sábado, 20 de enero de 2024

Submundos nórdicos

Suecia, el banlieu nórdico

Joana Serra

Que Suecia haya dejado la órbita de los países seguros o incluso modélicos, con altos niveles de bienestar social, es algo que cuesta transmitirle a cualquier visitante que se desplace a Estocolmo. La capital sueca y las 14 islas que la integran siguen describiéndose en algunas guías turísticas como una Venecia nórdica, donde el único problema al que se enfrentará el visitante es el frío polar que se respira en sus calles durante un duro invierno que además se prolonga en el tiempo cuando media Europa esté ya bajo el sol primaveral.
El lenguaje de las estadísticas, sin embargo, es muy distinto a la percepción del visitante: 116 asesinatos se registraron en 2022 en el país nórdico, de los cuales 60 fueron por armas de fuego y relacionados con tiroteos; la tendencia muestra un aumento, con un 10 % de incremento del total de delitos a lo largo de 2023.
No hay día en que los noticieros del país no hablen de tiroteos, sea en la capital o en otros núcleos urbanos. La mayor sacudida se produjo en un solo día del pasado septiembre, en que fueron tres los muertos en estas circunstancias. Uno de ellos era un muchacho de 13 años.
Del modelo de bienestar que representó Suecia se pasó a ocupar el primer puesto entre los socios de la Unión Europea (UE) en cuanto a víctimas mortales debidas al crimen organizado. El centro de Estocolmo sigue siendo un lugar hermoso y pacífico, aunque gélido. Pero la situación cambia en cuanto se accede al extrarradio. Ahí encontrará el visitante barrios como Tensta, semejantes, por sus modelos de bloques de edificios y también por el paisaje humano, a los banlieu franceses.
Son núcleos de población con un alto porcentajes de personas de origen extranjero. En algunos de esos distritos un 90 % de sus habitantes tendrá al menos un progenitor nacido fuera del país. Su padre o madre, o los dos, llegaron décadas atrás a Suecia procedentes de Iran, Irak, Somalia, Líbano o Turquía. En esos tiempos, el país nórdico era sinónimo de país de asilo. Sus hijos nacieron ya en Suecia y adquirieron su ciudadanía.
De ese paraíso de entonces se ha pasado a una escalada en sentido negativo. Los extrarradios de Estocolmo o de Malmö se convirtieron en terreno abonado para las guerra territoriales entre los llamados clanes, sea de la droga o del tráfico de armas. Son clanes relativamente pequeños, con jerarquías mal definidas, donde cualquier rencilla puede derivar en una espiral de violencia.
El caso más conocido, también fuera de las fronteras suecas es el de Rawa Majid, nacido en Suecia de padres iraquíes y líder del clan "Foxtror" y apodado "el zorro kurdo", prófugo de la justicia del país nórdico. Pero más allá de la acción de su clan, que aparentemente dirige desde Turquía, el crimen organizado de los suburbios suecos está altamente diversificado, lo que complica aún más la acción policial.
Cualquier muchacho puede convertirse en cabecilla de un grupo, como relata Faysa Idles, una sueca de origen somalí autora de la novela "Ett ord för blod" -"Una palabra para sangre"-, donde describe el submundo de Tensla, poblado por personas como sus propios hermanos reales, que tanto serán víctimas como asesinos o jefes de clan.
La pregunta que asalta al visitante que se asoma a estas estadísticas o que lee la prensa sueca es cómo se ha podido llegar a estar situación y, más importante, si hay formas para revertirla.
Suecia, con 10 millones de habitantes, concentra la mayoría de su población en sus grandes núcleos urbanos, como Estocolmo, con 989.600 ciudadanos. El porcentaje de personas de origen extranjero a escala nacional se sitúa en el 8,3 %, pero ese cómputo se dispara al 30 % en el conjunto de la capital para seguir aumentando -hasta el mencionado 90 % de personas con al menos un progenitor no sueco de algunos de sus barrios-. Un 85 % de las personas que se han visto inmersas en tiroteos u otros delitos con armas de fuego, tanto si fueron sus víctimas o sus causantes, son de origen extranjero.
