lunes, 10 de abril de 2023

El "nein" verde



Los Verdes alemanes celebran como “irreversible” el inminente apagón nuclear

Marina Ferrer


Los Verdes alemanes dan por garantizado el suministro energético tras el apagón nuclear, que se consumará el próximo sábado con tres meses y medio de retraso sobre lo previsto, pero que será irreversible, según el ministro de Economía y Protección del Clima, Robert Habeck. “La construcción de nuevas centrales han devenido fracasos económicos. Sea en Francia, en Reino Unido o en Finlandia”, aseguró el ministro, en declaraciones al grupo mediático “Funke”.

A Habeck, de los Verdes y con rango de vicecanciller en el gobierno del socialdemócrata Olaf Scholz, le correspondió encajar el aplazamiento hasta el próximo 15 de abril de la desconexión de las últimas tres plantas. Fue difícil, para el representante de un partido identificado desde tiempos fundacionales con el lema “Atomkraft? Nein, Danke!” -”¿Energía nuclear? No, gracias!”. Han sido varios los cambios de calendario vividos desde que en 2002, bajo la coalición del socialdemócrata Gerhard Schröder con los verdes, se pactó con la industria energética el adiós a la energía nuclear. Entonces se decidió que la última planta se desconectaría el 2022. Pero en 2009, la coalición entre la conservadora Angela Merkel y los liberales aprobó plazos más largos; la propia Merkel se desdijo de ese plan para volver a 2022 como fecha para el adiós, bajo el impacto de la catástrofe de Fukushima. La entonces canciller, doctora de Ciencias Físicas, reconoció de pronto que la energía nuclear no es segura, ni siquiera en un país como Japón y con los parámetros más estrictos de seguridad. Los Verdes venían sosteniéndolo desde hacía décadas.

“Los riesgos de la energía atómica son incontrolables”, aseguró hace unas semanas Steffi Lemke, ministra de Medioambiente y representante de los Verdes, como Habeck. Alemania dejará atrás esta fuente de energía formalmente el próximo sábado, tras un último movimiento en la agenda prevista derivado de la crisis energética precipitada por la invasión de Ucrania. En otoño pasado, Scholz hizo uso de sus competencias especiales para decidir sin consensuarlo con sus socios que la desconexión no sería el 31 de diciembre de 2022, sino el 15 de abril siguiente. Fue una solución de compromiso. Los Verdes rechazaban la prórroga mientras que el tercer socio, los liberales, planteaban alargar la vida de las centrales al menos hasta 2024.

La desconexión final representará un triunfo para el ecologismo alemán, aunque Lemke ha advertido de la siguiente asignatura pendiente: de acuerdo con la ley alemana para el tratamiento de los residuos, la basura radioactiva dejada por las 35 plantas atómicas que ha tenido el país debe conservarse bajo tierra y con las máximas garantías de seguridad por un millón de años. Son unos 300.000 metros cúbicos, entre las que duermen en depósitos provisionales y las que siguen en las centrales ya apagadas. El gobierno y el Parlamento están emplazados a decidir hasta 2030 dónde se construye el cementerio definitivo. El debate se promete tan complejo como lo han sido todos los que han envuelto el apagón nuclear alemán.

Por lo pronto Habeck asegura que la seguridad energética está asegurada. Alemania ha roto a ritmo acelerado con la dependencia energética de Rusia. Tiene los depósitos de gas a los niveles precisos para esta época del año y conseguido asimismo en tiempo récord las terminales de GNL de las que no disponía hasta 2022 para la transición a la energía verde. El objetivo, recuerda Habeck, es que para 2030 un 80 % del consumo proceda de las renovables. El reverso de la medalla es que, a medio plazo, la factura energética seguirá siendo cara, admite el ministro.

domingo, 9 de abril de 2023

A las armas

 


El flanco báltico reactiva la “mili” mientras Alemania busca más mujeres para la Bundeswehr

Joana Serra

Las tres repúblicas bálticas han respondido a la necesidad de reforzar Defensa volviendo a tiempos del servicio militar obligatorio. Letonia, donde la “mili” desapareció hace más de 15 años, ha sido el último de los tres países del flanco báltico de la OTAN en decidirse a volver a esa disciplina. Será de forma gradual, según aprobó el Parlamento letón esta semana. Se empezará invitando el próximo verano a incorporarse a filas a jóvenes voluntarios, que prestarán servicio por un año. A partir de 2024 se activará la mili obligatoria, que había quedado substituida en ese país por un ejército profesional en 2007.

Solo serán reclutados de forma obligatoria los hombres mayores de 18 años, para las mujeres el ingreso en el ejército seguirá siendo optativo. “Sin una sociedad militarmente preparada es imposible hacer frente a un agresor”, según la ministra de Defensa, Inara Murniece.

Es la respuesta a la “nueva situación”, como suele aludirse a la guerra de agresión lanzada por Rusia sobre Ucrania el febrero de 2022. Letonia será la última de las ex-repúblicas soviéticas en volver al servicio militar obligatorio. Lituania lo reintrodujo en 2015, un año después de la anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia; en Estonia la “mili” existe desde la independencia del país, en 1991. Finlandia, desde esta semana el miembro número 31 de la OTAN y con 1.344 kilómetros de frontera con Rusia, nunca la había abandonado, pese a que hasta el inicio de la invasión a gran escala lanzada con el Kremlin hizo equilibrios entre su teórica neutralidad militar y las provechosas relaciones con el vecino ruso. El denominador común en todos esos países con "mili" es que la obligatoriedad solo rige para los hombres.

Mientras las tres repúblicas bálticas tienen ejércitos relativamente pequeños. Dependen para su defensa de los equipamientos, fuerzas y aviones de combate de la OTAN –con varias bases en su territorio--, que vigilan su espacio aéreo. Finlandia en cambio tiene unas fuerzas armadas modernas y altamente tecnificadas. Cuenta con unos 73.000 efectivos en activo y 283.000 reservistas, ampliables a 800.000 en caso de guerra –cifra más que destacable, para un país con 5,5 millones de habitantes. Antes incluso de consumarse la agresión rusa sobre Ucrania había decidido ya adquirir 64 cazas F-35 de fabricación estadounidense.

Polonia, el siguiente gran estado miembro de la Unión Europea (UE) y del flanco este de la Alianza, no ha vuelto al terreno del servicio militar obligatorio. Varsovia lo abolió en 2009--. Pero sí reforzará sus efectivos. De los 110.000 militares actuales quiere pasar a 250.000. Convocará a partir de este año plazas para voluntarios sin experiencia militar, que recibirán instrucción en sus cuarteles. Será por un periodo corto, unos quince días. Varsovia aspira a atraer así a unos 130.000 voluntarios. En paralelo se impartirán cursos de refresco de apenas un fin de semana a unos 38.000 reservistas.

En la flanco báltico y la frontera este de la OTAN no dudan en la necesidad de aumentar sus efectivos. En Alemania, con 82 millones de habitantes y 183.000 soldados, no se plantea regresar al reclutamiento obligatorio. El ministro de Defensa, Boris Pistorius, abrió la caja de los truenos poco después de asumir el cargo, en febrero, al calificar de “error” la decisión adoptada en 2011 de abandonar la “mili”. Fue bajo el gobierno de la conservadora Angela Merkel y su principal impulsor había sido su titular de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU). La cuestión llevaba décadas debatiéndose, pero ni bajo el gobierno roji-verde del socialdemócrata Gerhard Schröder, antecesor de Merkel, se tocó.

Formalmente, el servicio militar obligatorio quedó “en suspenso”, una fórmula que permitiría reactivarlo en caso de emergencia. Pistorius lo consideró ahora un error o uno de los problemas que arrastra su Bundeswehr, a la que el canciller Olaf Scholz prometió el año pasado inyectar un plan de inversiones de 100.000 millones de euros. Fue unos días después del inicio de la invasión rusa, el 24 de febrero, y mientras grandes democracias occidentales, como Alemania, abandonaban definitivamente el territorio de la inocencia, sincera o interesada, respecto a Vladímir Putin. El plan inversor de Scholz o “Zeitwende” -”cambio de era”- en Defensa no acaba de materializarse.

El propio canciller zanjó la discusión en torno a la mili al decir que éste “no estaba en discusión” un retorno al reclutamiento obligatorio. No está contemplado en el pacto de coalición suscrito entre Partido Socialdemócrata (SPD), los Verdes y el Partido Liberal (FDP). La iniciativa de Pistorius generaría tensiones probablemente insostenibles entre sus socios, tanto ecologistas como liberales.

Visto que es inviable, Pistorius se propone impulsar un proyecto de ley para favorecer la incorporación en las filas de más mujeres. Actualmente el porcentaje femenino en la Bundeswehr es del 13 %, con 23.500 mujeres.

