miércoles, 22 de septiembre de 2021

El amable renano

 Laschet, un sucesor "B" para Merkel

Gemma Casadevall



Berlín, 22 sep (EFE).- El candidato del bloque conservador a la Cancillería, Armin Laschet, pugna por el poder desde su posición de sucesor natural de Angela Merkel, aunque lastrado por los sondeos y por su condición de "opción B" a tomar el relevo de la canciller.
La sucesión que anhelaba Merkel está plasmada en una imagen de julio de 2019, con la canciller sentada junto a la líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU), Annegret Kramp-Karrenbauer, y Ursula von der Leyen, camino a presidir la Comisión Europea (CE).
Kramp-Karrenbauer, leal a la línea Merkel, se había impuesto como líder del partido que Merkel presidió durante 18 años y era la favorita a dirigir al bloque conservador en las elecciones de 2021.
Pero la nueva líder tiró la toalla unos meses después, incapaz de consolidar su liderazgo. Empezó la búsqueda del sucesor "B", lo que tras duros forcejeos internos recayó en el centrista Laschet.
Fue una apuesta continuista, por pertenecer a la misma corriente que Merkel. Pero al mismo tiempo divergente, ya que ni el talante ni la gestión de Laschet siguen los parámetros de la canciller.
La covid complicó la búsqueda del nuevo líder. Las restricciones de 2020 obligaron a aplazar dos congresos del partido, hasta que en enero Laschet ganó la elección frente a su ala derechista.
No fue su última batalla interna. Quedaba por resolver la candidatura a la Cancillería, algo que se resuelve por consenso entre la CDU y su hermanada Unión Cristianosocial de Baviera (CSU).
Laschet, primer ministro de Renania del Norte-Westfalia, el más poblado del país, tuvo una gestión errática contra la pandemia. Se alejó de la línea cautelosa de Merkel, entre prisas por reabrir la economía en un "Land" industrializado, pero con bolsas de pobreza.
El líder de la CSU, Markus Söder, hizo lo contrario. Aplicó con rigor las restricciones y su credibilidad se disparó a máximos.
Söder aspiraba a luchar por la Cancillería, aupado en la valoración ciudadana. Su pelea sacó a la luz las grietas del bloque.
Laschet podría haber cedido como hizo Merkel en 2002 a favor del bávaro Edmund Stoiber. Merkel llevaba dos años al frente de la CDU, pero los hombres fuertes del partido la veían incapaz de alcanzar la cancillería.
Laschet no se apartó. Ganó la partida haciendo valer el peso de la CDU, con 200 diputados en el Bundestag frente a los 46 de la CSU.

LA CARCAJADA TRAICIONERA

Recién cumplidos los 60 años, padre de tres hijos, católico y abogado, Laschet emprendió la carrera hacia la Cancillería en marzo.
Su designación coincidió con la de la verde Annalena Baerbock y mientras se disparaba la intención de voto a favor de la ecologista. Fue un efecto momentáneo, ya que el ascenso verde se disipó pronto.
Pero tampoco eso ayudó a Laschet. A la mala gestión durante la pandemia siguieron las devastadoras inundaciones del oeste del país, con 190 muertos entre su "Land" y el vecino de Renania Palatinado.
Se viralizaron ahí una imágenes en que aparecía a carcajadas, de visita en una región afectada y mientras el presidente del país, Frank Walter Steinmeier, expresaba su apoyo a los damnificados.
Un proceder impensable en cualquiera que aspire al puesto de Merkel. Empezó su desplome en los sondeos, mientras ascendía el socialdemócrata Olaf Scholz, vicecanciller y ministro de Finanzas.

UN RENANO AMABLE Y FAMILIAR

Laschet ha lamentado en público esa carcajada. Su bloque conservador ha cerrado filas en torno al candidato, pese a las muestras de pánico ante la perspectiva del paso a la oposición.
Su candidato persevera en su campaña, recorre el país buscando al elector y, al mismo tiempo, sigue al frente del "Land" con 18 millones de habitantes.
De rostro afable, Laschet suele presentarse como un tipo familiar y consumidor de la popular serie policiaca "Tatort", una especie de señal de identidad para el alemán común.
Hijo de un minero de Aquisgrán, creció en una familia de fuertes raíces católicas, dominante en su región, antaño corazón rojo del país y bastión socialdemócrata.
No fue un estudiante prodigioso, sino más bien repetidor. Tuvo que esforzarse para terminar Derecho y se estableció como abogado.
Con 18 años ingresó en la CDU, en 1994 entró en el Bundestag (Parlamento federal) con un escaño por mandato directo de su distrito. En 1999 se convirtió en eurodiputado y a partir de 2005 volvió al ámbito regional como ministro de la Familia del "Land".

Penúltimo perfil

Merkel, la retirada de la líder invicta 

Gemma Casadevall


Berlin, 22 sep (EFE).- Las elecciones generales de septiembre marcan el adiós a la "era Angela Merkel", la líder invicta que durante 16 años condujo Alemania por sucesivas crisis y que fue capaz de ganarse la empatía incluso de quienes nunca la votaron ni votarían.
No hay fecha para su adiós del poder, ya que seguirá en su puesto hasta que se forme el nuevo gobierno. Algo que, en su última coalición, ocurrió seis meses después de los comicios.
De seguir en el cargo el 17 de diciembre habrá superado el récord de permanencia de Helmut Kohl. Otro hito en una política que rompió varios techos de cristal: como mujer, como ciudadana del este y como protestante en un partido -la Unión Cristianodemócrata (CDU)- de dominio católico.
Sus rasgos característicos son el consenso y la sangre fría. Prepara concienzudamente cualquier encuentro, analiza cada partícula de los problemas que se presentan, se deja asesorar y luego actúa, a menudo con exasperante lentitud.
Cuida el perfil aparentemente bajo, minimalista, sin estridencias, con la "Raute" -el rombo que forma con las manos- como marca de la casa, lo mismo que su colección de chaquetas casi idénticas, salvo el color.
Al principio, cada chaqueta era apenas una mancha cromática entre los trajes negros de sus colegas hombres. Luego se convirtieron en la señal de identidad de la jefa a escala alemana, europea o global.
Todo en ella es atípico. No usa el apellido de soltera -Kasner- ni el de su marido -el catedrático Joachim Sauer- sino el de un ex-esposo, el compañero de estudios con quien se casó en 1977 y del que se separó cinco años después.
Ello le ha ayudado a preservar la intimidad familiar. A su padre, Horst Kasner, se le retrata como un pastor protestante algo izquierdista que arrastró a su familia fuera del cómodo Hamburgo para ejercer en una parroquia de la Alemania comunista.
Su madre, Herlind, maestra de inglés hasta los 90 años, transmitió a Angela Dorothea Kasner (Hamburgo, 1954) la perseverancia y la capacidad de trabajo.
No era una familia común del este, sino gente llegada de la Alemania occidental. Vivían en las afueras de Templin, en una colonia tutelada para discapacitados psíquicos, que fueron parte de la normalidad de Angela Dorothea y sus dos hermanos menores.

LENTA O IMPARABLE

Iba para científica, pero cumplidos los 35 años giró hacia la política. Fue en 1990, el año de la reunificación alemana y en el que ingresa en la Unión Cristianodemócrata (CDU).
Ese año logró su primer escaño en el Bundestag (Parlamento), al siguiente se convirtió en ministra de la Mujer de Helmut Kohl.
Ocho años después se produce su momento clave: publica su columna en el conservador diario "Frankfurter Allgemeine" reclamando a la CDU la emancipación de Kohl, hundido en una trama de cuentas secretas que saltó a la luz tras el paso a la oposición.
Se convierte en presidenta de una CDU en horas bajas. Dos años después cede la candidatura a la Cancillería al líder bávaro Edmund Stoiber, presionada por los hombres fuertes del partido que la ven incapaz de derrotar al entonces canciller Gerhard Schröder.
Esa renuncia se convirtió en 2005 en su triunfo: para entonces había arrinconado a sus enemigos internos, nadie iba apartarla de la lucha por la Cancillería.

