viernes, 15 de noviembre de 2024

Kein Schwein ruft mich an

Scholz apremia a Putin a una "paz justa" en Ucrania en su primera conversación telefónica en dos años



El canciller alemán, Olaf Scholz, y el presidente ruso, Vladímir Putin, durante su último encuentro, el 15 de febrero de 2022 en el Kremlin. / KAY NIETFELD / DPA
Gemma Casadevall

El canciller alemán, Olaf Scholz, se dirigió personalmente este viernes, por primera vez en dos años, al presidente ruso, Vladímir Putin, para exigirle una "paz justa y duradera" para Ucrania y advertirle de que un despliegue de soldados norcoreanos contra el país eslavo implicaría una "grave escalada" en el conflicto.

La conversación, de una hora de duración según fuentes de la cancillería alemana, sigue a la que Scholz mantuvo el pasado miércoles con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. El propósito de la llamada Scholz, según su portavoz, fue instar al líder del Kremlin a poner fin a la "guerra de agresión" contra Kiev y a retirar sus tropas del territorio ucraniano.

Fuentes del Kremlin consideraron, en respuesta al comunicado emitido por Berlín, que la conversación con Scholz no implicaba una postura respecto al plan de paz planteado por Moscú el pasado mes de junio. Un acuerdo de paz debe adecuarse, según Rusia, a "la realidad territorial actual". Es decir, que lleva implícito la renuncia por parte de Kiev a reclamar los territorios ocupados.

La última vez que Scholz habló con Putin fue en diciembre de 2022. El último encuentro personal entre ambos líderes se produjo una semana antes del inicio de la invasión a gran escala de Ucrania, en febrero de ese año.

Ataques contra infraestructuras civiles

Según fuentes de la cancillería alemana, Scholz condenó este viernes explícitamente los ataques aéreos contra infraestructuras civiles en Ucrania y advirtió contra un despliegue de soldados norcoreanos en Rusia en territorio ucraniano.

La conversación se produce en un momento de debilidad política de Scholz, que se encamina a un voto de confianza, el próximo 16 de diciembre, con intención de perderlo, para favorecer con ello la convocatoria de elecciones anticipadas para el 23 de febrero del año próximo.

La crisis política alemana se produce después del hundimiento de su tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales. El detonante fue, según Scholz, la negativa de sus socios liberales a liberar el freno a la deuda, lo que en su opinión compromete la ayuda destinada a Ucrania. Alemania es el segundo contribuyente, tras Estados Unidos, a la ayuda militar, humanitaria y financiera a Kiev.

miércoles, 13 de noviembre de 2024

Penúltima declaración de gobierno

La oposición y la economía acorralan a Scholz, que suplica consensos



Olaf Scholz comparece ante el Bundestag / MICHAEL KAPPELER /DPA/ EUROPA PRESS
 Gemma Casadevall

¿Le quedan opciones a Olaf Scholz para lograr la reelección, con una coalición fracasada y con los sondeos implacablemente en contra? Ni la sesión del Bundestag (cámara baja) de este miércoles, en la que el canciller pidió consensos para salvar algunos proyectos que considera 'esenciales' ni las cifras económicas le dan tregua. A esto se suma el 'runrún‘ persistente en su Partido Socialdemócrata (SPD) para que se haga a un lado en favor del ministro de Defensa, Boris Pistorius.
"„Aprovechemos el tiempo (…). No hay democracia sin compromisos“, afirmó Scholz en su primera declaración ante el Bundestag tras romperse su alianza de gobierno y fijarse para el 23 de febrero la celebración de elecciones anticipadas. Su propósito es lograr la aprobación de una serie de proyectos que califica de "imprescindibles" para el país, para el ciudadano o para Ucrania. Desde un paquete para activar la economía de una potencia en recesión a un proyecto para paliar la llamada 'progresión fría‘, causante de que un incremento salarial acabe siendo negativo para el ciudadano por efectos de la inflación y el salto a la siguiente tasa impositiva. También quiere que entren en vigor en enero mejoras en las ayudas familiares y las jubilaciones o la prolongación del abono único para el transporte público y cercanías. Es decir, medidas en apoyo al bolsillo del ciudano. Pero Alemania está ya en campaña y hay poca disposición a regalar éxitos al rival.
Para cualquiera de estos proyectos, como para garantizar la ayuda prometida a Kiev precisa Scholz del apoyo de la oposición. A su gobierno no le respalda una mayoría parlamentaria, tras la ruptura del tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales. La idea de Scholz de seguir aprobando algunas leyes respaldado en los Verdes, con apoyos puntuales opositores quedó en el limbo.
Scholz "vive ajeno a la realidad", sentenció el líder de la oposición conservadora, Friedrich Merz, quien sí tiene buenas perspectivas para ser el próximo canciller. Los sondeos colocan a su bloque en primera posición, con un 34% de los votos, el doble de los que se calculan para la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Al SPD de Scholz se le reserva el tercer puesto con un punto menos que a la extrema derecha. No se perciben cambios de tendencia tras la decisión de Scholz de someterse a un voto de confianza el 16 de diciembre, e ir en febrero a elecciones anticipadas. El derechista Merz, rival histórico de Angela Merkel entre los conservadores, reclama un 'giro total' tanto en la política migratoria como en materia económica.
Lo único que la CDU de Merz y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) comparten con lo queda de la coalición de Scholz es el férreo rechazo a la AfD. La iniciativa para blindar al Tribunal Constitucional ante una futura influencia de la AfD cuenta con un amplio apoyo del espectro parlamentario. Merz, como el líder de la CSU, Markus Söder, ratificaron su compromiso con el cordón sanitario frente a los ultras, en una sesión parlamentaria con aires de campaña electoral.

Los Sabios económicos

En paralelo al ajuste de cuentas en el Bundestag presentaron los llamados Cinco Sabios, el equipo económico que asesora al gobierno, un renovado informe demoledor sobre el PIB alemán. Tras dos años encadenados en recesión, 2023 y 2024. Para este año se prevé una contracción del 0,1 %, mientras para 2025 solo cabe esperar una recuperación mínima, un 0,4 %. Los Sabios han corregido a la baja sus pronósticos. Hace seis meses percibían un modesto, pero más perceptible crecimiento del 0,9 % para el próximo año. "La economía alemana está lastrada por problemas coyunturales y estructurales“, según la presidenta del equipo, Monika Schnitzer. La debilidad no se debe únicamente a cuestiones globales o la guerra de Ucrania, sino a que no se acometieron en tiempos de bonanza medidas para impulsar las inversiones y poner al día infraestructuras obsoletas. La responsabilidad no recae únicamente en los tres años de gestión de Scholz, sino que se remonta a gobiernos anteriores. Se han producido 'negligencias en la política y la economía durante años y décadas", según los Sabios.

martes, 12 de noviembre de 2024

Febrero, ese mes corto que se hace largo

Alemania irá a las urnas el 23 de febrero



El canciller alemán, Olaf Scholz. / EFE
 Gemma Casadevall

Alemania irá a las urnas el 23 de febrero, para una elecciones anticipadas por el hundimiento de la coalición de Gobierno de Olaf Scholz. Esta ha sido la fecha pactada entre el grupo parlamentario socialdemócrata de Scholz y la oposición conservadora que lidera Friedrich Merz. El bloque de Merz ocupa la primera posición en intención de voto, con más del 30 %. Scholz tiene pocas perspectivas de ser reelegido. El propio canciller se muestra convencido de que ganará de nuevo. Se ampara en que en 2021 logró la victoria contra pronóstico. Pero la situación ahora es distinta. No dispone, como entonces, de meses para luchar por la remontada y tiene ante sí un rival que le dobla en los sondeos.
La fecha marcada cuenta con el respaldo de verdes y liberales, pero su convocatoria formal corresponde al presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier. Tras una reunión de apenas 40 minutos con los jefes del grupo socialdemócrata y conservador, Rolf Müntzenich, así como representantes del partido ecologista, Steinmeier dio luz verde al plan pactado, informaron fuentes de la oficina presidencial.
Scholz irá a los comicios como canciller en funciones. El 16 de diciembre se habrá sometido a un voto de confianza con intención de perderlo, a modo de paso previo para pedir formalmente a Steinmeier la disolución del Parlamento.

De la crisis política a la desconfianza en la logística


Ambas fechas, la del voto de confianza y la de los comicios, quedan a medio camino entre el calendario inicial planteado por Scholz y la contrapropuesta acelerada de Merz, que exigía a Scholz someterse al voto parlamentario este miércoles. El canciller quería postergar el voto de confianza a enero y que los comicios fueran en marzo. Argumentaba que debían cumplirse una serie de plazos y dar tiempo suficiente a los pequeños partidos para tener sus listas a escala nacional y en todos los distritos. Este parecer fue respaldado por la autoridad electoral del país, que recordó la complejidad operativa de preparar unos comicios en un país con 65 millones de electores. Saltaron advertencias acerca de una supuesta escasez de papel para imprimir papeletas, lo que la industria del sector rechazó. La vecina Polonia ofreció 'apoyo logístico' mientras la oposición clamaba que Alemania no es una 'república bananera' -en palabras del primer ministro del ´land' de Hesse, Boris Rhein-.

