viernes, 29 de septiembre de 2017

Cuesta arriba

La resaca electoral lastra los contactos entre potenciales socios de Merkel

Gemma Casadevall

Berlín, 29 sep (EFE).- El arranque de los contactos entre los potenciales socios del nuevo gobierno de la canciller alemana, Angela Merkel, se ve lastrado por la crisis abierta en sus filas tras las elecciones, donde la victoria conservadora quedó empañada por una fuerte caída de votos. 
Hace cuatro años, los cristianodemócratas tardaron casi tres meses en cerrar el acuerdo de coalición con los socialdemócratas y la esperanza es ahora contar con un gobierno antes de navidades. 
Los tradicionales "sondeos" previos a la apertura formal de negociaciones entre posibles aliados aún no han empezado, aunque a la práctica ya existen contactos y se refleja en un cruce de declaraciones estratégicas. 
El exministro de Medio Ambiente Jürgen Trittin, de los Verdes, delegado de los ecopacifistas para dirigir esos sondeos, pidió este jueves desde la televisión pública a las filas conservadoras que muestren cohesión para poder empezar con contactos serios. 


Los Verdes y el Partido Liberal (FDP) son los potenciales aliados de Merkel para un tripartito inédito a escala federal, la única constelación posible para un gobierno con mayoría estable si los socialdemócratas insisten en descartar otra gran coalición, como la que dirigió la canciller en su primer y su tercer mandato. 
Ya antes de los comicios del domingo se daba por hecho que las negociaciones entre conservadores, verdes y liberales iban a ser complejas. 
Pero el problema mayor parece no proceder de los abismos programáticos entre esas tres formaciones, sino de las grietas aparecidas en la Unión Socialcristiana bávara (CSU), partido hermanado a la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel. 
El bloque conservador venció con un 32,9 % de los votos, frente al 20,5 % que obtuvo el Partido Socialdemócrata (SPD), pero perdió 8,5 puntos respecto a 2013 y se situó en su segundo peor resultado histórico. 
Especialmente grave es la situación para Horst Seehofer, líder bávaro, que quedó en un 38 %, algo insólito para un partido acostumbrado a tener mayorías casi absolutas en el próspero "Land" (estado federado). 
Mientras crecen las presiones sobre Seehofer, se suceden los reproches a Merkel, a la que se culpa de haber dejado espacio a la ultraderecha por su línea poco conservadora. 
La crispación sigue a una legislatura marcada por las exigencias de Seehofer a Merkel de poner un límite a la acogida de solicitantes de asilo en el país, que ha recibido desde 2015 a 1,3 millones de refugiados. 
Seehofer podría recuperar esa reivindicación como condición para un pacto de coalición, algo inaceptable para los Verdes. 
Por el momento, la designación del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, como futuro presidente del Bundestag (cámara baja) es la única señal de avance, ya que "libera" un puesto clave para un eventual socio. 
El FDP estaría encantado de ocuparlo, aunque la perspectiva de que Finanzas recaiga en un liberal sería compleja para los Verdes. 
La resaca postelectoral es dura también en el SPD, abocado a otra crisis tras haber encajado su mínimo histórico y decidir en la misma noche electoral su líder, Martin Schulz, el pase a la oposición. 
Para el socialdemócrata y excanciller Gerhard Schröder, se trata de un error que le resta capacidad de maniobra. 
Mientras, otro antiguo jefe socialdemócrata, Franz Müntefering, negociador de la primera gran coalición de Merkel, criticó que se haya elegido como jefa del grupo parlamentario -y líder de la oposición- a la exministra de Trabajo Andrea Nahles, por considerar que ese cometido le competía Schulz. 
El descalabro del SPD acentúa la crisis del partido, que desde 1999 ha tenido ocho cambios en la presidencia y nunca se ha recuperado de la escisión de Oskar Lafontaine, quien rompió ese año con Schröder llevándose consigo a la militancia más izquierdista. 
Tampoco la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) puede festejar como habría deseado su auge, tras haber logrado el acceso al Bundestag y además como tercera fuerza, bajo el impacto por el abandono del grupo parlamentario de su copresidenta, Frauke Petry. 
En medios alemanes se estima que Petry y su esposo, Marcus Pretzell, líder hasta ahora de AfD en el "Land" de Renania del Norte-Westfalia, preparan la fundación de un nuevo partido menos radical. 
Por el momento no les ha seguido ninguno de los 93 diputados que tendrá el AfD. EFE 
gc/nl/jac/cml

martes, 26 de septiembre de 2017

Los ultras, que ni celebrar como dios manda saben

Primera fractura a la ultradreta l’endemà electoral



Ni 24 hores ha tardat a produir-se la primera escissió d’Alternativa per Alemanya (AfD) després del seu històric resultat en les eleccions de diumenge, que van permetre l’entrada d’aquest partit antiislam i antiimmigració al Parlament federal com a tercera força amb un 12,6% dels vots.

La copresidenta del partit, Frauke Petry, que va obtenir un escó per Saxònia, va donar la sorpresa en anunciar ahir en una roda de premsa amb altres membres de la cúpula que no formarà part del grup parlamentari d’AfD. Davant la cara aparentment sorpresa dels altres dirigents, es va aixecar i va abandonar la sala sense respondre a les preguntes ni aclarir si se’n va sola o amb una part de la norantena de diputats ultradretans que han d’entrar al Bundestag. Petry va explicar que les dissensions internes en aquest partit “anàrquic” no són un problema quan s’està a l’oposició, però sí quan es vol arribar al govern. La colíder del partit durant les eleccions, Alice Weidel, li va exigir la dimissió immediata perquè “no faci més mal” a la formació.

L’enfrontament feia temps que s’estava covant. A Petry ja la van marginar en el congrés de l’abril, quan va carregar contra la radicalització del moviment, ferotgement oposat als immigrants i als musulmans. Durant la campanya, va criticar l’altre colíder, Alexander Gauland, per haver dit que els alemanys tenen dret a “sentir-se orgullosos de les actuacions dels seus soldats durant la Segona Guerra Mundial”. El to agressiu del mateix Gauland la nit electoral, quan va avisar que el seu partit “perseguiria” Merkel, també va avivar el malestar.

D’altra banda, Weidel va tornar a denunciar ahir la falta de base legal per a la política d’acollida de refugiats de Merkel, raó per la qual, va dir, la primera mesura que impulsarà serà la creació d’una comissió d’investigació al Bundestag sobre aquesta qüestió. Al seu costat, i amb el seu habitual to desafiant, Gauland va anunciar que, a partir d’ara, amb AfD dins el Parlament, els debats “seran més durs”.

