Gemma Casadevall
Berlín, 2 ene (EFE).- La canciller de Alemania, Angela Merkel, cumplió hoy
100 días al frente de su Ejecutivo en funciones, a la espera de que el próximo
domingo se abran las negociaciones para formar una nueva gran coalición con los
socialdemócratas y sometida a las exigencias de su ala más derechista.
La
entrada en 2018 no ha dado nuevo brío a una constelación de Gobierno que no
despierta entusiasmo ni entre el bloque conservador de Merkel ni entre los
socialdemócratas de Martin Schulz-, sino que se contempla con resignación para
evitar nuevas elecciones.
La canciller advirtió ya en su mensaje de Año
Nuevo que Alemania no puede permitirse seguir por tiempo indefinido en esa
situación -"el mundo no espera por nosotros", dijo. El próximo fin de semana
empezarán las conversaciones, tras fracasar su intento inicial de formar una
coalición con liberales y verdes.
Mañana la Unión Cristianodemócrata (CDU)
de Merkel, la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) de Horst Seehofer y el
Partido Socialdemócrata (SPD) de Schulz prepararán la reunión del domingo, el
primer "sondeo" formal -como se denomina en la terminología berlinesa- entre los
tres partidos.
Para llegar a esa primera cita se ha tenido que vencer el
rechazo inicial de Schulz a reeditar una gran coalición, lo que ha costado su
tiempo y ha minado además la credibilidad de Merkel, a la que los medios
alemanes ven ahora abocada a un "crepúsculo político".
Antes de esa reunión,
quedarán de nuevo en evidencia los disensos entre los tres partidos, tanto en
política europea como en materia de refugiados, con Baviera como escenario, el
estado federado (Land) por el que ha entrado la mayoría de los 1,3 millones de
peticionarios de asilo que ha recibido el país desde 2015.
En el convento
bávaro de Seeon la CSU celebrará a partir del jueves su tradicional convención
de Reyes Magos, a la que está invitado el primer ministro húngaro, el
conservador nacionalista Viktor Orbán.
Es un visitante habitual de las
grandes citas de la CSU y amigo político de Seehofer, pero se ha convertido en
un elemento incómodo para la Europa de la cohesión que quiere impulsar el
presidente francés, Emmanuel Macron, y a la que se adhiere Schulz como clave
para revitalizar el motor franco-alemán.
Orbán representa, además, la línea
dura hacia los refugiados que la CSU bávara quiera integrar en su programa de
cara las elecciones regionales que se celebrarán en ese "Land" este año, que se
prevén estarán marcadas por el auge de la ultraderechista Alternativa para
Alemania (AfD).
La CSU propondrá en su convención recortar las ayudas a los
refugiados y reforzar la vigilancia sobre los peticionarios de asilo menores de
edad.
"Alemania no puede seguir siendo un punto de atracción para refugiados
de todo el mundo" ni acoger a "cachorros del yihadismo", defendió hoy su líder
en el Parlamento federal, Alexander Dobrindt.
La CSU pretende hacer frente
así al ímpetu de la AfD, principal beneficiado de la caída del electorado de la
que durante décadas ha sido la formación hegemónica en el próspero y conservador
"Land".
En las generales del 24 de septiembre, la CSU obtuvo un 38 % en su
región, un porcentaje que envidiaría a escala nacional la CDU de Merkel -que
cayó al 33 %, su segundo resultado más bajo desde 1949-, pero que para la
formación de Seehofer sabe a poco.
La CSU es una formación "malacostumbrada"
a imponer su dominio, para la que tener que compartir el poder es una situación
anómala.
Las regionales bávaras podrían convertir a la AfD en la segunda
fuerza de ese estado federado, lo que aparentemente el partido de Seehofer
pretende impedir con su propio giro derechista.
La apertura de la
negociación entre el bloque conservador de la CDU y la CSU y el SPD tendrá lugar
previsiblemente así a la sombra de la convención organizada en el convento
bávaro, con consignas difícilmente digeribles para unos socialdemócratas que
someterán al voto de sus militantes cualquier eventual apoyo a un nuevo gobierno
de Merkel. EFE gc/emm