Un desplome y muchas tareas pendientes

La ruptura de la coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales se materializó la semana pasada al destituir Scholz a su ministro de Finanzas, Christian Lindner. Estalló así la tensión persistente entre los tres socios, por la negativa del liberal Lindner a levantar el freno a la deuda. Scholz le exigía dejarlo en suspenso, en una Alemania que cerrará 2024 por segundo año consecutivo en recesión, para cumplir con la ayuda prometida a Ucrania sin sacrificar ayudas al ciudadano. Scholz sigue así en su puesto pero al frente de un gobierno en minoría, puesto que solo mantiene a los Verdes como aliados, algo que en Alemania es insólito en un ejecutivo nacional.
Scholz buscaba ganar tiempo en pos de esa improbable remontada. Va en tercer lugar en los sondeos, por detrás de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Su hoja de ruta incluía aprobar los presupuestos de 2025, ya sin la tenaza de Lindner, pero contando aun con el apoyo de sus socios Verdes, y pactar con la oposición apoyos puntuales a proyectos como la reforma de las pensiones o el blindaje del Tribunal Constitucional ante la pujante AfD. En la próxima legislatura, entre la AfD y la izquierda prorrusa de Sahra Wagenknecht tal vez tendrán capacidad de bloquear reformas para las que se precisan mayorías de dos tercios.
Merz tiene los sondeos a su favor. Scholz, en cambio, ni siquiera está designado formalmente como candidato del SPD, ya que sigue sin estar descartado su carismático ministro de Defensa, Boris Pistorius. Los Verdes designarán al actual ministro de Economía, Robert Habeck, el próximo fin de semana. Por parte de la AfD está claro que la candidata será su presidenta, Alice Weidel, mientras que Wagenknecht lo será del partido que lleva su nombre. La indefinición de Scholz es un factor más en contra de sus opciones a la reelección.

sábado, 9 de noviembre de 2024

Pero qué les falta?

El radicalisme sorgit després del Mur


Una part del mur de Berlín original, al pont ferroviari de Liesen, Berlín HANNIBAL HANSCHKE / EFE.



Gemma C. Serra - Berlín


Fa 35 anys, uns mesos abans de la cai­guda del Mur de Berlín, el crit del Wir sind das Volk –Nosal­tres som el poble– va encen­dre la flama d’una revolta pacífica, la dels ciu­ta­dans que havien per­dut la por a la repressió de l’Ale­ma­nya comu­nista. El crit havia nas­cut a Leip­zig, però es va esten­dre per tota la República Democràtica Ale­ma­nya (RDA) fins a arri­bar a la nit del 9 de novem­bre d’aquell 1989, la de la cai­guda del Mur.
Les imat­ges d’aque­lla nit de feli­ci­tat, llàgri­mes i abraçades entre des­co­ne­guts o dels joves enfi­lats al mur, ballant o bevent cer­ve­ses, van fer la volta al món. L’agònic règim comu­nista auto­rit­zava els ciu­ta­dans a pas­sar a l’altre cantó. Es va pre­ci­pi­tar una reu­ni­fi­cació acce­le­rada, diri­gida pel can­ce­ller Hel­mut Kohl i nego­ci­ada amb els ali­ats que el 1945 van der­ro­tar el nazisme –els EUA, el Regne Unit, França i la Unió Soviètica–. Onze mesos després, el 3 d’octu­bre de 1990, l’RDA dei­xava d’exis­tir i el seu ter­ri­tori que­dava inte­grat al de la República Fede­ral d’Ale­ma­nya.
L’ani­ver­sari d’aque­lla fita es pro­du­eix en un moment de gran incer­tesa política. L’enfon­sa­ment de la coa­lició d’Olaf Scholz entre soci­al­demòcra­tes, verds i libe­rals ha pre­ci­pi­tat la pers­pec­tiva d’elec­ci­ons anti­ci­pa­des. L’opo­sició con­ser­va­dora lidera els son­de­jos, amb un 34% d’intenció de vot. Però l’efer­vescència dels nous cor­rents extre­mis­tes com­plica els pronòstics sobre un futur govern. Els popu­lis­mes han arre­lat i els par­tits tra­di­ci­o­nals s’arron­sen. L’est ale­many és ara un pano­rama d’alta toxi­ci­tat, tant per a Scholz com per al líder de la dreta mode­rada, Fri­e­drich Merz.
El crit del Wir sind das Volk con­ti­nua als car­rers de Leip­zig, al land de Saxònia, i en altres ciu­tats grans o peti­tes de Turíngia, Bran­den­burg i de la resta de l’antic ter­ri­tori de la RDA. Però ja no surt del cor de ciu­ta­dans dema­nant refor­mes i democràcia, sinó de la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD). El radi­ca­lisme dretà és la pri­mera força a Turíngia i la segona en altres regi­ons de l’est. Extre­mis­tes neo­na­zis com Björn Höcke diuen repre­sen­tar el poble i tit­llen d’anti­de­mocràtic el cordó sani­tari que blo­queja la seva arri­bada al poder. La situ­ació no és exclu­siva de l’est ale­many. A Àustria, sense arrels polítiques en un règim comu­nista com­pa­ra­bles al que va ser l’RDA, també va esde­ve­nir pri­mera força en les últi­mes elec­ci­ons l’ultra­dretà FPÖ, lide­rat pel radi­cal Her­bert Kickl.
Però a Ale­ma­nya salta a la vista que la situ­ació és espe­cial a l’est. En el comi­cis regi­o­nals del setem­bre pas­sat, a més de l’efer­vescència de l’AfD es va pale­sar l’empenta de la nova esquerra popu­lista i pro­russa lide­rada per Sahra Wagenk­necht. Entre els radi­cals de dreta i els d’esquerra hau­rien sumat gai­rebé el 50% dels vots. Dit d’una altra manera, prop de la mei­tat dels elec­tors es va decan­tar per for­ma­ci­ons que tren­quen el con­sens a l’entorn d’Ucraïna, perquè recla­men la fi dels sub­mi­nis­tra­ments a Kíiv, i que pres­si­o­nen perquè es talli l’arri­bada d’immi­gració. La força d’aques­tes dues opci­ons extre­mis­tes coin­ci­deix amb una recerca a la des­es­pe­rada de fórmu­les per acce­le­rar les depor­ta­ci­ons de migrats irre­gu­lars per part del govern de Scholz.
Que l’AfD s’hagi apro­piat del Wir sind das Volk és una bufe­tada per a la dis­sidència d’ales­ho­res i els milers de ciu­ta­dans que es van sumar a aque­lla revo­lució pacífica. També ho és que el nou popu­lisme prorús hagi engo­lit l’Esquerra, el par­tit d’arrels post­co­mu­nis­tes del qual es va escin­dir fa un any Wagenk­necht.
Per enten­dre aquesta evo­lució va bé repas­sar el que van sig­ni­fi­car per a l’est els qua­tre can­ce­llers que ha tin­gut Ale­ma­nya des de la reu­ni­fi­cació. La pri­mera fase cor­res­pon al patri­arca con­ser­va­dor Hel­mut Kohl, motor del Trac­tat d’Uni­tat. Va repre­sen­tar l’eufòria ini­cial. En les pri­me­res elec­ci­ons de l’Ale­ma­nya reu­ni­fi­cada, el seu bloc con­ser­va­dor va treure a l’est per­cen­tat­ges del 45%, per damunt de la mit­jana naci­o­nal. Ales­ho­res, l’ene­mic decla­rat era el post­co­mu­nisme, arra­co­nat per la resta dels par­tits, però que resis­tia en bona part de l’est. No tot­hom havia encai­xat tan bé com Kohl l’absorció de l’RDA i l’extinció dels seus senyals d’iden­ti­tat.
El va suc­ceir el 1998 el soci­al­demòcrata Ger­hard Schröder. Però l’enfron­ta­ment entre el can­ce­ller i el líder del seu Par­tit Soci­al­demòcrata, a més de minis­tre de Finan­ces, Oskar Lafon­taine, va pre­ci­pi­tar la rup­tura entre els dos galls del galli­ner. Lafon­taine va mar­xar empi­pat per unir-se al post­co­mu­nisme, que va acon­se­guir, així, con­so­li­dar-se també a l’oest. Els soci­al­demòcra­tes van entrar en un procés d’erosió, afe­blits pels qui, com Lafon­taine, con­si­de­ra­ven que havien traït els seus prin­ci­pis arros­se­gats pel cen­trista Schröder.
L’arri­bada al poder d’Angela Merkel, el 2005, no va cal­mar la frus­tració a l’est. S’havia acce­le­rat el procés de des­po­bla­ment dels joves en aquesta mei­tat del país, on no arre­la­ven els “pai­sat­ges flo­rits” que havia promès Kohl, els sous eren més bai­xos i els llocs més des­ta­cats, a escala empre­sa­rial, uni­ver­sitària o judi­cial, aca­ba­ven ocu­pats per gent pro­ce­dent de l’oest.
Merkel va mar­car una fita en acce­dir a la can­ce­lle­ria com pri­mera figura política cres­cuda a l’est. Però per molts dels seus con­ciu­ta­dans no repre­senta aquesta mei­tat del país, sinó l’occi­den­ta­lit­zada i atlan­tista CDU, el par­tit que va diri­gir durant divuit anys. Era la “noia de Kohl”. Sota el seu man­dat va irrom­pre en l’escena par­la­mentària l’AfD, el par­tit que es va nodrir de l’euro­es­cep­ti­cisme, pri­mer, i de les pro­tes­tes con­tra l’aco­llida de refu­gi­ats, després. El 2015, l’any en què Ale­ma­nya va rebre un milió de sol·lici­tants d’asil, va mar­car la mutació cap a la xenofòbia d’un par­tit que s’havia fun­dat com a con­trari als res­cats a la cri­sis de l’euro. Es va con­so­li­dar a tot Ale­ma­nya, però és a l’est on acon­se­gueix les seves victòries.
Merkel no va trans­me­tre una mena d’orgull de l’est. Al seu suc­ces­sor, el soci­al­demòcrata Olaf Scholz, li toca con­viure amb les dues fórmu­les d’extre­misme, el de l’AfD i el de Wagenk­necht. La nova esquerra popu­lista i pror­russa és la peça clau per for­mar majo­ries a les cam­bres regi­o­nals de l’est del país. Afers Estran­gers no entra en les com­petències dels governs regi­o­nals ale­manys. Però la mediàtica Wagenk­necht, esposa de Lafon­taine, acon­se­gueix que s’inter­pre­tin les seves recla­ma­ci­ons con­tra l’ajut a Ucraïna com una manera de mar­car l’agenda.