CUATRO "S", CUATRO DERROTADOS SOCIALDEMÓCRATAS

Schröder fue la primera "S" -por apellido y por socialdemócrata- caído ante Merkel en unas generales. Le siguieron otros tres: en 2007, su ministro de Exteriores Frank Walter Steinmeier; en 2009, su extitular de Finanzas, Peer Steinbrück; en 2017, el expresidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz.
Merkel ha sido imbatible en las urnas. Acaparó el centro político alemán y desplazó a su partido hacia terrenos de la socialdemocracia, para horror de quienes reclamaban un perfil más conservador.

REACCIÓN, EN LUGAR DE ACCIÓN
 
Nunca se ha comportado como una líder visionaria, sino que se ha caracterizado por la reacción ante las crisis.
A la de la zona euro reaccionó con la austeridad que desangró a los socios del sur y minó el tejido social y laboral alemán. En 2011 aceleró el apagón nuclear bajo el impacto de Fukushima.
La "dama de hierro" se metamorfoseó luego en la Merkel solidaria que, en 2015, no cerró sus fronteras a los refugiados.
Alemania recibió ese año un millón de refugiados. La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que en 2013 había quedado a las puertas del Bundestag, se convirtió en tercera fuerza nacional.

LA "DÄMMERUNG" -EL OCASO- QUE NO FUE

A Merkel se le venía pronosticando la "Dämmerung" -ocaso- a cada altibajo en su carrera. En 2018 anunció su retirada por etapas, como líder de la CDU y como canciller, pese a que en rigor nada le impedía optar a su reelección.
La covid la revalorizó ante sus ciudadanos. Resurgió la Merkel científica, capaz de entender la pandemia mientras otros daban bandazos. Alemania no era inmune, pero salió de nuevo mejor parada que otros a una crisis global.

EMANCIPARSE DE LA "MUTTI"

A Merkel se la ha apodado la canciller "teflón", porque todo le resbala, o la líder del mundo libre, como la llamó Barack Obama.
Para sus compatriotas ha sido la "Mutti" -mamá-. Una mujer sin hijos propios, que adoptó como tales a los 83 millones de habitantes del país. Su retirada impone la emancipación. EFE  gc/jam/alf   (vídeo) 

martes, 21 de septiembre de 2021

El suflé de Joschka, 16 años después

 Els Verds es desinflen

“L’elecció no està deci­dida. Hem de tre­pit­jar molt car­rer”, deia aquest cap de set­mana Bet­tina Jarasch al congrés dels Verds de Berlín. Jarasch és la can­di­data a l’alcal­dia de la capi­tal, on hi ha elec­ci­ons regi­o­nals també aquest diu­menge, coin­ci­dint amb les naci­o­nals. Fa uns mesos, era la favo­rita dels son­de­jos. Arriba al final de la cursa empa­tada amb la soci­al­demòcrata Fran­ziska Gif­fey, una exmi­nis­tra d’Angela Merkel.

Jarasch va pujar com l’escuma a la pri­ma­vera, enmig de l’eufòria des­fer­mada amb la desig­nació com a can­di­data a la can­ce­lle­ria d’Anna­lena Baer­bock. Quan van desin­flar-se les pers­pec­ti­ves que arribés al poder, van bai­xar també els pronòstics a favor d’una alcal­dessa verda.

“Hem rebut cops de totes ban­des. Les xar­xes soci­als i els mit­jans han estat impla­ca­bles amb Anna­lena”, admet la can­di­data a alcal­dessa en una pausa del congrés. La truita s’ha girat. Van aca­ro­nar el cel i ara qual­se­vol altra opció sem­bla un des­as­tre.

Els son­de­jos per a les gene­rals els ator­guen entre el 16% i el 17% dels vots. Si és aquest el resul­tat, gai­rebé hau­ran doblat el del 2017 –un 8,9%–. Serà el màxim històric en una for­mació que només un cop, el 2009, va superar en unes gene­rals i per unes dècimes la bar­rera del 10%. De cop, però, tot sem­bla poqueta cosa en un par­tit que al març era líder en intenció de vot.

Va ser quan Baer­bock, copre­si­denta del par­tit amb Robert Habeck, va ser desig­nada can­di­data a la can­ce­lle­ria. El par­tit nas­cut a prin­ci­pis dels 80 com a movi­ment anti­jeràrquic i amb fama de caòtic deci­dia per con­sens –prèvia renúncia de Habeck– que Baer­bock, sense cap mena d’experiència de govern, llui­ta­ria per suc­ceir Merkel.

És difícil saber si va ser una rellis­cada dels ins­ti­tuts demoscòpics o un foc d’ence­nalls. En aquells moments, els con­ser­va­dors esta­ven en plena bara­lla de galls entre el cen­trista Armin Lasc­het i el dretà Markus Söder, tots dos entos­su­dits a ser el can­di­dat del bloc de Merkel. També ales­ho­res, el soci­al­demòcrata Olaf Scholz, ara el pre­fe­rit dels son­de­jos, anava en ter­cera posició.

El con­sens a favor de Baer­bock sem­blava que l’afa­vo­ria. I també el fet que l’emergència climàtica està entre les pri­me­res pre­o­cu­pa­ci­ons del ciu­tadà ale­many, tant d’esquer­res com de dre­tes, amb l’única excepció de la ultra­dreta, que la nega.

Els Verds feia dos anys que esta­ven en ascens a escala regi­o­nal. L’any elec­to­ral s’havia obert amb una forta empenta als comi­cis regi­o­nals de Baden-Württem­berg, on va ser ree­le­git l’eco­lo­gista Win­fried Kretsch­mann, un veterà dels Verds.

Les mira­des es van cla­var en Baer­bock, amb 40 anys, mare de dues cri­a­tu­res i dis­po­sada a fer història. De cop van sor­gir els pro­ble­mes. Van sor­tir a la llum una sèrie d’impre­ci­si­ons al seu currículum acadèmic, unes pagues de Nadal que va decla­rar tard al Bun­des­tag i un lli­bre sota sos­pita de pla­gis. Pecats menors, si es vol, en un país on sor­gien escàndols per nego­cis de mas­ca­re­tes anti-Covid entre els con­ser­va­dors i on Scholz ha hagut de decla­rar com a minis­tre de Finan­ces per haver badat en el cas de Wire­card, l’empresa de paga­ments electrònics, insol­vent després d’haver pre­sen­tat balanços inflats.

La premsa groga es va llançar sobre Baer­bock; la seri­osa no es va que­dar enrere. Al par­tit que reclama trans­parència i una nova forma de gover­nar no se n’hi per­dona ni una. Baer­bock ha hagut d’encai­xar tot això i, alhora, anar als debats tele­vi­sius com a aspi­rant des­car­tada. Per pri­mer cop, aquests espais s’havien ampliat a tres can­di­dats. Abans només hi ana­ven el con­ser­va­dor i el soci­al­demòcrata, els dos par­tits que s’han alter­nat al poder. S’hi va incloure Baer­bock quan era la favo­rita. D’una banda, els Verds han gua­nyat així presència. De l’altra, a la seva can­di­data li ha tocat exhi­bir-se com a aspi­rant sense pos­si­bi­li­tats entre els rivals “de debò”.

Pot­ser no va ser tan bona idea deci­dir per con­sens qui seria el can­di­dat. Els Verds són un par­tit de tra­dició assem­bleària, en què les deci­si­ons es pre­nen en con­gres­sos o con­sul­tes que poden ser eter­nes, però que pale­sen el pes de les bases. Tam­poc no ho deu haver estat que, per tal de donar una impressió de par­tit reno­vat, hagin pràcti­ca­ment des­a­pa­re­gut de la cam­pa­nya els pesos pesants. És com si la gene­ració de Habeck i Baer­bock hagués engo­lit gent com Joschka Fisc­her, minis­tre d’Afers Estran­gers amb el soci­al­demòcrata Schröder, o altres noms repre­sen­ta­tius d’un par­tit petit, però llui­ta­dor.