La cruda realidad de estas cifras ha dado alas a la ultraderecha, como suele ocurrir. Una parte del electorado no necesariamente identificado con esas ideologías se ha volcado a darles su voto, con la esperanza de recuperar el paraíso de bienestar o seguridad perdido. Una posición que, a su vez, convierte la situación en un círculo vicioso. A mayor dominio de los partidos del radicalismo derechista, más se recortarán las partidas destinadas a la integración. La marginalidad impulsará a esas personas a la delincuencia. La media del desempleo está en Suecia en el 3,5 %, pero el porcentaje sube al 16 % entre la población de origen extranjero.
El impulso de la ultraderecha se plasmó en las urnas en las elecciones generales de 2022. Los llamados Demócratas Suecos quedaron en segunda posición, solo superados por la socialdemócrata Magdalena Andersson, por entonces primera ministra.
La derecha radical no gobierna en Estocolmo, sino que lo hace una coalición conservadora-centrista liderada por Ulf Kristersson. El partido ultra que lidera el mediático Jimmie Äkesson se "conformó" con el puesto de aliado externo, ya que el resto de partidos le bloquearon como socio.
Kristersson, cuya formación centrista había quedado en tercera posición, se convirtió en primer ministro, pero con Äkesson marcando su agenda a cambio de su apoyo parlamentario. Si ya con la socialdemócrata Andersson en el poder habían empezado los recortes en materia social e integración, al actual coalición y su socio externo no han hecho más que acentuarlos. El gobierno de Estocolmo se ha sumado además a las posturas más restrictivas en materia migratoria dentro de la UE. Del modelo de bienestar sueco y la sociedad igualitaria se pasó a una creciente brecha social.
"Debemos estar preparados para una guerra", advirtió hace unos días el ministro de Protección Civil, Carl-Oskar Bohlin. No se refería en este caso a una guerra entre bandas o clanes criminales, principal quebradero de cabeza de sus conciudadanos, sino al otro gran problema del país, en este caso en el terreno de lo abstracto: el temor a Rusia.
Suecia, como Finlandia, abandonó la neutralidad militar en 2022, a raíz de la invasión rusa de Ucrania. Ambos vecinos nórdicos solicitaron en paralelo el ingreso en la OTAN. Finlandia -con 1.360 kilómetros de frontera con Rusia- logró consumar su integración en un tiempo récord, mientras que Suecia sigue esperando completar el proceso de incorporación como nuevo miembro.
Le falta la ratificación por parte de Turquía. Las objeciones inicialmente interpuestas por Ankara, que acusaba a Estocolmo de dar asilo a terroristas kurdos, se disiparon tras el relevo en el poder a favor de Kristersson. Pero sigue pendiente de la ratificación parlamentaria.
Las palabras de Bohlin han creado inquietud en el país sueco. La guerra entre bandas es un peligro concreto y diario, para los vecindarios de las zonas más afectadas. El ejecutivo de Kristersson ha acentuado la presión policial sobre estos grupos, cuyo peligro equipara con el procedente del terrorismo. Se propone incluso utilizar al Ejército para combatir esas bandas.
"Nuestra sociedad está preparada para presentar resistencia activa a una agresión. Pero nuestros sistemas de protección civil deben modernizarse para responder, en caso de guerra", afirmó ahora Bohlin, en relación a la amenaza rusa. Sus palabras fueron recibidas con críticas desde formaciones opositoras e izquierdistas, que consideran innecesario crear mayores miedos abstractos en una población que ya vive bajo el síndrome de la inseguridad en su día a día.