Cumpleaños medianito

35 años de la caída del Muro de Berlín: ¿está Europa inmersa en una nueva guerra fría?


El canciller Helmut Kohl y el primer ministro de la entonces RDA Hans Modrow frente a la Puerta de Brandenburgo, durante una ceremonia tras la caída del Muro. / ARCHIVO / AP
Gemma Casadevall

Este 9 de noviembre, el alcalde Kai Wegner ha encabezado el desfile institucional a la Bernauer Strasse para recordar la noche más hermosa del Berlín reciente en un ambiente enrarecido por más inquietudes que certezas. Se llega al 35 aniversario de la caída del Muro en un momento de fuerte tensión política. No solo por el hundimiento de la coalición de Olaf Scholz y la perspectiva de elecciones anticipadas, sino porque además el antiguo territorio de la Alemania comunista está ahora bajo el dominio de la ultraderecha más radical de Europa.
El recuerdo de la noche mágica en que los berlineses pudieron, por fin, pasar andando y sin visado al otro lado, sin miedo a recibir un disparo de la policía fronteriza comunista, nunca fue un festejo fácil para Alemania. Son varias las efemérides que confluyen en esa fecha y no todas son hermosas. A otro 9 de noviembre, el de 1938, se le conoce como la Noche de los Cristales Rotos. Miles de sinagogas y comercios judíos fueron devastados; al día siguiente empezaron las deportaciones a campos de concentración nazis. La coincidencia de ambos aniversarios impide grandes festejos. Pero se solía incidir en que la caída del Muro marcó tanto el fin de la traumática división ciudadana como de la Guerra Fría. Al menos, eso se creyó.

Desigualdades y frustración

El 9 de noviembre es en Berlín una jornada de obligada visita institucional a la Bernauer Strasse. Es una de las calles que quedó partida por el muro levantado por el régimen comunista el 13 de agosto de 1961. El propósito era frenar el flujo de ciudadanos que se marchaban con lo puesto al Berlín libre, los sectores francés, estadounidense o británico. Ahí está el centro de documentación sobre la vida berlinesa en los 28 años y meses que estuvo en pie la llamada "Franja de la Muerte".
A la caída del muro siguió una reunificación exprés, negociada por el canciller Helmut Kohl con las potencias aliadas que derrotaron al nazismo y otros socios europeos. El territorio de la República Democrática Alemana (RDA) quedó absorbido por el de la República Federal de Alemania (RFA). Desaparecieron los órganos de poder comunistas, pero también muchas señas de identidad de sus ciudadanos. Del "paisaje floreciente" prometido por Kohl para el este se pasó al desempleo, las desigualdades y la frustración. Tres décadas y media después, Alternativa para Alemania (AfD), a la que rechazan por su radicalismo el resto de ultraderechistas europeos, es primera fuerza en parte del este. La socialdemocracia de Scholz, verdes y liberales quedaron reducidos a mínimos en las urnas. En el bloque conservador (CDU/CSU) de Friedrich Merz, primera fuerza en los sondeos para las generales, son muchas las voces que reclaman el fin del cortafuegos contra la AfD.

El flanco báltico y nórdico levanta sus muros

Helmut Kohl selló el Tratado de Unidad entre las dos Alemanias en octubre de 1990. Un año después se desintegraba la Unión Soviética. La caída del Muro arrastró la del Telón de Acero, se dijo entonces. Exrepúblicas soviéticas como Estonia, Lituania y Letonia ingresaron en los años siguientes no solo en la Unión Europea, sino también en la OTAN, lo que Moscú encajó como una afrenta. Otros países comunitarios con provechosos vínculos con Rusia, como Finlandia, prefirieron la neutralidad militar.
En 2021, un año antes del arranque de la invasión rusa de Ucrania, los bálticos, junto a Polonia, denunciaron una guerra híbrida dirigida desde el Kremlin. Advertían que se empujaba desde Bielorrusia a miles de refugiados hacia su territorio con propósitos "desestabilizadores". Polonia y los bálticos veían ratificados así sus temores, históricos o del presente. Empezaron a blindar fronteras y levantar vallas de protección. En 2022, con el estallido de la guerra de agresión rusa sobre Ucrania, Finlandia y Suecia abandonaron la neutralidad para pedir el ingreso por la vía rápida en la OTAN. De temor a una guerra híbrida se pasó al de ser el siguiente plato, tras Ucrania, del insaciable Putin. En el concepto de guerra híbrida entraban también ciberataques y campañas de desinformación rusa.

El atlantismo europeo cede terreno al trumpismo

Mientras nórdicos, bálticos y polacos refuerzan o cierran sus fronteras, países del este de lo que fue la órbita de influencia soviética se han decantado por la vía prorrusa. Son lo que en Alemania se denomina 'Putinversteher', los que dicen entender la postura del líder del Kremlin. El término se aplica tanto a la ultraderecha alemana prorrusa o la izquierda radical de Sahra Wagenknech como a los socios europeos que de pronto abogan por el fin de la ayuda a Ucrania. Se erigen en estandartes de un nuevo pacifismo, mientras socavan a escala interna la independencia del poder judicial, puntal de las democracias liberales. Sus máximos representantes son el líder húngaro, Víktor Orbán, por parte del ultranacionalismo, o el eslovaco Robert Fico, por el de una izquierda populista asimismo prorrusa. La victoria de Donald Trump les da alas. Y su influencia en la UE es creciente, con una Alemania con un gobierno agónico y una Francia donde Emmanuel Macron depende del voto de la ultraderechista Marine Le Pen.

