jueves, 10 de marzo de 2022

Entierro público

 Berlín i Washington deixen a terra els MiG-29 polonesos

Kamala baja a tierra

 



Harris zanja el disenso con Varsovia por los MiG-29 y se vuelca en la ayuda humanitaria

Joana Serra


Washingon y Varsovia estaban ansiosos por enterrar el disenso desatado por la oferta polaca de entregar sus MiG-29 a Ucrania. Y lo resolvieron en la visita de Kamala Harris al país que ha recibido más de 1,4 millones de desplazados desde el inicio de la invasión rusa. “El mundo está mirando a Polonia”, afirmó la vicepresidenta de Estados Unidos ante el presidente polaco, Andrzej Duda, quien calificó de “genocidio” la brutal invasión de Ucrania por parte de Rusia. Estados Unidos aportará 50.000 millones de dólares al Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, anunció a continuación Harris desde Varsovia. Es un paquete de ayuda que seguirá a los 13.600 millones de euros ya aprobados por la Cámara de Representantes de EE.UU, a petición de la administración de Joe Biden. La mitad se destinará a ayuda directa a los refugiados y a compensar los esfuerzos de los países que los acojan.

Polonia, país que se ganó la reputación de insolidario, a escala europea, por su rechazo a acoger refugiados en la crisis migratoria de 2015 y también los que llegan a través del Mediterráneo, está dando lecciones de solidaridad ahora. “Están en juego los principios de la Alianza y la defensa de la integridad territorial, en este caso de Ucrania”, aseguró Harris, para repetir a continuación lo que ha sido el “mantra” de Biden o del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg: “No cederemos ni una pulgada”, en referencia obviamente al territorio de los países de la Alianza.

Suficientemente claro fue también el mensaje de Harris en dirección a Duda y al primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, en relación a la negativa tajante –también de Biden o de Stoltenberg- a convertirse en “parte” del conflicto. Es decir, a entrar activamente en la defensa de Ucrania.

Prestar los aviones de combate MiG-29 a Ucrania entrañaría “un gran riesgo”, concedió Harris, a preguntas de los periodistas, en un tema que se había vuelto espinoso. La oferta de Varsovia de entregar sus 28 aparatos de este modelo de fabricación rusa a Ucrania, los únicos para los que han recibido instrucción militar los pilotos ucranianos, había causado ampollas en la OTAN. Harris aterrizó en Polonia cuando ya desde Washington se había calificado de “insostenible” esa propuesta, lanzada el martes y finiquitada unas horas después por el gran socio transatlático.

También la había rechazado de plano el canciller alemán, Olaf Scholz, cuyo país además se habría visto comprometido por la operación. La idea de Varsovia era trasladar sus MiG a la base estadounidense de Ramstein, en suelo alemán, para recibir a cambio F16 usados estadounidenses.


Schröder, una afrenta o un mediador

Berlín tiene sus propios dilemas a resolver. Especialmente, en lo que compete al Partido Socialdemócrata (SPD) de Scholz. Diez de sus líderes -los presidentes actuales, Saskia Esken y Lars Klingbeil, más ocho exjefes del partido- apremiaron por carta al excanciller Gerhard Schröder a romper con Vladímir Putin. La relación pasada y presente entre ambos políticos es más que una vergüenza para el partido de Scholz. Schröder fue mientras estuvo en el poder -de 1998 a 2005- amigo y aliado político de Putin. De esos vínculos surgió el gasoducto Nord Stream, que el propio Schröder suscribió unos meses antes de caer derrotado antes la conservadora Angela Merkel en las elecciones anticipadas de 2005. Pocos meses después de dejar el poder, Schröder se puso al frente del consejo de administración de Nord Stream, cargo que sigue ocupando, junto con el del consejo del consorcio energético ruso Rosneft. Está designado para integrarse en el de Gazprom en junio.

Es más que un lamparón para el conjunto de la familia socialdemócrata. De esa relación -pasada y presente- se deriva que la Alemania actual dependa del gas ruso. Un 50 % del gas que importa Alemania procede de Rusia; lo mismo ocurre con el petróleo y el carbón.

En medio de las presiones sobre Schröder y los apuros de su partido, el excanciller parece buscar la rehabilitación. En medios alemanes se aseguraba que había viajado a Moscú para tratar de mediar ante Putin. Por cuenta propia, sin consensuarlo ni con su correligionario Scholz ni con su partido, según fuentes del Ejecutivo y del SPD.

miércoles, 9 de marzo de 2022

Traspiés polaco

 

 

EE.UU. y Alemania dejan en tierra los MiG-29 polacos

Joana Serra


“Tenemos que reflexionar muy en serio sobre lo que podemos ofrecer. Y en esto, con seguridad, no entran los aviones de combate”, zanjó este miércoles el canciller alemán, Olaf Scholz, en una comparencia junto a su homólogo canadiense, Justin Trudeau, mientras seguía el revuelo causado por la oferta polaca de entregar sus MiG-29 a cambio de F-5 usados de Estados Unidos y en apoyo de Ucrania.