El proyecto del ministro lleva por título “Familia, atención y servicio”, según reveló estos días el semanario “Der Spiegel”. Su propósito es avanzar hacia una equidad de género, también entre las jerarquías militares. “La equiparación de género es una tarea directriz”, se afirma en el documento, según la citada publicación.

Mientras prepara su proyecto de ley, el propio ministro parece haber enterrado la idea de reactivar la “mili” en Alemania. “En principio, no”, afirmó Pistorius en una reciente visita a la tropa. En lugar de eso, hay que lograr que las fuerzas armadas y la carrera militar sean “más atractivas”, lo que implica mejorar las condiciones de trabajo y posibilidades de conciliación con la vida familiar, presente o futura. Anualmente ingresan entre 18.700 y 20.170 reclutas de ambos sexos por año, según cifras de 2022 y 2019, respectivamente.

sábado, 8 de abril de 2023

Es la economía

 


Alemania esquiva la recesión, pero siguen los disensos de su tripartito

Marina Ferrer


El temor a una recesión en la primera economía de la zona euro, Alemania, empieza a disiparse. Los principales institutos económicos del país confirmaron este miércoles en sus nuevos pronósticos que para 2023 esperan un crecimiento del 0,3 %, lo que corrige las estimaciones de hace unos meses, en que esperaban una contracción del 0,4 %.

La inflación seguirá a niveles altos, un 6,9 % para el conjunto del año. Pero teniendo en cuenta que en octubre se alcanzó el 10,4 % hay que considerar que se está en la línea correcta. Para una caída a niveles más notables -el 2,4 %- habrá que esperar a 2024.

El mercado laboral sigue mostrando solidez, con un índice de desempleo del 5,7 %, según las cifras de marzo. La ocupación está en niveles récord, con 45,6 millones de personas laboralmente activas, en un país de 82 millones de habitantes.

Parecen superadas las negras expectativas del pasado otoño, cuando desde el gobierno no se descartaba al menos una recesión leve y por un periodo corto, como había advertido el ministro de Economía y Protección del Clima, el verde Robert Habeck.

Los alemanes no se quedaron sin gas en invierno, otro de los panoramas agoreros que se perfilaron cuando Moscú cortó los suministros del gasoducto Nord-Stream, en medio de las sanciones occidentales por la agresión a Ucrania, o cuando quedó inutilizado por un sabotaje de autoría no esclarecida. Habeck encontró alternativas, aunque más caras, en Países Bajos, Noruega o Bélgica, entre otros, y Alemania empezó a dotarse de sus primeras terminales flotantes de GNL. No fue fácil para el ministro verde, que llegó al gobierno del socialdemócrata Olaf Scholz con el compromiso de impulsar las renovables, asignatura relegada en los 16 años en el poder de la conservadora Angela Merkel.

Era prioritario garantizar que los alemanes no se quedarían sin gas y que los depósitos seguirían llenándose mientras se cortaba la sumisión energética del gas, carbón y petróleo rusos. Pese a haber tenido que reactivar plantas de carbón en reserva, se completará en pocos días el apagón nuclear, una señal de identidad de los ecologistas alemanes. No habrá sido el 31 de diciembre, la fecha marcada por el tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales de Scholz. Habeck tuvo que encajar otra prórroga en ese calendario, por presiones de los liberales. Pero el 15 de abril quedarán desconectadas las tres últimas plantas del país. Se habrá materializado el “Atomkraft? Nein, danke” -”¿Energía atómica? No, gracias”- lema fundacional del movimiento antinuclear, del que los Verdes se convirtieron en brazo político.

Habeck debería estar satisfecho. Pero cada una de sus declaraciones en los medios es exponente de la crispación en la coalición. Plantea sin reparos de la necesidad de invertir en rebovables para avanzar hacia la neutralidad climática. Casi en paralelo surgirá otra intervención del ministro de Finanzas, el liberal Christian Lindner, predicando la contención presupuestaria.

Las intervenciones de Habeck, sea en forma de declaraciones a cámara en televisión, actos del partido o ruedas de prensa, son casi diarias. Lindner es menos mediático y sin la tendencia al “sincericidio” -sinceridad suicida- del titular de Economía. El de Habeck, con rango de vicecanciller, es el rostro más omnispresente de la política alemana. Hasta hace unos meses, era el político mejor valorado del país. Ahora cayó en los sondeos, porque se le identifica como el ministro que quiere obligar a millones de hogares a cambiar su vieja caldera de gas o petróleo por sistemas que usen energía limpia.

Lo que empezó como un propósito loable -sustituir la energía fósil por las renovables- se ha convertido en tema prioritario a raíz de un proyecto de ley, aún por limar, de Habeck. Consiste en prohibir a partir de 2024 la instalación de nuevas calderas de gas y avanzar hacia su substitución por sistemas de calefacción limpios.

La primavera va asomando aún tímidamente en Alemania. Sigue habiendo mínimas nocturnas bajo cero en algunas partes del país. Pero no deja de ser chocante que, justamente cuando se percibe la llegada del buen tiempo, el tema dominante sea la calefacción.

Medios de referencia, como los semanarios “Der Spiegel” o “Die Zeit”, así como las televisiones públicas Ard y ZDF dedican páginas y páginas a explicar cada posible sistema de calefacción limpia, para casas unifamiliares o pisos, con sus ventajas, escala de precios o dificultades técnicas. También se dedican amplios espacios a los problemas que encontrará quien trate de renovar su vieja caldera por otra más moderna, pero también a gas: los instaladores están desbordados. De pronto son muchos los que buscan el recambio rápido -y barato- antes de caer en la prohibición. Habeck, por su parte, se ve confrontado con estas preocupaciones cada vez que se le invita a hablar a cámara , a la espera de que suelte el siguiente sincericidio.

viernes, 7 de abril de 2023

Ni tan mal

 


Alemania, una locomotora al ralentí, ante la primavera del descontento

Joana Serra

El peor escenario imaginado hace aproximadamente un año para Alemania no se ha cumplido: no se agotaron las reservas de gas el pasado invierno y se encontraron alternativas –aunque caras-- al que suministró Rusia hasta que cortó los envíos a través del gasoducto NordStream. Primero, por decisión de Moscú; luego por el sabotaje no aclarado que inutilizó sus dos conductos.

Es probable también que la primera economía de la zona euro logre esquivar la temida recesión. Los principales institutos económicos del país, como el IW, coinciden en que de producirse la denominada recesión técnica –es decir, que la economía se contraiga durante dos trimestres consecutivos- ésta será leve y por un periodo corto, para empezar a recuperarse en la segunda mitad del año.

Incluso empezó a contenerse la inflación, que en octubre llegó al pico del 10,4 % a efectos interanuales, pero que en marzo descendió ya al 7,4 %, más de un punto por debajo de la registrada en febrero. El nivel sigue siendo alto, pero por primera vez desde agosto del año pasado el índice de precios al consumo –IPC-- quedó por debajo de la marca del 8 % interanual.

Y, finalmente, se disipó la amenaza de una paralización del transporte de pasajeros en avión o ferrocarril coincidiendo con las vacaciones de Semana Santa, destinadas a marcar la plena recuperación del sector turístico tras los años de parón por la pandemia o la resaca que dejó. El sector público no convocará de momento huelgas como la que el pasado día 27 paralizó el tráfico aéreo y ferroviario de prácticamente todo el país. No hay un acercamiento entre la patronal y el sindicato del sector público Ver-di –que reclama un 10,5 % de incremento salarial o una subida mensual mínima de 500 euros para sus 2,5 millones de trabajadores. Pero tras la tercera ronda negociadora, que terminó sin avances, se convocó una comisión de arbitraje. Mientras ésta delibere reina el llamado “compromiso de paz” entre las partes implicadas, por lo que no habrá más huelgas de advertencia. La tregua en el conflicto salarial regirá al menos hasta el 13 de abril, plazo marcado para el arbitraje. Es decir, de haber otro estallido del sector público y a escala nacional será tras el regreso de vacaciones.

Pese a estos síntomas de alivio o al menos de tregua, en Alemania se respira una crispación desconocida desde hace años. No se refleja en caos o rabia como en la vecina Francia, con sus virulentas protestas contra la reforma de las pensiones del presidente Emmanuel Macron. Es una crispación que va cociéndose a fuego lento, en medio de proceso de precarización laboral que empezó con los recortes sociales del canciller socialdemócrata Gerhard Schröder –1999/2005- y se incrementó en los 16 años de la conservadora Angela Merkel en el poder. La inflación añadió leña al fuego.

