Merkel, doce años en el poder marcados por la capacidad de reacción ante crisis externas
Gemma Casadevall
Berlín, 21 sep (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, busca la
reelección el domingo tras doce años en el poder marcados por su reacción ante
crisis globales como las del euro y los refugiados, y decisiones no siempre
digeribles por sus filas conservadoras.
La primera legislatura de Merkel
(2005-2009) se vio sacudida por la crisis de la eurozona, precipitada por el
hundimiento en 2007 del mercado hipotecario estadounidense y a la que Berlín
respondió con una férrea austeridad, a cambio de evitar la insolvencia de
cualquier Estado miembro.
El dogma del ahorro no fue decisión exclusiva de
Alemania, pero se convirtió en una seña de identidad del país y fue visto como
una imposición orquestada desde la primera potencia europea, el mayor
contribuyente a los sucesivos rescates aprobados para los países más castigados
por la crisis.
Alemania cerró 2009 con una contracción de su Producto
Interior Bruto (PIB) del 5,6 %, de la que se recuperó ya al año siguiente, y con
este expediente terminó también la primera gran coalición del bloque conservador
de Merkel con el Partido Socialdemócrata (SPD).
La articulación de soluciones de emergencia y de instrumentos para evitar hundimientos futuros marcó también la segunda legislatura de Merkel, quien tras las generales de 2009 pudo formar coalición con sus aliados naturales, los liberales, mientras el SPD quedaba hundido en su peor resultado histórico -un 23 %-.
En esa segunda
legislatura, llegó la segunda crisis, con epicentro en la central nuclear de
Fukushima (Japón).
Mientras gobernó en gran coalición, la canciller
"respetó" el apagón nuclear pactado con las eléctricas por la coalición
socialdemócrata-verde de su antecesor, Gerhard Schröder, pero poco después de
abrir su mandato con los liberales, formación cercana a la industria, tumbó el
plan para cerrar progresivamente las 17 plantas nucleares.
Bajo el impacto
de la catástrofe en 2011, rectificó de nuevo y sentenció al cierre progresivo,
hasta 2022, a todas las plantas atómicas alemanas, lo que los Verdes calificaron
irónicamente de "apagón del apagón del apagón".
Alemania se convirtió así,
bajo el liderazgo de una canciller conservadora, en la primera potencia que
trazaba de forma vinculante el adiós a la energía atómica, mientras se
improvisaba la transición hacia otras fuentes que garanticen el suministro en el
futuro.
En esa segunda legislatura se aprobó también la suspensión del
servicio militar obligatorio, otra decisión considerada un hito en Alemania y
que estuvo precedida de fuertes tensiones en las filas conservadoras.
En
2013, Merkel logró la reelección casi con mayoría absoluta, mientras que el
Partido Liberal (FDP) quedaba relegado a extraparlamentario, situación inédita
para una formación que había apuntalado como socio minoritario tanto a Gobiernos
conservadores como socialdemócratas.
La canciller volvió a la gran
coalición, manteniendo al conservador Wolfgang Schäuble como ministro de
Finanzas y guardián de la línea de la austeridad frente a la persistente crisis
de la zona euro.
Se habían aprobado ya cinco planes de rescate económico
-dos a Grecia y uno a Portugal, Irlanda y Chipre, además de la ayuda a la banca
española-, cuando Alemania quedó inmersa en la siguiente gran crisis global, la
de los refugiados.
El 4 de septiembre de 2015, Merkel adoptó la decisión que
más ha minado su poder dentro de sus propias filas: la apertura de las fronteras
a columnas humanas de decenas de miles de peticionarios de asilo atrapados en
Hungría.
Fue una medida humanitaria -ha defendido desde entonces la
canciller- a la que siguió la llegada al país de hasta 1,3 millones de
peticionarios de asilo y la exigencia a Merkel, desde las propias filas
conservadoras, de poner un límite.
Las presiones de la Unión Socialcristiana
(CSU), partido bávaro hermanado a la Unión Cristianodemócrata (CDU), han
perseguido a la canciller hasta casi el final de la legislatura.
A Merkel se
la ha acusado también de haber propiciado con su línea poco conservadora el auge
de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que ha capitalizado el
voto xenófobo y que, según los sondeos, se convertirá en la primera formación de
ese espectro con escaños en el Bundestag (Parlamento federal).
La
legislatura se cerró con un último hito, la aprobación del matrimonio
homosexual, impulsado por los socialdemócratas y con el voto negativo de Merkel,
quien con la ley ya aprobada por la cámara dijo sentirse satisfecha con la nueva
situación. EFE
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