lunes, 25 de septiembre de 2017

El claro y complicado encargo de gobernar

Merkel, ante una compleja búsqueda de socio y presionada por la derecha

Gemma Casadevall

Bildergebnis für merkel wahl 2017

Berlín, 25 sep (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, se comprometió hoy a luchar por reconquistar el electorado perdido a favor de la ultraderecha y a buscar socios para lograr un Gobierno estable, en medio de las presiones desde sus filas para girar hacia posiciones más derechistas.
La Unión Cristianodemócrata y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CDU/CSU) ganaron por sobrada diferencia las elecciones generales del domingo en Alemania y recibieron así "el claro encargo" del votante, según la canciller, para encabezar el próximo Gobierno.
El resultado obtenido -un 33 %, 8,5 puntos menos que cuatro años atrás y el segundo porcentaje más bajo de su historia- no es sin embargo "el que hubiéramos deseado", admitió desde la sede de su CDU.
Su directo perseguidor, el Partido Socialdemócrata (SPD) de Martin Schulz, se hundió al 20,5 %, su récord histórico a la baja, mientras que el tercero, la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD), obtuvo un 12,6 %.
Merkel volvió a ser imbatible, pero el bloque formado por CDU/CSU perdió alrededor de 1,3 millones de votantes en dirección al Partido Liberal (FDP) -que tras una legislatura sin escaños regresará al Bundestag con un 10,7 %- y otro millón que se fue a AfD.
"Nos proponemos especialmente recuperar a los votantes que se fueron hacia AfD. Lo haremos a través de una buena política, destinada a atajar los problemas de la gente", afirmó la canciller, quien rechazó que ello implique dar un giro a la derecha.
En CSU de Baviera hubo ya en la noche electoral reacciones nerviosas, ya que el partido quedó por debajo del 40 % en ese "Land" conservador y su cabeza de lista, Joachim Hermann, reclamó "cerrar el espacio abierto" por la derecha.
"Hemos entendido el mensaje. No podemos seguir como si no hubiera pasado nada", dijo hoy el jefe de la CSU y del gobierno bávaro, Horst Seehofer, quien en la pasada legislatura mantuvo a Merkel bajo presión con la exigencia de imponer un límite a la entrada de refugiados.
La canciller no cedió a esa demanda, aunque prometió que no se repetirá la situación de 2015, año en que se precipitó la llegada de solicitantes de asilo a Alemania, país que desde entonces recibió 1,3 millones de peticionarios.
Además de redoblarse las presiones del ala más derechista de su bloque, Merkel se ha encontrado con el "no" de Schulz a reeditar la gran coalición, lo que le resta capacidad de maniobra para negociar la siguiente alianza.
Merkel pidió ayer a su rival socialdemócrata que meditara esa decisión y dejó hoy la puerta abierta al diálogo. Seehofer se mostró asimismo partidario de seguir tanteando esa opción.
El objetivo de la canciller es lograr una "mayoría suficiente para tener un Gobierno estable", pero si el "no" del SPD es irreversible, sólo le queda probar un tripartito con Verdes -con un 8,9 % de los votos- y FDP, una fórmula inédita a escala federal.
Esa constelación responde al exótico nombre de "Jamaica" porque los colores con que se identifica a esos partidos -negro para la CDU, amarillo para FDP y verde para los ecopacifistas- corresponden a los de la bandera de ese país.
Sus líderes, el liberal Christian Lindner y el verde Cem Özdemir, se mostraron hoy dispuestos a intentar forjar el tripartito, aunque destacaron los abismos programáticos existentes en aspectos clave de sus respectivos programas.
A las diferencias entre esos dos posibles socios menores -uno identificado con los intereses de la industria y el otro con el ecopacifismo- se suman la antipatía mutua entre los Verdes y los conservadores bávaros.
Merkel, quien ha descartado cualquier cooperación con AfD o con La Izquierda -que obtuvo un 9,2%-, tiene que esforzarse en romper el "no" de Schulz o conseguir este tripartito.
De no lograrlo, deberá intentar gobernar en minoría -lo que nunca ocurrió en Alemania a escala federal- o convocar nuevas elecciones.
"Los votantes nos han dado un mandato, formar Gobierno, y nuestra obligación es ejecutarlo", zanjó Merkel, preguntada por cómo veía la posibilidad de recurrir de nuevo a las urnas. EFE
gc/nl/psh

Na jut


Lideratge esquerdat            



Angela Merkel s’ha tornat a sortir amb la seva. Ha estat reelegida per a un quart mandat i ha deixat enfonsat el seu quart rival socialdemòcrata, Martin Schulz. El primer va ser el canceller Gerhard Schröder, el 2005, i després els va tocar el torn a Frank-Walter Steinmeier, el 2009, i Peer Steinbrück, el 2013.
El seu bloc conservador ha estat de nou el més votat, malgrat la important caiguda de vots; els socialdemòcrates han quedat en un nou rècord històric a la baixa i té la porta oberta a diferents constel·lacions de govern. Lluitar per una altra gran coalició (que, d’entrada, els socialdemòcrates no volen) o una fórmula inèdita per tornar a fer història, com seria un tripartit amb liberals i verds.
Parlar de continuïtat, però, seria enganyar-se. La ultradreta serà per primer cop en el Bundestag (el Parlament federal), el que vol dir que la cambra ja no serà un exponent de debats amb to correcte i final previsible, sinó que, en qualsevol moment, pot esdevenir l’olla de grills que la cancellera ha tingut al davant en els mítings de la campanya electoral. Potser no s’arribi a l’escridassada, però sí a la provocació continua per la via d’un partit, Alternativa per Alemanya (AfD), que aprofitarà la gran caixa de ressonància ara conquerida, amb els seus diputats, a més del finançament públic amplificat que li correspon per cadascun d’aquests escons. De força present en tretze cambres regionals —del total de setze estats federats que té Alemanya—, l’AfD passa al Bundestag. Deixa de jugar a la lliga regional, en què ja es feia sentir amb prou volum, per saltar a la Bundesliga. I tindrà accés, també, com la resta dels grups parlamentaris, a totes les comissions parlamentàries, inclosa la de secrets oficials. Informació privilegiada, a mans d’un partit que no creu en els estaments democràtics de la República Federal d’Alemanya (RFA).
Merkel haurà d’encaixar els retrets dels qui, dins el seu bloc conservador, l’acusen d’haver afavorit el creixement de la ultradreta en un país que semblava blindat contra aquestes formacions. No només per haver obert les fronteres als refugiats, sinó, sobretot, per la seva línia poc conservadora, que ha deixat prou espai lliure cap a la dreta. “A la dreta de la Unió no hi ha d’haver espai polític per cap força democràticament legitimada”, havia dit, en els anys setanta, Franz-Josef Strauss, patriarca de la Unió Socialcristiana de Baviera (CSU), el partit que més que com a aliat polític s’ha comportat com un soci incòmode en la darrera legislatura de Merkel.
Potser els 1,3 milions de refugiats que han arribat a Alemanya des del 2015 no han estat l’únic pou de descontentament de què ha begut l’AfD. El dotze anys en el govern de Merkel han estat els de la doctrina de l’austeritat, endurida a partir del 2008 amb la crisis a la zona euro. No només són els socis europeus qui la pateixen. També els alemanys. És el país de les xifres macroeconòmiques espectaculars, però també de la precarietat laboral ascendent, amb les conseqüències previsibles en les jubilacions del futur i en la infantesa d’avui.
Merkel no pot autocomplaure’s en la paraula continuïtat. És una líder global a qui fora d’Alemanya ningú no aixeca la veu. Però té massa problemes a casa i una olla de grills en potència, ara dins del Bundestag.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Angie IV


Merkel, una líder imbatible, con nuevos problemas en casa

Gemma Casadevall

Berlín, 24 sep (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, logró hoy la reelección, aunque su nueva victoria quedó empañada por el ímpetu ultraderechista, el gran desafío para el cuarto mandato de esta líder atípica, consolidada en el poder a golpe de sangre fría. 
Doce años después de hacer historia, como primera mujer y primer político crecido en el este alemán que accedía a la Cancillería de la potencia europea, Merkel se impuso en las urnas ante su cuarto rival socialdemócrata, Martin Schulz. 

