domingo, 24 de enero de 2010

Hasta la vista, amigo

Lafontaine es retira i deixa el seu partit dividit

Gemma C. Serra

Oskar Lafontaine, la bèstia roja de la política alemanya, va anunciar ahir la seva retirada com a líder de l'Esquerra i diputat al Bundestag (Parlament). Lafontaine va precipitar, així, el pols per a la seva successió al capdavant d'un partit a l'alça i nascut de la unió entre dissidents socialdemòcrates cansats de "traïcions" a les essències i postcomunistes de l'est.
Oskar Lafontaine, líder de l'Esquerra, ahir a la seu del partit a Berlín, poc abans d'anunciar la seva retiradaDesprés d'una operació de càncer, fa dos mesos, Lafontaine es va decidir a fer aquest pas. El motiu, doncs, no cal buscar-lo en les discussions internes a l'Esquerra, segons va assegurar ell mateix, tan vital com sempre malgrat la malaltia.
Lafontaine, conegut com el Napoleó del Saarland -el land on va governar durant 14 anys-, deixa una Esquerra electoralment més forta que mai. A les passades eleccions generals va fregar el 12% i ja ha deixat de ser un partit regional -arquetípic de l'est nostàlgic- per arrelar-se amb força a l'oest.
Internament, però, està més dividida que mai. Lafontaine i Gregor Gysi, cap del grup parlamentari, no se suporten. I el mateix passa entre les bases de l'est i l'oest. La divisió entre el postcomunisme "hereu" del règim del Mur i l'esquerra de l'altra meitat del país continua existint, tres anys després que Gysi i Lafontaine tanquessin una fusió de conveniència. Cal afegir, a més, la batalla interna entre els pragmàtics, que volen acostar-se a la socialdemocràcia, i els "fonamentalistes".
La retirada de Lafontaine, a qui els socialdemòcrates mai han perdonat que deixés la presidència del partit i el govern de Gerhard Schröder, pot afavorir els pragmàtics. Però els falta un líder carismàtic que arrossegui electors.

Notícia publicada al diari AVUI, pàgina 12. Diumenge, 24 de gener del 2010

sábado, 23 de enero de 2010

Oskar se despide (again)


Lafontaine se retira y deja en suspenso el rumbo de la pujante Izquierda
 
Gemma Casadevall

Berlín, 23 ene (EFE).- El líder de La Izquierda alemana, Oskar Lafontaine, anunció hoy su retirada de la vanguardia política y precipitó el pulso por la sucesión al frente de esa formación en auge, aglutinante del pos comunismo y la disidencia socialdemócrata, pero dividida entre pragmáticos y "fundamentalistas".
Lafontaine, bipolarizador tanto en sus tiempos socialdemócratas como al frente de la formación crecida del voto de los descontentos, reapareció tras meses de ausencia con el anuncio de que no optará a su reelección como líder La Izquierda, en el congreso de mayo, y que deja también su escaño en el Parlamento (Bundestag).
"El cáncer ha sido el disparo de advertencia", dijo, respecto a la enfermedad que le ha tenido apartado de la vida pública desde octubre. Su actividad se concentrará en el Sarre, el estado del que fue primer ministro durante catorce años, aún como socialdemócrata.
Si en 1990 pasó una "crisis existencial" -"que superé", dijo-, tras el atentado sufrido como candidato socialdemócrata a la cancillería, ahora el cáncer le ha decidido a dar ese paso, que sucede a una serie de anteriores "toques de aviso" de su salud.
Lafontaine, de 66 años, sin síntomas de decaimiento y haciendo gala de la misma agilidad mental que le convirtió durante años en temido orador del Bundestag, insistió en que su decisión no tenía nada que ver con la discusión sobre el rumbo del partido.
"Los ataques personales nunca me intimidaron. Al contrario", dijo, custodiado por el jefe de su grupo parlamentario, Gregor Gysi, tan carismático como él, pero tampoco dispuesto a reasumir el liderazgo que dejó años atrás tras varios ataques cardíacos.
Lafontaine se puso al frente de La Izquierda en 2007 como co-presidente del pos comunista Lothar Bisky, tras cerrarse un complejo proceso de fusión entre el Partido del Socialismo Democrático (PDS) y la disidencia del Partido Socialdemócrata (SPD).
Ambos dejarán vacante una presidencia bicéfala, puesto que Bisky ya anunció su retirada para concentrarse en su labor de eurodiputado.
Bajo el liderazgo de Lafontaine La Izquierda dejó de ser una fuerza arrinconada en el antiguo territorio germano-oriental, situación en que parecía anclado el PDS desde la reunificación alemana (1990), para consolidarse como formación sólida en la mitad oeste del país.
La Izquierda se ha alimentado de la persistente caída de votos del SPD y Lafontaine ha sido, a la vez, motor de ese impulso y obstáculo para todo acercamiento con los socialdemócratas.
En el SPD no se le ha perdonado aún el mazazo dado en 1999, pocos meses después de la llegada al poder de Gerhard Schröder al frente de su coalición roji-verde, con su doble dimisión como presidente del partido y ministro de Finanzas.
Justificó entonces su intempestiva retirada con la "traición" a los principios de la formación que suponía la línea Schröder, acrecentada luego, a su parecer, por los recortes sociales aplicados en los legislaturas del gobierno roji-verde.
Lafontaine pasó a azote de la socialdemocracia, partido en el que militó 40 años y a cuya presidencia accedió, en 1995, al presentar su candidatura con un encendido discurso, en pleno congreso de la formación, frente al empalidecido aspirante oficial, Rudolf Scharping.
Su alianza con los pos comunistas del PDS le devolvió al primer plano político, pero por encima del ascenso electoral en todo el país -en las últimas generales rozó el 12 por ciento- la formación no ha logrado una cohesión interna.
La Izquierda se encuentra inmersa en una pugna entre los llamados realistas y los fundamentalistas, que derivó hace unas semanas en la renuncia al cargo de su secretario ejecutivo, Dietmar Bartsch, entre acusaciones de deslealtad hacia el aún convaleciente Lafontaine.
En la formación persisten no sólo pugnas generacionales, sino disonancias este-oeste, pues parte del ala occidental sigue viendo al PDS como "heredero" del régimen comunista de la extinta República Democrática Alemana (RDA), que separó Alemania con el Muro.
Bartsch representa a quienes claman por el realismo y también por el acercamiento al SPD para dejar atrás definitivamente el arrinconamiento político y ascender a socios de gobierno.
Algo que hasta ahora La Izquierda sólo logró en gobiernos regionales del este -como la ciudad-estado de Berlín, donde forman coalición con el alcalde socialdemócrata Klaus Wowereit-, pero no en el oeste del país. EFE
gc/fpa

