sábado, 20 de febrero de 2010

Un Oso para adornar el chalet suizo


La Berlinale se rindió al cine recóndito y al ausente Polanski
  
Gemma Casadevall

Berlín, 20 feb (EFE).- La 60 Berlinale se volcó con el cine recóndito al entregar su Oso de Oro a la turca "Bal" ("Honey"), de Semith Kaplanoglu, y varias Platas al nuevo cine de Rumanía y Rusia, y se rindió al ausente Roman Polanski, con el premio al mejor director por "The Ghost Writer".
Polanski, que permanece en arresto domiciliario en Suiza por una deuda pendiente con la justicia de EEUU -la presunta violación de una menor en los '70-, fue aclamado por la solidez de su filme, sobre el "negro" Ewan McGregor, que de escritor de las memorias del ex premier británico pasa a descubrir una trama sobre los secuestros de la CIA en Irak.
"De haber podido, tampoco habría venido a Berlín a recoger el premio. La última vez que fui a un festival a buscar un premio acabé en la cárcel", fue el mensaje de Polanski leído por Alain Sarde y Robert Benmussa en la gala. El director fue detenido el pasado septiembre, cuando acudía al festival de Zúrich y actualmente sigue bajo arresto domiciliario en su chalet suizo.

Su inclusión a competición fue vista como un gesto solidario al colega en dificultades. Tras el desfile de los 20 aspirantes a premio quedó claro que, por encima de todo, Polanski sigue haciendo buen cine, al estilo Hitchcok de toda la vida, pero sólido.
Con "Bal", tercer filme del turco Kaplanoglu sobre Anatolia, se premió un estilo muy distinto de entender el cine, a través de una poética hecha de silencios y sobre la figura de un niño que sólo habla con fluidez, a susurros, con su padre, el resto es tartamudeo o mutismo.
Un buen día, el padre queda suspendido al quebrarse la rama de un árbol de la que se colgó para recoger la miel de sus colmenas, a merced del zumbido de las abejas.
El jurado, presidido por Werner Herzog y con la actriz René Zellweger y el productor español José María Morales, recompensó asimismo la película del joven realizador rumano Florian Serban "Eu cand vreau sa fluier" ("If I want to whistle, I whistle").
El filme de Serban, rodado en una sórdida cárcel de menores rumana e interpretada, a excepción de los protagonistas, por muchachos del penal, se llevó el Gran Premio Especial del Jurado y además el Alfred Bauer en memoria del fundador del festival.
Herzog y los suyos dejaron claro también cuál era la filosofía de sus premios de interpretación: ante todo, intensidad, nada de tributos a nombres reconocidos, como Gérard Depardieu.
La Plata a la mejor actriz fue para la japonesa Shinobu Terajima, por su desgarrador papel en el durísimo film "Caterpillar", de Koji Wakamatsu, como abnegada esposa de un soldado japonés que regresa de la guerra sin brazos ni piernas, decidido a que siga siendo su esclava sexual puesto que sí le quedaron los genitales.
La Plata al mejor Actor fue, compartida, para el dúo de actores formado por Grigoru Dobrygin y Sergei Puskepalis, por en "Kak ya Provel etim letom" (How I ended this Summer"), la película de Alexei Popogrebsky que discurre en el círculo polar ártico.
La confrontación entre el joven inexperto que todo lo rompe y el iracundo trabajador de la estación ártica que aspira a volver a casa, tras años entre hielos, es la base de un filme sustentado solo en ellos y el maravilloso espectáculo del paisaje polar.
El filme ruso, primero en años procedente de ese país a concurso en la Berlinale, ganó otra Plata a la mejor contribución artística por el trabajo de su cámara, Pavel Kostomarov.
Polanski fue el único gran nombre entre los principales premios del palmarés berlinés, fuera de la Plata al mejor guión para Wang Quan'an -por "Tuan Yuan"-, director chino que en 2007 ganó el Oro.
Se fueron de vacío el alto contingente de cine escandinavo y restantes cinematografías del corazón de Europa, mientras que el cine anfitrión sólo rozó el premio como co-productor de "Bal".
La Berlinale se cerró con una ceremonia sobria, más incluso de lo que suele serlo la clausura de la Berlinale, tras una edición de cumpleaños empañada por la parca presencia de grandes astros. En diez días de festival, el máximo representante de Hollywood sobre su alfombra roja fue Leonardo DiCaprio, con una la película fuera de concurso, "Shutter Island", de Martin Scorsese.
Lo más mediático no fueron ni las estrellas ni el cine actual, sino la proyección del mítico "Metrópolis" de Fritz Lang de 1927 ante la Puerta de Brandeburgo a varios grados bajo cero y bajo la nieve, en versión restaurada sobre una copia casi íntegra hallada dos años atrás en el Museo del Cine de Buenos Aires.
La 60 Berlinale homenajeó, además, con sendos Osos de Oro de Honor a una de las divas más internacionales del cine alemán Hanna Schygulla y al guionista Wolfgang Kohlhaase, autor histórico desde tiempos de la extinta Alemania comunista y aún en activo. EFE
gc/cr

viernes, 19 de febrero de 2010

Mamut Gerard

Descomunal Depardieu e inquietante Winterbottom cierran lucha por los Osos
 
Gemma Casadevall

Berlín, 19 feb (EFE).- Un descomunal Gérard Depardieu, convertido en "Mammuth", y un inquietante Michael Winterbottom, escarbando en el cerebro de un policía psicópata y asesino, en "The Killer inside me", cerraron hoy la sección a concurso de la Berlinale, cuyos Osos siguen sin tener un favorito claro.
La apuesta de Winterbottom en su cuarta película a competición en Berlín ("Besos de mariposa", en 1995, "In this world", Oro en 2003, y "Camino a Guantánamo", Plata al mejor director en 2006) fue el cine negro, sobre una novela de Jim Thompson y con un atractivo desfile de actores -Casey Affleck, Kate Hudson y Jessica Alba-.
"Los libros de Jim Thompson van más allá de la mera violencia como entretenimiento. Se busca su origen, el desarrollo y el proceso de destrucción interna", explicó Winterbottom, que acudió a Berlín sin ninguno de sus actores y se vio confrontado con la cuestión del uso -y para algunos, abuso- de la violencia contra la mujer.

Affleck es un sádico, un policía tejano que no disfruta porque sí matando -o casi- a puñetazos a sus novias, preferentemente, sino que tras él está el rastro "de una infancia destruida", explicó.
Hay un detonante, "la huella de la violencia y la sexualidad transtornada", la paterna, en su infancia, y la propia, en la actualidad, y a ello se remite su filme, explicó.
Por qué centrarse ahora, después de filmes de alto calibre político como los que le dieron Osos en la Berlinale, en el cine negro, envuelto en la música y el ambiente prototípico del género, es algo que Winterbottom no llegó a revelar en su comparecencia ante la prensa.
"No reproduzco esquemas ajenos, la violencia existe, no es un tema exclusivo sólo para filmes de corte documental o relacionados con el mundo actual. Es parte de un entorno cotidiano, el doméstico o el que leemos en ese mundo paralelo que son nuestras lecturas, como las novelas de Thompson", dijo.
A Winterbottom se le esperaba en la Berlinale como último cartucho en un festival en que se han visto muchas buenas películas, pero no esa "gran" película o clara favorita a premios. Su "The Killer inside me" no parecía ser la destinataria de ese calificativo y la recepción fue dispar, a juzgar por los discretos aplausos, en alternancia con algún abucheo.
Depardieu animó la jornada con su "Mammuth", apodo que sirve en el film dirigido por Benoit Delépine tanto al personaje que interpreta como la moto a la que monta, tras años dormida en el garaje, para empezar un curioso "road movie" de carnicero jubilado en busca de su historial laboral.
Los primeros 15 o 20 minutos colocan al espectador ante un recital de gags desternillantes, con un Depardieu más orondo que cuando se caracterizó del galo Obélix y un "look" semejante al de Mickey Rourke de "The Wrestler".
Quien se confía en que irá a más en esa dirección se equivoca. El resto del filme adopta perfiles más y más melancólicos, poéticos o filosóficos, con un Depardieu más y más inmenso en lo interpretativo, tanto como su descomunalidad física.
Winterbottom y Depardieu se comieron a la danesa "En Familie", el tercer filme a competición de esa última jornada, dirigida por Pernille Fischer Christensen, y centrada, como su título indica, en la vida familiar, eje de la Berlinale, por designio de su director, Dieter Kosslick.
Es una película agónica, en el sentido estricto de la palabra, porque aborda exactamente eso: la agonía de un padre de familia, enfermo de cáncer, que aspira por lo menos a que algo le sobreviva: la hermosa panadería, orgullo de una dinastía de artesanos que, teme que se cierre con él.
Lo que arranca como película sobre una hermosa familia donde todos se quieren deriva, en la medida en que el padre recae en una enfermedad que se revela terminal, en un nudo de conflictos algo deshilachado.
Con "En Familie" se cerró el desfile de las 20 aspirantes, entre las que el jurado presidido por Werner Herzog deberá repartir honores.
A falta de un claro favorito, la revista de la Berlinale "Screen", daba la máxima puntuación, hasta ayer, al ruso "Kak ya provel etim letom" -"How I Ended This Sommer"-, de Alexei Popogrebsky, seguido del turco "Bal", de Semil Kaplanoglu.
Nadie descarta nada, visto que la nómina de premiados por la Berlinale de la última década incluyó Oros como la "Carmen" sudafricana, en 2005, un hito absoluto en lo que a premios contra todo pronóstico se refiere. EFE
gc/jcb/cr

