jueves, 22 de agosto de 2024

El sur global visita Kiev


Modi expresa en Polonia su compromiso con "una paz rápida" antes de viajar este viernes a Ucrania



El primer ministro indio, Narendra Modi, conversa con su homólogo polaco, Donald Tusk, este jueves en Varsovia. / CZAREK SOKOLOWSKI / AP

Gemma Casadevall
Berlín 22 AGO 2024 

El líder de la India, Narendra Modi, expresó este jueves en Polonia su compromiso con "una paz rápida" para Ucrania, desde su condición de aliado de Vladímir Putin y ante el representante de la lealtad a la OTAN que es el primer ministro polaco, Donald Tusk. "Apoyamos el diálogo y los esfuerzos diplomáticos por restablecer la paz y la estabilidad tan pronto como sea posible", afirmó Modi, tras un encuentro bilateral con Tusk calificado de "histórico" por el primer ministro polaco. Aludía así el anfitrión a que es la primera vez que un jefe del Gobierno indio visita su país en 45 años. Pero en realidad su mensaje adoptó un carácter más amplio: a Modi se le espera el viernes en Kiev como representante del llamado Sur Global para reunirse con Volodímir Zelenski. Lo hace desde su posición de cercanía con el presidente ruso. Modi estuvo presente entre los líderes mundiales que asistieron el pasado junio a la Conferencia de Paz para Ucrania de Suiza. Fue una cumbre promovida por Kiev, con apoyo de la UE, y en ausencia tanto de Rusia como de China. Finalmente, la India no suscribió la declaración final en que se instaba a Moscú a adoptar medidas humanitarias y para la seguridad nuclear.

El concepto de "paz justa" implica, para Zelenski, la integridad territorial de Ucrania y la retirada de las tropas rusas de todos los territorios ocupados, lo que no entra en los planes de Putin. El término de "paz justa" fue utilizado en la conferencia de prensa conjunta por Tusk, mientras Modi destacaba los "esfuerzos diplomáticos". El primer ministro polaco se explayó a continuación hablando de la voluntad común de estrechar las relaciones bilaterales entre Polonia y la India, especialmente económicas y empresariales, mientras que Modi se dirigía al encuentro con el presidente Andrzej Duda. El europeísta y liberal Tusk y el jefe del Estado polaco, procedente del ultranacionalista partido Ley y Justicia (PiS), representan a familias políticas rivales en Polonia. Pero en lo que concierne a Ucrania comparten la línea del compromiso con Kiev.

Estratégico encuentro con Zelenski

El paso por Varsovia era una etapa previa a la cita del viernes con Zelenski, en medio del avance ucraniano en la región rusa de Kursk y mientras Moscú trata de evacuar a 20.000 personas. Esta situación ofrece un panorama impensable en la cumbre de Suiza y, teóricamente, ofrece nuevas perspectivas a los esfuerzos diplomáticos por mediar en el conflicto.

El Sur Global, hasta ahora, no ha respondido positivamente a las sucesivas llamadas en busca de un acercamiento del presidente ucraniano a escala multilateral. Únicamente el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha propuesto con cierta determinación planes de paz, que siempre han sido percibidos por Kiev como "decantadas" hacia Moscú.

La visita de Modi a Kiev es de las pocas de un líder internacional a la capital ucraniana que se conocen previamente. En su mayoría no se anuncian por razones de seguridad. Es, además, la segunda en poco tiempo que realiza un aliado político de Putin a Moscú, tras la que tuvo lugar en julio del primer ministro húngaro, Viktor Orbán. En esa ocasión, Bruselas se apresuró a aclarar que Orbán no acudía como "enviado europeo", pese a que Hungría estrenaba su semestre de presidencia de turno del Consejo Europeo.

martes, 20 de agosto de 2024

El chip von der Leyen

Bruselas autoriza una ayuda alemana de 5.000 millones para fabricar microchips en Dresde



La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el CEO de TSMC, C.C. Wei, y el canciller Olaf Scholz en el acto inaugural de la construcción de la fábrica de microchips de Dresde. / Liesa Johannssen / Bloomberg
Gemma Casadevall

La presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, y el canciller alemán Olaf Scholz, dieron este martes el 'paletazo' inaugural a la construcción de la fábrica de microchips del coloso Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, TSMC, considerado clave en la pugna por el dominio tecnológico frente a China. Quedará emplazada en la ciudad alemana de Dresde, en el este de Alemania, y será una especie de buque insignia del plan para el avance en Europa de un sector crucial.
"El mayor productor de microchips del mundo se viene a nuestro continente", proclamó von der Leyen, en su saludo de bienvenida a TSMC. El simbólico inicio de la construcción de la fábrica se produce un año después de que Taipei anunciara una inversión de 10.000 millones de euros en ese proyecto. La matriz taiwanesa tendrá una participación del 70%, mientras que el resto se repartirá entre las alemanas Bosch e Infineon, así como la neerlandesa NXP, las tres con filiales en Dresde.
La visita de Von der Leyen coincidió con el anuncio de la aprobación por parte de Bruselas de la ayuda pública de 5.000 millones de euros que aportará el gobierno alemán al proyecto, bautizado como European Semiconductor Manufacturing Company (ESMC).

Estrategia europea


La fábrica en Dresde forma parte de la estrategia de la CE para activar el sector en Europa. Para von der Leyen, es un plan "revolucionario", cuya plasmación toma forma con esa fábrica. Está enmarcada en el plan de 110.000 millones de euros entre inversión pública y privada, anclado en la llamada "Ley de Chips“ aprobada hace dos años. Su propósito es aumentar la producción europea de semiconductores hasta el 20% de la capacidad mundial para 2030.
Participan en esta estrategia europea unas 70 empresas, repartidas por 19 países miembros, entre los que Alemania quiere actuar de columna vertebral. Su ministro de Economía y Protección del Clima, el verde Robert Habeck, destacó el "potencial innovador“ que supone la fábrica de Dresde, de la que a partir de 2029 deben salir medio millón de chips al año.
Europa lucha por disponer de una producción autónoma de un sector clave para la producción de objetos de uso diario ya imprescindible, desde telefonía móvil a vehículos, la inteligencia artificial y el conjunto de la transición energética. Taiwán lidera el sector, pero los temores a una invasión por parte de China han disparado la carrera hacia esa autonomía europea. La tensión entre el gigante asiático y Taipei son una cuestión de primer orden en la geopolítica internacional. TSMC es la empresa puntera con la que Taiwán controla hasta ahora el sector.

De la geopolítica mundial a lo regional


Más allá de la importancia para Europa de la nueva planta, a escala alemana hay un gran interés incluso político en un proyecto que generará 2.000 empleos directos. La fuerte inversión pública y privada en la región hace que se hable de un "Silicon Saxony", en alusión a Sajonia. Se estima que, para 2030, el conjunto del sector puede emplear en ese 'land' a unas 100.000 personas.
Dresde es la capital de Sajonia, donde el primero de septiembre se celebran unas elecciones regionales que se prevén muy duras para la coalición de Scholz entre socialdemócratas, verdes y liberales. Los sondeos apuntan a que tanto en ese 'land“ como en el de Turingia, también en el este alemán, se impondrá como primera fuerza la ultraderechista Alternativa para Alemania (CDU). A los tres partidos de la coalición de Scholz se les sitúa en la cuerda floja del 5%, mínimo para obtener escaños. La esperanza de rescate frente al auge ultra está, en lo que concierne a Sajonia, en la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido de Von der Leyen, al que algunos sondeos sitúan en igualdad de fuerzas con la AfD.
El primer ministro regional, Michael Kretschmer, representa en estos momentos la lucha desde la CDU por contener el empuje ultra. Su presencia en el "paletazo" inaugural, junto a su correligionaria Von der Leyen, el canciller socialdemócrata y, por parte empresarial, el jefe de TSMC, C.C. Wei, cobra así su propia lectura política, a escala alemana.

Incombustible Irmgard



Alemania condena a una exsecretaria nazi de 99 años por complicidad en 10.505 asesinatos




Irmgard Furchner durante la vista en la que fue condenada en primera instancia, el 20 de diciembre de 2022 en Itzehoe. / CHRISTIAN CHARISIUS / AP


Gemma Casadevall
Berlín 20 AGO 2024 

Mecanografiar las actas, cursar pedidos de gas letal, llevar el registro de muertos y escribir cartas de un campo de concentración es incurrir en complicidad en la maquinaria del aparato de exterminio nazi. No importa que la condena se confirme cuando la persona procesada tiene ya 99 años y que los hechos imputados fueran cometidos cuando tenía 18 años: el asesinato no prescribe y los crímenes del nazismo, tampoco.

