jueves, 17 de marzo de 2022

Volodímir ante el Bundestag



Zelenski evoca los estragos del muro ante un Scholz en rodaje

Joana Serra

“Señor Scholz, destruya este muro”, reclamó el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en un mensaje virtual dirigido al plenario del Bundestag (Parlamento federal) que lo había recibido con un aplauso cerrado. “Dele a Alemania el liderazgo que merece y del que sus hijos puedan estar orgullosos”, prosiguió, en dirección al canciller alemán, Olaf Scholz, que justo este jueves cumplía sus primeros cien días al frente del Gobierno.

El muro al que se refería no era el que, entre agosto de 1961 y hasta noviembre de 1989, partió la capital alemana por designio de la Alemania comunista, satélite de Moscú. Alertaba Zelenski en su mensaje sobre un “nuevo muro” que, aseguró, “recorre Europa” y que Rusia está construyendo, bomba a bomba. Es el muro que separará “la libertad y la falta de libertad”, prosiguió, cuyos límites pueden no quedarse dentro de Ucrania, sino extenderse más allá, si no se actúa para detener la guerra lanzada por el presidente ruso, Vladímir Putin.

Es un nuevo muro, no el que partió Berlín o el conjunto de Europa en la guerra fría. Pero para los alemanes, sobre todo para los no tan jóvenes, la frase pronunciada por Zelenski recordaba al histórico “Mr Gorbachov, tear dows this wall” –”Míster Gorbachov, eche abajo el muro”-- con que en 1987 el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, exigió el fin de la traumática división, de visita en Berlín y ante la Puerta de Brandenburgo.

El nuevo muro se está construyendo “piedra a piedra, bomba a bomba”, a cada bombardeo ordenado por Putin contra escuelas, hospitales o cualquier otro objetivo civil de Ucrania, dijo Zelenski. También con cada “decisión que no se adopta”, reprochó, para insistir en que las sanciones aprobadas contra Putin o su entorno “son insuficientes”.

Zelenski no se limitó a reprochar falta de acción a Scholz. También recordó las veces que, desde Kiev, se advirtió a Alemania que el Nord Stream 2 es “un arma”. Alemania desoyó las protestas de Ucrania contra la construcción de un gasoducto destinado a transportar gas ruso a través del Báltico y sin pasar por su territorio. El proyecto energético nació en 2005 como fruto de un acuerdo entre el entonces canciller socialdemócrata Gerhard Schröder y su aliado, político y personal, Putin. El primer Nord Stream entró en funcionamiento –y así sigue- en 2011, mientras que el Nord Stream 2 quedó paralizado por decisión de Scholz al día siguiente de empezar la invasión.

“Les advertimos que era un arma. Pero para Ustedes respondían con economía, economía, economía”, dijo, lo que podía entenderse como una crítica tanto a Schröder como a su sucesora, la conservadora Angela Merkel, que no detuvo su construcción ni a raíz de la anexión de Crimea, en 2014

Scholz bloqueó la entrada en funcionamiento del segundo gasoducto ya in extremis. Pero no se decide a prohibir las importaciones de gas, petróleo y carbón ruso porque, a diferencia de Estados Unidos, Alemania sí depende energéticamente de Rusia.

El mensaje de Zelenski, coincidiendo con los primeros 100 días de gobierno de Scholz, llevaba implícitas muchas armas arrojadizas contra el tripartito actual y contra sus predecesores. La coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales de Scholz ha lastrado decisiones más drásticas a escala de la UE precisamente por esa dependencia. El ministro de Economía y el Clima, el verde Robert Habeck, ha tenido que admitir su impotencia para romper de inmediato esos suministros, lo que para alguien de su partido es doblemente duro. Los ecologistas fueron de alguna manera cómplices del nacimiento de Nord Stream bajo Schröder, puesto que entonces eran sus socios de gobierno. Desde la oposición reclamaron una y otra vez su suspensión, mientras denunciaban la tacañería de los sucesivos gobiernos de Merkel para invertir en las renovables. Ahora que vuelven a estar en el gobierno tratan de acelerar las inversiones y la transición energètica.

Pero la guerra ha llevado a Scholz a dar un giro de 180 grados en Defensa, con la aprobación de un paquete de 100.000 millones de euros en la modernización de su Ejército y la decisión de aumentar el gasto en defensa hasta el objetivo del 2 % del PIB reclamado por la OTAN. Habeck clama por impulsar las renovables. Pero sabe que eso no ocurrirá de la noche a la mañana.

Hiperactivo Volodímir, impávido Scholz

Zelenski  alerta a Berlín de un "nuevo muro" y reclama liderazgo a Scholz

Gemma Casadevall

Berlín, 17 mar (EFE).- El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, alertó hoy ante el Bundestag (Parlamento alemán) sobre un nuevo muro "entre libertad y falta de libertad" que recorre Europa y reclamó al canciller Olaf Scholz capacidad de liderazgo para "derribarlo", en lugar de priorizar "la economía".
"Dele a Alemania el liderazgo que merece para que las generaciones futuras puedan estar orgullosas de ustedes. Apoye nuestra libertad, apoye a Ucrania, detenga esta guerra, ayúdenos a detenerla", clamó el líder ucraniano, en una intervención virtual ante el plenario, que lo recibió con una fuerte ovación.
Zelenski invocó el histórico discurso pronunciado en 1987 por el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, cuando pidió desde la Puerta de Brandeburgo al líder soviético, Mijail Gorbachov, que derribara el muro que desde 1961 dividía Berlín.
"Señor Scholz, destruya este muro", enfatizó, para insistir en la parábola entre esa división de entonces y el nuevo muro que, advirtió, está trazando Rusia desde la invasión que se inició el 24 de febrero y que ha costado la vida, dijo, de al menos 108 niños.
"Cada bomba que cae, cada decisión que no se adopta es una piedra con la que se construye ese muro", añadió el líder ucraniano, para recordar que los ataques rusos sobre su país se producen "día y noche, los siete días de la semana" y que no respetan ni hospitales, ni escuelas ni otros objetivos civiles.
Reprochó a continuación Zelenski al plenario la falta de un apoyo más decidido y advirtió de que las sanciones contra el entorno del presidente ruso, Vladímir Putin, "llegan tarde y no son suficientes".
"Es difícil para nosotros sobrevivir a todo esto sin la ayuda del resto del mundo, defender a Ucrania y defender al mundo libre de Europa", dijo, para sostener su país estaba encontrando "más apoyos" desde el otro lado del Atlántico que en su propio continente.
 