jueves, 18 de febrero de 2010

Duro Sarajevo, endulzado Buenos Aires


Argentina Smirnoff y bosnia Zbanic, dos lecciones de cine de nuevo cuño
 
Gemma Casadevall

Berlín, 18 feb (EFE).- Dos jóvenes directoras, la argentina Natalia Smirnoff y la bosnia Jasmila Zbanic, dominaron hoy la Berlinale, con un filme armado sobre el talento de María Onetto, la primera, y sobre la radicalización islámica en Sarajevo, la segunda, en una jornada a competición en la que el cine alemán fue abucheado.
Zbanic, nacida en 1974 en Sarajevo y Oso de Oro en 2006 con "Grbavica", volvió a la Berlinale con una sutil muestra de cómo sugerir, más que mostrar, los cismas dejados en la sociedad bosnio musulmana por el conflicto bélico.
Smirnoff, porteña nacida en 1972, debutó con "Rompecabezas", centrada en el mosaico de sentimientos de una mujer, María del Carmen -interpretada por Onetto-, a quien alguien regala en su 50 cumpleaños un puzzle y descorre así la cortina de un talento que nunca sospechó tener y que algunos hubieran preferido dejar oculto.
Onetto es el principal talismán de la primeriza directora para desarrollar su película y el primer plano de su rostro, en alternancia con los de sus manos superdotadas para armar cualquier rompecabezas, es el hilo conductor del filme.
Su amoroso esposo, los hijos, el alma gemela que le sale al paso como tándem con vistas a un torneo mundial de puzzles -en Alemania- y restantes personajes son puras comparsas, con las que Smirnoff completa el mosaico alrededor de Onetto.
En otra órbita se sitúa Zbanic con "Na Putu" -"On the Path"-, centrado en una joven y hermosa azafata bosnia, que quiere tener hijos con su compañero, un musulmán moderno y controlador aéreo, de pronto en el paro por tomar alcohol en el trabajo.
La salida al desempleo será un trabajo en un campamento de musulmanes que sí siguen las reglas estrictas del Corán, donde las mujeres van cubiertas de cabeza a los pies y su resquicio a la vida es la apertura en su negra burka a la altura de los ojos.
"Tras el genocidio, tras la guerra perdida, fueron muchos los que buscaron refugio en el integrismo religioso. Traté de abordar ese proceso y hasta qué punto alguien, por amor, debe aceptar los cambios del otro, cuándo empezamos a renunciar a nosotros mismos y en qué punto la renuncia significa traicionarnos", explicó Zbanic.
Del refugio en la religión al lavado de cerebro, del Corán al integrismo político: ésta es la cuestión que plantea Zbanic, en un filme donde no exhibe los desgarros de la sociedad bosnia a zarpazos, sino con inteligencia.
Cuatro años después de abordar en "Grbavica" el drama de las mujeres violadas en el conflicto balcánico, Zbanic regresó al festival con una exhibición de talento consolidado.
Sobre la debutante Smirnoff, tras el pase de prensa, se barajaba la cuestión de si se cumplirá con ella la regla no escrita de que todo film argentino a concurso sale de la Berlinale con premio.
Así ha sido desde que Lucrecia Martel se llevó el correspondiente a mejor ópera prima en 2001 con "La ciénaga". La regla se mantuvo, sucesivamente, con Daniel Burman, Ariel Rotter y Rodrigo Moreno, con distinciones mayores o menores, hasta llegar en 2009 al porteño Adrián Biniez, con su "Gigante" rodado en Uruguay.
Si Rotter y Moreno sustentaron sus filmes en el trabajo de actor de Julio Chávez, Smirnoff "tomó" prestada a Onetto -otro sinónimo de solidez interpretativa- de su compatriota y colega Martel.
Smirnoff y Zbanic dejaron en la Berlinale el sello del buen trabajo, con la etiqueta común de "jóvenes realizadoras", mientras que el anfitrión alemán se llevó el primer abucheo de la competición con "Jud Süss", de Oskar Roehler.
Su filme se centra en la figura de un actor, Ferdinand Marian, que vende su alma al diablo -el ministro de la propaganda nazi Joseph Goebbels- no por afán de éxito, sino porque no se atreve a negarse. Cree que podrá manipular al gran manipulador del Tercer Reich, pero por supuesto se estrella, con las consecuencias que cualquiera imagina para su esposa, de origen judío.
Rodada bajo el prisma estético de un melodrama de los 40, con un Moritz Bleibtreu ("RAF Facción del ejército rojo") a medio camino hacia la parodia como Goebbels, la película provocó impaciencia entre los medios internacional y algo de vergüenza ajena entre los alemanes. EFE
gc/jcb/agf
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Ronda de homenaje


Homenaje a Schygulla y Kohlhaase, la diva y el talento a la sombra
 
Gemma Casadevall

Berlín, 18 feb (EFE).- La 60 edición de la Berlinale rindió hoy homenaje por partida doble a dos leyendas vivas del cine alemán, la actriz Hanna Schygulla, probablemente una de sus divas más internacionales, y Wolfgang Kohlhaase, un talento algo más a la sombra e histórico guionista desde tiempos de la Alemania comunista.
Schygulla y Kohlhaase se repartieron los honores del festival en su cumpleaños redondo, con sendos Osos de Oro de Honor a toda su carrera y con una retrospectiva de diez filmes, uno por cada día del festival, para sus títulos más míticos.
La actriz, de 66 años, representa lo que el ministro de Cultura, Bernd Neumann, llamó exponente de la "atracción magnética" desde la pantalla, mientras que el guionista, de 78 años, es el ejemplo de profesional forjado en los estudios DEFA, de la República Democrática Alemana (RDA), que han seguido marcando el camino tras la reunificación.
De Schygulla se recordaron algunos títulos míticos de sus tiempos de musa de Rainer Werner Fassbinder, como "Lili Marleen" (1980), más otros como "Storia di Piera", de Marco Ferreri (1982) o su participación en "Auf der anderen Seite" ("Al otro lado", 2006), de Fatih Akin, representante de la nueva generación de cineastas germano-turcos.
De Kohlhaase se proyectó el título que colocó el cine de la RDA en el palmarés de la Berlinale, "Solo Sunny", cuya actriz, Renate Krosner, ganó el Oso de Plata a la mejor interpretación femenina en 1980.
Y también filmes realizados tras la caída del Muro, como la comedia como "Sommer vorm Balkon" (2005), dirigida por Andreas Dresen, realizador identificado con los talentos actuales surgidos en el antiguo territorio germano-oriental.
Con los Osos de Oro de Honor a Schygulla y Kohlhaase se homenajeó a dos personalidades dispares que marcaron décadas del cine alemán, la actriz que puso el rostro a inquietantes personajes femeninos de Fassbinder y al "superviviente" del Este, que no quedó engullido por la apisonadora de colegas del otro lado tras la caída del Muro.
Schygulla es, para sus compatriotas, algo así como la continuadora de Marlene Dietrich, la diva más internacional del cine alemán, que dio la espalda a su país tras la llegada de Adolf Hitler al poder, en 1933, para no regresar jamás más que de visita.
La Dietrich abandonó Alemania en dirección a Hollywood el mismo día en que se estrenó "El ángel azul", el 1 de abril de 1930, luego adoptó la nacionalidad estadounidense y actuó ante sus soldados para animar a la tropa en la guerra contra el Tercer Reich.
Murió en París, en 1992, la misma ciudad donde reside Schygulla, aunque en su caso la capital francesa no es exactamente un exilio por razones políticas, sino profesionales, por ser ésta la ciudad donde principalmente actúa como cantante.
Schygulla, nacida en 1943 en la entonces Polonia ocupada, coqueteaba estos días, antes medios alemanes, con la posibilidad de reinstalarse en Berlín sin esperar tanto como la Dietrich, cuyos restos fueron finalmente enterrados en un cementerio berlinés dos años después de su fallecimiento.
La relación algo compleja de Schygulla y Dietrich con Alemania las une en el calificativo de "divas distantes". Sin embargo, entre ambas actrices hay una diferencia fundamental, según recordaba estos días el director de la filmoteca alemana, Rainer Rother.
Dietrich fue, en Alemania como en EEUU, prototipo de la superestrella glaciar, mientras que Schygulla era y sigue siendo algo así como la anti-estrella, más interesada en ofrecer su imagen de ser real que de criatura del celuloide a quien además no asustan ni las arrugas ni las canas, como muestra en sus apariciones recientes.
En sus tiempos de musa de Fassbinder encarnó el modelo de belleza "alemana", de acuerdo a los cánones, pero también la mujer atravesada por conflictos y matrimonios rotos, que tanto apura su magnetismo físico como la elaboración intelectual de sus personajes.
Está en la nómina de divas alemanas, no sólo como la más internacional, sino también como una de las más versátiles, al igual que lo fue Kohlhaase como guionista que, incluso en tiempos de la RDA y trabajando en sus estudios estatales, dio un tono crítico a sus filmes, alejado de los colegas que se entregaron al aparato de propaganda. EFE
gc/ih/agf
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Flaquita


Natalia Smirnoff, única latinoamericana en pos del Oso, en la línea de Martel
 
Gemma Casadevall

Berlín, 18 feb (EFE).- La argentina Natalia Smirnoff concurrió hoy en la Berlinale como única aspirante latinoamericana a los Osos, consciente de que está en la línea de Lucrecia Martel, Ariel Rotter y otros compatriotas que salieron de Berlín premiados, pero sin ver en ello una garantía de éxito.
"Tengo la sensación de que Argentina tal vez salió ya un poco del foco. En un momento dado una cinematografía se da como emergente, luego esa circunstancia pasó", explicó Smirnoff, tras el pase para prensa de su film, su ópera prima como directora de largometrajes.
Su película, "Rompecabezas", apuntalada en el trabajo de actriz de María Onetto compartió jornada a competición con "Na Putu", de la bosnia Jasmila Zbanic, ganadora en 2006 de un Oso de Oro con "Grbavica", así como "Jud Süss", del alemán Oskar Roehler. Ellas escucharon aplausos; él, representante del cine anfitrión, abucheos.
Ambas son exponentes de una nueva generación de cineastas -Zbanic nació en Sarajevo en 1974, Smirnoff, en Buenos Aires en 1972-, pero sus películas corresponden a dos formas distintas de hacer cine.
Mientras que Zbanic aborda los cismas dejados en la sociedad bosnia musulmana por el conflicto bélico, Smirnoff se centra en el mosaico de sentimientos de una mujer, María del Carmen -Onetto-, a quien alguien regala en su 50 cumpleaños un puzzle y descorre así la cortina de un talento que nunca sospechó tener.
Onetto es el talismán de Smirnoff -"es una actriz imprevisible, que arriesga a cada plano", dijo- y su filme se apuntala en primeros planos de su rostro, en alternancia con los de sus manos superdotadas para armar puzzles.
Tras la exhibición del filme, la cuestión ahora es si Smirnoff cumplirá con la regla no escrita de que todo film argentino a concurso se va de Berlín con premio.
La buena racha del cine argentino en la Berlinale de esta última década arranca de Lucrecia Martel, en 2001, con "La ciénaga", que se llevó el premio a la mejor ópera prima.
Le siguió, en 2004, "El abrazo partido", de Daniel Burman, que ganó el Gran Premio del Jurado y el Oso de Plata al mejor actor, para Daniel Hendler.
Dos años después, "El Custodio", de Rodrigo Moreno, obtuvo el Alfred Bauer, y al siguiente le tocó el turno a "El otro", de Ariel Rotter, que ganó el Gran Premio del Jurado y el Oso de Plata al Mejor Actor -Julio Chávez-.
Finalmente en 2009, el porteño Adrián Biniez, ganó el Gran Premio del Jurado, el de mejor ópera prima y el Alfred Bauer con "Gigante", rodada en Uruguay.
Smirnoff lleva una década trabajando como ayudante de dirección en las películas de Martel -"La ciénaga", entre ellas- y de otros títulos argentinos, incluido "El otro".
Si Rotter y Moreno sustentaron sus filmes en el trabajo de Chávez, Smirnoff "tomó" prestada a Onetto -otro sinónimo de solidez interpretativa- de su compatriota y colega Martel. EFE
gc/nvm

miércoles, 17 de febrero de 2010

La tentación ante el semental


Julianne Moore encarnó ante la Berlinale la ambigua plenitud lésbica
 
Gemma Casadevall

Berlín, 17 feb (EFE).- La actriz Julianne Moore dio alas a la Berlinale convertida en esposa de Annette Bening en "The Kids are all right" y encarnando una aparente plenitud lésbica, que se revela ambigua cuando aparece el donante de semen que las convirtió en madres.

