jueves, 31 de marzo de 2022

El impresentable Schröder o la impecable Merkel

 Sota la hipoteca russa

domingo, 27 de marzo de 2022

El mundo libre amenaza

Biden diu que Putin “no pot continuar en el poder”

El Saarland de Lafontaine

El año electoral alemán se abre con  triunfo para Scholz y desplome conservador

Gemma Casadevall


Berlín, 27 mar (EFE).- El año electoral alemán se abrió con un triunfo rotundo para el Partido Socialdemócrata (SPD) del canciller Olaf Scholz, que arrebató a la Unión Cristianodemócrata (CDU) el "Land" del Sarre, fronterizo con Francia y bajo dominio conservador desde hacía 22 años.
La candidata del SPD, Anke Rehlinger, obtuvo para su partido un 43,5 % de los votos, según los resultados finales de la comisión electoral regional. Este resultado es un despegue incontestable respecto al 29,6 % que obtuvo en las regionales de 2017 y le da la mayoría absoluta en la cámara.
La CDU del primer ministro del "Land", Tobias Hans, cayó al 28,5, un hundimiento igualmente indiscutible para un partido que, además de haber liderado todos los gobiernos regionales desde 2000, obtuvo cinco años atrás un 40,7 %.
Hans había gobernado en la última legislatura en coalición con los socialdemócratas y con Rehlinger al frente de Economía, Trabajo, Energía y Tráfico. El primer ministro saliente asumió su responsabilidad personal en la derrota en cuanto saltaron las primera proyecciones de voto.
El peso de este "Land", con apenas un millón de habitantes, es menor en un país con 82 millones de habitantes. Pero el hecho de abrir el año electoral alemán, tres meses después de la llegada al poder de Scholz con un tripartito que también integran verdes y liberales, daba a los comicios una relevancia especial.
Para la CDU tenía rango de test ante las urnas tras la elección diciembre de su nuevo presidente, el derechista Friedrich Merz, rival de la línea centrista que en sus 18 años al frente del partido representó la excanciller Angela Merkel.
En lo que concierne a las restantes formaciones parlamentarias, solo la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo representación parlamentaria, con un 5,7 %, medio punto por debajo de sus resultados de 2017.
Los Verdes mejoraron resultados respecto a las anteriores regionales, pero por apenas 23 votos quedaron por debajo del 5 %, el listón mínimo para acceder a la cámara.
Asimismo sin escaños se quedó el Partido Liberal (FDP), con un 4,8 % de los votos.

LA IZQUIERDA, DESARMADA POR EL ABANDONO DE LAFONTAINE

Definitivamente desmantelada quedó la Izquierda, que del 12,8 % obtenido cinco años atrás quedó en un 2,6 %. Este naufragio se explica en parte en las sucesivas crisis internas, agrandadas ahora por la guerra de Ucrania.
La cúpula federal izquierdista ha condenado sin paliativos la invasión rusa, posición no compartida por una formación a la que le cuesta aún condenar a Moscú.
En medio de esos disensos, el fundador del partido, Oskar Lafontaine, abandonó hace una semana la formación, en desacuerdo con la, a su parecer, "línea tibia" adoptada por la cúpula, a la que acusó de haber renunciado al ideal del desarme.
A Lafontaine se le apodaba "el Napoleón del Sarre" por proceder de ese "Land", del que fue primer ministro entre 1985 y 1998, entonces aún dentro del SPD.
Su abandono de la Izquierda es el segundo que protagoniza este político. En 1999 sacudió el entonces gobierno socialdemócrata-verde con su doble dimisión, como líder del SPD y como ministro de Finanzas, en desacuerdo con el centrismo del canciller Gerhard Schröder.
Se llevó consigo a la militancia más izquierdista para fusionarse, unos años después, con el postcomunismo del este de Alemania.