La oferta había sido formulada el martes por el ministro de Exteriores polaco, Zbigniew Rau. El lugar propuesto para el cambio era nada menos que Ramstein, la mayor base de Estados Unidos en Europa, en territorio alemán y de uso conjunto para la OTAN.

Aparentemente Varsovia accedía con ello a la reiterada petición del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que reclama aviones de combate. Los MiG-29, de fabricación rusa, son los únicos entre los disponibles entre los socios europeos de la Alianza para los que están entrenados los pilotos de su país. Solo tres miembros europeos de la OTAN disponen de estos aparatos –Polonia, Bulgaria y Eslovaquia--. Varsovia buscaba una respuesta conjunta, para no convertirse unilateral y automáticamente en el siguiente enemigo prioritario de Moscú.

La receta buscada por Varsovia para prestar indirectamente esos aviones a Ucrania implicaba suelo y espacio aéreo alemán. Hasta Ramstein proponía trasladar Rau los MiG-29 polacos, a cambio de obtener los F-15 estadounidenses. No especificaba cómo iban a entrar los cazas de fabricación rusa en servicio. Es decir, en qué momento entrarían en acción los pilotos ucranianos.

El conjunto de la OTAN ha dejado claro que no actuará ni enviará tropas a Ucrania, puesto que eso implica convertirse en parte del conflicto. Es la frase que han pronunciado prácticamente a diario el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, o el presidente de EE.UU., Joe Biden. Pretender que encima el préstamo de los MiG-29 implicara hacerlo desde suelo –y espacio aéreo-- alemán era descabellado.

El portavoz del Departamento de Defensa de Estados Unidos, John Kirby, lo desmanteló ya el mismo martes, al calificar la propuesta de Varsovia de “movimiento por sorpresa”, afirmar que implicaba "serias inquietudes para la Alianza" y concluir que no es "sostenible".

“Nuestro objetivo es apoyar a Ucrania, no contribuir a una escalada del conflicto”, apuntó Trudeau, en su comparecencia junto a Scholz.

El primer ministro canadiense está en plena gira europea. El martes estuvo en una base de la OTAN en Letonia junto a Stoltenberg y el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez. Del flanco este báltico voló a Berlín y de ahí seguirá el viernes hasta Polonia.

El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, trató de limar asperezas al asegurar, en una visita de una horas a Viena, que la decisión de entregar los MiG-29 polacos para ser usados en Ucrania es algo que atañe a la OTAN en su conjunto. En Varsovia le esperaba la vicepresidenta Kamala Harris, asimismo de visita por Europa en representación del gran aliado transatlántico.

martes, 8 de marzo de 2022

Karlsruhe, Putin o tal vez Schröder

 

La fiscalía alemana investiga por crímenes de guerra a Rusia

Joana Serra



La Fiscalía General de Alemania se plantea aplicar el principio de la Justicia Universal a la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Recaba información de forma sistemática sobre presuntos crímenes de guerra, incluidos testimonios entre los casi dos millones de refugiados que hasta ahora ha generado el conflicto. Por crímenes de guerra se entienden desde bombardeos a objetivos civiles, como bloques de edificios u hospitales, a ataques contra otras infraestructuras de uso civil.

El primer paso ha sido la apertura de un procedimiento estructural, según informó el ministro de Justicia, el liberal Marco Buschmann, al diario “Passauer Neue Presse”. Ello posibilita abrir sumario sin imputados concretos, con el objetivo de que tenga el más amplio espectro posible para futuras acusaciones formales.

Es un procedimiento que se ha utilizado ya en crímenes de guerra en Siria o contra el terrorismo islámico. Alemania aplicó por primera vez el principio de Justicia Universal contra crímenes de lesa humanidad para condenar, en febrero del año pasado, por complicidad en torturas sistemáticas a un exagente de los servicios secretos del presidente Bachar al Asad. En base a ese precedente se está juzgando ahora a un médico, imputado en la maquinaria del régimen de Asad.

El principio de la Justicia Universal, al que Alemania se adhirió en 2012, se fundamenta en la premisa de que a ningún criminal de guerra le asiste la inmunidad,no importa dónde se encuentre. Es decir, que los cargos imputados no tienen por qué estar relacionados con el país donde se imparte Justicia –en este caso, Alemania-.

La Fiscalía General alemana tiene hasta ahora dos demandas por crímenes de guerra relacionados por la guerra en Ucrania. Las formalizaron la exministra de Justicia Sabine Leutheusser-Schnarrenberg y el exministro de Interior, Gerhard Baum. Ambos son miembros del Partido Liberal (FDP) y, por tanto, correligionarios de Marco Buschmann, el actual titular de Justicia del gobierno de Olaf Scholz.