EL GASODUCTO, FACTOR PRIORITARIO

Zelenski no ahorró reproches tampoco a la cúpula política alemana -no solo la actual, sino también la precedente- en lo que respecta al gasoducto Nord Stream, fruto de un acuerdo en 2005 entre el entonces canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder, y Putin, su amigo y aliado político.
"Les advertimos de que Nord Stream 2 era un arma. Y su respuesta fue economía, economía, economía", afirmó el presidente ucraniano, en alusión al segundo tramo de ese gasoducto, cuya construcción no detuvo Berlín ni siquiera a raíz de la anexión de Crimea, en 2014, bajo el gobierno de la anterior canciller, Angela Merkel.
La decisión de suspender el proceso de certificación del gasoducto la adoptó Scholz al día siguiente de iniciarse la invasión de Ucrania, por lo que ha quedado paralizado. El Nord Stream 1, en funcionamiento desde 2011, sigue suministrando gas ruso a Alemania, mientras el gobierno actual busca remedios para reducir la dependencia energética de Rusia.
La cuestión ha pesado sobre la gestión de Scholz, quien justamente hoy cumple sus primeros cien días de gobierno al frente de un tripartito entre su Partido Socialdemócrata (SPD), los Verdes y el Partido Liberal (FDP).
El propio canciller defendió hasta la invasión de Ucrania el Nord Stream 2, mientras que su vicecanciller y ministro de Economía y el Clima, el verde Robert Habeck, ha afirmado que romper de inmediato con los suministros energéticos rusos es técnicamente factible, pero a un coste no asumible y atentatorio contra la cohesión social.
Un 50 % del consumo de gas en el país depende de esas importaciones, el mismo porcentaje que para el petróleo, mientras que el relativo al carbón es del 35 %.
Al gobierno de Scholz se la ha acusado de lastrar decisiones más drásticas frente a Moscú a escala de la Unión Europea precisamente por ese factor económico. Berlín considera impracticable prohibir esas importaciones, como sí hace Estados Unidos.
No ha habido bajo el socialdemócrata Scholz un giro de 180 grados respecto a la línea de la conservadora Merkel (2005-2021) en materia energética o respecto a Schröder (1998-2005) -cuyos vínculos con Putin avergüenzan ahora al SPD-.
El único giro radical ha sido en Defensa. Tres después de iniciarse la invasión de Ucrania, el propio Scholz anunció desde el Bundestag un paquete extraordinario de 100.000 millones de euros para modernizar sus Fuerzas Armadas, así como un aumento del gasto en Defensa al 2 % -el objetivo de la OTAN-.
Como sus principales socios de la Alianza Atlántica, Berlín rechaza la zona de exclusión aérea sobre Ucrania que ha reclamado Zelenski. También se niega a una intervención de soldados de la OTAN en territorio de ese país, en línea con las advertencias de Washington contra lo que sería convertir a la alianza en "parte" del conflicto. EFE
gc/jac 

miércoles, 16 de marzo de 2022

Scholz saca la chequera

Alemania dispara el gasto público para atender a Defensa y al ciudadano

Joana Serra

Alemania reacciona ante la situación creada por la guerra en Ucrania con una dinámica parecida a la empleada, en lo presupuestario, contra la covid-19. El consejo de ministros del canciller socialdemócrata Olaf Scholz, con el liberal Christian Lindner al frente de Finanzas, aprobó un proyecto de ley para los presupuestos de 2022 que incluye un nuevo endeudamiento de casi 100.000 millones de euros –concretamente 99.700 millones de euros-- a los que se añadirá el fondo especial de inversiones por 100.000 millones de euros destinado a la partida de Defensa.

Lo segundo forma parte del paquete especial anunciado por Scholz tres días después de iniciarse

la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Su objetivo es, por un lado, cumplir el objetivo marcado desde hace años –e ignorado, hasta ahora-- por la OTAN de destinar a Defensa alrededor de un 2,0 % del Producto Interior Bruto (PIB). Por el otro, modernizar un Ejército que, como viene reclamando el estamento militar, quedó obsoleto tras varias legislaturas marcadas por la austeridad. De pronto, Alemania quiere despedir sus viejos aviones de reconocimiento “Tornado” y substituirlos por modernos F-35 de fabricación estadounidenses, considerados los cazas mejor dotados del mundo y capacitados para transportar armamento nuclear.

El paquete de inversiones en Defensa es el más espectacular. Pero en paralelo Lindner se propone “compensar” las repercusiones de la guerra sobre la gran industria, pero también sobre el ciudadano. Más o menos la misma doctrina que se aplicó, aún en tiempos de la canciller conservadora Angela Merkel, para paliar los estragos de la covid sobre el mercado laboral o la actividad económica, que quedó paralizada durante meses por las restricciones en la vida pública.

Este apartado aún debe concretarse, puesto que depende del alcance y las repercusiones de la guerra.

Destacan de entrada la serie de compensaciones, tanto al ciudadano como a la empresa, para paliar el alza de los precios de la energía. Una de las normas ya consensuadas entre la coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales es el aumento de la ayuda a los hogares con rentas bajas para hacer frente a la factura de la calefacción. Será de 270 euros para ciudadanos de bajos ingresos, estudiantes o jubilados con pensiones mínimas, en caso de personas que vivan solas. Si conviven dos personas en esas mismas condiciones la ayuda sube a 350 euros. Se contempla asimismo 70 euros más por cada persona adicional que resida bajo ese mismo techo.

Ello es más del doble de lo inicialmente previsto por la alianza de Scholz, suscrita el pasado diciembre. Entonces la factura energética ya había empezado a dispararse. Desde el agresión contra Ucrania el ascenso es ya imparable, en un país donde un 50 % de las importaciones de gas procede de Rusia. Se estima que estas ayudas beneficiarán a unos 2,2 millones de personas.

Lindner se propone, asimismo, establecer ayudas a los conductores que dependen del coche propio para acudir al trabajo o para desplazamientos familiares. Su objetivo es que ni la gasolina ni el diésel –ahora en los 2,25 euros por litro-- cuesten al ciudadano más de dos euros por litro. Es una medida impulsada casi como asunto propio por el ministro de Finanzas, a cuyo partido liberal se apoda en Alemania como el defensor de los ciudadanos con ingresos altos. Los Verdes no respaldan, por ahora, su idea de compensar o primar al conductor.

Alemania parece haberse despedido así, un año más, de cumplir con el llamado “freno de la deuda”, una norma anclada en la Constitución por la cual el déficit no puede superar el 0,3 % del PIB. La misma norma prevé, sin embargo, excepciones en tiempos de emergencia. A eso se sujetó la gran coalición de Merkel durante la crisis de la covid, del mismo modo que el tripartito de Scholz lo hace ahora ante una guerra de consecuencias aún más impredecibles y globales.

