi, en "La Ligne", un film que se atreve a plantear la figura de una hija como brutal maltratadora de su madre-.

Incluso algo de francés tenía la película de la alemana Nicolette Krebitz "A E I O U - A quick alphabet of Love"-, una historia de amor entre una actriz de 60 años y un adolescente que de robarle el bolso de un tirón pasa a ser su alumno, en clases de dicción interpretativa.

Ella es una sesentona de cuerpo joven, elegante, agria e inteligente. Él, un talento teatral por pulir, con el que pasa del Berlín donde viven a un casino de la Costa Azul.

LA MÁS HERMOSA HISTORIA DE AMOR CHINA

El cine asiático conmovió en esta jornada de domingo con "Yin ru chen yan" -"Return do dust"-, dirigida por Li Ruijun, que convierte en una historia de amor y respeto lo que arranca de un matrimonio concertado por la familia entre dos desventurados: una mujer estéril e incontinente y un agricultor que empieza a ser demasiado viejo para seguir solo.

Juntos levantarán de la nada un hogar, lo que en la China rural consiste en convertir el fango en ladrillos, secarlos al sol y construir la casa sobre un solar que tal vez se lleve poco después la excavadora, por orden de los planes estatales y la expropiación forzosa.

Era la tercera película de la jornada, pero logró encontrar su espacio y tocar la fibra en una Berlinale "comprimida" en seis días, en lugar de los diez habituales.

LA RECTA FINAL ESPAÑOLA

El jurado presidido por el director estadounidense M. Night Shyamalan repartirá el miércoles sus Osos. Al cine español le corresponde entrar en liza en la recta final. Mañana lunes se estrenará "Un año, una noche", de Isaki Lacuesta y con Nauel Pérez Biscayart en el papel protagonista. Le seguirá, el martes, "Alcarràs" de Carla Simón.

La directora (Barcelona, 1986) llega a esta Berlinale tras haber ganado el premio a la ópera prima en su edición de 2017 con "Estiu 2017". Lacuesta (1975, Girona) lo hace con una producción hispano-francesa, que parte del trauma del atentado yihadista contra la sala parisina "Bataclán". EFE gc/psh   (foto) (video)

El caballero blanco


 Steinmeier, la personificación del consenso alemán

Gemma Casadevall

Berlín, 13 feb (EFE).- El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, fue reelegido hoy para el cargo, cinco años después de acceder al puesto como candidato de consenso de la conservadora Angela Merkel y ratificado ahora con el socialdemócrata Olaf Scholz en la Cancillería.

Steinmeier, de 66 años, obtuvo un amplio respaldo de la Asamblea Federal, la cámara mixta integrada por los diputados del Bundestag (cámara baja) y delegados de los "Länder" (estados federados), cuya única función es reunirse para elegir al primer cargo representativo del país.

De origen socialdemócrata, aunque formalmente dejó en suspenso su militancia al acceder a la Presidencia, personifica el consenso como forma de hacer política de la primera potencia europea.

Desde que entró en la alta política federal ha conocido tres cancilleres: primero fue el hombre a la sombra del socialdemócrata Gerhard Schröder (1998-2005), luego ministro y también rival de Merkel (2005-2021) y ahora ha visto cómo la socialdemocracia recuperaba el poder, a través de Scholz.

Con cada uno de estos jefes de gobierno se comportó como un político leal, lo que en el caso de Merkel llevó a extremos difíciles de imaginar en otros contextos.

Accedió a la presidencia en 2017, como sucesor del pastor protestante y disidente en tiempos de la Alemania comunista Joachim Gauck.

Ya entonces contó con los votos del bloque conservador de Merkel y de sus socios socialdemócratas, así como de los opositores liberales y verdes. Había sido ministro de Exteriores del primer y del tercer gobierno de Merkel y estaba entre los políticos mejor valorados del país.

Su carácter cordial, así como sus dotes diplomáticas, le predestinaban al puesto de presidente del país, un cargo que en Alemania se identifica con la neutralidad y al que se atribuye carácter de autoridad moral.

Nacido el 5 de enero de 1956 en Detmold (centro del país), Steinmeier ingresó en el Partido Socialdemócrata (SPD) en 1975, pero no hizo carrera en la formación hasta convertirse en 1991 en asesor de Schröder, por entonces primer ministro del "Land" de Baja Sajonia.