viernes, 8 de noviembre de 2024

Finiquitando

Scholz liquida el tripartit i dinamita la legislatura

Gemma C. Serra - Berlín

Haurà estat Olaf Scholz el can­ce­ller més breu de la història de la República Fede­ral d’Ale­ma­nya? Aquest rècord a la baixa no el tindrà que supor­tar l’actual cap del govern. Hi ha un pre­ce­dent una mica llunyà, però més efímer. El va mar­car el con­ser­va­dor Kurt Georg Kie­sin­ger, que no va com­plir ni els tres anys de man­dat, entre desem­bre del 1966 i octu­bre del 1969. Però al marge d’aquesta curi­o­si­tat estadística, el que està clar és que el tri­par­tit entre soci­al­demòcra­tes, verds i libe­rals amb que Scholz va jurar el càrrec, el desem­bre de 2021, s’ha enfon­sat defi­ni­ti­va­ment.
Scholz va des­ti­tuir dime­cres al ves­pre qui ha estat el màxim res­pon­sa­ble de la con­fron­tació dins la coa­lició, el minis­tre de Finan­ces i líder dels libe­rals, Chris­tian Lind­ner. Ho va fer en un to des­co­ne­gut pel can­ce­ller, que es va sor­tir del seu posat fred i impas­si­ble carac­terístic per acu­sar el seu exmi­nis­tre d’irres­pon­sa­ble, inepte i ego­ista, entos­su­dit a tirar enda­vant una línia que hau­ria por­tat el país “a l’enfon­sa­ment i el caos”. Aques­tes eren les parau­les amb què Scholz va donar per enter­rat el tri­par­tit dime­cres al ves­pre, un dia en què mitja Europa trac­tava de mos­trar bona cara a l’ensurt pro­vo­cat per la victòria inqüesti­o­na­ble de Donald Trump als Estats Units. Scholz, Lind­ner i el minis­tre d’Eco­no­mia, el verd Robert Habeck, por­ta­ven una ronda de reu­ni­ons des de finals de la set­mana pas­sada amb pers­pec­ti­ves cada cop més negres. El divorci es va pro­duir enmig d’un safa­reig de retrets entre tots tres, però prin­ci­pal­ment entre el can­ce­ller soci­al­demòcrata i el minis­tre libe­ral.
El deto­nant ha estat l’obsessió de Lind­ner per no aflui­xar el fre del deute, un meca­nisme cons­ti­tu­ci­o­nal que limita l’endeu­ta­ment al màxim del 0,35 % del PIB. Sense dei­xar-lo anar, no es podrà ni impul­sar la recu­pe­ració econòmica d’una potència que tan­carà 2024 en recessió, per segon any. Ni tam­poc pres­tar l’ajut mili­tar com­promès a Ucraïna, segons el Scholz. El ja exmi­nis­tre de Finan­ces es va negar al reque­ri­ment del can­ce­ller. Els pres­su­pos­tos de l’Estat estan enca­llats per aquesta divergència des de fa mesos. No tenia sen­tit con­ti­nuar, men­tre els mit­jans de comu­ni­cació es cre­ua­ven apos­tes diàries sobre quan escla­ta­ria la situ­ació.
Scholz vol tirar enda­vant els pres­su­pos­tos abans que acabi l’any, però sense els libe­rals. El seu pla és con­ti­nuar al front d’un govern en mino­ria amb els Verds. I sot­me­tre’s a un vot de con­fiança, amb intenció de per­dre’l, el 15 de gener. És aquesta la via cons­ti­tu­ci­o­nal més apro­pi­ada per pro­vo­car la fi de la legis­la­tura i la con­vo­catòria d’elec­ci­ons anti­ci­pa­des que, segons Scholz, serien a finals de març. És a dir, sis mesos abans de la data pre­vista per als comi­cis par­la­men­ta­ris, el 28 de setem­bre.
L’anunci de Scholz va posar fi a un tri­pa­tit que no ha fun­ci­o­nat mai bé, prin­ci­pal­ment per la con­fron­tació cons­tant ideològica i per­so­nal entre el verd Habeck i el libe­ral Lind­ner. Però, ja posats, l’opo­sició con­ser­va­dora vol un final acce­le­rat. El líder de la CDU-CSU, el dretà Fri­e­drich Merz, exi­geix al can­ce­ller que se sot­meti al vot de con­fiança a prin­ci­pis de la set­mana vinent, per anar a les urnes la pri­mera quin­zena de gener.
Els con­ser­va­dors tenen ja defi­nit a Merz com a can­di­dat a la can­ce­lle­ria. Ni els soci­al­demòcra­tes ni els verds no han for­ma­lit­zat els seus.
Els son­de­jos donen poques opci­ons a Scholz a la ree­lecció. El bloc de Merz va en pri­mera posició en intenció de vot, per damunt del 30% de suports. El seguei­xen la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD), amb un 17%, i tot seguit els soci­al­demòcra­tes de Scholz, dos punts per sota. Als Verds els queda el quart lloc, amb un 10% dels vots. I als libe­rals de Lind­ner se’ls pro­nos­tica menys d’un 5%, de manera que que­da­rien fora del Par­la­ment. Amb aques­tes dades, l’única aliança esta­ble seria una gran coa­lició entre la CDU-CSU i els soci­al­demòcra­tes. Merz asse­gura que man­tindrà el talla­focs amb l’AfD, l’altra pos­si­bi­li­tat d’acce­dir a una majo­ria par­la­mentària.

No nos pongamos nerviosos

Scholz negociará con la oposición las elecciones anticipadas



El canciller alemán, Olaf Scholz, este viernes en la cumbre informal de Budapest. / SZILARD KOSZTICSAK / EFE
Gemma Casadevall

El canciller Olaf Scholz está dispuesto a negociar con la oposición conservadora un adelanto en su plan de someterse a un voto de confianza en enero y facilitar la celebración de elecciones anticipadas a finales de marzo. El calendario podría "flexibilizarse", siempre que la oposición esté dispuesta a respaldar la aprobación de leyes pendientes, anunció Scholz este viernes, dos días después del hundimiento de su coalición.
El líder de la oposición conservadora, Friedrich Merz, ha apremiado al canciller a que el voto de confianza tenga lugar de forma "inmediata" o más tardar "a principios de la próxima semana", para posibilitar que las elecciones tengan lugar en enero.
Los plazos marcados por la Constitución establecen un máximo de 21 días tras el voto parlamentario para la disolución de la Cámara baja (Bundestag), algo que debe producirse a petición del canciller al presidente del país, Frank-Walter Steinmeier, y si este accede a su solicitud. En caso de respuesta positiva, las elecciones deben celebrarse dentro de los 60 días siguientes.
El plan de Scholz es someterse a ese voto, con la intención deliberada de perderlo. A partir de ahí, quedaría en funciones hasta la formación del siguiente Ejecutivo.
Scholz se propone lograr la aprobación de los presupuestos de 2025 el próximo noviembre. Los disensos en torno al proyecto presupuestario precipitaron la ruptura de la coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales. El canciller destituyó al ministro de Finanzas y líder liberal, Christian Lindner, tras negarse a levantar el freno a la deuda. Scholz, como sus socios Verdes, lo consideran imprescindible para rescatar a la economía alemana de la recesión y garantizar la financiación de la ayuda prevista para Ucrania. Scholz pretende seguir adelante con un Gobierno en minoría junto a los Verdes. Precisa, sin embargo, del apoyo opositor para la aprobación de los presupuestos.

Intento de ganar tiempo

"Debemos discutirlo sin nerviosismos (…) Sería bueno que se logre un acuerdo sobre qué leyes pueden aprobarse aún este año", afirmó Scholz, al cierre de la cumbre de la UE en Budapest.
El plan de Scholz de ir a elecciones anticipadas en marzo se interpreta como un intento para ganar tiempo y tratar de remontar. La oposición conservadora ocupa el primer puesto en intención de voto y designó ya a Merz como candidato a la cancillería hace unas semanas. Le sigue la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), cuya candidatura se espera recaiga en su presidenta, Alice Weidel. El Partido Socialdemócrata (SPD) no ha designado aún a su candidato. Se da por hecho que lo será Scholz, aunque también se ha barajado que ceda el puesto a su carismático ministro de Defensa, Boris Pistorius.
Por parte de los Verdes, el ministro de Economía y Protección del Clima, Robert Habeck, comunicó su disposición a asumir la candidatura este viernes, en un vídeo donde aparece en la cocina de su casa y se dirige directamente al ciudadano.
A la espera de que se concrete la agenda para las elecciones anticipadas, la jefa de la Comisión Electoral, Ruth Brandt, advirtió en contra una convocatoria precipitada para enero o incluso en febrero. El receso navideño impediría a los partidos pequeños o de reciente creación elaborar sus listas nacionales, según la carta enviada por Ruth a Scholz, revelada por el semanario 'Der Spiegel'.

jueves, 7 de noviembre de 2024

Recolocando piezas

¿Qué ha pasado en el Gobierno de Alemania? Las claves de la ruptura de la coalición de Scholz



El canciller alemán, Olaf Scholz, en un acto este jueves en Berlín. / CARSTEN KOALL / DPA / AP

 Gemma Casadevall

El canciller Olaf Scholz ha dado por finiquitado su inmanejable tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales para emprender el camino a las elecciones anticipadas. El primer paso fue la destitución el miércoles de su ministro de Finanzas, el liberal Christian Lindner, quien se negó a levantar el freno a la deuda que, a juicio del canciller, atenaza a una Alemania en recesión y compromete la ayuda a Ucrania. Scholz dedicó a su ya ex socio reproches inusuales en la política alemana, desde "incompetente" a "irresponsable" y "egoísta". El objetivo ahora es la convocatoria de comicios anticipados, con la oposición conservadora en primer lugar en intención de voto, la ultraderecha pujante y pocas opciones de su reelección. Es difícil que logre revertir esa tendencia, aunque en 2021 sí alcanzó el poder en una victoria contra pronóstico.

La agenda del canciller en funciones


El propósito de Scholz es aferrarse a sus aún fieles socios, los Verdes del ministro de Economía y Protección del Clima, Robert Habeck, y de la titular de Exteriores, Annalena Baerbock. Será un Gobierno en minoría, en una Alemania obsesionada por la estabilidad. A Lindner le sustituirá en Finanzas el secretario de Estado en la Cancillería, Jörg Kukies, persona de confianza de Scholz. Se plantea aún lograr la postergada aprobación de los presupuestos del Estado y someterse a un voto de confianza el 15 de enero, con intención de perderlo, para pedir la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones a finales de marzo al presidente Frank-Walter Steinmeier, originario del Partido Socialdemócrata (SPD). "El fin de una coalición no es el fin del mundo", declaró Steinmeier este jueves, ansioso de aportar algo de calma a la situación. No hay dudas acerca del voto de confianza, la pregunta es cuándo.

Las prisas de la oposición conservadora

"La coalición de Scholz no murió ayer, sino en febrero de 2022 (…)", sentenció el líder del bloque conservador, Friedrich Merz, recordando los disensos que la han marcado desde sus inicios y se acentuaron tras la invasión rusa de Ucrania. Según su plan, Scholz debe someterse la semana próxima al voto de confianza y posibilitar elecciones anticipadas en enero. El bloque conservador, integrado por la Unión Cristianodemócrata y la Unión Socialcristiana bávara (CDU/CSU) designó ya a Merz hace semanas como candidato a la Cancillería. Ni los socialdemócratas de Scholz ni los Verdes de Habeck han formalizado a los suyos. Pese a su superioridad en los sondeos, la CDU/CSU no tiene la mayoría precisa para hacer prosperar un voto de censura que finiquite por la vía rápida la legislatura. Para tenerla deberían apoyarse en la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), lo que implicaría romper el cortafuegos aún vigente en el país.