Greta, la traca final

Greta Thun­berg nega for­mar part d’un lobby verd. Però el fet que tin­gui pre­vist ser a Berlín diven­dres vinent, a punt de cloure’s la cam­pa­nya i en una marxa que es pre­veu mul­ti­tu­dinària a favor de la lluita climàtica, fa que es vegi com un mis­satge de suport als Verds. El diari sen­sa­ci­o­na­lista Bild, el gran ene­mic mediàtic d’Anna­lena Baer­bock, ho veu com una “ingerència estran­gera” a les elec­ci­ons.

A l’acti­vista sueca se l’espera diven­dres, jor­nada de mobi­lit­zació glo­bal dels Fri­days for Future. Hi ha actes anun­ci­ats en 350 ciu­tats ale­ma­nyes, però òbvi­a­ment el que més cri­darà l’atenció és el de la capi­tal. No és l’única acció del jovent en aquesta cam­pa­nya. Un grup d’uns vint joves va ini­ciar una vaga de fam prop de la can­ce­lle­ria a prin­ci­pis de mes per exi­gir mesu­res imme­di­a­tes con­tra l’emergència climàtica. No volen par­lar amb Angela Merkel, sinó amb els can­di­dats. Baer­bock és l’única que, si més no, hi ha par­lat per telèfon.

La Ossenreyerstrasse 29

Merkel entra en campaña por Laschet, entre un diluvio meteorológico y de abucheos

Gemma Casadevall


Stralsund (Alemania), 21 sep (EFE) .- La canciller alemana, Angela Merkel, entró hoy en campaña por el candidato conservador a sucederla, Armin Laschet, desde su cuna política, junto al Báltico y entre un diluvio meteorológico y de protestas.
"Este es el más hermoso distrito de Alemania", saludó la líder alemana a sus seguidores, en la plaza mayor de Stralsund, su distrito electoral desde que entró en política, hace 30 años.
El próximo domingo, con las elecciones generales, está en juego "la dirección futura de Alemania", afirmó. Laschet es "garante de fortaleza económica y puestos de trabajo", mientras que su principal rival, el socialdemócrata Olaf Scholz, "no descarta una alianza con la Izquierda", advirtió Merkel.
"No da igual quien gobierne nuestro futuro", sostuvo Merkel ante las primeras generales desde 2005 en las que no lidera ella a los conservadores, puesto que tras los comicios se retirará del poder.
Merkel respaldó así públicamente a Laschet, por primera vez junto a la canciller en un acto popular de campaña, mientras desde detrás del cordón de seguridad resonaban los abucheos de sus contrarios.
El grito más frecuente era el de "Hau ab" -"esfúmate"-, junto a los que denunciaban la "dictadura" que imputan a Merkel por las restricciones derivadas de la pandemia.
Entre los que protestaban había individuos identificables como "Querdenker" -el movimiento de los llamados "Transversales", en el que se mezclan antivacunas, ultraderecha y defensores de teorías de la conspiración. También seguidores del Partido Nacional Democrático (NPD), organización neonazi marginal contra la que se impulsaron varios procesos de ilegalización, sin éxito.
 
VISITA AL DISTRITO ORIGINAL

Merkel se había despedido ya de su oficina en Stralsund hace dos semanas, en una visita con poco eco, fuera de los medios locales. Entonces recorrió sus calles bajo el sol, tomando helados junto con el alcalde de la ciudad, Alexander Badrow, de CDU, y su sucesor local, al aspirante al mandato directo, Georg Günther, de 33 años.
En el númer 29 de la Ossenreyerstrasse sigue teniendo una mínima oficina, o al menos así consta en el buzón y en el cartel colgado ante la puerta, vecina a una tienda de "souvenirs" del litoral báltico, punto de máxima atracción para el turismo interno alemán.
Ahora regresó en la recta final ante las elecciones, determinada a apoyar a Laschet, tal como le ha venido pidiendo el partido.
Merkel se había mantenido al margen de la campaña, hasta que el nerviosismo hizo mella en su bloque ante el ascenso en los sondeos de su vicecanciller y ministro de Finanzas, Olaf Scholz.
El respaldo de última hora de Merkel, quien dejará el poder tras 16 años con una extraordinariamente buena valoración ciudadana, es la última esperanza de Laschet para remontar. Su bloque sigue cuatro puntos por debajo del Partido Socialdemócrata (SPD) de Scholz -con una estimación de voto del 26 %-, aunque ha recuperado posiciones.
Merkel estará en esta recta final de la campaña en tres puntos estratégicos. A Stralsund, su cuna política, seguirán Múnich, el viernes, y finalmente Aquisgrán ciudad natal de Laschet, el mismo sábado.
Con el acto en Múnich se tratará de mandar una señal de cohesión, tras el duro pulso mantenido por la designación del candidato conservador entre Laschet y el líder de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), el derechista Markus Söder.
Aquisgrán tendrá una última ocasión para pedir el voto para Laschet, ya que en Alemania no hay jornada de reflexión, aunque los grandes actos de campaña se celebran tradicionalmente el viernes.
 
REGRESO AL ORIGEN O DESPEDIDA

Hasta ocho veces obtuvo Merkel su escaño del Bundestag por esa ciudad. Ahí logró su primer puesto de diputada al Bundestag (Parlamento), en 1990, el mismo año en que ingresó en la CDU.
Merkel optó por ese lugar para iniciar su carrera en lugar de Templin, la ciudad asimismo del este donde pasó su infancia y parte de su juventud.
En pleno proceso reunificador tras la caída del muro berlinés, la CDU buscaba nuevos rostros de políticos sin vínculos con el extinto régimen comunista. Lo encontró en esa por entonces joven científica, hija de un pastor protestante y una maestra llegados en 1954 al este de Hamburgo.
Treinta años después de la reunificación, el litoral báltico no es territorio fácil para la CDU.
El "Land" de Mecklemburgo Antepomerania, donde está Stralsund, celebra el domingo elecciones regionales junto a las nacionales. Se espera una cómoda victoria para el Partido Socialdemócrata (SPD) de la jefa del Gobierno regional, Manuela Schwesig, exministra de Merkel. EFE  gc/vh

lunes, 20 de septiembre de 2021

Alice y Tino

 El perill “normalitzat”

Tino Chru­pa­lla, de 46 anys, pare de tres fills i dipu­tat del Bun­des­tag (Par­la­ment), fa un mes que baixa cada dia del cotxe de cam­pa­nya d’Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD) amb la gra­nota de pin­tor de parets, el seu ofici. Se la treu a l’escala que porta a l’esce­nari del seu míting o un cop a dalt, com si acabés de ple­gar d’una feina que ja no exer­ceix. L’acom­pa­nya Alice Wei­del, cap del grup par­la­men­tari, de 42 anys i asses­sora empre­sa­rial. Són els caps de llista d’aquest par­tit, el pri­mer i únic de l’espec­tre ultra­dretà amb escons al Bun­des­tag, des del 2017. Ales­ho­res van obte­nir un 12,6% i es van con­ver­tir en pri­mera força de l’opo­sició. Ara se’ls pro­nos­tica un 11%. Van a la cam­pa­nya com a repre­sen­tants de l’Ale­ma­nya “nor­mal”.

La imatge de Chru­pa­lla amb la gra­nota de pin­tor es repe­teix dia a dia. Sigui a Schwe­rin, la ciu­tat de l’est on va arren­car la cam­pa­nya, o a Saxònia, el land on l’AfD es va con­ver­tir en el par­tit més votat en les gene­rals del 2017, amb un 27%. Ara se li pro­nos­tica un punt menys. Chru­pa­lla és dipu­tat per man­dat directe al seu dis­tricte, Görlitz, ciu­tat saxona fron­te­rera amb Polònia.