El descenso de la tasa interanual del IPC de marzo se debe básicamente a que empezaron a contenerse los precios de la energía. Del 20,3 % que se registró en diciembre se bajó ahora al 3,5% interanual, gracias en buena parte a las medidas del gobierno de Olaf Scholz para paliar sus efectos. Pero la presión sobre la cesta de la compra sigue en aumento: en diciembre el encarecimiento de los alimentos iba a la par que el del sector energético –20,4 %--. En marzo, en lugar de descender sigue en aumento, hasta escalar al 22,3 %.

Alemania es un país rico, en lo que se refiere a su poderío industrial y la gran empresa. Pero no lo es buena parte de su población. Tiene un mercado laboral saneado y un índice de desempleo bajo, un 5,7 %, además de cifras récord de ocupación –44,5 millones de ciudadanos laboralmente activos, en un país con 82 millones de habitantes--. Sin embargo, unos ocho millones de personas de esta población trabajadora lo hace en régimen de “minijob” –o subempleos-- o de jornada reducida, según cifras del departamento federal de Estadística (Destatis). Aproximadamente la mitad de ellos no lo hace por voluntad propia o en aras de la mejor conciliación entre su vida familiar y la laboral. Lo hace porque no encuentra otro tipo de empleo o por falta de capacitación profesional.

Unos 19,9 millones de hogares alemanes viven de alquiler y gastan una media de 27,8 % del total de sus ingresos en ese arriendo. Para 3,1 millones de esos hogares, esa carga sobre sus ingresos es del 40 % o más, también según Destatis.

Los alemanes no pasaron frío el invierno pasado, pese al encarecimiento del gas y a la reducción drástica de la dependencia energética respecto a Rusia lograda en unos meses por el ministro de Economía y Protección del Clima, el verde Robert Habeck. Pero con la llegada de la primavera el tema prioritario en los informativos sigue siendo la calefacción.

Habeck, además del artífice de esa independencia acelerada respecto al petróleo, el gas y el carbón ruso, es el responsable del plan para sustituir la calefacción de gas o petróleo por sus equivalentes que usan energías limpias. A partir del próximo año, quedará prohibido instalar nuevas calefacciones de gas, de acuerdo a los planes de Habeck.

La alarma ante esa medida es tal que ha generado exactamente el efecto contrario a lo que se proponía. De pronto, los propietarios de viviendas unifamiliares o de pisos con viejas calderas se han apresurado a adquirir modelos algo más modernos, pero igualmente a gas o petróleo, antes de que con la llegada de 2024 expire la posibilidad de hacerlo.

El dilema de la vieja caldera

La sustitución de las viejas calderas con energía fósil por las que utilizan renovables costará hasta 2030 unos 9.000 millones de euros anuales a los ciudadanos, según estimaciones internas del ministerio de Habeck, filtradas por el semanario “Der Spiegel”. A medio plazo, en unos 15 años, habrán rentabilizado la inversión. Pero, hoy por hoy, son muchos los hogares atenazados por la inflación que no pueden permitirse la transición a la energía verde, prosigue la mencionada publicación.

Así las cosas, la calefacción sigue acaparando portadas y titulares de los informativos alemanes, pese a la llegada de la primavera. Llueven las críticas sobre un ministro al que en invierno se entronizó porque logró seguir llenando los depósitos del gas, pero al que ahora se ve como un aguafiestas, obsesionado en implantar una transición verde impagable para muchos ciudadanos.



jueves, 6 de abril de 2023

Separados/as al nacer

 Zelenski reclama en Varsovia el máximo apoyo de la OTAN


Joana Serra


Los presidentes ucraniano y polaco, Volodímir Zelenski y Andrzej Duda, lanzaron una descarga de unidad política y emocional, desde la Plaza del Castillo de Varsovia y día siguiente de formalizarse la incorporación de Finlandia en la OTAN.
"Nuestro enemigo común pagará por sus crímenes de guerra el resto de su vida", fue el mensaje de Zelenski, en dirección a Vladímir Putin, y tras repetir lo que viene siendo su llamada a la fortaleza de Ucrania desde en inicio de la invasión: que "Rusia no puede ganar estar guerra".
Duda no solo le secundó en todo, sino que además recordó que su país ha estado entregando a Kiev carros de combate, primero, y ahora cazas, cuando otros aliados aún titubeaban. "Les mostramos el camino y rompimos su resistencia a entregarles armas", recordó
La intervención de ambos líderes seguía a una primera comparecencia ante los medios de Zelenski y Duda, quien pidió para Ucrania más "garantías de seguridad" por parte de la OTAN. La siguiente cumbre de la alianza, en Lituania y el próximo julio, debe servir, según el presidente polaco, para anclar estas garantías y como paso previo a su ingreso en la organización.
La visita de Zelenski era la primera de carácter oficial y previamente anunciada del líder ucraniano a Polonia desde el inicio de la invasión rusa, en febrero de 2022. Zelenski había estado en territorio polaco ya en diciembre, pero para una parada técnica de regreso de Estados Unidos tras su primer viaje al exterior y con su país en guerra, el pasado diciembre. Volvió de forma fugaz en febrero, en ocasión de la gira que le llevó a Bruselas, París y Londres.
También entonces se reunió con Duda, pero fueron encuentros más bien simbólicos y de escasa repercusión, fuera del eco que hallaron en los medios de la propia Polonia.
La visita de este miércoles, primero con su homólogo polaco y luego con el primer ministro, Mateusz Morawiecki, era del máximo nivel político e institucional. Se produjo además al día siguiente de que la OTAN hubiera formalizado el ingreso de Finlandia como miembro número 31, tras un corto progreso de integración de menos de un año.
Zelenski acudió acompañado de su esposa Olena, que tuvo su propio programa de primera dama junto a la polaca Agata Kornhauser-Duda. Era una visita corta, que había empezado esa misma mañana, pero que combinó lo político, con la comparencia de ambos presidentes, polaco y ucraniano, y el baño de multitudes en la Plaza del Castillo.
Polonia ha sido el más firme aliado de Kiev entre los socios de la Unión Europea (UE) desde el estallido de la guerra. Tal vez su compromiso con el destino de Ucrania sea parejo al de los países bálticos, que comparten con Polonia la prevención o miedo a Moscú. Pero el peso de Polonia, quinto en cuanto a población de la UE, es mucho mayor que el de Estonia, Lituania y Letonia.
Varsovia se comprometió desde el inicio de la invasión a brindar la máxima ayuda humanitaria y militar a Ucrania. Criticó la timidez o lentitud alemana para hacer llegar sus suministros de armas a Kiev y presionó luego a Berlín para que autorizara el envío de los carros de combate "Leopard2". Ha sido también el primero en entregar sus primeros ocho cazas MiG-29, a los que seguirán, según Duda los otros que forman su flota -unos 30-. Solo Eslovaquia, hasta ahora, ha anunciado que también enviará a Kiev sus aviones de combate de este mismo tipo, mientras otros socios comunitarios no consideran hacerlo.
A las aportaciones en materia militar de Polonia se añade que es el país comunitario que más refugiados ucranianos ha acogido en su territorio -1,5 millones, por delante de Alemania, con cerca de un millóón-. La visita de Zelenski tenía, en ese contexto, un carácter de agradecimiento, pero también de llamada al resto de aliados europeos a hacer más por Ucrania. En el este del país siguen los feroces combates y desde Kiev se está llamando a la poblacióón de los territorios ocupados a huir lo antes posible a "terceros países".
Kiev lleva semanas anunciando que prepara otra ofensiva para recuperar esos territorios. El ejército de Zelenski cuenta ya con los "Leopard2" suministrados por Alemania y Polonia, entre otros países comprometidos a entregar esos carros de combate, considerados decisivos para lanzar esa contraofensiva terrestre.

Hermanados

Zelenski y Duda apremian a la OTAN a poner en marcha el ingreso de Ucrania


Marina Ferrer


El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, apremió desde Varsovia a la OTAN a dar un paso más en la defensa de su país contra Rusia, un día después de oficializarse la incorporación de Finlandia, y con el apoyo cerrado de Polonia a las aspiraciones de Kiev de ingresar en la alianza.

“Nos acercamos unidos a una gran victoria. Compartimos el espíritu de libertad y nuestra gran historia”, afirmó Zelenski, sobre el escenario de la Plaza del Castillo de Varsovia, presidido por dos enormes banderas, la de Ucrania y la de Polonia. “Rusia no ganará esta guerra. Nuestro enemigo común pagará por sus crímenes de guerra el resto de su vida”, añadió, en dirección al presidente Vladímir Putin.

“No hay tiempo que perder. Nosotros suministramos tanques, aviones y obuses a Ucrania. Damos ejemplo a otros y rompemos su resistencia a enviarles armas”, recordó por su parte el presidente polaco, Andrzej Duda, ante una multitud y entre un enorme dispositivo de seguridad.