Bildergebnis für merkel wahl 2017

Alemania optó por la continuidad, pero nada será igual para Merkel, quien tras haber sido rabiosamente abucheada en su campaña por militantes de Alternativa para Alemania (AfD) tendrá ahora a los diputados de ese partido ultraderechista en el Bundestag (cámara baja). 
Especialmente hirientes para ella fueron esas protestas en el territorio de la antigua Alemania comunista, la mitad del país donde creció y donde la descubrió su padrino político Helmut Kohl, tras la caída del muro de Berlín, en busca de nuevos talentos. 
De esa fase le quedó el apodo de "muchacha del Este", como la denominó en tono paternalista Kohl. 
Para muchos de sus compatriotas, Merkel es más bien una "mutti" ("mami") -o una "omi" ("abuela") para los más jóvenes-, la mano que protege de males mayores, que se impone sin arrogancia y apuntalada en el poder desde una posición de partida singular. 
Angela Dorothea Kassner, el nombre con el que vino al mundo en 1954, en Hamburgo, creció en una parroquia de pueblo de la ahora extinta República Democrática Alemana (RDA), donde ejercía como pastor protestante su padre, un izquierdista convencido del oeste que eligió ese destino. 
Estudió entre Leipzig y Berlín y se casó con 23 años con un compañero de estudios, Ulrich Merkel, del que conserva el apellido. 
Ese matrimonio fue fugaz, pero unos años después conoció al que se convertiría luego, y sigue siendo, su marido, Joachim Sauer -por entonces casado y con dos hijos-, asesor de su tesis doctoral en Física e inmerso como ella en el ámbito científico. 
A esa época corresponde su etapa como secretaria de propaganda de las juventudes comunistas en la Academia de Ciencias de Berlín. 
Poco después empezó a contactar con grupos opositores, aunque no estuvo entre la multitud que la noche del 9 de noviembre de 1989 celebró entre lágrimas y cervezas la caída del Muro de Berlín porque, según ha reconocido, se enteró saliendo de la sauna y prefirió retirarse. 
En febrero de 1990 ingresó en la Unión Cristianodemócrata (CDU) y, tras las primeras elecciones de la Alemania reunificada, Kohl la convirtió en ministra de la Mujer y la Juventud. 
Escaló posiciones, llegó a la secretaría general y tomó las riendas del partido en 1999, después de haber llamado a los suyos a "emanciparse" de Kohl, responsable de una red de cuentas secretas que salió a la luz con el paso del partido a la oposición. 
En 2005, tras varias pugnas internas, fue designada candidata a la Cancillería, que conquistó tras imponerse por la mínima ventaja al animal político teóricamente superior que era el entonces canciller, el socialdemócrata Gerhard Schröder. 
Desde entonces ha derrotado a otros tres socialdemócratas: Frank-Walter Steinmeier, en 2009; Peer Steinbrück, en 2013 y ahora a Schulz. 
El pasado noviembre, cuando asumió el desafío de no rehuir las urnas, se la veía revalorizada como factor de estabilidad en tiempos convulsos tras la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump. 
Ya por entonces se percibía que tenía ante sí una Alemania polarizada por la llegada al país desde 2015 de 1,3 millones de refugiados. 
La reelección la ha puesto camino de igualar, cuando culmine la legislatura que ahora se abre, el récord de permanencia en el poder de Kohl, quien estuvo 16 años en la Cancillería (1982-1998). EFE 
gc/nl/ja

Votar, correr, mirar la Zdf a las 18.01


                          

Un referèndum i molts maratonians

                                          


L’última imatge d’Angela Merkel en la campanya electoral en què lluitava per un quart mandat amagava possibles simbologies: la cancellera, agenollada a l’escenari, mentre simulava una reanimació cardíaca en una nina sintètica i amb un centenar de voluntaris al davant fent el mateix, a ritme de l’Stayin’ Alive dels Bee Gees. Va ser a Greifswald, una ciutat del seu districte electoral, al land de Mecklenburg-Pomerània Occidental. Les setmanes passades, cada míting de la cancellera en aquesta regió havia anat acompanyat d’escridassades de la ultradretana Alternativa per Alemanya (AfD) i la islamòfoba Pegida. En aquest acte, fora de la campanya oficial però també en to electoral, no va tenir problemes.
A partir d’avui, es podrà interpretar si la nina que intentava salvar Merkel era Martin Schulz, potser com a següent soci en una nova gran coalició, o la mateixa democràcia, si és que l’embranzida ultradretana és més sorollosa que real, un cop traslladada a les urnes.
Serà un diumenge que arrenca per a alguns despistats amb el camí fins al seu local electoral tallat, o si més no complicat. És diumenge de marató a Berlín, hi ha 30.000 inscrits i s’espera que els menys ràpids creuaran l’arribada, a la Porta de Brandenburg, a quarts de cinc de la tarda. Una hora i mitja abans de tancar els col·legis. És clar que hi ha llocs previstos per traspassar els 42,195 kilòmetres de recorregut. Però cal orientar-se.
Un cop al col·legi electoral, el votant berlinès tindrà tres oportunitats de dir-hi la seva. Les corresponents a les generals al Bundestag, que en realitat són dos vots (a la llista del partit escollit, d’una banda, i a un candidat del districte assignat, de l’altra) i la del referèndum que se celebra, també avui, per pronunciar-se sobre el futur de l’aeroport de Tegel. Es tracta de decidir si s’abandonen els plans de tancar-lo un cop comenci a funcionar el nou aeroport internacional. Tegel, petit i obsolet, té molts fans a Berlín, precisament perquè és de dimensions humanes. A sobre, la inauguració del nou aeroport no té data, després d’haver-se ajornat, entre repetits escàndols i nyaps tècnics, la inauguració, inicialment prevista per al 2012.
Alemanya, país on no es contemplen els referèndums d’abast nacional, sí que se’n poden convocar a escala municipal o regional si es recullen les firmes necessàries per fer-ho. Aquest diumenge, per exemple, a més del de Berlín, n’hi ha convocats tres més, a Duisburg, Bremen i Halle, per decidir, respectivament, si s’autoritza l’apertura d’un outlet, si es perllonga la legislatura del land en qüestió i el trasllat d’oficines públiques a un edifici buit. El dret a decidir pertoca només al ciutadà implicat en aquest territori, no a la resta del país. I es considera vàlid si s’arriba al 25 % de participación.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Perfilando

Consolidados o neófitos, para un Bundestag amplificado

Gemma Casadevall
 
Berlín, 23 sep (EFE).- Unos 61,5 millones de alemanes están convocados a las urnas mañana domingo para elegir el nuevo Bundestag (cámara baja), que previsiblemente será el más fragmentado de las últimas décadas, ya que contará con seis grupos parlamentarios. 
El pronosticado estreno en la cámara de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) y el retorno del Partido Liberal (FDP) ampliarán el espectro parlamentario, que en la pasada legislatura formaron cuatro grupos. 
Sus líderes forman una constelación de rostros consolidados y neófitos y conforman un retrato personal y político bastante preciso de la Alemania de hoy. Sus perfiles, en formato reducido:
 
Angela Merkel (Hamburgo, en el norte, 1954): presidenta de la Unión Cristianodemócrata (CDU) desde 2000 y en el poder desde el 2005, es la decana entre los líderes occidentales. Creció en la Alemania comunista, iba para científica pero con la caída del muro de Berlín entró en política. Desde entonces, ha dejado atrás a todo aquel que trató de cerrarle el paso. Implantó la austeridad a toda la UE frente a la crisis de la eurozona y su fuerte es la sangre fría ante cualquier emergencia.
Martin Schulz (Erschweiler, en el oeste, 1955): es un peso pesado de la política europea, cuya carrera discurrió durante 25 años entre Bruselas y Estrasburgo. Su único cargo político en Alemania fue el de alcalde de Würselen, la ciudad junto a Bélgica donde creció. En enero dejó la presidencia del Parlamento Europeo y asumió el liderazgo del Partido Socialdemócrata (SPD), con el desafío de relanzarlo ante el electorado, desde la posición actual de socio en la gran coalición de Merkel.
Alexander Gauland (Chemnitz, en el este, 1941) y Alice Weidel (Gütersloh, oeste, 1979): comparten la cabecera de lista de AfD. Gauland militó hasta 2013 en la CDU, pero lo dejó para fundar un partido euroescéptico. Del no a los rescates en la UE pasó al discurso xenófobo ante la crisis migratoria. Representa el ala tradicional nacionalista de AdF. Weidel, economista y lesbiana, en pareja con una suiza originaria de Sri Lanka, quiere ser su contrapunto modernizador. Hasta hace poco era una desconocida para los alemanes.
Sahra Wagenknecht (Jena, en el este, 1969) y Katja Kipping, (en el este, 1978): comparten la cabecera de La Izquierda, aglutinante del post-comunismo del este y la disidencia socialdemócrata que siguió a Oskar Lafontaine cuando rompió con el SPD por su línea centrista. Wagenknecht, casada con Lafontaine, defiende las propuestas más radicales del partido. Kipping es la encargada de suavizar asperezas, desde posiciones más moderadas y ayudada por su talante conciliador.
Christian Lindner (Wuppertal, en el oeste, 1978): es el nuevo rostro del Partido Liberal (FDP), formación que apuntaló 17 de los 23 gobiernos federales del país, bajo liderazgo de la CDU o el SPD, pero que en 2013 quedó fuera del Bundestag. La campaña de esta formación histórica se ha basado en Lindner, que trata de explotar sin tapujos la baza del atractivo físico. Eso ha dado un toque algo superficial al FDP, que durante décadas marcó las pautas de la política exterior, ya que solía corresponderle ese Ministerio.
Cem Özdemir (Urach, en el sur, 1965) y Katrin Göring-Eckardt (Friedrichroda, en el este, 1966): lideran a los Verdes. Hijo de inmigrantes llegados al país en los 60, Özdemir se convirtió en 1994 en el primer diputado de origen turco del Bundestag. Se le considera un firme "aspirante a ministro", en caso de que su partido entre en una coalición de Gobierno. Tanto él como Göring-Eckardt, miembro del Consejo de la Iglesia Evangélica, representan al ala moderada de los Verdes, muy alejada de sus orígenes antijerárquicos.