viernes, 22 de enero de 2010

El baúl que quedó en Berlín


El Grosz más ácrata, agitador y puntilloso, en una retrospectiva en Berlín
  
Gemma Casadevall



Berlín, 22 ene (EFE).- La Academia de las Artes -Akademie der Künste- berlinesa muestra desde hoy el George Grosz (1893-1959) más ácrata, agitador y puntilloso, en una retrospectiva que incluye los dibujos de su juventud, cartas y documentos que dejó en un viejo sótano de la capital alemana antes de exiliarse a EEUU.
"Nadie como Grosz para representar la agitación y el combate, desde el arte, del capitalismo y el militarismo. Sus dibujos plasman unos sentimientos que nos sacuden a muchos en la sociedad actual. Era el momento de sacar sus dibujos del viejo baúl", dijo el presidente de la Akademie der Künste, Klaus Staeck, al presentar la muestra.
El título de la retrospectiva, "George Grosz. Korrekt und anarchisch" -"George Grosz. Correcto y anarquista"-, expresan lo que su comisaria, Birgit Möckel, considera que sintetiza la personalidad del artista: "Por un lado, la agitación; por el otro, el prurito puntilloso y hasta pedante con que trabajaba", explicó a Efe.
Grosz, tanto en sus años jóvenes como en la plenitud artística, se tomaba su tarea más en serio, como lo muestra la serie de bocetos y dibujos realizados entre 1925 y 1926 hasta llegar al autorretrato del literato Max Herrmann-Neisse, su amigo y correligionario.
La serie de 23 estudios sobre el escritor llena una de las salas de la exposición, que ocupa 525 metros cuadrados de la Akademie, en la céntrica Pariser Platz berlinesa, junto a la Puerta de Branburgo, el lujoso Hotel Adlon y con las embajadas de EEUU, Francia y Reino Unido como vecinas.
"Si Grosz estuviera aquí seguro que encontraría nuevos motivos para seguir hurgando en la vena el anticapitalismo. Mucho no ha cambiado en el panorama. Los poderosos, políticos y financieros, siguen fumando gruesos cigarros, como los representó en sus dibujos. Sólo que ahora además van al 'fitness'", ironizó Staeck.
La muestra recoge tanto algún iconoclasta Jesucristo crucificado con máscaras de gas, como corruptos políticos cigarro en ristre y con los genitales al aire prototípicos de sus dibujos, en los años 20, como sus colages dadaístas y postales de las etapas posteriores.
El conjunto ilustra la personalidad de un artista que se las tuvo que ver con la iglesia y los representantes del poder -por presunta blasfemia, en el primer caso; por azote de la burguesía, lo segundo-, tanto bajo la República de Weimar como con la irrupción del nazismo, que acabó retirándole la ciudadanía alemana, en 1938.
Asimismo se exhiben fotografías privadas, cartas y otros documentos, actas que dan fe de sus encontronazos con la justicia, ejemplares de las revistas que fundó o en las que participó, como "Die Pleite".
"Hay que tomarse tiempo, pararse en el detalle, detenerse en las vitrinas", aconseja la comisaria respecto a la selección de las obras, que van de los dibujos en gran formato a los cuadernos privados salpicados de esbozos y anotaciones.
La mayoría del material incluido en la muestra procede de los archivos de la Akademie, enriquecidos con el hallazgo en un sótano de Berlín de la Savingyplatz, número 5, donde vivió la familia Grosz: "una gran caja que sobrevivió primero al acoso nazi, luego a una inoportuna inundación", recuerda Möckel.
La caja en cuestión se recuperó en 1984, pero su contenido no había sido hasta ahora expuesto. Forma parte del legado de Grosz, quien dejó Berlín en dirección a EEUU en 1933, con la llegada al poder de Adolf Hitler, y no regresó a su ciudad natal hasta 1951; de visita, primero, y para quedarse luego, en 1958, un año antes de morir.
Seleccionar todo ese material ha sido labor meticulosa, para la que conviene armarse del carácter "positivamente puntilloso" que Möckel atribuye a Grosz.
La exposición estará abierta en la Akademie, junto a la emblemática Puerta de Brandeburgo, hasta finales de abril. EFE
gc/jcb/cat

(foto)

miércoles, 20 de enero de 2010

El Fritz Lang que llegó de Buenos Aires


Muestra recrea "Metrópolis", antesala al reestreno en versión casi completa
  
Gemma Casadevall


Berlín, 20 ene (EFE).- La Filmoteca de Berlín recrea desde hoy, con una exposición, el proceso creativo de "Metrópolis", el visionario filme de Fritz Lang estrenado en 1927 y que tendrá su reestreno en febrero ante la Puerta de Brandeburgo, tras una ardua reconstrucción sobre una copia casi íntegra hallada en Buenos Aires.
"La cita para los amantes del mito es el 12 de febrero, ante la Puerta de Brandeburgo. Quien, además de querer ver el espectáculo con mayúsculas vaya al detalle, tiene que pasarse por aquí", resumió a EFE Rainer Rother, director de la Deutsche Kinemathek, la filmoteca alemana.
La muestra "The complete Metropolis" no es un "mero aperitivo", apunta Rother en relación al estreno que tendrá lugar ante el emblemático monumento del filme, a partir de la copia prácticamente íntegra hallada en el Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken de Buenos Aires.
"La exposición no existiría sin ese estreno, eso es cierto. Pero a su vez lo es también que ese estreno no sería posible sin todo el trabajo recopilador e investigador que exhibimos aquí", apunta el director de la Kinemathek.
En los archivos de la Filmoteca se conservaron partituras, trajes, máscaras, guiones y pruebas sobra las que trabajó Lang, soporte de una exposición que repasa las escenas más célebres de la parábola futurista de Lang y los ensambla con ese material.
La muestra incluye escenas cumbre, desde la revuelta de la clase obrera en las catacumbas a la fascinación del hijo del dueño absoluto por María, símbolo de la causa trabajadora, el erótico baile de la bella para los poderosos y su suplantación por un robot.
Cada uno de estos momentos está apuntalado por dibujos, guiones o fotografías. Finalmente se desemboca en el hallazgo de la copia bonaerense y en la reconstrucción realizada ensamblando ese material recuperado a la copia dada por buena, según la penúltima restauración de 2001, que se presentará durante la Berlinale.
"Sin los colegas argentinos, y sin la buena disposición de la directora de su Museo, Paula Félix-Didier, nuestro trabajo no habría sido posible", admite Anke Wilkening, restauradora de la Fundación Friedrich-Wilhelm Murnau, que tiene los derechos del filme.
La copia hallada en 2008 en Buenos Aires contiene 20 minutos más que la hasta ahora conocida e incorpora al conjunto escenas desconocidas que amplifican el papel de varios personajes -tres hombres- que tenían una intervención marginal.
Siguen faltando, apunta Wilkening, cinco minutos de cinta que pueden darse por perdidas, pero de cuya existencia dan constancia los bocetos y guiones conservados en la filmoteca alemana.
La "Metrópolis" que filmó Lang entre 1925 y 1926, estrenada un año después, tenía 153 minutos de duración y 4.189 metros, pero ya en su estreno berlinés se le recortó una cuarta parte, porque a los productores de la UFA les pareció excesivamente larga.
A ésta siguieron otras amputaciones, sea por razones comerciales, ideológicas o morales, al atribuirsele tendencias comunistas o excesiva carga erótica. Las consecuencias de tales amputaciones van más allá de lo coyuntural, ya que se perdió -"salvo sorpresas", insiste Winkeling-, el original.
El camino seguido por la cinta, de Alemania a Argentina, en 1927, y, tras el hallazgo en 2008, su retorno a Berlín tiene perfiles casi tan prodigiosos como la propia cinta.
Se trata de una copia del "Metrópolis" tal como Lang la presentó en 1927, la misma que se llevó a Buenos Aires Adolfo Z. Wilson, de la distribuidora Terra, para mostrarla en los cines argentinos.
De sus manos pasó a las de Manuel Peña Rodríguez, un coleccionista privado, que en los 60 la vendió al Fondo Artístico Nacional. En 1992 la copia fue a parar al museo de Félix-Didier y ésta se encargó de hacerla llegar de vuelta a Berlín. EFE
gc/ih/mlr
(foto) (vídeo)

domingo, 17 de enero de 2010

El tranquilo mar de la canciller

 

La bassa d'oli de Merkel s'agita


FRONTS · La cancellera alemanya referma el seu liderat davant dels 'barons' de la CDU i demana paciència als aliats liberals en la seva pressa per reduir impostos
CRÍTICS · Un 61% dels electors, insatisfets amb l'arrencada del nou govern de coalició

Gemma C. Serra


Merkel, després de reunir-se amb els 'barons' de la CDU, divendres
Apunt de complir els cent primers dies de govern en coalició amb els socis "desitjats", els liberals, a la cancellera Angela Merkel se li ha girat, de cop, un munt de feina. Divendres va haver de tranquil·litzar els barons del seu partit, que li reclamaven més perfil propi, assegurant-los que la Unió Cristianodemòcrata (CDU) és i serà conservadora, però oberta a electorats desencantats aliens. Avui es reuneix amb els liberals per demanar-los paciència fiscal, perquè els temps que corren no donen per a les rebaixes impositives arriscades promeses en campanya. I, entremig, en algun moment, ha buscat el seu exministre d'Exteriors, Frank-Walter Steinmeier, ara cap de l'oposició socialdemòcrata al Parlament, per consensuar un nou mandat a l'Afganistan, vist que s'acosta la conferència de Londres, de la qual els EUA esperen obtenir un reforçament del contingent: entre 1.000 i 1.500 soldats més, que cal afegir al màxim de 4.500 efectius aprovats pel Parlament alemany.
Tot un contrast amb la "invisibilitat" que se li retreu des de fa setmanes i que amenaça el seu lideratge en els rànquings de popularitat. L'últim Politbarometer de la televisió pública apuntava que un 61% dels electors titlla de poc satisfactòria l'arrencada de la coalició amb els liberals, marcada per la dissensió fiscal permanent i la sensació que no es fa res.
Fins ara es valorava com a positiva la sang freda de Merkel; ara s'hi comencen a veure paral·lelismes amb el llegendari Aussitzen de Helmut Kohl: si el problema és complicat, millor no fer res i segur que es resol sol. Per acabar-ho d'adobar, divendres va sortir de les borses asiàtiques el rumor que Merkel dimitia. Va ser un d'aquells globus sonda, diuen, destinat a remoure els mercats financers. "Espero que n'hagin sortit guanyant els qui s'ho mereixen, no els altres", va comentar Merkel, amb aquesta serenitat tan seva que, de cop, genera nerviosismes.