La liquidación de los liberales


A la destitución de Christian Lindner siguió el abandono de otros ministros del Partido Liberal (FDP), con una excepción: la de Völker Wissing, titular de Transportes y Digitalización. Wissing decidió abandonar el partido del que ha sido secretario general y miembro de presidencia. Es un síntoma más de la situación en que queda el FDP, partido que durante décadas fue socio 'bisagra' en sucesivos gobiernos, bajo liderazgo conservador o socialdemócrata, y que ahora se asoma a la irrelevancia. Los sondeos lo sitúan por debajo del 5% de votos, mínimo para obtener escaños. "He sufrido personalmente con la situación", aseguró Lindner este jueves, que sumó más reproches en dirección a Scholz en su despedida como socio, en un tono que iba de lo doliente al lavado público de trapos sucios.

El radicalismo de derechas y de izquierdas

La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) de Alice Weidel secunda al bloque conservador en su plan de acelerar la liquidación de la legislatura. Está instalada en la segunda posición en intención de voto, tras la CDU/CSU de Merz, pero un eventual repunte de Scholz en los sondeos la apearía de esta situación. La victoria de Donald Trump la favorece, como a otros partidos de la derecha radical europea, que se consideran hermanados con el presidente electo. Ve reforzado su mantra de que el cortafuegos es antidemocrático, especialmente tras haber logrado en las pasadas elecciones regionales del este posiciones de primera o segunda fuerza. Al populismo de izquierdas de Sahra Wagenknecht, tan prorruso como la AfD, el hundimiento de la coalición la ha sorprendido mientras negociaba su ascenso al poder a escala regional en el este, como pieza clave para evitar a los ultras de la AfD y posibilitar nuevas mayorías.

Los precedentes


Cuatro fueron los cancilleres que recurrieron antes al voto de confianza del Bundestag, la Cámaba baja, sea para seguir adelante o con el propósito de precipitar el fin de la legislatura. El primero fue el socialdemócrata Willy Brandt, en 1972, que acabó ratificado en las urnas y con el mejor resultado de su historia. Le siguió su correligionario y sucesor, Helmut Schmidt, en 1982, quien resultó victorioso, aunque cayó ese mismo año por un voto de censura impulsado por el conservador Helmut Kohl.También este pidió poco después la confianza de la Cámara para obtener su ratificación de las urnas, que logró. El precedente inmediato de Scholz fue la decisión de 2005 del socialdemócrata Gerhard Schröder, apremiado por lastimosas derrotas regionales. Perdió la partida frente a la líder de la oposición, Angela Merkel, que ascendió al poder al frente de su primera gran coalición, con la derrotada socialdemocracia como aliada. Esta podría acabar siendo también la única la opción sólida para Merz, de mantener el cortafuegos contra la AfD.

Qué podía salir mal

El triunfo de Trump marca una cumbre presidida por Orbán



El primer ministro Viktor Orbán conversa con el británico Keir Starmer y francés, Emmanuel Macron, e

Gemma Casadevall/Efe


El primer ministro húngaro, el ultranacionalista Viktor Orbán, principal aliado comunitario de Vladímir Putin y representante a la vez del 'trumpismo' europeo, recibió este jueves a los líderes y representantes de los 47 países de la Comunidad Política Europea (CPE), en una reunión marcada por la reciente victoria del republicano Donald Trump y la necesidad ahora imperiosa de buscar nuevas estrategias en materia de Defensa y ante Ucrania. "Estamos ante una situación difícil, complicada y peligrosa", afirmó Orbán en su discurso de apertura. Aludió ahí tanto "a la guerra de Rusia contra Ucrania" como a otros desafíos, como la inmigración, ante la que su gobierno defiende la línea más dura. Ya al cierre de la reunión, Orbán consideró llegado el momento de avanzar hacia una "paz rápida" para Ucrania, término temido por el presidente Volodímir Zelenski, porque remite a renuncias territoriales a territorio.
"Va a haber pronto negociaciones y Europa debe estar preparada e implicada en ellas", aseguró Orbán, para quien el primer paso necesariamente debe ser un alto el fuego. Discutir de antemano sobre los términos o condiciones de esa paz no es conveniente, dijo, ya que con ello se reducen las posibilidades de éxito.

Un vodka por Trump

El líder ultranacionalista, reconocido "amigo" de Trump, reconoció que no había descorchado champán para celebrar la victoria de su amigo Trump, como había prometido de antemano. Pero sí, dijo, brindó con vodka a su salud. Insistió asimismo en que "cada vez son más quienes, dentro de Europa, comparten ese parecer sobre la búsqueda de la "paz rápida". Orbán es el ímpulsor del grupo parlamentario de los Patriotas para Europa, en el que también están la francesa Marine Le Pen y el ultraderechista austríaco Herbert Kickl, cuyo partido fue la primera fuerza en las pasadas elecciones parlamentarias de su país. Entre sus aliados están asimismo el neerlandés Geert Wilders, cuyo partido encabeza la coalición de gobierno, otro notorio representante del trumpismo europeo.
La reunión de Budapest evidenció las diferencias sustanciales respecto a Ucrania. Mientras Francia, Alemania y otros socios de la UE insisten en el compromiso con la ayuda a Kiev, la Hungría de Orbán, y los países dominados por la derecha radical prorrusa reclaman el fin de los suministros.
Zelenski, asistente a la cita, exhibió su capacidad para sacar fuerzas de flaqueza. Tras afirmar que había mantenido una "productiva conversación" el miércoles con Trump, se mostró convencido de que el presidente electo quiere seguir trabajando "con una Europa fuerte", impulsora de negociaciones que no impliquen una paz rápida ni aceptar "renuncias territoriales" para Kiev.

Mayor autonomía

El próximo presidente de EEUU rechaza mantener el apoyo militar a Kiev, como la Hungría de Orbán. Su regreso a la Casa Blanca, ahora con poderes reforzados ante la amplísima mayoría conseguida, coloca a Europa ante la perspectiva de no poder seguir contando con el apoyo del gran socio transatlántico. El presidente francés, Emmanuel Macron, insistió una vez más en lo que viene siendo su gran reclamación desde hace años, que Europa asuma por fin una mayor autonomía en Defensa.
"Tenemos mucho en común, pero también tenemos que ser más dueños de nuestro destino", apuntó por su parte el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. La nueva administración estadounidense tendrá "opiniones diferentes" en "bastantes temas", por lo que es preciso lograr una estrategia europea "menos dependiente", añadió Michel, quien horas después colgó un mensaje en X anunciando que había llamado por teléfono a Trump para trasladarle su felicitación por la victoria. "La UE y EEUU comparten valores e intereses comunes. Estamos dispuestos a profundizar las relaciones en todos los ámbitos", apuntó.
La reunión de la CPE se celebra en la capital húngara, previo al Consejo Europeo del que Orbán es asimismo anfitrión, ya que su país ejerce la presidencia rotatoria. Al inicio de ese semestre presidencial viajó a Moscú para encontrarse con Putin y se reunió luego con el entonces candidato republicano a la Casa Blanca, lo que levantó ampollas en la UE.

Inmigración y economía, en el centro de los debates

Un total de 47 dirigentes europeos --congrega a los 27 miembros de la UE y otra veintena de representantes de países extracomunitarios, como Noruega o el Reino Unido-- han abordado en Budapest cuestiones como la inmigración y la seguridad económica. Junto a la victoria de Trump, planea sobre el encuentro el hundimiento de la coalición del canciller alemán, Olaf Scholz, quien ha recortado su visita a la capital húngara ante esa crisis política. No ha acudido a la reunión otro socialista, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en ese caso por los estragos causados por la DANA en Valencia y otras regiones del país.
La percepción, basada en declaraciones de Trump durante su campaña, es que el continente europeo debe mostrarse unido y prepararse para dificultades en el área comercial. Esa es una de las cuestiones que preocupan especialmente al Gobierno de Scholz, por la crisis que atraviesa la automoción alemana, puntal tradicional de la economía del país, ahora en recesión.

La UE, una "mini-China"

En su campaña, Trump dijo que la UE era una "mini-China" que abusa de los asociados comerciales estadounidenses en busca de su superávit. Por ello, adelantó que considera la idea de adoptar aranceles de entre 10% y 20% para todos los productos que ingresen a Estados Unidos, un escenario que preocupa a muchos dirigentes europeos, además de a Scholz.
La presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, felicitó de inmediato al presidente electo de EEUU, como la mayoría de los líderes europeos, y mencionó la importancia de la "asociación entre los pueblos" a ambos lados del Atlántico. 

miércoles, 6 de noviembre de 2024

Nunca te fíes de un liberal


La coalición de Scholz colapsa y aboca a Alemania a elecciones adelantadas



El canciller alemán, Olaf Scholz, este miércoles. / FILIP SINGER / EFE
Gemma Casadevall

La jornada empezó con una noticia adversa para el canciller Olaf Scholz, por la victoria electoral de Donald Trump en Estados Unidos, y terminó con el colapso de su coalición de gobierno. El tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales con el que gobierna desde 2021 colapsó, tras meses de tensiones y con los presupuestos del Estado pendientes de aprobación. Las exigencias del ministro de Finanzas y líder del Partido Liberal, Christian Lindner, no eran asumibles ni para la socialdemocracia de Scholz ni para sus socios verdes, el partido del titular de Economía y Protección del Clima, Robert Habeck. Pasadas las 21.00, y tras varias horas de reuniones, comparecía Scholz ante los medios para anunciar la destitución de Lindner.