“La maquinària del pànic vol arruïnar les nos­tres ciu­tats”, sosté sobre l’esce­nari, ja amb el seu altre ves­tit de cam­pa­nya –ame­ri­cana i pan­ta­lons blaus, el color del par­tit–. Es refe­reix als estralls cau­sats per les res­tric­ci­ons en el petit o gran comerç de ciu­tats com ara Schwe­rin o Görlitz. Sis mesos de tan­ca­ment de boti­gues, bars, cine­mes, gim­na­sos o qual­se­vol altre local no essen­cial han arruïnat el ciu­tadà. Ale­ma­nya va reo­brir la vida pública fa mesos. Però l’AfD con­ti­nua remo­vent la mala maror pro­vo­cada per les res­tric­ci­ons.

“Vull una soci­e­tat segura per a mi, per a la meva com­pa­nya i la meva llar”, diu tot seguit Wei­del. Esmenta la seva con­dició d’homo­se­xual, una dona que viu en pare­lla amb una altra dona d’arrels índies i esta­blerta a Suïssa, mare de dos fills d’una altra relació. Wei­del recorda l’atac a gani­ve­ta­des sofert l’any pas­sat per una altra pare­lla d’homes homo­se­xu­als, a Dres­den, un dels quals va morir. L’ata­cant era un refu­giat sirià.

Chru­pa­lla ataca les “renúncies” impo­sa­des arran de la pandèmia per la coa­lició entre con­ser­va­dors i soci­al­demòcra­tes d’Angela Merkel. Wei­del es remet a la crisi dels refu­gi­ats del 2015, quan la can­ce­llera no va tan­car les fron­te­res del país. Ale­ma­nya va aca­bar aquell any amb prop d’un milió de refu­gi­ats. Va ser el punt d’arren­cada cap a l’èxit elec­to­ral de l’AfD. Dos anys abans, com a par­tit euro­escèptic i anti­res­cats als socis del sud, s’havia que­dat unes dècimes per sota del mínim del 5% neces­sari per tenir escons. L’AfD ja no és el par­tit anti­res­cats i tam­poc no busca només el vot xenòfob. Totes dues fal·leres han pas­sat a segon terme. Ara busca el vot dels anti­va­cu­nes, dels qui estan farts de res­tric­ci­ons, dels qui han per­dut la feina o han hagut de tan­car el bar. Chru­pa­lla, el pin­tor, i Wei­del, la dona moderna i empresària, són la nova imatge d’un par­tit afe­blit per les divi­si­ons inter­nes. El pre­si­dent de la for­mació, Jörg Meut­hen, ha inten­tat con­te­nir o fins i tot dis­sol­dre el cor­rent radi­cal de líders regi­o­nals com Björn Höcke, al land de Turíngia. S’ano­me­nen Der Flügel (L’Ala) i, tot i que for­mal­ment no tenen una estruc­tura dins el par­tit, fan valer la seva influència. Sense ells, no obtin­drien resul­tats com el 26% de Saxònia.

L’ala radi­cal està sota obser­vació dels ser­veis secrets d’Inte­rior. Aquesta és la raó prin­ci­pal perquè Meut­hen els vul­gui tenir sota con­trol. Si l’obser­vació s’estén a tot el par­tit, que­da­ran sota la lupa d’Inte­rior les acti­vi­tats dels dipu­tats, càrrecs públics i militància d’un par­tit que, a més dels escons del Bun­des­tag, té repre­sen­tació a les cam­bres regi­o­nals dels 16 lands del país i l’Euro­cam­bra.

A l’afe­bli­ment pro­vo­cat per les divi­si­ons inter­nes, s’hi afe­geix el finan­cer. L’AfD ha encai­xat mul­tes suc­ces­si­ves del Bun­des­tag per dona­tius irre­gu­lars o no decla­rats com cal de la cam­pa­nya del 2017. La res­pon­sa­ble d’aquests ingres­sos és Wei­del. La via d’entrada era Suïssa, on té la residència la seva pare­lla. El par­tit no es pot per­me­tre per­dre el finançament que per­cep per cada escó, regi­o­nal o del Bun­des­tag. No pot renun­ciar al gran cap­ta­dor d’elec­to­rat radi­cal de l’est del país, com la Saxònia de Chru­pa­lla.

L’AfD està des­car­tada com a soci en qual­se­vol coa­lició, sigui naci­o­nal o regi­o­nal. És una norma tàcita dins el bloc con­ser­va­dor de Merkel. Encara es recorda com el 2020 la can­ce­llera va fer tirar enrere l’elecció d’un pri­mer minis­tre libe­ral, al land de Turíngia, perquè es va fer amb el vot còmplice del seu par­tit i de l’AfD. La inter­venció de Merkel va pro­vo­car la reti­rada de la seva suc­ces­sora com a cap de la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU), Anne­gret Kramp-Kar­ren­ba­uer.

La pre­gunta ara és si el cordó sani­tari sobre­viurà a l’adeu a l’“era Merkel”. Es dona per fet que es res­pec­tarà pel que fa al govern resul­tant dels comi­cis de diu­menge. Però a escala regi­o­nal comença a haver-hi esquer­des. Un dels can­di­dats de la CDU a l’est és l’excap dels ser­veis secrets Hans-Georg Maas­sen, des­tituït el 2018 i defen­sor del diàleg amb l’AfD. Es pre­senta per un dis­tricte de Turíngia, land domi­nat pel cor­rent més radi­cal de l’AfD i on Merkel va inter­ve­nir in extre­mis con­tra la com­pli­ci­tat amb els ultres.

Gysi, el eterno artífice


La Izquierda, de sufrir por la supervivencia a posibilitador de Scholz

Gemma Casadevall 

Halle (Alemania), 20 sep (EFE).- La posibilidad de que el socialdemócrata Olaf Scholz precise un tripartito para alcanzar la Cancillería alemana ha dado alas a La Izquierda, que de estar en la cuerda floja ha pasado a potencial clave para el relevo en el poder.
"Somos los únicos consecuentemente pacifistas del Parlamento, el partido de la justicia social. Scholz promete subir el salario mínimo interprofesional. Pero solo podrá hacerlo con nosotros", clama Janine Wissler, la líder de La Izquierda -Die Linke-, desde Halle (este).
Su partido representa "la lucha contra los viejos nazis y los neonazis", prosigue Wissler, ante unas 500 personas y en medio de un ruido atronador. Un grupo de unos diez autoproclamados "patriotas", al otro lado de la calle, ha desplegado una pancarta con la palabra "Stasi", mientras hacen sonar por megafonía el himno de la extinta República Democrática Alemana (RDA).
"Parece que ahí atrás tenemos un nazi. No importa, llevo años viendo a muchos", ironiza, sobre el escenario, Gregor Gysi, el fundador de La Izquierda, consciente de que la pancarta alude a él. El mitin de La Izquierda se desarrolla bajo vigilancia policial, que observa a distancia a los de la pancarta.
Gysi, de nuevo en campaña tras varios amagos de retirada y también varios infartos, conoce mejor que nadie los intentos por arrinconar políticamente a su partido.
En los primeros tiempos tras la reunificación, el resto del espectro parlamentario les etiquetó de "herederos" del régimen germanooriental. A Gysi se le acusó, además, de haber sido confidente de la policía política de la RDA, la Stasi, siendo abogado de destacados disidentes.
Acude al mitin de Halle con Dietmar Bartsch, el jefe del grupo parlamentario izquierdista en el Bundestag. Wissler, de 40 años y procedente del oeste del país, representa la renovación.
La líder de La Izquierda y candidata defiende la tesis más controvertida en esta campaña, el rechazo a la OTAN y a las intervención del ejército en misiones internacionales.
Es éste el principal obstáculo para un tripartido contando con La Izquierda, por atentar contra las líneas maestras de la política exterior alemana.
"Llevo muchas elecciones escuchando que está en juego el giro a la izquierda. Esta vez lo tenemos al alcance de la mano", dice Gysi, de 73 años y durante casi tres décadas diputado del Bundestag.
Los sondeos pronostican para La Izquierda un 6 %, apenas un punto por encima del mínimo para obtener escaños. Ocupa la última posición entre los partidos que se estima que entrarán en el Bundestag. Pero puede tender la llave del poder para Scholz.
El candidato socialdemócrata y vicecanciller de Angela Merkel busca reeditar con la ecologista Annalena Baerbock la constelación roji-verde con la que gobernó Gerhard Schröder (1998-2005). Pero todo apunta a que no les bastará: al SPD se le pronostica un 26 % y a los Verdes un 16 %.
El pasado domingo, en el último debate televisado entre los candidatos, Scholz y Baerbock aparecieron conjuntados casi como futuros socios. Fue un debate de dos contra uno, en el que el conservador Armin Laschet, teórico "sucesor natural" de Merkel", aparecía totalmente desplazado.
 