De Finlandia al Neukölln berlinés

Para bien o para mal, Suecia no está sola en su lucha contra la criminalidad organizada. La vecina Finlandia, asimismo un país con poca población -5,5 millones de habitantes- y mucha más superficie boscosa que zonas urbanas, vive su propio azote de este fenómeno y, también, un fuerte impulso de la ultraderecha A diferencia de lo que ocurre en Estocolmo, donde la derecha radical es aliado externo del gobierno, en Helsinki a la pérdida del poder por parte de la socialdemocracia que lideró Sanna Marin siguió una coalición donde los ultraderechistas Verdaderos Finlandeses forman parte del ejecutivo del conservador Petteri Orpo.
Alemania, el país más poblado de la Unión Europea (UE) con 83 millones de habitantes, vive también su propio combate contra las bandas del crimen organizado. Tienen sus bastiones en barrios de Berlín o del populoso “Land” de Renania del Norte-Westfalia. La capital alemana no es un ejemplo de centro urbano pulcro al estilo de Estocolmo, sino más bien un panorama de dejadez o directamente suciedad que alcanza también a sus barrios más acomodados o el distrito gubernamental donde se encuentran la Cancillería de Olaf Scholz, el Parlamento y otras principales instituciones del Estados.
El feudo de los clanes del crimen organizado está, como ocurre en las capitales sueca o finlandesa, ahí donde se concentran las mayores bolsas de pobreza y marginalidad. En ellos se plasman con todo su peso los déficits de la política de integración o la tacañería institucional que ha negado los recursos adecuados a esas tareas en un país con más de un 10 % de población de origen inmigrantes y que en un solo año -como fue en la crisis migratoria de 2015 o a raíz de la invasión de Ucrania en 2022- ha recibido más de un millón de refugiados.
Son barrios como el multiétnico de Neükolln, en Berlín, territorio de clanes como el de los Remmo, una estructura familiar ampliada a un centenar de miembros, al que se imputan más de un millar de delitos cada año. Van desde sangrientos ajustes de cuentas a espectaculares robos nunca aclarados, como el de una moneda de oro de 100 kilos del Museo Bode, parte de la llamada Isla de los Museos. Su golpe más sonado fue el audaz atraco de 2019 a la legendaria Bóveda Verde de Dresde, un tesoro de monedas y joyas de la capital sajona. Su fuerte, sin embargo, no son esos espectaculares “momentos”, sino el dominio territorial que ejercen sobre ese distrito berlinés y sus guerras con sus rivales. Cada uno de sus procesos judiciales por crímenes, asesinatos y ajustes de cuentas llegan a desplegar operativos judiciales semejantes a los que se articulan en procesos por terrorismo internacional.

Nie wieder




Manifestación contra la ultraderecha en Alemanina / JENS SCHLUETER | AFP
 Gemma Casadevall

El “Nie wieder” -”Nunca más”- alusivo a la Alemania nazi y aplicado a su ultraderecha actual se ha extendido por todo el país justo cuando el radicalismo derechista es la segunda fuerza en los sondeos y a escala nacional. El detonante son las revelaciones acerca de una reunión en Potsdam (este) en que neonazis y miembros de Alternativa para Alemania (AfD) abordaron una expulsión “étnica” de millones de ciudadanos de raíces no alemanas. La perspectiva de que los ultras lleguen a alcanzar posiciones de poder ha precipitado el “despertar” de ciudadanos, partidos políticos, industria y hasta iglesia que ven amenazada la democracia.
En Hannover (centro), se concentraron unas 40.000 personas ante la Plaza de la Ópera, entre ellas primer ministro del “Land”, el socialdemócrata Stephan Weil, y el expresidente Christian Wulf, del bloque conservador. Imágenes parecidas, de plazas desbordadas en su capacidad, se sucedieron de este a oeste, con decenas de miles de personas tanto en Halle como en Karlsruhe. En Hamburgo (norte), los convocantes tuvieron que dar prematuramente per terminada el viernes una manifestación con 50.000 asistentes, porque superaba con creces el aforo previsto. Lo mismo ocurrió en Bochum (oeste). Berlín y Potsdam habían arrancado la serie de marchas el fin de semana pasada con decenas de miles de personas. Hasta 200 concentraciones se convocaron casi en el último minuto para este fin de semana, la mayor de las cuales se prevé el domingo en Múnich.
Las secunda todo el espectro parlamentario, a excepción de la AfD, sindicatos, activistas climáticos y una legión de organizaciones locales. La Iglesia Evangélica ha llamado a “mostrar coraje en defensa de la democracia”. Y la gran industria las respalda y advierte del impacto negativo que puede tener el auge ultra en la economía. No solo entre los migrantes y resto de población de origen no alemán del país -uno de cada cuatro ciudadanos-, sino también entre los extranjeros que Alemania precisa para paliar los déficits de trabajadores que sufren todos sus sectores económicos.