De ese puesto pasó al de secretario de Estado de la Cancillería y en julio de 1999 al de ser jefe del departamento, un puesto clave, ya que dirige el gabinete del jefe del Gobierno.

Desde esta discreta posición coordinó la política gubernamental, incluidos los servicios de inteligencia, y organizó la Agenda 2010, el duro plan de reformas sociales, que parte del electorado del SPD encajó como una traición.

Con la derrota de Schröder, en 2005, saltó al puesto de ministro de Exteriores de la gran coalición de Merkel. Fue el jefe de la diplomacia alemana perfecto para la canciller, ansiosa de mostrar una Alemania poderosa, pero conciliadora.

Cuatro años después, tras imponerse al ala más izquierdista del SPD, fue designado candidato a la Cancillería en las elecciones generales. Cayó ante Merkel y hundió a su partido en lo que, por entonces, fue su peor resultado histórico en unos comicios generales.

Pasó a liderar a la oposición en el Bundestag (Parlamento federal), mientras Merkel recuperaba como socio de gobierno a su teórico aliado natural, el Partido Liberal (FDP).

En las siguientes generales de 2013, fueron los socios liberales los castigados por las urnas, mientras Merkel afianzaba su poder. La canciller conservadora volvía a la gran coalición, con Steinmeier en Exteriores.

Pese a ser un socialdemócrata, Merkel le respaldó para suceder al independiente Gauck. Meses después de acceder a la Presidencia, Steinmeier dio una prueba de lealtad que puso contra las cuerdas a Martin Schulz, el último socialdemócrata que trató de derrotar en las urnas a Merkel.

Schulz había arrastrado al SPD al siguiente récord a la baja. Se negaba a tantear siquiera otra gran coalición con Merkel, pese a ser la única mayoría estable posible para evitar unas elecciones anticipadas.

Intervino ahí Steinmeier. Tras varias reuniones a puerta cerrada en el Palacio de Bellevue, la sede presidencial, Schulz accedió al siguiente pacto de coalición, sin él en el Gobierno ni al frente del SPD. Steinmeier, el exsoldado del socialdemócrata Schröder, fue el mejor aliado de la conservadora Merkel.

En lo privado, Steinmeier responde al perfil de estabilidad: está casado desde 1995 con la jurista Elke Büdenbender, a la que en 2010 donó un riñón para un trasplante, y con la que tiene una hija. EFE

gc/jam/fpa



sábado, 12 de febrero de 2022

Juliette, como siempre


 

Binoche se desdobla entre el buen y el mal amor en la Berlinale


Gemma Casadevall

Berlín, 12 feb (EFE).- La actriz francesa Juliette Binoche se apoderó hoy del protagonismo de la jornada en la Berlinale con "Avec amour et acharnement", bajo la dirección de Claire Denis y con Vincent Lindon compartiendo la historia de una mujer perfecta que se desdobla entre el buen y el mal amor.

Binoche lleva al extremo, también en lo físico, su interpretación de Sara, una mujer enredada entre el pasado y el presente. Lindon es su pareja estable, el hombre enamorado que la mira con los ojos de quien sabe que no puede haber mujer más hermosa en el mundo; Grégoire Colin interpreta el desafío del pasado.

"Podría haber optado por obviar el confinamiento. Pero por otro lado, por qué hacerlo. Está ahí, nos marca el presente, da una dimensión distinta al reencuentro", explicó ante los medios del festival Denis. La mascarilla es casi un elemento interpretativo en su filme y parte de lo cotidiano en sus personajes, como en cualquier ciudadano europeo.

El guión de "Avec amour et acharnement" es el tercero que escribe en colaboración con Christine Angot, uno de los ellos para la película "Un beau soleil intérieur", con Binoche.

"El amor puede sacar el animal que llevamos dentro", explicó la actriz respecto a su papel en el filme. El reencuentro o el punto de inflexión que rompe la aparente armonía de Sara es con François -el personaje de Colin-.

La Sara de Binoche será una mujer feliz, de vacaciones en la plaza, lucirá un discreto bañador negro. En la cama del apartamento parisino, se entregará al espectador con valentía interpretativa.