UNA ALIANZA MALDITA

"Solo con La Izquierda habrá un cambio. La otra opción sería un tripartito con los liberales, enemigos de la justicia social", aseguró Wisslen a Efe, en un aparte del mitin.
El mero hecho de no descartar a los izquierdistas como futuro socio no es fácil para Scholz. El partido aglutina el postcomunismo de Gysi y la disidencia socialdemócrata que se llevó consigo Oskar Lafontaine en 1999, al abandonar la presidencia del SPD y el gobierno de Schröder.
Pero también es cierto que la constelación rojo-rojo-verde, como se la llama, está consolidada a escala regional, aunque solo en el este. Son los colores con los que gobierna el alcalde-gobernador de Berlín, el socialdemócrata Michael Müller.
El salto a la división federal es compleja, pero no imposible. Las posiciones anti-OTAN o contra las intervenciones del ejército en misiones internacionales son parecidas a las que los ecologistas defendieron en el pasado, lo que no impidió a Schröder convertir en ministro de Exteriores a Joschka Fischer.
"Una coalición con La Izquierda deberá ser sometida a una resolución del partido", comentó a Efe Karamba Diaby, el líder del SPD en Sajonia-Anhalt, el "Land" donde está Halle, mientras paseaba por la ciudad con su equipo de campaña.
"Scholz ha dicho ya que no habrá alianzas que contraríen las líneas de la política exterior alemana. Pero también que solo descartamos a la ultraderecha", prosigue este diputado, de origen senegalés, cuya oficina en Halle ha sido objeto de varios atentados racistas. EFE     gc /si 

domingo, 19 de septiembre de 2021

Ùltimo triell

 Scholz es consolida com a favorit per succeir Merkel

El soci­al­demòcrata Olaf Scholz va resul­tar, de nou, el més segur en el ter­cer i dar­rer debat tele­vi­sat entre els can­di­dats a la can­ce­lle­ria, amb la verda Anna­lena Baer­bock gai­rebé en el paper de futura ali­ada. Tots dos van pre­sen­tar-se com un equip per defen­sar l’aug­ment del salari mínim inter­pro­fes­si­o­nal o els ajuts a la família. Només quan van tocar la crisi climàtica, la líder eco­lo­gista va pas­sar a l’ofen­siva per recor­dar que Ale­ma­nya està lluny de com­plir els com­pro­mi­sos de reducció d’emis­si­ons, cosa que afecta Scholz, vice­can­ce­ller i minis­tre de Finan­ces en la coa­lició d’Angela Merkel.

El con­ser­va­dor Armin Lasc­het va que­dar des­pen­jat, sense argu­ments i ata­cant els altres dos aspi­rants en bloc, com si també tingués clar que tenia al davant la pro­pera coa­lició –a falta, és clar, d’un ter­cer soci, ja que segons els pronòstics no suma­ran la majo­ria necessària per ree­di­tar una aliança soci­al­demòcrata-verds, com la que va diri­gir Ger­hard Schröder entre el 1998 i el 2005.

Era el ter­cer “trio” –com s’ano­me­nen els debats entre els tres can­di­dats– i Scholz va sor­tir-ne de nou con­so­li­dat. Avui, però, té una cita deli­cada davant la comissió par­la­mentària de Finan­ces, després dels regis­tres fets al seu Minis­teri per unes inves­ti­ga­ci­ons sobre el depar­ta­ment anti­blan­queig.

Des del Par­tit Soci­al­demòcrata (SPD), s’ha vist al dar­rere una mani­o­bra política. Alguns experts han coin­ci­dit aquests dies que ha estat una ope­ració des­pro­por­ci­o­nada, ja que la infor­mació que es dema­nava podria haver-se resolt amb cor­reus electrònics o tru­ca­des, sense fun­ci­o­na­ris des­fi­lant pel Minis­teri del can­di­dat.

Plou sobre mullat, ja que el minis­tre va com­parèixer fa mesos davant la comissió par­la­mentària amb relació a la manca d’una super­visió efi­ci­ent sobre Wire­card, un gegant de paga­ments electrònics que va fer fallida després de pre­sen­tar suc­ces­sius balanços inflats.

Els regis­tres a Finan­ces i l’entrada en la cam­pa­nya de Merkel, que serà fins dis­sabte en tres mítings amb Lasc­het, són dos fac­tors relle­vants en la recta final fins a les elec­ci­ons de diu­menge.

Els soci­al­demòcra­tes tenen qua­tre punts d’avan­tatge res­pecte als con­ser­va­dors –26 con­tra 22, segons el son­deig de la tele­visió pública ZDF. Els verds estan massa lluny –un 16 %– per somiar amb una remun­tada. La lluita queda entre els dos par­tits que des de fa dècades s’alter­nen en el poder a Ale­ma­nya.

Tot apunta a un tri­par­tit, atesa la feblesa dels grans par­tits. Pot ser deci­siu el Par­tit Libe­ral (FDP) –amb un 11% de la intenció de vot– o l’Esquerra –amb un 6%–, si Scholz i Baer­bock s’atre­vei­xen a mun­tar un bloc esquerrà amb un par­tit d’arrels post­co­mu­nis­tes.

Periodismo Netflix

 Merkel, el comiat inajornable

Tro­ba­rem a fal­tar Angela Merkel? Sí, i tant! Hau­ria de con­ti­nuar en el poder? De cap manera. Aques­tes dues pre­gun­tes recor­ren Ale­ma­nya a una set­mana de les elec­ci­ons que mar­quen la fi d’una era. La segona res­posta pot­ser no sigui com­par­tida per tot­hom. Però palesa els sen­ti­ments con­tra­dic­to­ris vers una dona que ha mar­cat una fita rere l’altra i tren­cat molts pre­ju­di­cis.

Després de Merkel, ningú no gosarà dub­tar que una dona pot gover­nar, sense enfon­sar-lo, un país de 83 mili­ons d’habi­tants. Tam­poc que per impo­sar-se no cal cri­dar. O que es pot mar­car estil des de la dis­creció.

La líder que ha diri­git la pri­mera potència euro­pea –i, per extensió, tota la UE– dei­xarà tots els seus càrrecs voluntària­ment. Ho farà després de trenta anys com a dipu­tada al Bun­des­tag (Par­la­ment fede­ral) i de setze com a can­ce­llera. Res no li hau­ria impe­dit pre­sen­tar-se a la ree­lecció. La majo­ria dels seus ante­ces­sors van reti­rar-se quan les urnes els van enviar a casa.

Merkel ha bus­cat el seu propi camí. Cal tenir en compte, però, que quan el 2018 va anun­ciar que no bus­ca­ria un altre man­dat es tro­bava en un moment difícil. Havia tri­gat sis mesos a poder for­mar un nou govern; era una líder cre­mada.

Quan tot sem­blava arros­se­gar-la a un quart man­dat agònic, va enlai­rar-se en un món poblat de líders com Donald Trump, en una Europa esquer­dada pel Bre­xit o, final­ment, davant la més glo­bal entre les cri­sis del món recent, la Covid. Men­tre la resta dels líders impro­vi­sa­ven o nega­ven evidències, la científica Merkel res­sor­gia com a figura de referència.