El procedimiento iniciado por la Fiscalía alemana se suma al sumario por crímenes de guerra contra Rusia abierto oficialmente la semana pasada por el Tribunal Internacional de La Haya, al que no acudió ningún representante ruso.

domingo, 6 de marzo de 2022

Wir schaffen das

 

Alemania, ante una crisis migratoria imprevisible

Joana Serra






Alemania empezó a tratar de calcular lo que claramente escapa a todo pronóstico: cuántos desplazados acogerá, en medio de un drama colectivo plasmado principalmente en rostros de mujeres y niños. El gobierno del canciller Olaf Scholz ha garantizado que recibirá y atenderá a cuantos lleguen al territorio alemán, pero recordado al mismo tiempo que es un compromiso asumido enteramente por los 27 socios de la Unión Europea (UE). Algo que, hasta ahora, no ocurrió en ninguna crisis migratoria, fuera precipitada por la guerra en Siria o por quienes huyen de la miseria u otros conflictos a través del Mediterráneo.

Berlín rehúye hacer pronósticos en voz alta, pero el semanario “Der Spiegel” sacó a relucir este fin de semana la cifra de 225.000, procedentes según esta publicación de un informe interno del Gobierno. Advertía a continuación que eran cálculos realizados sobre las estimaciones iniciales de la ONU. Es decir, cuando calculaba en 1,5 millones el número total de desplazados que se derivaría de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Esa cifra surgió tres días después del 24 de febrero, el día en que se materializó la ofensiva. De ahí se había pasado a mediados de la semana anterior a los cuatro millones de ucranianos -de los 44 millones de habitantes que tenía el país-. El viernes se hablaba ya de diez millones. Es decir, que según estos cálculos provisionales e in crescendo más de una cuarta parte de la población de Ucrania abandonará su país.

No hay cálculo posible. Solo la realidad del suma y sigue diario de las personas que ya han salido efectivamente del territorio ucraniano por el conflicto, que el domingo había escalado ya a los 1,4 millones.

El destino prioritario ha sido hasta ahora Polonia, el mayor país vecino del bloque comunitario, al que han llegado más de 800.000 ucranianos. El resto se reparte entre los otros países europeos fronterizos -Hungría, Rumanía y Eslovaquia, además de Moldavia, este último fuera del bloque comunitario.

No hay precedentes en la historia moderna de una diáspora parecida en Europa y en tan corto lapso de tiempo. La regulación adoptada a escala de la Unión Europea, que libera a los ucranianos del procedimiento de solicitud de asilo, agiliza su acogida dentro del territorio comunitario, así como su libertad de movimiento, también para buscar trabajo, dentro de este ámbito. Algo que no ocurrió en la crisis migratoria de 2015 a 2019, cuando quienes huían de la guerra eran principalmente sirios. Quienes llegan a las estaciones polacas, rumanas, eslovacas o húngaras no topan, al menos, con ese obstáculo. Cargarán con el trauma de todo lo que han dejado atrás, incluido el esposo, el padre, el hermano, el hijo o el novio, si es que éste estaba entre los 18 y los 60 años. Los hombres entre esas edades están “movilizados” y no pueden abandonar Ucrania. Muchos rostros de las mujeres que llegan a las estaciones llevan plasmado no solo el horror por la guerra o los bombardeos, sino el trauma de una separación que puede ser para siempre.

Las columnas de mujeres y niños que llegan estos días a las estaciones del centro o este de Europa son distintas a las que acogió Alemania en 1992 o en 2015, las dos grandes crisis migratorias más recientes en esa parte del continente. En 1992, Alemania recibió unos 450.000 refugiados, mayoritariamente bosnios que huían del conflicto de los Balcanes. La potencia europea acogió así a más desplazados que el resto de la UE junta. Lo mismo ocurrió en 2015, con el cerca del millón de solicitantes de asilo que acudieron a Alemania mientras otros socios comunitarios cerraban sus fronteras.

Ahora ni Polonia ni Hungría se cierran. Al contrario, tanto sus autoridades como su población se han volcado a acoger a esas personas del país vecino. Una ola de solidaridad desconocida recorre Europa, facilitada por distintos factores culturales, sociales e incluso religiosos, tal vez raciales. Han desaparecido las trabas burocráticas, Europa en bloque ha reaccionado como no lo hizo hasta ahora. Las imágenes de manifestaciones de apoyo, conciertos y la acogida solidaria es multiplican. Es un drama colectivo desatado hace apenas once días, donde cualquier estimación o cálculo se cae al día siguiente.