Si la cumbre de Madrid, el año pasado, marcó el camino al rápido ingreso finlandés, la del próximo julio en Vilna, en Lituania, debe serlo para el de Ucrania, había afirmado anteriormente Duda, en una comparecencia ante los medios y tras una reunión con Zelenski. Polonia ya ha transferido a Ucrania ocho cazas del tipo MiG-29 y está dispuesta a suministrarle la totalidad de su flota, “si nuestros aliados lo aprueban”, prosiguió el presidente polaco, quien recibió a Zelenski con unos honores que Varsovia solo brinda a líderes del máximo nivel –es decir, Estados Unidos--.

La totalidad de la flota polaca significa unas treinta unidades de ese avión de combate. El propósito de Varsovia es suministrar estos aparatos, de fabricación soviética y que los ucranianos están capacitados para pilotar, para recibir a cambio modernos cazas estadounidenses. Sería un intercambio que posibilitaría a Zelenski disponer de estos cazas a corto plazo y que no supondría una intervención directa de pilotos de la OTAN en la guerra contra Rusia –algo que Washington quiere evitar a toda costa, lo mismo que Alemania--.

El primer paso a dar en Vilna, según Duda, debe ser reconocer a Ucrania “garantías de seguridad complementarias, para reforzar su potencial militar y proteger a su población”. Sería un “paso previo”, añadió en el camino a su integración en la Alianza.

Polonia, aliado de peso

Eran las palabras que quería escuchar Zelenski de su más firme aliado tanto en el bloque de la Unión Europea (UE) como de la OTAN o al menos el de mayor peso entre los que apremian a favor de un ingreso ucraniano. Los tres estados bálticos –Estonia, Lituania y Letonia-- comparten ese parecer, pero su posición no es comparable a la de Polonia.

La visita de Zelenski, la primera con carácter oficial tras varias paradas técnicas en otros viajes, tuvo este arranque político, al que siguió el acto más emotivo en la Plaza del Castillo. Ahí habló el presidente ucraniano a la multitud, en medio de unas medidas de seguridad mayores aún que las desplegadas para el presidente estadounidense, Joe Biden. Fue una manifestación de unidad y apoyo, en presencia de ucranianos llegado a Polonia huyendo de la guerra de agresión rusa.

Polonia es el país del bloque comunitario que más refugiados ha recibido desde el inicio de la invasión a rusa, en febrero de 2020. La guardia fronteriza polaca ha contabilizado desde entonces más de 10 millones de entradas de personas procedentes de Ucrania, de las cuales 1,5 millones se quedaron en Polonia. El resto siguió hacia otros estados miembros -con Alemania a la cabeza, con casi un millón de ucraniano acogidos en su territorio- o regresaron a su país.

Cambio de paradigma con los refugiados

La acogida de los polacos fue y sigue siendo solidaria, lo que tal vez no podía darse por sentado en un país que ha rechazado una tras otra las propuestas de Bruselas para un reparto más o menos equitativo de los refugiados llegados en anteriores crisis humanitarias. La diferencia es no solo cultural o hasta religiosa -el gobierno ultranacionalista polaco es contrario a acoger a peticionarios de asilo procedentes de países donde dominan los musulmanes-.

En Polonia vivía ya cerca de un millón de ciudadanos de origen ucraniano antes del estallido de la guerra, lo que ha facilitado su integración. A ello se suma que, por decisión comunitaria, no deben pasar por el largo proceso de solicitud de asilo, como los llegados de otras partes del mundo, tienen acceso a subsidios y prestaciones sociales, así como permiso de trabajo.

Pese a ello, el espíritu solidario con que se acogió en los primeros meses en guerra a los ucranianos bajó progresivamente, así como la disposición de Varsovia a darles acceso a los mismos subsidios que recibiría un polaco. Las exportaciones de grano ucraniano, más barato que el polaco, ha provocado encendidas protestas de los agricultures de Polonia, algo a lo que Zelenski y el primer ministro Mateusz Morawiecki se comprometieron en su encuentro a resolver.

No ha variado, en cambio, el apoyo militar y logístico de Varsovia hacia Kiev. El gobierno de Morawiecki, como el presidente Duda, presionaron sobre el de Berlín como ningún otro socio de la UE hasta que Alemania dio luz verde al envío de tanques Leopard2 -de fabricación germana- a Kiev. También ha sido el primero en entregar a Ucrania los cazas MiG-29, mientras otros aliados europeos, como Alemania, sigue considerando una línea roja la entrega de aviones de combate al país agredido.

Segona doble

 

Finlàndia, la nova frontera de l’OTAN


“La neu­tra­li­tat o no ali­ne­ació fin­lan­desa era una qüestió més aviat for­mal. En temps de pau havia fun­ci­o­nat per­fec­ta­ment, en paral·lel a unes pro­duc­ti­ves rela­ci­ons comer­ci­als i fins i tot cul­tu­rals amb Rússia”, explica la politòloga Jenni Karimäki, de la Uni­ver­si­tat de Hèlsinki.

Finlàndia és mem­bre de la Unió Euro­pea (UE) des del 1995, forma part de la zona euro des de la implan­tació de la moneda única i tenia ja esta­tus d’“asso­ciat” a l’OTAN, recorda la politòloga, con­vi­dada pel Minis­teri d’Afers Estran­gers per ana­lit­zar les elec­ci­ons legis­la­ti­ves de diu­menge amb els mit­jans estran­gers. Des del 1992, ha par­ti­ci­pat cada cop més acti­va­ment en mani­o­bres mili­tars con­jun­tes i ha for­mat part de mis­si­ons inter­na­ci­o­nals d’esta­bi­lit­zació sota coman­da­ment de l’OTAN, com ara a l’Afga­nis­tan.

El ven­ce­dor dels comi­cis fin­lan­de­sos, el con­ser­va­dor Pet­teri Orpo, va superar per poc marge l’ultra­dretà par­tit dels Veri­ta­bles Fin­lan­de­sos i va dei­xar en ter­cera posició la soci­al­de­mocràcia de la pri­mera minis­tra Sanna Marin. Orpo neces­si­tarà almenys dos socis per for­mar una coa­lició sòlida com ell vol. Que s’ori­enti cap a la líder ultra­dre­tana o la carismàtica Marin men­tre busca un ter­cer aliat no influirà en el com­promís atlan­tista del país, sosté Karimäki.

Sol·lici­tar la inte­gració com a mem­bre de ple dret, després de dècades amb aquesta teòrica però pro­fi­tosa neu­tra­li­tat, va ser una decisió com­par­tida per pràcti­ca­ment tot l’espec­tre par­la­men­tari arran de l’inici de la invasió russa d’Ucraïna, el febrer del 2022. Els con­ser­va­dors sem­pre n’havien estat par­ti­da­ris, men­tre que els soci­al­demòcra­tes –com la resta del cen­tre­es­querra, que s’hi havien opo­sat– en van des­co­brir la neces­si­tat arran de l’agressió.

El con­sens ha afa­vo­rit que s’hagi com­ple­tat el procés en un temps rècord de deu mesos, mal­grat les objec­ci­ons de Tur­quia. Ini­ci­al­ment havia de ser un ingrés per dupli­cat o con­junt amb Suècia. Però en vista que el pre­si­dent turc, Recep Tayyip Erdo­gan, manté les objec­ci­ons con­tra l’ingrés d’Esto­colm, Hèlsinki va optar per anar-hi en soli­tari. El govern suec con­ti­nua inten­tant convèncer Ankara que no és un país “refugi” per al ter­ro­risme kurd com diu Erdo­gan. A Hèlsinki, com des de la cen­tral de l’OTAN, es dona per fet que es una qüestió de mesos que ho acon­se­gueixi.

A les elec­ci­ons per defi­nir el nou Eduskunta (Par­la­ment) les va seguir dimarts l’acte d’inte­gració de Finlàndia com a mem­bre número 31 de l’OTAN a la seu de Brus­sel·les.

Refu­gi­ats en terra de ningú

Suècia no té fron­tera ter­res­tre amb Rússia, recorda Karimäki. Però la seva inte­gració al bloc ha de ser­vir per ampliar el con­trol de l’OTAN sobre tot el Bàltic, inclòs Kali­nin­grad. L’adhesió finesa era, però, pri­o­ritària per a totes ban­des i va pre­ci­pi­tar la solució pragmàtica de des­vin­cu­lar-la de la sueca. Com­par­teix 1.344 quilòmetres de fron­tera ter­res­tre amb el país agres­sor d’Ucraïna. Forma un tall ver­ti­cal enmig del mapa, de nord a sud, gai­rebé en línia recta. A la can­to­nada nord, limita amb els prop de 200 kilòmetres de la que té Noru­ega –un altre aliat atlàntic, però no al bloc comu­ni­tari– amb Rússia.