Notícia publicada al diari AVUI, pàgina 16. Diumenge, 17 de gener del 2010

miércoles, 13 de enero de 2010

La Grimaldi en Hildesheim

Carolina defendió, a solas y ante la justicia, el honor de su marido
 
Gemma Casadevall

Hildesheim (Alemania), 13 ene (EFE).- La princesa Carolina de Mónaco cumplió con su promesa y defendió, a solas y ante la justicia, la honorabilidad de su marido Ernesto Augusto de Hannover, frente a las acusaciones de que agredió brutalmente y borracho al propietario de una discoteca en Kenia, molesto por la música.
"Le dio dos bofetones, con la mano plana. Y le dijo: una por la música, la otra por las luces", declaró la princesa ante la Audiencia de Hildesheim (centro de Alemania), derrumbando de paso los rumores de que cancelaría su visita tras el revuelo por las fotos de su esposo besándose con su amante, en una playa tailandesa.
Con el rostro grave, pero serena, sin dejar que se le aproximaran los medios ni que se la fotografiara en la sala como testigo, la princesa relató, en inglés, tras alguna frase de saludo en alemán, lo ocurrido en lo que para ella y su esposo fue un incidente menor, aunque la presunta víctima lo relate como una paliza en toda regla.
Los hechos se remotan a diez años atrás, en enero de 2000, cuando la pareja llevaba un año de casada, en la idílica isla de Lamu. Por los hechos se condenó en 2004 al príncipe al pago de 445.000 euros, al declarársele culpable de lesiones físicas e insultos.
Las imágenes de su presunta víctima, Josef Brunlehner, ensangrentado en una clínica de Mombasa, dieron la vuelta al mundo, aunque la pareja afirme que se trató de una pura escenificación.
La comparecencia de la princesa en el juicio, abierto tras pedir el príncipe la revisión del caso, se perfilaba de por sí mediática. Los rumores de inminente divorcio de Carolina y su tercer marido desembocaron en un gran despliegue de cámaras.
La princesa había impuesto como condición un cordón de distancia con los medios de tres metros, en la Audiencia, y de veinte, en el exterior del recinto. Las decenas de fotógrafos y cámaras de televisión concentrados en la sala fueron desalojados minutos antes de que accediera a su interior la testigo.
Hildesheim, una ciudad de provincias a 30 kilómetros de Hannover -la capital de Baja Sajonia, cuna de la Casa de los Güelfos a la que Ernesto Augusto debe el título-, y de 103.000 habitantes había amanecido hoy a diez grados bajo cero, bajo una espesa capa de nieve, como el resto del país.
Ni la provincialidad de la cita ni el frío amedrentaron a la princesa, acostumbrada a las citas con tribunales -en general, para defender su esfera privada de los paparazzi- y también a capear situaciones familiares no siempre felices.
Se dice que su matrimonio con Ernesto Augusto está al borde del divorcio. Sería su tercer adiós a un esposo, después del final abrupto de su primera experiencia conyugal con el playboy Philippe Junot -dos años después de casarse-, y de la muerte de su segundo marido, Stéfano Casiraghi, en accidente motonáutico.

A Carolina, de 52 años, y Ernesto Augusto, de 55, no se les ve juntos desde junio, en que asistieron a un torneo de equitación en Mónaco. Hoy tampoco se dio la oportunidad, puesto que de acuerdo a lo previsto el príncipe no estuvo en la vista, a la que sólo acudió a su apertura, en junio de 2009.
Carolina respondió la citación como testigo "por voluntad propia", recalcó el abogado de Ernesto Augusto, Hans Wolfgang Euler, y con el aplomo de quien ha superado cosas peores que el escándalo por las fotos de los chapuzones de su marido con una desconocida, identificada hoy por el popular "Bild" como la marroquí Myriam I., una empresaria originaria de Marrakesh, que estudió en la Ecole de Commerce de París.
Relató el incidente de enero de 2000 como un "encuentro casual", a pie de playa. Su marido no capitaneó ningún comando justiciero de vecinos furiosos, como pretende el propietario de la discoteca.
No iba borracho, como ha sostenido Brunlehner -tampoco presente hoy- y le dio ese par de sopapos a un individuo que, según la princesa, no era popular en la isla, puesto que su discoteca molestaba tanto a residentes vacacionales como a la población local.
Tras declarar durante dos horas, Carolina abandonó la sala cubierta con el abrigo de color canela sobre su pantalón y jersey negros, con el rostro serio y sin mirar hacia el auditorio.
"No la merece, ella vale cien veces lo que él", sentenció Maria Wegner, jubilada de Hildesheim y presente entre la treintena de ciudadanos asistentes al juicio como "pueblo".
"Hombre... infieles y agresivos...", ironizaba Klaus Schoenekoes, vecino de Hannover y autoproclamado "doble" del príncipe, que repartía tarjetas de sus CD en que interpreta al aristócrata.
Schoenekoes se dejó fotografiar a placer, escenificando la agresión -en su caso, a puñetazos-, a modo de premio de consolación para los cámaras desalojados de la sala. EFE
gc/jcb
(foto) (audio)

martes, 12 de enero de 2010

De las vacaciones en Kenia a la Audiencia de Hildesheim

Expectación ante comparecencia de Carolina de Mónaco en defensa de su marido

Gemma Casadevall

Berlín, 12 ene (EFE).- La expectación envuelve la prevista comparecencia mañana de Carolina de Mónaco en defensa de su esposo, Ernesto Augusto de Hannover, en el juicio en Alemania por la paliza que le propinó el aristócrata al propietario de una ruidosa discoteca en Kenia, diez años atrás.
"¿Vendrá la princesa?", es la pregunta recurrente en los medios respecto a la declaración de Carolina, anunciada para mañana tras varios aplazamientos, ante la Audiencia de Hildesheim (centro de Alemania).
"Sí, vendrá. Está así acordado con el Principado de Mónaco", afirmó hoy a EFE el portavoz de la cámara, Bernd Pingel.
La princesa declarará como testigo de la defensa de Ernesto Augusto en el nuevo juicio por la agresión sufrida en 2000 por Josef Brunlehner, dueño de un local de Kenia cercano al lugar donde ellos pasaban sus vacaciones, en la idílica y elitista isla de Lamu.
La comparecencia se preveía de por sí mediática y lo será más aún, tras el revuelo por las fotografías del príncipe en una playa tailandesa, besándose y chapoteando con una desconocida en el balneario de Phuket.
Hasta ahora no ha habido reacción oficial alguna a esas imágenes, que han acentuado los rumores de ruptura del matrimonio monegasco y que fueron tomadas mientras Carolina se encontraba esquiando con sus cuatro hijos en la estación suiza de Crans Montana.
A Carolina, de 52 años, y Ernesto Augusto, de 55, no se les ve juntos desde el 27 de junio, en que asistieron a un torneo de equitación en Mónaco, recordaban estos días los medios.
Tampoco se espera verles a los dos juntos mañana, salvo sorpresas, explicó Pingel. El príncipe alemán declaró únicamente en la apertura del proceso, en junio de 2009, con el que pretende se revise la sentencia de 2004 en que se le condenó al pago de 440.000 euros.
El juicio ha discurrido hasta ahora entre alegatos de los abogados del aristócrata, que pretende desmontar la teoría de que Ernesto Augusto se presentó ante Brunlehner al frente de una especie de comando justiciero, armado con un puño de hierro y borracho, para dejarlo en que simplemente le dio un par de bofetadas.
Las imágenes de Brunlehner ensangrentado, en un hospital de Mombasa dieron la vuelta al mundo. El caso generó una retahíla de recursos judiciales, entre ellas una querella del príncipe contra su entonces defensor, al que despidió después de que el letrado usara como atenuante que el príncipe actuó bajo los efectos del alcohol.
La declaración de Carolina es fundamental para apuntalar la tesis de que Brunlehner exageró en su relato de lo ocurrido.
La princesa y el príncipe son habituales de la justicia, sea en pleitos contra la publicación de fotos que consideran atentan contra su vida privada o, en el caso de Ernesto Augusto, como acusado, por ataques a fotógrafos en algún arrebato de mal humor.
Las recientes imágenes en Tailandia del príncipe añaden sombras a su reputación, de por sí en entredicho por su reconocido mal genio y episodios alcohólicos, como cuando se le pilló orinando sobre el pabellón turco de la Expo 2000 de Hannover, la ciudad ligada a su título de príncipe de la Casa de los Güelfos.
La comparecencia de Carolina en Hildesheim -ciudad vecina a Hannover- se anunció para el pasado noviembre, pero finalmente se canceló por razones de agenda de la princesa.
La Audiencia se curó en salud para la preparación de esta nueva cita y, antes de fijar fecha, preguntó por escrito al Principado si estaba realmente dispuesta a declarar.
La respuesta fue afirmativa, aunque con varias condiciones: que se le garantice una "distancia de seguridad" con los medios. Dentro de la sala, nadie puede acercársele a menos de tres metros, fuera del edificio la distancia será de veinte.
Si no hay cancelaciones de última hora, Carolina aparecerá en la sala a las 10.30 locales (09.30 GMT). EFE
gc/jcb/ig