Del rechazo ideológico al peligro real

El "despertar" se produce en un momento en gran debilidad en los sondeos de la coalición de Olaf Scholz -socialdemócratas, verdes y liberales-, a la que la oposición conservadora responsabiliza del auge ultra. En rigor, la revelación sobre lo abordado en Potsdam o sus paralelismos con la limpieza étnica del nazismo no debería sorprender. El líder de su corriente más radical en el este, Björn Höcke, abraza sin remilgos consignas negacionistas neonazis y ha llegado a calificar de “vergüenza” que Berlín tenga un monumento a los millones de judíos asesinados por la Alemania nazi. Su expresidente, Alexander Gauland, ahora jubilado, consideraba que Adolf Hitler y el nazismo fueron apenas una “cagadita de pájaro en los 1.000 años de grandiosa historia alemana”.
No hay dudas acerca de la toxicidad del partido, pero de pronto se teme que pueda llegar a posiciones de poder, como ya ocurre en tantos países, no solo europeos. El resto del espectro político les descarta como socio de coalición. Está por ver, sin embargo, qué ocurrirá si alcanza la primera posición en los comicios regionales que se celebrarán en el este el próximo septiembre. Entre el bloque conservador hay una corriente, la Unión de Valores, asimismo presente a través de dos miembros en la reunión de Potsdam y dispuesta a fundar un partido propio.

viernes, 19 de enero de 2024

Equilibrios

Alemania acelera la nacionalización de extranjeros y la expulsión de migrantes irregulares



Gemma Casadevall

Alemania mostró en cuestión de unas pocas horas la cara y la cruz de su política migratoria: por un lado, facilitando el acceso a su nacionalidad a millones de extranjeros; por el otro, activando un plan para la deportación de los migrantes irregulares sin perspectivas de ser aceptados.
Lo primero se concretará con la aprobación en el Bundestag (Parlamento) de la ley denominada "modernización del derecho a la nacionalidad". Alemania entra por fin en la órbita de países que aceptan las nacionalidades múltiples --hasta ahora solo se podía conservar la anterior si el país de origen no permite su renuncia o a ciudadanos de algunos estados de la UE--. Se podrá solicitar la nacionalidad alemana tras cinco años de residencia --en lugar de ocho, como hasta ahora-- o incluso a los tres años, para casos de fuerte arraigo e integración.
La regulación busca agilizar la integración de ciudadanos de origen extranjero, en un país cuya realidad demográfica es muy diversa. Uno de cada cuatro habitantes --con un total de 83 millones de personas-- tiene raíces no alemanas y un 10% son extranjeros. El mayor colectivo de ciudadanos de origen no alemán es el germano-turco, con más de tres millones de ciudadanos. Responde, asimismo, a las demandas de la industria. Se estima que el mercado laboral alemán precisaría atraer a 400.000 trabajadores extranjeros para cubrir la demanda actual de personal.
La aprobación de esta ley siguió a otra, asimismo emanada de la coalición de Gobierno entre socialdemócratas, verdes y liberales, para agilizar la expulsión de los migrantes irregulares. Se permitirá a la policía ir a buscar en su domicilio a quienes tienen orden de expulsión --incluidos delincuentes que incurrieron en delitos graves o políticamente radicalizados-- y se prolongará hasta 28 días --en lugar de diez-- su tiempo de permanencia en centros de reclusión hasta que se ejecute esa orden.
Sigue al aumento de peticiones de asilo. En 2023 se registraron unos 330.000 nuevos solicitantes, un incremento anual del 51%. Las administraciones regionales se dicen desbordadas para acogerles, ya que se suman al millón y medio de ucranianos llegados a raíz de la invasión rusa.
El año pasado, se ejecutaron unas 16.400 órdenes de expulsión, según el Ministerio de Interior. Con la nueva ley se espera lograr unas 600 adicionales cada año. Hay unos 45.000 solicitantes de asilo cuya petición fue rechazada, pero cuya presencia en Alemania es "tolerada" por razones humanitarias o porque las autoridades de su país de origen se niegan a admitirles.
Organizaciones humanitarias, un sector de los Verdes y la opositora La Izquierda han criticado esa ley que implicará retener en centros de reclusión a menores o separarlos de sus familias.
Ambas leyes han sido aprobadas coincidiendo con las movilizaciones masivas contra la ultraderecha tras revelarse un plan para deportar a millones de ciudadanos por razones étnicas. El detonante es una reunión en Potsdam con asistencia de cargos de Alternativa para Alemania (AfD) y neonazis en que se abordó esta propuesta, atentatoria contra cualquier ciudadano no alemán o incluso los nacionalizados. La AfD ocupa la segunda posición en intención de voto en los sondeos.