"Da igual la orientación sexual de los padres, la vida familiar siempre es compleja, ser buenos padres es difícil. Si de pronto uno desencadena el caos le corresponde pagar por ello", sostuvo Moore en la presentación del film en la sección oficial, aunque fuera de concurso, que defendió junto a su directora, Lisa Cholodenko.
Toda plenitud implica duda y eso es lo que plantea Cholodenko en la película, que arranca en el momento en que los hijos adolescentes deciden conocer a su padre biológico -Mark Ruffalo- y abren así la caja de Pandora alrededor del intruso que un buen día donó su semen por 60 dólares el frasco.
Moore es la parte femenina en la pareja y la que inevitablemente irá en busca de Ruffalo, el soltero empedernido que de pronto se crea la ilusión de pertenecer a una familia. Será la única en la aparentemente inexpugnable fortaleza homosexual que se permite el respiro de la duda. Y, ya puestos, gozará la experiencia.
"La duda existe siempre, no hay amor sin duda, no hay pareja sin cuestionamiento. Cualquier familia se sustenta sobre la lealtad, eso es lo importante, da igual si quien está al frente son dos madres lesbianas o un padre y una madre", sostuvo la actriz, que dejó en la Berlinale el áurea de impecable solidez que la caracteriza.
"He hecho algo convencional a partir de la situación de una familia formada por dos madres, lo que, por otro lado, afortunadamente dejó de ser algo anómalo", admitió Cholodenko.
El corte es convencional, ni una pieza escapa al esquema y a nadie le asaltan dudas de que de lo que se desmadejó volverá al orden del ovillo. Queda por ver si sus secuelas quedarán en algún rasguño o en el cuestionamiento irreversible de la homosexualidad como algo absoluto.
Moore capitalizó los flashes de la jornada y alivió con esa típica comedia "made in USA" de Cholodenko una sección oficial cuyas dos participantes a competición del día fueron de digestión difícil.
Por un lado, "Kak ya Porvel Etim Letom" -"How I ended this Sommer"-, de Alexei Popogrebsky, tras años sin participante ruso a competición; por el otro "Shahada", ópera prima del afgano-alemán Burhan Qurbani.
Popogrebsky colocó al espectador ante la confrontación de dos personajes antagónicos en una estación meteorológica del círculo polar: un joven inexperto que rompe cuanto toca y su colérico colega, a punto de regresar a casa tras años entre hielos, al que el primero no se atreve a comunicar que acaban de morir su mujer y su hija, por temor a que la emprenda a tiros.
El paseo por el círculo polar dio para dos horas largas de espectacular fotografía ártica, más desarrollo del pulso entre los dos caracteres, que sólo los más pacientes llegaron a paladear como corresponde y como, finalmente, llega a desvelar el filme.
Qurbani retrata los conflictos de varios jóvenes musulmanes del Berlín multicultural, en un intento por reflejar que sus conflictos no difieren tanto de los de sus conciudadanos.
"Quería mostrar la diversidad del Islám", afirmó el joven realizador. Su personajes van desde un joven nigeriano que trabaja en un mercado de abastos a un amoroso padre -e imán en la mezquita del barrio- que trata de entender a su hija, pese a que ésta optó por un estilo de vida nada acorde con el Corán.
A Qurbani se le reprochó en la rueda de prensa dar sólo una cara de la moneda, la del Islám más tolerante, no la de las jóvenes que pueden morir en cualquier esquina, asesinadas por un hermano, porque rompieron el honor familiar por su modo de vida.
Sin embargo, Qurbani defendió que no todo el que reza o recita el Corán es un fundamentalista islámico.
Su film, tercera producción alemana a concurso, provocó división de opiniones entre los medios berlineses -donde el tema de las sociedades paralelas islámicas es objeto recurrente de debate-. EFE
gc/jcb/cr
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Felpudín rojo


Cine de barrio, con Hassan, Lial y Maradona en la alfombra roja
 
Gemma Casadevall

Berlín, 17 feb (EFE).- La Berlinale se extendió en su 60 edición más allá de la Potsdamer Platz para alcanzar los cines de barrios más periféricos de la capital, sobre cuyas alfombra roja no desfila Leonardo DiCaprio, sino Hassan, Lial y Maradona, tres hermanos de origen libanés y estrellas del "hip hop" del distrito de Neukoelln.
"La afición al cine no se forja en festivales internacionales, sino en la sala de barrio a la que fuimos de chicos. Por eso, este año la Berlinale los visitó", explicó a EFE Matthias Elwardt, cineasta de Hamburgo impulsor del programa "Berlinale goes Kiez".
Cada día un barrio, para el total de diez días de festival, desde distritos acomodados occidentales, como Charlottenburg, a Neukoelln, barrio "problemático" por antonomasia en la ciudad, identificado con marginación, inmigración y conflictividad social.
La alfombra roja extendida hoy ante el Neues Off del barrio sólo se parece a la del Berlinale Palast en el color: es una presencia meramente simbólica de apenas cinco metros de largo, colocada sobre las placas de hielo de la calle, y no hay más acoso mediático que un equipo de televisión de un canal turco local.
Por ella desfilan Maradona y sus hermanos, los protagonistas de "Neukoelln Unlimited", un documental de 96 minutos, que se proyecta en la sección Generation 14plus -destinada a espectadores de más de 14 años- y que han filmado Agostino Imondi y Dietmar Ratsch.
"Quería hacer un documental sobre el tema streetdance y hiphop en barrios como éste y me topé con el nombre de Maradona. Mi papá es italiano, de Nápoles, gran aficionado al fútbol, como yo. Cómo no iba a reparar en él", explica Imondi, nacido en Suiza en 1975.
Su film está destinado al público juvenil y sus protagonistas están más o menos sobre los 14 años. "Al principio me ponía nervioso la cámara, luego ya ni la veía", añadió el talentoso Maradona.
"Neukoelln Unlimited", sobre la experiencia de los tres hermanos nacidos en Alemania, pero cuya familia está permanentemente amenazada de expulsión a Líbano por haber caducado su permiso de residencia, es el film elegido para la jornada.
"Cada cine de barrio tiene su carácter. El Neues Off es ahora una sala de programación alternativa, pero en las décadas del 50 al 70 se llamó 'eros-cinema', o sea, una sala X", explica Elwardt.
No todas las sesiones del "Berlinale goes Kiez" están tan centradas en la vida del distrito ni en producciones alternativas, sino que en algunos casos incluso de traslada a la sala elegida la estrella del día en competición.
Este fue el caso el martes, en que la sesión recayó en el céntrico barrio de Mitte, en el antiguo sector oriental y poblado ahora por los locales más esnob de la ciudad, donde se programó el filme noruego "En Ganske snill Mann" -"A Somewhat Gnetle Man"-, una de las veinte aspirantes a los Osos.
La proyección en los Hackesche Hoefe de ese film, dirigido por el noruego Hans Petter Moland, sí contó con la presencia de su protagonista, el sueco Stellan Skarsgard, uno de los rostros más versátiles del cine escandinavo.
Skarsgard bajó de auto de la Berlinale, pisó la alfombra roja y de inmediato fue asaltado por multitud de flashes, incondicionales seguidores y cazadores de autógrafos.
Maradona y los suyos tenían también su tropa de gente del barrio esperándoles como héroes, entre ellos un recién llegado a Berlín: Facundo, estudiante de 21 años nacido en Santa Fe (Argentina), residente en Neukoelln desde hace un mes, junto con su novia berlinesa.
"Andate, quien me iba a decir que tendría a Maradona a la vuelta de la esquina y cantando hiphop. Una linda forma de darme la bienvenida a mi nuevo barrio", se reía ante la puerta del Neues Off, junto a otros veinticinco o treinta personas que se quedaron sin entrada.
"Berlinale goes Kiez" agotó también hoy todas las localidades, como en los días precedentes, de manera que, según Elwardt, todo hace suponer que el ciclo se perpetuará en ediciones siguientes. EFE
gc/cr