Mujeres, niños y montañas de ropa o juguetes

 Berlín se abre a una ola de refugiados que recuerda más a 1945 que a 2015

Gemma Casadevall


Berlín, 6 mar (EFE).- La llegada de refugiados ucranianos devuelve a las estaciones de trenes de Berlín y Múnich imágenes similares a las de la crisis migratoria de 2015, aunque para muchos alemanes el referente es 1945, cuando no eran familias enteras las que buscaban dónde quedarse, sino mujeres y niños.
Unos 11.000 ucranianos llegaron el sábado a la Hauptbahnhof -estación central- de Berlín. El martes, la cifra fue de 350. Este domingo se esperaba a 15.000, según la Deutsche Bahn -compañía de ferrocarriles-.
Se han dispuesto trenes especiales desde Frankfurt del Oder, ciudad fronteriza con Polonia, a una hora de Berlín en ferrocarril para agilizar su llegada a Berlín, desde donde muchos seguirán viaje -gratuitamente- hasta otros puntos de Alemania.
Todo discurre con bastante agilidad, aunque desde la DB advierten de que están al borde de sus capacidades. No por la llegada de desplazados, sino por la presencia creciente de voluntarios, más centenares de ciudadanos que acuden a la estación con carteles ofreciendo alojamiento en su casa a quienes llegan.
Múnich, la ciudad que, en 2015, recibió de forma similar a los primeros trenes de refugiados, en la crisis precipitada por la guerra en Siria, empezó asimismo a desplegar otro operativo en su Hauptbahnhof.
"La respuesta de la gente es parecida, al menos en la ola de solidaridad de la primera fase", comentó a Efe Kristina Jonavic, de la iniciativa #leavenoonebehind, de apoyo a los refugiados de entonces o de ahora.
La regulación aprobada por la Unión Europea (UE) libera a los ucranianos del procedimiento de petición de asilo que desbordó la burocratizada Alemania en 2015, cuando el país recibió casi un millón de refugiados.
A ello se une que países como Polonia o Hungría, que entonces rechazaron acogerlos, estén ahora volcados a recibirlos -más de 800.000 habían entrado hasta ayer por la frontera polaco-ucraniana-.
No hay cálculos fiables, ni siquiera el que difundía el sábado "Der Spiegel", de estudios internos del gobierno, según los cuales Alemania esperaba a unos 225.000 ucranianos. Fueron estimaciones hechas de cuando la ONU calculaba en cuatro millones el número de desplazados por esta guerra, mientras que ahora se habla ya de diez millones.
"Las imágenes de estas mujeres y niños nos traen a la memoria el destino de tantas familias en 1945", en opinión de Gerd Appenzeller, exdirector y columnista del diario berlinés "Der Tagesspiegel".
Tras la derrota de la Alemania nazi, quienes quedaron sin hogar eran principalmente millones de mujeres y niños. Uno de cada tres de esos niños pasó los primeros años de la postguerra sin padre -porque había muerto en la guerra, porque estaba en un campo de prisioneros o porque huyó-. Ahora
los desplazadosson mujeres con sus hijos, ya que los hombres de entre 18 y 60 años quedaron en Ucrania. Al trauma de la guerra se suma una separación familiar por tiempo indefinido o definitiva.
 
LA BATUTA DE BARENBOIM, SOLIDARIA Y CONTRA CAZAS DE BRUJAS

"Vivimos un tiempo cruel", afirmaba el director argentino-israelí Daniel Barenboim, ante el público de la Staatsoper Unten den Linden -ópera berlinesa-, para dirigir el concierto solidario con Ucrania de este domingo. Entre el auditorio estaban el canciller, Olaf Scholz y la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, patrocinador de un evento cuya recaudación irá al Fondo para Ucrania de la ONU.
Tras recordar la propia diáspora de su familia, llegada a Argentina huyendo de los pogromos nazis- y respaldar la exclusión de artistas "afines" al presidente Vladímir Putin, Barenboim advirtió contra una "caza de brujas" sobre artistas y creadores rusos.
La Staatsoper, de la que Barenboim es director musical desde 1992, canceló esta semana su contrato con la soprano rusa Anna Netrebko. Se sumó así a la suspensión en cascada en toda Europa de los compromisos con esta figura, así como con el director Valeri Guérguiev.
Netrebko y Guérguiev, son notorios entusiastas de Putin. "No mezclemos cultura rusa con política rusa", apremió Barenboim, en su llamada contra una "sospecha generalizada" sobre esos artistas.

LA EMBAJADA RUSA Y EL DESCRÉDITO DE SCHRÖDER

Otro punto de la avenida Unten den Linden es en estos días expresión de repudio a Putin: la embajada rusa, protegida por un cordón policial. Por ahí discurren a diario manifestaciones contra la guerra.
Cada vez están más presentes los mensajes de repudio al excanciller Gerhard Schröder, tan afín a Putin como Netrebko o Guérguiev, además de presidente del consejo de administración de Nord Stream.
La presidencia del Partido Socialdemócrata (SPD), su familia política y la de Scholz, ha instado repetidamente a Schröder a dejar estos cargos. Hasta ahora, sin éxito. EFE gc/amg         (video) (foto)


jueves, 3 de marzo de 2022

Die Bahn



Berlín activa su “puente ferroviario” con Polonia

Joana Serra



Berlín ha activado un “puente ferroviario” con Polonia para canalizar la llegada de refugiados desde ese país a Alemania, al tiempo que incrementa también otras conexiones internacionales para recibir a los desplazados acogidos temporalmente en Rumanía, Eslovaquia o Hungría. El principal –y más fluido-- trayecto es el que va de Frankfurt del Oder, ciudad fronteriza con Polonia, a la capital alemana. Es un recorrido de algo más de una hora, de por sí muy concurrido, que ahora se ha convertido en pieza clave para favorecer la llegada de ciudadanos ucranianos o de otras nacionalidades, pero que tenían residencia fija o temporal en Ucrania.

Polonia ha sido el principal receptor del aproximadamente millón de ucranianos que han dejado su hogar en una semana, desde que empezó la invasión rusa. Más de 575.000 refugiados entraron en territorio comunitario a través de Polonia hasta el jueves, según datos de las autoridades fronterizas polacas.