jueves, 18 de enero de 2024

A buenas horas







Gemma Casadevall

La pregunta de si se puede activar la prohibición de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) o inhabilitar a sus líderes circula por el país desde que la pasada semana el medio investigativo Correctiv reveló que cargos de ese partido abordaron con neonazis un plan para expulsar a dos millones de extranjeros o incluso personas de origen no alemán nacionalizadas. La respuesta es sí, puesto que existe la vía jurídica e institucional adecuada para solicitar la ilegalización de un partido si persigue propósitos anticonstitucionales. Un grupo de 50 catedráticos de la Universidad de Halle (este) ha invitado a la clase política a "plantear" esa prohibición. Pero otros advierten de que puede ser contraproducente, porque el proceso llevaría años, el partido podría jugar la carta del victimismo frente al establishment y la decisión final es incierta.

La AfD es la segunda fuerza en intención de voto a escala nacional y primera en el este de Alemania, donde en septiembre se celebrarán tres elecciones regionales. Antes de esos comicios, la AfD tendrá la gran cita ante las urnas de las elecciones europeas. "Un proceso de prohibición de un partido debe estar respaldado por al menos uno de los tres órganos facultados para ello, sea el Gobierno federal, la Cámara baja o la Cámara alta del Parlamento (Bundestag y Bundesrat)", recuerda a EL PERIÓDICO el politólogo berlinés Hajo Funke. Entre que se formalizara una solicitud ante el Tribunal Constitucional --el órgano competente para ilegalizar a un partido a escala nacional-- y que se resuelva pueden pasar años, prosigue el profesor emérito de la Universidad Libre de Berlín. "No se llegaría a tiempo en este año electoral y probablemente tampoco para los comicios nacionales previstos para 2025", prosigue Funke, autor de varios libros sobre la ultraderecha alemana.
Uno de ellos, centrado en su líder regional en Turingia, Björn Höcke, cabecilla de su ala más radical. Funke tilda sin reparos de "fascista" a este político, que en septiembre podría convertirse en ganador de su 'Land'. Una campaña impulsada para pedir al Bundestag la inhabilitación de Höcke recogió en 24 horas 1,2 millones de firmas. Se basa en el artículo 18 de la Constitución, según el cual pueden retirarse los derechos constitucionales --incluido el de votar o ser votado-- a quien atente contra la Carta Magna. "No hay duda de que Höcke incurre en ello. Pero tampoco puede esperarse una resolución en cuestión de meses", advierte el politólogo.
Reunión conspirativa

La pregunta sería, según Funke, por qué no se pensó antes en iniciar este proceso. Los objetivos y acciones de la formación, calificada de "extremista" por los servicios secretos de Interior en varios estados alemanes, son "tan diáfanamente anticonstitucionales como lo son los propósitos conspirativos de la reunión revelada por Correctiv". El plan de "reemigración" es hostil no solo hacia los extranjeros del país --unos 10 millones--, sino hacia ciudadanos con raíces no alemanas --unos 22 millones, de los 83 millones de habitantes del país-- y sus familiares. La AfD está políticamente aislada y su plan es hoy por hoy inviable fuera del imaginario ultra. "Pretender llevarlo adelante generaría una guerra civil. Y usted, como española, sabe a qué me refiero", destaca Funke.