En el búnker de Zelenski

Polonia asume el liderazgo del flanco este con más coraje que viabilidad

Joana Serra

Polonia asumió el liderazgo del flanco este europeo con el arriesgado viaje en tren de su cúpula política a un Kiev bajo las bombas y la propuesta, en presencia del presidente Volodímir Zelenski, de mandar una fuerza de paz de la OTAN a Ucrania. Fueron dos muestras de valor, tanto en lo físico como en lo político, a las que Bruselas y Alemania han respondido recordando ya la inviabilidad, cuando menos, de una actuación que para la Alianza Atlántica puede ser más peligrosa aún que el propósito de Varsovia –ya abortado-- de donar sus MiG-29 a Kiev.

Fue Jaroslaw Kaczynski, viceprimer ministro polaco y líder del ultraconservador partido Ley y Justicia (PiS), quien dio un giro a la valerosa misión encabezada por el jefe de su Gobierno, Mateusz Morawiecki, más su homólogo checo, Pietr Fiala, y el esloveno, Janez Jansa. A las imágenes de la reunión mantenida con Zelenski, difundidas vía Telegram por el gobierno de Kiev, seguía una comparecencia destinada a plasmar la solidaridad y el apoyo de estos socios europeos del este. Kaczynzki, hermano gemelo del fallecido presidente Lech Kaczynski y representante del legado político de aquel, sugirió ahí la idea de una “tropa de paz” de la OTAN, algo para lo que –reconoció-- se precisaría de un “marco amplio”, distinto al existente en la Alianza.

Fue una comparecencia pasada la medianoche en la capital ucraniana, tras un viaje de más de doce horas en tren en un país ensangrentado por la invasión rusa que empezó veinte días atrás. Mientras Morawiecki respaldaba la aspiración de Ucrania a un rápido proceso de reconocimiento como candidato a ingresar en la UE, el hombre fuerte del PiS amplificaba con la mención a la OTAN el desafío que, de por sí, ese viaje suponía para Bruselas.

Según fuentes polacas, a Kiev asistían “en representación de facto” de la UE y con el consenso del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y la de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen. Bruselas matizó que simplemente estaban “al tanto” de un viaje que, según Michel, “implicaba riesgos de seguridad”.

A ese matiz de Bruselas, emitido el martes ya mientras Morawiecki y sus acompañantes estaban aún en ruta a Kiev, siguieron este martes un claro rechazo a la propuesta de Kaczynski sobre una tropa de paz de la OTAN. Estados Unidos, Francia y Alemania están de acuerdo en que no puede haber presencia de soldados de la Alianza en Ucrania, recordó el canciller Olaf Scholz, a través de un portavoz. El secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, ha expresado casi a diario su no rotundo a cualquier maniobra que implique “entrar” en Ucrania, incluido dictar una zona de exclusión aérea como reclama Kiev.

“Queridos ciudadanos de España, de Francia, de Austria o de Italia: “es su confort más importante que las lágrimas y la sangre de los niños ucranianos?", escribía en su cuenta en Twitter Morawiecki, de regreso de Ucrania pero presumiblemente aún bajo el impacto de lo vivido en esa misión. Con ello pretendía llamar a los socios europeos a abandonar el sofá o comprometerse con algo más que con suministros de armas. La perspectiva de Varsovia es muy distinta a la exhibición de timideces y compromisos a medias mostrado en la cumbre informal de Versalles, hace una semana. El pronunciamiento de Países Bajos contra cualquier “atajo” para el ingreso de Ucrania en la UE no era la posición de un único socio, sino la mayoritaria entre los 27. A las imágenes versallescas de la cumbre de los 27, seguían las de Morawiecki y Kaczynski viajando en tren, en la misma ruta que hacen a diario miles de ucranianos para salir de su país.

Polonia, con la mayor frontera con Ucrania entre los socios de la UE, es también el país que más refugiados ha recibido desde el inicio de la invasión -1,8 millones, de los tres millones de desplazados por este conflicto. En su territorio vivían ya un millón de ciudadanos de origen ucraniano, lo que le señala como país predestinado a acogerlos.

Mientras en Alemania, adonde han llegado unos 150.000 refugiados, empiezan a escucharse lamentos de autoridades regionales que se dicen “desbordadas” para alojarlos, Polonia se ha convertido en país de acogida aparentemente compartida con generosidad por instituciones, poderes locales o nacionales, así como ciudadanos de toda condición.

Nada que ver con el rechazo a los refugiados que caracterizó a ese país durante la crisis migratoria de 2015 ni tampoco, más recientemente, con la actuación de sus autoridades frente a la llamada “guerra híbrida” lanzada desde Bielorrusia, al impulsar a miles de refugiados sirios y de otras regiones en conflicto sobre sus fronteras. Polonia bloqueó entonces toda posibilidad de ingreso en el país a decenas de miles de esos desplazados, atrapados en tierra de nadie y a temperaturas nocturnas gélidas.


martes, 15 de marzo de 2022

A la carta

 La neutralitat nòrdica trontolla

El expreso Varsovia-Kiev


El este europeo desafía desde Ucrania a Moscú, y también a Bruselas


Los líderes de Polonia, República Checa y Eslovenia viajan al Kiev bajo el asedio ruso