Joachim Herrmann (Múnich, 1956): lidera en Baviera la lista de la Unión Socialcristiana (CSU), partido hermanado a la CDU, con el que integra el grupo conservador. Es ministro de Interior en el próspero "Land", defensor de la mano dura en materia de seguridad y de acelerar la expulsión de refugiados. Es un tándem útil para la CDU, ya que no compiten en las urnas, pero también un aliado propenso a afear sin reparos a Merkel, cuya línea tacha de poco conservadora. EFE 
gc/rml


Baviera suelta los demonios

La ràbia taca la campanya de Merkel                               


La campanya electoral alemanya va arribar ahir a la fase final marcada per les protestes contra la cancellera Angela Merkel, amb tres actes electorals en una mateixa tarda a Munic. Les escridassades i els concerts de xiulades es van repartir aquest cop entre manifestants d’ultradreta contraris a l’acollida de refugiats i grups esquerranosos en contra de les expulsions dels sol·licitants d’asil rebutjats. Era un exponent clar de la polarització del que ha estat el tema dominant en aquesta campanya, la política d’asil, i també dels equilibris de Merkel per defensar la seva decisió de no tancar-los les fronteres i, alhora, prometre que farà el que calgui perquè no es repeteixi la situació del 2015, any que van entrar a Alemanya en qüestió d’uns pocs mesos uns 900.000 refugiats.
La condició de favorita dels sondejos, que des de fa mesos la donen com a imbatible, no l’ha salvada del via crucis en què s’ha convertit aquesta campanya per a la dona més poderosa del món. “No regaleu ni un vot. Aneu diumenge a votar. El futur del país és a les vostres mans”, va dir Merkel des de l’escenari muntat a la Marienplatz de Munic, última estació de la seva campanya pel que fa als grans mítings. A Alemanya no hi ha jornada de reflexió i avui dissabte hi haurà també algun acte electoral. Però seran en format més reduït, al seu districte de Mecklenburg-Pomerània Occidental, a l’est. Allà ha estat on li han caigut al damunt els xàfecs de protestes més aclaparadors, essencialment procedents de la ultradreta.
Una duresa anunciada
La cancellera ja havia avançat, en anunciar el novembre passat la seva decisió de presentar-se a la reelecció per a un quart mandat, que seria una campanya dura, entre altres coses perquè per primer cop en la història de la República Federal d’Alemanya (RFA) ha aparegut una força nacional ultradretana capaç d’accedir al Bundestag. Alternativa per Alemanya (AfD), amb escons als parlaments de tretze estats federats del total de 16 que té el país, serà efectivament al Bundestag, si és que no s’equivoquen absolutament tots els pronòstics. Abans d’arribar-hi, s’han dedicat en campanya a convertir cadascun dels actes electorals de Merkel a l’aire lliure i sobretot a l’econòmicament deprimit est del país en concerts d’esbroncades massives a la líder conservadora. Els crits de “Merkel ha de plegar” l’han perseguit gairebé arreu, i els seus actes han estat acompanyats de poderosos desplegaments de seguretat per impedir aldarulls o atacs, però no per fer callar les veus de la ràbia contra la cancellera.
Els últims sondejos setmanals mantenen els pronòstics d’una sòlida majoria per a la CDU / CSU de Merkel, amb un 36%, mentre que el socialdemòcrata Martin Schulz es preveu que s’ensorrarà en el pitjor resultat històric que ha sofert mai el seu partit en unes generals, un 21,5%. La correlació entre les forces de l’actual gran coalició de Merkel semblen aclarides, mentre que hi ha una lluita aferrissada pel tercer lloc entre AfD, els liberals –aliats naturals dels conservadors, que tornaran al Bundestag després d’una legislatura sense escons– i l’esquerra, amb percentatges que van de l’11% per a la ultradreta al 8,5% per a l’esquerra. Als Verds, hipotètics puntals d’un tripartit entre Merkel i liberals, se’ls col·loca una mica més enrere, amb un 8% dels vots.
Merkel no vol donar la batalla per guanyada i ha demanat en cadascun dels seus actes públics i entrevistes la mobilització dels seus seguidors. Després de tres victòries en unes generals, a la CDU / CSU no se somia un resultat espectacular com al 2013, en què va vorejar la majoria absoluta. Però sí que es lluita per l’avantatge més generós possible per poder fer front a l’oposició que li vindrà, per primer cop en la història, des de la dreta, per la via del vot radical i xenòfob de l’AfD.
L’acte a Munic tenia un regust simbòlic. L’estació de trens de Munic va esdevenir el setembre del 2015, quan Merkel va decidir obrir les fronteres als refugiats encallats a Hongria, l’escenari d’una nova “cultura de la benvinguda”, com es va anomenar el primer moment de solidaritat cap als qui arribaven a Alemanya en cerca d’asil. Aquell gest es va esvair quan dels primers trens de refugiats es va passar a contingents infinits i sense control, fins arribar als 1,3 milions de persones que, des d’aleshores, han demanat asil a Alemanya.
La CSU va pressionar sense treva perquè Merkel imposés un límit a l’acollida de refugiats, sense èxit. Uns mesos enrere, encara amenaçava amb presentar una candidatura pròpia, cosa que hauria trencat la pràctica que mantenen les dues formacions de no competir entre elles. Ahir, en el tancament de campanya bavaresa, semblava que les hostilitats entre Merkel i la CSU s’havien dissolt, per la necessitat de lluitar plegats per al millor resultat possible, diumenge vinent.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Leyendo el "Süddeutsche" para saber qué ocurre en casa

Bildergebnis für estacion sur funkhaus
https://www1.wdr.de/mediathek/av/audio-choque-en-espana-por-espana-100.html