És la divisió més llarga amb Rússia entre els mem­bres de la UE, només superada des del cantó euro­peu per la d’Ucraïna. Entre els tres països bàltics –Estònia, Lituània i Letònia–, mem­bres de l’OTAN i de la UE, no arri­ba­ven al miler. Tots tres, que van ser part de l’URSS i temen Mos­cou tant o més que Polònia, feia temps que dema­na­ven un reforçament del flanc nòrdic. A més de Rússia, tenen –en el cas de Lituània i Letònia– fron­tera amb Bie­lorússia, gran aliat regi­o­nal de Mos­cou. Els bàltics ja havien mul­ti­pli­cat les aler­tes arran de l’ano­me­nada “guerra híbrida”, quan des de Minsk es va empènyer milers de refu­gi­ats, prin­ci­pal­ment siri­ans, cap al seu ter­ri­tori. El feno­men de la immi­gració empesa des de la Bie­lorússia de Lukai­xenko sobre el ter­ri­tori dels estats bàltics va començar abans de la invasió d’Ucraïna. La res­posta va ser reforçar les fron­te­res amb tan­ques, on con­ti­nuen atra­pats cen­te­nars de refu­gi­ats enga­nyats, pri­mer, i traïts, després, que han hagut de pas­sar el dur hivern bàltic en “terra de ningú”. El govern de Marin va deci­dir –sense haver com­ple­tat encara el procés d’inte­gració for­mal a l’OTAN– aixe­car-ne una de 200 kilòmetres a la part més vul­ne­ra­ble de la seva fron­tera amb Rússia, al sud-oest. S’ha començat per la regió que envolta Ima­tra, on hi ha un dels qua­tre pas­sos ofi­ci­als fron­te­rers d’aquest extrem. Més al nord n’hi ha qua­tre més, molt menys tran­si­tats. Fora d’aquests vuit pas­sos ofi­ci­als, està total­ment pro­hi­bit acos­tar-se a menys d’un quilòmetre de la franja divisòria. De moment, seran tres quilòmetres de tanca de fins a tres metres d’altura al mig del bosc. La intenció és esten­dre’ls amb dife­rents trams dels altres tres punts ofi­ci­als per pas­sar la fron­tera –Vaa­li­maa, Niu­ja­maa i Nii­rala–. A tot esti­rar, arri­barà a cobrir un 15% del total d’una fron­tera que, com més al nord, més bos­cosa i menys tran­si­ta­ble.

El propòsit de la tanca no és con­te­nir una even­tual invasió russa, expli­quen fonts del Minis­teri de Defensa fin­landès. És una mesura ori­en­tada a fre­nar una altra pos­si­ble “guerra híbrida” o arri­bada incon­tro­lada d’immi­gració irre­gu­lar, inclosa de ciu­ta­dans rus­sos. Des del setem­bre pas­sat, l’entrada dels ciu­ta­dans rus­sos està res­trin­gida a qui ho fa per raons fami­li­ars, labo­rals o huma­nitàries, a més de per­so­nal auto­rit­zat, diplomàtics, etc.



Xarxa de búnquers

La fron­tera amb Rússia és una franja con­tro­lada per totes dues parts amb moderns sis­te­mes electrònics, radars i una forta vide­o­vi­gilància. Finlàndia és un país alta­ment tec­ni­fi­cat, que es pre­para des de fa dècades “per al pit­jor”: una agressió russa. És el resul­tat dels trau­mes acu­mu­lats pel període en què va pertànyer a l’imperi rus, entre 1809 i 1917; per la invasió soviètica de 1939, per les dues guer­res con­tra el país veí –entre 1939 i 1944– o, fins i tot, la neu­tra­li­tat forçada impo­sada per Mos­cou a par­tir de 1945. El procés d’inte­gració, pri­mer al bloc comu­ni­tari i ara a l’OTAN, ha esta sac­se­jat per les ame­na­ces de Mos­cou, ara ampli­fi­ca­des per l’agres­si­vi­tat bèl·lica del pre­si­dent Putin.

Finlàndia manté el ser­vei mili­tar obli­ga­tori, amb uns 73.000 efec­tius –inclo­sos mili­tars de car­rera i per­so­nal civil–, ampli­a­ble a 283.000 reser­vis­tes en temps de pau o a 850.000, en cas de guerra. És a dir, un terç de la població adulta mas­cu­lina. Sense ser encara mem­bre de ple dret de l’Aliança, Finlàndia ha gas­tat els últims anys més en Defensa que molts socis euro­peus de l’OTAN –un 1,95% del seu PIB, el 2021–. Té unes 200 uni­tats dels tancs Leo­pard2 –xifra que també supera la de molts estats mem­bres–. Fa dos anys, quan Europa sem­blava no témer encara una agressió russa sobre un país veí, va deci­dir adqui­rir 64 avi­ons de com­bat F35-A de Lock­heed Mar­tin, a més de munició i míssils de com­bat Amraam i Sidewin­ter.

El país s’ha pre­pa­rat, a més, per pro­te­gir la població des de molt abans de saber-se direc­ta­ment amenaçat per Putin. Té prop de 55.00 búnquers o refu­gis a punt per enca­bir 4,4 mili­ons de per­so­nes –un 80% dels 5,5 mili­ons d’habi­tants–. Només a Hèlsinki, n’hi ha 5.500. És una mesura regu­lada per llei. Tota nova cons­trucció, d’habi­tat­ges o ofi­ci­nes amb més de 1.200 metres qua­drats ha de tenir un refugi capaç d’enca­bir-hi els seus resi­dents o per­so­nal.



Neu, boscos i centres comercials a les fosques

GEMMA C. SERRA


Vaalimaa, el més gran dels quatre punts fronterers del sud-est finlandès, és en aquesta primavera encara gelada un esplèndid paisatge de boscos nevats, creuats per camins on passejar el gos o caminar cap al pavelló, la sauna o la piscina coberta. Fa uns mesos, els voltants de la carretera fins al control fronterer que comunica amb la ciutat russa de Torfyanovka eren “zona preferent” per a centres comercials, restaurants i algun hotel, orientats als ciutadans que creuaven la frontera per anar de compres o fer turisme en territori finlandès. Era el principal punt d’entrada per carretera entre Rússia i la UE. El mateix panorama es veu entre Imatra i Lappeenranta, en direcció a Svetogorsk, ja en territori rus. Durant dècades, Imatra va ser punt de trànsit preferit entre russos procedents de Sant Petersburg, a 203 kilòmetres. Al setembre, amb l’ordre de mobilització del Kremlin, es va prohibir el pas als russos amb visat de turista, mesura que ja aplicaven els bàltics. Es va voler frenar els primers símptomes de fugida massiva per evitar la mobilització.

L’aixeta no es va tancar del tot, però de les visites per turisme o compres es va passar al trànsit restringit per a residents que treballen a l’altre cantó de la frontera o que van a veure parents directes, entre altres casos. Per Vaalimaa, el de més trànsit, hi circulen unes 1.500 persones en dies feiners, uns 2.000 el cap de setmana. Fa dos anys, eren entre 5.000 i 6.000 al dia, amb possibilitats de trobar embuts fenomenals a la frontera. Al centre comercial entre l’estació de tren d’Imatra i Imatrankoski, principal punt d’atracció turística pels espectaculars salts d’aigua de la presa, a 10 kilòmetres de la frontera, hi queda una única botiga oberta. La resta és a les fosques o amb senyals de vandalisme. L’estació és un desert. A Vaalimaa s’han declarat insolvents diversos outlets de marques cares. Totes dues ciutats sumen uns 56.000 habitants.

A Lappenranta, la més gran, no es respira precisament por a un atac rus, sinó ensopiment i preocupació pels efectes econòmics de la desaparició dels clients. Hi ha més arbres que habitants en tota la franja fronterera. Com més al nord, menys humans i més llops.


lunes, 3 de abril de 2023

Giro en el país de los felices

 

Finlandia gira a la derecha, ante su virtual ingreso en la OTAN


Joana Serra


La derecha moderada de Petteri Orpo, líder de la Alianza Nacional o "Kokoomus", se apuntó una muy ajustada victoria en las elecciones legislativas de Finlandia, convertida ya en miembro virtual de la OTAN. La socialdemocracia de Sanna Marin, la carismática primera ministra del país, se quedó luchando por el segundo puesto, que finalmente perdió al verse superada también por la pujante ultraderecha de los Verdaderos Finlandeses, liderados por Riikka Purra.

Escrutados el 98 % de los votos, la derecha moderada de Orpo obtuvo un 20,6 %, mientras que la ultraderecha se situó en 20,2 % y los socialdemócratas quedaron en un 19,9,%.

"Nosotros llevamos propugnando el ingreso en la OTAN desde hace décadas. Nuestro propósito es lograr una coalición fuerte, es todo lo que puedo decir hasta el momento", afirmó Orpo, en una comparecencia ante los medios extranjeros, mientras anunciaba el inicio de negociaciones de coalición “con todos los partidos” del fragmentado panorama político finlandés. Marin ha necesitado para gobernar cuatro aliados en esta legislatura.