La actriz francesa, asidua al festival, estaba destinada a eclipsar cualquier otra presencia en la Berlinale. Es un imán mediático como ya lo fue en su anterior aparición, en 2019, entonces como presidenta del jurado.

Para el cine anfitrión la atención estaba centrada en "Rabiye Kurnaz versus George W. Bush", dirigida por Andreas Dresen, un realizador querido en la casa. La película con la que aspira ahora al Oso se centra en el caso real de un germano-turco, Murat Kurnaz, quien pasó casi cinco años en Guantánamo.

Dresen convierte en heroína a Rabiye, la madre coraje turca que de pronto está moviendo cielo y tierra, en medio de la inoperancia del gobierno del entonces canciller, el socialdemócrata Gerhard Schröder, y su ministro de la Cancillería, ahora presidente del país, Frank-Walter Steinmeier.

Kurnaz era ciudadano de Bremen (norte de Alemania), hijo de inmigrantes de una familia integrada. Pero no tenía la ciudadanía alemana y cuadraba en el perfil de "yihadista", por lo tanto no había por qué interceder. Quedó en tierra de nadie, como lo es Guantánamo en lo judicial.

Una película destinada a sacar los colores a la élite política alemana. Más aún cuando su estreno se producía la víspera de la prevista reelección de Steinmeier, mañana domingo, por parte de la Asamblea Federal. Steinmeier era por entonces ministro de la Cancillería de Schröder y, por tanto, coordinador de sus servicios secretos. El Kurnaz real sigue exigiendo hoy una disculpa.

SUTILEZAS ASIÁTICAS BAJO EL RÉGIMEN

El dilema entre el amor pasado y el presente deriva en encontronazo con Binoche. Mucho más delicadamente resuelve un problema parecido la indonesia "Nana", de Kamila Andini.

También en esta aspirante asiática a los Osos se genera un desdoblamiento entre el pasado y el presente. Nana es una mujer marcada la tragedia desde el secuestro y decapitación de su padre a su propia huida de la banda captores que pretenden obligarla a un matrimonio.

El filme se desarrolla en la Indonesia postcolonial de los años 60, entre la presidencia del revolucionario nacionalista Sukarno y el golpe de Estado del general Suharno.

Nada en el matrimonio actual de Nana refleja esas convulsiones. Es una esposa sumisa, pero venerada por su acaudalado marido, que descubre en otra mujer tan bella como ella misma, pero más joven, a alguien destinado a relevarla en su hogar.

Ambas se recogen su larga melena en una aguja para el cabello idéntica. Pero en lugar de encajar esa coincidencia como la clave de la infidelidad del marido lo convierten en una vínculo; Nana aprende de la mujer más joven la capacidad de ser libre, incluida la decisión entre el marido del pasado y el del presente.

Es una película en la que mecerse, donde hasta lo que parecía abrupto resulta elegante. Un regalo para los sentidos, como los arreglos de flores frescas que la hermosa mujer, ya menos joven, reparte por su hogar para recibir a otras mujeres acomodadas como ella o a su insidiosa suegra. EFE

gc/psh

(foto) (video)

El caso Kurnaz, por el amigo Andreas

 


Alfombra roja a Rabiye, madre coraje turca de un preso alemán en Guantánamo

Gemma Casadevall


Berlín, 12 feb (EFE).- La alfombra roja de la Berlinale se tendió hoy para "Rabiye Kurnaz versus George W. Bush", la película dirigida por el alemán Andreas Dresen que, a partir de una "madre coraje" turca, recupera el caso real de Murat Kurnaz, un germano-turco que pasó casi cinco años preso en Guantánamo.

"Esta película es fruto de un camino largo", explicó Dresen, aspirante al Oso por parte del cine anfitrión, con una película que no solo denuncia "la arbitrariedad, las torturas" de la cárcel instalada por EEUU en Cuba, sino también la actitud del gobierno alemán de entonces.

Quien, como Murat, caía en 2001 en Guantánamo "tenía ante sí cero perspectivas de una solución judicial", explicó Dresen. Su película recuerda que siguen ahí 39 presos, 20 años después de los atentados del 11-S contra Estados Unidos.

Tal vez Murat Kurnaz habría quedado enredado en un "tierra de nadie judicial", de no haber sido por Rabiye: una turca de pelo teñido, glotona, entusiasta y pletórica de energía, que sale en busca del hijo.