PRIMERA ETAPA EN UN AÑO COMPLEJO PARA LA CDU

A esta primera cita del año electoral alemán seguirán los comicios regionales del 8 de mayo en el pequeño "Land" de Schleswig Holstein, fronterizo con Dinamarca, donde la CDU gobierna con verdes y liberales.
Una semana después renovará su cámara el "Land" de Renania del Norte-Westfalia, el más poblado del país con 18 millones de habitantes y gobernado por la CDU, en este caso en alianza con los liberales.
Serán dos pruebas más para el liderazgo de Merz, quien logró la elección para dirigir la CDU por la vía de la consulta entre las bases tras dos intentos fallidos de encontrar una sucesión leal a la línea de Merkel -la representada por Annegret Kramp-Karrenbauer, que se retiró cuestionada en su liderazgo, y la de Armin Laschet, derrotado por Scholz en las generales de 2021-. EFE  gc/amg/fpa

sábado, 26 de marzo de 2022

El gran hermano nos visita

Biden visita Polònia, el soci europeu més lleial i útil, però també el més exigent

viernes, 18 de marzo de 2022

De Reagan a Zelenski

 Zelenski alerta Berlín del “nou mur” que aixeca Putin

jueves, 17 de marzo de 2022

Eterno Kaczynski

 

Polònia guanya protagonisme


Volodímir ante el Bundestag



Zelenski evoca los estragos del muro ante un Scholz en rodaje

Joana Serra

“Señor Scholz, destruya este muro”, reclamó el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en un mensaje virtual dirigido al plenario del Bundestag (Parlamento federal) que lo había recibido con un aplauso cerrado. “Dele a Alemania el liderazgo que merece y del que sus hijos puedan estar orgullosos”, prosiguió, en dirección al canciller alemán, Olaf Scholz, que justo este jueves cumplía sus primeros cien días al frente del Gobierno.

El muro al que se refería no era el que, entre agosto de 1961 y hasta noviembre de 1989, partió la capital alemana por designio de la Alemania comunista, satélite de Moscú. Alertaba Zelenski en su mensaje sobre un “nuevo muro” que, aseguró, “recorre Europa” y que Rusia está construyendo, bomba a bomba. Es el muro que separará “la libertad y la falta de libertad”, prosiguió, cuyos límites pueden no quedarse dentro de Ucrania, sino extenderse más allá, si no se actúa para detener la guerra lanzada por el presidente ruso, Vladímir Putin.

Es un nuevo muro, no el que partió Berlín o el conjunto de Europa en la guerra fría. Pero para los alemanes, sobre todo para los no tan jóvenes, la frase pronunciada por Zelenski recordaba al histórico “Mr Gorbachov, tear dows this wall” –”Míster Gorbachov, eche abajo el muro”-- con que en 1987 el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, exigió el fin de la traumática división, de visita en Berlín y ante la Puerta de Brandenburgo.

El nuevo muro se está construyendo “piedra a piedra, bomba a bomba”, a cada bombardeo ordenado por Putin contra escuelas, hospitales o cualquier otro objetivo civil de Ucrania, dijo Zelenski. También con cada “decisión que no se adopta”, reprochó, para insistir en que las sanciones aprobadas contra Putin o su entorno “son insuficientes”.

Zelenski no se limitó a reprochar falta de acción a Scholz. También recordó las veces que, desde Kiev, se advirtió a Alemania que el Nord Stream 2 es “un arma”. Alemania desoyó las protestas de Ucrania contra la construcción de un gasoducto destinado a transportar gas ruso a través del Báltico y sin pasar por su territorio. El proyecto energético nació en 2005 como fruto de un acuerdo entre el entonces canciller socialdemócrata Gerhard Schröder y su aliado, político y personal, Putin. El primer Nord Stream entró en funcionamiento –y así sigue- en 2011, mientras que el Nord Stream 2 quedó paralizado por decisión de Scholz al día siguiente de empezar la invasión.

“Les advertimos que era un arma. Pero para Ustedes respondían con economía, economía, economía”, dijo, lo que podía entenderse como una crítica tanto a Schröder como a su sucesora, la conservadora Angela Merkel, que no detuvo su construcción ni a raíz de la anexión de Crimea, en 2014

Scholz bloqueó la entrada en funcionamiento del segundo gasoducto ya in extremis. Pero no se decide a prohibir las importaciones de gas, petróleo y carbón ruso porque, a diferencia de Estados Unidos, Alemania sí depende energéticamente de Rusia.