Joana Serra


Los líderes de Polonia, República Checa y Eslovenia –Mateusz Morawiecki, Pietr Fiala y Janez Jansa, respectivamente- plasmaron el compromiso del este europeo con Ucrania con un viaje hasta el Kiev asediado, a modo de desafío a Moscú y, aunque indirectamente, a Bruselas. Los tres jefes de Gobierno partieron de Polonia a primera hora en tren, un país donde día a día quedan pulverizados tramos de carreteras por los ataques rusos o son los propios ucranianos quienes cortan sus puentes, en un intento por detener el avance enemigo.
“Esta tragedia tiene que detenerse cuanto antes. Por eso estamos aquí!”, escribió Morawiecki, desde su cuenta en facebook, tras llegar a la capital ucraniana. “Aquí es donde se hace historia, en la Kiev devastada por la guerra. Aquí la libertad está luchando contra tiranía”, añadió, a través de twitter, junto con imágenes de los líderes, de viaje, examinando un mapa ucraniano.
Poco después, el primer ministro ucraniano, Denys Shmyhal, les saludaba asimismo a través de las redes sociales, dando la bienvenida al “coraje de los verdaderos amigos”.
El objetivo era reunirse en la sitiada capital con el presidente Volodímir Zelenski, quien unas horas antes, en una intervención virtual ante líderes europeos reunidos en Londres había reconocido que la puerta de la OTAN está cerrada para su país. Poco después repitió, esta vez en un mensaje al Parlamento de Canadá, su exigencia de una zona de exclusión aérea sobre su país. Algo que la Alianza Atlántica y la UE rechazan, porque precipita el peligro de una guerra atómica.
La intención del viaje de los tres líderes del este europeo, según el primer ministro checo Fiala a través de su cuenta en Twitter, era “mostrar nuestra solidaridad” hacia Ucrania. Es decir, ir más allá de los pronunciamientos de apoyo o las promesas de suministros de armas emitidos desde Bruselas o las capitales de los 27 estados miembros de la UE.
Fue acordado, según fuentes polacas, en el consejo informal de la UE la semana pasada en Versalles, bajo la presidencia de turno del bloque comunitario a cargo de Emmanuel Macron. Una cumbre en la que quedó claro que no habría “atajos” para un ingreso por la vía rápida de Ucrania en la UE.
Según Polonia, la visita a Ucrania contaba con el acuerdo del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y con la de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen. La versión polaca contrastaba con la de Bruselas. La UE estaba “al tanto” de ese viaje, indicaron fuentes comunitarias. Michel, por su parte, expresó más claramente su malestar o incomodidad ante esa iniciativa, además de subrayar los “riesgos de seguridad” que implica la visita de tres líderes de la UE a Ucrania.
El portavoz del Gobierno polaco, Piotr Müller, había hecho hincapié, en un comunicado emitido mientras los líderes estaban ya camino a Kiev y a través de su cuenta en twitter, en que el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, había sido informado de la misión, lo mismo que representantes del Gobierno de Estados Unidos, aunque sin precisar más.
“La delegación actúa, de facto, en representación de la UE”, llegó a escribir Müller. Las precisiones de Varsovia apuntaban a una voluntad, por parte polaca, de quitar a la visita cualquier sombra de iniciativa por cuenta propia de esos tres países.
Polonia, país que ha recibido ya 1,8 millones de refugiados del total de casi tres millones de desplazados generados por los 19 días de conflicto, es también el más activo entre los socios de la UE fronterizos con Ucrania con la defensa del país vecino.
La semana pasada Varsovia se pilló los dedos al anunciar su disposición a entregar a Ucrania sus MiG-29 –cazas de fabricación rusa y los únicos para los que recibieron instrucción los pilotos ucranianos-. La oferta unilateral fue rechazada desde Estados Unidos, país implicado ya que pretendía Polonia obtener a cambio sus F-16 usados. También respondió con una negativa Alemania, puesto que el canje debía hacerse en la base estadounidense de Ramstein, en territorio germano.
El viaje de los tres líderes era claramente una iniciativa de estos tres socios del este europeo. Pero necesitaba ir revestido del máximo consenso posible a escala de la UE y, cuando menos, sin rechazo explícito de la OTAN.
La delegación polaca incluía, además, a Jaroslaw Kaczysnki, líder del gubernamental partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS) y hombre fuerte del gobierno de Morawiecki. Representó entre 2015 y 2019 la línea más dura contra la acogida de refugiados procedentes del conflicto sirio.
Del rechazo de entonces ha pasado Polonia a convertirse en el primer destino de los desplazados por la guerra en Ucrania. Muchos siguen hacia otros países de la UE, principalmente Alemania. Otros se quedarán en Polonia, país con un millón de ciudadanos de origen ucraniano, lo que facilita su integración y les mantiene cerca del lugar que dejaron.

domingo, 13 de marzo de 2022

De la solidaridad a los "captores"

 



Alemania se moviliza ante una guerra cada vez más cercana

Joana Serra


Decenas de miles de manifestantes salieron a la calle en Berlín en una nueva movilización contra una guerra que se percibe cada vez más cercana, tanto geográfica como humanamente o por los estragos efectos económicos que acarrera. En el centro de la capital alemana confluyeron una marcha por la paz, respaldada por la Confederación de Sindicatos Alemana (DGB), con otra convocada por jóvenes ucranianos, residentes en el país o mujeres y niños llegados como refugiados.

Aparentemente, eran marchas “hermanas”, con los colores de la bandera ucraniana como elemento omnipresente, en múltiples formatos o presente en la vestimenta de los congregados, entre cantos del “Slava Ukrayini”. Pero los contenidos de la proclamas y carteles revelaban diferencias: la primera estaba dominada por lemas como “No a la guerra” o “Stop a Putin”, a favor de romper con el gas y el petróleo rusos –del que depende 50 % del consumo alemán-- o contra el precio desorbitado de la gasolina; la segunda exigía la implantación de una zona de exclusión aérea sobre Ucrania, así como su ingreso rápido a la Unión Europea (UE), dos reclamaciones que hoy por Bruselas y el conjunto de los 27 rechazan por inviables.

La movilización en Berlín no alcanzó las dimensiones de la que tuvo lugar el 27 de febrero, tres días después de iniciarse la invasión de Ucrania y coincidiendo con el giro de 180 grados del gobierno de Olaf Scholz, que ese mismo día anunció un paquete multimillonario de inversiones en Defensa. Entonces fueron unas 200.000 personas las que salieron a la calle en Berlín en solidaridad con Ucrania. Esta vez, sin embargo, a la movilización en la capital se sumaron otras con entre 10.000 y 30.000 personas en Fránkfurt, Hamburgo y Stuttgart, entre otras ciudades.

Son ya unos 140.000 los refugiados llegados a Alemania desde el inicio de la invasión. La cifra es solo orientativa, según fuentes del Ministerio de Interior. No hay obligación de registrarse para aquellos que no precisan que se les gestione un alojamiento, sea porque les acogen familiares, conocidos o ciudadanos privados que simplemente se acercan a la estación portando carteles para ofrecerles su casa.

En la estación central de Berlín se pone a su alcance todo tipo de información, también de consultas médicas donde serán atendidos gratuitamente. Hay decenas de voluntarios que reparten comida, ropa, juguetes o tarjetas telefónicas, auxiliados por intérpretes en distintos idiomas. También hay agentes de seguridad y de la policía, ya que empezó a detectarse la presencia de “captores” que ofrecen vivienda y trabajo a las mujeres más jovenes, que supuestamente acabarán en las redes de la explotación sexual.

El antiguo aeropuerto de Tegel ha empezado a funcionar como centro de primera acogida para quienes no tienen dónde quedarse; en los próximos días se espera se habiliten también para ese fin los otros dos aeródromos fuera de servicio, Schönefeld y Tempelhof, éste último ya utilizado como alojamiento provisional durante la crisis migratoria de 2015.