El filme respira y vive a través de Rabiye, una ciudadana de Bremen de 44 años, que un día de 2001 recibe una llamada de su hijo desde Fráncfort, en que le explica que parte para Karachi. No lo recuperará hasta 1.786 días después, cuando lo abraza en Ramstein, la ciudad alemana donde EEUU tiene la mayor de sus bases en Europa.

Rabiye -Meltem Kaptan- habrá removido hasta entonces cielo y tierra en su busca. Lo hará desde su posición de simple madre de tres hijos, casada con uno de tantos turcos llegados a Alemania a trabajar, cuyo sueño era conducir un Mercedes y que nunca había oído hablar de Guantánamo.

Primero buscará pistas de su hijo en la mezquita de Bremen donde, sospecha, le radicalizaron. Luego acudirá a la policía alemana. De ahí irá a parar a un abogado luchador -Alexander Scheer-, con quien viajará primero a Turquía, por ser esa la nacionalidad de su hijo, y luego a Washington.

Es una mujer casi inmune al desaliento, que piensa que puede llegar a entregar una carta al ministro de Justicia turco o al presidente de Estados Unidos. Disfruta el champagne que le ofrecen en su vuelo en primera clase -pagado por una ONG estadounidense- y llora cuando piensa en Murat, enjaulado como un animal en esa cárcel ilícita que para ella no existía.

Dresen, director al que la Berlinale lanzó internacionalmente en 2002 con el Oso de Plata por "Halbe Treppe", imprime a su madre coraje turca esa ternura, a veces ingenua, que caracteriza su cine. El personaje real -interpretado por Abdullah Emre Özturk- no aparece hasta los minutos finales, puesto que, al fin al cabo, lo que se describe es su ausencia.

UN PRESO COMPLEJO PARA BERLÍN

Rabiye es la madre del "talibán alemán", como denominó a Murat la prensa sensacionalista. El entonces gobierno socialdemócrata-verde del canciller Gerhard Schröder se desentendió del caso, con el argumento de que Murat no adoptó nunca la nacionalidad del país donde creció.

Las autoridades de Bremen le retiraron incluso el permiso de residencia, seis meses después de ingresar en Guantánamo, con el argumento de que no se preocupó por "tramitar" su renovación.

Murat sigue esperando "una disculpa" de las autoridades alemanas, recordó Dresen. Especialmente deseable sería, según el cineasta, una "reflexión" del presidente del país, Frank-Walter Steinmeier.

El estreno del filme se produce en la víspera de la previsible reelección por parte de la Asamblea Federal de Steinmeier, quien ocupa ese cargo desde 2017 y al que respaldan tanto su Partido Socialdemócrata (SPD) como el bloque conservador, además de verdes y liberales.

Steinmeier era ministro de la Cancillería de Schröder en el periodo en que discurre el filme. El Murat Kurnaz real le responsabilizó tras su liberación de lo ocurrido, ya que entre sus atribuciones estaba la coordinación de los servicios secretos de la Cancillería; según investigaciones periodísticas, el espionaje no solo no intervino a favor de su liberación, sino que incluso la obstaculizó.

Kurnaz fue detenido a finales de 2001 en Pakistán, seguidamente trasladado a Afganistán y desde allí pasó a Guantánamo. Fue liberado en agosto de 2006, un año después de la llegada al poder de Angela Merkel, de quien Steinmeier se convirtió en ministro de Exteriores. EFE

gc/amg



viernes, 11 de febrero de 2022

Bruni Tedeschi o Natalia

 La Berlinale se centra en la mujer, víctima o generadora de violencia

Gemma Casadevall




Berlín, 11 feb (EFE).- La mujer, como víctima o también como generadora de violencia, centró hoy la sección oficial de la Berlinale, con la película "La ligne", de la franco-suiza Ursula Meier, y de "Robe of Gems", ópera prima de la boliviano-mexicana Natalia López Gallardo.

El terror reflejado en los ojos de Valeria Bruni Tedeschi mientras recibe una brutal paliza de otra mujer es el arranque de "La Ligne". La agresora es su hija -Stéphane Blanchoud-, una mujer cuya furia no logran contener por la fuerza física dos hombres.