El mensaje de Zelenski, coincidiendo con los primeros 100 días de gobierno de Scholz, llevaba implícitas muchas armas arrojadizas contra el tripartito actual y contra sus predecesores. La coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales de Scholz ha lastrado decisiones más drásticas a escala de la UE precisamente por esa dependencia. El ministro de Economía y el Clima, el verde Robert Habeck, ha tenido que admitir su impotencia para romper de inmediato esos suministros, lo que para alguien de su partido es doblemente duro. Los ecologistas fueron de alguna manera cómplices del nacimiento de Nord Stream bajo Schröder, puesto que entonces eran sus socios de gobierno. Desde la oposición reclamaron una y otra vez su suspensión, mientras denunciaban la tacañería de los sucesivos gobiernos de Merkel para invertir en las renovables. Ahora que vuelven a estar en el gobierno tratan de acelerar las inversiones y la transición energètica.

Pero la guerra ha llevado a Scholz a dar un giro de 180 grados en Defensa, con la aprobación de un paquete de 100.000 millones de euros en la modernización de su Ejército y la decisión de aumentar el gasto en defensa hasta el objetivo del 2 % del PIB reclamado por la OTAN. Habeck clama por impulsar las renovables. Pero sabe que eso no ocurrirá de la noche a la mañana.

Hiperactivo Volodímir, impávido Scholz

Zelenski  alerta a Berlín de un "nuevo muro" y reclama liderazgo a Scholz

Gemma Casadevall

Berlín, 17 mar (EFE).- El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, alertó hoy ante el Bundestag (Parlamento alemán) sobre un nuevo muro "entre libertad y falta de libertad" que recorre Europa y reclamó al canciller Olaf Scholz capacidad de liderazgo para "derribarlo", en lugar de priorizar "la economía".
"Dele a Alemania el liderazgo que merece para que las generaciones futuras puedan estar orgullosas de ustedes. Apoye nuestra libertad, apoye a Ucrania, detenga esta guerra, ayúdenos a detenerla", clamó el líder ucraniano, en una intervención virtual ante el plenario, que lo recibió con una fuerte ovación.
Zelenski invocó el histórico discurso pronunciado en 1987 por el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, cuando pidió desde la Puerta de Brandeburgo al líder soviético, Mijail Gorbachov, que derribara el muro que desde 1961 dividía Berlín.
"Señor Scholz, destruya este muro", enfatizó, para insistir en la parábola entre esa división de entonces y el nuevo muro que, advirtió, está trazando Rusia desde la invasión que se inició el 24 de febrero y que ha costado la vida, dijo, de al menos 108 niños.
"Cada bomba que cae, cada decisión que no se adopta es una piedra con la que se construye ese muro", añadió el líder ucraniano, para recordar que los ataques rusos sobre su país se producen "día y noche, los siete días de la semana" y que no respetan ni hospitales, ni escuelas ni otros objetivos civiles.
Reprochó a continuación Zelenski al plenario la falta de un apoyo más decidido y advirtió de que las sanciones contra el entorno del presidente ruso, Vladímir Putin, "llegan tarde y no son suficientes".
"Es difícil para nosotros sobrevivir a todo esto sin la ayuda del resto del mundo, defender a Ucrania y defender al mundo libre de Europa", dijo, para sostener su país estaba encontrando "más apoyos" desde el otro lado del Atlántico que en su propio continente.
 