La decisión ha sido ya comunicada al presidente del país, Frank-Walter Steinmeier, con el propósito de evitar "el colapso" económico del país, ante la negativa de Lindner a "atender a las necesidades" de inversión, negar apoyos que precisa Ucrania para este año y buscar en cambio "el hundimiento en el caos". Según anunció en una comparecencia ante los medios, Scholz se someterá a un voto de confianza en enero, lo que a la práctica abocará al país a elecciones anticipadas, que previsiblemente se celebrarán en marzo. El propósito de Scholz es no superar ese voto. Es decir, que no haya votos tránsfugas a su favor, para dar vía libre a la disolución del Parlamento y la convocatoria de nuevos comicios. Será seis meses antes de lo previsto, ya que la fecha para las próximas elecciones generales regulares era el 28 de septiembre.

"En momentos como éstos, Europa debe apuntar a la solidez, a invertir en su futuro. La situación es seria", añadió el canciller, quien aludió tanto a la guerra de Ucrania como a la situación de las empresas alemanas. También incidió en la victoria de Trump, "al que felicité esta mañana", recordó, al tiempo que calificaba de "irresponsable" la actitud de Lindner dentro de la coalición de no buscar consensos, sino bloqueos.


Scholz tuvo palabras muy duras para el líder liberal, al que acusó de "esconderse entre los arbustos" cuando se precisan soluciones y de "egoísmo", por buscar la confrontación pública constante en la coalición, en aras de supuestos intereses partidistas. "Ha roto demasiadas veces mi confianza", aseveró.

El canciller no ahorró reproches a quien en estos tres años largos de coalición ha sido, junto a Habeck, un ministro clave en su gabinete. Le acusó tanto de bloquear el apoyo necesario a Ucrania como las soluciones que Alemania precisa para sacar adelante unos presupuestos "sociales y justos".

También responsabilizó a Lindner del fracaso de la coalición el vicecanciller y ministro de Economía Habeck, quien compareció ante los medios acompañado por su correligionaria y titular de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock. "No dejaremos a Ucrania sola", afirmó la ministra, quien considera que la restrictiva vía de Lindner en cuanto a inversiones va a favor "de la guerra de agresión lanzada por (Vladímir) Putin".

Lindner, finalmente, apareció en solitario para revolverse contra socialdemócratas y verdes, a los que imputa "no tomarse en serio" las inquietudes de la industria y de los ciudadanos. La estocada final, según el ministro, ha sido instarle en esta última reunión a levantar "el freno a la deuda", instrumento constitucional que limita el endeudamiento a un máximo del 0,35 % del PIB. Lindner es un defensor a ultranza de este instrumento, en contra de la opinión de muchos expertos, que lo consideran un obstáculo a la reactivación económica. El disenso en torno al freno a la deuda ha sido constante en la coalición, ya que tanto socialdemócratas como verdes reclaman que se deje en suspenso o reforme.

Cuenta atrás anunciada

El fin de la coalición semáforo, ‚Ampel‘ en alemán, como se la denomina por su identificación con los colores atribuidos a los tres partidos, se precipitó tras la ronda infructuosa de reuniones en busca de acuerdos celebradas en los últimos días. La de este miércoles tenía un dramatismo especial, ya que venía apuntándose lo que en medios alemanes se denominaba la ‚cuenta atrás‘ para el tripartito.

El propósito de Scholz era buscar una vía de acercamiento entre el recorte del gasto público que defiende Lindner y las necesidades de inversión de una Alemania que cerrará este 2024 en recesión, por segundo año consecutivo. En un documento presentado a finales de la semana pasada a sus socios, Lindner insistía en la necesidad de 'relajar' objetivos climáticos y recortar prestaciones sociales, lo que es inaceptabe para verdes y socialdemócratas.

Abismos ideológicos

La coalición ha estado marcada desde su inicio por los abismos ideológicos e incluso personales entre Lindner y Habeck. Se suponía que iban a aguantar, pese a todo, porque a ninguno de los partidos implicados les puede convenir ir a elecciones anticipadas. Los sondeos apuntan desde hace meses a una victoria del bloque conservador del derechista Friedrich Merz, con la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en segunda posición. A los socialdemócratas de Scholz se les reserva la tercera posición, seguidos de los Verdes, mientras que el FDP de Lindner podría quedar sin escaños. No tenía demasiada lógica que justamente la máxima presión procediera del partido que, de formación bisagra pasaría a extraparlamentaria. Pero en el cálculo de Lindner tal vez se contempla que abandonando la coalición tiene mejores opciones a luchar por sus señas de identidad, como es la contención del gasto público, que dentro del tripartito.

Fiestorro ultra

Viktor Orbán, Geert Wilders, Alice Weidel... el trumpismo ultra europeo festeja a su ídolo


El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, este martes durante una visita a Kirguistán. / IGOR KOVALENKO / EFE
Gemma Casadevall

El trumpismo europeo representado por el primer ministro húngaro, Víktor Orbán, y el líder ultra neerlandés, Geert Wilders, festeja ya el regreso del republicano a la Casa Blanca, lo mismo que la radical Alternativa para Alemania (AfD), la segunda fuerza en intención de voto en la primera potencia europea, en medio de la debilidad de la coalición del canciller Olaf Scholz.

"Es el mayor regreso político de la historia de EEUU. Felicitaciones al presidente Trump", escribió el ultranacionalista Orbán en su cuenta en la red social X. A su juicio, esa victoria es "muy necesaria para el mundo". "Felicidades América. Nunca dejes de luchar y de ganar elecciones", escribió por su parte Wilders, cuya formación, el ultraderechista Partido por la Libertad (PVV) es la fuerza dominante en el Gobierno neerlandés.

Las felicitaciones procedentes del ámbito ultraderechista se extendieron por supuesto a AfD, segunda fuerza en intención de voto, solo superada por el bloque conservador del democristiano Friedrich Merz. Tanto la presidenta del partido, Alice Weidel, como el líder de su ala más radicalizada, Björn Höcke, mandaron sus mensajes de apoyo a través de sus cuentas en X, la red de Elon Musk. Aprovecharon para recordar, a escala alemana, que el Gobierno de Scholz es una "coalición de perdedores" en los sondeos. Ese es el término también que el radical austríaco Herbert Kickl, ganador de las últimas elecciones en el país alpino, aplica a la alianza que el canciller Nehammer negocia con los socialdemócratas para evitar el acceso al poder de los ultras.

Cumbre en Budapest


A escala europea, la victoria de Trump tendrá su plataforma en la doble cumbre que se abre este jueves en Budapest, la de la Comunidad Política Europea y del Consejo Europeo informal. El anfitrión es nada menos que Orbán. De antemano había anunciado el primer ministro húngaro su propósito de descorchar "varias" botellas de champán en caso de victoria del republicano. Su frase se podía interpretar como uno de sus desafíos a la línea dominante entre los 27 y sobre todo a su máxima enemiga, la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen.

Que Orbán sea el anfitrión del encuentro entre los líderes se debe a que Hungría ejerce el semestre de presidencia de turno del Consejo, un periodo que arrancó en julio con varias andanadas intempestivas del primer ministro húngaro. Por su cuenta viajó Orbán al encuentro de Vladímir Putin, en Moscú, y luego visitó a Trump en su residencia de Mar-a-Lago. La presidencia de turno semestral no implica representar a la UE, menos aún en política exterior. Pero su mediática gira le daba a esos encuentros cierto rango de "emisario" europeo ante el previsible cambio de rumbo en dirección a Ucrania que, ya por entonces, se estimaba supondría una victoria de Trump.

Kamala Harris habría representado la calma y la continuidad en el apoyo a Kiev y en las relaciones transatlánticas, mientras que Trump es la ruptura de esa línea, además de la implantación de unos aranceles al intercambio comercial.

Empezando mal el día

Scholz felicita a Trump mientras busca una salvación in extremis para su tripartito



El canciller alemán, Olaf Scholz, este miércoles durante su comparecencia para comentar los resultados de las elecciones en EEUU. / FILIP SINGER / EFE
Gemma Casadevall

"Le felicito por su elección. Alemania y Estados Unidos seguirán trabajando juntos y exitosamente por el bienestar a ambos lados del Atlántico": con este mensaje, a través de la red social más 'aliada' de Donald Trump, la X de Elon Musk, buscó el canciller Olaf Scholz una fórmula rápida de acercamiento al presidente electo. Si durante toda la campaña, Berlín no ocultó sus preferencias por Kamala Harris, ahora la fidelidad transatlántica le obligó a dar ese giro.

El mensaje de felicitación era previsible, incluso pocas semanas después de los honores que Berlín le rindió a Joe Biden en su visita de despedida. Trump escuchó ya mensajes parecidos en su primer ascenso a la Casa Blanca, en 2016, entonces procedentes de la cancillera Angela Merkel. También se aplicó al pragmatismo en aras del sacrosanto eje transatlántico, pese a que en campaña había mostrado sus preferencias hacia la candidata demócrata Hillary Clinton y tras haber sido Merkel la aliada perfecta de Barack Obama.

Scholz no se salió del guion. La diferencia es que todo ello se produce cuando parece que la coalición de Scholz ha entrado en la cuenta atrás. La victoria de Trump ocurre en el momento más que adverso para el canciller y para la economía alemana en recesión. Scholz lleva días enfrascado en reuniones de crisis para tratar de evitar la ruptura de su tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales. En los medios alemanes se apunta a un abandono del socio liberal, que podría precipitar elecciones anticipadas en marzo o un agónico gobierno en minoría para tratar de agotar la legislatura hasta septiembre de 2025.