La cita conspirativa tuvo lugar en Potsdam, ciudad vecina a Berlín. Junto a los miembros de la AfD y neonazis asistieron representantes de la llamada Unión de Valores --corriente de la oposición conservadora que tantea la creación de un nuevo partido radical-- y también el líder de los identitarios austríacos Martin Sellner. El lugar elegido recuerda a la Conferencia de Wannsee, donde en 1942 el régimen nazi planeó la "solución final" o deportación y exterminio de millones de judíos. Son paralelismos derivados no solo de esa vecindad geográfica, sino por los planes de deportación de millones de personas.

"El plan diseñado en Potsdam no es solo una perspectiva horrenda. Es un ataque a la Constitución y a nuestro Estado de Derecho", alertó en un comunicado conjunto la Federación de Jueces, la Asociación de Abogados y otras organizaciones hermanadas. "Toda fantasía sobre una deportación masiva en Alemania debe ser combatida con todos los medios jurídicos y políticos existentes", prosigue la nota.

La copresidenta del partido, Alice Weidel, se ha desprendido de su asesor y exdiputado Roland Hartwig, asistente a la reunión de Potsdam. Su compañero en la presidencia bicéfala, Timo Chrupalla, dice "no recordar" si asistió a otra cita similar unos años antes en Düsseldorf. Otros miembros de la AfD presentes en la reunión de Potsdam han defendido esos planes. Para el secretario ejecutivo de la AfD, Bernd Baumann, el uso del término es legítimo y se remite a la "repatriación de migrantes por procedimientos legales".

Las reacciones de estupor se han plasmado en la recogida de firmas y en la calle. En los últimos días, se han sucedido las manifestaciones de decenas de miles de personas contra la ultraderecha tanto en Berlín como en Leipzig (este), Colonia y Essen (oeste), así como en el propio Potsdam, con asistencia del canciller socialdemócrata Olaf Scholz y de su ministra de Exteriores, la verde Annalena Baerbock, ambos residentes en esa ciudad. Para el fin de semana se anuncian otras en Hamburgo y Múnich. Las convocan un amplio espectro de partidos, sindicatos, organizaciones eclesiásticas, activistas medioambientales y hasta asociaciones vecinales.

La fracasada ilegalización del NPD

Por lo pronto no se perfila el respaldo político suficiente para una petición de ilegalización ante el Constitucional, con sede en Karlsruhe. Ha habido algunos pronunciamientos a favor desde la socialdemocracia de Scholz o de sus socios Verdes, pero el tercer aliado en la coalición de gobierno, el partido liberal, lo considera "contraproducente". Tampoco hay un respaldo por razones parecidas, desde la oposición conservadora, primera fuerza en intención de voto. "En la reunión de Potsdam había objetivos propios de una ideología, que es la ideología nazi. Quienes estaban ahí la comparten", apuntó la ministra del Interior, la socialdemócrata Nancy Faeser, ante el debate del Bundestag convocado este jueves para abordar el caso.

Los criterios para la prohibición de un partido son muy estrictos. La ilegalización organizaciones neonazis marginales o locales son relativamente frecuentes y competen al Ministerio del Interior. Pero si se trata de partidos con estructuras nacionales, la competencia es del TC. Hasta ahora Karlsruhe solo prohibió dos partidos --el comunista y el heredero del NSDAP nazi, ambos en los años 50--. Fracasaron, en cambio, dos tentativas de ilegalizar del Partido Nacional Democrático (NPD), principal brazo político del neonazismo.