"Es pronto para hacer interpretaciones", resumía Purra, con cara de cierta decepción pese al avance, puesto que su partido aspiraba al primer puesto y a asumir el máximo protagonismo para el país nórdico y nuevo miembro de la Alianza Atlántica. "Lo que está claro es que los finlandeses quieren seguridad, no solo a través de la OTAN, sino también en el interior del país", añadió la líder del partido euroescéptico y antiinmigración.

Las primeras proyecciones inmediatamente después del cierre de los locales, basadas en el llamado voto avanzado y del procedente de los votantes en el exterior, habían mostrado un empate entre
Marin y Orpo, mientras que Purra quedaba por entonces supuestamente descolgada a un tercer puesto.

Dicho voto avanzado surge de los 1,7 millones de electores que habían depositado su papeleta la semana anterior a la jornada electoral y que en esta ocasión representaban más de un 40 % del total de ciudadanos con derecho a voto. Cuando se entró en el 70 % del voto real el conteo empezó a beneficiar al partido de Purra, quien debutaba como líder de los Verdaderos Finlandeses.

Marin encajó con rostro de alivio los primeros resultados y esperó antes de lanzarse a hacer declaraciones. Finalmente admitió la derrota y felicitó a Orpo, con quien puede llegar a formar la siguiente coalición, aunque ya desde la posición de socio menor y sumando algún otro aliado.

El avance de la ultraderecha a niveles que se habían considerado hasta ahora propios de los grandes partido es un rasgo común en todo el ámbito nórdico europeo.


La vecina Suecia convirtió al radicalismo derechista representado por los llamados Demócratas Suecos en árbitros de la agenda política, al ascender a la categoría de aliados externos de la coalición de centro-derecha que dirige desde el año pasado el moderado Ulf Kristersson. Fue como resultado de las elecciones celebradas el año pasado, donde la entonces primer ministra socialdemócrata Magdalena Andersson logró defender la posición de primera fuerza para su partido, pero no consiguió la mayoría suficiente para su bloque de centro-izquierda.

Las elecciones finlandesas de este domingo se producen en un momento crucial para el país nórdico, al que faltan apenas unas formalidades para consumar su ingreso en la OTAN, una vez disipadas las objecciones que mantuvo durante meses Turquía. Suecia, por contra, está aún pendiente de lograr el visto bueno del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien tiene por delante las elecciones en su propio país, el 14 de mayo próximo.

Hay mucho en juego en el tablero político, en un momento en que la OTAN refuerza su flanco nórdico y báltico y mientras Turquía hace sentir el peso que se le reconoce como miembro de gran valor estratégico entre las potencias occidentales de la Alianza Atlántica. Es un socio a menudo incómodo, pero al mismo tiempo irrenunciable, como ha demostrado una vez más el conflicto de Ucrania y su papel de mediador -junto con la UNO- en el acuerdo con Kiev y Moscú para desbloquear las exportaciones de grano ucraniano.


De pronto, Petteri

Orpo o el giro hacia la austeridad


                                                                                                                                   Marina Ferrer


El conservador Petteri Orpo, con experiencia de gobierno ya que estuvo al frente de tres ministerios, será con toda probabilidad el encargado de llevar adelante el cambio que reclamaron las urnas en Finlandia. Su partido, Alianza Nacional o “Kokoomus”, rebasó por la mínima a la ultraderecha y por un margen algo menos frágil a la socialdemocracia de la primera ministra Sanna Marin. Orpo devolvió así la derecha moderada a la posición de primera fuerza. Un triunfo que le viene cuatro años después de haber caído derrotado como candidato y de verse degradado a la tercera posición, tras socialdemócratas y radicales.

La ventaja para “Kokoomus” en las legislativas finlandesas del domingo sobre los Verdaderos Finlandeses, la ultraderecha que capitaneaba Riika Purra, fue mínima: 20,8 % frente a 20,1 %, respectivamente. Pero tras esa diferencia escasa estaba el triunfo moral de Orpo, que logró para los suyos un aumento de diez puntos respecto a las elecciones de 2019. Su partido tendrá 48 escaños en el nuevo Parlamento (Eduskunta), dos más que la derecha radical. La socialdemocracia de Marin quedó en un 19,9 % y 43 puestos -tras más de los que tenía-.

La práctica finlandesa da a Orpo la primera opción para liderar una alianza de gobierno. Al experimentado político se le veía eufórico en la noche electoral. “Los finlandeses quieren el cambio. Nosotros lo lideraremos”, declaraba ante los medios extranjeros desde un edificio adyacente al Eduskunta, lugar donde habitualmente los líderes políticos siguen juntos la noche electoral, antes de desplazarse a la fiesta electoral -o el llanto- organizado por cada partido.

Las preguntas de los periodistas extranjeros iban directamente a lo que, al menos desde el exterior, ha sido el tema dominante -el ingreso en la OTAN, que Finlandia ha logrado en apenas diez meses-. Orpo lo zanjó con un “nosotros siempre apostamos por la incorporación a la Alianza”. Lo importante es la economía, insistía.

El debate en torno a la Alianza Atlántica era recurrente en la política finlandesa desde hacía unas décadas. La derecha tendía al sí; los socialdemócratas no se les sumaron hasta la invasión rusa sobre Ucrania disparó los temores de un país con 1.340 kilómetros de frontera compartida con el país agresor.

De 53 años -16 más que Marin y 8 más que Purra-, nacido en Köyliö, una pequeña localidad a unos 200 kilómetros al noroeste de Helsinki, y licenciado en Ciencias Políticas, el paradigma de Orpo es el recorte del gasto público. Desde la pandemia y bajo la coalición de centro-izquierda de Marin el endeudamiento escaló al 75 % . Finlandia entró en recesión. Orpo se propone aplicarle austeridad. La misma receta que le costó el hundimiento electoral hace cuatro años. La realidad se impone, afirma.

Orpo había sido ministro de Agricultura durante un año, entre 2014 y 2015, bajo el gobierno liderado por el conservador, Alexander Stubb. Por entonces llevaba ya siete años como diputado. Ocupó el ministerio de Interior tras las legislativas de 2015, en que su partido optó con el radicalismo de derechas como socio. Un año después se convirtió en líder de “Kokoomus”; luego asumió el ministerio de Finanzas.

En sus sucesivas declaraciones en la noche electoral insistió en su propósito de abrir negociaciones con todos los partidos. Teóricamente debería empezar por los radicales de Purra. Pero en Finlandia se recuerda a Orpo no solo por la consigna de la austeridad, sino también como motor de la expulsión de los Verdaderos Finlandeses del tripartito que encabezó otro centrista, Juha Sipilä. Eso ocurrió en 2017 y por entonces la ultraderecha estaba liderado por el incendiario Jussi Halla-aho. Orpo consideró que su socio había entrado en una dinámica radical insostenible para el tripartito.

Purra, sucesora de Halla-aho, ha limado asperezas en su partido, pese a mantenerse en la línea del euroescepticismo y defender los recortes a la inmigración.

Del paso de Orpo por Finanzas se recuerdan los duros recortes en prestaciones sociales, lo que dificultaría una elección como segundo socio de los socialdemócratas de Marin. La primera ministra saliente no rechaza una eventual coalición con “Kokoomus”. Pero condicionado esta fórmula a que no haya recortes sociales, en educación ni investigación.

Ni Marin ni Purra se habían medido en las urnas en unas elecciones nacionales. También ahí Orpo las superaba en experiencia. Las legislativas del domingo eran su segunda pugna electoral tras la derrota de 2019.

Sea cual sea ahora su elección, precisará de una negociación a múltiples bandas. Ni los 46 escaños de Purra ni los 43 de Marin le bastarán para obtener la mayoría estable que busca. Deberá ganarse otros aliados, lo que en la políticamente fragmentada Finlandia es una especie de bazar, en lo que juegan tanto los centristas como el partido de la minoría sueca.

Adiós Sanna

Finlandia se vuelca a la derecha y deja a Marin tras los ultras

                                                                                                                                  Marina Ferrer

Finlandia apostó claramente por el voto a la derecha, la moderada y la radical, y dejó a la socialdemócrata Sanna Marin relegada al tercer puesto. El líder de la Alianza Nacional o "Kokoomus", el conservador Petteri Orpo, se erigió en el ganador de las elecciones legislativa, con un 20,6%, con un 95% de los votos escrutados. La ultraderechista Verdaderos Finlandeses de Riikka Purra obtuvo el segundo puesto, con un 20,2%, tres décimas por encima del partido de la actual primera ministra, quien gobernaba al frente de un coalición de centro-izquierda de cinco partidos.