viernes, 1 de enero de 2010

Crónica 5. Enero/marzo 2010


Del ex-corazón rojo y minero al Guggenheim prusiano

Gemma Casadevall

La Cuenca del Ruhr, el ex corazón rojo alemán -ex, porque se desmanteló su minería y con ello cayó también el dominio socialdemócrata-, se presenta con la llegada del año como la capital cultural europea 2010. Una capitalidad anómala, puesto que no recae en una ciudad, sino que la comparten un nudo de 53 núcleos urbanos alrededor de Essen y Bochum, donde se concentran 5,3 millones de habitantes. Un conglomerado anómalo donde el viajero no sabe exactamente en qué término municipal se encuentra ni en que punto del laberinto de autopistas perdió el sentido de la orientación. Se reparten su espacio de protagonismo artístico veinte museos, incluidos el vanguardista Ruhr Museum y el rompedor Küppersmühle -obra de Herzog & de Meuron, los del estadio olímpico de Pekín donde Ai Weiwei plantó su “Nido de Pájaro”-. Como suele ocurrir en estos mega-eventos, el programa es un compendio enrevesado entre buenas exposiciones cuidadas, espectáculos progresistas y meros entretenimientos de masas, a repartir en los doce meses del año. Del enjambre inicial se desprende que lo más interesante surgirá entrada ya la primavera -con el re-estreno, por ejemplo, del Museum Folkwang, en Hagen, arrasado por los bombardeos aliados en 1944, ahora recuperado por David Chipperfield. Lo mismo ocurrirá con el Küppersmühle, en Duisburg, que ampliará los espacios donde ahora conviven como pueden Georg Baselitz, Jörg Immendorff, Joseph Beuys y Otto Piene con un fenomenal contenedor de 2.000 metros cuadrados, en forma de “T”, literalmente plantado sobre el ahora convencional edificio principal.
Quien sí tiene ya un lugar más que digno en la Cuenca del Ruhr es Emil Schumacher. El pasado agosto abrió, asimismo en Hagen, avanzándose al año cultural, el museo consagrado al culto a este pintor y que incluye un notable legado -88 óleos, 200 gouaches, gráficos, cerámicas y otras piezas-, donado por su hijo, Ulrich Schumacher. Al fondo del museo se suman exposiciones temporales, como la que abrirá en febrero, hasta mayo, bajo el título “Neue Freiheit. Abstraktion nach 1945” -”Nueva libertad. La abstracción después de 1945”- con obra de Gerhard Richter, Antonio Saura y Antoni Tàpies, acompañando al héroe local, Schumacher.
A quien la cuenca minera le resulte algo inhóspita, en pleno frío invernal, tiene siguiendo autopista abajo Colonia, mucho menos desangelada, no importa qué época del año y defensora de su poderío galerístico y museístico. En el Museum Ludwig coinciden estos meses dos experiencias artísticas: la exposición y ciclo de videoinstalaciones de Harun Farocki, por un lado, junto con una muestra de Leni Hoffmann, con su peculiar forma de entender el reparto de competencias entre los colores y el espacio. Farocki transforma en vídeo-instalaciones algunos de sus filmes que le valieron la calificación de cineasta “outsider”, mientras que Hoffmann se erige en monumental diseñadora del Museum. A la vuelta de la esquina, en Bonn, Franz Ackermann desarrolla uno de sus “Mental Maps”, los mapas mentales producto de sus viajes y meditaciones de un mundo en crisis, expresamente concebido para su estreno en el Kunstmuseum de la antigua capital federal alemana. El traslado de la aparato parlamentario y gubernamental de Bonn a Berlín, tras la caída del Muro, dejó a esa ciudad un doble regalo: la tranquilidad renana, más la denominada “Milla de los Museos”, concentrada en torno a la Kunst- und Ausstellungshalle de la RFA. Una evidencia más de que, si algo sigue funcionando bien en el sacrosanto federalismo alemán, es el reparto de protagonismo cultural y museístico entre el territorio de la República.
Más ejemplos, asimismo ampliando el rodeo por la autopista, un par de cientos de kilómetros al sur: Frankfurt. También con su “Milla museística”, cuyo corazón es el Städel. En este caso, prototipo del gran museo clásico, pero con su toque de renovación permanente obligada por la frase testamentaria de su fundador. Johan Friedrich Städel donó en 1815 sus fondos a la ciudad, bajo condición de que éstos se renovaran de acuerdo a los tiempos. Otra buena costumbre que se mantiene.
Para estos meses de invierno, el Städel repartió en sus espacios una gran exposición de Sandro Botticelli, la mayor ofrecida en el ámbito germano, al decir de los responsables del museo, a modo de antesala del 500 aniversario de la muerte del pintor (el 17 de mayo de 1510). Se trata de un total de 40 piezas del homenajeado, más otras tantas de coetáneos suyos. Y, de acuerdo a lo que dejó dicho Städel, el museo no se conforma con mostrar todo aquello que con anterioridad al 1815, sino que incorpora novedades. Botticelli sólo se quedará en Fránkfurt hasta principios de marzo -le seguirá una gran retrospectiva de Ernst Ludwig Kirchner-. Quien sí estará en el museo todo este primer trimestre del año es Peter Roehr, artista crecido y forjado en la ciudad, fallecido a los 23 años, en 1968, que hizo de la repetición serial un culto. En esta ocasión, el museo expone una serie formada por diez pizarras negras de reciente adquisición.
El recorrido invernal se cierra en un Guggenheim que no es un Guggenheim, el de Berlín. Es decir, un museo con apellido que remite a Nueva York y Bilbao, sólo que en formato más cercano a la galería -co-financiada por el poderoso Deustche Bank, eso sí- que a sus homólogos de otras partes del planeta. El Guggenheim berlinés se levanta en la avenida Unter den Linden, la que lleva de la Puerta de Brandeburgo a Alexanderplatz, pasando por la Isla de los Museos, la Staatsoper y la Universidad Humboldt, lo que independientemente de sus dimensiones implica ya un emplazamiento de lujo. El edificio de corte clásico del Deutsche Bank acogerá hasta abril la exposición “Utopia Matters”, un concepto amplio que va del 1.800 a la Bauhaus -de nuevo, el movimiento de referencia en Berlín-, de los pre-rafaelistas a Kandinsky y Moholy-Nagy.
Más cercano a los mortales, la Hamburger Bahnhof de la capital alemana convierte en instalación artística, por obra de Paul Pfeiffer, la final del Mundial de 1966, entre Alemania e Inglaterra en el estadio Wembley de Londres.