Otra Estación, con Sergio

En la olla a presión bávara

Merkel apura la campaña con aire de Oktoberfest y abucheos      

Gemma Casadevall
Múnich (Alemania), 22 sep (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, apuró hoy su campaña por la reelección en los comicios del próximo domingo entre aires de Oktoberfest y un nuevo concierto de abucheos, esta vez en Baviera, el estado federado más conservador de Alemania
Una Merkel de rostro cansado y hasta crispado, con la voz algo tomada, pidió el voto ante varios miles de seguidores concentrados en la hermosa Marienplatz de Múnich, mientras desde detrás del cordón de seguridad surgían las protestas, principalmente de grupos izquierdistas, mezclados con algunos ultraderechistas.
"Merkel odia Alemania", se leía en una pancarta negra, presuntamente de contrarios a la acogida de refugiados, mientras otros portaban carteles en contra de las expulsiones de los peticionarios de asilo y muchos más simplemente hacían oír su silbato.
La líder conservadora empezó su discurso, como ha hecho en ocasiones parecidas, afirmando que con abucheos y silbatos no se organiza un país, para seguir luego desgranando los ejes de su campaña por la reelección: su bloque conservador es sinónimo de seguridad, estabilidad y progreso.
"Queremos una Alemania donde sigamos viviendo bien y a gusto", dijo, para insistir en que "no podemos regalar ni un solo voto".
Merkel eligió para la recta final de su campaña Munich, que en esta segunda semana de Oktoberfest era un desfile dominado por los trajes regionales bávaros y camisetas del Bayern Múnich, hasta que con el arranque del mitin se pasó a la protesta rabiosa.
Acudió arropada por el primer ministro bávaro, Horst Seehofer, y el resto de la plana mayor de la Unión Socialcristiana (CSU), partido hermanado a su Unión Cristianodemócrata (CDU), pero también la formación que más duramente ha criticado a lo largo de la pasada legislatura su política de refugiados.
Múnich fue la ciudad a la que llegaron, en septiembre de 2015, los primeros trenes con miles de refugiados atrapados en Hungría y a los que Merkel decidió abrir las fronteras.
Su estación de ferrocarril se convirtió entones en una especie de nueva "tierra de la gran promesa" para esos convoyes, que fueron recibidos entre muestras de solidaridad por los muniqueses.
De ahí se pasó al desbordamiento de la capacidad de acogida y a las tensiones entre la CDU y la CSU, que endureció el tono hasta exigir a la canciller la implantación de un límite al asilo.
Con la entrada en la campaña electoral se limaron asperezas y se escenificó una cierta cohesión, aunque siguen muy visibles las cicatrices de dos años largos de tensiones y también los reproches desde Baviera a la línea considerada poco conservadora de Merkel.
"La CSU nunca fue un partido obediente hacia su hermana mayor. Mucho peor fueron las cosas en tiempos de (Franz Josef) Strauss y (Helmut) Kohl", dijo a Efe Richard Brandl, militante de la CSU, en alusión a la casi ruptura entre los respectivos patriarcas de las dos formaciones, unas décadas atrás.
Merkel fue ahora a por el apoyo de los bávaros para lograr la mayoría más holgada posible en las generales del próximo domingo, que según todos los pronósticos llevará a la ultraderecha por primera vez al Bundestag.
Al bloque conservador le pronostica el último sondeo de la televisión pública ZDF un 36 % de los votos, catorce puntos por encima del aspirante socialdemócrata Martin Schulz, con un 21,50 %.
La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) saltará de su condición de formación extraparlamentaria a escala federal al tercer puesto, con un 11 %, de acuerdo con el "Politbarometer" de esa cadena, considerado el barómetro político más fiable del país.
Pese a ser, desde hace meses, clara favorita a la reelección, la campaña de la canciller ha sido dura, salpicada por los conciertos de abucheos que la han perseguido toda la campaña. EFE gc/emm

Bildergebnis für merkel münchen wahlkampf

La canciller y Frau Vogel

Una macroeconomia tacada per la precarietat     

Només una veu ha deixat la cancellera Angela Merkel sense respostes, en tota una campanya en què s’han multiplicat les entrevistes, els debats entre polítics i les oportunitats fins i tot d’esbroncar la cancellera, en els mítings de campanya a l’aire lliure. Va ser la veu de la senyora Petra Vogel, una dona de la neteja d’un hospital de Bochum, a l’oest del país, que després de 40 anys com a contribuent percebrà de jubilació una pensió de 654 euros.
Va ser en un programa de la televisió pública, on la líder conservadora va ser confrontada a les preguntes del ciutadà, entre les quals la de la senyora Vogel. “No puc canviar el sistema de pensions de cop”, va admetre la cancellera. “Què vol dir de cop? Que ho farà quan pugui?”, va insistir la senyora Vogel, indignada, sense por ni timidesa davant les càmeres de la televisió.
El “cara a cara” entre la senyora de la neteja de Bochum, una de les ciutats més empobrides del país, i Merkel, la dona més poderosa del món, va ser molt més il·lustratiu que el que havia mantingut dies enrere amb l’aspirant socialdemòcrata, Martin Schulz, sense cops baixos ni ensurts.
Aquesta no va ser l’única pregunta incòmoda del ciutadà a la líder. Els successius programes de “preguntes del ciutadà” han tret a la llum l’Alemanya real que sovint no es veu en l’esfera política ni en els balanços macroeconòmics de la superpotència europea. Merkel no va trobar una resposta a aquesta ciutadana, en bona part perquè no entra en el modus de comportament de la cancellera embolicar la veritat amb mentides piadoses.
Merkel ha recordat, en cadascun dels mítings que ha anat celebrant aquests dies, que l’atur s’ha rebaixat a la meitat des que va arribar al poder, el 2005, quan hi havia més de 5 milions d’aturats; ara en són 2,5 milions, el que suposa un 5,7 %. També ha presumit del dèficit zero que des de fa quatre anys registra Alemanya, com a exponent del principi de l’estabilitat pressupostària que aplica el seu ministre de Finances, Wolfgang Schäuble. O del rècord d’ocupació –43 milions de ciutadans, en un país de 82 milions d’habitants–, com a fonament de la solidesa futura.
Perill de marginalitat
Aquestes xifres no amaguen, però, que 8 milions de treballadors perceben sous mínims i que al land del Rin del Nord-Westfàlia, el més poblat del país, un 17 % de la població està en risc d’exclusió social. En aquest terme s’entén, a Alemanya, els qui viuen amb ingressos per sota del 60% de la mitjana del país. No es tracta de pobresa extrema, sinó de perill que hi ha de caure en la marginalitat.
La senyora Vogel –de qui en mitjans alemanys s’ha dit que és militant de l’Esquerra, el partit de la dissidència socialdemòcrata– no vol estar entre els vellets que busquen ampolles buides entre el contenidors d’escombraries després d’haver treballat tota la vida.
El sistema de minifeines, implantat en les reformes estructurals o Agenda 2010 en temps del canceller socialdemòcrata Gerhard Schröder, és la clau del rècord d’ocupació actual. També de les cotitzacions mínimes a la Seguretat Social, que es traduirà en jubilacions de misèria en el futur.
Merkel i el seu apòstol de l’estalvi, el ministre Schäuble, no només han castigat el conjunt de la zona euro amb la seva disciplina de l’austeritat. L’han aplicada a tot el país. Els alemanys són de mena estalviadora i ho han encaixat més o menys bé. Però les conseqüències de la contenció pressupostària i de l’obsessió pel dèficit zero, en un país amb superàvit exportador, es comencen a sentir. No només a les butxaques privades. També a escala de les infraestructures, teixit sanitari i telecomunicacions de la primera economia de la Unió Europea, on, malgrat tot, costa més trobar un wifi públic que funcioni que al Perú, com acostuma a dir, a cada míting, l’aspirant Schulz.

- 654 euros de jubilació cobrarà Petra Vogel després d’haver cotitzat 40 anys a la Seguretat Social.
- 2,5 milions d’aturats hi ha actualment a Alemanya, mentre que el 2005 n’hi havia 5 milions.
- 17 per cent de la població del Rin del Nord-Westfàlia està en risc d’exclusió social.
- 8 milions de treballadors a Alemanya perceben sous mínims.

jueves, 21 de septiembre de 2017

2005-2017

Merkel, doce años en el poder marcados por la capacidad de reacción ante crisis externas

Gemma Casadevall

Berlín, 21 sep (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, busca la reelección el domingo tras doce años en el poder marcados por su reacción ante crisis globales como las del euro y los refugiados, y decisiones no siempre digeribles por sus filas conservadoras. 
La primera legislatura de Merkel (2005-2009) se vio sacudida por la crisis de la eurozona, precipitada por el hundimiento en 2007 del mercado hipotecario estadounidense y a la que Berlín respondió con una férrea austeridad, a cambio de evitar la insolvencia de cualquier Estado miembro. 
El dogma del ahorro no fue decisión exclusiva de Alemania, pero se convirtió en una seña de identidad del país y fue visto como una imposición orquestada desde la primera potencia europea, el mayor contribuyente a los sucesivos rescates aprobados para los países más castigados por la crisis. 
Alemania cerró 2009 con una contracción de su Producto Interior Bruto (PIB) del 5,6 %, de la que se recuperó ya al año siguiente, y con este expediente terminó también la primera gran coalición del bloque conservador de Merkel con el Partido Socialdemócrata (SPD).