Muchos de esos ucranianos seguirán hacia Alemania, sea por razones familiares o por considerar que ahí tiene mejores perspectivas de reencauzar su existencia, también en el terreno laboral. El gobierno del canciller socialdemócrata Olaf Scholz se ha comprometido a brindarles esa acogida. Su ministra de Exteriores, la verde Annalena Baerbock, empezó a abordar con los responsables de los poderes regionales cómo se materializará el compromiso, ya que las competencias de la acogida de refugiados y peticionarios de asilo son compartidas entre los “Länder” –estados federados-- y el gobierno federal.

Alemania fue ya el país comunitario que más refugiados acogió entre 1992-1996, en la crisis migratoria derivada de la guerra de los Balcanes. Solo en el primer año de conflicto recibió 320.000 peticionarios de asilo procedentes de Bosnia-Herzegovina. Y volvió a ser el principal receptor dentro de la UE en la gran emergencia humanitaria derivada de la guerra en Siria, al recibir casi un millón de refugiados solo en su año álgido, en 2015.

No hay pronósticos fiables de cuántos de los ucranianos que ahora buscan refugio en los países vecinos seguirán viaje a Alemania. Pero el Gobierno de Scholz ha demostrado que su compromiso hacia Ucrania no se quedará esta vez en la ayuda humanitaria, sino que se extiende al suministro de armas –lo que le convierte, para la retórica de Vladímir Putin, en “país en guerra"--. El fin de semana se aprobó ya un primer suministro de 1.000 lanzagranadas antitanque y 500 misiles antiaéreos. Le seguirá una segunda partida de 2.700 misiles antiaéreos, según trascendió ayer a medios alemanes.

También en medios alemanes se informó de los primeros embargos a oligarcas afines a Putin con propiedades en el país. El más vistoso de ellos sería la inmovilización por parte de las autoridades de Hamburgo del yate “Dílbar”, de 156 metros de eslora y supuestamente el más largo del mundo, propiedad de Alisher Usmanov, del círculo estrecho del presidente ruso.

Mientras, los grandes consorcios automovilísticos, como Volkswagen, Mercedes y BMW, anunciaron la suspensión de sus negocios y exportaciones en Rusia, en línea con las decisiones similares adoptadas por otros gigantes de la empresa privada, como la sueca IKEA.

La guerra, desde la Berlin Hbf


Alemania se implica en la guerra con suministros y refugiados

Gemma Casadevall 


Berlín, 3 mar (EFE).- Alemania ha incrementado en cuestión de días su implicación en la guerra de Ucrania, lo que va de la aprobación de nuevos suministros de armas a los embargos de propiedades de oligarcas, mientras llegan al país los primeros trenes con miles de refugiados.
El cambio de paradigma en la "timidez" en materia de Defensa alemana se produjo el domingo, con el anuncio del canciller Olaf Scholz del incremento al 2 % del PIB del gasto militar. Ya entonces se aprobó un primer envío a Ucrania de 1.000 lanzagranadas antitanque y 500 misiles antiaéreos, a lo que siguió hoy otra partida -2.700 misiles antiaéreos de producción soviética "Strelá", procedentes de la extinta República Democrática Alemana (RDA).
El cambio de rumbo alemán se calificó de giro de 180 grados y se ha materializado en varios pasos. El primero consistió en la aprobación de un envío -a través de Países Bajos- de 400 lanzagranadas, a lo que siguieron nueve obuses también de la RDA -vía Estonia-.
Los primeros transportes de suministros partieron ayer de Alemania hacia Ucrania. Asimismo ayer se procedió a inmovilizar algunos bienes de oligarcas incluidos en las sanciones de la Unión Europea (UE). El más llamativo fue el yate de Alischer Usmanov, confidente del presidente Vladímir Putin, por orden de las autoridades portuarias de Hamburgo.
Se trata, según medios alemanes, del "Dilbar", el yate privado más largo del mundo -156 metros de eslora-. Otras dos embarcaciones de multimillonarios sujetos a sanciones están asimismo inmovilizadas en Hamburgo, ciudad donde Usmanov tiene asimismo varias villas.
Las medidas se extienden asimismo en la empresa privada. El consorcio automovilístico Volkswagen anunció la interrupción de la producción y exportaciones en Rusia, mientras BMW y Mercedes han suspendido asimismo sus negocios en ese país.
 