Un partido que acabó en victoria para el anfitrión, con uno de esos goles que pasan a la historia como legendarios y bajo el estigma del “fue o no fue”. Pfeiffer traslada esa final a un cine de Manila, donde 1.000 filipinos jalean, cantan y animan a los jugadores. Una recreación artística plasmada en doble proyección, desde la vieja estación de ferrocarril berlinesa, convertida hace unos años ya en centro artístico contemporáneo y lugar habitual de culto no al Dios fútbol, sino a Joseph Beuys, entre otros.

lunes, 21 de diciembre de 2009

La guerra de Merkel

 
CONTROVÈRSIA · La matança de civils afganesos en un bombardeig alemany deriva en un joc creuat d'acusacions de mentides PROBLEMES · El govern, de crisi en crisi des de la reelecció de la cancellera
Gemma C. Serra
La cancellera Merkel durant un debat al Bundestag (Cambra Baixa) aquest desembre
Mentre els soldats alemanys maten (i moren) a l'Afganistan, l'equip d'Angela Merkel viu la seva pròpia guerra al Parlament. Sobre el ministre de Defensa, l'aristòcrata Karl-Theodor zu Guttenberg, cauen les acusacions de mentider. L'altre home fort del govern, el ministre de Finances, Wolfgang Schäuble, admet que no sap com s'ho farà per rebaixar, fins al final de la legislatura que acaba de començar, el dèficit més gran de la història alemanya des de la II Guerra Mundial.
L'oposició bull i demana caps per les "mentides" de Qonduz, el bombardeig del setembre en què van morir 142 persones, la meitat civils. Guttenberg es treu de la butxaca el manual d'autodefensa i recorda que, d'una banda, ell no n'era el responsable -sinó Franz-Josef Jung, que arran de l'escàndol va dimitir, quan ja havia canviat a ministre de Treball-, i que de l'altra, no va ser informat pel cap de l'estat major, Wolfgang Schneiderhan, que va caure pel cas de Qonduz, juntament amb el secretari d'Estat de Defensa Peter Wichert.
L'honor de l'aristòcrata contra el del militar. Schneiderhan no està disposat a deixar que li embrutin l'historial i ha passat a l'ofensiva: Guttenberg menteix, diu. Se'l va informar del que havia passat a Qonduz quan ho va demanar, assegura.
El noble bavarès, fins fa dos mesos l'estrella del govern de Merkel i de la Unió Socialcristiana de Baviera (CSU), va perdre els nervis al Bundestag (Parlament) entre les escridassades de l'oposició. Ni ell ni Merkel no estan acostumats a aquest tracte parlamentari. Però una cosa és governar en gran coalició, i una altra amb una oposició real. A Merkel, teòrica dona de ferro, se la veu cansada davant una legislatura que es percep més turbulenta que l'anterior -una mena de lluna de mel amb el poder-, mentre Guttenberg rebusca una redefinició del que està passant a l'Afganistan. Tots dos hauran de comparèixer al gener davant la comissió parlamentària que investiga els fets de Qonduz, i aleshores hauran de tenir clar quan van estar informats d'un bombardeig sota comandament alemany, que primer es va vendre com una acció contra els talibans que pretenien atemptar contra una base alemanya, i s'ha vist com una operació ofensiva amb un objectiu diferent: liquidar els talibans.
És la guerra. Ho és? La qüestió va més enllà d'un problema terminològic. Pel Parlament, renovat recentment, la missió a l'Afganistan és una operació d'"estabilització". Jung, mentre va ser ministre de Defensa, mai no va utilitzar el terme guerra. De fet, cap dels seus antecessors no ho havia fet mai, en referir-se a les missions internacionals amb participació alemanya. Guttenberg es va estrenar amb un acostament a la paraula tabú i va dir que s'estava en una fase ofensiva "semblant a la guerra". La implicació alemanya en operacions ofensives a la zona és creixent, com ho són també les demandes de tropes del president dels EUA, Barack Obama.
Tabús trencats
En els últims deu anys, els successius governs alemanys han trencat tabús i s'han acostat gradualment al terme guerra. Al tàndem Gerhard Schröder i Joschka Fischer els va tocar trencar el seu i, al damunt, al capdavant d'una coalició socialdemòcrata-ecologista, en donar llum verda el 1999 a la primera participació de soldats alemanys en una missió de combat des del 1945, contra l'antiga Iugoslàvia. Després, la participació de soldats alemanys en missions arreu del món ha deixat de ser l'excepció i a l'Afganistan ja formen el tercer contingent, després dels EUA i el Regne Unit.
És la guerra? Pel que fa a l'Afganistan, tard o d'hora s'haurà d'admetre davant el ciutadà que, efectivament, els soldats als quals periòdicament visiten els ministres de Defensa passen el Nadal i la resta de l'any en guerra.

Notícia publicada al diari AVUI, pàgina 10. Dilluns, 21 de desembre del 2009

domingo, 13 de diciembre de 2009

Mi cuenca minera



Cuenca del Ruhr extrae talento cultural del carbón desmantelado
  
Gemma Casadevall
Bochum (Alemania), 13 dic (EFE).- La Cuenca del Ruhr alemana ha optado por explotar los talentos del tejido minero desmantelado y ha convertido los pozos de los que ya no se extrae carbón en puntal de su programa como atípica capital cultural europea 2010.
El centro de la capitalidad será lo que en la región se considera el museo más bello del mundo, junto a la mina que fue orgullo de la región: por tal museo se conoció el Folkwang de Essen, en el corazón de la Cuenca, barrido por los bombardeos aliados de 1945.
A su vez, el orgullo de la minería lo sintetizó el Zollverein, el que, hoy paralizado, fue el mayor complejo carbonífero de la zona, en las afueras de la ciudad.
Del viejo Folkwang se salvó su colección de Cezanne, Gauguin, Van Gogh y Matisse, proscrita por Hitler como "arte degenerado". El museo renacerá, coincidiendo con la capitalidad cultural y reeditado por el arquitecto británico David Chipperfield, como construcción de módulos cúbicos que reemplazan el que arrasaron las bombas.
El Zollverein, patrimonio arquitectónico de la UNESCO desde 2001, será epicentro del programa del "Ruhr 2010", entre sus pozos de extracción, robustas estructuras metálicas y maquinaria, mantenido tal cual, como testigo del poderío minero desmantelado y parte de la siderurgia local.
"Frente a la sofisticación de otras capitales culturales, nosotros aportamos creatividad y la fuerza de nuestra cuenca. Para muchos, síntesis de la 'alemanidad' más laboriosa surgida de las ruinas, para otros, de sus talentos", explicó a Efe el director artístico del programa "Ruhr 2010", Dieter Gorny.
Las minas, arrasadas por las bombas como el Folkwang y la mayoría de la cincuentena de núcleos urbanos concentrados en la Cuenca del Ruhr, fueron sinónimo del resurgimiento industrial alemán, primero bajo tutela aliada, luego como exponente del "milagro económico".
Los talentos a los que alude Gorny son algunos de los creadores de rango internacional salidos en la vieja cuenca o aledaños. Del cineasta Wim Wenders y el eterno "enfant terrible" de la escena teatral Christoff Schlingensief, ambos crecidos en Oberhausen, a la coreógrafa Pina Bausch, que convirtió la vecina Wuppertal en meca de la danza mundial.