EL GASODUCTO, FACTOR PRIORITARIO

Zelenski no ahorró reproches tampoco a la cúpula política alemana -no solo la actual, sino también la precedente- en lo que respecta al gasoducto Nord Stream, fruto de un acuerdo en 2005 entre el entonces canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder, y Putin, su amigo y aliado político.
"Les advertimos de que Nord Stream 2 era un arma. Y su respuesta fue economía, economía, economía", afirmó el presidente ucraniano, en alusión al segundo tramo de ese gasoducto, cuya construcción no detuvo Berlín ni siquiera a raíz de la anexión de Crimea, en 2014, bajo el gobierno de la anterior canciller, Angela Merkel.
La decisión de suspender el proceso de certificación del gasoducto la adoptó Scholz al día siguiente de iniciarse la invasión de Ucrania, por lo que ha quedado paralizado. El Nord Stream 1, en funcionamiento desde 2011, sigue suministrando gas ruso a Alemania, mientras el gobierno actual busca remedios para reducir la dependencia energética de Rusia.
La cuestión ha pesado sobre la gestión de Scholz, quien justamente hoy cumple sus primeros cien días de gobierno al frente de un tripartito entre su Partido Socialdemócrata (SPD), los Verdes y el Partido Liberal (FDP).
El propio canciller defendió hasta la invasión de Ucrania el Nord Stream 2, mientras que su vicecanciller y ministro de Economía y el Clima, el verde Robert Habeck, ha afirmado que romper de inmediato con los suministros energéticos rusos es técnicamente factible, pero a un coste no asumible y atentatorio contra la cohesión social.
Un 50 % del consumo de gas en el país depende de esas importaciones, el mismo porcentaje que para el petróleo, mientras que el relativo al carbón es del 35 %.
Al gobierno de Scholz se la ha acusado de lastrar decisiones más drásticas frente a Moscú a escala de la Unión Europea precisamente por ese factor económico. Berlín considera impracticable prohibir esas importaciones, como sí hace Estados Unidos.
No ha habido bajo el socialdemócrata Scholz un giro de 180 grados respecto a la línea de la conservadora Merkel (2005-2021) en materia energética o respecto a Schröder (1998-2005) -cuyos vínculos con Putin avergüenzan ahora al SPD-.
El único giro radical ha sido en Defensa. Tres después de iniciarse la invasión de Ucrania, el propio Scholz anunció desde el Bundestag un paquete extraordinario de 100.000 millones de euros para modernizar sus Fuerzas Armadas, así como un aumento del gasto en Defensa al 2 % -el objetivo de la OTAN-.
Como sus principales socios de la Alianza Atlántica, Berlín rechaza la zona de exclusión aérea sobre Ucrania que ha reclamado Zelenski. También se niega a una intervención de soldados de la OTAN en territorio de ese país, en línea con las advertencias de Washington contra lo que sería convertir a la alianza en "parte" del conflicto. EFE
gc/jac 

miércoles, 16 de marzo de 2022

Scholz saca la chequera

Alemania dispara el gasto público para atender a Defensa y al ciudadano

Joana Serra

Alemania reacciona ante la situación creada por la guerra en Ucrania con una dinámica parecida a la empleada, en lo presupuestario, contra la covid-19. El consejo de ministros del canciller socialdemócrata Olaf Scholz, con el liberal Christian Lindner al frente de Finanzas, aprobó un proyecto de ley para los presupuestos de 2022 que incluye un nuevo endeudamiento de casi 100.000 millones de euros –concretamente 99.700 millones de euros-- a los que se añadirá el fondo especial de inversiones por 100.000 millones de euros destinado a la partida de Defensa.

Lo segundo forma parte del paquete especial anunciado por Scholz tres días después de iniciarse

la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Su objetivo es, por un lado, cumplir el objetivo marcado desde hace años –e ignorado, hasta ahora-- por la OTAN de destinar a Defensa alrededor de un 2,0 % del Producto Interior Bruto (PIB). Por el otro, modernizar un Ejército que, como viene reclamando el estamento militar, quedó obsoleto tras varias legislaturas marcadas por la austeridad. De pronto, Alemania quiere despedir sus viejos aviones de reconocimiento “Tornado” y substituirlos por modernos F-35 de fabricación estadounidenses, considerados los cazas mejor dotados del mundo y capacitados para transportar armamento nuclear.