"Nuestro objetivo es lograr una coalición fuerte. El país necesita un cambio y la economía, junto con la integración en la OTAN, es nuestra prioridad", afirmó Orpo, en una comparecencia ante los medios extranjeros, cuando parecía consolidado su triunfo, aunque no con quién compartirá el poder.

"Nosotros, los conservadores moderados, pedíamos la integración en la Alianza desde hace décadas", recordó, además el líder de "Kokoomus", en alusión a que el giro de la socialdemócrata en dirección a la OTAN se ha derivado de la agresión rusa sobre Ucrania.

Marin, por su parte, felicitó a la derecha moderada, aunque mantenía abierta la opción de convertirse en su aliado, desde la condición de socio menor.     

A Riikka Purra, a la que las primeras proyecciones situaban aún en tercera posición, por detrás de Marin, se la había visto en una anterior comparecencia ante los medios nerviosa, insegura o incluso decepcionada. Cuando de las proyecciones se pasó al voto escrutado, y a su ascenso, la cosa cambió.
Se presentó reivindicando que su éxito se debe a que su partido sí sabe conectar con las preocupaciones de los ciudadanos. Y que éstas se orientan hacia la seguridad y la lucha contra la criminalidad organizada. Verdaderos Finlandeses es un partido euroescéptico y antiinmigración, cuyo mensaje en estos comicios era que contener el gasto público -disparado, bajo la gestión de Marin, en parte debido a la pandemia- pasa por recortar partidas a la cultura y contener la inmigración irregular.
Mientras Orpo anunciaba, a falta de resultados definitivos, su intención de abrir negociaciones de coalición "con todos los partidos" -lo que en la situación de actual fragmentación significa un arco muy amplio- Marin se refugió en la cautela antes de darse por derrotada. Purra mientras se presentaba como una vencedora, desde su posición de debutante en la escena política finlandesa y artífice del auge para su partido.

La condición de miembro virtual en la Alianza va, para los Verdaderos Finlandeses, en segunda posición, tras lo realmente relevante, a su juicio, que es la seguridad interior del país.

"El ingreso en la OTAN puede ser un escudo frente al peligro exterior. Veremos. Pero nuestros ciudadanos quieren también blindarse contra los peligros que ya tenemos dentro, porque otros los dejaron entrar", sostenía ante esta enviada Teija Makkonen, candidata de los Verdaderos Finlandeses en Helsinki, tras su último acto de campaña, la noche del sábado. Los radicales se habían quedado en una céntrica plaza del corazón de la capital, cuando el resto de los partidos ya se habían retirado de ese mismo lugar, lo que en rigor en Finlandia es lícito, ya que no hay jornada de reflexión.

Makkonen comparte lista en ese distrito de Helsinki con Jussi Halla-aho, quien lideró el partido en las elecciones de 2019, donde rozó el empate frente a los socialdemócratas, entonces comandado por Antti Rinne. Purra, su sucesora, era en cambio la cabeza de lista de Uusimaa, la provincia que envuelve Helsinki y que incluye el gran balón de electores de su cinturón y poblaciones vecinas: 1,4 millones de ciudadanos con derecho a voto, del total de 4,5 millones del país.

Integra ciudades como Porvoo, una localidad de casitas de madera unifamiliares características de ese país nórdico, pero también contiene el enjambre de la llamada Finlandia del futuro, en el extrarradio de Helsinki. Núcleos como Kivenlahi o Koivusaari, formados por bloques de viviendas asépticamente blancas y algún imponente rascacielos, a orillas de hermosos fiordos, creados para albergar a la población que Helsinki ya no puede absorber.

La seguridad, no solo respecto a Rusia, sino frente al crimen organizado es una de las grandes preocupaciones finlandesas. Tanto en Helsinki y su febril vida noctámbula -especialmente en fin de semana- como en estos núcleos residenciales impecablemente construidos y bien comunicados, pero donde apenas hay vida en la calle en cuanto cae la noche. Purra y su partido basan su campaña en la necesidad de atenazar al crimen organizado -que identifican con clanes extranjeros- y de cortar el acceso a la sociedad de bienestar a la inmigración irregular.

La fuerza de la ultraderecha nórdica reside en este doble mensaje, en un momento en que a Marin se le disparó el endeudamiento público con la pandemia. La criminalidad autóctona y el azote de los clanes extranjeros es un problema real, no solo para Finlandia, sino para el conjunto de los países nórdicos, lo que le viene como anillo al dedo al discurso xenófobo del partido de Purra.

Algo parecido se vio ya en las legislativas de Suecia de 2022, donde el ultraderechista Demócratas Suecos quedó en segunda posición por detrás de la socialdemócrata Magdalena Andersson.

El resultado de esos comicios significo el adiós al poder para el bloque de centro-izquierda de la entonces primera ministra sueca; el tercero en las urnas, el conservador Ulf Kristersson, se convirtió en jefe de gobierno al frente de una coalición centrista, con los radicales como aliado externo.

La extrema fragmentación del voto o el empequeñecimiento de los partidos tradicionales es la palanca para el radicalismo derechista europeo. Cuando ninguno de los llamados grandes partidos llega al 20 %, como ocurrió ya en Finlandia cuatro años atrás, estas formaciones acaban normalizándose en su panorama político, se convierten en aliados del centro-derecha o marcan la agenda del gobierno desde fuera, como ocurre en Estocolmo.

domingo, 2 de abril de 2023

Al sol de Helsinki

 



La carismática Marín se mide en Finlandia con una debutante ultra y un derechista moderado

Joana Serra

La carismática primera ministra finlandesa, la socialdemócrata Sanna Marin, buscará este domingo la legitimación de las urnas frente al ímpetu de la ultraderechista Riikka Purra y frente a la derecha moderada representada por el experimentado Petteri Orpo.
Marin, de 37 años y la más popular --especialmente a escala internacional- figura política finlandesa, aspira por primera vez al voto del elector, ya que asumió el cargo en diciembre de 2019 a raíz de la dimisión de su correligionario, Antti Rinne.
Purra, de 45, se estrena al frente de los Verdaderos Finlandeses, el partido que en las anteriores elecciones parlamentarias quedó prácticamente empatado, pero con un escaño menos, que la vencedora socialdemocracia.
Y Orpo, finalmente, lidera ahora la alianza conservadora Kokoomus, tras haber sido ministro de Agricultura, de Interior y finalmente Finanzas en sucesivos gobiernos centristas, entre 2015 y 2018. .
Los sondeos dibujan un práctico empate entre sus respectivos partidos -con ligera ventaja para Orpo- en unas elecciones que se producen pocos días después de que Turquía ratificara el ingreso de Finlandia en la OTAN, tras meses de bloqueo a su solicitud.
El visto bueno del aliado atlantista turco -que sigue sin dar el sí, por contra, a Suecia- despeja la plena incorporación finlandesa al "escudo" del flanco nórdico-báltico frente a Moscú.
Los 1.340 kilómetros de frontera con Rusia, de norte a sur, a modo de limpio corte vertical sobre el mapa europeo, eran algo más que un peligro abstracto para Helsinki.
Finlandia, que ya había sido provincia rusa entre 1809 y 1917, fue invadida por la Unión Soviética en 1939 y quedó luego bajo una especie de neutralidad ficticia durante la Guerra Fría europea. Tras la disolución del bloque soviético se integró en la Unión Europea (UE), mientras que con la OTAN mantenía una relación de país asociado.
Hasta la invasión a gran escala de Ucrania por las tropas rusas no se planteó, como tampoco lo hizo Suecia, ingresar como miembro de pleno derecho en la Alianza. Entre Helsinki y Moscú se había mantenido durante una provechosa relación comercial para ambas partes.
De pronto el conjunto de la clase política finlandesa y su opinión pública vieron con pavor la ofensiva lanzada por el presidente Vladímir Putin sobre la desprotegida Ucrania.
Las experiencias históricas de Finlandia bajo los dictados de Moscú generaron un consenso político y ciudadano fulminante y sin precedentes a favor de la adhesión a la OTAN.
A Marin le correspondió dirigir ese proceso. No lo hizo sola. En cuanto surgió el escollo de las objecciones contra el ingreso del líder turco, Recep Tayyip Erdogan, asumió la negociación directa el presidente del país, el liberal Sauli Niinistö. Su gestión surtió efecto.
El rápido procedimiento de ingreso ha durado unos diez meses, un récord en la historia de la OTAN, y ha colocado a Marin en la órbita de los sólidos liderazgos del mundo occidental. Ya no es la incógnita política que fue cuando sucedió a Rinne y llenó titulares como la líder más joven del plantel democrático -tenía entonces 34 años.
Pero muchos de sus compatriotas parecen favorecer, al menos según los sondeos, al experimentado Orpo. La seguridad nacional es tal vez una gran preocupación para Finlandia, con 5,5 millones de habitantes.
Pero no es el único quebradero de cabeza: combatir la covid disparó el endeudamiento público y llevó al país nórdico a la recesión. Marin insiste en no que recortará el estado de bienestar, mientras que Orpo promete que contendrá el gasto público sin subir impuestos.
La ultraderechista Purra, finalmente, hace como tantos otros partidos extremistas: considera que el peligro para la prosperidad nórdica es la inmigración y la criminalidad que, en sus cálculos, representan en alta proporción los extranjeros.
La líder de los Verdaderos Finlandeses ha asumido las riendas de esta formación de Jussi Halla-aho, el artífice de la "casi victoria" de 2019, declarado islamófobo
Purra se presenta ante su electorado como una mujer que asegura haber sufrido acoso sexual por parte de hombres extranjeros o de raíces extranjeras y defiende un endurecimiento de las leyes de inmigración.
El panorama político finlandés es una gran fragmentación. En 2019, ningún partido superó el 20 % y el entonces ganador Rinne precisó de cuatro aliados para lograr una coalición. Dimitió por presiones de uno de ellos, los centristas, pero Marin ha seguido al frente de esa alianza hasta el fin de la legislatura.
Orpo no descarta a la ultraderecha como socio; los socialdemócratas sí lo hacen. En lo que sí coinciden, el líder de la oposición y la primera ministra, es en la posibilidad de aliarse entre sí, en caso de que ése acabe siendo el mandato de las urnas.La alternativa, para la derecha moderada, sería una alianza con la ultraderecha. Sería una nueva derrota para la socialdemocracia nórdica, que el año pasado perdió el poder en Suecia. El bloque de centroizquierda de Magdalena Andersson fue relevado tras los comicios de septiembre por la coalición de centro-derecha del actual primer ministro, Ulf Kristersson, con la ultraderecha sueca como aliado externo.