La guerra se percibe cada vez más cercana en Berlín, a 1.300 kilómetros de Kiev. El ataque con misiles rusos contra la base militar de Yavoriv, a 25 kilómetros de la frontera con Polonia, ha activado todas las alarmas. La guerra está a las puertas de la OTAN. La estación de Lviv, en la misma región que la base atacada, era uno de los puntos neurálgicos para el tránsito de los refugiados hacia Polonia. Hasta ayer, quien llegaba ahí podía sentirse más o menos seguro.

jueves, 10 de marzo de 2022

Entierro público

 Berlín i Washington deixen a terra els MiG-29 polonesos

Kamala baja a tierra

 



Harris zanja el disenso con Varsovia por los MiG-29 y se vuelca en la ayuda humanitaria

Joana Serra


Washingon y Varsovia estaban ansiosos por enterrar el disenso desatado por la oferta polaca de entregar sus MiG-29 a Ucrania. Y lo resolvieron en la visita de Kamala Harris al país que ha recibido más de 1,4 millones de desplazados desde el inicio de la invasión rusa. “El mundo está mirando a Polonia”, afirmó la vicepresidenta de Estados Unidos ante el presidente polaco, Andrzej Duda, quien calificó de “genocidio” la brutal invasión de Ucrania por parte de Rusia. Estados Unidos aportará 50.000 millones de dólares al Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, anunció a continuación Harris desde Varsovia. Es un paquete de ayuda que seguirá a los 13.600 millones de euros ya aprobados por la Cámara de Representantes de EE.UU, a petición de la administración de Joe Biden. La mitad se destinará a ayuda directa a los refugiados y a compensar los esfuerzos de los países que los acojan.

Polonia, país que se ganó la reputación de insolidario, a escala europea, por su rechazo a acoger refugiados en la crisis migratoria de 2015 y también los que llegan a través del Mediterráneo, está dando lecciones de solidaridad ahora. “Están en juego los principios de la Alianza y la defensa de la integridad territorial, en este caso de Ucrania”, aseguró Harris, para repetir a continuación lo que ha sido el “mantra” de Biden o del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg: “No cederemos ni una pulgada”, en referencia obviamente al territorio de los países de la Alianza.

Suficientemente claro fue también el mensaje de Harris en dirección a Duda y al primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, en relación a la negativa tajante –también de Biden o de Stoltenberg- a convertirse en “parte” del conflicto. Es decir, a entrar activamente en la defensa de Ucrania.

Prestar los aviones de combate MiG-29 a Ucrania entrañaría “un gran riesgo”, concedió Harris, a preguntas de los periodistas, en un tema que se había vuelto espinoso. La oferta de Varsovia de entregar sus 28 aparatos de este modelo de fabricación rusa a Ucrania, los únicos para los que han recibido instrucción militar los pilotos ucranianos, había causado ampollas en la OTAN. Harris aterrizó en Polonia cuando ya desde Washington se había calificado de “insostenible” esa propuesta, lanzada el martes y finiquitada unas horas después por el gran socio transatlático.

También la había rechazado de plano el canciller alemán, Olaf Scholz, cuyo país además se habría visto comprometido por la operación. La idea de Varsovia era trasladar sus MiG a la base estadounidense de Ramstein, en suelo alemán, para recibir a cambio F16 usados estadounidenses.


Schröder, una afrenta o un mediador

Berlín tiene sus propios dilemas a resolver. Especialmente, en lo que compete al Partido Socialdemócrata (SPD) de Scholz. Diez de sus líderes -los presidentes actuales, Saskia Esken y Lars Klingbeil, más ocho exjefes del partido- apremiaron por carta al excanciller Gerhard Schröder a romper con Vladímir Putin. La relación pasada y presente entre ambos políticos es más que una vergüenza para el partido de Scholz. Schröder fue mientras estuvo en el poder -de 1998 a 2005- amigo y aliado político de Putin. De esos vínculos surgió el gasoducto Nord Stream, que el propio Schröder suscribió unos meses antes de caer derrotado antes la conservadora Angela Merkel en las elecciones anticipadas de 2005. Pocos meses después de dejar el poder, Schröder se puso al frente del consejo de administración de Nord Stream, cargo que sigue ocupando, junto con el del consejo del consorcio energético ruso Rosneft. Está designado para integrarse en el de Gazprom en junio.

Es más que un lamparón para el conjunto de la familia socialdemócrata. De esa relación -pasada y presente- se deriva que la Alemania actual dependa del gas ruso. Un 50 % del gas que importa Alemania procede de Rusia; lo mismo ocurre con el petróleo y el carbón.

En medio de las presiones sobre Schröder y los apuros de su partido, el excanciller parece buscar la rehabilitación. En medios alemanes se aseguraba que había viajado a Moscú para tratar de mediar ante Putin. Por cuenta propia, sin consensuarlo ni con su correligionario Scholz ni con su partido, según fuentes del Ejecutivo y del SPD.

miércoles, 9 de marzo de 2022

Traspiés polaco

 

 

EE.UU. y Alemania dejan en tierra los MiG-29 polacos

Joana Serra


“Tenemos que reflexionar muy en serio sobre lo que podemos ofrecer. Y en esto, con seguridad, no entran los aviones de combate”, zanjó este miércoles el canciller alemán, Olaf Scholz, en una comparencia junto a su homólogo canadiense, Justin Trudeau, mientras seguía el revuelo causado por la oferta polaca de entregar sus MiG-29 a cambio de F-5 usados de Estados Unidos y en apoyo de Ucrania.

La oferta había sido formulada el martes por el ministro de Exteriores polaco, Zbigniew Rau. El lugar propuesto para el cambio era nada menos que Ramstein, la mayor base de Estados Unidos en Europa, en territorio alemán y de uso conjunto para la OTAN.

Aparentemente Varsovia accedía con ello a la reiterada petición del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que reclama aviones de combate. Los MiG-29, de fabricación rusa, son los únicos entre los disponibles entre los socios europeos de la Alianza para los que están entrenados los pilotos de su país. Solo tres miembros europeos de la OTAN disponen de estos aparatos –Polonia, Bulgaria y Eslovaquia--. Varsovia buscaba una respuesta conjunta, para no convertirse unilateral y automáticamente en el siguiente enemigo prioritario de Moscú.

La receta buscada por Varsovia para prestar indirectamente esos aviones a Ucrania implicaba suelo y espacio aéreo alemán. Hasta Ramstein proponía trasladar Rau los MiG-29 polacos, a cambio de obtener los F-15 estadounidenses. No especificaba cómo iban a entrar los cazas de fabricación rusa en servicio. Es decir, en qué momento entrarían en acción los pilotos ucranianos.

El conjunto de la OTAN ha dejado claro que no actuará ni enviará tropas a Ucrania, puesto que eso implica convertirse en parte del conflicto. Es la frase que han pronunciado prácticamente a diario el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, o el presidente de EE.UU., Joe Biden. Pretender que encima el préstamo de los MiG-29 implicara hacerlo desde suelo –y espacio aéreo-- alemán era descabellado.

El portavoz del Departamento de Defensa de Estados Unidos, John Kirby, lo desmanteló ya el mismo martes, al calificar la propuesta de Varsovia de “movimiento por sorpresa”, afirmar que implicaba "serias inquietudes para la Alianza" y concluir que no es "sostenible".