martes, 16 de febrero de 2010

El culto al silencio


Berlinale se refugia en Irán y Turquía ante la ausencia de astros
 
Gemma Casadevall

Berlín, 16 feb (EFE).- La Berlinale se refugió hoy en el cine iraní y turco, de la mano, respectivamente, de Rafi Pitts y Semih Kaplanoglu, ambos consagrados al culto al silencio, y cruzó así el ecuador de un festival sobre el que empieza a pesar la ausencia de estrellas de primer orden.
"Bal" -"Honey"-, por parte del realizador turco, y "Shekarchi" -"The Hunter", con Pitts ejerciendo de director y protagonista, cumplieron con creces el tradicional objetivo del festival berlinés de "atender" a esas cinematografías, cada vez menos periféricas, con dos filmes centrados en núcleos familiares destruidos de un mazazo.
Pitts es un buen padre de familia, obligado a trabajar de guarda nocturno por su condición de ex preso, cuya hermosa esposa e hija de siete años mueren en un tiroteo entre policías y manifestantes por las calles de Teherán.
No se le escapará una lágrima, pero sí un par de disparos contra una pareja policial, lanzados con precisión de francotirador, desde un montículo sobre el nudo de autopistas en el extrarradio.
Empieza una persecución por frondosos bosques y se pasa así de la situación interna iraní a algo tan universal como la contraposición entre otros dos agentes: el corrupto y el íntegro.
En otro bosque, en Anatolia, vive Yusuf con sus padres, otro joven matrimonio de aspecto casi idéntico al de Pitts -padre enjuto, él, madre hermosa y con el pelo siempre recogido bajo un pañuelo, como todas las mujeres ahí.
Yusuf es un niño que no habla con fluidez más que a susurros con su padre y que tartamudea en clase. Ayuda a mamá en el campo y a papá en la recogida de panales de miel, hasta que un día éste queda suspendido de la rama de un árbol, que se quiebra bajo su peso, a merced del zumbido de las abejas.
De fuerte contenido político en el Teherán de hoy, en el caso de Pitts, y centrado en la mirada de ese niño, en el de Kaplanoglu, la Berlinale mostró así dos lecciones del buen manejo del silencio.
Se trata, tanto en el caso del joven cineasta iraní como de Kaplanoglu -que cierra con ese film su trilogía sobre Anatolia-, de dos co-producciones con generosa aportación alemana -tanto de su poderosa televisión pública como de fondos regionales de dos estados federados-.
Pitts contó, además, con ayudas del fondo World Cinema de la Berlinale, destinados a potenciar el cine de Latinoamérica, Oriente Medio u otras cinematografías.
De esos mismo fondos salieron filmes como "La teta asustada", de la peruana Claudia Llosa -Oso de Oro de 2009-, así como la argentina "El abrazo partido", de Daniel Burman -Gran Premio del Jurado en 2004-, o "El Custodio" y "El otro", de sus compatriotas Rodrigo Moreno y Ariel Rotter, asimismo premiadas en años posteriores.
La Berlinale impulsó y seguirá impulsando esas cinematografías, como es su deber de buen festival, lo que no quita que esté ofrecer también su carga de espectáculo y estrellato sobre su alfombra roja.
La 60 edición se presentaba floja de antemano y, hasta ahora, los dos grandes héroes del festival -Roman Polanski y Banksy- no acudieron. El primero, porque sigue detenido en Suiza por su deuda pendiente con la justicia de EEUU; el segundo, porque forma parte de su áurea de activista del grafiti defender su anonimato.
La máxima estrella internacional de esta edición ha sido hasta ahora Leonardo DiCaprio, al frente del filme de Martin Scorsese "Shutter Island", que no compite por los Osos.
Un único astro no es suficiente para once días de alfombra roja de una Berlinale cumpleañera sobre la que los medios difunden estos días decenas de reportajes de años anteriores, que generaron tumultos alrededor de Madonna, Rolling Stones, George Clooney, Denzel Washington, Robert de Niro, Sharon Stone, Julia Roberts, Jack Nicholson y un larguísimo etcétera.
Las únicas presencias hoy que alegraron el corro mediático fueron las de Amanda Peet, Rebecca Hall y Catherine Keener, trío protagonista de "Please Give", de Nicole Holofcener, exhibida fuera de concurso. Para mañana se espera la de Julianne Moore, con "The Kids are all right", también fuera de competición. EFE
gc/jcb/cat

Ostalgie


La RDA, cómo fue y cómo se ve ahora en la Berlinale
 
Gemma Casadevall

Berlín, 16 feb (EFE).- La 60 Berlinale rinde homenaje a Wolfgang Kohlhaase, guionista mítico de filmes producidos en la Alemania comunista y, tras la reunificación, de títulos identificados con la "Ostalgie", surgida tras la caída del Muro, que busca liberarse ahora de la mera reproducción de una estética extinguida.
La Berlinale nació en 1951 como escaparate del Berlín dicho "libre" y pantalla cinematográfica del anticomunismo, recordó estos días el director del festival, Dieter Kosslick, quien se dice de los pocos alemanes nacidos en el lado occidental que osa definirse en público como "un poco comunista".
En sus primeros años, antes de la construcción del Muro (agosto de 1961) se ofrecían entradas a bajo precio para los berlineses del sector oriental; luego, ya no fueron posibles las visitas; con el paso del tiempo, la Berlinale empezó a incluir en su competición, aún con cuentagotas, algunas producciones de la RDA (República Democrática Alemana).
La más famosa de estas aportaciones del cine salido de la productora estatal de la RDA, la DEFA, presente en una Berlinale fue "Solo Sunny", cuya actriz, Renate Krosner, ganó el Oso de Plata a la mejor interpretación femenina en 1980.
Kohlhaase, homenajeado en esta Berlinale con un Oso de Oro de honor a toda su carrera, fue el guionista de esa película, como de muchas otras de la factoría DEFA, instalada en los míticos estudios Babelsberg, que hasta 1945 había utilizado el régimen nazi.
"Es el patriarca, sin duda. De él aprendimos todos", comentó a Efe Matti Geschonneck, director de "Boxhagener Platz", un filme en la línea "Ostálgica" -juego de palabras para nostalgia del Este-, presentado hoy en la sección Berlinale Special.
Kohlhaase, de 78 años, fue tras la caída del Muro el guionista de comedias como "Sommer vorm Balkon" (2005), dirigida por Andreas Dresen, cineasta nacido como Geschonneck en territorio de la RDA.
"Su visión va más allá de la mera nostalgia construida, como los cientos de bares de moda de estética de la RDA que aparecen por todos lados. Es la que necesitamos para no caer en el kitsch reproductivo de unos colores o mobiliario, sin más", apunta Dresen.
"Boxhagener Platz", de Geschonneck, toma precisamente como escenario una plaza del barrio de Friedrichshain, hoy feudo de la modernidad más noctámbula, al igual que otros distritos del antiguo sector oriental, como Prenzlauerberg.
Para los berlineses de hoy, la Boxhagener Platz es zona de copas; en el filme de Geschonneck es donde vive Otti, una genial abuela que ha enterrado ya cinco esposos -cuyas tumbas cuida con amor, en el cementerio del barrio-.
El papel de Otti corre a cargo de Gudrun Ritter, una gran dama de la escena alemana con perfiles que recuerdan a Jeanne Moreau, mientras que su último pretendiente está interpretado por Michael Gwisdeck, otro rostro imprescindible en filmes de la RDA y habitual ahora en los de la nueva generación de cineastas alemanes.
La película está basada en una exitosa novela del mismo título de Torsten Schulz -asimismo colaborador en el film- y se enmarca en el turbulento mayo del 68 y las revueltas estudiantiles que sacudieron las calles del Berlín occidental.
El personaje de Gwisdeck es un ex-militante de la fracción auténtica comunista, la Spartakusbund, al que sacan de sus casillas tanto la malversación de sus ideales por parte de la RDA como la existencia de viejos nazis, como el pescadero -y asimismo pretendiente de Otti-, que un día aparece asesinado entre arenques.
El filme ha sido acogido en la Berlinale como un digno sucesor del estilo DEFA, no un mero reproductor de la estética "ostálgica".
Geschonneck, nacido en Babelsberg e hijo de un matrimonio de actores de la RDA, no sólo no rehuye esta apreciación, sino que se siente orgulloso de la etiqueta.
"Tras la muerte de mi padre (Erwin Geschonneck, fallecido en 2008 a los 101 años) me enfrasqué en revisar tantos filmes como pude de la DEFA", explicó el director, tras la presentación de su filme.
"He tratado de ir más allá de la reproducción estética, al fin y al cabo lo que ahora percibimos como el pasado fue en algún momento el presente. Sólo así se puede tocar la fibra, la "Ostalgie" estará bien para las guías turísticas o para llenar bares, pero a la larga no tiene carga cinematográfica, es fachada", sostiene. EFE
gc/ih/cr

lunes, 15 de febrero de 2010

Portentoso Stellan


Skarsgard levanta la Berlinale como ex preso y objeto sexual todoterreno

Gemma Casadevall

Berlín, 15 feb (EFE).- El cine escandinavo levantó hoy la jornada de la Berlinale con "En ganske Snill Mann" -"A Somewhat Gentle Man"- un film armado sobre el talento de Stellan Skarsgard, convertido en un asesino, ex preso y objeto sexual todoterreno, capaz de arrancar la risa con las más imposibles escenas de sexo.



Las tres películas a competición del día -la noruega, dirigida por Hans Petter Moland, la austríaca "Der Räuber", sobre un atracador de bancos, más la japonesa "Caterpillar", con un soldado que regresa a casa sin brazos ni piernas- hacían temer un lunes cinematográficamente farragoso.
Moland marcó la diferencia, con un Skarsgard muy a lo Kaurismaki, que exprime el humor más "extra dry" de una historia en que uno no sabe si alegrarse o compadecer al héroe por sus éxitos sexuales.
Lo primero que descubre tras doce años entre rejas es que fuera no le dejarán ni siquiera fumar en un café y el habitáculo que le buscan sus gangsteriles ex compañeros no es mejor que su celda. En lugar de carcelero, estará ahora a manos de una desabrida casera, más que fea y con un desaforado apetito sexual.
Deberá compaginar semejantes placeres con su trabajo en el taller mecánico, amén de pagar las deudas a su antigua banda.
No importa: Skarsgard puede con todo. El actor sueco, una autoridad en casa y a escala internacional, al que tanto se ha visto en "Breaking the Waves" o "Dancer in the Dark" como ejerciendo de "pirata del Caribe" o en "El exorcista", le corresponde hacer alarde de versatilidad con la casera, la ex esposa y la chica del taller.
Skarsgard nunca falla, mientras Moland sorprende al espectador dando con la puerta de salida adecuada, justo cuando más de uno empieza a plantearse cómo saldrá airoso de tanto enredo.
Por segunda vez a competición en la Berlinale tras su "Beautiful Country" de 2004, Moland se llevó la primera ovación real de un festival necesitado de sus propios ídolos europeos y no de los que le llegan precocinados de otras cinematografías.
Compartió jornada con otro filme ex carcelero, "Der Räuber" -"El atracador"-, también cimentada en el trabajo de un protagonista, Andreas Lust, pero de dinámica diametralmente opuesta.
Se basa en una historia real, convertida en novela por Martin Prinz y llevada al cine por el austríaco Benjamin Heisenberg.
El filme, de co-producción alemana, llegó a la Berlinale como primera aportación del cine anfitrión, lo que es un arma de doble filo. Por un lado, mucha expectativa; por otro, pocas benevolencias.
Lust traza un más que correcto trabajo alrededor del corredor de fondo, que se ha entrenado en el patio del penal y en la cinta sin fin de fitness de la celda para la maratón.
Nunca estuvo en mejor forma, pero no es ésta la única rutina que mantuvo entre rejas: es persona de ideas fijas, que tampoco dejó de lado su pasión por el atraco.
Su ex preso no es el de Skarsgard, aunque ambos sean igual de parcos en palabras. Al atracador no se le escapó -ni hizo escapar- la menor sonrisa, todo respira tensión, sin que Heinsenberg dejé entrever trasfondos.
"No nos interesaba el espejo psicológico o biográfico, saber qué le acciona a correr, a atracar, qué plan tiene o no tuvo en la cabeza, en qué va a emplear ese dinero o por qué fue a parar a la cárcel. Quisimos retratar el rostro y el metabolismo del maratoniano, la disciplina que aplica a todo", explicó Heisenberger.
Algunos reprocharon al filme la ausencia de tales trasfondos, que acaban bloqueando toda empatía; otros valoraron el perfil que traza del atracador que devora kilómetros y cajas fuertes; los más, el buen manejo de la cámara, con una escenas de persecución policial basadas en la sutileza y la multiplicidad de perspectivas.
"Caterpillar", de Koji Wakamatsu, parte de un argumento terrible -el soldado más que condecorado que retorna a casa como un pedazo de carne que nunca podrá valerse por sí mismo- y es realmente terrible.
El director trata de compilar en un ser todos los crímenes del Japón aliado de Hitler, más los 60 millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial, más el martirio que deberá soportar la esposa, a la que ya esclavizó el marido cuando tenía brazos y piernas.
El efecto es de castigo: al personaje, que sólo alcanzará a arrastrarse como una oruga; y al espectador, que asiste al empeño por concentrar todo el horror de la guerra en un solo mutilado. EFE
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domingo, 14 de febrero de 2010