La sólida defensa de un país neutral

Joana Serra


Finlandia es aparentemente el país más feliz del mundo, según el Informe Mundial de la Felicidad que cada año publica la Red de Soluciones al Desarrollo Sostenible de la ONU. En 2022 lo siguió siendo, como los cinco años anteriores, pese a que el temor a una extensión de las ansias invasoras rusas sobre su territorio debería empañar esa felicidad.

Los propios finlandeses se toman esa pole position con cierta ironía. Entienden que desde fuera puede resultar extraña tanta felicidad, siendo que en su país la mayor parte del año se puede estar a temperaturas bajo cero y que ni sus tres millones de saunas pueden compensarlo.

La felicidad puede ser algo teórico. Lo mismo que la neutralidad que hasta ahora se atribuyó a un miembro de la UE y país “asociado” a la OTAN que, a la vez, tiene uno de los ejércitos más modernos de la región báltico-nórdica. Cuenta con cerca de 70.000 soldados en activo, según cifras de su Ministerio de Defensa, y 280.000 reservistas. Es un país altamente tecnificado, que ha invertido no solo en armamento y adquirido más de 60 F-35 de fabricación estadounidense, sino que se ha protegido también convenientemente contra ciberataques del gran especialista en la materia que es Rusia.

En la última cumbre de la OTAN, celebrada en Madrid, se presentó ya formalmente como aspirante al ingreso en la Alianza de la mano de la vecina Suecia. Visto que Turquía no desbloqueaba sus objecciones a la incorporación sueca -país que, según Ankara, da asilo al terrorismo kurdo-, el presidente Sauli Niinistö optó por el pragmatismo y se desligó del propósito de una incorporación en paralelo. Estocolmo sigue aspiranto al desbloqueo del presidente Recep Tayyip Erdogan. Pero mientras para Helsinki el ingreso es ya una cuestión de formalismos, Suecia no tiene garantizado que pueda lograr su propósito a tiempo para la siguiente cumbre, que tendrá lugar en Vilnia, la capital de Lituania, el próximo mes de julio.

Helsinki-Imatra-Helsinki


 Finlandia vota con la mirada puesta en la


 frontera rusa y en la economía

                                                                                                                                             Marina Ferrer


“La frontera siempre estuvo muy presente. Ya éramos frontera exterior de la Unión Europea, ahora lo somos además de la OTAN”, explica Liisa Hupli-Oinonen, jefa de comunicación de la alcaldía de Imatra. En esa ciudad, uno de los cuatro puestos fronterizos del sureste de Finlandia, empezó en marzo la tala de árboles y construcción de un tramo de valla metálica de tres metros de altura para frenar una eventual llegada masiva de inmigrantes irregulares. O de ciudadanos rusos. A los primeros tres kilómetros seguirán sucesivos tramos hasta completar los 200 kilómetros planificados por el gobierno de la socialdemócrata Sanna Marin, la primera ministra del país que este domingo buscará su legitimación en las urnas. Parece un proyecto tímido, para un país con 1.340 kilómetros de frontera en vertical con Rusia. La más larga de un miembro de la UE con el país agresor de Ucrania

“Tal vez muy pronto veremos izar aquí la bandera de la OTAN”, prosigue Hupli-Oinonen. Finlandia, que como Suecia solicitó su ingreso en la Alianza tras el inicio de la invasión de Ucrania, tiene vía libre para consumar esa incorporación ya que esta semana obtuvo la ratificación por parte de Turquía -que mantiene su bloqueo al ingreso sueco-. Abandonará así el no alineamiento militar que mantuvo durante décadas. Y aportará a la OTAN el ejército mejor preparado de la región báltico, con 63.000 soldados en activo y 280.000 reservistas, y que ha adquirido 64 cazas F-35 estadounidenses.

Finlandia era neutral y mantenía fuertes lazos comerciales con Rusia, pero invertía ya más en Defensa que muchos países que llevan años en la OTAN -un 1,3 % del PIB-.

Imatra es un municipio de 26.075 habitantes, que durante años fue exponente de esas provechosas relaciones comerciales con Rusia. Fue ciudad de tránsito preferente para los rusos que viajaban a Finlandia a hacer turismo o las compras. Siete meses después de la agresión a Ucrania, Helsinki restringió el paso por sus fronteras a los rusos.

Su casco urbano queda a 10 kilómetros de la frontera, a 17 de Svetogorsk -la primera ciudad rusa- y a 173 de San Petersburgo, lo que la predestinaba a ser ciudad de tránsito. Kiev en cambio queda a 1.417 de distancia. Pero en Imatrankoski, su centro neurálgico y principal punto de atracción turística por los saltos de agua de su presa, ondea alguna bandera ucraniana, en solidaridad con el país invadido.

“Algunos medios juegan con la polarización de esta campaña entre Sanna (Marin) y Riikka Purra”, explica Josefina Nissila, militante del Partido Socialdemócrata (SDP) de Imatra. Purra es la líder del partido ultraderechista Verdaderos Finlandeses, al que los sondeos colocan empatado en un 19 % con el de la primera ministra. Ambas van ligeramente por detrás del lider de la derecha moderada, Petteri Orpo, de la opositora Alianza Nacional Kokoomus. Para Nissila, esa supuesta polarización es más bien un cliché mediático, debido al hecho de ser dos mujeres jóvenes, de 37 y 45 años respectivamente, liderando dos opciones antagónicas. Pero sostiene que la ultraderechista no tiene opciones a ponerse al frente del próximo gobierno.

El SDP es el único partido visible en Imatra este sábado –en Finlandia no hay jornada de reflexión-. Desde su tenderete reparten salchicas asadas a los ciudadanos, con la música de fondo de una banda de viento contratada por el partido. Imatra, rodeada de hermosos bosques aún copiosamente nevados en este primero de abril, tiene poco peso electoral en el país nórdico, con 5,5 millones de habitantes, de los cuales un millón se concentra en Helsinki y su extrarradio.

Ahí seguía en campaña la ultraderechista Purra, cuyo partido propugna como “remedio” al alto endeudamiento de Finlandia los recortes a la inmigración y la cultura. Marin llegó al cargo a finales de 2019, tras la dimisión de su correligionario Antti Rinne por presiones de uno de sus cuatro socios de coalición, los centristas. Rinne se había impuesto en las urnas seis meses antes por una mínima ventaja sobre los Verdaderos Finlandeses. Con Marin el endeudamiento se disparó del 64,9 a casi el 75 %. La causa fueron las medidas orquestadas para paliar los efectos de la pandemia de la covid. Finlandia cayó en recesión, lo que disparó las alarmas y, por extensión, las buenas expectativas para el opositor Orpo, quien promete contener el gasto público y no subir impuestos.

Marin no descarta a la derecha moderada con futuro socio. Orpo no rechaza a la ultraderecha como socio potencial. La fragmentación política de Finlandia, donde en 2019 ningún partido superó el 20 %, obligará a aplicar mucha habilidad negociadora a quien aspire a liderar el siguiente gobierno.