Al abrigo de sus talentos se ha trazado el programa de eventos teatrales y fílmicos, mientras que un total de diez museos compartirán la agenda de exposiciones. El Folkwang abrirá en enero, como lo hará la retrospectiva de Alberto Giacometti en el Lehmbruck de Duisburg.
Al estreno del nuevo Folkwang de Chipperfield seguirá unos meses después la rompedora ampliación del Küppersmühle Museum de Duisburg, obra del equipo de arquitectos suizos Herzog & De Meuron, artífices de la cúpula del estadio olímpico de Pekín y que ahora colocarán un enorme contenedor en forma de "T" sostenido sobre el techo del edificio original.
Serán nuevas aportaciones al paisaje de la cuenca alemana que, a vista de pájaro, parece un nudo de autopistas, salpicado de chimeneas, estadios punteros de la Bundesliga y donde el extrarradio de una ciudad se confunden en el siguiente.
"Bajo tierra está la esencia de la vida", sostiene Manfreg Gedner, guía del Museo de la Minería de Bochum desde que se jubiló del carbón, que saluda a todo visitante como a un "Kumpel" -compañero o camarada, en el argot minero-. La esencia son el trazado de galerías que suman 17.000 metros de profundidad y que cruzan el desabrido paisaje urbano exterior.
"De cada una de estas catedrales salen kilómetros de galerías en todas direcciones. No es extraño que cada uno tengamos tanta grieta en casa, vivimos sobre el crujir de sus vigas", cuenta, para explicar que por "catedral" se entiende la torre de extracción de cada uno de los pozos.
El Museo de la Minería es el mayor del mundo, explica con orgullo, y está bajo tutela de "nuestra Santa Bárbara bendita", patrona de los mineros. "Los de Alemania o los de Asturias", dice, recordando que Oviedo es ciudad "hermanada con Bochum".
También es patrona de los arquitectos, apunta, y protectora de los nuevos genios llegados a la región con la capitalidad cultural, Chipperfield y Herzog & de Mueron. "La necesitarán, su protección", dice, algo escéptico, ante el futurismo de sus diseños. EFE
gc/jcb/agf

sábado, 12 de diciembre de 2009

El complejo Haneke


Impactante "La cinta blanca" de Haneke arrasó en la gran noche cine europeo

 
Gemma Casadevall

Bochum (Alemania), 12 dic (EFE).- La impactante "Das weisse Band" ("La cinta blanca"), del alemán Michael Haneke, arrasó en la gran noche del cine europeo, con el premio al mejor filme del año, al mejor director y al mejor guión.
La historia del grupo de niños condenados a crecer en el dogmatismo religioso, en una Europa donde se cuece el estallido de la Primera Guerra Mundial y en una Alemania que, unas décadas después, con ellos, verá crecer también el nazismo, cautivó a la Academia del Cine Europeo.
Haneke, nacido en Múnich y crecido, como director, en Austria, redondeó así su triunfo de 2005, en que se llevó ya el premio al mejor filme europeo y el de mejor realizador con "Caché". Su "cinta blanca", la que arrastran esos niños como un castigo y que se convertirá asimismo en castigo a los demás, había sido asimismo coronada con la Palma de Oro en el último Festival de Cannes.
Desbancó así a la gran favorita -seis nominaciones-, la francesa "Un prophète", de Jacques Audiard, filme recompensado merecidamente con el premio a la interpretación masculina para Tahar Rahim.
El correspondiente a la mejor actriz fue para la británica Kate Winslet, por "The reader", mientras que la segunda en cuanto a nominaciones -"Slumdog Millionaire", con cinco- se llevó el premio al mejor film por votación popular.
Y "Los abrazos rotos", de Pedro Almodóvar se llevó el premio a la mejor música, de Alberto Iglesias.
La gala europea se celebró en Bochum, ciudad de provincias de la Cuenca del Ruhr y en las antípodas de las metrópolis por las que hasta ahora había pasado la ceremonia -de Berlín, sede de la Academia, a Barcelona, Roma, París, Londres, Varsovia y Copenhague-.
Fue una ceremonia sobria, marcada por la ausencia de bastantes de los nominados -entre otras, las de Penélope Cruz y Pedro Almodóvar, aspirantes a los premios a la mejor actriz y el mejor director, por "Los abrazos rotos"- y también de algunos premiados, como Winslet.
La francesa Isabelle Hupert, quien ganó un premio de honor al conjunto de su carrera, como el director británico Ken Loach, trató de compensar con su asistencia la falta de éstas y otros colegas, y dio el punto de elegante, enfundada en un sencillo vestido negro.
Las españolas Victoria Abril, de rojo absoluto, y María Valverde, en tono malva, aportaron asimismo brillantez a la fiesta, en ambos casos como oficiantes en el reparto de galardones.
La presencia más refrescante no procedió del cine, sino del fútbol, y fue la de Eric Cantona, actor accidental en "Looking for Eric" y encargado de entregar el premio de honor a Loach, el comprometido director que se atrevió a meter en la disciplina de la pantalla al ex astro futbolístico.
Loach le agradeció el arrojo mostrado al aceptar el desafío de participar en su filme y, de acuerdo a su costumbre, lanzó un mensaje solidario a aquellos cineastas que no pueden hacer las películas que desean en sus países, concretamente en Palestina.
La Cuenca del Ruhr, conglomerado de 50 núcleos urbanos con un total de más de cinco millones de habitantes, será el próximo año la capital cultural europea, por lo que la fiesta tenía algo de antesala o plataforma internacional para esa cita.
"No sé por qué les extraña tanto que celebremos la fiesta aquí", comentó a EFE, en un aparte de las celebraciones, Wim Wenders, presidente fundacional de la Academia del Cine Europeo, respecto a la extrañeza de algunos por la elección de la sede de este año.
"De aquí, como del resto de Renania, han surgido muchos talentos, la minería encierra mucha creatividad", bromeaba el director, nacido en Düsseldorf y crecido en Oberhausen, en el corazón de la Cuenca.
Wenders se llevó así para casa, con la excusa de la capitalidad, la fiesta de la Academia, creada en 1989 por él y una cuarentena de otros abanderados del cine europeo como alternativa a Hollywood.
La fiesta tuvo un aire reivindicativo, de catapulta a una región donde asomó la recesión y el desmantelamiento industrial.
Bochum vivió algo ajena a la gala de la Jahrhunderthalle -"Pabellón del Siglo"-, volcada como estaba en otro acontecimiento: el partido de la Bundesliga, con el Bayern de Múnich como visitante, que acabó en desoladora derrota 5-1 para los locales. EFE
gc/agf

España para los españoles

La música de Alberto Iglesias, único premio europeo para "Los abrazos rotos"
 
 
 