“Nuestro objetivo es apoyar a Ucrania, no contribuir a una escalada del conflicto”, apuntó Trudeau, en su comparecencia junto a Scholz.

El primer ministro canadiense está en plena gira europea. El martes estuvo en una base de la OTAN en Letonia junto a Stoltenberg y el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez. Del flanco este báltico voló a Berlín y de ahí seguirá el viernes hasta Polonia.

El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, trató de limar asperezas al asegurar, en una visita de una horas a Viena, que la decisión de entregar los MiG-29 polacos para ser usados en Ucrania es algo que atañe a la OTAN en su conjunto. En Varsovia le esperaba la vicepresidenta Kamala Harris, asimismo de visita por Europa en representación del gran aliado transatlántico.

martes, 8 de marzo de 2022

Karlsruhe, Putin o tal vez Schröder

 

La fiscalía alemana investiga por crímenes de guerra a Rusia

Joana Serra



La Fiscalía General de Alemania se plantea aplicar el principio de la Justicia Universal a la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Recaba información de forma sistemática sobre presuntos crímenes de guerra, incluidos testimonios entre los casi dos millones de refugiados que hasta ahora ha generado el conflicto. Por crímenes de guerra se entienden desde bombardeos a objetivos civiles, como bloques de edificios u hospitales, a ataques contra otras infraestructuras de uso civil.

El primer paso ha sido la apertura de un procedimiento estructural, según informó el ministro de Justicia, el liberal Marco Buschmann, al diario “Passauer Neue Presse”. Ello posibilita abrir sumario sin imputados concretos, con el objetivo de que tenga el más amplio espectro posible para futuras acusaciones formales.

Es un procedimiento que se ha utilizado ya en crímenes de guerra en Siria o contra el terrorismo islámico. Alemania aplicó por primera vez el principio de Justicia Universal contra crímenes de lesa humanidad para condenar, en febrero del año pasado, por complicidad en torturas sistemáticas a un exagente de los servicios secretos del presidente Bachar al Asad. En base a ese precedente se está juzgando ahora a un médico, imputado en la maquinaria del régimen de Asad.

El principio de la Justicia Universal, al que Alemania se adhirió en 2012, se fundamenta en la premisa de que a ningún criminal de guerra le asiste la inmunidad,no importa dónde se encuentre. Es decir, que los cargos imputados no tienen por qué estar relacionados con el país donde se imparte Justicia –en este caso, Alemania-.

La Fiscalía General alemana tiene hasta ahora dos demandas por crímenes de guerra relacionados por la guerra en Ucrania. Las formalizaron la exministra de Justicia Sabine Leutheusser-Schnarrenberg y el exministro de Interior, Gerhard Baum. Ambos son miembros del Partido Liberal (FDP) y, por tanto, correligionarios de Marco Buschmann, el actual titular de Justicia del gobierno de Olaf Scholz.

El procedimiento iniciado por la Fiscalía alemana se suma al sumario por crímenes de guerra contra Rusia abierto oficialmente la semana pasada por el Tribunal Internacional de La Haya, al que no acudió ningún representante ruso.

domingo, 6 de marzo de 2022

Wir schaffen das

 

Alemania, ante una crisis migratoria imprevisible

Joana Serra






Alemania empezó a tratar de calcular lo que claramente escapa a todo pronóstico: cuántos desplazados acogerá, en medio de un drama colectivo plasmado principalmente en rostros de mujeres y niños. El gobierno del canciller Olaf Scholz ha garantizado que recibirá y atenderá a cuantos lleguen al territorio alemán, pero recordado al mismo tiempo que es un compromiso asumido enteramente por los 27 socios de la Unión Europea (UE). Algo que, hasta ahora, no ocurrió en ninguna crisis migratoria, fuera precipitada por la guerra en Siria o por quienes huyen de la miseria u otros conflictos a través del Mediterráneo.

Berlín rehúye hacer pronósticos en voz alta, pero el semanario “Der Spiegel” sacó a relucir este fin de semana la cifra de 225.000, procedentes según esta publicación de un informe interno del Gobierno. Advertía a continuación que eran cálculos realizados sobre las estimaciones iniciales de la ONU. Es decir, cuando calculaba en 1,5 millones el número total de desplazados que se derivaría de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Esa cifra surgió tres días después del 24 de febrero, el día en que se materializó la ofensiva. De ahí se había pasado a mediados de la semana anterior a los cuatro millones de ucranianos -de los 44 millones de habitantes que tenía el país-. El viernes se hablaba ya de diez millones. Es decir, que según estos cálculos provisionales e in crescendo más de una cuarta parte de la población de Ucrania abandonará su país.

No hay cálculo posible. Solo la realidad del suma y sigue diario de las personas que ya han salido efectivamente del territorio ucraniano por el conflicto, que el domingo había escalado ya a los 1,4 millones.

El destino prioritario ha sido hasta ahora Polonia, el mayor país vecino del bloque comunitario, al que han llegado más de 800.000 ucranianos. El resto se reparte entre los otros países europeos fronterizos -Hungría, Rumanía y Eslovaquia, además de Moldavia, este último fuera del bloque comunitario.

No hay precedentes en la historia moderna de una diáspora parecida en Europa y en tan corto lapso de tiempo. La regulación adoptada a escala de la Unión Europea, que libera a los ucranianos del procedimiento de solicitud de asilo, agiliza su acogida dentro del territorio comunitario, así como su libertad de movimiento, también para buscar trabajo, dentro de este ámbito. Algo que no ocurrió en la crisis migratoria de 2015 a 2019, cuando quienes huían de la guerra eran principalmente sirios. Quienes llegan a las estaciones polacas, rumanas, eslovacas o húngaras no topan, al menos, con ese obstáculo. Cargarán con el trauma de todo lo que han dejado atrás, incluido el esposo, el padre, el hermano, el hijo o el novio, si es que éste estaba entre los 18 y los 60 años. Los hombres entre esas edades están “movilizados” y no pueden abandonar Ucrania. Muchos rostros de las mujeres que llegan a las estaciones llevan plasmado no solo el horror por la guerra o los bombardeos, sino el trauma de una separación que puede ser para siempre.

Las columnas de mujeres y niños que llegan estos días a las estaciones del centro o este de Europa son distintas a las que acogió Alemania en 1992 o en 2015, las dos grandes crisis migratorias más recientes en esa parte del continente. En 1992, Alemania recibió unos 450.000 refugiados, mayoritariamente bosnios que huían del conflicto de los Balcanes. La potencia europea acogió así a más desplazados que el resto de la UE junta. Lo mismo ocurrió en 2015, con el cerca del millón de solicitantes de asilo que acudieron a Alemania mientras otros socios comunitarios cerraban sus fronteras.