El título del filme se remite a la orden de alejamiento a que queda sujeta esa hija maltratadora, convertida luego en la franja azul que pinta en un radio de 100 metros alrededor de su casa su hermana menor (Elli Spagnolo).

"Suele tratarse poco la violencia entre mujeres. Tardé en resolver el dilema de si plantear la historia con un maltratador masculino. Finalmente opté por esta confrontación extrema, madre e hija", explicó la directora, tras su estreno en la segunda jornada de la Berlinale.

Bruni Tedeschi interpreta a una aburguesada exconcertista de piano que, a punto de convertirse en una abuela joven, se comporta como una diva inmadura entre parejas cambiantes. La última será un muchacho con formato de guardaespaldas, que, además de amor, ofrece musculatura para defenderla de su hija.

La paliza deja casi sorda a la madre y, por tanto, inhabilitada para siquiera dar clases de piano. La línea azul se convierte en el hilo conductor entre la hija violenta y su hermana menor, a la que la primera acompaña a la guitarra en su clase diaria de canto, al otro lado de los 100 metros estipulados.

"Mi personaje no tiene por qué generar simpatía, pese a ser la víctima", explicó Bruni Tedeschi. La pianista genial fue un desastre como madre -y lo será como abuela-, mientras que Blanchoud genera la empatía hacia la agresora necesitada de auxilio que ve en ella Meier.

La directora suiza acude a la Berlinale tras haber ganado ahí, en 2012, un Oso de Plata con "L'enfant d'en haut".

Compartió jornada a competición con la debutante López Gallardo y su "Robe of Gems" -o "Manto de gemas"-, una producción mexicano-argentina, rodada en el México más pobre, donde desapareció toda línea divisoria entre criminales o autoridad, víctimas o victimarios.

"Mi película empezó a fraguarse en conversaciones con mujeres que perdieron a sus hijos y acuden a la policía", explicó la realizadora. Parte de una mujer de clase alta, Isabel, que acude a la casa venida a menos de su elitista madre y trata de ayudar a María, una sirvienta que busca a su hermana desaparecida.

"Isabel es una mujer inadecuada, que trata de ayudar, ser para acabar siendo aún más inadecuada", explicó sobre su personaje la actriz mexicana Nailea Norvind. María o Isabel son dos de los rostros de mujer atravesados por la violencia, lo mismo que una jefa de la policía local que trata de no ser corrupta.

"Confío en el lenguaje cinematográfico", explicó la directora de "Robe of gems", un filme que exige mucho del espectador, al que corresponde tratar de ver aquello que apenas de vislumbra o entender frases apenas formuladas.

UN APOCALÍPTICO PAHN Y LA DECREPITUD DE SEIDL

A las dos directoras y sus distintas versiones sobre la violencia sobre la mujer, en la acomodada Suiza o el México empobrecido, siguió "Everything will be ok", un apocalíptico film del camboyano Rithy Panh, que mezcla imágenes de archivo y animación.

"Nada saldrá bien", sería un título más ajustado a una película en que estatuas de barro, sean monos o cerdos, toman del poder en una revolución de las bestias con patrones parecidos a los tiranos humanos que derribó.

Regresó así Pahn al festival del que en 2020 recibió el premio al mejor documental con "Irradiés", su impactante denuncia contra las armas de exterminio masivo.

Su colega austríaco Ulrich Seidl, otro habitual en festivales europeos, presentó "Rimini", una película que, si algo no despierta, es interés turístico por esa ciudad italiana. Su protagonista es Richie Bravo, un decrépito cantante de "schlager" -como se denomina en el ámbito germano-parlante a un género de canción melódica bastante trasnochado-.

Bravo (Michael Thomas) subsiste con sus galas ante una docenas de jubilados en un Rimini azotado por los vientos y heladas, adonde llega apenas ese turismo de temporada baja. Es un paisaje de bloques de apartamentos vacíos, hoteles cerrados y africanos durmiendo en las aceras, donde Richi redondea sus menguantes ingresos ejerciendo de gigoló a antiguas "groupies".

Lo que empieza como un magnífico retrato de un perdedor se pierde, sin embargo, entre historias paralelas -una hija casi desconocida que aparece para extorsionarle, el geriátrico del padre, un nostálgico del nazismo-. EFE

gc/jls