La acostumbrada dosis de maestría china y la inevitable floja comedia USA


Zhang jugó a ser un hermano Coen y Stiller enervó como neurótico urbano
 
Gemma Casadevall

Berlín, 14 feb (EFE).- El maestro Zhang Yimou jugó a parecerse a los hermanos Coen para trasladar su "Blood Simple" a la China imperial e hizo buena así, de paso, la jornada a competición de la Berlinale, que compartió con un Ben Stiller convertido en enervante neurótico urbano, sucedáneo -más que sucesor- de Woody Allen.
"San Qiang Pai an Jing Qi" -"A Woman, a Gun and a Noodle Shop"- se anunciaba como remake de la opera prima de Ethan y Joel Coen, de 1984, y a alguno le pareció más una parodia de los hermanos o un Quentin Tarantino entre chinos, sólo que a un ritmo de sangrías infinitamente más moderado y apto para todos los públicos.
Con esta apuesta regresó a Berlín Zhang Yimou, Oso de Oro en 1988 con "Sorgo Rojo", cinco años después de concurrir en ese mismo festival con un impecablemente bello y épico "Hero".
La factura es la misma -impresionante cámara, donde cada encuadre es una obra de arte en sí-, pero el tono muy distinto, impregnado por esa ironía en el trato sanguinario de los Coen.
Trastoca su historia en la del anciano dueño de la tienda de pasta que contrata a un asesino a sueldo para finiquitar a la hermosa y joven esposa a la que lleva años torturando y que ahora supone infiel.
"El cine chino se ha liberado del anquilosamiento, es muy rico, hay más libertad de acción que veinte años atrás. Por eso me atreví a hacer algo ligero, un thriller", explicó Zhang, al parecer también él "liberado", ante el poderío de la generación de cineastas chinos, de la obligación de sentar cátedra como hizo en "Sorgo Rojo".
Zhang no buscó exactamente el "remake", tampoco el homenaje, sino la recreación a partir de un material teóricamente ligero, desplazado a esos paisajes y personajes de tiempos imperiales, dijo.
A los que siguen buscando en el maestro chino la profundidad de entonces, o la magia épica de "Hero", la película decepcionó. Los que se dejaron llevar por su sentido de la ironía y la sangría de asesinatos a ritmo oriental disfrutaron de una apertura de la jornada de domingo a competición.
A Ben Stiller le correspondió el honor y la dificultad, también, de compartir jornada con Zhang de la mano de "Greenberg", de Noah Baumbach, un film que enervó a bastantes por el tono de comedia ligera, con un personaje para el que no vale la etiqueta de "remake", sino de aprendiz de neurótico a lo Woody Allen.
Stiller, o Greenberg, es en realidad un mero amargado, inmerso durante seis semanas en el entorno de hermosos seres californianos malcriados por un "way of life" en que se les consiente todo, menos usar el cerebro. Si de vez en cuando lo hacen causa hasta extrañeza.
Alrededor de la piscina -y la hermosa casa- que le presta su hermano conoce a la por supuesto también hermosísima Florence -Greta Gerwig-, otra parte en el paquete de préstamos fraternos.
Ella le soportará cualquier feo y hasta el más penoso sexo simplemente porque lo ve vulnerable -está en asistencia psiquiátrica-. "Las personas heridas hieren a otras personas", concluye ella, en uno de esos momentos en que usa la cabeza.
"Son dos personas sacadas de la vida misma, que en buena lógica no tendrían nada en común", resumió Stiller, sobre la historia de amor predecible del primer plano al último, en que no se obvia tampoco ningún cliché -chistes judíos, torpe uso del teléfono móvil, más torpe aún abuso del contestador automático, etc-.
Stiller se presentó ante la Berlinale con la humildad de quien hasta ahora no había concurrido como aspirante a premio a ese festival. Cumplió con su papel, desempeñó el rol de chistoso y respondió con soltura de guionista a la pregunta irónica sobre cómo se había preparado para el papel: "Fue toda una transformación física, porque yo atiendo mucho a mi aspecto y ahí salgo desaseado, hasta tuve que adelgazar alguna libra...", dijo.
"En la vida real no soy tan bueno contando chistes como en pantalla", concluyó. Al margen de su soltura profesional en las respuestas, la acogida su film en la sección oficial de la Berlinale fue floja o hasta de impaciencia, en tanto que comedia ligera -y no de las mejores- algo intrusa en la lucha por los Osos. EFE
gc/ibr
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El grafitero volátil

Banksy, el héroe de la Berlinale que brilla en ausencia
 
Gemma Casadevall

Berlín, 14 feb (EFE).- El enigmático Banksy, quintaesencia del arte callejero y activista del grafiti, se convirtió hoy en héroe de la Berlinale a través de su primer filme, "Exit through the Gift Shop", y revalidó así su talento para brillar en ausencia.
La pregunta del día era "¿vendrá Banksy", ante la esperanza de que el genio entre los genios del grafiti, de rostro oculto, se posara en el último minuto sobre la alfombra roja, se desembarazara de su capucha negra y revelara su identidad.
Mientras se barajaban diversos escenarios -dejará su sello en el festival con uno de sus grafiti o espectaculares acciones, enviará un emisario o aparecerá sin anunciarse en un lugar conocido sólo por sus acólitos-, la dirección del Festival difundió un mensaje del genio, con orden de embargo total hasta la proyección del domingo.
En definitiva, el mensaje a la Berlinale era el saludo incluido a modo de preámbulo en su filme, donde Banksy aparece por supuesto encapuchado y con la voz distorsionada, teóricamente enviado vía satélite desde su incógnita casa en algún lugar del Reino Unido.
Defendía su película como un producto destinado a hacer del arte del grafiti lo mismo que "Karate Kid" representó para las artes marciales o que "Tiburón" respecto al esquí acuático, y se despedía con un "Auf Wiedersehen" en alemán.
Con o sin gran sorpresa de última hora, Banksy dio brío a la Berlinale dominguera con una película que el director del Festival, Dieter Kosslick, hubiera querido incluir en competición, pero no pudo hacerlo porque se había presentado ya en Sundance.
"Exit throught the Gift Shop" va mucho más allá que la obra de un primerizo o del arte espontáneo: es un filme que se gana al espectador del primer plano al último, fundamentado no en el Banksy al que no vemos, sino en un inenarrable "auténtico" artista, con nombres y apellidos: Thierrey Guetta, un obseso del vídeo.
Guetta, un francés afincado en Estados Unidos, es el elegido por Banksy para hacer lo que nadie estuvo hasta ahora autorizado a llevar a cabo: seguirle en sus acciones, cámara de vídeo en ristre, y grabarle manos a la obra, por supuesto sin revelar su identidad.
No fue él quien llegó al personaje, sino viceversa: Guetta llegó a él. De su obsesión inicial por grabar en vídeo a su familia, sus clientes de un rancio comercio en EEUU, sus amigos o los transeúntes, no siempre con beneplácito del observado, Guetta pasó a hacerlo con los artistas callejeros.
Del pariente grafitero pasó al conocido de aquél, de éste a otros correligionarios, luego se internacionalizó -para desesperación familiar- en busca de nuevas fuentes de inspiración y finalmente alguien le colocó junto a Banksy.
Empieza así el trepidante recorrido por algunas de sus genialidades: del mero grafiti ocurrente y provocador a las altamente politizadas pintadas estampadas en el muro de Cisjordania o el alegato en Disneylandia sobre la situación de los presos de Guantánamo.
Trepidante y ágil como el grafitero que burla el acoso policial, de trazo rápido como las pintadas e instalaciones de Banksy, si algo crea el filme es el impulso de tomar una brocha o spray y lanzarse a por una pared blanca.
Uno puede tomarse al pie de la letra o no la veracidad al cien por cien del personaje Guetta. Al fin y al cabo, tal vez preventivamente, el filme no acude como documental, sino como película de ficción.
Tan imparable en su verborrea en inglés afrancesado como en su afán por grabarlo todo, Guetta acabará confundiendo arte espontáneo con repetición industrial zafia, disfrute con negocio. Banksy sigue encapuchado y sin mostrar el rostro. EFE
gc/nvm/ibr