Gemma Casadevall
Bochum (Alemania), 12 dic (EFE).- La música compuesta por Alberto Iglesias consiguió hoy el único premio del cine europeo para la película española "Los abrazos rotos", en una edición en la que la impactante "La cinta blanca", del alemán Michael Haneke, arrasó, con los galardones de mejor filme, director y guión.
Los premios se entregaron en una ceremonia sobria, marcada por la ausencia de bastantes de los nominados -entre otras, las de Penélope Cruz y Pedro Almodóvar, aspirantes a los premios a la mejor actriz y el mejor director, por "Los abrazos rotos"-.
Un filme que partía con tres candidaturas y que finalmente sólo consiguió la de la música de Iglesias, que se llevó su segundo premio europeo tras el de "Volver", en 2006, y en la que ha sido su tercera candidatura, ya que consiguió la primera en 2004 por "La mala educación" y "Te doy mis ojos".
Pero fue la historia del grupo de niños condenados a crecer en el dogmatismo religioso, en una Europa donde se cuece el estallido de la Primera Guerra Mundial y en una Alemania que, unas décadas después, con ellos, verá crecer también el nazismo, cautivó a la Academia del Cine Europeo.
Haneke, nacido en Múnich y crecido, como director, en Austria, redondeó así su triunfo de 2005, en que se llevó ya el premio al mejor filme europeo y el de mejor realizador con "Caché". Su "cinta blanca", la que arrastran esos niños como un castigo y que se convertirá asimismo en castigo a los demás, había sido asimismo coronada con la Palma de Oro en el último Festival de Cannes.
Desbancó así a la gran favorita -seis nominaciones-, la francesa "Un prophète", de Jacques Audiard, filme recompensado merecidamente con el premio a la interpretación masculina para Tahar Rahim.
El correspondiente a la mejor actriz fue para la británica Kate Winslet, por "The Reader", mientras que la segunda en cuanto a nominaciones -"Slumdog Millionaire", con cinco- se llevó el premio al mejor film por votación popular.
La gala europea se celebró en Bochum, ciudad de provincias de la Cuenca del Ruhr y en las antípodas de las metrópolis por las que hasta ahora había pasado la ceremonia -de Berlín, sede de la Academia, a Barcelona, Roma, París, Londres, Varsovia y Copenhague-.
La francesa Isabelle Hupert, quien ganó un premio de honor al conjunto de su carrera, como el director británico Ken Loach, trató de compensar con su asistencia la falta de algunos nominados, ganadores -como Kate Winslet- y otros colegas, y dio el punto de elegancia, enfundada en un sencillo vestido negro.
Las españolas Victoria Abril, de rojo absoluto, y María Valverde, en tono malva, aportaron asimismo brillantez a la fiesta, en ambos casos como oficiantes en el reparto de galardones.
La presencia más refrescante no procedió del cine, sino del fútbol, y fue la de Eric Cantona, actor accidental en "Buscando a Eric" y encargado de entregar el premio de honor a Loach, el comprometido director que se atrevió a meter en la disciplina de la pantalla al ex astro futbolístico.
Loach le agradeció el arrojo mostrado al aceptar el desafío de participar en su filme y, de acuerdo a su costumbre, lanzó un mensaje solidario a aquellos cineastas que no pueden hacer las películas que desean en sus países, concretamente en Palestina.
La Cuenca del Ruhr, conglomerado de 50 núcleos urbanos con un total de más de cinco millones de habitantes, será el próximo año la capital cultural europea, por lo que la fiesta tenía algo de antesala o plataforma internacional para esa cita.
"No sé por qué les extraña tanto que celebremos la fiesta aquí", comentó a EFE, en un aparte de las celebraciones, Wim Wenders, presidente fundacional de la Academia del Cine Europeo, respecto a la extrañeza de algunos por la elección de la sede de este año.
"De aquí, como del resto de Renania, han surgido muchos talentos, la minería encierra mucha creatividad", bromeaba el director, nacido en Düsseldorf y crecido en Oberhausen, en el corazón de la Cuenca.
Wenders se llevó así para casa, con la excusa de la capitalidad, la fiesta de la Academia, creada en 1989 por él y una cuarentena de otros abanderados del cine europeo como alternativa a Hollywood.
La fiesta tuvo un aire reivindicativo, de catapulta a una región donde asomó la recesión y el desmantelamiento industrial.
Bochum vivió algo ajena a la gala de la Jahrhunderthalle -"Pabellón del Siglo"-, volcada como estaba en otro acontecimiento: el partido de la Bundesliga, con el Bayern de Múnich como visitante, que acabó en desoladora derrota 5-1 para los locales. EFE
gc/agf

viernes, 11 de diciembre de 2009

Alfombra roja en la Cuenca


Gemma Casadevall
Bochum (Alemania), 11 dic (EFE).- La Cuenca del Ruhr, antiguo corazón minero de Alemania, acoge mañana la gala de los Premios del Cine Europeos, con la francesa "Un Prophete", de Jacques Audiard, como máxima acaparadora de candidaturas y los españoles Pedro Almodóvar y Penélope Cruz entre los aspirantes a galardón.
El vida de un inmigrante árabe en una prisión francesa, filmada por Audiard e interpretada por Tahar Rahim, acumula seis nominaciones -mejor película, director, actor, guión, camarógrafo y el premio a la Excelencia-.
Le sigue numéricamente la oscarizada "Slumdog Millionaire", de Danny Boyle, con cinco nominaciones -entre ellas, al mejor filme-, mientras que la española "Los abrazos rotos" aspira a galardón para su director, Almodóvar, su actriz, Penélope Cruz, y a la mejor música, para Alberto Iglesias.
Las restantes candidatas al premio máximo como filme del año son la británica "Fish Tank", de Andrea Arnold; la sueca "Lat den Ratte Komma inj", de Tomas Alfredson; "The Reader", de Stephen Daldry; y la alemano-austriaca "Das weisse Band", de Michael Hanecke.
Las competidoras de Cruz en la carrera al premio como mejor actriz son Kate Winsley ("The Reader"), Charlotte Gainsbourg (por "Antichrist"), Katie Jarvis ("Fish Tank"), Yolande Moreau ("Seraphine") y Noomi Rapace ("Man som Hatar Kvinnor").
A Almodóvar le disputan su galardón Arnold ("Fish Tank"), Audiard ("Un Prophete"), Boyle ("Slumdog Millionaire"), Hanecke ("Das weisse Band") y Lars von Trier ("Antichrist").
El manchego tiene un amplio historial como "recogedor" de premios del cine europeo. En 1988 se llevo el galardón al mejor filme "joven" con "Mujeres al borde del ataque de nervios"; en 1999 se llevó el de mejor película, con "Todo sobre mi madre"; repitió con el máximo premio en 2002, con "Hable con ella" y en 2006 "Volver"se llevó cinco galardones -entre ellos, al director y la actriz, Cruz-.
A falta de ver lo que depara la noche al dúo Almodóvar-Cruz, otros dos pesos pesados del cine europeo tienen asegurada la ovación: el director británico Ken Loach y la actriz francesa Isabelle Hupert, que recogerán los premios de honor del año.
De acuerdo a la tradición rotatoria de la Academia, la ceremonia se celebrará en esta ocasión en Bochum, en el corazón de la Cuenca del Ruhr.
Tras las galas de años anteriores en ciudades como Barcelona, Londes, Roma, París, Varsovia y Copenhague, además de Berlín -sede de la Academia- ahora se optó por la descentralización absoluta, en una ciudad que es antítesis del glamour y cuyo nombre dice poco o nada a muchos de los visitantes extranjeros a la gala.
La razón de ello está en la promoción de la ciudad, integrada en la capitalidad cultural europea que en 2010 recae en la Cuenca del Ruhr. En esta ocasión tal capitalidad no recae en una ciudad, sino en el conjunto de núcleos urbanos -53- concentrados en una región donde viven 5,3 millones de habitantes.
En el pasado exponente de riqueza minera e industrial, la Cuenca del Ruhr pretende ahora aplicar creatividad a sus pozos cerrados y plantas desmanteladas, para desplegar ahí un amplio programa de eventos a lo largo de todo 2010.
La gran noche del cine será la rampa de lanzamiento internacional de esa capitalidad europea, con una gala que llevará a Bochum las presencias de los aspirantes, además de los homenajeados Loach y Hupert, así como los oficiantes de la ceremonia, entre ellos las actrices españolas Victoria Abril y María Valverde.
Ahí estarán el actor británico Ben Kingsley, el director polaco Andrzej Wajda -premio FIPRESCI de la crítica por su filme "Tatarak"- y, por supuesto, Wim Wenders, presidente de la Academia Europea.
Wenders fue, junto con Ingmar Bergman y otros cuarenta cineastas, fundador en 1989 de la Academia, nacida como respuesta continental a Hollywood, para lo que crearon unos premios llamados inicialmente "Felix", en clarísima alusión a los Oscar.
De la denominación inicial se pasó luego a los neutrales Premios del Cine Europeo. Su núcleo son 2.000 miembros repartidos por todo el continente, de cuyas votaciones dependen los galardones que repartirán desde una sede cinematográficamente atípica, Bochum. EFE
gc/jcb/car