Ahora ni Polonia ni Hungría se cierran. Al contrario, tanto sus autoridades como su población se han volcado a acoger a esas personas del país vecino. Una ola de solidaridad desconocida recorre Europa, facilitada por distintos factores culturales, sociales e incluso religiosos, tal vez raciales. Han desaparecido las trabas burocráticas, Europa en bloque ha reaccionado como no lo hizo hasta ahora. Las imágenes de manifestaciones de apoyo, conciertos y la acogida solidaria es multiplican. Es un drama colectivo desatado hace apenas once días, donde cualquier estimación o cálculo se cae al día siguiente.

Mujeres, niños y montañas de ropa o juguetes

 Berlín se abre a una ola de refugiados que recuerda más a 1945 que a 2015

Gemma Casadevall


Berlín, 6 mar (EFE).- La llegada de refugiados ucranianos devuelve a las estaciones de trenes de Berlín y Múnich imágenes similares a las de la crisis migratoria de 2015, aunque para muchos alemanes el referente es 1945, cuando no eran familias enteras las que buscaban dónde quedarse, sino mujeres y niños.
Unos 11.000 ucranianos llegaron el sábado a la Hauptbahnhof -estación central- de Berlín. El martes, la cifra fue de 350. Este domingo se esperaba a 15.000, según la Deutsche Bahn -compañía de ferrocarriles-.
Se han dispuesto trenes especiales desde Frankfurt del Oder, ciudad fronteriza con Polonia, a una hora de Berlín en ferrocarril para agilizar su llegada a Berlín, desde donde muchos seguirán viaje -gratuitamente- hasta otros puntos de Alemania.
Todo discurre con bastante agilidad, aunque desde la DB advierten de que están al borde de sus capacidades. No por la llegada de desplazados, sino por la presencia creciente de voluntarios, más centenares de ciudadanos que acuden a la estación con carteles ofreciendo alojamiento en su casa a quienes llegan.
Múnich, la ciudad que, en 2015, recibió de forma similar a los primeros trenes de refugiados, en la crisis precipitada por la guerra en Siria, empezó asimismo a desplegar otro operativo en su Hauptbahnhof.
"La respuesta de la gente es parecida, al menos en la ola de solidaridad de la primera fase", comentó a Efe Kristina Jonavic, de la iniciativa #leavenoonebehind, de apoyo a los refugiados de entonces o de ahora.
La regulación aprobada por la Unión Europea (UE) libera a los ucranianos del procedimiento de petición de asilo que desbordó la burocratizada Alemania en 2015, cuando el país recibió casi un millón de refugiados.
A ello se une que países como Polonia o Hungría, que entonces rechazaron acogerlos, estén ahora volcados a recibirlos -más de 800.000 habían entrado hasta ayer por la frontera polaco-ucraniana-.
No hay cálculos fiables, ni siquiera el que difundía el sábado "Der Spiegel", de estudios internos del gobierno, según los cuales Alemania esperaba a unos 225.000 ucranianos. Fueron estimaciones hechas de cuando la ONU calculaba en cuatro millones el número de desplazados por esta guerra, mientras que ahora se habla ya de diez millones.
"Las imágenes de estas mujeres y niños nos traen a la memoria el destino de tantas familias en 1945", en opinión de Gerd Appenzeller, exdirector y columnista del diario berlinés "Der Tagesspiegel".
Tras la derrota de la Alemania nazi, quienes quedaron sin hogar eran principalmente millones de mujeres y niños. Uno de cada tres de esos niños pasó los primeros años de la postguerra sin padre -porque había muerto en la guerra, porque estaba en un campo de prisioneros o porque huyó-. Ahora
los desplazadosson mujeres con sus hijos, ya que los hombres de entre 18 y 60 años quedaron en Ucrania. Al trauma de la guerra se suma una separación familiar por tiempo indefinido o definitiva.
 
LA BATUTA DE BARENBOIM, SOLIDARIA Y CONTRA CAZAS DE BRUJAS

"Vivimos un tiempo cruel", afirmaba el director argentino-israelí Daniel Barenboim, ante el público de la Staatsoper Unten den Linden -ópera berlinesa-, para dirigir el concierto solidario con Ucrania de este domingo. Entre el auditorio estaban el canciller, Olaf Scholz y la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, patrocinador de un evento cuya recaudación irá al Fondo para Ucrania de la ONU.
Tras recordar la propia diáspora de su familia, llegada a Argentina huyendo de los pogromos nazis- y respaldar la exclusión de artistas "afines" al presidente Vladímir Putin, Barenboim advirtió contra una "caza de brujas" sobre artistas y creadores rusos.
La Staatsoper, de la que Barenboim es director musical desde 1992, canceló esta semana su contrato con la soprano rusa Anna Netrebko. Se sumó así a la suspensión en cascada en toda Europa de los compromisos con esta figura, así como con el director Valeri Guérguiev.
Netrebko y Guérguiev, son notorios entusiastas de Putin. "No mezclemos cultura rusa con política rusa", apremió Barenboim, en su llamada contra una "sospecha generalizada" sobre esos artistas.

LA EMBAJADA RUSA Y EL DESCRÉDITO DE SCHRÖDER

Otro punto de la avenida Unten den Linden es en estos días expresión de repudio a Putin: la embajada rusa, protegida por un cordón policial. Por ahí discurren a diario manifestaciones contra la guerra.
Cada vez están más presentes los mensajes de repudio al excanciller Gerhard Schröder, tan afín a Putin como Netrebko o Guérguiev, además de presidente del consejo de administración de Nord Stream.
La presidencia del Partido Socialdemócrata (SPD), su familia política y la de Scholz, ha instado repetidamente a Schröder a dejar estos cargos. Hasta ahora, sin éxito. EFE gc/amg         (video) (foto)


jueves, 3 de marzo de 2022

Die Bahn



Berlín activa su “puente ferroviario” con Polonia

Joana Serra



Berlín ha activado un “puente ferroviario” con Polonia para canalizar la llegada de refugiados desde ese país a Alemania, al tiempo que incrementa también otras conexiones internacionales para recibir a los desplazados acogidos temporalmente en Rumanía, Eslovaquia o Hungría. El principal –y más fluido-- trayecto es el que va de Frankfurt del Oder, ciudad fronteriza con Polonia, a la capital alemana. Es un recorrido de algo más de una hora, de por sí muy concurrido, que ahora se ha convertido en pieza clave para favorecer la llegada de ciudadanos ucranianos o de otras nacionalidades, pero que tenían residencia fija o temporal en Ucrania.

Polonia ha sido el principal receptor del aproximadamente millón de ucranianos que han dejado su hogar en una semana, desde que empezó la invasión rusa. Más de 575.000 refugiados entraron en territorio comunitario a través de Polonia hasta el jueves, según datos de las autoridades fronterizas polacas.

