Algunas grietas en el no alemán a las reparaciones que exige Grecia
Gemma Casadevall
Berlín, 17 mar (EFE).- El "no" oficial de Alemania a indemnizar a Grecia por
los crímenes nazis topa con la opinión extendida entre los expertos de que ese
capítulo no está cerrado, mientras desde el ámbito parlamentario se recomienda
una "reparación moral" a Atenas.
"El Gobierno alemán se aferra a que la
cuestión está jurídica y políticamente zanjada, pero sabe que no es así. Hay
muchos apartados que no se cerraron o se cerraron mal. No tiene sentido seguir
ignorándolo", apuntaba estos días Eberhard Rondholz, autor de varios libros
sobre la cuestión, a medios extranjeros.
La reciente decisión del Parlamento
de Atenas de crear una comisión para plantear una eventual reclamación formal a
Berlín coincide con los cruces de reproches y salidas de tono entre sus
ministros de Finanzas, el alemán Wolfgang Schäuble y el griego Yanis Varufakis,
a propósito de la inmensa deuda de Grecia.
Para Rondholz, es importante que ambas partes separen las deudas pendientes de sus disensos actuales, que se abra una negociación sin cifras desorbitadas -en Grecia se había hablado de 162.000 millones de euros, la mitad de su deuda- y centrada en lo más viable.
La
opinión de este autor -con un alto grado de empatía hacia Grecia- coincide con
la de otros expertos más decantados hacia la parte alemana, como el historiador
Hans Günter Hockerts.
En ese mismo sentido se pronuncian voces del ámbito
político, partidarias de abordar una cuestión que inevitablemente pesará sobre
la primera gran cita bilateral entre la canciller Angela Merkel y el primer
ministro griego, Alexis Tsipras, el próximo lunes, en Berlín.
Desde el
cogubernamental Partido Socialdemócrata (SPD), Gesine Schwan -candidata en dos
ocasiones a la presidencia del país- apostó por atender las reclamaciones por
responsabilidad histórica.
"Hay que reconocer la terrible injusticia
cometida con Grecia", apuntó Schwan, en "Der Spiegel" y abundando en una opinión
que hasta ahora defendían las opositoras La Izquierda y Los Verdes.
El
vicepresidente del SPD, Ralf Stegner, admitía que hay muchos aspectos que no
pueden darse resueltos desde el punto de vista del derecho internacional,
respecto a un país que fue especialmente castigado por la ocupación y que
percibió, en virtud de los acuerdos globales de la posguerra, el equivalente a
58 millones de euros.
El nazismo masacró la población civil griega, arrasó
con sus infraestructuras y, además, arrancó de Grecia un crédito forzoso de 476
millones de marcos del Reich por "gastos de ocupación".
Para Rondholz,
conviene que ambas partes diferencien entre estas categorías de injusticias o
atrocidades perpetradas bajo el nazismo, de las cuales el crédito forzoso es el
jurídicamente más viable.
El valor actual de esa deuda se estima en cifras
que van de los 11.000 millones de euros -"sin intereses", apunta Rondholz- a la
mitad, en las evaluaciones difundidas estos días por Hockert.
Pendiente de
indemnizar están los judíos de Tesalónica -con 50.000 miembros antes de la
ocupación y actualmente apenas 2.000-, que pagaron a los nazis 3.000 millones de
dracmas a cambio de no ser empleados como trabajadores forzosos y que acabaron
deportados.
El destino de éstas y otras víctimas civiles del nazismo
merecen, cuando menos, una negociación y no la mera respuesta ritual del
oficialismo alemán de que todo quedó cerrado con el Tratado "2 + 4" de 1990
entre las dos Alemanias -occidental y oriental- y las potencias vencedoras de la
Segunda Guerra Mundial (Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la URSS).
Entre los suscriptores no estuvo Grecia y el argumento de Berlín de que este
país "bendijo" el Tratado se limita, según Rondholz, a que Atenas expresó su
satisfacción por un acuerdo que posibilitó la reunificación, pero que no incluyó
la renuncia a sus reclamaciones.
Los anteriores compromisos que sí
implicaban a Grecia, firmados en Londres en 1953 y complementados en posteriores
acuerdos en los 60, incluían una moratoria a las reparaciones, revisable cuando
Alemania suscribiera un tratado de paz, lo que nunca se llegó a ocurrir porque
el "2 + 4" evitó a propósito ese término.
Berlín teme que abrir ese capítulo
precipitaría un alud de otras reclamaciones, pero tanto Rondholz como Hockert
apuntan al modelo empleado para otro tipo de indemnizaciones tardías, las
aprobadas en 2000 para los supervivientes entre los trabajadores forzados.
Entonces se creó una fundación que gestionó esos pagos, compartidos entre
fondos públicos y de los consorcios que utilizaron mano de obra esclava, que
evitó el Estado un precedente jurídico.
Esa se percibe como fórmula viable
para las reclamaciones griegas que, recuerda Rondholz, no se inventó ahora
Tsipras, sino que ya las plantearon sus antecesores, incluido el conservador
Andonis Samarás. EFE
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