Bildergebnis für merkel 2005 2017


La articulación de soluciones de emergencia y de instrumentos para evitar hundimientos futuros marcó también la segunda legislatura de Merkel, quien tras las generales de 2009 pudo formar coalición con sus aliados naturales, los liberales, mientras el SPD quedaba hundido en su peor resultado histórico -un 23 %-. 
En esa segunda legislatura, llegó la segunda crisis, con epicentro en la central nuclear de Fukushima (Japón). 
Mientras gobernó en gran coalición, la canciller "respetó" el apagón nuclear pactado con las eléctricas por la coalición socialdemócrata-verde de su antecesor, Gerhard Schröder, pero poco después de abrir su mandato con los liberales, formación cercana a la industria, tumbó el plan para cerrar progresivamente las 17 plantas nucleares. 
Bajo el impacto de la catástrofe en 2011, rectificó de nuevo y sentenció al cierre progresivo, hasta 2022, a todas las plantas atómicas alemanas, lo que los Verdes calificaron irónicamente de "apagón del apagón del apagón". 
Alemania se convirtió así, bajo el liderazgo de una canciller conservadora, en la primera potencia que trazaba de forma vinculante el adiós a la energía atómica, mientras se improvisaba la transición hacia otras fuentes que garanticen el suministro en el futuro. 
En esa segunda legislatura se aprobó también la suspensión del servicio militar obligatorio, otra decisión considerada un hito en Alemania y que estuvo precedida de fuertes tensiones en las filas conservadoras. 
En 2013, Merkel logró la reelección casi con mayoría absoluta, mientras que el Partido Liberal (FDP) quedaba relegado a extraparlamentario, situación inédita para una formación que había apuntalado como socio minoritario tanto a Gobiernos conservadores como socialdemócratas. 
La canciller volvió a la gran coalición, manteniendo al conservador Wolfgang Schäuble como ministro de Finanzas y guardián de la línea de la austeridad frente a la persistente crisis de la zona euro. 
Se habían aprobado ya cinco planes de rescate económico -dos a Grecia y uno a Portugal, Irlanda y Chipre, además de la ayuda a la banca española-, cuando Alemania quedó inmersa en la siguiente gran crisis global, la de los refugiados. 
El 4 de septiembre de 2015, Merkel adoptó la decisión que más ha minado su poder dentro de sus propias filas: la apertura de las fronteras a columnas humanas de decenas de miles de peticionarios de asilo atrapados en Hungría. 
Fue una medida humanitaria -ha defendido desde entonces la canciller- a la que siguió la llegada al país de hasta 1,3 millones de peticionarios de asilo y la exigencia a Merkel, desde las propias filas conservadoras, de poner un límite. 
Las presiones de la Unión Socialcristiana (CSU), partido bávaro hermanado a la Unión Cristianodemócrata (CDU), han perseguido a la canciller hasta casi el final de la legislatura. 
A Merkel se la ha acusado también de haber propiciado con su línea poco conservadora el auge de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que ha capitalizado el voto xenófobo y que, según los sondeos, se convertirá en la primera formación de ese espectro con escaños en el Bundestag (Parlamento federal). 
La legislatura se cerró con un último hito, la aprobación del matrimonio homosexual, impulsado por los socialdemócratas y con el voto negativo de Merkel, quien con la ley ya aprobada por la cámara dijo sentirse satisfecha con la nueva situación. EFE 
gc/nl/ah

Que nos quisimos tanto

Exparella de fet


Disset vegades ha estat convocat a “donar explicacions” davant del Ministeri d’Afers Estrangers turc l’ambaixador alemany a Ankara, Martin Erdmann. “Una freqüència gens habitual entre socis de l’OTAN”, comentava dilluns passat el portaveu del departament de la diplomàcia alemanya, Martin Schäfer, després que el cap de setmana passat s’hagués convocat dues vegades més, segons va dir: “El nostre pobre ambaixador” a “explicar-se.” Una, per la desfilada de banderes del PKK –Partit dels Treballadors del Kurdistan–, prohibit a Alemanya des dels anys 90, i del seu líder, Abdal·là Ocalan, en una marxa prokurda a Colònia dissabte. L’altra, per la resolució aprovada fa un any pel Bundestag (Parlament federal) en què es condemnava el genocidi armeni, fa més d’un segle. Erdmann, ambaixador a Turquia des de l’agost del 2015, és una peça clau en les esquerdades relacions entre Berlín i Ankara, marcades pels empresonaments de periodistes o activistes alemanys per motius polítics a Turquia.
La condemna del Bundestag al genocidi, on s’assumia també la “culpa alemanya” en aquelles matances, com a país aliat d’aquell imperi otomà, va marcar un punt d’inflexió en les relacions bilaterals.
Des d’aleshores s’ha anat cap a una mena de divorci de fet, no consumat en papers perquè tots dos països estan interessats a salvar l’acord signat amb la Unió Europea (UE) per mantenir en campaments turcs els milions de refugiats que des d’allà intentarien entrar, via Grècia, en territori comunitari. L’acord va contribuir a tancar l’aixeta dels demandants d’asil a Alemanya, en el moment en què més pressionada estava la cancellera, Angela Merkel, des del propi partit conservador per contenir l’arribada de refugiats. Ni Turquia vol renunciar a les injeccions financeres de la UE a canvi de “millorar les condicions” dels seus campaments ni Alemanya s’arrisca a reobrir la porta, després d’haver rebut des del 2015 1,3 milions de sol·licitants d’asil.
El corresponsal del diari conservador alemany Die Welt a Turquia, Deniz Yücel, s’ha convertit en el rostre de la tenalla del president turc, Recep Tayyip Erdogan, sobre els mitjans de comunicació. Aquest ciutadà de doble nacionalitat turcoalemanya està des del febrer passat empresonat, acusat de vincles terroristes.
En una situació semblant està l’activista pro-drets humans Peter Steudtner i deu ciutadans alemanys més. Mirar de garantir-los una mínima assistència consular forma part de les gestions de l’ambaixador Erdmann. Des del Ministeri d’Afers Estrangers alemany s’han endurit les advertències als viatgers a aquest país, que es considera ja “no segur” ni per als ciutadans ni per als inversors de la primera potència europea i soci de l’OTAN.
Alemanya i Turquia són una exparella de fet, que miren amb desconfiança els representants polítics respectius. Berlín va impedir els mítings de ministres d’Erdogan durant la campanya pel referèndum impulsat pel líder turc per implantar un sistema presidencialista que li atorga encara més poders. Erdogan va demanar als ciutadans d’origen turc d’Alemanya el boicot a Merkel, el socialdemòcrata Martin Schulz i el verd Cem Özdemir –fill d’immigrants turcs–, per considerar-los “enemics” del seu país.
“Erdogan ha fet que es miri amb malfiança els tres milions de ciutadans d’origen turc que vivim a Alemanya. Se’ns veu a tots com a defensors del seu sistema autoritari”, confessava amb tristesa Canan Bayram, diputada al Bundestag pels Verds i candidata del barri multiètnic berlinès de Kreuzberg. Igual que Özdemir, Bayram, és d’arrels turques. La meitat dels 3,2 milions de ciutadans d’origen turc d’Alemanya tenen dret a vot en les generals de diumenge vinent. Que en el referèndum sobre la reforma constitucional turca més d’un 60% dels votants en territori alemany donessin el sí al pla d’Erdogan ha convertit aquest col·lectiu en “potencialment poc democràtic”, a ulls dels conciutadans alemanys. “Són col·lectius diferents. En el referèndum podien votar els que mantenen la nacionalitat turca i van exercir aquest dret els que tenen vincles forts amb el país i el partit d’Erdogan.
El votant alemany d’arrels turques està més ben integrat a la societat d’aquest país i es decanta preferentment pels socialdemòcrates o els verds”, continua.
Bayram aspira a un mandat directe al Bundestag com a candidata més votada pel seu districte. Una fita que té a l’abast de la mà en aquest barri, a cavall entre els antics sectors est i oest de Berlín. Des del 2002, aquest mandat directe estava en possessió de Hans-Christian Ströbele, un veterà advocat i defensor de les essències més ecopacifistes entre els Verds, que ha passat ara a la jubilació en complir els 78 anys.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