Bajo estas premisas, el Tribunal Supremo alemán refrendó la condena a dos años de libertad vigilada contra Irmgard Furchner por complicidad en la muerte de 10.505 presos del campo de Stutthof, en la Polonia ocupada. Es una condena ajustada al Código Penal para menores, puesto que la ahora imputada no había alcanzado entonces la mayoría de edad. Se trata de la primera condena en firme contra personal civil empleado en un campo nazi.

El suyo era uno de los llamados "procesos tardíos" abiertos contra acusados no de participación directa en los asesinatos del nazismo, sino de complicidad en ellos. Llevan implícitos un mensaje contra el revisionismo neonazi, con unas sentencias que obviamente son simbólicas, pero de gran relevancia para las víctimas o sus sucesores. Cada uno de esos juicios han generado polémica, porque sus detractores los ven como una tortura inhumana e inútil para nonagenarios, en este caso una mujer casi centenaria, que en general no llegan a ingresar en prisión, por razones de edad.

El Supremo rechazó los argumentos de la defensa de que la procesada, una civil, actuó "con neutralidad" y cumplió las tareas asignadas, como lo había hecho en su anterior trabajo en un banco. También denegó que pudiera "desconocer" lo que ocurría en ese campo. Sirvió en Stutthof entre junio de 1943 y abril de 1945, periodo al que corresponden las 10.505 muertes documentadas, del total del 65.000 presos asesinados en ese campo desde su construcción, en 1939 hasta su final. Han pasado 80 años desde entonces, pero la ley es clara y el asesinato no prescribe, según la sentencia leída por la juez Gabriele Cirener.

Huida del asilo de ancianos

La defensa de Furchner había recurrido a la primera sentencia dictada en 2021. Fue un juicio que levantó cierto revuelo mediático, ya que además la procesada protagonizó un rocambolesco intento de huida. La mañana marcada para la primera vista, Furchner tomó un taxi en la puerta del asilo de ancianos donde residía y se bajó en una estación de metro. Poco después fue detenida en el centro de la ciudad, Hamburgo, y trasladada a una penitenciaria. Unos días después se abrió de nuevo el proceso, en ese caso bajo medidas de seguridad reforzadas.

No era la primera vez que comparecía ante la justicia. Lo hizo en 1954, entonces como testigo en un juicio por crímenes del nazismo. Por entonces se casó con un exoficial del campo donde sirvió. También testificó contra quien fue su jefe, el comandante de las SS Werner Klaus Hoppe, condenado en 1957 a nueve años de cárcel.

La justicia tardía abierta con el caso Demjanjuk


El proceso contra Furchner se considera probablemente el último, por razones de edad tanto de los procesados como de los potenciales testigos, en la serie de juicios tardíos abiertos a raíz del caso de John Demjanjuk, un ucraniano condenado en 2011 a cinco años de cárcel por la muerte de unos 28.000 presos del campo de Sobibor. Por primera vez se aplicó en ese juicio el precepto de la complicidad, lo que abrió una vía hasta entonces inexplorada en los tribunales alemanes. Demjanjuk, quien había tenido una existencia tranquila en Estados Unidos, agotó todos los recursos contra su extradición a Alemania, sostenía que era víctima y no parte del aparato nazi y asistió a su proceso sin abrir la boca y postrado en una camilla.

Se procesó así a funcionarios que no tuvieron una participación directa en esos asesinatos o que tal vez nunca sirvieron junto a las "rampas de la muerte" ante el crematorio ni participaron en la selección de los presos que iban directamente a las cámaras de gas. Entre los casos más destacados estuvo el del llamado "contable de Auschwitz", el exmiembro de las SS hitlerianas Oskar Gröning, quien con 94 años fue condenado en 2015 a cuatro años de cárcel por complicidad en la muerte de 300.000 judíos.

A diferencia de Demjanjuk, Gröning, admitió su "complicidad moral" en las muertes Auschwitz, pidió perdón a supervivientes y familiares de las víctimas y lamentó no haber actuado ante unos crímenes de los que era consciente. Su trabajo consistió en incautarse del dinero y demás pertenencias de los deportados al más mortífero entre los campos de exterminio nazis. Contribuyó, por tanto, al financiamiento del Reich.

Como Demjanjuk, no llegó a ingresar en la cárcel, sino que murió unos meses después de escuchar sentencia en una residencia de ancianos. Otros muchos procesos contra presuntos "cómplices de Auschwitz" quedaron sobreseídos, por no estar en condiciones los imputados de asistir a un juicio.

Éramos tan jóvenes

 El Supremo confirma la condena a una exsecretaria de 99 años por „complicidad“ con el nazismo

Joana Serra
El Tribunal Supremo alemán desestimó las alegaciones pre
sentadas por los abogados de Irmgard Furchner, una mujer de 99 años condenada a dos años de libertad vigilada por „complicidad“ en la muerte de 10.505 confinados en el campo de concentración nazi de Stutthof. Ella tenía por entonces 18 años, de modo que se le aplica una condena ajustada al régimen de menor de edad. Y el término complicidad se debe a que no hay cargos por implicación directa en esas muertes, sino por su trabajo como secretaria de ese campo de concentración en la Polonia ocupada, en la región de Gdanks.

„El asesinato no prescribe“, recordó la sentencia del Supremo. Y los cargos de complicidad en los crímenes del nazismo se consideran vigentes. La condena es más bien simbólica, puesto que no implican el ingreso en prisión de la procesada. Aunque hubiera tenido una sentencia mayor, tampoco se habría ejecutado debido a su avanzada edad.
La decisión del Supremo alemán pone fin a un juicio que se inició en 2021, cuando la fiscalía de Itzehoe presentó acusación formal por complicidad en las muertes de esos más de 10.500 presos confinados en Stutthof en el periodo en que Furchner trabajó ahí como secretaria. Es decir, entre junio de 1943 y abril de 1945. Llegó a ese puesto con 18 años y anteriormente había trabajado en una sucursal bancaria. Para sus abogados, su trabajo en el campo nazi era „neutral“, puesto que consistia en los tareas propios de una secretaria, correspondencia y actas incluidas. La justicia de Itzehoe, como ahora el Supremo, rechazan la „neutralidad“ de su cometido y la consideran parte del aparato nazi.
Stutthof era un campo de concentración, no de exterminio como Auschwitz, relativamente pequeño. Desde su construcción en 1939 a su cierre, en 1045, tuvo unos 110.000 presos, de los cuales 65.000 murieron principalmente debido a las pésimas condiciones de vida, enfermedades, hacinamiento o hambre.

Furchner llevó una vida más o menos tranquila tras el caída del nazismo. Se casó en la postguerra con un exoficial del campo. Se la requirió como testigo para quien había sido su jefe en Stutthof, el comandante Paul Werner Hoppe, condenado a ocho años de cárcel.
Tras su jubilación se retiró a un asilo de ancianos del extrarradio de Hamburgo, donde finalmente le alcanzó la acusación formal dirigida contra ella por la fiscalía de Itzehoe. Se amparaba esta acusación en el cargo de „complicidad“, una vía inexistente durante décadas, hasta que se creó ese precedente jurídico a raíz dl juicio contra el ucraniano John Demjanjuk, condenado en 2011 en Alemania por su implicación en la muerte de 28.000 presos de Sobibor, asimismo en la Polonia ocupada.
Demjanjuk había sido guarda „voluntario“ en Sobibor, emigró tras el fin de la II Guerra Mundial a Estados Unidos y ahí fue reconocido como víctima del nazismo. La justicia alemana reclamó su extradición y, tras agotar todos los recursos contra esta, acabó juzgado en Múnich y condenado a cinco años de cárcel. Nunca admitió su culpa y asistió al proceso en silencio, desde su silla de ruedas o en camilla. Murió en 2012 en una residencia de ancianos.