LOS PRIMEROS TRENES DE REFUGIADOS

La estación central de Berlín, la Hauptbahnhof, desplegó este jueves un amplio operativo para acoger a los miles de ucranianos que empezaron a llegar en tren a la capital alemana. Si el lunes habían llegado unos 350, el miércoles la cifra había superado ya los 2.000, según datos de la Cruz Roja alemana.
Aproximadamente la mitad de ellos se quedan en Berlín, mientras que el resto sigue hacia otras ciudades del país. El viaje es gratuito para todos los ciudadanos ucranianos o personas de otras nacionalidades que puedan acreditar que residían, de forma fija o temporal, en Ucrania.
Son atendidos tanto por la Cruz Roja como por voluntarios de organizaciones como "Unterkunft Ukraine" -"Alojamiento para Ucrania"-, que gestiona ofertas privadas para acogerlos en casa y, a ser posible, por un mínimo de dos semanas.
El gobierno regional de la capital está habilitando alojamientos provisionales para los 20.000 desplazados que se espera lleguen hasta principios de la próxima semana. Se estudia reacondicionar los pabellones utilizados entre 2015 y 2017, con la crisis migratoria derivada del conflicto en Siria.
El Ministerio del Interior considera prematuro hacer pronósticos sobre cifras de desplazados por el conflicto que recibirá Alemania. Se parte de la base de que la gran mayoría serán acogidos en Polonia, Hungría, Rumanía o Eslovaquia, los países fronterizos.
Pero también que serán muchos quienes seguirán hacia Alemania, sea porque tienen ahí a familiares o amigos o por considerar que en la primera economía de la UE tienen mejores perspectivas laborales.
Solo Polonia había recibido hasta ayer, en la primera semana desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia, unos 575.000 refugiados, según datos de las autoridades fronterizas polacas. La ONU estima que el conflicto puede generar unos cuatro millones de desplazados, entre ucranianos o extranjeros residentes.
Desde el gobierno alemán se ha asegurado que se acogerá a cuantos lleguen al país. La ministra de Asuntos Exteriores, la verde Annalena Baerbock, se reunió este jueves con los representantes de los "Länder" -estados federados- para canalizar esa acogida, tal como se hizo en anteriores grandes crisis migratorias -la de 1992-1996, generada por la guerra de los Balcanes, o la que de 2015-2019, por el conflicto sirio-. EFE
gc-egw/jam/ig 












lunes, 28 de febrero de 2022

Un domingo en el Bundestag

 

Berlín opta pel rearmament i es compromet amb Kíev

domingo, 27 de febrero de 2022

Dentro y fuera del Bundestag

 



Alemania se rearma y se vuelca a favor de Ucrania
Joana Serra
Alemania despertó de su laxitud ante Rusia y se lanzó en apoyo a Ucrania, desde el Parlamento y en la calle. Unas 100.000 personas -según cifras policiales, medio millón, según los convocantes- desfilaron por Berlín, mientras en el Reichstag el canciller Olaf Scholz anunciaba inversiones multimillonarias en Defensa y suministros de armas a Kiev.
El clamor de la calle aunó desde simples pancartas contra la guerra a otras con "Glory to Ukraine" o llamando a llevar a Vladímir Putin ante el Tribunal Internacional de La Haya. Gente de toda edad, a pie, en bicicleta y familias con niños se juntaron entre la sede parlamentaria y la Columna de la Victoria. Otra marcha, mucho más beligerante y convocada por la comunidad ucraniana en Alexanderplatz juntó a unas 10.000 personas.
Desde el hemiciclo, Scholz, abandonó la timidez endémica en la Alemania moderna en materia de Defensa y también la tolerancia cómplice hacia Moscú. Ante un Bundestag con los escaños llenos como no se veía apenas en tiempos de pandemia, el líder anunció una inversión multimillonaria para poner a punto su ejército -100.000 millones-, así como el incremento del gasto en Defensa hasta el 2 % del PIB. Una reclamación que venía haciendo Washington desde tiempos de Barack Obama en la Casa Blanca y acentuada con Donald Trump, ahora por fin atendida. La escasa capacidad de las fuerzas armadas alemanas había sido denunciada estos días tanto por la exministra de Defensa de Angela Merkel, Annegret Kramp-Karrenbauer, como desde el estamento militar.
La batería de medidas de Scholz incluye además apoyos a las familias ante el aumento de la factura del gas que se derivará de la ruptura con Rusia, así como un fuerte impulso en el desarrollo de las renovables.
El canciller agradeció el trabajo de sus socios verdes, especialmente la ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, y el de Economía, Robert Habeck, defensores ambos de la línea más crítica hacia Moscú. También agradeció al titular de Finanzas, el liberal Christian Lindner, su disposición a abrir el gasto público, en contra de su línea de la contención presupuestaria.
La sesión extraordinaria del Bundestag se abrió con un aplauso cerrado del plenario puesto en pie al embajador de Ucrania, Andrij Melnyk. El diplomático ha sido estos días omnipresente en los medios alemanes, donde no ha escatimado reproches a la ambigüedad alemana.
Hubo un consenso cerrado a favor de Ucrania, lo que incluyó a  Izquierda, que había condenado ya la invasión aunque mantiene su desacuerdo con el rearme, e incluso a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que como otros partidos europeos de su espectro mimó durante años la cercanía con Putin.
La sesión parlamentaria seguía al anuncio del sábado de los primeros suministros de armas a Ucrania -500 misiles y 1.000 lanzagranadas--, así como de la disposición de Berlín a un bloqueo "selectivo" del sistema bancario swift a Rusia.
También ahí hubo un giro de 180 grados en el rechazo alemán a ambas medidas. Los dos anuncios partieron una vez más de los verdes Habeck y Baerbock. El canciller se había reunido esa tarde con el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, y el presidente lituano, Gitanas Nauseda. En la puerta de la cancillería, Morawiecki calificó sin paliativos de "ridícula" la tibieza de Alemania ante Rusia.
Desde el Partido Socialdemócrata (SPD) de Scholz se instó, también el sábado, al excanciller Gerhard Schröder a romper con Putin. De la alianza de intereses entre Schröder y el líder del Kremlin surgió en 2005 el acuerdo para la construcción del gasoducto Nord Stream. Schröder se convirtió tras dejar el poder en presidente del consejo de administración y está designado para incorporarse en junio al consejo de vigilancia del gigante ruso Gazprom.
La relación del socialdemócrata Schröder con Putin abochorna al SPD de Scholz. Para el opositor bloque conservador empieza a ser asimismo engorrosa la permisividad con que Merkel trató en sus 16 años en el poder al líder del Kremlin.