La importancia de ser tercero


Alemania y la inusitada lucha por el tercer puesto

Gemma Casadevall

Berlín, 20 sep (EFE).- La lucha por el tercer puesto ha cobrado una inusitada relevancia en las elecciones alemanas, tanto por el pulso entre los partidos pequeños por ser socios del futuro Gobierno, como ante la posibilidad de que la ultraderecha acceda al puesto de primera fuerza de la oposición. 
El primer y segundo puesto parecen asignados, ya que los sondeos coinciden desde hace meses en que la canciller, Angela Merkel, conseguirá la reelección para un cuarto mandato con una holgada ventaja sobre su principal rival, el socialdemócrata Martin Schulz. 
La Izquierda y el Partido Liberal (FDP) son, junto con la derecha radical de Alternativa para Alemania (AfD), firmes candidatos a quedar terceros, ya que los pronósticos los sitúan casi empatados entre 11 y el 10 %, mientras que Los Verdes están en un 8 %. 

Bildergebnis für fdp grüne linke wahlkampf

La posición de tercero ha sido, en el esquema tradicional alemán, la más propicia para formar parte de un Gobierno como socio menor, si se descarta una gran coalición como la de esta última legislatura. 
Los partidos "pequeños" tratan ahora también de cerrarle el paso a AfD. 
"Estamos más acostumbrados que otros a combatir a los ultras. Llevamos décadas haciéndolo, en la calle o en la alcaldía", dijo Michael Standler, miembro del consejo del barrio berlinés de Lichtenberg por La Izquierda. 
Su cometido hoy era asar salchichas en la fiesta, barbacoa y mitin de campaña montado ante un centro comercial de ese barrio periférico del este profundo de la capital alemana, marcado por las típicas construcciones prefabricadas de la antigua Alemania comunista. 
Los asistentes, mezcla de nuevas generaciones y vieja guardia, esperan a su cabeza de lista, Sahra Wagenknecht, representante del ala radical del partido, en liderazgo compartido con la moderada Katja Kipping. 
Lichtenberg es bastión de La Izquierda y también una zona propicia al voto de protesta, ahora a AfD, como lo fue en el pasado al neonazi Partido Nacional Democrático (NPD). 
Todo apunta a que AfD logrará acceder al Bundestag (cámara baja) cuando hasta ahora ninguna formación de ese espectro había superado el mínimo del 5 % necesario para obtener escaños. 
"Somos la única fuerza con un programa de justicia social, contra las jubilaciones de pobreza y la precariedad laboral", proclama ante la militancia la diputada Gesine Lötzsch. 
La Izquierda, aglutinante del postcomunismo y la disidencia socialdemócrata, tradicionalmente asentado en el este del país, tiene experiencia de Gobierno en varios "Länder" y fue primera fuerza de la oposición en la pasada legislatura, al unirse en el gobierno cristianodemócratas con socialdemócratas. 
Sin embargo, sus posibilidades de entrar en un Gobierno federal son casi nulas, ya que Merkel la descarta como socio y tampoco es probable que Schulz, en caso de que fuera matemáticamente posible, se lanzara a un arriesgado tripartito con La Izquierda y los Verdes. 
Mientras los izquierdistas se dicen los únicos capaces frenar al AfD, el FDP hace campaña ya como los próximos socios de Merkel, la posición que tuvieron en el segundo mandato de la canciller. 
"Necesitamos un Gobierno que recupere la confianza del inversor y que reduzca el gasto público", apuntó Sven Hilgers, militante del céntrico barrio de Mitte, donde se juntan distrito gubernamental y zona de modernidad, además de los alquileres más altos de Berlín. 
Hilgers reparte folletos en un mercadillo "bio" con la foto de su líder, Christian Lindner, que ha hecho de su rostro la imagen de campaña del partido. 
El FDP, partido socio tanto de socialdemócratas como de conservadores que ha formado parte de 17 de los 23 Gobiernos federales del país, pero quedó fuera del Bundestag en las pasadas generales. 
Lindner representa al ala renovadora de un partido al que se apodó "de los sueldos altos" y cercano al mundo empresarial. 
Por el tercer puesto también pujan, con peores expectativas, los Verdes, formación que integró dos Gobiernos federales con el socialdemócrata Gerhard Schröder, y a la que Merkel no descarta para un tripartito si no le basta con el apoyo de los liberales. 
El partido ecopacifista está no obstante de capa caída en estas generales, tras perder su perfil de fuerza alternativa y entrar en una especie de madurez excesivamente conservadora. 
"Nos hicimos adultos. Pero seguimos representando la conciencia social y la política menos orientada al éxito inmediato", defendió Canan Bayram, candidata en el multiétnico barrio de Kreuzberg. 
Coincidió con la Izquierda en que el auge de la AfD se debe a la "falta de respuestas a los grandes problemas" del ciudadano, la precariedad y las bolsas de pobreza en la primera potencia europea. 
"Estamos preparados para aliarnos con cualquier fuerza democrática. Lo que excluye a AfD", dijo en línea con el resto de partidos. EFE 
gc/nl/emm 
(audio) (foto)

Sujetos pasivos

Ni veu ni vot en els comicis


Van començar a arribar a mitjan 2015. Angela Merkel els va obrir primer les fronteres per raons humanitàries i gairebé una tercera part estan pendents d’expulsió: són els 1,3 milions de refugiats acollits per Alemanya des d’aleshores, el futur dels quals és el tema de campanya dominant de cara a les generals del 24 de setembre.

No es tracta només de com s’integraran les 750.000 persones a qui s’ha acceptat com a asilades. Es tracta, sobretot, de com i quan seran expulsats els sol·licitants rebutjats, prop de mig milió.


La xifra d’expulsions és molt baixa –unes 16.000 l’any–. Cadascuna de les repatriacions en grup d’afganesos genera manifestacions solidàries a l’aeroport, on grups de suport als asilats recorden que l’Afganistan no és un país segur. Entre el mig milió de sol·licitants rebutjats i potencialment repatriables hi ha un nombre important de persones a qui no es pot retornar al país d’origen, sigui perquè les autoritats d’allà no hi col·laboren o perquè en cas de tornar-hi corren perill.

I, també, un còmput més gruixut de “perillosos”, sigui perquè han comès delictes greus o perquè són a les xarxes del terrorisme islàmic. Casos com el del tunisià Anis Amri –l’autor de l’atemptat amb un camió robat contra el mercat nadalenc de Berlín, amb dotze morts, que estava pendent d’expulsió– alimenten els arguments a favor d’accelerar els processos no només de la ultradretana Alternativa per a Alemanya (AfD), el partit que ha crescut entre els votants gràcies al vot xenòfob, sinó també dels partits establerts. Des del bloc conservador de Merkel fins als socialdemòcrates de Martin Schulz o les dues forces de l’oposició, Esquerra i Verds.

Les diferències comencen quan els ultres entren de ple en la islamofòbia amb xifres de criminalitat inventades, aplicades als sol·licitants d’asil, i converteixen en potencials violadors o gihadistes tots els joves d’arrels immigrants que circulen per Alemanya sense res a fer –entre altres coses, perquè no hi ha cursos d’integració ni de formació professional per a tots.