Su caso abrió la vía a otros juicios tardíos similares, principalmente contra alemanes que habían rehecho su vida sin mayores problemas tras la capitulación del Tercer Reich. Entre ellos, el de Oskar Gröning, llamado el „contable de Auschwitz“, ya que su trabajo consistió en registrar la incautación de bienes, equipaje y dinero de quienes llegaban deportados al que fue el mayor campo de exterminio nazi. Gröning sí reconoció su culpa y pidió perdón en su juicio. Fue condenado a cuatro años de cárcel, aunque no llegó a ingresar en prisión.
Teóricamente, el de Furchner podría ser el último proceso de estas características. Hay tres casos abiertos, pero es dudoso que no acaben, como otros, sobreseídos por falta de testigos o por la situación del acusado.
La cuestión de hasta qué punto tienen sentido esos procesos, largos, costosos y marcados por muchas interrupciones por enfermedad, además de alegaciones de sus abogados sosteniendo que no están en condiciones de seguir el juicio, marcan la llamada „justicia tardía“ emprendida por Alemania en los últimos años. Sin embargo, prima el precepto de que el asesinato no prescribe. Se consideran, además, una alerta contra la pretensión de enterrar en el olvido los crímenes del nazismo. Solo en Auschwitz se estima que fueron asesinados tres millones de personas, en su mayoría judíos.
En el caso de la exsecretaria del campo nazi difícilmente se puede alegar incapacidad física para responder ante la justicia: en 2021 protagonizó un aparatoso intento de fuga „in extremis“, al tomar un taxi desde la residencia de ancianos donde estaba hasta el centro de Hamburgo. Ahí se subió a un metro, para poco después acabar detenida. Ocurrió la mañana en la que se la esperaba en la audiencia de Itzehoe, para proceder a la apertura de la vista contra ella. Su frustrada huida ocupó titulares de la prensa nacional e internacional. Poco después compareció en la audiencia, debidamente custodiada por la policía, en silla de ruedas y tratando de ocultar su rostro tras unas gafas de sol y una mascarilla anti-covid.

Una de submarinistas

 

El Nord Stream compromet Ucraïna

lunes, 19 de agosto de 2024

Del menguante PIB a la pujante ultraderecha


La austeridad alemana y la sombra del sabotaje del Nord Stream pesan sobre la ayuda de Berlín a Kiev



El canciller alemán, Olaf Scholz, este lunes en un acto en Bremen. / CHRISTOPHER NEUNDORF / EFE

Gemma Casadevall
Berlín 19 AGO 2024

El Gobierno de Alemania insiste, cada vez que se le reclama más apoyo a Kiev, que es el primer contribuyente de la UE en ayuda financiera y militar a Ucrania. La mera insinuación de que vaya a reducirse esta ayuda por presiones de la pujante ultraderecha fue calificada de "abominable" por el portavoz del Ejecutivo, Wolfgang Büchner.

Pero lo cierto es que el mantra del canciller Olaf Scholz, según el cual Alemania brindará "todo el apoyo y por el tiempo que haga falta" al país agredido, amenaza con resquebrajarse bajo el dogma de la austeridad de su ministro de Finanzas, el liberal Christian Lindner.

Para 2024, la partida asignada al apoyo a Ucrania será de 7.500 millones de euros, un volumen que se reducirá en 2025 a 4.000 millones de euros para descender a mínimos, 500 millones, en 2027. Las cifras fueron filtradas por el dominical del diario 'Frankfurter Allgemeine'. El viernes, los tres socios del Gobierno, socialdemócratas, verdes y liberales, pusieron fin a una de sus crisis internas al anunciar, a punto de expirar el plazo para su entrega al Parlamento, el desbloqueo de los presupuestos de 2025.

Lindner está determinado a que se respete el freno a la deuda, que impone al endeudamiento el tope del 0,35 % sobre el PIB. Ello significará recortes en prácticamente todas las partidas, entre ellas la del apoyo a Ucrania. Se contempla la posibilidad de autorizar "necesidades adicionales", si están "debidamente fundamentadas" y tras analizarlas "una a una", indicaron fuentes de Finanzas este lunes, día en que Scholz regresó a su oficina tras tres semanas en modo 'off'.

Carta filtrada

Que el ministro de Finanzas se toma en serio lo del recorte del gasto público quedó claro en la carta enviada el 5 de agosto a los titulares de Defensa, el socialdemócrata Boris Pistorius, y la de Exteriores, la verde Annalena Baerbock, advirtiendo que no pueden autorizar "medida alguna" que no tenga garantizada "su financiación" y que ésta no puede "superar el límite contemplado".

La filtración de esa carta ha sacudido la rentrée política de Scholz. Por un lado, porque revela la persistente crisis en una alianza de gobierno que desde el inicio de la legislatura exhibe públicamente sus disensos. Por el otro, porque afecta al crédito de 50.000 millones de euros prometido a Ucrania por el G7, el grupo de las siete potencias que son Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Japón y Canadá. Finanzas considera que esa ayuda se cubrirá con los intereses generados por los fondos rusos congelados, tal como decidió en su última cumbre el G7. En medios alemanes se duda de la viabilidad de esta pretensión. Se estima que desde el inicio de la invasión de Ucrania, el volumen de esos fondos congelados es de 260.000 millones de euros, de los cuales 210.000 millones estarían en manos de la UE. Para la UE, solo se pueden utilizar los intereses que generen, no los fondos en cuestión.

El extremismo prorruso reclama el fin del apoyo

Los recortes en la ayuda a Ucrania llegan en un momento complejo para el Ejecutivo germano y resto del espectro parlamentario, salvo la ultraderecha y la nueva izquierda radical. Desde las propias filas socialdemócratas de Scholz se advierte de que la perspectiva solo puede beneficiar a Moscú, en un momento en que las tropas ucranianas logran objetivos en la región rusa de Kursk.

La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), como la izquierda populista liderada por Sahra Wagenknecht, se agarran a la "trama ucraniana" recientemente revelada como implicada en el sabotaje que destruyó el gasoducto Nord Stream y reclaman el fin de los suministros a Kiev. Estas dos formaciones extremistas, identificadas como "cercanas" a Vladímir Putin, enarbolan así informaciones comprometedoras para Kiev, difundidas estos días por medios alemanes y estadounidenses. Por un lado, la orden de detención emitida por la justicia alemana contra un buceador ucraniano presuntamente implicado en la valoradura submarina que en septiembre de 2022 inautilizó el gasoducto. Por el otro, las procedentes de 'The Wall Street Journal', según el cual el presidente Volodímir Zelenski estuvo al tanto de estos planes. Alemania no debe seguir apoyando "a teóricos amigos que destruyen nuestras infraestructuras", según el líder del ala más radical de la AfD, Björn Höcke. El partido de Wagenknecht exige el fin inmediato del apoyo a Kiev.

Verano a navajazos


Alemania estudia cómo prohibir los cuchillos en la vía pública ante la alarma social por el aumento de ataques



La policía científica trabaja en la escena del ataque con cuchillo en la plaza del mercado de Mannheim, el pasado 31 de mayo. / UWE ANSPACH / AP


Gemma Casadevall
Berlin 19 AGO 2024 

Impedir los ataques premeditados a cuchilladas, sean procedentes de la delincuencia común o de presuntos terroristas, es tarea compleja. Pero por lo menos la ministra alemana del Interior, la socialdemócrata Nancy Faeser, se plantea evitar que cualquier reyerta, pelea o discusión crispada pueda derivar en el uso de un arma blanca por parte del agresor o el agredido.

"Necesitamos ejercer un control mayor sobre unas armas de acceso fácil, pero con las que se pueden cometer crímenes brutales", afirmó Faeser, al presentar su proyecto para prohibir el porte de cualquier cuchillo o navaja en la vía pública cuya hoja exceda a los seis centímetros. Para la oposición conservadora, la medida se queda corta, ya que debería prohibirse la posesión de toda arma blanca en espacios públicos.

En 2023 se registraron en Alemania unos 14.000 ataques con arma blanca, un 16% más que el año anterior. Más impactante es el aumento de lesiones físicas por cuchillos, navajas u otros objetos cortantes: hubo 8.951 lesionados, un incremento interanual del 20%.


La iniciativa del Gobierno de Olaf Scholzse produce en medio de la alarma social ante esta evolución. El espectro es amplísimo: desde ataques de trasfondo yihadista o cometidos por perturbados, individuos marginales o personas con trastornos de comportamiento, a atracos, robos u otros delitos relacionados con la delincuencia común. Sectores como el sanitario o la compañía de ferrocarriles Deutsche Bahn alertan del incremento de agresiones contra sus profesionales, sea por pacientes o sus familiares en situaciones de crispación o pánico. En el caso de los trenes, por servicios deficientes. De los gritos se puede pasar a sacar navaja, si se lleva una en el bolsillo.

Acceso extremadamente fácil

El control sobre las armas de fuego es ya complejo, especialmente en el mercado negro. El acceso a las armas blancas, sean navajas o cuchillos de cocina, es extremadamente fácil. Se pueden adquirir en cualquier centro comercial, ferretería o supermercado.

En recintos como las piscinas públicas hay desde hace dos años controles rigurosos en el acceso, con el registro sistemático de bolsas. Se procede a la retirada de cualquier elemento cortante, inclusive un cuchillo para cortar la fruta o preparar el bocadillo. La medida responde a los frecuentes tumultos que se registraban en las piscinas abarrotadas en verano y que llegan a derivar en batallas campales. Aun así, no hay fin de semana en que no se registre un altercado, con intervención de la policía cuando el personal de vigilancia se reconoce desbordado.