Muchos de esos ucranianos seguirán hacia Alemania, sea por razones familiares o por considerar que ahí tiene mejores perspectivas de reencauzar su existencia, también en el terreno laboral. El gobierno del canciller socialdemócrata Olaf Scholz se ha comprometido a brindarles esa acogida. Su ministra de Exteriores, la verde Annalena Baerbock, empezó a abordar con los responsables de los poderes regionales cómo se materializará el compromiso, ya que las competencias de la acogida de refugiados y peticionarios de asilo son compartidas entre los “Länder” –estados federados-- y el gobierno federal.

Alemania fue ya el país comunitario que más refugiados acogió entre 1992-1996, en la crisis migratoria derivada de la guerra de los Balcanes. Solo en el primer año de conflicto recibió 320.000 peticionarios de asilo procedentes de Bosnia-Herzegovina. Y volvió a ser el principal receptor dentro de la UE en la gran emergencia humanitaria derivada de la guerra en Siria, al recibir casi un millón de refugiados solo en su año álgido, en 2015.

No hay pronósticos fiables de cuántos de los ucranianos que ahora buscan refugio en los países vecinos seguirán viaje a Alemania. Pero el Gobierno de Scholz ha demostrado que su compromiso hacia Ucrania no se quedará esta vez en la ayuda humanitaria, sino que se extiende al suministro de armas –lo que le convierte, para la retórica de Vladímir Putin, en “país en guerra"--. El fin de semana se aprobó ya un primer suministro de 1.000 lanzagranadas antitanque y 500 misiles antiaéreos. Le seguirá una segunda partida de 2.700 misiles antiaéreos, según trascendió ayer a medios alemanes.

También en medios alemanes se informó de los primeros embargos a oligarcas afines a Putin con propiedades en el país. El más vistoso de ellos sería la inmovilización por parte de las autoridades de Hamburgo del yate “Dílbar”, de 156 metros de eslora y supuestamente el más largo del mundo, propiedad de Alisher Usmanov, del círculo estrecho del presidente ruso.

Mientras, los grandes consorcios automovilísticos, como Volkswagen, Mercedes y BMW, anunciaron la suspensión de sus negocios y exportaciones en Rusia, en línea con las decisiones similares adoptadas por otros gigantes de la empresa privada, como la sueca IKEA.

La guerra, desde la Berlin Hbf


Alemania se implica en la guerra con suministros y refugiados

Gemma Casadevall 


Berlín, 3 mar (EFE).- Alemania ha incrementado en cuestión de días su implicación en la guerra de Ucrania, lo que va de la aprobación de nuevos suministros de armas a los embargos de propiedades de oligarcas, mientras llegan al país los primeros trenes con miles de refugiados.
El cambio de paradigma en la "timidez" en materia de Defensa alemana se produjo el domingo, con el anuncio del canciller Olaf Scholz del incremento al 2 % del PIB del gasto militar. Ya entonces se aprobó un primer envío a Ucrania de 1.000 lanzagranadas antitanque y 500 misiles antiaéreos, a lo que siguió hoy otra partida -2.700 misiles antiaéreos de producción soviética "Strelá", procedentes de la extinta República Democrática Alemana (RDA).
El cambio de rumbo alemán se calificó de giro de 180 grados y se ha materializado en varios pasos. El primero consistió en la aprobación de un envío -a través de Países Bajos- de 400 lanzagranadas, a lo que siguieron nueve obuses también de la RDA -vía Estonia-.
Los primeros transportes de suministros partieron ayer de Alemania hacia Ucrania. Asimismo ayer se procedió a inmovilizar algunos bienes de oligarcas incluidos en las sanciones de la Unión Europea (UE). El más llamativo fue el yate de Alischer Usmanov, confidente del presidente Vladímir Putin, por orden de las autoridades portuarias de Hamburgo.
Se trata, según medios alemanes, del "Dilbar", el yate privado más largo del mundo -156 metros de eslora-. Otras dos embarcaciones de multimillonarios sujetos a sanciones están asimismo inmovilizadas en Hamburgo, ciudad donde Usmanov tiene asimismo varias villas.
Las medidas se extienden asimismo en la empresa privada. El consorcio automovilístico Volkswagen anunció la interrupción de la producción y exportaciones en Rusia, mientras BMW y Mercedes han suspendido asimismo sus negocios en ese país.
 
LOS PRIMEROS TRENES DE REFUGIADOS

La estación central de Berlín, la Hauptbahnhof, desplegó este jueves un amplio operativo para acoger a los miles de ucranianos que empezaron a llegar en tren a la capital alemana. Si el lunes habían llegado unos 350, el miércoles la cifra había superado ya los 2.000, según datos de la Cruz Roja alemana.
Aproximadamente la mitad de ellos se quedan en Berlín, mientras que el resto sigue hacia otras ciudades del país. El viaje es gratuito para todos los ciudadanos ucranianos o personas de otras nacionalidades que puedan acreditar que residían, de forma fija o temporal, en Ucrania.
Son atendidos tanto por la Cruz Roja como por voluntarios de organizaciones como "Unterkunft Ukraine" -"Alojamiento para Ucrania"-, que gestiona ofertas privadas para acogerlos en casa y, a ser posible, por un mínimo de dos semanas.
El gobierno regional de la capital está habilitando alojamientos provisionales para los 20.000 desplazados que se espera lleguen hasta principios de la próxima semana. Se estudia reacondicionar los pabellones utilizados entre 2015 y 2017, con la crisis migratoria derivada del conflicto en Siria.
El Ministerio del Interior considera prematuro hacer pronósticos sobre cifras de desplazados por el conflicto que recibirá Alemania. Se parte de la base de que la gran mayoría serán acogidos en Polonia, Hungría, Rumanía o Eslovaquia, los países fronterizos.
Pero también que serán muchos quienes seguirán hacia Alemania, sea porque tienen ahí a familiares o amigos o por considerar que en la primera economía de la UE tienen mejores perspectivas laborales.
Solo Polonia había recibido hasta ayer, en la primera semana desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia, unos 575.000 refugiados, según datos de las autoridades fronterizas polacas. La ONU estima que el conflicto puede generar unos cuatro millones de desplazados, entre ucranianos o extranjeros residentes.
Desde el gobierno alemán se ha asegurado que se acogerá a cuantos lleguen al país. La ministra de Asuntos Exteriores, la verde Annalena Baerbock, se reunió este jueves con los representantes de los "Länder" -estados federados- para canalizar esa acogida, tal como se hizo en anteriores grandes crisis migratorias -la de 1992-1996, generada por la guerra de los Balcanes, o la que de 2015-2019, por el conflicto sirio-. EFE
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