Matèria prioritària

Els 1,3 milions de sol·licitants d’asil rebuts per Alemanya des del 2015 són matèria prioritària, però “passiva”, de campanya. Són asilats o persones en trànsit, en espera que es resolgui el seu cas, sense veu ni vot en les eleccions. Als qui han vist aprovada la seva sol·licitud se’ls ha assignat un lloc de residència, d’acord amb un sistema de repartiment entre els setze länder del país, que té en compte tant el pes demogràfic com l’econòmic de cada estat federat. Cadascun dels trasllats des del centre provisional fins al definitiu pot generar un conflicte, perquè no sempre es tenen en compte raons familiars o altres interessos dels refugiats. Als contenidors o habitacles instal·lats a l’antic aeroport berlinès de Tempelhof, al centre urbà de la capital alemanya i amb capacitat per a 1.120 residents, són freqüents les intervencions policials per obligar un grup de persones a pujar a l’autobús que les traslladarà a una altra residència predeterminada.

Un nombre important han començat a bellugar-se entre l’entramat burocràtic i judicial alemany, gràcies a les moltes organitzacions d’ajut als refugiats. Han presentat un recurs per reclamar el dret al reagrupament familiar o contra qualsevol altra decisió administrativa. En els cinc primers mesos d’aquest any, el nombre de noves demandes presentades era ja de 146.000, gairebé la mateixa xifra que durant tot l’any 2016, segons informava aquesta setmana el diari Süddeutsche Zeitung. La meitat es resoldran positivament per al querellant, segons l’estadística dels casos precedents.

L’administració alemanya continua desbordada, dos anys i mig després d’aquell any rècord en què van arribar 890.000 peticionaris d’asil. Són moltes les peces que han d’encaixar en cadascuna d’aquestes circumstàncies, incloent-hi els casos dels que no contribueixen a aclarir la seva procedència, ja que això significaria ser rebutjats immediatament. Un munt de situacions que faciliten la manipulació per part de la ultradreta de les xifres de delinqüència o terrorisme.

Un 22% d’alemanys immigrants

Les ànsies de puresa de la ultradreta topen amb la realitat d’un país que ha canviat amb les successives onades d’immigració, des de la postguerra. Un 22,5% dels 82 milions d’habitants del país són d’origen estranger, segons dades del departament federal d’estadística (Destatis).

El principal col·lectiu de ciutadans amb arrels immigrants és el turc, amb més de tres milions d’habitants, dels quals la meitat han adoptat la nacionalitat alemanya i tenen dret a vot. Més o menys el mateix percentatge de ciutadans comunitaris arribats al país fa més de deu anys són ja electors alemanys, en general perquè tenen la doble nacionalitat. A aquests col·lectius sí que s’hi adrecen els candidats dels partits establerts –conservadors, socialdemòcrates, Verds, Esquerra i Partit Liberal–. La ultradreta encara dubta: entre aquests ciutadans hi ha un alt percentatge de musulmans. I l’islam, segons expliquen en el seu programa, no forma part d’Alemanya.

750.000 persones han vist aprovada la seva sol·licitud; la resta estan pendents de resolució o expulsió.

70.000 refugiats mensuals es van rebre el 2015, mentre que aquest any s’ha baixat a una mitjana de 15.000.

martes, 19 de septiembre de 2017

El abucheo, como canal comunicador

Merkel busca el voto conservador en el este alemán, hostil a su liderazgo

Gemma Casadevall

Schwerin (Alemania), 19 sep (EFE).- La canciller de Alemania, Angela Merkel, salió hoy por última vez en busca del voto conservador en el este del país, región donde tiene su distrito electoral y donde con más fuerza le persigue el voto de protesta y la rabia de la ultraderecha.
Schwerin, capital del "Land" (estado federado) de Mecklemburgo-Antepomerania, fue la ciudad elegida para su última cita con el este en la campaña, esta vez en un pabellón deportivo del extrarradio, después de recibir abucheos, lanzamiento de algún tomate y hasta una amago de paraguazo en mítines anteriores al aire libre.
Un par de decenas de ciudadanos esperaban a la líder conservadora en el acceso al pabellón, armados con silbatos o a gritos, mientras la policía les cerraba la entrada al recinto impasible ante sus protestas por serles negado el "derecho al abucheo".
Algo más alejado, un grupo de militantes del neonazi Partido Nacionaldemocrático (NPD) mostraba sus banderas y caricaturas insultantes de la canciller.

Bildergebnis für merkel wahlkampf schwerin

"En nuestra sociedad hay derecho al debate y la controversia. No me parece muy creativo que se limite al abucheo, pero hay que vivir con eso", abrió Merkel su discurso ante los centenares de seguidores de la Unión Cristianodemócrata (CDU) que, previamente identificados, habían accedido al mitin.
La líder conservadora insistió en su consigna de campaña, que Alemania es un país donde vale la pena vivir y que entre su formación y el Partido Socialdemócrata (SPD) de su principal rival, Martin Schulz, hay grandes diferencias, pese a su condición de socios de gran coalición.
"Nosotros representamos la solidez, la economía social de mercado y la garantía de que el futuro seguirá siendo de prosperidad y de activación económica de los nuevos estados federados", dijo, en alusión a lo que fue el territorio de la antigua Alemania comunista.
Schulz, mientras tanto, salió por el apoyo de los suyos en Heidelberg (sur del país), en Baden-Württemberg, un territorio asimismo hostil para el aspirante, gobernado por Verdes con la CDU.
Allí trasladó de nuevo su convicción de que las elecciones no están aun decididas a favor de Merkel, aunque los sondeos digan lo contrario.
Al menos en eso coincide con él la canciller, quien llamó a los suyos a no confiarse en la ventaja que se le perfila -unos 14 puntos sobre el SPD- y salir a votar a la CDU el próximo domingo.
En Mecklemburgo-Antepomerania, donde Merkel es cabeza de lista, los cristianodemócratas se vieron superados en las regionales celebradas el año pasado tanto por el SPD como por la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).
El este de Alemania no es territorio amigo para Merkel, a pesar de que creció en esa parte del país.
Parte de sus ciudadanos la ve como una triunfadora ajena a su mundo, cuya carrera política arrancó tras la caída del muro de Berlín en 1989 y bajo el apadrinamiento del canciller Helmut Kohl.
Es, además, enemiga declarada de La Izquierda, formación de base poscomunista muy arraigada en esa parte del país.
El este alemán sigue sin haber alcanzado el nivel de prosperidad del oeste, veintisiete años después de la reunificación (1990): los salarios son un 18 % inferiores a los del resto del país y el desempleo se sitúa en el 8,5 %, unos tres puntos por encima de la media nacional.
Aunque la brecha se ha reducido -en los años siguientes a la reunificación el desempleo doblaba con creces al del oeste- muchos de sus ciudadanos se sienten todavía relegados, como constataba el último informe anual sobre el estado de la unidad alemana.
La rabia contra la canciller procede principalmente de gente "que se ha quedado atrás o teme quedarse atrás en los procesos de modernización o globalización", explica Michael Spreng, asesor de campaña de la CDU en 2002, cuando Merkel era líder de la oposición.
La mayor parte de esa gente "se ha quedado atrás por su propia culpa, pero encuentra un desahogo en echarle la culpa a Merkel", añade.
"Merkel está aquí, a pesar de los chaparrones que le han caído cada vez que pisa el este. Hay que reconocerle valor", afirma Doris Krausen, una militante de los Verdes que también se quedó sin acceder hoy al interior del pabellón, algo decepcionada por no haber podido entrar a escuchar a la canciller, pero comprensiva.
Inicialmente el mitin iba a tener lugar en la plaza mayor de Schwerin, pero los responsables de campaña cambiaron esos planes ante la evidencia de que cada uno de los mítines obligaba a desplegar un impresionante dispositivo de seguridad, en tiempos de amenaza terrorista generalizada. EFE gc/nl

Que vienen, que vienen


Els ultres trenquen el blindatge alemany