sábado, 13 de febrero de 2010

Un Leonardo para salir corriendo


Scorsese y DiCaprio arrastraron la Berlinale a la tempestad
 
Gemma Casadevall

Berlín, 13 feb (EFE).- El director Martin Scorsese desató hoy la primera tempestad mediática y cinematográfica de la Berlinale al frente de "Shutter Island", un film que arranca como thriller y deriva en inmersión en la locura, apuntalado en la grandeza de Leonardo DiCaprio.
Con "Shutter Island" llegó el hasta ahora único bombardeo serio de flashes bajo el cielo berlinés y lleno absoluto ante el estreno del tormentoso filme de Scorsese, exhibido fuera de concurso, pero plato fuerte de su sección oficial, al menos en lo que a despliegue mediático se refiere.
DiCaprio regresó como astro-rey a la alfombra roja, diez años después de acaparar flashes con "La playa" y dispuesto a desatar su segunda tempestad, custodiado Ben Kingsley, Mark Ruffalo y Michelle Williams, sus compañeros de reparto, y presididos por Scorsese.
"Pertenecemos a generaciones distintas, pero hace diez años que trabajamos juntos y hemos alcanzado nuevos niveles de cooperación, a lo que se une la increíble madurez artística de Leonardo", afirmó el director, abriendo la ronda de elogios mutuos y recordando su trabajo conjunto en "Gangs in New York" y "The Aviator".
"Ya no soy tan joven, pero cuando sí lo era entendí que habría que estar loco para desaprovechar la oportunidad de trabajar con Scorsese. Hemos desarrollado una especie de camaradería", redondeó DiCaprio.
En la madurez interpretativa de un DiCaprio que sigue sin haber borrado los contornos adolescentes de su rostro se sustenta el tormentoso Alcatraz psiquiátrico en que Scorsese coloca a su actor. Teóricamente se trata de desenmascarar a psiquiatras de alma nazi, tan sedientos de experimentar con su cerebro como con cualquiera de sus pacientes/reclusos.
A más tardar con "Alguien voló sobre el nido del cuco" quedó claro que es más fácil salir de la cárcel de alta seguridad que de un manicomio. La pregunta es cuántos viajes de ida y vuelta entre realidad y locura caben en un filme, cuántos huracanes, cuántas torturas internas y quién es quién en el falso thriller.
"Era un desafío. Un film que exigía mucha empatía, mucha emoción de todos. Por suerte, estábamos en buenas manos", afirmó Ben Kingsley, otro amigo fiel de la Berlinale, como el propio Scorsese, quien dos años atrás provocó otra tempestad mediática en la apertura del festival acompañado de Rolling Stones y su "Shine a Light".
Es difícil imaginar en qué hubiera derivado un guión como el del filme sin esas buenas manos a las que aludía Kingsley y la madurez de DiCaprio. La inmersión en la locura no escatima vendavales, relámpagos, impactos visuales y delirios, hasta hacer pensar al espectador que tal vez sí convendrá recurrir a la lobotomía.
"Me preguntaron si iba a competición y dije que no. Fue así, ¿verdad?", respondió Scorsese, haciéndose el despistado y buscando amparo en su productor, Bradley J. Fischer, a la cuestión de por qué no estaba entre los 20 aspirantes a Oso.
"Venimos a Berlín igual de contentos, dentro o no de la competición", prosiguió. Efectivamente, Scorsese no precisa ir a por los Osos para acaparar flashes y eclipsar a los dos aspirantes de premio proyectados en esta jornada.
El director del festival, Dieter Kosslick, había avanzado al presentar la 60 Berlinale que su eje temático iba a ser la familia. Las dos películas concursantes de este sábado encajaban en ello, desde la perspectiva común no de las ligeras comedias de enredos entre parientes, sino de dos familias desestructuradas.
"Submarino", del danés Thomas Vinterberg, abundó en la tendencia de otros años en los filmes escandinavos en la Berlinale de presentar la cara menos agraciada de su país: adictos al alcohol o a la droga -o a ambos-, predeterminados por progenitores asimismo marcados por la adicción a no abandonar el círculo vicioso.
"Eu cand vreau sa fluier, fluier" -"If I want wo whistle, I whistle"-, del rumano Florin Serban, se centra en un muchacho de 18 años, a punto de salir de su sórdida cárcel de menores, arrojado a poner en peligro la libertad que casi roza con la mano para evitar que su madre se lleve a su hermano pequeño, al que adora, a Italia.
El eje común es la desestructuración y la sordidez, pero las diferencias entre uno y otro son varias. El filme danés abundó en la línea ya bastante transitada en anteriores Berlinales, mientras que el rumano aportó una buena sorpresa: el trabajo de su joven actor, George Pistereanu, otro rostro adolescente marcado por la madurez interpretativa. EFE
gc/nvm/ibr
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viernes, 12 de febrero de 2010

Con gorro de lana, el termo y la silla plegable


Puerta de Brandeburgo descorrió el telón a versión más íntegra de Metrópolis
 
Gemma Casadevall
 
Berlín, 12 feb (EFE).- La Puerta de Brandeburgo descorrió hoy el telón para una proyección al aire libre del mítico filme "Metrópolis" en su versión más íntegra, gracias a la copia hallada hace dos años en el Museo del Cine de Buenos Aires, la más parecida hasta ahora a la que estrenó Fritz Lang en 1927.
El diario "Süddeutsche Zeitung" repartió bolsas de palomitas de maíz entre los asistentes, los berlineses mejor preparados acudieron con sillas plegables, termos de café caliente y mantas, y los restantes ciudadanos o visitantes concentrados -un par de miles- se arroparon como pudieron para la larga proyección, 147 minutos.

La idea de proyectar "Metrópolis" en pleno mes de febrero -el más frío en años, además- fue del director de la Berlinale, Dieter Kosslick, quien consideró que la Puerta de Brandeburgo concentra un millón de personas, la Noche de Fin de Año, también podía atraer un par de miles para la ocasión.
Así fue, de acuerdo a lo previsto, y a la hora marcada -19.00 GMT- se descorrió el telón concebido por la artista coreana Christina Kim, en material reciclable, frente al emblemático lugar.
En lugar de procederse de inmediato a la proyección, como algunos esperaban, siguieron hasta cuatro repeticiones de un cortometraje recordando los 60 años de historia de la Berlinale, festival nacido como escaparate de propaganda cinematográfica del sector occidental, en 1951.
"Lo encajamos con disciplina prusiana", comentaba Martha Holger, una jubilada berlinesa, dispuesta, de entrada, a aguantar la proyección en su integridad, aunque algo inquieta ante la repetición de esas imágenes, más mensajes de felicitación por el cumpleaños de ilustres del cine -entre ellos, el director español Pedro Almodóvar, la actriz británica Tilda Swinton y el italiano Roberto Benigni-.
Finalmente apareció el mítico y visionario film de Lang, en su versión más larga jamás vista en décadas, que se estrenaba asimismo paralelamente en el Friedrichstadtpalast de Berlín y la Ópera de Fráncfort, aunque en ese caso para respectivos auditorios convenientemente sentados en sus butacas.
Acompañada en vivo por la Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín, desde el Friedrichstadpalast, la proyección al aire libre era un complemento ciudadano con que Kosslick y el alcalde-gobernador Klaus-Wowereit quisieron dar rango ciudadano al evento.
La nueva versión fue reconstruida en una ardua tarea que duró año y medio a partir de la copia hallada en Buenos Aires en 2008, y dura 25 minutos más que la edición de esta parábola futurista sobre la represión obrera conocida hasta ahora.
"Bueno, tal vez acabaremos agradeciendo la versión algo más corta", bromeaba la animosa "prusiana", viendo que la proyección, además, empezaba con más de media hora de retraso y caía una suave, pero persistente nevada sobre la Pariser Platz. EFE
gc-ih/nvm/agf

Ewan, como en casa


Berlinale se volcó en Polanski a través de McGregor y Brosnan

Gemma Casadevall

Berlín, 12 feb (EFE).- La Berlinale se volcó hoy en arropar a Roman Polanski, en arresto domiciliario en Suiza por su deuda pendiente con la justicia de EEUU, y recibió su "The Ghost Writer", película a competición por los Osos, como un homenaje al genio ausente.
La Berlinale necesitaba un trío de astros sobre su alfombra roja y hoy lo tuvo -Ewan McGregor, Pierce Brosnan y Olivia Williams-. Un buen thriller político con la CIA como malversora de políticos de por sí manipulables, es algo que siempre viene bien a un festival.

Y, encima, Polanski lleva el áurea del escándalo permanente: un buen cóctel mediático para animar la segunda jornada del festival, tras la moderación inaugural de ayer con la china "Tuan Yuan".
"Es un maestro, el maestro que extrae de nosotros el máximo rendimiento artístico", sentenció McGregor, para deshacerse en elogios a un director que "a veces atentó contra mi ego de actor, otras fue como una madre", y acabar proclamando: "amo a Roman".
"Trabajar con él es algo intenso, muy intenso, como lo ha sido toda su vida", secundó Brosnan, quien recordó la "consternación" que le produjo la noticia de su detención, el año pasado, de "alguien que es padre y esposo, como yo".
El equipo de "The Ghost Writer" parecía accionado por el consenso de deshacerse en elogios sobre Polanski, como director, y no entrar en materia, más que de refilón, en el asunto de sus cuentas con la justicia de EEUU por la presunta violación de una menor en 1977.
"No comentaré la situación de Roman. Este no es el sitio ni el momento. Pero el hecho de que no esté aquí, presidiendo esta conferencia, entre nosotros, es algo muy raro para todos", resumió Robert Harris, autor del best-seller en que se basa el filme.
En el momento de su detención, el año pasado, la película estaba prácticamente acabada, aunque parte de la pos-producción tuvo que realizarse estando ya Polanski en arresto domiciliario en su chalet suizo. "Teníamos que acabar el filme como fuera, para estar aquí, en la Berlinale, aunque fuera sin él", afirmó Harris.
"The Ghost Writer", con un McGregor metido a escribidor de las memorias de un ex premier británico empantanado en el escándalo del secuestro de presos de Al Qaeda y un Brosnan jugando a un "soy y no soy" Tony Blair, fue recibido como lo que es: un buen film, de un maestro de la dirección, basado en un best-seller con garra.
A McGregor, con su cara de nene simpático que descubre lo que no debe en cuanto se aburre en una habitación cerrada, el papel le viene como anillo al dedo. Brosnan se coloca a medio camino entre el pseudo-Blair que siempre supo en qué se metía y por qué y el ex James Bond que aún no abandonó esa pose. Y Williams es la esposa fría, que prefiere seguir manipulando a hacer estallar un matrimonio que seguramente jamás funcionó.
Zarpazos de ironía -"estoy rodeado de pacifistas que quieren asesinarme", suelta McGregor, acosado por manifestantes encrespados por las mentiras de Irak a las puertas de la fortaleza del premier-, una casa lujosa de piedra natural y maderas selectas en el mejor estilo "Bauhaus" y, finalmente, la maestría que nadie se atrevería a discutirle a Polanski.
Otro escritor muy distinto al que interpreta McGregor es el que centró la otra película a concurso: Allen Ginsberg, el poeta cuyo famoso "Howl" -"Aullido"- llevó a su editor ante tribunales por publicar algo considerado para la moral pública de los EEUU en los 50 como "obsceno".
Tanto o más imposible que explicar en prosa un poema parece lo de tratar de llevarlo al cine. Rob Epstein lo intenta, con James Franco interpretando al poeta que quiso ser el nuevo Keruac y que deleitó a a la generación "beat" con recitales de poesía tachada de obscena.
El film recurre a varios escenarios y técnicas: del blanco y negro entre aromas de cigarrillos y jazz al diván del psicoanalista, al cómic como recurso para plasmar los delirios dichos obscenos de Ginsberg, a sus sucesivos novios y novias, más el proceso al editor, donde defensa y fiscalía suben al estrado a críticos y estudiosos, en pos de la verdad y nada más que la verdad sobre qué es poesía.
El "Howl" de Ginsberg quedó engullido por el despliegue de Polanski. Si en la jornada inaugural, a René Zellweger, miembro del jurado, le correspondió "salvar" el honor de la alfombra roja con su sobredosis de encanto -y escote- bajo la nieve, hoy el trío de actores de "The Ghost Writer" se adueñó de la Berlinale. EFE
gc/jcb/mlr

Ni una Berlinale sin Khan

Khan irrumpió con alegato contra islamofobia en formato Bollywood
 
Gemma Casadevall

Berlín, 12 feb (EFE).- La superestrella del cine indio Shah Rukh Khan irrumpió hoy en la Berlinale con "My Name is Khan", un alegato en formato Bollywood contra la islamofobia nacida tras los ataques del 11 de Septiembre, en un papel de antihéroe con reminiscencias de "Forrest Gump".
Khan, ídolo de multitudes en la órbita "bollywoodiana", repartió su habitual recital de galanteos, blanquísimas sonrisas y miradas intensas, sólo que en lugar de defender una superproducción musical lo hacía como defensor de la armonía interconfesional.
"No importa que abracemos el Corán, la Biblia o la Torá. Todos podemos convivir si utilizamos la misma plataforma del diálogo. Una película puede ser esa plataforma", dijo, tras la presentación de su filme, incluido en la sección oficial, aunque fuera de concurso.
Excesivo, no sólo por duración -167 minutos-, sino también en cuanto al derrame de emociones y mensajes pseudopolíticos, su película es de imposible digestión en un festival internacional, a menos que el espectador se deje llevar sin reparos, sea capaz de reír o llorar y de disfrutar del "kitch" sobredimensionado.
"My Name is Khan" es, admite la superestrella, un "film ingenuo", centrado en un ser ingenuo -un musulmán con un leve autismo, que recorre EEUU para transmitir un mensaje al presidente: "Mi nombre es Khan y no soy un terrorista".