Una primera iniciativa, respaldada por el Gobierno de la entonces cancillera Angela Merkel y el Parlamento, se estrelló en 2003 porque se amparaba en testimonios de infiltrados policiales que, a la vez, eran agitadores del NPD. Una segunda petición, impulsada por la Cámara alta o Bundesrat, acabó rechazada por el TC en 2017 por entender que el partido no tenía "el peso necesario" para consumar sus objetivos o "actuar contra el Estado". El NPD tenía apenas 6.000 militantes y cero representación parlamentaria. Al NPD le salvó su fragilidad, mientras que no hay consenso ahora contra la AfD, que en 2017 se convirtió en la primera y única formación de su espectro que accedía al Bundestag.




lunes, 15 de enero de 2024

Cantata




Manifestación de agricultores en Berlín │ VÍDEO    EFE
 Gemma Casadevall
"Entiendo vuestra protesta, vuestro trabajo es duro, nos garantizáis la subsistencia y protegéis el medio ambiente", aseguró este lunes el ministro de Finanzas alemán, Christian Lindner, apóstol de la austeridad, ante los miles de agricultores que le abucheaban y gritaban de todo ante la Puerta de Brandeburgo. "Les escucho. Pero no puedo prometerles más ayudas estatales del presupuesto", añadió, luchando por hacerse oír ante los 30.000 concentrados, bajo temperaturas gélidas y luchando contra un resfriado.
El grito más persistente era el de "Hau ab" ("esfúmate"), entre un panorama de pancartas hostiles contra el Gobierno. Todo intento por calmar los ánimos estaba condenado al fracaso, puesto que las posiciones confrontadas eran conocidas: el campo exige el mantenimiento de las ayudas al diésel agrario y otros beneficios fiscales, mientras que Lindner insistía en que está obligado a recortar en muchos ámbitos, sea en prestaciones a refugiados o en la ayuda social.
La concentración ante el emblemático monumento berlinés fue el último acto de una semana de protestas, en que miles de tractoristas bloquearon las carreteras de norte a sur del país. En ocasiones anteriores el 'invitado' abucheado fue el ministro de Agricultura, el verde Cem Özdemir. En la jornada final se reservó el papel a Lindner, quien en la coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales del canciller Olaf Scholz representa la austeridad y la defensa del freno a la deuda.
La necesidad de recortar 17.000 millones de euros de los presupuestos de 2024, origen de las protestas, procede de una sentencia del Tribunal Constitucional que bloqueó 60.000 millones de euros por atentar contra el freno a la deuda. A ella se aferra Lindner, líder del Partido Liberal (FDP). Socialdemócratas y verdes apuestan por reformar ese instrumento, mientras crece la crispación en la calle y la ultraderecha busca sacar partido de ese descontento.
"Nos estáis condenando a ahorrar hasta la muerte del campo", había denunciado la líder de la Asociación de Jóvenes Campesinos Theresa Schmid, mientras Lindner esperaba su turno para hablar. Tanto Schmid como el presidente de la mayor organización del sector, la Federación Alemana de Agricultores, Joachim Rukwied, apelaron a los congregados a dejar hablar al ministro. Al fin y al cabo, había acudido a una cita donde estaba claro que se le esperaba con las uñas fuera. Pero a Lindner se le abucheó por igual cuando trató de ganarse la empatía que cuando defendió las medidas adoptadas para recortar gasto.
Presión de la calle y recesión