Mateusz nos visita

 La UE i els Estats Units endureixen les sancions

sábado, 26 de febrero de 2022

Tan amigos

 

Els països veïns acullen ucraïnesos, units en la por de l’ofensiva de Moscou

viernes, 25 de febrero de 2022

De Orban a Kaczynski


El este europeo se cohesiona ante el desafío migratorio

Joana Serra


El llamado B9 –o Bloque de Bucarest, donde se originó el grupo-- ha encontrado una nueva cohesión ante el desafío migratorio derivado de la invasión rusa de Ucrania. Reunidos en Varsovia, los líderes de nueve países europeos, hoy socios de la UE y miembros de la OTAN, pero en la órbita de Moscú en tiempos del Pacto de Varsovia, mostraron una unidad desconocida en un grupo no siempre armónico o hasta hostil hacia Bruselas.
“Debemos apoyar a Ucrania con más fuerza, incluido el suministro de armas. No podemos quedarnos en condenar simplemente el brutal ataque de Rusia”, afirmó en la apertura de la cumbre del B9 el presidente polaco, Andrzej Duda. Este tipo de proclamas no son extrañas en el jefe del Estado polaco, afín al ultraconservador partido Ley y Justicia (PiS) de Jaroslaw Kaczynski y el primer ministro de su país, Mateusz Morawiecki. Los tres representan la línea de confrontación hacia Moscú y llevan años exigiendo que se refuerce el flanco este de la OTAN, al igual que las repúblicas bálticas de Lituania, Estonia y Letonia.
Pero sí se hace más extraño en la Hungría del primer ministro Víktor Orbán, quien como parte de la ultraderecha europea se había destacado como “amigo” y aliado político de Vladímir Putin. A Orbán le costó bastante más que a otros socios de la Unión Europea (UE) condenar la invasión de Ucrania. Lo hizo unas 24 horas más tarde que el resto. Pero, mientras no se demuestre lo contrario, comparte ahora el discurso del apoyo cerrado al vecino ucraniano.
El B9 nació por iniciativa rumana bajo el impacto de la anexión de Crimea, en 2014. Junto a Rumanía y Polonia, además de los bálticos y Hungría, lo integraron Bulgaria, Eslovaquia y la República Checa. Ahora se reactivó ante el temor hacia Rusia, compartido por los países que fueron repúblicas soviéticas –como los bálticos-- o que quedaron dentro del Pacto de Varsovia. A la reunión de Varsovia acudió, aunque fugazmente, la presidenta de la CE, Ursula von der Leyen, alguien a quien el gobierno polaco suele recibir con las uñas fuera, por representar los sucesivos expedientes abiertos por Bruselas contra Polonia.
Ante la crisis migratoria de 2015 reaccionaron Polonia y Hungría cerrando la puerta a los refugiados –no solo sirios--. En los años siguientes rechazaron cualquier propuesta de la Comisión Europea (CE) para un reparto equilibrado de esos peticionarios de asilo o de la inmigración irregular llegada a través del Mediterráneo. Ni Alemania ni los socios del sur europeo, como España, lograron apartarles de esas posiciones.
Ahora auxilian a las columnas de ucranianos que llegan hasta sus fronteras, la mayor parte de ellos mujeres y niños, ya que los hombres entre 18 y 60 años han sido movilizados para la defensa del país. Polonia, el país más reacio –junto con Hungría-- a la acogida de los refugiados durante 2015 y los años siguientes, ha habilitado ya ocho puntos de acogida, el principal de ellos en Medyka. Espera, según sus autoridades, unos 30.000 ucranianos por día. Hungría, Eslovaquia y Rumanía, asimismo fronterizos, han recibido en las primeras 24 horas tras la invasión entre 5.000 y 10.000 por cada país. Cada uno de estos países está respondiendo al desafío migratorio con agilidad y una buena logística, incluida atención sanitaria. Eslovaquia ha habilitado desde pabellones deportivos a clubes privados de fitnes. El ultranacionalista Orbán ha afirmado que la invasión rusa puede provocar una crisis migratoria mayor incluso que la desencadenada en los 90 por las guerras en los Balcanes.
Alemania, que en esa crisis de 2015 llegó a recibir a casi un millón de peticionarios de asilo, será el destino final para muchos de los que están entrando por Polonia. El gobierno del canciller Olaf Scholz ya ha mostrado su disposición a prestar “ayuda masiva” a esos socios fronterizos, especialmente a Polonia. Austria, país hasta ahora más que restrictivo en la acogida de refugiados, ofrece también su apoyo. Para el gobierno del canciller conservador Karl Nehammer, la situación de Ucrania no es comparable a la Siria o Afganistán. “Se trata de ayudar al vecino”, ha afirmado.
La ONU calcula que la invasión rusa provocará un millón de desplazados procedentes de Ucrania, con 44 millones de habitantes. Una cifra que obviamente puede ir a más, en función de hasta dónde se adentren las tropas de Putin.