El plan para prohibir llevarlas en público tiene una perspectiva política también. La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), segunda fuerza desde las pasadas elecciones europeas, insiste en que la mayoría de los ataques o delitos con arma blanca proceden de población de raíces extranjeras o migrantes irregulares. La policía suele obviar en sus comunicados el origen de las personas involucradas en estas situaciones para evitar una estigmatización por cuestiones de origen. En algunos 'Länder', como en la populosa Renania del Norte-Westfalia, se opta sin embargo por detallar si son o no de nacionalidad alemana. Sí refleja la estadística policial que entre un tercio y la mitad del total de delitos con arma blanca son cometidos por personas con orígenes no alemanes. Uno de cada cuatro ciudadanos del país tiene algún tipo de raíces extranjeras.

La muerte de un policía de 29 años en Mannheim, víctima del ataque a cuchilladas cometido por un afgano de 25 años contra un mitin ultraderechista a finales del pasado mes de mayo, sirve de abono para los argumentos de la AfD. Lo mismo ocurre con otros ataques recientes a cuchilladas cometidos por refugiados o migrantes irregulares a los que no se logra expulsar del país por razones humanitarias o burocráticas.

La importancia del apellido




Birkenstock, el culebrón del Rin y unas sandalias indestructibles



Los hermanos Alex y Christian Birkenstock. / MICHAEL TINNEFELD

Gemma Casadevall
Berlín 19 AGO 2024 

Cualquier sello que presuma de tradición sitúa sus orígenes lo más alejados en el tiempo posible. Este es el caso también de Birkenstock, las sandalias más inequívocamente "made in Germany“, aunque algunos tal vez no las descubrieron hasta que las vieron en los pies de la Barbie de Margot Robbie. O cuando el actor John Cena salió a anunciar un Oscar, casi desnudo, pero convenientemente calzado con sus Birkenstock.

La leyenda de las robustas sandalias, que de zapatones para personal sanitario, jubilados, o 'ecos' alemanes pasaron a conquistar al fundador de Apple, Steve Jobs, arranca oficialmente de 1774. De ese año consta en los archivos eclesiásticos de Langen-Bergheim, una población del oeste de Alemania con actualmente 1.186 habitantes, el nombre de un zapatero llamado Johann Adam Birkenstock. Era, en realidad, el continuador en el oficio de su padre, Johannes.

Un nieto del fundador, Konrad, abrió un primer taller de calzado ortopédico en 1896; 30 años después patentó una versión algo rústica de la plantilla, considerado el fundamento de su legendaria suela con la huella del pie. El elemento básico que convierte esa sandalia en una experiencia única. Quienes solo reconocen las Birkenstock por su aspecto, las relacionan con sus tiras con gruesas hebillas sobre la gruesa capa de corcho y látex en la que reposa esa 'huella'. Sus usuarios más fieles se comportan como devotos adoradores que rechazan cualquier imitación.


Al año 1774 corresponde el certificado de nacimiento dinástico de la exitosa marca de apellido alemán. De ahí surgieron unas sandalias que parecían destinadas a la ortopedia para abuelos. Pero firmas como Valentino o Dior y modelos como Kate Moss y Heidi Klum las adoptaron e incorporaron a sus colecciones. Hoy prácticamente no hay 'dress code' que se les resista.

Entre esa fecha remota de sus orígenes y su actual aceptación global han discurrido 250 años. Pero dos son los momentos álgidos que definieron su presente: el bloqueo recíproco entre tres herederos del patriarca Karl Birkenstock y el capítulo en que la familia entrega el negocio operativo al hiperenergético empresario Oliver Reichert, quien convertirá una estructura diversificada en 38 empresas en el imperio que finalmente adquirió el multimillonario francés Bernard Arnault, propietario del mayor holding de artículos de lujo del mundo.

Las intrusas sandalias anticelulíticas

Karl Birkenstock pertenecía a la quinta generación de zapateros. Su padre, Carl, había tratado de extender el negocio durante el nazismo, pero sin éxito. Ello evitó a esa empresa familiar caer tras la capitulación del Tercer Reich en la órbita de la industria colaboradora a la que Adolf Hitler entregó sus trabajadores forzosos. Karl levantó la casa, sin perder la estructura familiar. Bajo su gestión se lanzó en 1963 la primera colección de sus ahora legendarias sandalias. Pero cometió uno de esos errores típicos en tantas otras empresas familiares alemanas: al jubilarse, fraccionó el consolidado negocio entre sus tres hijos, Stephan, Alexander y Christian. Los tres se habían incorporado a la empresa siendo aún adolescentes en los 80. Una década después, su padre les transfería las riendas.

Stephan, de caracter cauteloso, pretendía orientar su parte en el negocio con mentalidad conservadora. Sus dos hermanos menores buscaban el gran mercado. El conflicto entre los tres acabó en ruptura y venta, ya en 2012, de la participación de Stephan a sus hermanos. El precio de la operación se estimó en 100 millones de euros. Por entonces, Christian había colocado al frente del negocio operativo a Reichert, a quien había conocido en una estación de esquí y confiado sus problemas familiares.

Christian protagonizó, a su pesar, un capítulo que en los medios alemanes se conoció como 'El Dallas del Rin', el río sobre el que se levanta el hermoso castillo de Ockenfels, su casa. Ahí se desarrolló una aparatosa trifulca precipitada por la usurpación del apellido por parte de su esposa, Susanne Birkenstock. Tras divorciarse, había lanzado una propia línea de calzado "saludable“ llamada 'Beautystep'. Conservaba el apellido de casada, lo que unido a una campaña publicitaria engañosa le sirvió de catapulta para una línea de calzado que, aseguraba, ayudaban a combatir la celulitis. Los Birkenstock auténticos no querían saber nada del asunto.

Lo que empezó como una exitosa operación de una mujer joven y emprendedora, elogiada en medios económicos como una "prometedora empresaria“, acabó en tribunales. El siguiente paso fue la insolvencia de la compañía que llevaba sus iniciales, SB International, en 2005.

A ese litigio en torno al apellido Birkenstock se sumó el choque de los tres hijos del patriarca Karl y el abandono del negocio de Stephan. El desembarco como jefe operativo del vigoroso Reichert, en 2009, fue el inicio de una etapa de cúpula bicéfala junto a otro empresario, Markus Bensberg. Poco después, Reichert se convirtió en mandamás en solitario.

El apellido sobrevive a los cismas familiares

La historia de Birkenstock como empresa de gestión familiar termina definitivamente en 2021, 247 años después de su acta de nacimiento. La sociedad L. Catterton, perteneciente a Arnault y su compañía LVMH, adquirió la participación mayoritaria de las sandalias. La marca Birkenstock quedó emparentado con otros sellos controlados directa o indirectamente por Arnault, como Louis Vuitton, Dom Pérignon o Tiffany. El precio estimado de la operación se sitúa en casi 5.000 millones de euros.

Dos años más tarde, las Birkenstock salieron a bolsa en Nueva York. Para entonces se había revalorizado hasta saltar a entre 6.000 y 10.000 millones de euros. El salto bursátil fue un descalabro que ni siquiera la energía de Reichert ha conseguido revertir. Pero ello no afecta a la buena salud de las legendarias sandalias.

El histórico primer modelo 'Madrid' o su continuador 'Arizona' -con una o dos hebillas, respectivamente- en espartamos tonos marrones o demás variaciones en piel natural llevaban unas décadas cediendo protagonismo en las zapaterías a equivalentes en fucsia, rojos brillantes y hasta dorados. Una aberración, tal vez, para los devotos de la estricta suela de corcho. Pero también la plataforma de los Birkenstock hacia el éxito planetario. Se abrió la veda asimismo a otros modelos, además de los clásicos. Y se cruzó la frontera de lo prohibido, al incorporar parientes en plástico probablemente pensando en el mercado chino.

En 2014, la empresa había notificado una facturación por 273 millones de euros, según datos de Statista. En 2020 la había más que doblado hasta los 730 millones de euros. En 2023 alcanzó los 1.240 millones. Las míticas Birkenstock a 50 euros han pasado a ser una leyenda urbana, aunque sus clásicas 'Madrid' o 'Arizona' aún pueden encontrar online a menos de 100 euros.

Conservan el sello 'Made in Germany' y su central está en Linz am Rhein, junto al Rin. Oficialmente se venden unos 30 millones de pares al año. Se las sigue conociendo por su apellido, aunque la familia ya no maneje el negocio. A sus dueños les conviene mantener el sello de identidad alemén. Y Christian Birkenstock, uno de los hermanos con participación minoritaria en el negocio, sigue disfrutando de lo que generan desde su castillo con vistas al Rin.