Su propósito es "sacudir paranoias", para lo que repasa felicidades y dramas públicos o privados, con la meta de acceder a los dos presidentes, que sintetizan el periodo transcurrido entre el 11-S que cambió el mundo y el hoy, George W. Bush y Barack Obama. El malo y el bueno, por supuesto, sin disimulos.
El actor dejó así de lado la faceta de guapo galán y se metió en el papel de un indio de la minoría musulmana -como él-, enamorado de una hermosa hindú -como lo es su esposa, en la vida real- y que sufre en propia piel en EEUU la paranoia islamofóbica tras los atentados de 2001 -de acuerdo asimismo a su propia experiencia-.
"No, no fui detenido en EEUU, no fue eso", precisó, ante la versión difundida de que fue retenido el agosto pasado durante horas en el aeropuerto de New Jersey.
"Sólo me formularon durante horas preguntas y más preguntas, por mera desconfianza contra los musulmanes", explicó, respecto al "malentendido" que despertó su consciencia sobre lo que debe ser la realidad de tantos otros musulmanes que, a diferencia de él, no acaban siendo identificados como superestrella del celuloide.
Dirigida por Karan Johar, "My Name is Khan" sigue los pasos de ese joven levemente autista, pero sincero, que logra enamorar a la guapa peluquera de sus sueños y derribar con ella varios tabúes, hasta que los ataques contra las Torres Gemelas acaban con su sueño de amor ideal, por encima de todas las barreras.
Khan regresó así a la Berlinale, dos años después de que se presentase ahí "Om Shanti Om", una película cien por cien Bollywoodiano y por tanto una intrusa en un festival de cine.
"Om Shanti Om" se exhibió entonces en la sección Panorama Special, fuera de concurso, y acudió al festival como una apuesta personal de su director, Dieter Kosslick, según el cual Khan es la única estrella del mundo con mil millones de admiradores.
Ahora lo hizo en la sección oficial, aunque no como aspirante a sus Osos. "Tal vez, en mi próxima visita", dijo Khan, con esa mezcla de humildad y seducción que le convierten en irresistible, por encima de opiniones cinematográficas. EFE
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jueves, 11 de febrero de 2010

Hielo de taladro


Poderoso trío conyugal chino pone en marcha una Berlinale "on ice"
 
Gemma Casadevall

Berlín, 11 feb (EFE).- El director Wang Quan'an abrió hoy la ronda de aspirantes a los Osos de la Berlinale por "Tuan Yuan" -"Apart Together"-, un exponente del poderoso cine chino apuntalado en un armonioso trío conyugal, para el que pesa más el ansia del reencuentro que el abismo entre la República Popular y Taiwán.
Inaugurar una Berlinale con aspecto de festival "on ice" -ni los redoblados servicios de limpieza lograron desembarazarlo del hielo acumulado por siete semanas bajo cero-, con un filme donde no hay ni un ápice de sexo, ni música vibrante, ni guerras sino un trío de ancianos permanentemente comiendo era una apuesta arriesgada.
Ni siquiera el pedigrí del realizador, Oso de Oro en 2007 con "La boda de Tuya", allanó el camino para una de esas producciones que, en un festival que suele mimar los filmes asiáticos como el berlinés, habitualmente se coloca en una de esas jornadas intermedias, a modo de relax entre desfiles de estrellas.
A Wang Quan'an le correspondió el honor de abrir la edición del 60 cumpleaños y estuvo más que a la altura de las circunstancias, para todo aquel dispuesto a asumir que una apertura de Berlinale no es sinónimo "sine qua non" de astros sobre la alfombra roja.
"Empezar un festival con una película que trata de reunificación, familiar o política, es hacerlo bajo un buen augurio", dijo el realizador, tras el pase de prensa, al que compareció con Lisa Lu, leyenda viva del cine de su país y puntal del trío protagonista.
"Comer y reencontrarse son dos buenos ejercicios de convivencia", añadió luego ante las persistentes preguntas sobre la alta dosis gastronómica de su film, buena parte del cual discurre alrededor de una sencilla mesa cuadrada generosamente surtida de suculencias.
"Tuan Yuan" se centra en el trío formado por un soldado que huyó a Taiwán dejando al amor de su vida en Shangai, la mujer de sus sueños y el esposo actual de ésta, cincuenta años después de la separación de la pareja original
Varias cosas en el trío son extremas: el formalismo, el afán de armonía, la sencillez y, también, las ganas de disfrutar de la buena mesa.
A todo ello consagran sus esfuerzos, con una única pelea en un restaurante y continuamente estorbados por el grupo familiar formado por hijos, nieta y algún pariente político, por supuesto menos generosos que ellos respecto al prójimo.
El Shangai de los rascacielos va robando espacio al de las casas pobres desde donde tratan de recomponer sus vidas, mientras inician los trámites del probablemente divorcio más ejemplar de la historia del cine.
No es el Shangai que dejó el soldado en su huida de los comunistas ni tampoco ella es la que fue, puesto que a la fidelidad que entonces quedó en suspenso se sumó la que ahora debe al buen marido que la sacó adelante.
Si en "La Boda de Tuya" Wang armó su historia de amor sobre una mujer, joven y hermosa, entre dos fidelidades -al marido viejo y a la tierra, un pedregal en Mongolia-, ahora lo hace sobre ese otro trío y el Shangai de cielo gris.
"Creo haber transmitido el valor del reencuentro y la reconciliación, el máximo ideal para los chinos. Estar juntos, en familia, con todo lo que ello significa de felicidad y enojos", resumió el director.
Quienes mejor entienden el valor del reencuentro son aquellos que más perdieron con la escisión, el perfecto trío conyugal, mientras que la generación posterior parece más concentrada en sus egoísmos que en superar la dispersión.
Wang fue recibido con aplausos corteses en la conferencia de prensa, la menos concurrida que se recuerda para un filme inaugural, en las antípodas de los tumultos que provocaron, por ejemplo, dos años atrás, Rolling Stones al frente del documental firmado por Martin Scorsese "Shine a light".
El film de Wang fue la primera dosis de cine asiático entre las 20 aspirantes a los Osos. Le seguirá la de su compatriota -y asimismo ganador de un Oro, con "Sorgo Rojo", en 1988- Zhang Yimou "San Qiang Pai An Jing Qi", remake de un thriller de los hermanos Cohen, trasladado a tiempos del kaiser.EFE
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miércoles, 10 de febrero de 2010

Y, en medio, Metrópolis


Berlinale llega a los 60 más fresca que nunca, entre maestros y primerizos
  
Gemma Casadevall

Berlín, 10 feb (EFE).- La Berlinale abrirá mañana su 60 edición más fresca que nunca, fiel al principio de festival que busca tanto a las estrellas como al cinéfilo de a pié, con una dosis equilibrada de consagrados y debutantes en lucha por los Osos y, a modo de tarta de cumpleaños, un restaurado "Metrópolis" bajo la nieve.
Wan Quan'an, Oro en 2007 con "La boda de Tuya", inaugurará el desfile de los veinte aspirantes con "Tuan Yuan" -"Apart together"-, una historia de amor truncado por medio siglo de separación entre un ex soldado huido a Taiwán y la mujer que dejó en Shangai.
Un argumento idóneo para un festival que, según su director, Dieter Kosslick, pondrá el énfasis en conflictos familiares y reencuentros o desencuentros, por avatares históricos o domésticos.
Será una edición muy centrada en el cumpleaños de un festival nacido en 1951 como "escaparate propagandístico occidental", en definición de Kosslick, y pasó a certamen de primer orden, pese a que las condiciones no son idóneas para lucir escote.
La nieve será el principal enemigo -o atractivo, según se mire- de una edición en que se pronostican hielos perennes, a la que Kosslick no se cansa de pedir que se acuda en calzoncillos largos.
Especialmente inclemente se presenta el viernes el estreno ante la Puerta de Brandeburgo del "Metrópolis" restaurado con la copia del Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken de Buenos Aires, la más fiel hasta ahora localizada del mítico filme Fritz Lang.
"Una proyección al aire libre en verano la hace cualquiera. El mérito es hacerlo como los berlineses, en invierno", dice Kosslick, cuyo equipo lucha por liberar de nieve, al menos, la alfombra roja.
Por ahí desfilarán Ewan McGregor, Gérard Depardieu, Leonardo di Caprio, Ben Stiller, sin olvidar a Shah Rukh Khan, máxima estrella de Bollywood, ahora protagonista de "My Name is Kahn". También lo harán Renée Zellweger, miembro del jurado que comanda Werner Herzog, y Hanna Schygulla, Oso de Oro honorífico 2010.
Compartirán espacio con ellos debutantes como la argentina Natalia Smirnoff y su "Rompecabezas", alrededor de una cincuentona cuyo talento para juntar piezas la pone rumbo al Campeonato Mundial de Puzzles en Alemania y en conflicto, de nuevo, con su familia.
Michael Winterbottom -Oro en 2003 con "In this World"-, competirá con "The Killer inside me", protagonizada por Casey Affleck y Roman Polanski -asimismo Oro en 1966 con "Cul de sac"- lo hará apuntalado en McGregor, con "The Ghost Writer".
Otros dos premiados, Zhang Yimou y Jasmila Zbanic -oros en 1988 y 2006, respectivamente- acudirán con "San qiang api an jing qi" ("A Woman, a Gun and a Noodle Shop"), que traslada un thriller a tiempos del Kaiser, y "Na putu", en el Sarajevo de hoy.
La presencia estadounidense será más modesta de lo habitual, con dos únicos aspirantes, Noah Baumbach -"Greenberg", con Ben Stiller- y "Howl", de Rob Epstein.
Lo más espectacular con sello de EEUU acude fuera de concurso, con "Shutter Island", de Martin Scorsesse y con Di Caprio, más "The Kids are Alright", de Lisa Cholodenko, con Julianne Moore, además de "Please Give", de Nicole Holofcener.
Kosslick se quedó con las ganas de incluir en competición "Exit Throught the Gift Shop", del activista del grafiti Bansky, porque ya pasó por Sundance. De Francia habrá una sola aspirante, "Mammuth", de Benoit Delépine, con Gérard Depardieu e Isabelle Adjani.
La Berlinale dedicará atención especial a dos de sus cinematografías habitualmente mimadas, la asiática y la escandinava.
A Zhang y Wan Quan'an se sumarán los japoneses "Caterpillar", de Koji Wakamatsu, y "Otoute ("About her Brother"), de Yoji Yamada, este último fuera de competición y encargado de cerrar el festival.
Y por parte escandinava las danesas "En Familie", de Pernille Fischer, y "Submarino", de Thomas Vinterberg, así como la noruega "En ganske snill mann", de Hans Petter Moland.
Completan la sección a concurso la austríaca "Der Räuber", de Benjamin Heisenberg; la iraní "Shekarchi", de Rafi Pitts, la rusa "Kak ya Provel etim letom", e Alexei Popogrebsky "Rusia) y la rumana "Eu cand vreau sa fluier", de Florin Serban.
La película de Smirnoff será el único largometraje hispano a concurso, mientras que en cortometrajes estará el peruano-español "El segundo amanecer de la ceguera", de Mauricio Franco Tosso.
Ya en Panorama, la Berlinale mostrará las españolas "El mal ajeno", de Oskar Santos, con Eduardo Noriega, Belén Rueda y Angie Cepeda, y "Nacidas para sufrir", de Miguel Albadalejo, con Adriana Ozores, Petra Martínez, Malena Alterio y Ricard Borrás. En esa sección se presentarán la brasileña "Besouro", de Joao Daniel Tikhomiroff, y la argentina "Por tu culpa", de Anahí Berneri. EFE
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jueves, 4 de febrero de 2010