martes, 1 de diciembre de 2009

El testimonio del superviviente, el silencio del Trawniki


Demjanjuk asiste como un martirio al "careo" con hijos de víctimas de Sobibor

Gemma Casadevall

Múnich, 1 dic (EFE).- El ex preso ucraniano John Demjanjuk asiste como un martirio a su juicio en Alemania por el asesinato de 27.900 judíos, donde se vio sometido hoy a un "cara a cara" con los hijos de sus víctimas, veinte años después de su primera condena a muerte en Israel, más tarde revocada, por otros crímenes del nazismo.
Postrado en una camilla, bajo su manta y con el rostro oculto bajo una gorra, Demjanjuk escuchó sin decir palabra, a metro y medio de distancia, a los cinco primeros testigos de la acusación particular, hoy jubilados, entonces niños holandeses que perdieron a sus padres en Sobibor, el campo de exterminio donde sirvió.
Marie van Amstel, de 70 años, explicó cómo en julio de 1943 se llevaron a su padre y a su madre, ambos gaseados en Sobibor, según supo ella años más tarde, ya adulta, de la consulta en las listas de la Cruz Roja Internacional. Jacob Simon, de 73, perdió asimismo a los suyos y sobrevivió igualmente refugiado por familias católicas.
Rudolf Salomon, de ochenta años, mostró entre lágrimas la carta recibida por su padre, comunicándole la muerte en Sobibor de su madre. Y David vom Huiden, de la misma edad, contó hasta con ironía cómo sus padres le mandaron irse "a dar una paseo con el perro, un pastor alemán", precisó, mientras los nazis se los llevaban.
Sobrevivieron, escondidos como tantos niños judíos holandeses, de casa en casa entre familias ajenas, en la confianza de que sus padres regresarían, puesto que "la creencia general era que se los llevaban a campos de trabajo", contó vom Huiden en un buen alemán.
Esa fue la gran mentira, siguió. A diferencia de otros lugares, Sobibor era un campo estrictamente de exterminio. Quienes llegaban ahí eran gaseados de inmediato, en cámaras accionadas por "Trawniki" -guardas voluntarios-, como presuntamente fue Demjanjuk.
El procesado, nacido en Ucrania en 1920, reclutado por el Ejército soviético para luchar contra las tropas de Hitler y luego capturado por los nazis, que lo convirtieron en uno de sus verdugos ejecutores, según la fiscalía, no resistió el sexto testimonio, del total de 22 familiares de víctimas presentes en la sala.
Una hora después de abrirse la sesión, segunda de la jornada tras la apertura del juicio ayer, comunicó a su abogado, como siempre a través de su intérprete, que no estaba en disposición de seguir.
El proceso es un segundo martirio para Demjanjuk, había advertido en la sesión de la mañana su defensa, Ullrich Busch, quien solicitó de nuevo la suspensión del mismo.
Alemania no es competente para juzgar a un extranjero, porque "no ha hecho sus deberes con los nazis alemanes", dijo. Según Busch, Demjanjuk fue "deportado a la fuerza" desde EEUU -país al que emigró en 1952-, el pasado mayo, sin atender a su salud y al hecho de que fue absuelto en Israel de los crímenes que ahora se le imputan.
El procesado fue condenado en Israel a la horca como "Iván el Terrible" del campo de Treblinka. Cinco años después se revocó la pena al no probarse que hubiera estado siquiera en ese campo.
El juez muniqués, Ralf Alt, recordó que a Demjanjuk no se le juzga por los 800.000 muertos de Treblinka, sino a tenor del nuevo material inculpatorio sobre Sobibor, entre ellos su hoja de servicios y carné de las SS, con el número 1393, donde consta que fue uno de los temidos "Trawniki" entre marzo y octubre de 1943.
Sobibor no era el campo de trabajo del que los niños holandeses creían que regresarían sus padres, según relató minuciosamente por la mañana el fiscal, Thomas Lutz.
En Sobibor murieron 250.000 judíos, de los cuales 27.900 en los seis meses en que Demjanjuk estuvo ahí. Ahí se deportó a judíos de toda Europa, a los que en cuanto llegaban se les obligaba a desnudarse y dejar su equipaje, supuestamente para ser llevados a las duchas.
Unas pocas horas después de llegar morían hacinados en cámaras de gas de 4 x 4 metros. Los recién llegados no sabían el destino que les aguardaba, pero Demjanjuk sí, enfatizó Lutz.
El preso ucraniano, por entonces de 23 años, recibió instrucción de las SS, sabía cuál era el cometido del campo y que participaba en el plan de exterminio judío. Nunca intentó huir.
De ahí pasó al campo de Flossenbürg y, tras la guerra, emigró a EEUU con el estatus de víctima.
La fiscalía combinó el relato de las atrocidades cometidas por los "Trawniki", de los que hubo 120 en Sobibor, con la del listado frío por grupos de víctimas, a disparos o en cámaras de gas.
Demjanjuk siguió la sesión con la gorra cubriéndole el rostro hasta que dio por terminada la sesión, a través de sus quejas a la intérprete al ucraniano.
"Es un gran actor", comentaba en una pausa Efraim Zuroff, director del centro Simon Wiesenthal de Jerusalén, presente en la Audiencia de Múnich para seguir el juicio.EFE
gc/jcb/ma
(foto)

El silencio de John


Juicios tardíos a Demjanjuk y Boere, un arduo trabajo de resultado incierto
 
Gemma Casadevall
Múnich (Alemania), 1 dic (EFE).- El juicio contra al ucraniano John Demjanjuk, por la muerte de 27.900 judíos en 1943, como el que se sigue contra el alemán Heinrich Boere, -también por crímenes del nazismo- son fruto de un arduo trabajo investigador y de resultado incierto, cuestionados además como exponente de una justicia tardía.
Demjanjuk, de 89 años, asiste desde ayer en camilla al proceso abierto en la Audiencia de Múnich (sur de Alemania), 66 años después de los crímenes que se le imputan como guarda del campo de exterminio de Sobibor.
A Boere, de 88 años, se le abrió proceso un mes atrás en Aquisgrán (oeste de Alemania), por el asesinato de tres holandeses en 1944, como miembro del comando de las SS "Feldmeijer", cuyo cometido era visitar en sus domicilios y liquidar a miembros de la resistencia.
El primero, quien fue capturado por los nazis siendo un soldado soviético, en 1941, y de ahí pasó a guarda voluntario en Sobibor, se ve como víctima del Holocausto y que actuó por supervivencia.
Su juicio sigue a un largo tira y afloja, judicial y médico, hasta que EEUU -donde emigró Demjanjuk en los 50 como presunta víctima del nazismo- lo entregó a Alemania el pasado mayo.
En el caso de Boere es también exponente de una sucesión de contrasentidos. Cayó preso de los aliados antes de acabar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), pero en 1947 logró huir del campo de prisioneros.
Fue condenado a muerte en un juicio en ausencia en Amsterdam en 1949, sentencia conmutada por una cadena perpetua que tampoco se le llegó a aplicar. Tras siete años oculto en Holanda, regresó en 1954 a su localidad natal, Eschweiler, donde ha vivido desde entonces sin ocultar su identidad, ni esconder, a quien se lo pregunte, su pasado.
Ambos procesos, en Múnich y en Aquisgrán, van de obstáculo en obstáculo, entre solicitudes de suspensión por sus respectivas defensas -por considerarse víctima y no verdugo, Demjanjuk; por haber sido enjuiciado anteriormente, en el de Boere.
A ello se unen las quejas de quienes lo consideran una tortura para nonagenarios en silla de ruedas que, en caso de ser declarados culpables, no cumplirán condena por razones de edad.
"No aspiro a ver morir en la cárcel a Demjanjuk. Sólo a que se reconozcan sus crímenes", explicaba a EFE, en un aparte del proceso de Múnich, Thomas Blatt, de 82 años y único superviviente de Sobibor que asiste como testigo y acusación particular al juicio.
Blatt admite que, a estas alturas, no puede reconocer a Demjanjuk como el "Trawiki" que torturaba a los judíos que llegaban al campo de exterminio, ni que accionaba sus cámaras de gas. Parte de la base de que es un asesino, como lo fueron los 120 "Trawniki" de Sobibor.
"Cada juicio contra cada uno de esos ex nazis o sus cómplices lleva detrás un largo trabajo, juntando un rompecabezas de datos y biografías, de ejecutores y víctimas", comenta Cornelius Netzler, abogado de la acusación particular contra Demjanjuk.
Por su parte, la historiadora Edith Raim califica ese trabajo de "lenta labor de mosaico". Los fiscales alemanes de hoy están recomponiendo las piezas que abandonaron otros países, sea Holanda, Estados Unidos o Israel, apunta Raim, en alusión a Boere y Demjanjuk, condenado a muerte por la justicia israelí en 1988 como presunto "Ivan el Terrible" del campo de Treblinka. La sentencia fue revocada cinco años después por no estar probado siquiera que hubiera estado ahí.
Expertos alemanes han advertido de que el juicio a Demjanjuk no puede acabar bien. Sea porque se condena a alguien que fue preso de los nazis; sea porque se le absuelve, lo que abundará en la consideración de que fue un suplicio para un anciano.
El pasado agosto, la audiencia de Múnich condenó a cadena perpetua por crímenes en el nazismo a Josef Scheungraber, de 91 años. EFE
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