La Staatsoper de Barenboim reabre como joya operística renovada
Gemma Casadevall
Berlín, 3 oct (EFE).- La Staatsoper unter den Linden de Berlín reabrió hoy
sus puertas, tras siete años en obras, bajo la batuta del músico
argentino-israelí Daniel Barenboim y a modo de joya operística renovada de la
ciudad actual, coincidiendo con el Día de la Unidad alemana.
De
"acontecimiento nacional" calificó el presidente alemán, Frank-Walter
Steinmeier, la reapertura de la ópera nacional berlinesa que, en lo que
concierne al edificio y patio butacas, mantiene su aire clásico, pero que
actualizó su tecnología escénica y perfeccionó su acústica.
Steinmeier
encabezó la representación institucional de una gala a la que acudió la clase
política en pleno, incluida la canciller Angela Merkel, asidua a la ópera, y su
antecesor en el cargo, Gerhard Schröder, menos habitual en estos ámbitos.
Nadie quería perderse un acontecimiento en que, obviamente, la mayor ovación
fue para Barenboim, un talento capaz de atraer a público clásico o a jóvenes,
"alemanes y del resto del mundo, por encima de diferencias idiomáticas o
religión, unidos como amantes de la música", en palabras del presidente.
Tanto Steinmeier como Merkel llegaron a Berlín procedentes de Maguncia
(oeste del país), donde tuvo lugar el acto central de esta fiesta nacional, que
recuerda la entrada en vigor del Tratado de Unidad, el 3 de octubre de 1990,
once meses después de caer el muro de Berlín.
Barenboim asumió la dirección
musical de la Staatsoper en 1992 y es una personalidad identificada con la
capital alemana, capaz de incidir en cualquier debate cultural o político,
nacional o global.
Las obras de remodelación no están completamente
terminadas y el concierto tenía aire de "preludio" de la que será la reapertura
de las actividades regulares de la Staatsoper, que tendrá lugar 7 de diciembre,
275 aniversario de la institución.
La opción de reabrir este 3 de octubre,
programar varios conciertos para los próximos días y cerrar luego dos meses más,
para subsanar problemas técnicos, era una solución de compromiso aceptada por
Barenboim y el director general de la ópera, Jürgen Flimm.
"Queríamos que
fuera el día 3, por su carga simbólica. Queríamos devolver a Berlín su ópera,
tras varios retrasos en las obras", explicó Barenboim, en un encuentro con los
medios previo a la gala.
"Szenen aus Goethes Faust", con textos
musicalizados por Robert Schumann, fue la pieza elegida para la gala, que estuvo
precedida el sábado por un concierto al aire libre ante miles de berlineses,
donde la Staatskapelle interpretó la Novena Sinfonía de Beethoven.
La
reapertura de la Staatsoper acumulaba ya cuatro años de retraso, mientras que el
presupuesto inicial -de 239 millones de euros- se disparó hasta los 400 millones
de euros.
En los siete años de cierre, Barenboim y Flimm llevaron la
programación de la institución al Schiller Theater, un viejo teatro casi
destinado a la demolición.
La Staatsoper fue construida entre 1741 y 1743
por el arquitecto Georg Wenzeslau y su remodelación estuvo precedida por
discusiones entre conceptos continuistas o proyectos más rupturistas.
El
propio Barenboim consideró que no era preciso sujetarse a rajatabla al edificio
original, ya que éste fue arrasado por los bombardeos de la Segunda Guerra
Mundial y reconstruido luego por las autoridades de la República Democrática
Alemana (RDA).
El estricto respeto al patrimonio artístico no tenía
demasiado sentido, ya que el edificio en pie no es de todos modos el original,
sino un falso rococó de los años 50.
Las autoridades berlinesas impusieron
el concepto continuista -entre otras cosas por razones presupuestarias- pero el
maestro logró al menos el objetivo de lograr la mejor acústica posible.
La
reapertura, en formato preludio, de hoy alivia la polémica en torno a los
múltiples retrasos en la ejecución de las obras.
En Berlín se tiene la
sensación de que las grandes obras públicas están "malditas", envueltas en
escándalos de demoras y sobrecostes.
Las de la Staatsoper son más o menos
llevaderas, comparadas con las del futuro aeropuerto internacional de Berlín,
que empezó a construirse en 2006 y debería haber entrado en funcionamiento en
2011, pero para cuya inauguración sigue sin concretarse una fecha tras sucesivos
problemas técnicos. EFE gc/acm/mef