El lle­gat final de Merkel dependrà, però, de com quedi el seu bloc con­ser­va­dor en les elec­ci­ons de diu­menge vinent sense la màquina de gua­nyar elec­ci­ons que ha estat ella. Aquesta set­mana entrarà de ple en cam­pa­nya a favor del seu can­di­dat, Armin Lasc­het. Però tot­hom sap que ho fa perquè li ho reclama el seu par­tit, la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU).

Els seus trenta anys en política van arren­car sota un altre dels seus sig­nes d’iden­ti­tat, la len­ti­tud. El 9 de novem­bre de 1989, la nit que va caure el mur ber­linès, men­tre molts con­ciu­ta­dans de l’est pas­sa­ven al sec­tor occi­den­tal, ella va man­te­nir la seva rutina set­ma­nal d’anar a la sauna. Era doc­tora en ciències químiques, vivia al Berlín comu­nista, estava divor­ci­ada de l’home que li va donar el cognom –un com­pany d’estu­dis ano­me­nat Ulrich Merkel– i en pare­lla amb qui encara és el seu marit, el catedràtic Joac­him Sauer.

Uns mesos després va tru­car a la porta de la CDU, ales­ho­res el par­tit de Hel­mut Kohl. No era el pre­fe­rit de la gent de casa. Angela Dorot­hea Kas­ner, el seu nom de sol­tera, havia cres­cut en una ciu­tat de províncies de l’est, Tem­plin. El seu pare era un pas­tor pro­tes­tant d’idees esquer­ra­nes. La seva mare, una dona excep­ci­o­nal que va ser mes­tra d’anglès fins poc abans de morir, amb 90 anys, era soci­al­demòcrata.

Merkel va entrar tard en política, però va ser impa­ra­ble. Aquell mateix any ja era dipu­tada, i un any després, minis­tra de la Dona. No feia ni nou anys que havia entrat en el par­tit i ja n’era la secretària gene­ral. L’escàndol de la comp­ta­bi­li­tat paral·lela sota l’“era Kohl” la va cata­pul­tar el 2000 a la pre­sidència. Va pas­sar de ser la “noieta de l’Est” de Kohl a l’autora d’una columna al diari con­ser­va­dor Frank­fur­ter All­ge­meine dema­nant al par­tit que s’eman­cipés del patri­arca. Els homes forts de la CDU la van dei­xar fer. Pen­sa­ven que seria una pre­si­denta de tran­sició.

Va renun­ciar, dos anys després, a ser can­di­data a la can­ce­lle­ria, pres­si­o­nada pels qui no la veien capaç de gua­nyar. El que hau­ria estat una humi­li­ació va ser la clau per a la seva arri­bada al poder, el 2005. El can­ce­ller soci­al­demòcrata Ger­hard Schröder havia con­vo­cat comi­cis anti­ci­pats, des­gas­tat per les seves impo­pu­lars refor­mes estruc­tu­rals.

Angela Merkel va gua­nyar per la mínima, va for­mar la seva pri­mera gran coa­lició i va apro­fi­tar la feina bruta del seu ante­ces­sor –les reta­lla­des– per sane­jar les finan­ces públi­ques.

Les refor­mes que van enfon­sar el can­ce­ller soci­al­demòcrata van ser pro­vi­den­ci­als per afron­tar amb menys angúnies que altres la crisi de la zona euro. Va tri­gar a reac­ci­o­nar. I quan ho va fer, va ser per col·locar els socis del sud, però també el propi país, sota la tena­lla de l’aus­te­ri­tat.

De la Merkel impla­ca­ble del 2008/2009 es va pas­sar a la Merkel solidària del 2015, que no tan­cava les fron­te­res als refu­gi­ats, però que assis­tia a l’efer­vescència de la ultra­dreta. Va haver de veure com del neo­na­zisme mar­gi­nal es pas­sava a un par­tit con­ver­tit en ter­cera força par­la­mentària.

La pandèmia sanitària de la Covid-19 ha estat la seva dar­rera gran crisi glo­bal. Li ha arri­bat l’hora de reti­rar-se. I molts ale­manys, també els que mai no l’han votada, miren cap a un cantó i cap a l’altre sense saber on aga­far-se.

La data de l’adeu, pendent dels pactes postelectorals

Diumenge que ve, dia 26, és el dia “acceptat” com a data per a la fi de l’era Merkel. Però ningú no vol fer pronòstics sobre quan deixarà el càrrec. Ella mateixa ha deixat clar que continuarà al seu lloc fins que hi hagi un nou govern. I la darrera gran coalició de Merkel va trigar sis mesos a formar-se. Les eleccions del 2017 van ser al setembre, però Merkel no va jurar el seu nou mandat fins al 14 de març del 2018. Va ser la negociació més llarga en la història dels governs federals alemanys, on es va arribar a parlar de noves eleccions anticipades si no s’aconseguia un pacte de coalició. Merkel continuarà al seu lloc el temps que calgui, en un Parlament constituït i amb una majoria diferent a la dels comicis del 2017. Sí que hi ha clara data, però, per a la seva següent fita històrica: el 17 de desembre. Si arriba com a cancellera a aquest dia haurà superat el rècord absolut de permanència en el poder de Helmut Kohl. El patriarca conservador va ser al càrrec des de l’1 d’octubre de 1982 fins al 26 d’octubre de 1998.

sábado, 18 de septiembre de 2021

Tiovivo electoral

Alemania entra en la recta final de una campaña con altibajos inéditos

Gemma Casadevall


Berlín, 18 sep (EFE).- Alemania entra en la fase final de unos comicios generales que se perfilan de resultado incierto, tras una campaña que empezó con viento a favor para los Verdes, viró luego en dirección a un triunfo conservador y ahora apunta al socialdemócrata Olaf Scholz, salvo giros de última hora.
Nada ha seguido el guión de lo que han sido las elecciones nacionales en la llamada "era Angela Merkel", en que la líder conservadora guió a la victoria a su bloque, formado por su Unión Cristianodemócrata (CDU) y la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU).
De pronto, con la designación en marzo de Annalena Baerbock como candidata de los Verdes se vislumbró la opción de que a Merkel, tras 16 años en el poder, la sucediera otra mujer, ahora una ecologista.
Los sondeos dispararon a la primera posición a la representante de un partido que en las anteriores generales, en 2017, quedó en última posición entre las fuerzas parlamentarias -con un 8,9 %-.
Habría sido un hito para un partido que hasta ahora a escala federal solo fue socio menor en las dos legislaturas del socialdemócrata Gerhard Schröder -1998-2005-. Su auge, observado en sucesivos comicios regionales, se atribuía a que la emergencia climática es una de las grandes preocupaciones del ciudadano común.
Todo esto ocurría mientras el bloque conservador de Merkel se enredaba en un pulso interno entre el centrista Armin Lachet y el ala más derechista. Laschet logró su elección como líder de la CDU en enero, a lo que siguió su designación como candidato, tras imponerse al bávaro Markus Söder.
La pugna interna debilitó a la CDU/CSU. Pero el "efecto Baerbock" se disipó en medio de una serie de deslices de la candidata, de la que además se destacaba su nula experiencia de gobierno.
El bloque de Merkel empezó a recuperar terreno. Hasta que las devastadoras inundaciones del oeste del país se cebaron en regiones de Renania del Norte-Westfalia, el "Land" del que Laschet es primer ministro.
Resurgieron las dudas acerca de su capacidad de gestión, ya cuestionada en los momentos más álgidos de la pandemia. Más demoledor aún fue un vídeo que se viralizó, en el que aparecía Laschet a carcajadas en una visita a las zonas afectadas.

SCHOLZ, DE TERCERO A LÍDER

El tercer vuelco en los sondeos vino de Scholz. El ministro de Finanzas, en la tercera posición en los sondeos durante meses y candidato de un Partido Socialdemócrata (SPD) que parecía condenado a hundirse a mínimos, tomó ímpetu como "vía continuista" de Merkel, pese a representar a la formación rival.
El ministro despegó semana a semana en las encuestas. Laschet pasó al contraataque advirtiendo de que una victoria de Scholz implica el peligro de que el siguiente gobierno sea un tripartito con ecologistas y la Izquierda, algo que el SPD no descarta.
Aludir a la Izquierda como factor disuasorio ha sido práctica continuada de conservadores desde tiempos de Helmut Kohl. Entonces se le tachaba de heredero del régimen germano-oriental; ahora se recuerda que rechazan la OTAN, lo que contraviene las líneas de la política exterior alemana, incluido para el SPD.