Oído cocina

El döner, una disputada señal de identidad berlinesa

Joana Serra

Que el döner es el tentempié más esencialmente „berlinés“ que existe es algo que no le discuten ni siquiera los fanáticos de la currywurst, la salchicha en salsa picante y generalmente acompañada de „frites“ -patatas fritas- que sirven en cualquier „Imbiss“ o puesto de comida rápida alemán. La convivencia entre ambas fórmulas es armónica, como lo demuestra la estrecha vecindad entre sus respectivos bastiones o puntos de venta más populares de Berlín, el „Curry 36“ y el „Mustafas Kebab“. Ambos comparten una misma acera en Mehringdamm, una de las avenidas que atraviesan el multiétnico barrio de Kreuzberg. Y ambos están recomendados como puntos de visita obligada en todas las guías turísticas de la ciudad. Lo que implica tener que guardar considerables colas para hacerse con uno u otro bocado, a cualquier hora del día, de la noche o entrada la madrugada.
Al döner no le estorba el olor de la currywurst vecina ni tampoco hay quejas en sentido inverso. Pero desde hace cierto tiempo se habla en Berlín de la „guerra del döner“, tanto en lo que respecta a su precio como a la disputa que mantiene con el país del que es originario, Turquía.
Todo empezó con la pretensión de la llamada Federación Internacional del Döner, Udofed, de reclamar de Bruselas la denominación de „especialidad tradicional garantizada“ con criterios estrictos sobre sus ingredientes. Para el organismo con sede en Ankara no se puede servir bajo el nombre de döner cualquier tipo de carne cortada en finas lonchas desde un asador vertical giratorio, por mucho que el arte de cortarla le sirva al establecimiento de reclamo turístico. Tampoco que se la aderece con cualquier especia, a criterio del dueño del establecimiento.
La iniciativa turca hizo saltar las alarmas entre los germano-turcos. Es la comunidad de origen extranjero más populosa de Alemania, con más de 3,5 millones de ciudadanos, entre los ya nacionalizados como alemanes y los que conservan su pasaporte turco.
Frente a la pretensión de la Udofed de que el origen del döner se remonta al Imperio Otomano, lo que Ankara documenta en manuscritos datatos de 1546, la capital alemana reivindica que su inventor fue un tal Kadir Nurman. Es decir, uno de los migrantes turcos llegado con las oleadas de trabajadores extranjeros que recibió Alemania entre 1960 y 1970. Así consta en la web oficial de la ciudad-estado y capital alemana: „Kadir Nurman fue el primero en poner carne de ternera sobre pan chato en 1972. Inventó el döner kebab, la versión tan popular y adorada en Alemania”.
Supuestamente, a este „Gastarbeiter“ o „trabajador visitante“, como se llamó durante décadas a los migrantes turcos, griegos, italianos, portugueses o españoles, corresponde la autoría de la versión berlinesa del döner. Era una fórmula de comida económica y rápida, ya que se consumía de pie o sentado en el bordillo de la acera, como hacen ahora jóvenes y no tan jóvenes, berlineses o gente de paso.
La idea de Udofed atenta contra la soberanía berlinesa sobre esa señal de identidad y práctica modalidad de comida rápida que, además, se ha diversificado en múltiples variantes. Es decir, con carne de ternera, de pollo, de cordero o, por qué no, en formato vegano. El popular „Mustafá“ se anuncia ya como „kebab vegetal“. Entre las razones de su secreto del éxito están la versatilidad y la capacidad de adaptación.
La cuestión llegó al ámbito institucional de la mano del ministro de Agricultura y Consumo, Cem Özdemir, del partido de los Verdes, vegetariano y el político más destacado de la comunidad germano-turca alemana. „El döner forma parte de Alemania. Cada uno puede decidir cómo se prepara o se come“, afirmó Özdemir, nacido en Alemania pero hijo de un matrimonio de migrantes, quien en 1994 se convirtió en el primer diputado de origen turco del Bundestag (cámara baja del Parlamento). Para el ministro, más allá de problemas de identidad, la pretensión de Ankara es una afrenta o hasta un peligro para la supervivencia de estos establecimientos. En Alemania hay 18.000 puestos de döner, 1.600 de los cuales en Berlín. Se estima que solo Alemania copa el 80 % de ese mercado en toda la Unión Europea (UE).
Diversidad o lealtad a la fórmula original, ese es uno de los dilemas que rodea la „guerra del döner“. El otro gran problema es la explosión de precios, derivada de la masificación turística, la inflación y también las secuelas dejadas por la pandemia, cuando durante meses en Alemania solo quedaron abiertos los puestos de comida a pié, fueran „Imbiss“, Kebabs, pizzas, etc. El döner abandonó el territorio de los precios populares que lo catapultaron a la categoría de comida preferida por casi todos. Si hace un par de años, comerse un último döner de camino a casa tras una fiesta costaba unos 3,5 euros, o 5 en los barrios noctámbulos de copas, ahora se pagan unos 8 euros, incluso 10. De la inflación de 2022, cuando la crisis energética disparó los precios hasta un 10 % interanual, se regresó a niveles considerados razonables, sobre el 2,5 %. Pero, como en tantas otras cosas, lo que la inflación dispara en un momento dado ya no baja después, superado el repunte.
Al canciller Olaf Scholz se le ha apremiado a establecer un „tope“ al precio del döner. El jefe del tripartito del gobierno alemán, formado por socialdemócratas, verdes y liberales, suele encajar con un gesto de ironía esta pregunta reincidente, sea en foros de encuentro con sus ciudadanos o a través de su cuenta en instagram. „Vivimos en una economía de mercado. Los precios los marca la oferta y la demanda“, recordó recientemente a un adolescente, que le pedía un tope, por ley, entre los 3 y los 3,5 euros por unidad.

sábado, 17 de agosto de 2024

Love Parade reloaded

Berlín se reivindica como capital del techno con una rave multitudinaria



'Rave the Planet', la fiesta que sucede a la 'Love Parade' y pone a bailar a Berlín

Gemma Casadevall

"Defendamos la cultura techno", fue el mensaje inaugural del Dr. Motte, el DJ impulsor de la emblemática 'Loveparade', de nuevo encaramado en un 'float', como se denominan los camiones equipados con poderosa megafonía y difusores de la música electrónica por el corazón de Berlín. La gran fiesta del techno berlinés no atiende ya a la denominación de 'Loveparade', sino que ha sido rebautizada como 'Rave the Planet'. El listón de asistencia no está ya en el millón y medio de almas danzantes entre la Puerta de Brandeburgo y la Columna de la Victoria, la cifra mágica y probablemente más simbólica que real que alcanzó la fiesta a mediados de los 90. Para el 'Rave The Planet' de este sábado de agosto se esperaba a 300.000 asistentes. Una cifra bastante realista, teniendo en cuenta la extensión horaria prevista -de las 14.00 del mediodía a las 22.00- y el recorrido de 1,9 kilómetros, en doble dirección.

"El techno es inclusivo. No importa la edad, ni es preciso tener un cuerpo escultural ni tampoco estar especialmente dotado para la danza. Se trata de dejarse llevar. El amor es más fuerte", aseguraba a El Periódico Nico Pusch, uno de los DJ del 'float' número 12, llamado 'Climax and Pride'. 'Love is stronger', el amor es más fuerte, era el lema de la fiesta. Circulaban por ese recorrido un total de 30 de esos camiones, con 300 DJ, desde el del máximo líder, Dr. Motte, al último, denominado 'Kollective Obsessión'.

Acceder a uno de ellos y bailar con la multitud a tu pies costaba entre 100 y 150 euros. Disfrutar de la fiesta desde abajo, como la mayoría, es gratis. Con ese espíritu de fiesta multitudinaria, al aire libre y gratuita la creó Dr. Motte, o Matthias Roeing, su nombre civil. Su primera edición fue en 1989, unos meses antes de la caída del muro que dividió Berlín. Entonces atrajo a un centenar de fieles bailando tras una furgoneta con un par de altavoces. A partir de ahí empezó a crecer hasta llegar a su apogeo a finales de los 90, convertida en nueva seña de identidad del Berlín joven y liberado.