Los sondeos apuntan como favorito, con más del 30 % de los votos, al bloque conservador de Friedrich Merz. En segunda posición va la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) y a continuación del Partido Socialdemócrata (SPD) de Scholz. A los Verdes se les reserva el cuarto puesto y los liberales quedarían tal vez por debajo del 5% mínimo para obtener escaños.

Al tripartito 'Ampel' o semáforo de Scholz, como se le denomina por los colores que identifican a los tres partidos, se le define como la "coalición de perdedores". Harris habría representado la continuidad en el apoyo alemán a Kiev y en las relaciones transatlánticas, mientras que Trump significa la ruptura de ambas líneas, además de la amenaza de la implantación de nuevos aranceles. Alemania está en el grupo de potencias que rechazó, sin éxito, los nuevos aranceles de la UE a China, porque lo ve como un riesgo agravado de guerra comercial. Con Trump se viene un peligro adicional sobre el puntal alemán que es la automoción.

Rescate o ruptura

La tensión en el tripartito es máxima. El canciller y sus dos ministros eternamente confrontados, el de Finanzas, el liberal Christian Lindner, y el de Economía, el verde Robert Habeck, entraron esta semana en una maratón de encuentros. Este miércoles hay convocada una nueva reunión clave. De fracasar, se considera que no habrá salvación para la coalición.

Alemania cerrará este 2024 en recesión, por segundo año consecutivo, con un gobierno al borde del precipicio. Lo único que, hasta ahora, hacía pensar que aguantaría hasta las elecciones generales de 2025 es la debilidad de los tres partidos implicados.

Ninguno de los socios debería estar interesado en ir a nuevos comicios. Pero el documento enviado hace unos días por Lindner, apremiando a los socios a dar ‚un giro en su rumbo económico‘ para, a su juicio, rescatar a Alemania se considera algo así como una declaración de intenciones en dirección a la ruptura. Proponía ahí medidas inasumibles tanto para los Verdes como para los socialdemócratas, como la relajación de los compromisos climáticos y recortes en prestaciones sociales. Es un concepto que lleva impreso el sello liberal, ya que además propone la reducción del impuesto sobre sociedades.

sábado, 2 de noviembre de 2024

Lo de Valencia panoramizado

Así se gestionan las alertas meteorológicas en Europa y China



Soldados del Ejército reparten agua entre los vecinos de Paiporta / BIEL ALIÑO / EFE


   
Leticia Fuentes, Isabel Savio, Gemma Casadevall, Adrián Foncillas

Las ocho horas que pasaron entre la emisión de la alerta roja por parte de Aemet y la declaración del nivel 2 de emergencia en la Comunidad Valenciana, que provocaron un retraso en la reacción ante la devastadora DANA que ha arrasado pueblos de Valencia y calles de Cuenca, Albacete y Málaga ha desencadenado un cruce de acusaciones políticas entre la Generalitat Valenciana y el Gobierno central y ha abierto el debate sobre si debería haber otro protocolo de actuación en casos de esta envergadura.

EL PERIÓDICO repasa las experiencias y modelos de tres países de Europa que también han sufrido el azote de potentes fenómenos meteorológicos, así como el ejemplo de China, un país afectado por fuertes tormentas durante la temporada del Monzón.

Francia: tres niveles de gestión


En los últimos años Francia ha sufrido importantes inundaciones en el norte y sur del país. Temporales extremos que, en los últimos años a causa del cambio climático, han evolucionado en algunos casos a tormentas tropicales dejando importantes daños materiales, e incluso víctimas mortales.
En el momento en el que Météo-France lanza la alerta roja meteorológica entran en juego tres actores: el prefecto, el Ministerio del Interior y el Gobierno central.
El primer organismo en actuar, tras emitir la alerta máxima es la Prefectura del departamento afectado. El prefecto se encarga de la gestión de la crisis a nivel local, es decir, ordenar evacuaciones, cerrar carreteras y lugares públicos, y coordinar los servicios de emergencias locales. En un papel más secundario, el Ministerio del Interior supervisa la gestión del prefecto, pero si la situación empeora, puede intervenir directamente, activando un centro de crisis interministerial o movilizando unidades especiales adicionales para dar soporte a los equipos locales.
En el caso del envío de las alertas a la población, las primeras comunicaciones nacen de la prefectura, pero una vez que el ministerio asume el mando con un centro de crisis interministerial, es el propio ministro del Interior el encargado de emitir los comunicados y recomendaciones pertinentes junto con el prefecto.
En casos extremos, la situación se eleva al primer ministro y al presidente. Ambos son los encargados de decretar el estado de emergencia, movilizar a las fuerzas armadas y en última instancia decretar el territorio afectado, como zona de desastre natural. Todos estos actores trabajan siempre coordinados con Météo-France, que informa de la evolución de la situación meteorológica para que el resto de las instituciones puedan ir adaptando los protocolos.
En 2018, el Gobierno francés se vio obligado a desplegar a sus militares tras unas fuertes inundaciones en Aude, al sur del país, que dejaron 14 muertos e importantes daños materiales. Una situación que se repitió en Var, en 2019, 2020 y este mismo año, después de que las fuertes precipitaciones dejasen incomunicadas, y sin suministros básicos, a 600 personas, en su mayoría turistas. LETICIA FUENTES

Italia: el Gobierno central toma las riendas en caso de gravedad


En Italia, en caso de una alerta meteorológica, el sistema de emisión de alertas y respuesta a catástrofes está compartido entre el Estado central y las regiones, basándose en la información proporcionada por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y la Protección Civil (entidad que existe en el país desde 1980). En una primera instancia, las regiones tienen la responsabilidad de decidir sobre el cierre de escuelas, la activación de planes de evacuación o la restricción del tráfico. Sin embargo, cuando un evento meteorológico se considera grave y con un alto riesgo para la población —por su potencial de causar daños significativos o afectar a varias regiones o provincias—, el sistema puede activarse a nivel nacional. Esto sucede en casos de catástrofes naturales de gran escala, como terremotos o inundaciones severas, en los que la Protección Civil Nacional puede intervenir incluso sin la aprobación de las autoridades regionales o tras la declaración del estado de emergencia por petición del Gobierno nacional.
Esto permite también movilizar recursos adicionales y responder de manera más rápida y coordinada una vez ocurrido el evento. En este sentido, la flexibilidad es uno de los pilares del sistema italiano, aunque, como sucede en otros países, la coordinación no siempre es perfecta. IRENE SAVIO

Alemania: la tragedia del valle del Ahrt de 2021 derivó en un control centralizado


En Alemania, la tragedia de Valencia remite a la catástrofe que afectó en 2021 al 'land' de Renania Palatinado y el vecino de Renania del Norte-Westfalia, con epicentro en el valle del Ahrt. Murieron 180 personas y las aguas engulleron pueblos enteros, puentes y carreteras. La imagen de la primera ministra regional, la socialdemócrata Malu Dreyer, recorriendo la zona agarrada del brazo de la entonces canciller, la conservadora Angela Merkel, actuaron de bálsamo por representar la cohesión en medio de la tragedia. Pero ello no evitó que la reputación de la hasta entonces muy bien valorada Dreyer quedara marcada. Corresponde a las autoridades del 'land' articular las medidas en cuanto los servicios metereológicos lanzan una alerta. En esa ocasión, los sistemas de alarma fallaron.
Pagaron las consecuencias con sendas dimisiones el ministro regional del Interior, Roger Lewentz, y su colega de Medioambiente, Anne Spiegel. El responsable directo en la cadena de negligencias fue un concejal, Jürgen Pföhler. Fuera de las consecuencias políticas o judiciales, la catástrofe evidenció la descoordinación entre las autoridades políticas, servicios de Protección Civil y los cuerpos policiales. Bajo el actual Gobierno de Olaf Scholz se han reorganizado los mecanismos en torno a un Centro Conjunto de Protección Civil. Lo integran todos los estamentos implicados, desde servicios metereológicos a autoridades nacionales, regionales y locales.
También se ha implantado como norma un simulacro a escala nacional. Un 96% de la población debe recibir en el día señalado en su móvil una estridente señal de alarma, con instrucciones a seguir. GEMMA CASADEVALL

China: sistema de alertas que cubre al 98,8% de la población

China dispone de un sistema de alertas por desastres meteorológicos centralizado, en constante desarrollo y que incluye frecuentes mensajes por SMS a la ciudadanía. Este mes anunciaba la prensa nacional que el sistema permitía ya emitir alertas en un lapso de entre tres y ocho minutos que cubrían a un 98,8% de la población.
China cuenta con una respuesta de cuatro niveles, de forma que al primero le corresponden las medidas más serias, y en paralelo también con un sistema de cuatro niveles de advertencia, que funciona por colores: la roja es la más peligrosa, seguida por la naranja, la amarilla y la azul. Esta semana ha activado China la roja en varias provincias orientales por la llegada del tifón Kong-Rey. Las alertas son emitidas por el Ministerio de Recursos del Agua y la Administración Meteorológica de China.
La batería de medidas ante las amenazas más graves incluye el cierre de colegios, la recomendación de no salir de casa, la interrupción del transporte público y la evacuación de la población en zonas más peligrosas.
La anticipación con la que se detectan las tormentas y la agilidad con la que se dictan las medidas de precaución no es exclusiva de China sino de todo el Asia Oriental y el sudeste asiático, azotadas por tormentas en la temporada húmeda del Monzón. Incluso los países menos desarrollados como Filipinas cuentan con eficaces métodos de detección y prevención. ADRIÁN FONCILLAS

miércoles, 30 de octubre de 2024

Razones para preocuparse

Orbán y el club trumpista europeo que no pone velas por Kamala Harris



El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, y el candidato republicano a las elecciones de EEUU, Donald Trump, en la residencia del expresidente en Florida. / ZOLTAN FISCHER / EFE
Gemma Casadevall