El paquete de inversiones en Defensa es el más espectacular. Pero en paralelo Lindner se propone “compensar” las repercusiones de la guerra sobre la gran industria, pero también sobre el ciudadano. Más o menos la misma doctrina que se aplicó, aún en tiempos de la canciller conservadora Angela Merkel, para paliar los estragos de la covid sobre el mercado laboral o la actividad económica, que quedó paralizada durante meses por las restricciones en la vida pública.

Este apartado aún debe concretarse, puesto que depende del alcance y las repercusiones de la guerra.

Destacan de entrada la serie de compensaciones, tanto al ciudadano como a la empresa, para paliar el alza de los precios de la energía. Una de las normas ya consensuadas entre la coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales es el aumento de la ayuda a los hogares con rentas bajas para hacer frente a la factura de la calefacción. Será de 270 euros para ciudadanos de bajos ingresos, estudiantes o jubilados con pensiones mínimas, en caso de personas que vivan solas. Si conviven dos personas en esas mismas condiciones la ayuda sube a 350 euros. Se contempla asimismo 70 euros más por cada persona adicional que resida bajo ese mismo techo.

Ello es más del doble de lo inicialmente previsto por la alianza de Scholz, suscrita el pasado diciembre. Entonces la factura energética ya había empezado a dispararse. Desde el agresión contra Ucrania el ascenso es ya imparable, en un país donde un 50 % de las importaciones de gas procede de Rusia. Se estima que estas ayudas beneficiarán a unos 2,2 millones de personas.

Lindner se propone, asimismo, establecer ayudas a los conductores que dependen del coche propio para acudir al trabajo o para desplazamientos familiares. Su objetivo es que ni la gasolina ni el diésel –ahora en los 2,25 euros por litro-- cuesten al ciudadano más de dos euros por litro. Es una medida impulsada casi como asunto propio por el ministro de Finanzas, a cuyo partido liberal se apoda en Alemania como el defensor de los ciudadanos con ingresos altos. Los Verdes no respaldan, por ahora, su idea de compensar o primar al conductor.

Alemania parece haberse despedido así, un año más, de cumplir con el llamado “freno de la deuda”, una norma anclada en la Constitución por la cual el déficit no puede superar el 0,3 % del PIB. La misma norma prevé, sin embargo, excepciones en tiempos de emergencia. A eso se sujetó la gran coalición de Merkel durante la crisis de la covid, del mismo modo que el tripartito de Scholz lo hace ahora ante una guerra de consecuencias aún más impredecibles y globales.

En el búnker de Zelenski

Polonia asume el liderazgo del flanco este con más coraje que viabilidad

Joana Serra

Polonia asumió el liderazgo del flanco este europeo con el arriesgado viaje en tren de su cúpula política a un Kiev bajo las bombas y la propuesta, en presencia del presidente Volodímir Zelenski, de mandar una fuerza de paz de la OTAN a Ucrania. Fueron dos muestras de valor, tanto en lo físico como en lo político, a las que Bruselas y Alemania han respondido recordando ya la inviabilidad, cuando menos, de una actuación que para la Alianza Atlántica puede ser más peligrosa aún que el propósito de Varsovia –ya abortado-- de donar sus MiG-29 a Kiev.

Fue Jaroslaw Kaczynski, viceprimer ministro polaco y líder del ultraconservador partido Ley y Justicia (PiS), quien dio un giro a la valerosa misión encabezada por el jefe de su Gobierno, Mateusz Morawiecki, más su homólogo checo, Pietr Fiala, y el esloveno, Janez Jansa. A las imágenes de la reunión mantenida con Zelenski, difundidas vía Telegram por el gobierno de Kiev, seguía una comparecencia destinada a plasmar la solidaridad y el apoyo de estos socios europeos del este. Kaczynzki, hermano gemelo del fallecido presidente Lech Kaczynski y representante del legado político de aquel, sugirió ahí la idea de una “tropa de paz” de la OTAN, algo para lo que –reconoció-- se precisaría de un “marco amplio”, distinto al existente en la Alianza.