Dr. Motte, con 64 años, sigue siendo el líder indiscutible. Algunos de los cuerpos danzantes desplegados ante él son coetáneos o inclusos mayores, que comparten la fiesta que gente que podrían ser sus nietos. No importa la edad ni el atuendo. En el 'Rave the Planet' conviven estéticas heavy metall con peluches de colorines, cueros, mallas, tutús, corsés, bikinis o taparrabos y atuendos muy parecidos a los que desfilan en cualquier parada del Pride.
Decadencia, tragedia y revitalización

La 'Loveparade' original entró en decadencia a principios del 2000. El concepto parecía agotado. Se acumularon además los problemas por las toneladas de basura que dejaba cada edición en el gran pulmón verde por el que discurre, el Tiergarten. El Dr. Motte acabó vendiendo la marca 'Loveparade' a terceros. La fiesta dejó la capital para buscar otros escenarios. La estocada final sobrevino con la tragedia de la 'Loveparade' en 2010, en que la acogió la sobreendeudada ciudad de Duisburgo. 21 muchachos murieron asfixiados al desatarse el pánico entre la multitud, aprisionada en el único túnel previsto para acceder al recinto..

La 'Loveparade' quedó estigmatizada por la tragedia. Parecía además que el cultura del techno se había agotado y que no levantaría cabeza. El cerrojo por la restricciones de la pandemia puso a prueba la supervivencia de sus templos más emblemáticos, como las discotecas Tresor o Berghain.

No se cumplieron los malos augurios. El 'Rave the Planet' llegó este agosto a su tercera edición con el sello de 'manifestación política' -entendiendo por político el amor universal e inclusivo-. Ello la libera de las cargas de la recogida de basura y le facilita además apoyo institucional. Cuenta con el espaldarazo de las autoridades berlinesas, que principios de año reclamaron para la 'Technokultur' la inclusión en el patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO.

Mientras Berlín se revitaliza como capital del techno, Múnich se ha erigido este verano en feudo alemán del pop. Ahí se han concentrado las megaestrellas, desde Taylor Swift a Adele, que ofrece diez conciertos en un estadio construido especialmente para ella, o Coldplay. No hay nombre que se resista a la capital bávara. A Berlín, en cambio, parecen esquivarla a propósito los organizadores de este tipo de eventos.

Un factor equipara, sin embargo, a Múnich con Berlín: la pasión por concentrarse en fiestas al aire libre y gratuitas. Cada uno de los conciertos en la capital bávara de las superestrellas ha concentrado en sus inmediaciones a multitudes de hasta 50.000 asistentes. El lugar más frecuentado es la montaña vecina a su estadio olímpico, donde han tenido lugar los conciertos de esas superestrellas. Cada una de esas citas convierte la colina y sus praderas en un pícnic donde los fans cantan y bailan al son de las piezas de sus ídolos, más o menos audibles a distancia. Es otra forma de 'ser un Twiftie', en este caso sin entrada.

viernes, 16 de agosto de 2024

Tregua estival


La coalición de Scholz pacta 'in extremis' el Presupuesto de 2025 y mantiene el freno a la deuda




El canciller Olaf Scholz (centro), el ministro de Asuntos Económicos, Robert Habeck (derecha), y el de Finanzas, Christian Lindner, en una imagen de julio de 2024. / Kay Nietfeld / DPA via AP

Gemma Casadevall
Berlín 16 AGO 2024 

El tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales del canciller Olaf Scholz logró superar su disenso en torno a los presupuestos de 2025, con un acuerdo 'in extremis' que, además, permitirá respetar el freno a la deuda, un principio irrenunciable para el ministro de Finanzas, Christian Lindner. A escasas horas de cumplirse el plazo para cursar el proyecto de ley a las cámaras baja y alta (Bundestag y Bundesrat, respectivamente), el portavoz del Gobierno, Steffen Hebestreit, anunció este viernes que se había alcanzado un acuerdo entre las delegaciones de los tres partidos coaligados.

"El precepto del freno a la deuda se mantiene y no habrá desviaciones", aseguró el portavoz de Scholz. El plazo para tramitar el proyecto de ley al Parlamento expiraba la medianoche de este viernes. En medios alemanes se cruzaban los comentarios acerca del persistente disenso entre el ministro de Economía y Protección del Clima, el verde Robert Habeck, y el titular de Finanzas y líder del Partido Liberal (FDP).


Lindner, vencedor

Que el comunicado de Hebestreit haga hincapié en el mantenimiento del freno a la deuda da a Lindner rango de vencedor en la pugna interna. Queda por ver, sin embargo, cómo se resolverá el agujero presupuestario de 12.000 millones de euros, que teóricamente deberá quedar en 4.500 millones en virtud de la evolución económica o los proyectos que no llegen a implementarse en el año en curso.

Originariamente, el agujero "reconocible" cuando se presentó el primer esbozo, a principios de julio, se estimó en 17.000 millones. Entonces se calculó que podría bajar a 9.000 millones o incluso a 5.000 millones, de aplicarse un recorte general del gasto público propugnado por los liberales. Pero ello contrariaba tanto a los Verdes como al Partido Socialdemócrata (SPD) de Scholz, ya que habría implicado recortes en ayudas a la familia y en subsidios básicos, que de por sí están a mínimos.


Nuevo curso político

El acuerdo anunciado por el portavoz garantiza cierta paz a Scholz, quien el lunes se reincorporará a su mesa de trabajo tras tres semanas de vacaciones. En ese receso no estuvo tampoco del todo en 'off'. El primero de agosto compareció ante los medios para informar de la “aportación alemana” al histórico intercambio de prisioneros entre Estados Unidos y Rusia -es decir, la entrega a Moscú de un sicario ruso condenado por asesinato de un opositor checheno en Berlín-. Al margen de esta intervención, estuvo en permanente contacto con sus dos ministros clave para tratar de desbloquear los presupuestos de 2025, Habeck y Lindner.

Desde el inicio de la legislatura, en 2021, Habeck y Lindner vienen exhibiendo sus diferencias en lo político, ideológico, económico y hasta personal. Habeck ha sacrificado muchas aspiraciones verdes en medio de la crisis energética precipitada por la guerra en Ucrania -y el adiós acelerado al gas barato ruso-. Lindner ha defendido a muerte la joya de la corona de su ideario: el freno a la deuda, el instrumento constitucional que limita el endeudamiento a un máximo 0,35 % del PIB. Durante cuatro años quedó en suspenso, ya que la Constitución lo permite ante emergencias como la pandemia y los estragos económicos que se le derivaron. Para 2025 no habrá perdón, sostiene Lindner, mientras que Habeck insiste en reformar ese instrumento constitucional que, para los Verdes, es obsoleto e impide la recuperación económica. Alemania cerró 2023 en recesión y que volvió a registrar una contracción del PIB en el segundo trimestre.

Scholz, Lindner y Habeck habían anunciado ya un primer esbozo de su acuerdo en julio. Comparecieron entonces cansados, pero sonrientes, tras 80 horas de reuniones, repartidas en 23 sesiones. El volumen total era de 480.000 millones de euros, con un nuevo endeudamiento de 44.000 millones de euros. Poco después surgieron las advertencias de los expertos económicos, que consideraron “irrealizable” el proyecto sin saltarse la norma del freno a la deuda.
La línea roja liberal

El factor clave en los disensos del tripartito es el freno a la deuda. Socialdemócratas, verdes y la mayoría de los expertos económicos recomiendan su reforma o incluso su abolición. Argumentan que Alemania necesita renovar infraestructuras esenciales, red de ferrocarriles, autopistas y hasta Defensa, lastrados por décadas de austeridad.

Para Lindner, eso es una línea roja. El ministro de Finanzas está ya encarrilando la campaña de su partido para las generales. Los pronósticos son pésimos para el tripartito, pero especialmente para los liberales: a los socialdemócratas se les sitúa en tercera posición en intención de voto, con un 15 %. El primer lugar es para la oposición conservadora, con el 30 %, y el segundo para la ultraderecha, con un 18 %. Los verdes caerían al 12 % y los liberales están en la cuerda floja del 5 %, mínimo para obtener escaños. Lindner debe defender su perfil político y, a su parecer, este depende de la defensa del freno al gasto público.  