UN REGISTRO INOPORTUNO

Las advertencias sobre un frente izquierdista no parecen haber hecho mella en el elector. Scholz sigue liderando los sondeos, con un 26 % de intención de voto, según el último "Politbarometer" de la televisión pública ZDF. A la CDU/CSU se le pronostica un 22 %, mientras que los Verdes están en el 16 %.
Más delicada para Scholz será la comparecencia el próximo lunes ante la comisión parlamentaria de Finanzas, tras el registro de hace una semana en su Ministerio. Fue por orden de la Fiscalía de Osnabrück (centro), relacionada con unas investigaciones sobre el departamento antiblanqueo de dinero.
Aunque la investigación no se dirige a Scholz, el asunto puede manchar su credibilidad. Llueve, además, sobre mojado, puesto que ya tuvo que declarar en el pasado por los fallos de supervisión en la empresa Wirecard, en la insolvencia tras varios balances falseados que no calibró Finanzas.

MERKEL ENTRA EN CAMPAÑA

El siguiente factor a tener en cuenta es la intervención de Merkel a favor de Laschet. La canciller se mantuvo hasta ahora ajena a la campaña de su candidato. Sí lanzó sus advertencias, desde la Cancillería como desde el Parlamento, contra la hipotética presencia de La Izquierda en un futuro gobierno.
La próxima semana estarán juntos en Stralsund, la ciudad báltica donde Merkel tuvo su distrito electoral. Le arropará también el viernes en Múnich, con la CSU bávara. Ya el sábado, víspera de los comicios, lanzará otro mensaje de apoyo desde Aquisgrán, la ciudad natal del candidato a sucederla. EFE
gc/jam/ah 

martes, 14 de septiembre de 2021

Los vecinos del norte

 

Els laboristes s’imposen en les eleccions de Noruega

Els pronòstics no van fallar: l’opo­sició de cen­tre-esquerra, lide­rada pel labo­rista Jonas Gahr Store, va superar clara­ment el bloc con­ser­va­dor, en unes elec­ci­ons par­la­mentàries que posa­ran fi als vuit anys de govern de la pri­mera minis­tra Erna Sol­berg. El par­tit labo­rista ha obtin­gut un 26,5% dels vots, segons les pri­me­res pro­jec­ci­ons de la tele­visió pública NRK en tan­car els col·legis elec­to­rals. Jun­ta­ment amb cen­tris­tes i esquer­rans, s’asse­gura la majo­ria necessària sense haver de depen­dre d’altres par­tits mino­ri­ta­ris. Els con­ser­va­dors de Sol­berg es van que­dar amb un 18,7% dels sufra­gis, un resul­tat que els allu­nya de pos­si­bles ali­an­ces amb altres par­tits.

La victòria del cen­tre-esquerra a Noru­ega deixa així tota Escan­dinàvia sota governs lide­rats per la soci­al­de­mocràcia.

La victòria del Par­tit Labo­rista es pre­veia en la majo­ria dels son­de­jos elec­to­rals. També es veia venir l’adeu a la “dona de ferro” nòrdica que és Sol­berg, de sei­xanta anys i líder del seu par­tit des de feia dis­set anys. L’etapa com a cap de govern en aquest país, soci de l’OTAN però no de la Unió Euro­pea, ha estat inu­su­al­ment llarga per a Noru­ega i mar­cada per la seva coa­lició amb la ultra­dreta, que es va tren­car fa dos anys per diferències insal­va­bles entre els socis. L’extrema dreta ha cai­gut ara a un 11% dels vots, qua­tre punts per sota de les dar­re­res elec­ci­ons.

En l’últim període en el poder, Sol­berg ha gover­nat en mino­ria amb suports externs pun­tu­als, una qüestió rela­ti­va­ment nor­mal en aquest país.

El pro­per pri­mer minis­tre serà, amb tota pro­ba­bi­li­tat, Gahr Store, un any més gran que la cap del govern i minis­tre en l’exe­cu­tiu que va lide­rar el soci­al­demòcrata Jens Stol­ten­berg, l’actual secre­tari gene­ral de l’OTAN. El seu Par­tit Labo­rista ja havia que­dat davant dels con­ser­va­dors de Sol­berg en les ante­ri­ors elec­ci­ons gene­rals –va obte­nir un 27,4% dels sufra­gis, dos punts per damunt de la for­mació de Sol­berg–. Però la pri­mera minis­tra va acon­se­guir con­ti­nuar en el govern amb un seguit d’ali­an­ces pun­tu­als i socis mino­ri­ta­ris.

La cam­pa­nya elec­to­ral noru­ega ha estat domi­nada pels temes ambi­en­tals i la crisi climàtica. És una qüestió com­plexa en un país que deu la seva pros­pe­ri­tat al petroli, ja que és el pri­mer expor­ta­dor de cru de l’Europa occi­den­tal. Fins i tot els con­ser­va­dors de Sol­berg veuen necessària una reforma fis­cal i la fi de la dependència gai­rebé exclu­siva del petroli per inver­tir en les ener­gies reno­va­bles. L’únic que no com­par­teix aquest parer és l’ultra­dretà Par­tit del Progrés.

Com en altres països del nord i cen­tre d’Europa, les elec­ci­ons han mos­trat un rècord pel que fa al vot anti­ci­pat: un 42% dels elec­tors n’havien fet ús, un màxim en aquest país amb 3,9 mili­ons de ciu­ta­dans amb dret a vot.

lunes, 13 de septiembre de 2021

Scholz pren embranzida

 

Scholz pren embranzida

El son­de­jos pin­ten negre per al con­ser­va­dor Armin Lasc­het, l’aspi­rant “natu­ral” a suc­ceir Angela Merkel. La nova estratègia per des­man­te­llar el favo­rit i apa­rent­ment impe­ca­ble Olaf Scholz, el rival soci­al­demòcrata, és recor­dar-li les seves feble­ses com a minis­tre de Finan­ces de la can­ce­llera.

El segon debat tele­vi­sat entre Lasc­het, Scholz i la verda Anna­lena Baer­bock, la ter­cera en intenció de vot, va mos­trar un can­di­dat con­ser­va­dor a la des­es­pe­rada. El bloc con­ser­va­dor està entre cinc i sis punts per sota dels soci­al­demòcra­tes. I després de dues set­ma­nes de retreure a Scholz que no des­carta un tri­par­tit amb l’Esquerra va pas­sar a retreure-li les sos­pi­tes d’enco­bri­ment d’escàndols finan­cers i blan­queig quan super­vi­sava el seu minis­teri. Entre els quals, Wire­card, el gegant de sis­te­mes de paga­ments electrònics que va fer fallida després d’anys de pre­sen­tar resul­tats tram­po­sos.El pro­blema, per a Lasc­het, és que aquest escàndol també esquitxa Merkel com a cap del govern. I que el cas de Wire­card sem­bla con­dem­nat a ser un d’aquells entre­llats que mai no s’aca­barà d’acla­rir. Dues set­ma­nes abans de les elec­ci­ons que han de posar fi a l’era Merkel, el seu can­di­dat no troba el camí per recu­pe­rar el ter­reny per­dut.

El debat d’ahir era el segon, dels tres en aquest for­mat que hi haurà fins a les elec­ci­ons. En el pri­mer, a finals d’agost, Scholz tot just havia ini­ciat el seu enlai­ra­ment, des de la seva posició de vice­can­ce­ller i “con­ti­nu­a­dor” de Merkel, tot i que des del par­tit que riva­litza amb els con­ser­va­dors pel poder. Ales­ho­res els son­de­jos els pre­sen­ta­ven empa­tats, amb tendència alcista per a Scholz.