Fue una comparecencia pasada la medianoche en la capital ucraniana, tras un viaje de más de doce horas en tren en un país ensangrentado por la invasión rusa que empezó veinte días atrás. Mientras Morawiecki respaldaba la aspiración de Ucrania a un rápido proceso de reconocimiento como candidato a ingresar en la UE, el hombre fuerte del PiS amplificaba con la mención a la OTAN el desafío que, de por sí, ese viaje suponía para Bruselas.

Según fuentes polacas, a Kiev asistían “en representación de facto” de la UE y con el consenso del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y la de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen. Bruselas matizó que simplemente estaban “al tanto” de un viaje que, según Michel, “implicaba riesgos de seguridad”.

A ese matiz de Bruselas, emitido el martes ya mientras Morawiecki y sus acompañantes estaban aún en ruta a Kiev, siguieron este martes un claro rechazo a la propuesta de Kaczynski sobre una tropa de paz de la OTAN. Estados Unidos, Francia y Alemania están de acuerdo en que no puede haber presencia de soldados de la Alianza en Ucrania, recordó el canciller Olaf Scholz, a través de un portavoz. El secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, ha expresado casi a diario su no rotundo a cualquier maniobra que implique “entrar” en Ucrania, incluido dictar una zona de exclusión aérea como reclama Kiev.

“Queridos ciudadanos de España, de Francia, de Austria o de Italia: “es su confort más importante que las lágrimas y la sangre de los niños ucranianos?", escribía en su cuenta en Twitter Morawiecki, de regreso de Ucrania pero presumiblemente aún bajo el impacto de lo vivido en esa misión. Con ello pretendía llamar a los socios europeos a abandonar el sofá o comprometerse con algo más que con suministros de armas. La perspectiva de Varsovia es muy distinta a la exhibición de timideces y compromisos a medias mostrado en la cumbre informal de Versalles, hace una semana. El pronunciamiento de Países Bajos contra cualquier “atajo” para el ingreso de Ucrania en la UE no era la posición de un único socio, sino la mayoritaria entre los 27. A las imágenes versallescas de la cumbre de los 27, seguían las de Morawiecki y Kaczynski viajando en tren, en la misma ruta que hacen a diario miles de ucranianos para salir de su país.

Polonia, con la mayor frontera con Ucrania entre los socios de la UE, es también el país que más refugiados ha recibido desde el inicio de la invasión -1,8 millones, de los tres millones de desplazados por este conflicto. En su territorio vivían ya un millón de ciudadanos de origen ucraniano, lo que le señala como país predestinado a acogerlos.

Mientras en Alemania, adonde han llegado unos 150.000 refugiados, empiezan a escucharse lamentos de autoridades regionales que se dicen “desbordadas” para alojarlos, Polonia se ha convertido en país de acogida aparentemente compartida con generosidad por instituciones, poderes locales o nacionales, así como ciudadanos de toda condición.

Nada que ver con el rechazo a los refugiados que caracterizó a ese país durante la crisis migratoria de 2015 ni tampoco, más recientemente, con la actuación de sus autoridades frente a la llamada “guerra híbrida” lanzada desde Bielorrusia, al impulsar a miles de refugiados sirios y de otras regiones en conflicto sobre sus fronteras. Polonia bloqueó entonces toda posibilidad de ingreso en el país a decenas de miles de esos desplazados, atrapados en tierra de nadie y a temperaturas nocturnas gélidas.


martes, 15 de marzo de 2022

A la carta

 La neutralitat nòrdica trontolla

El expreso Varsovia-Kiev


El este europeo desafía desde Ucrania a Moscú, y también a Bruselas


Los líderes de Polonia, República Checa y Eslovenia viajan al Kiev bajo el asedio ruso