Descontrol

Berlín anuncia mano dura frente a los bloqueos de aeropuertos por activistas medioambientales

Joana Serra
Este 15 de agosto fueron cuatro los aeropuertos alemanes afectados por las acciones del activismo medioambiental de la llamada Letze Generation, „Última Generación“. Tuvieron una resonancia menor en el tráfico aéreo, porque se produjeron de madrugada o a primeras horas de la mañana en los aeródromos Berlín, Colonia/Bonn, Núremberg y Stuttgart y los protagonizaron grupos asimismo reducidos de activistas, que fueron rápidamente desalojados por las fuerzas de seguridad.
Pero el gobierno alemán ha advertido de que se actuará con contundencia ante unos delitos que no pueden considerarse „menores“, porque afectan a la seguridad aérea en unos momentos de máxima movilidad y actividad turística. El 15 de agosto no es festivo en toda Alemania -aunque sí en Baviera- ni tampoco una fecha tradicional para el retorno con el fin de las vacaciones. Pero como el resto del mes hay una gran afluencia de pasajeros que emprenden vacaciones o regresan de éstas.
„Son acciones criminales estúpidas“, afirmó la ministra del Interior, la socialdemócrata Nancy Faeser, a través de su cuenta en X. Los activistas medioambientales buscan „el caos“ y arriesgan no solo sus propias vidas, sino las de muchas otras personas, principalmente pasajeros.
Su departamento se propone atajar la cuestión con un endurecimiento de las penas previstas. Las acciones del activismo medioambiental en instalaciones sensibles como los aeropuertos son consideradas „alteraciones graves del orden público“ y podrán ser castigadas con penas de hasta dos años de cárcel, inclusive si se trata de tentativas que no llegan a materializarse por la rápida acción de las fuerzas policiales. Hasta ahora, los bloqueos o actos de protesta sobre las pistas de los aeropuertos acarreaban detenciones preventivas y sanciones. La nueva regulación impulsada por Faeser superó la aprobación en Consejo de Ministros, pero debe completar el trámite parlamentario.
Al margen de las medidas impulsadas por la coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales del canciller Olaf Scholz, las acciones del movimiento de la „Ultima Generación“ han puesto de relieve las lagunas de seguridad en esas instalaciones. Este jueves, fueron apenas entre dos y siete los activistas que penetraron en cada uno de los recintos de los cuatro aeropuertos.
Lo lograron simplemente rompiendo o practicamendo un agujero en una de las vallas, teóricamente vigiladas día y noche. Y no trataron de alcanzar las pistas de aterrizaje o despegue, sino que se quedaron en zonas adyacentes. Con ello pretendían subrayar el carácter pacífico de sus acciones, cuyo propósito es lograr el abandono de los combustibles fósiles hasta el 2030. Su impacto en el tráfico aéreo no adquirió las dimensiones de lo ocurrido unas semanas atrás en el aeropuerto de Fránkfurt, donde durante horas se suspendió toda la actividad y llegaron a cancelarse unos 400 vuelos -es decir, más de una cuarta parte de los programados ese día-.
El ministerio del Interior emprendió negociaciones con los responsables de los principales aeropuertos para lograr de éstos un mayor compromiso con su seguridad a través de personal privado. Las empresas gestoras rechazan estas propuestas, con el argumento de que estas acciones tienen su origen en protestas sociales, medioambientales o políticas que exceden a sus dominios. Reclaman del gobierno mayores inversiones y recursos en materia de videovigilancia, vallas y resto de equipamientos precisos para estas infraestructuras esenciales.

jueves, 15 de agosto de 2024

Submarinistas sin fronteras


La sospecha de una 'trama ucraniana' contra el Nord Stream salpica a Zelenski



El presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky, en una imagen de archivo. / Europa Press /Thomas Krych
Gemma Casadevall
Berlin 15 AGO 2024 

¿Estuvo al tanto el presidente Volodímir Zelenski de una supuesta 'trama ucraniana' para hacer estallar el gasoducto Nord Stream o incluso dio el visto bueno a esos planes? Desde Kiev se rechaza categóricamente toda implicación en el sabotaje que en 2022 inhabilitó el gasoducto germano-ruso, siete meses después del inicio de la invasión rusa sobre Ucrania. Pero la mera sospecha de esos vínculos ha hecho ya saltar los primeros apremios europeos sobre Zelenski y a condicionar el futuro de la ayuda a Ucrania frente a Moscú.

A la noticia de este miércoles, de que la justicia alemana emitió una orden de detención contra un buceador profesional ucraniano, residente en Polonia, como presunto implicado en el atentado, han seguido informaciones del 'Wall Street Journal' (WSJ), según las cuales el plan nació de una ronda con abundantes dosis alcohol entre oficiales ucranianos, en mayo de 2022. Siempre según estas informaciones periodísticas, a alguno de los presentes se le ocurrió que convenía dar un golpe radical, como sería la destrucción del gasoducto construido para transportar gas ruso a Europa. Cuatro meses después, el 26 de septiembre, los sismógrafos escandinavos captaron tres fuertes explosiones en aguas del Báltico. El Nord Stream 1, en servicio desde 2011, y el Nord Stream 2, por entonces recién terminado, pero aun sin licencia, quedaron inutilizados.

Imagen del impacto en la superficie del mar que produjo el sabotaje contra el Nord Stream 2, en septiembre de 2022. / Photo by Handout / DANISH DEFENCE / AFP)

Según la reconstrucción de WSJ, el presidente Zelenski llegó a autorizar esa operación. Posteriormente, advertido de que la CIA estaba al corriente de los planes, habría tratado de detener su ejecución. Pero aparentemente los oficiales implicados en la trama siguieron adelante.

Desde el Gobierno de Países Bajos, uno de los fuertes contribuyentes europeos a la ayuda militar a Ucrania, se han pedido ya explicaciones a Kiev. "¿Puede indicarnos si son correctas esas informaciones?“, preguntó el ultraderechista Geert Wilders, líder del Partido de la Libertad (PVV), a través de su cuenta en twitter. El PVV es la fuerza dominante en la coalición que gobierna en La Haya. Wilders renunció a tratar de ser su jefe del Gobierno por imperativo de sus aliados, pero se considera que maneja sus hilos desde su posición de jefe del PVV, el partido vencedor las elecciones parlamentarias de 2023.

El PVV de Wilders está en la órbita de los partidos prorrusos de la familia ultra europea. En su campaña electoral se comprometió a cortar la ayuda a Ucrania. Tras su victoria se retractó, necesitado de atraerse a socios del centroderecha que condicionaron su apoyo al mantenimiento de la ayuda a Kiev. El compromiso con Ucrania forma parte, además, del ideario atlantista del exprimer ministro y próximo secretario general de la OTAN, el liberal Mark Rutte, quien en octubre relevará al noruego Jens Stoltenberg. "El Gobierno ucraniano debe aclarar si está detrás del ataque. Esto puede tener graves consecuencias“, insistió Wilders en el documento colgado en X. Desde la oficina presidencial ucraniana se ha rechazado de nuevo toda implicación en el sabotaje, según recoge la agencia Reuters, y se ha señalado a Moscú como responsable.

El WSJ presenta un detallado relato de cómo se habría fraguado el sabotaje. Esas informaciones siguen a las difundidas el miércoles por tres medios de referencia alemanes -la televisión pública ARD, el diario 'Süddeutsche Zeitung' y el semanario 'Die Zeit'- centradas en la orden de detención contra el instructor en submarinismo identificado como Volodímir Z. Sería el ucraniano al que captó un control de velocidad por radar en el interior de un coche y que luego se embarcó en el yate Andrómeda junto a otros dos compatriotas, entre ellos una mujer, en el norte de Alemania. Desde esa embarcación habrían preparado sus explosivos y cometido el sabotaje.

Al buceador ucraniano, del que en medios alemanes se han difundido varias fotografías, se le relaciona con una escuela de submarinismo en Polonia, donde residía. La orden de detención se cursó en junio. Pero el ciudadano no ha sido detenido, sin que hasta ahora se sepa por qué Polonia no atendió a la orden del Fiscal general alemán.

No hay valla que se les resista

Activistas climáticos irrumpen en los aeropuertos alemanes de Berlín, Colonia/Bonn, Stuttgart y Núremberg | 



Una protesta climática de Last Generation paraliza la actividad en varios aeropuertos alemanes
 Gemma Casadevall