En les dues set­ma­nes pas­sa­des la situ­ació ha can­viat. Del joc net entre els dos socis de la coa­lició de Merkel s’ha pas­sat a l’hos­ti­li­tat oberta. Fins i tot la can­ce­llera ha aban­do­nat la neu­tra­li­tat que deia voler man­te­nir per entrar deci­di­da­ment en cam­pa­nya, enmig dels senyals de pànic entre els con­ser­va­dors de Lasc­het.

Merkel i Lasc­het s’han endin­sat en el mis­satge de la por. Sense els con­ser­va­dors, Ale­ma­nya pot aca­bar diri­gida per una coa­lició amb com­po­nent de l’Esquerra, el par­tit que inte­gra post­co­mu­nisme i dis­sidència soci­al­demòcrata i que, recorda Lasc­het, vol sor­tir de l’OTAN.

És un “que venen els rojos” amb una inten­si­tat des­co­ne­guda en Merkel. El seu bloc con­ser­va­dor sem­pre havia des­car­tat l’Esquerra i, de fet, ho prac­tica ja a escala regi­o­nal. Però la seva insistència i el fet que l’hagi por­tat a fer decla­ra­ci­ons d’aquesta mena a la can­ce­lle­ria i al Par­la­ment, i no en actes de par­tit, sobta en una can­ce­llera que acos­tuma a res­pec­tar escru­po­lo­sa­ment la sepa­ració ins­ti­tu­ci­o­nal.

Scholz, amb el seu tarannà mode­rat, ha enfor­tit el seu avan­tatge en els son­de­jos. Lasc­het no remunta. La verda Baer­bock va recor­dar ahir que inten­tar col·locar l’Esquerra com un par­tit anti­de­mocràtic o equi­pa­ra­ble amb la ultra­dre­tana AfD és un llen­guatge “peri­llo­sa­ment infla­ma­ble”. L’Esquerra és ja un soci de govern fia­ble a escala regi­o­nal dels Verds i l’SPD. Entre d’altres, en el govern de la ciu­tat estat i capi­tal Berlín. L’AfD està des­car­tat a tots els nivells i per a la resta de l’espec­tre polític, va recor­dar Baer­bock.

La can­di­data verda es con­si­dera ja sense pos­si­bi­li­tats de ser can­ce­llera. Però segu­ra­ment serà en el pròxim govern, sigui com a ali­ada de l’SPD o dels con­ser­va­dors i pro­ba­ble­ment en un tri­par­tit, una cons­tel·lació fins ara inèdita per a un govern fede­ral ale­many.

Nada como el cine

 El ascenso político de la mujer, un pedregal antes y después de Merkel

Gemma Casadevall



(46) DIE UNBEUGSAMEN - Trailer - Ab 26. August 2021 nur im Kino. - YouTube


Berlín, 13 sep (EFE).- Los dieciséis años en el poder de la canciller alemana, Angela Merkel, han desarmado toda tesis sobre la incapacidad de la mujer para el liderazgo político, aunque el camino hasta ello es aún un pedregal, también en las democracias avanzadas.
"Los mensajes de odio en las redes o la hostilidad en los medios contra la mujer en política son infinitamente superiores a los que soportan sus colegas hombres", afirma a Efe el cineasta Torsten Körner, director de la película "Die Unbeugsamen" ("Las Indomables").
Con esa situación se ha topado la candidata a la Cancillería de los verdes Annalena Baerbock, cuyos "errores personales han sido sobredimensionados", opina el director. Pero también otras diputadas, como la izquierdista Petra Pau o la asimismo verde Renate Künast, ambas objetivos preferenciales del odio en la red.
El filme de Körner se centra en la "República de Bonn", la capital de la Alemania occidental desde la posguerra hasta años después de la reunificación del país.
El odio en las redes obviamente no existía. Pero sus políticas sí experimentaron el menosprecio, el paternalismo insultante, abusos y algún pellizco de colegas que entendían esos gestos como bromitas. Acoso o, en el mejor de los casos, torpezas.
Körner repasa ese espectro parlamentario, desde la verde Petra Kelly a la conservadora Rita Süssmuth. Mujeres que "abrieron la puerta a una futura canciller", afirma.
"Busqué un equilibrio entre los partidos. Como dijo Merkel en la presentación de mi película, la igualdad de género no atañe a un solo grupo, sino a todas", prosigue Körner.
"Die Unbeugsamen" se estrenó estos días en presencia de la canciller, que no suele prodigarse en estos eventos. En el filme ella solo aparece como hito final, ya que no perteneció a la "República de Bonn" más que en su última fase.
Su precedente en la Unión Cristianodemócrata (CDU) fue Süssmuth, ministra de la Familia bajo Helmut Kohl, entre 1985 y 1988, y luego presidenta del Bundestag (Parlamento) hasta 1998.
"Süssmuth fue la primera 'mujer incómoda' para Kohl. No era católica ferviente, leía literatura feminista y practicó una política, para esa época y ese partido, feminista", recuerda Körner.
Merkel entró en política con la reunificación (1990), cuando ingresó en la CDU. Como a Süssmuth, Kohl la colocó al frente del Ministerio de la Familia. Y, también como aquélla, se convirtió en una "mujer incómoda".
Clave para Merkel fue la publicación de una columna suya en el diario conservador "Frankfurter Allgemeine Zeitung" en diciembre de 1999. Kohl estaba hundido en el barrizal de la financiación irregular del partido que dirigió 25 años. Merkel llamaba a la entonces opositora CDU a "emanciparse" del patriarca.
"Procedía del este y eso la ayudó. Los hombres dominantes del oeste no la tomaron en serio", prosigue el cineasta. No estaba "implicada en el sistema Kohl de cuentas secretas y no tenía un vínculo emocional con la familia política de Kohl".
Merkel tomó las riendas de la CDU un año después. Luego fue librándose uno a uno de los hombres que cometieron el error de infravalorarla, recuerda otra "indomable" del filme, la socialdemócrata Herta Däubler-Gmelin, ministra de Justicia desde 1998 a 2002 bajo Gerhard Schröder.
Los hombres a los que arrinconó fueron tanto rivales conservadores como al socialdemócrata Schröder, a quien Merkel derrotó en las urnas en 2005. De éste se recuerda cómo le negó a Merkel la victoria en la "ronda de los elefantes" -tertulia post-electoral televisada-, convertida en icónica por la arrogancia machista del derrotado y la contención de la ganadora.

 
EL VASO MEDIO LLENO

A Merkel la ha rodeado la pregunta recurrente de si es feminista. Ella esquivó la respuesta en 2017, en un foro con Ivanka Trump -hija del entonces presidente de EEUU-, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, y Máxima de Holanda.
Hace unos se proclamó abiertamente feminista en otro foro, en Düsseldorf con la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie. "Sí soy feminista. Todos deberíamos ser feministas", dijo, de pronto.
Este reconocimiento no puede neutralizar la impresión de que no ha hecho sus deberes, especialmente contra la violencia de género, que en Alemania se considera un "drama privado", pese a que cada tres días una mujer muere a manos de su pareja o expareja.
"La llegada de Merkel a la cancillería fue un hito, pero no ha supuesto el fin de la desigualdad en la política. Las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en el Bundestag, especialmente en la extrema derecha y en el partido de Merkel", explica Ana Carbajosa, periodista española y autora del libro "Angela Merkel. Crónica de una era" (Ed. Península).
"Hay quien piensa incluso que la presencia de Merkel ha resultado contraproducente. Se pensó que con una canciller se había alcanzado la meta y se ha convertido en coartada para ralentizar el por sí lento camino a la igualdad", concluye.
Los 16 años de la "era Merkel" no han desembocado en una paridad. La brecha salarial se sitúa en un 20%, solo un 15% de los puestos en las juntas directivas de las empresas están a cargo de mujeres y solo un 31,4% de los escaños del Bundestag están ocupados por diputadas. En 2013 el porcentaje era del 37,5. EFE
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