Joana Serra


Los líderes de Polonia, República Checa y Eslovenia –Mateusz Morawiecki, Pietr Fiala y Janez Jansa, respectivamente- plasmaron el compromiso del este europeo con Ucrania con un viaje hasta el Kiev asediado, a modo de desafío a Moscú y, aunque indirectamente, a Bruselas. Los tres jefes de Gobierno partieron de Polonia a primera hora en tren, un país donde día a día quedan pulverizados tramos de carreteras por los ataques rusos o son los propios ucranianos quienes cortan sus puentes, en un intento por detener el avance enemigo.
“Esta tragedia tiene que detenerse cuanto antes. Por eso estamos aquí!”, escribió Morawiecki, desde su cuenta en facebook, tras llegar a la capital ucraniana. “Aquí es donde se hace historia, en la Kiev devastada por la guerra. Aquí la libertad está luchando contra tiranía”, añadió, a través de twitter, junto con imágenes de los líderes, de viaje, examinando un mapa ucraniano.
Poco después, el primer ministro ucraniano, Denys Shmyhal, les saludaba asimismo a través de las redes sociales, dando la bienvenida al “coraje de los verdaderos amigos”.
El objetivo era reunirse en la sitiada capital con el presidente Volodímir Zelenski, quien unas horas antes, en una intervención virtual ante líderes europeos reunidos en Londres había reconocido que la puerta de la OTAN está cerrada para su país. Poco después repitió, esta vez en un mensaje al Parlamento de Canadá, su exigencia de una zona de exclusión aérea sobre su país. Algo que la Alianza Atlántica y la UE rechazan, porque precipita el peligro de una guerra atómica.
La intención del viaje de los tres líderes del este europeo, según el primer ministro checo Fiala a través de su cuenta en Twitter, era “mostrar nuestra solidaridad” hacia Ucrania. Es decir, ir más allá de los pronunciamientos de apoyo o las promesas de suministros de armas emitidos desde Bruselas o las capitales de los 27 estados miembros de la UE.
Fue acordado, según fuentes polacas, en el consejo informal de la UE la semana pasada en Versalles, bajo la presidencia de turno del bloque comunitario a cargo de Emmanuel Macron. Una cumbre en la que quedó claro que no habría “atajos” para un ingreso por la vía rápida de Ucrania en la UE.
Según Polonia, la visita a Ucrania contaba con el acuerdo del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y con la de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen. La versión polaca contrastaba con la de Bruselas. La UE estaba “al tanto” de ese viaje, indicaron fuentes comunitarias. Michel, por su parte, expresó más claramente su malestar o incomodidad ante esa iniciativa, además de subrayar los “riesgos de seguridad” que implica la visita de tres líderes de la UE a Ucrania.
El portavoz del Gobierno polaco, Piotr Müller, había hecho hincapié, en un comunicado emitido mientras los líderes estaban ya camino a Kiev y a través de su cuenta en twitter, en que el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, había sido informado de la misión, lo mismo que representantes del Gobierno de Estados Unidos, aunque sin precisar más.
“La delegación actúa, de facto, en representación de la UE”, llegó a escribir Müller. Las precisiones de Varsovia apuntaban a una voluntad, por parte polaca, de quitar a la visita cualquier sombra de iniciativa por cuenta propia de esos tres países.
Polonia, país que ha recibido ya 1,8 millones de refugiados del total de casi tres millones de desplazados generados por los 19 días de conflicto, es también el más activo entre los socios de la UE fronterizos con Ucrania con la defensa del país vecino.
La semana pasada Varsovia se pilló los dedos al anunciar su disposición a entregar a Ucrania sus MiG-29 –cazas de fabricación rusa y los únicos para los que recibieron instrucción los pilotos ucranianos-. La oferta unilateral fue rechazada desde Estados Unidos, país implicado ya que pretendía Polonia obtener a cambio sus F-16 usados. También respondió con una negativa Alemania, puesto que el canje debía hacerse en la base estadounidense de Ramstein, en territorio germano.
El viaje de los tres líderes era claramente una iniciativa de estos tres socios del este europeo. Pero necesitaba ir revestido del máximo consenso posible a escala de la UE y, cuando menos, sin rechazo explícito de la OTAN.
La delegación polaca incluía, además, a Jaroslaw Kaczysnki, líder del gubernamental partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS) y hombre fuerte del gobierno de Morawiecki. Representó entre 2015 y 2019 la línea más dura contra la acogida de refugiados procedentes del conflicto sirio.
Del rechazo de entonces ha pasado Polonia a convertirse en el primer destino de los desplazados por la guerra en Ucrania. Muchos siguen hacia otros países de la UE, principalmente Alemania. Otros se quedarán en Polonia, país con un millón de ciudadanos de origen ucraniano, lo que facilita su integración y les mantiene cerca del lugar que dejaron.