El activismo climático de la llamada 'Letzte Generation -Última Generación'- irrumpió este jueves 15 de agosto en varios aeropuertos alemanes, entre ellos el de Berlín y el de Bonn/Colonia, además de Núremberg y Stuttgart/Karlsruhe. Además de afectar a la actividad aérea y derivar en algunas cancelaciones en las primeras horas de la mañana, la campaña sacó de nuevo a la luz la vulnerabilidad de esas infraestructuras esenciales. El 15 de agosto no es en Alemania una jornada „clásica“ de relevo veraniego para todo el país, ya que las vacaciones escolares se escalonan para evitar parones a escala nacional. Pero sí causa alerta en unas semanas que gran movilidad turística.
Fueron acciones protagonizadas por un número reducido de activistas -tres en Colonia y dos en Berlín-. En el caso de la capital, lograron penetrar en el recinto aeroportuario sobre las cinco de la madrugada, practicando un agujero en una valla, tras lo cual se pegaron en una pista. Fueron desalojados poco después por las fuerzas policiales, lo mismo que ocurrió en los restantes aeropuertos. Era la cuarta jornada desde el inicio de las vacaciones alemanas en que miembros de este movimiento lograron "colarse" en estas instalaciones hasta afectar parcialmente el tráfico aéreo. Su campaña pretende concienciar contra los combustibles fósiles, cuyo abandono total exigen se consume en 2030. La más espectacular fue la que llevaron a cabo hace tres semanas en el aeropuerto internacional de Fránkfurt, el de mayor tráfico del continente, que obligó a cancelar 400 vuelos. Le siguieron acciones similares en Düsseldorf y, de nuevo, en Berlín. Las autoridades aeroportuarias optaron por suspender la actividad hasta que las fuerzas policiales lograron poner fin a sus bloqueos.
Al margen de la aparatosidad de esos operativos, las molestias de los pasajeros y familias que parten o llegan de vacaciones, así como la creciente impopularidad de este movimiento medioambientalista, sus acciones ponen de relieve la relativa facilidad con que se accede a zonas teóricamente de máxima seguridad. Los activistas detenidos afrontan procesos por alteración del orden público y de la seguridad aérea que pueden conducir a condenas de dos años de prisión, inclusive si queda en grado de tentativa, de acuerdo al endurecimiento de las leyes anunciado por la ministra del Interior, Nancy Faeser.
La alarma por la vulnerabilidad de estas infraestructuras esenciales va en aumento en un verano salpicado de noticias en esa dirección. Los activistas climáticos logran colarse en aeropuertos internacionales a través de agujeros existentes o practicados en vallas de protección. La cuestión es que puede ocurrir si, en lugar de ecologistas, se cuelan miembros de organizaciones extremistas alemanas u otros radicales.

Los sabotajes, un azote con múltiples brazos


La palabra sabotaje está en el orden del día en Alemania. Ocupa sus titulares tanto en relación a los atentados que en 2022 inhabilitaron el gasoducto germano-ruso Nord Stream destinado a transportar gas ruso a Europa, como las sospechas de contaminación del agua de dos cuarteles alemanes o los ataques contra la red ferroviaria.
Una orden de detención emitida el pasado junio contra un buceador ucraniano, pero revelada ahora por investigaciones periodísticas, ha dado un vuelco a la atascada investigación en torno a las explosiones submarinas que destruyeron el gasoducto en septiembre de 2022. Es decir, siete meses después del inicio de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Es un nuevo capítulo en la busca de la autoría de un sabotaje contra unas infraestructuras esenciales.También así saltó la palabra vulnerabilidad, aplicada a un megaproyecto energético submarino bajo el Báltico.
La red ferroviaria alemana sacó a la luz sus vergüenzas en la pasada Eurocopa, al constatar los millones de visitantes extranjeros del torneo su alto grado de ineficiencia, algo impropio de una potencia económica como Alemania. Nada nuevo para los ciudadanos del país, sufridos usuarios de una compañía, la Deutsche Bahn, cuyas estadística oficial admite que uno de cada tres trenes llega con retraso. A esos fallos se unen una serie de sabotajes atribuidos inicialmente al radicalismo izquierdista, aunque no se ha comprobado su autoría. Hasta ahora se han producido ataques contra el transporte público en Berlín y en localidades del populoso "Land" de Renania del Norte-Westfalia.
La penúltima sospecha de sabotaje afectó al miércoles a dos cuarteles, uno en Colonia y otro en Gelsenkirchen, ambos asimismo en la región renana. En el de Gelsenkirchen están estacionados soldados de la OTAN. La alarma saltó el miércoles, con el acordonamiento de ambos recintos y el temor a que los soldados pudieran consumir agua contaminada.

miércoles, 14 de agosto de 2024

El viaje de Andrómeda

Alemania busca a un ucraniano por el sabotaje al Nord Stream



Una instalación del gasoducto Nord Stream 1, en una imagen de archivo. / REUTERS/Hannibal Hanschke
 Gemma Casadevall

Casi dos años necesitó la Fiscalía General alemana para emitir su primera orden de detención por el sabotaje al Nord-Stream, el gasoducto que debía suministrar gas ruso a Europa por el Báltico, destruido en septiembre de 2022 por varias explosiones simultáneas a 80 metros de profundidad. Hasta ahora, no se sabía siquiera de esa orden de detención contra un ucraniano identificado como Volodímir Z., buceador profesional que supuestamente se embarcó a bordo del yate Andrómeda junto a otros compatriotas y participó en la operación. Hay investigaciones abiertas contra otros dos ucranianos, entre ellos una mujer.

Tres medios de referencia en Alemania -la televisión pública Ard, el diario Süddeutsche Zeitung y el semanario Die Zeit- han revelado ahora que el fiscal Jens Rommel emitió y transmitió en junio esa orden a las autoridades polacas. Supuestamente, el sospechoso residía en una localidad al oeste de Varsovia. Pero desde entonces el hombre ha desaparecido o se desconoce su paradero.

La 'trama ucraniana'

Las sospechas de una 'trama ucraniana' empezaron a circular en 2023, también a raíz de informaciones periodísticas paralelas del diario Washington Post y del semanario alemán Der Spiegel basadas en el espionaje estadounidense. Se desbarataba así la tesis inicial, difundida casi de inmediato desde varios países occidentales, que apuntaba directamente a Moscú. Pero nunca se confirmó la existencia de dicha pista ucraniana ni desde la justicia alemana ni desde la sueca o la danesa, implicadas asimismo en la investigación de unas explosiones ocurridas frente a sus respectivos litorales.

Dinamarca y Suecia cerraron sus investigaciones sin ninguna conclusión a principios de año. Alemania ha seguido adelante con las diligencias en torno a unos sabotajes que inutilizaron un megaproyecto energético nacido en 2005 de la amistad e intereses comunes entre el presidente Vladímir Putin y el entonces canciller Gerhard Schröder. El primero de los gasoductos, Nord Stream 1 entró en funcionamiento en 2011, con Angela Merkel en el poder. El segundo nunca se puso en servicio, puesto que a raíz de la invasión de Ucrania el gobierno alemán lo suspendió.

En el momento de ocurrir las explosiones, ninguno de los conductos suministraba gas a Europa. Moscú había interrumpido los envíos argumentando razones técnicas y Berlín, por su parte, buscaba aceleradamente romper con la dependencia energética de Rusia. El gasoducto era un proyecto que, desde sus orígenes, habían rechazado tanto Ucrania como Estados Unidos y varios países de la UE. Especialmente controvertida fue la decisión de Merkel de mantener el proyectado Nord Stream-2 incluso tras el golpe de realidad que supuso la anexión de la península de Crimea en 2014.

La pista del yate Andrómeda

La pista del yate Andrómeda salió a la luz unos meses después de las explosiones en aguas del Báltico. Los investigadores de la policía alemana lograron reconstruir el trayecto del yate desde la ciudad alemana de Rostock a aguas danesas y suecas, donde ocurrieron las explosiones simultáneas. Pertenecía a una flota de embarcaciones de recreo o para turistas de alquiler asentada en Polonia y regentada por ucranianos. En un registro a la embarcación se encontraron restos de explosivos de uso militar y se localizó un automóvil que supuestamente utilizó el equipo integrado por varios buceadores que participaron en la operación. En su interior viajaba, al parecer, Volodímir Z.

El fiscal Rommel tenía abiertas diligencias por manejo y atentado con explosivos, además de sabotaje con "fines anticonstitucionales“.

No hay explicación oficial acerca de qué ocurrió con la orden de detención cursada a las autoridades polacas. Tampoco si se considera que el sospechoso regresó a Ucrania. En medios alemanes se asegura que tanto Volodímir Z. como sus supuestos cómplices eran identificables como "patriotas" ucranianos.

Kiev ha rechazado desde que surgió la tesis de la "trama ucraniana“ cualquier vínculo de sus redes de espionaje o ejército con los sospechosos. El mero hecho de que sugiera esa sospecha pesaba sobre las relaciones entre Ucrania y Alemania, que es el segundo suministrador de armas y apoyo logístico y humanitario a Kiev, solo superado por Estados Unidos.

Sospechas de sabotaje a un cuartel militar

Las explosiones del Nord Stream pusieron en entredicho la seguridad de infraestructuras críticas como el gasoducto germano-ruso. Desde entonces, Alemania ha sufrido otros ataques de autoría no aclarada en su red ferroviaria y otras instalaciones esenciales. Este mismo miércoles saltó la sospecha de un sabotaje en el suministro de agua potable a un cuartel militar de Colonia. Las dependencias quedaron de inmediato acordonadas, sin que se diera información oficial sobre sus razones. Tanto el semanario Der Spiegel como la agencia de noticias alemana DPA informaron de esas sospechas, así como de la advertencia a los soldados estacionados en el cuartel de no beber agua del grifo porque podía estar contaminada.