Cualquiera que siga la campaña de Estados Unidos por los medios de referencia de las principales capitales de la UE pensará que toda Europa respirará aliviada si Kamala Harris alcanza la Casa Blanca. Sobre todo teniendo en cuenta que Alemania ya no tiene una líder como Angela Merkel, capaz de neutralizar a Donald Trump, como la mostraba una emblemática foto de una cumbre del G7, en pie y confrontada al entonces presidente. A la potencia europea la dirige ahora un canciller debilitado y al frente de una coalición agónica, Olaf Scholz.
¿Toda Europa quiere a Harris o esa unanimidad es ficticia? Hay un trumpismo creciente, que se mueve preferentemente entre los radicalismos derechistas. Ganan posiciones en las urnas, están liderando o formando parte de gobiernos y, como Trump, no basan sus éxitos en la discreción, sino en la estridencia.
El más consolidado trumpista entre los líderes europeos es el húngaro Víktor Orbán, en el poder ya cuando Trump fue elegido para su primer mandato. Ha anunciado sin rodeos que descorchará varias botellas de champán si regresa a la Casa Blanca. A Orbán le ha tratado de autócrata y corrupto desde la Eurocámara la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen. Pero si algo no está es políticamente aislado, en su posición de amigo declarado del candidato republicano.

La presidencia rotatoria como escaparate

El ultranacionalista Orbán tiene una excelente pantalla. Su país ejerce la presidencia de turno del Consejo Europeo y está arropado por otros líderes tanto o más trumpistas. El Gobierno de Países Bajos está encabezado por el Partido de la Libertad (PVV) del ultraderechista Geert Wilders, el llamado "Trump neerlandés" por afinidad política y hasta similitud física, debido a su tupé leonado. Wilders no ocupa el puesto de primer ministro, pero maneja desde fuera al Ejecutivo. En Austria se impuso hace unas semanas como fuerza más votada otra ultraderecha, el FPÖ de Herbert Kickl. En Eslovaquia gobierna el populismo prorruso dicho de izquierdas de Robert Fico, que comparte con Orbán, Wilders y Kickl su rechazo al apoyo a Kiev. Otras ultraderechas que forman parte o apoyan a sus gobiernos, como en Finlandia y Suecia, respaldan en cambio a Ucrania, de acuerdo al consenso reinante en el báltico contra Moscú.
El tablero político de la Unión Europea y de la Eurocámara tiene poco que ver con que el dejó Merkel. Desde el Partido Popular Europeo (PPE) del alemán Manfred Weber, en el que está integrado la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Von der Leyen, se están respaldando postulados de la ultraderecha. Los Patriotas por Europa, el grupo de la Eurocámara del que forman parte Orbán, Kickl y la Agrupación Nacional de la francesa Marine Le Pen apoyan asimismo mociones impulsadas por la derecha más radical y teóricamente aislada, como Alternativa para Alemania (AfD).

El champán en la nevera

"Make Europe great again" ("Hagamos Europa grande otra vez"), fue el lema elegido por Orbán para el semestre de presidencia húngara, a modo de guiño al que llevó a Trump hasta la Casa Blanca. Nadie pone en duda que descorchará el champán si gana Trump, al que visitó en su residencia durante la última cumbre de la OTAN en Washington.
Un regreso de Trump sería un zarpazo a la ya poco unitaria política exterior de la UE y al apoyo aliado a Ucrania, lo que en definitiva sería un regalo para Vladímir Putin, el otro gran amigo al que Orbán ha visitado durante su ambigua presidencia europea; un puesto que, en rigor, no implica una represención a escala comunitaria.
La UE nunca ha logrado unificar su politica exterior, como se ha demostrado tanto con la invasión de Ucrania como en la guerra de Gaza. Los 27 defienden intereses demasiado divergentes. Pero Orbán tal vez tendrá ocasión de descorchar ante sus socios de la UE la anunciada botella de champán la próxima semana, si las urnas dan la victoria a Trump. Podría ser el 7 de noviembre si ya hay resultados, dos días después de las elecciones, con el líder húngaro como anfitrión del Consejo Europeo convocado en Budapest.

Cavallo, lideresa

VW abre otra ronda negociadora sobre el posible cierre plantas bajo el impacto del desplome de beneficios



Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa del grupo VW, y Thorsten Gröger, director de distrito de IG Metall, antes del inicio de la nueva ronda negociadora. / Moritz Frankenberg/dpa via AP
Gemma Casadevall

Caída de beneficios, confrontación con los sindicatos por los temidos cierres de fábricas y despidos y, encima, la entrada en vigor de los nuevos aranceles de la UE a los coches eléctricos chinos que, desde la perspectiva alemana, aceleran el peligro de una guerra comercial. La sucesión de nubarrones sobre Volkswagen (VW) tomaron una nueva dimensión este miércoles. Era el día previsto para la presentación de los resultados del grupo, para el inicio de la segunda ronda de negociaciones con el comité de empresa y para la activación de los aranceles adicionales a China, hasta el 35,3 %, aprobados por la UE con el voto negativo de Alemania.
A primera hora saltaron las cifras del grupo. Sus beneficios en los primeros nueve meses del año cayeron un 33,1% a escala interanual. La evolución no es solo es alarmante, sino acelerada: el tercer trimestre fue aún peor, con una caída interanual disparada al 64%. VW vende menos autos y los pronósticos no son de recuperación. Parte del problema procede de la debilidad del mercado en China. El voto negativo alemán a los aranceles de la UE, que Francia defiende como imprescindibles, se debe a las inversiones de sus grandes fabricantes en China. Debilitar al gigante asiático acaba siendo un tiro en el pie para Alemania, cuyo gobierno insiste en que la UE debe seguir negociando con Pekín.
Para VW la situación es angustiosa. Tiene poco que ofrecer en cuanto a autos eléctricos y flaquea lo que fue su sector estrella, los coches de combustión. El gigante asiático domina la electromovilidad y los altos costes de producción en Alemania atenazan al grupo.
Todo eso incide en las señales de alarma de la dirección al comité de empresa, que el pasado lunes informó de los planes de VW de cerrar hasta tres de las diez fábricas de VW en Alemania. Habrá decenas de miles de despidos, advirtió la jefa del Comité de Empresa, Daniela Cavallo. Los que conserven su puesto entre los 120.000 empleados de la plantilla actual afrontarán recortes salariales de un 10%. Nada de esto fue confirmado por la dirección, aunque sí emitió un comunicado recordando la advertencia lanzada en septiembre de que la situación es grave y que la reestructuración en Alemania es inevitable.
El sindicato de los metalúrgicos alemanes, IG Metall, inició este martes una campaña de paros intermitentes en todo el sector para apoyar su reclamación del 7% de aumento salarial, la misma que pide el comité de VW para sus trabajadores en Alemania. La patronal del sector rechaza esta petición, mientras crecen las tensiones ante la confrontación que viene anunciándose en VW, el mayor fabricante de automóviles de Europa.
Ante el inicio de la nueva ronda negociadora con el comité de empresa, este miércoles a las 11.00 en la central de Wolfsburg, reinaba una especie de calma tensa. Ambas partes, sindicatos y compañía, están jugando sus cartas. La presentación de los resultados trimestrales encajaba en la escenografía.
Desde el estamento político se suceden las llamadas a evitar los despidos en un grupo que fue modélico, no solo por su poderío en la puntera automoción alemana, sino también porque en anteriores crisis encontró fórmulas exitosas para evitar la destrucción de empleo. El primer ministro de Baja Sajonia, el socialdemócrata Stephan Weil, apeló a buscar "soluciones inteligentes“ a la crisis del grupo. Su 'Land' tiene aproximadamente un 12% de las acciones de VW y en ese Estado federado se encuentra su sede central, con unos 70.000 trabajadores, y una de las plantas amenazas de cierre, Osnabrück.
El catastrofismo, en medio de la debilidad y disensos que envuelven al gobierno de Olaf Scholz, se ha apoderado del sector que se identificó con el dominio exportador alemán. La Asociación de la Industria Automovilística (VDA) advertía estos días de que el sector puede perder 140.000 puestos de trabajo en los próximos diez años si no es capaz de hacer la transición hacia la electromovilidad. Se sumarían a los 45.000 empleos que ya perdió en los cinco años pasados, en parte derivados por la paralización de la actividad por la pandemia. En 2023, el número de empleados del sector estaba en los 910.000.

El PIB da un respiro

En ese contexto, alivió un poco la jornada el anuncio de Destatis de que la economía alemana no perdió fuelle en el tercer trimestre, sino que, contra todo pronóstico, se registró un crecimiento del PIB de 0,2% respecto al anterior periodo trimestral. Hace un par de semanas, el Gobierno presentó sus pronósticos revisados para 2024, según los cuales Alemania lo cerrará en recesión, por segundo año consecutivo.