domingo, 13 de marzo de 2022

De la solidaridad a los "captores"

 



Alemania se moviliza ante una guerra cada vez más cercana

Joana Serra


Decenas de miles de manifestantes salieron a la calle en Berlín en una nueva movilización contra una guerra que se percibe cada vez más cercana, tanto geográfica como humanamente o por los estragos efectos económicos que acarrera. En el centro de la capital alemana confluyeron una marcha por la paz, respaldada por la Confederación de Sindicatos Alemana (DGB), con otra convocada por jóvenes ucranianos, residentes en el país o mujeres y niños llegados como refugiados.

Aparentemente, eran marchas “hermanas”, con los colores de la bandera ucraniana como elemento omnipresente, en múltiples formatos o presente en la vestimenta de los congregados, entre cantos del “Slava Ukrayini”. Pero los contenidos de la proclamas y carteles revelaban diferencias: la primera estaba dominada por lemas como “No a la guerra” o “Stop a Putin”, a favor de romper con el gas y el petróleo rusos –del que depende 50 % del consumo alemán-- o contra el precio desorbitado de la gasolina; la segunda exigía la implantación de una zona de exclusión aérea sobre Ucrania, así como su ingreso rápido a la Unión Europea (UE), dos reclamaciones que hoy por Bruselas y el conjunto de los 27 rechazan por inviables.

La movilización en Berlín no alcanzó las dimensiones de la que tuvo lugar el 27 de febrero, tres días después de iniciarse la invasión de Ucrania y coincidiendo con el giro de 180 grados del gobierno de Olaf Scholz, que ese mismo día anunció un paquete multimillonario de inversiones en Defensa. Entonces fueron unas 200.000 personas las que salieron a la calle en Berlín en solidaridad con Ucrania. Esta vez, sin embargo, a la movilización en la capital se sumaron otras con entre 10.000 y 30.000 personas en Fránkfurt, Hamburgo y Stuttgart, entre otras ciudades.

Son ya unos 140.000 los refugiados llegados a Alemania desde el inicio de la invasión. La cifra es solo orientativa, según fuentes del Ministerio de Interior. No hay obligación de registrarse para aquellos que no precisan que se les gestione un alojamiento, sea porque les acogen familiares, conocidos o ciudadanos privados que simplemente se acercan a la estación portando carteles para ofrecerles su casa.

En la estación central de Berlín se pone a su alcance todo tipo de información, también de consultas médicas donde serán atendidos gratuitamente. Hay decenas de voluntarios que reparten comida, ropa, juguetes o tarjetas telefónicas, auxiliados por intérpretes en distintos idiomas. También hay agentes de seguridad y de la policía, ya que empezó a detectarse la presencia de “captores” que ofrecen vivienda y trabajo a las mujeres más jovenes, que supuestamente acabarán en las redes de la explotación sexual.

El antiguo aeropuerto de Tegel ha empezado a funcionar como centro de primera acogida para quienes no tienen dónde quedarse; en los próximos días se espera se habiliten también para ese fin los otros dos aeródromos fuera de servicio, Schönefeld y Tempelhof, éste último ya utilizado como alojamiento provisional durante la crisis migratoria de 2015.

La guerra se percibe cada vez más cercana en Berlín, a 1.300 kilómetros de Kiev. El ataque con misiles rusos contra la base militar de Yavoriv, a 25 kilómetros de la frontera con Polonia, ha activado todas las alarmas. La guerra está a las puertas de la OTAN. La estación de Lviv, en la misma región que la base atacada, era uno de los puntos neurálgicos para el tránsito de los refugiados hacia Polonia. Hasta ayer, quien llegaba ahí podía sentirse más o menos seguro.