Eternizándose en lo gris

Cent dies de grisor

SUSPENS Merkel compleix el període de gràcia amb males notes PROBLEMES INTERNS Les picabaralles a la coalició conservadora alemanya passen factura
Gemma C. Serra


L'hivern més llarg que es recorda i ni una bona notícia des de la cancelleria d'Angela Merkel. És evident que la cap del govern no té la culpa que Alemanya estigui, de nord a sud i d'est a oest, sota la neu des de fa setmanes. Però alguna cosa deu tenir a veure amb l'espectacle de dissensió continuada del seu govern des que va substituir el matrimoni forçat amb els socialdemòcrates pels liberals, els seus teòrics socis naturals.
Des del 29 d'octubre, quan es va constituir el govern, la coalició pràcticament només s'ha posat d'acord en una cosa: comprar la controvertida llista dels "pecadors fiscals" que evadeixen impostos a Suïssa. És a dir, pagar el lladre -ells en diuen "informant"- que va robar les dades secretes d'una banca que ha deixat de ser garant del secret bancari.
Merkel ahir donant la benvinguda a un grup de Carnaval en una recepció a la cancelleria"Cent dies i mil males notícies", titulava abans-d'ahir Der Spiegel, mentre que el diari esquerrà Die Tageszeitung plantava a la portada una caricatura d'una Merkel cega i a les palpentes, amb el gosset Guido -Westerwelle, el seu ministre d'Exteriors- tan perdut com ella.
De la imatge dels tres líders somrients -Merkel per la Unió Cristianodemòcrata, Westerwelle pels liberals i Horst Seehofer per la Unió Socialcristiana de Baviera-, el 29 d'octubre, s'ha passat a una cancellera de rostre cansat, un ministre d'Exteriors a cops de colze amb el col·lega de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, per dir-hi cadascú la seva sobre l'Afganistan, i amb Seehofer en guerra oberta contra un dels grans projectes liberals: la reforma sanitària.
A l'octubre ja es percebia que els gestos de complicitat eren forçats, especialment entre Westerwelle i Seehofer, dos polítics que mai s'han avingut. Però el que ni els analistes més derrotistes s'esperaven era una caiguda tan en picat en la picabaralla continuada.
La reforma fiscal que volen els liberals no tira endavant perquè Wolfgang Schäuble, ministre d'Hisenda, recorda cada cop que l'hi demanen que les arques públiques no estan per a bromes. I la reforma sanitària -que, segons els liberals, hauria d'imposar una tarifa única per a tothom en lloc de les múltiples variables actuals- tampoc.
I, al damunt, les files de Westerwelle es posen nervioses perquè baixen en les enquestes. De la posició d'"artífexs" de la coalició han passat a perdre punts, de manera que ara mateix, segons el Politbarometer de la segona cadena pública, ZDF, un hipotètic bloc entre socialdemòcrates, Els Verds i L'Esquerra superaria les files governamentals. Segons la demoscòpia, la coalició obtindria un 47%, mentre que l'oposició sumaria un 48%.
Els nervis han crescut a tal nivell que els mateixos aliats es critiquen entre si. En comptes de celebrar els cent dies entre somriures, forçats o no, Wolfgang Kubicki, membre de l'executiva liberal, exigia a la Unió, des del popular diari Bild, la fi de les crítiques a la seva formació i advertia que els seus estaven preparats per respondre "als atacs dels nostres socis i amics".
A Merkel li queda un consol: la crisi no és exclusiva del govern. Fora d'Els Verds, de moment immunes, les altres dues forces de l'oposició, socialdemòcrates i L'Esquerra, no acaben de sortir de les seves pròpies crisis.

Notícia publicada al diari AVUI, pàgina 10. Dijous, 4 de febrer del 2010

lunes, 1 de febrero de 2010

Sesentona

Cinco Osos de Oro y un debut argentino para una Berlinale de cumpleaños
 
Gemma Casadevall

Berlín, 1 feb (EFE).- La Berlinale se festejará a sí misma en su 60 edición con cinco Osos de Oro a concurso -Zhang Yimou, Michael Winterbottom, Wan Quan'an, Roman Polanski y Jasmila Zbanic-, junto a debutantes como la argentina Natalia Smirnoff, y la proyección de un "Metrópolis" ante la Puerta de Brandeburgo, probablemente bajo cero.
Noah Baumbach y el alemán Oskar Roehler estarán junto a los mencionados entre los 20 aspirantes a los Osos del festival, cuyo programa al completo presentó hoy su director, Dieter Kosslick, como una edición volcada a mostrar la Berlinale como "espejo histórico" de una "ciudad superviviente".
Kosslick no cuenta con Polanski -bajo arresto en su chalet de Suiza, por su causa abierta con la justicia de EEUU-, pero sí con Leonardo Di Caprio, Ewan McGregor, Pierce Brosnan, Gérard Depardieu y Ben Stiller, defendiendo sus filmes, Renée Zellwegger, miembro del jurado, y Hanna Schygulla, que recibirá un Oso de Oro honorífico.
La perla, sin embargo, será la proyección del mítico film mudo de Fritz Lang, en versión restaurada según la copia hallada en el Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken de Buenos Aires, acompañada por los cien músicos de la Orquesta de la radiotelevisión berlinesa.
Será un acontecimiento a seguir "en calzoncillos largos de lana", bromeaba Kosslick unos días atrás, en un encuentro con medios extranjeros, de seguir Berlín a varios grados bajo cero, como ahora, para el día de la proyección, el día 12. "Berlín puede con todo, los berlineses también", es el lema de Kosslick para la ocasión.
Abrirá el desfile de los aspirantes, el día 11, Wang Quan'an -Oro en 2007, con "La Boda de Tuya"-, con "Tuan Yuan" ("Apart Together").
El eje de la Berlinale, en otros años volcada en lo político, será la familia, dijo Kosslick. Alrededor de ella discurre el film de Zhang -Oro en 1988 con "Sorgo Rojo"- con "San qiang api an jing qi" ("A Woman, a Gun and a Noodle Shop") centrada en un reencuentro privado, tras una larga separación por motivos políticos.
Polanski -Oro en 1966 con "Cul de sac"-, regresa con "The Ghost Writer", con McGregor; la bosnia Zbanic -Oro en 2006 con "Grbanica"-, lo hace con "Na Putu ("On the Path") y Winterbottom -Oro en 2003, con "In this world"- con "The killer inside Me".
Con esos pesos pesados se medirá la argentina Smirnoff, con su opera prima "Rompecabezas", interpretada por María Onetto, Gabriel Goity y Arturo Goetz.
"Greenberg", de Baumbach traerá a Berlín la presencia de Ben Stiller, mientras que "Mammuth", de Benoit Delphine y Gustave de Kervern, aportarán las de Gérard Depardieu e Isabelle Adjani.
Asimismo a concurso irán cuatro producciones con participación alemana: la turco-germana "Bal" de Semih Kaplanoglu, las germano-austríacas "Der Räuber", de Benjamin Heisenberg; "Jud Süss", de Roehler, así como "Shahada", del afgano-alemán Burhan Qurbani.
La India competirá con "My name is Khan", de Karan Johar, el cine iraní lo hará con "Shekarchi", de Rafi Pitts, mientras que Rusia, durante años ausente a concurso, está presente con "Kak ya provel etim latom", de Alexei Popogrebsky.
Habrá abundante aporte escandinavo, con las danesas "En Familie", de Pernille Fischer, y "Submarino", de Thomas Vinterberg, así como la noruega "En ganske snill mann", de Hans Petter Moland.
Y también buenas dosis de cine asiático, ya que a Zhang y Wan Quan'an se sumarán los japoneses "Caterpillar", de Koji Wakamatsu, y "Otoute ("About her Brother"), de Yoji Yamada, este último fuera de competición y encargado de cerrar el festival.
Fuera de concurso irán "Shutter Island", de Martin Scorsesse; "The Kids are Alright", de Lisa Cholodenko, con Julianne Moore; "Please Give", de Nicole Holofcener, y "Exit Throught the Gift Shop", del activista del grafiti Bansky, que Kosslick quería a competición, pero no fue posible porque pasó por Sundance.
La película de Smirnoff será el único largometraje representando a Latinoamérica a concurso, mientras que en el apartado de cortometrajes competirá el peruano-español "El segundo amanecer de la ceguera", de Mauricio Franco Tosso.
La Berlinale mostrará asimismo, en Panorama, las españolas "El mal ajeno", de Oskar Santos, con Eduardo Noriega, Belén Rueda y Angie Cepeda, y "Nacidas para sufrir", de Miguel Albadalejo, con Adriana Ozores, Petra Martínez, Malena Alterio y Ricard Borrás.
En esa sección se presentarán la brasileña "Besouro", de Joao Daniel Tikhomiroff, y la argentina "Por tu culpa", de Anahí Berneri. EFE
gc/nvm/cat