jueves, 24 de febrero de 2022

Wir schaffen das

 




Alemania ofrece “apoyo masivo” ante la prevista crisis migratoria

Joana Serra

Alemania, una potencia europea que se mueve con timidez en lo militar, ofreció en cuanto la guerra se hizo realidad aquello que sí ha sabido hacer en su historia reciente: ayuda humanitaria frente a la previsible crisis migratoria que se derivará del ataque a Ucrania.

"Seguimos con gran atención los movimientos de refugiados hacia nuestros países vecinos. Apoyaremos masivamente a los afectados, especialmente a Polonia", afirmó la ministra alemana de Interior, Nancy Faeser. Su Ministerio está "en permanente contacto" con las autoridades polacas y con la Comisión Europea (CE) para poder actuar "rápidamente", añadió la ministra, del Partido Socialdemócrata (SPD) del canciller Olaf Scholz.

Polonia y los países bálticos se preparan para atender a quienes huyen de unos ataques que, a las pocas horas de iniciarse, ya estaban en la región de Kiev. La Cruz Roja Internacional ha instalado ocho puntos de acogida en la frontera entre Polonia y Ucrania. Estonia y Letonia están ante un gran desafío defensivo, por ser fronterizos con Rusia, mientras que Lituania sufrió en los últimos meses la presión de la inmigración ilegal impulsada desde Biolerrusia hacia su territorio.

Para el ciudadano alemán, la “ayuda masiva” a la acogida de refugiados remite a la situación vivida en 2015, cuando la entonces canciller Angela Merkel mantuvo abiertas las fronteras de su país mientras otros socios las cerraban. Alemania recibió ese año casi un millón de asilados, en una crisis precipitada por el conflicto sirio que colocó a Merkel bajo presiones casi insostenibles y críticas desde su bloque conservador.

Polonia rechazó luego todas las propuestas de la UE para un reparto equilibrado de esos refugiados, que solo empezaron a reducirse cuando se cerró la llamada “ruta de los Balcanes”. En total fueron unos dos millones de refugiados los recibidos por Alemania entre ese 2015 y 2019.

El tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales respondió con la oferta de ayuda “masiva” a lo que Scholz calificó de “la guerra de Vladímir Putin”. Las condenas a la “ruptura flagrante del derecho internacional” –en palabras de Scholz-- se sucedieron a lo largo de toda la mañana. Dos ministros de los Verdes, la de Asuntos Exteriores y el de Economía, Annalena Baerbock y Robert Habeck, dejaron claro que a la suspensión del Nord Stream 2 seguirán otras medidas.

El canciller había anunciado el martes la suspensión de la licencia al Nord-Stream 2, como le venían reclamando sus socios verdes. De ese gasoducto, terminado el año pasado pero que aún no ha entrado en funcionamiento, no depende aún ningún suministro, pero sí del Nord-Stream 1, por el que desde 2011 fluye el gas ruso hasta Alemania a través del Báltico.

“Estamos en condiciones de garantizar el suministro de gas sin tener que contar con Rusia”, afirmó Habeck. "No podemos ser dependientes de un país que viola el derecho internacional”, añadió el titular de Economía y vicecanciller en la coalición de Scholz. “Las mentiras y desinformación de (Vladímir) Putin se han confirmado”, afirmó por su parte Baerbock, para instar a sus nacionales a abandonar de inmediato Ucrania “por vías seguras” o a ponerse “a salvo”, en caso de que no les sea posible ya dejar el país.

En esta dramática situación, en las redes sociales se multiplicaba la pregunta de dónde está el excanciller socialdemócrata Gerhard Schröder. Fue en la última fase de su gobierno, en abril de 2015, cuando suscribió con su amigo y aliado político, el presidente Vladímir Putin, el acuerdo por el que nació Nord-Stream.

Tras su retirada del poder se convirtió en presidente del consejo de administración de Nord-Stream. El próximo junio debería ingresarel consejo de vigilancia de Gazprom, el consorcio ruso propietario del gasoducto. Para el SPD, Schröder era ya una figura incómoda desde hace semanas, puesto que seguía defiendo la posición de Putin. Ayer, desde los Verdes se pedía se le incluyera en el paquete de sanciones contra Rusia. Finalmente, Schröder rompió su silencio para admitir que Rusia es “responsable” de esa guerra y pedir, sin embargo, que no se “rompan” los vínculos económicos y civiles con Moscú.