Las protestas del campo han complicado la movilidad de millones de ciudadanos alemanes durante una semana y acentuado las críticas al canciller Scholz, al que se acusa de falta de liderazgo. Todo eso ocurre en un momento de preocupación en el conjunto de la zona euro por la recesión de la primera economía de la Unión Europea (UE). En 2023 hubo una contracción del 0,3 % del producto interior bruto (PIB) --mínimamente por debajo del hasta ahora estimado, un 0,4 %--, según confirmaron este lunes las cifras oficiales del departamento federal de Estadística (Destatis). La contracción se debe principalmente a los costes de la energía, la caída del consumo por la inflación --que finalmente fue del 3,7 %-- y sobre todo por el parón en la demanda externa. La incidencia de la agricultura es mínima en el PIB, ya que Alemania es un país esencialmente industrial. Pero el campo da empleo, directa o indirectamente, a uno de cada diez trabajadores del país. Sus protestas contra la supresión gradual de unas subvenciones implantadas hace décadas presionan sobre una coalición bajo mínimos. La oposición conservadora ocupa la primera posición en intención de voto, seguida de la ultraderecha. La situación es aún más alarmante en el este de Alemania --una mitad del país poco industrializada y esencialmente agraria--, donde la derecha radical de Alternativa para Alemania (AfD) podría erigirse en primera fuerza en las elecciones regionales que tendrán lugar en septiembre.
El propio presidente del país, Frank-Walter Steinmeier --originario de las filas socialdemócratas de Scholz, aunque dejó en suspenso su militancia por la neutralidad política inherente a su cargo-- apremió al canciller estos días a atender las preocupaciones del campo. Coincidiendo con esa última jornada de protestas se convocó a los representantes del gremio de los agricultores a una reunión con los líderes del Partido Socialdemócrata (SPD), Verdes y Partido Liberal (FDP).





























domingo, 14 de enero de 2024

Paseo dominical





  Gemma Casadevall


Miles de personas participaron hoy en una manifestación en Potsdam en contra de la ultraderecha, entre ellas el canciller alemán, Olaf Scholz, y la titular de Exteriores, Annalena Baerbock, ambos residentes en esa ciudad vecina a Berlín. La marcha fue convocada por el alcalde de dicha ciudad, el socialdemócrata Mike Schubert, en respuesta a las revelaciones sobre una reunión entre destacados representantes del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), grupos neonazis alemanes y austriacos, así como algunos empresarios. En la reunión, celebrada en una villa de Potsdam, se planteó expulsar a unos dos millones de extranjeros o personas de origen inmigrantes, incluidos quienes ya adoptaron la nacionalidad alemana, pero se consideran "no integrados" en su sociedad.

La alcaldía de Potsdam habló de unos 10.000 participantes, mientras que en Berlín discurrió otra concentración similar con unos 25.000 asistentes, según informaciones de la televisión pública regional RBB.

A la concentración de Potsdam acudieron tanto líderes socialdemócratas, el partido de Scholz, como de los Verdes, el partido de la ministra Baerbock, así como de La Izquierda y de la conservadora Unión Cristianodemócrata (CDU). La de Berlín contó con una amplia representación tanto de estos partidos como de los activistas medioambientales de Fridays for Future y se desarrolló ante la emblemática Puerta de Brandeburgo.

Un plan de expulsiones masivas que compromete a la AfD

El medio de investigación 'Correctiv' reveló el pasado miércoles que políticos de AfD participaron en Potsdam en noviembre en un encuentro organizado por influyentes figuras de la extrema derecha en el que se abordaron planes para expulsar del país a millones de extranjeros.

En el centro del evento se hallaba según diversas fuentes el austríaco Martin Sellner, considerado uno de los líderes del ultraderechista Movimiento Identitario, que presentó un "plan maestro" para lograr lo que ciertas facciones extremistas llaman "remigración", es decir, la limpieza étnica de la nación de elementos foráneos.

Asimismo se reveló la presencia de al menos dos exdiputados de la AfD. Uno de ellos es Roland Hartwig, asesor de la líder del partido Alice Weidel. El semanario "Die Zeit" ha asegurado asimismo que acudió a otra cita anterior con parecidos objetivos el otro presidente de la AfD, Timo Chrupalla, quien comparte la dirección colegiada del partido con Weidel.

Las revelaciones han activado las propuestas para pedir la ilegalización de AfD. Dicha vía se considera, sin embargo, compleja, ya que en Alemania hasta ahora solo han prosperado dos iniciativas para prohibir partidos con estructuras en todo el país, ambas en los años 50. Sucesivas solicitudes respaldadas por el gobierno y el Parlamento contra el Partido Nacional Democrático (NPD) fueron rechazadas por el Tribunal Constitucional, único órgano facultado para resolver estas cuestiones. Primero desestimó un procedimiento porque estaba fundamentado en testimonios de "confidentes" infiltrados por los servicios secretos. Finalmente, en 2017 rechazó otra propuesta por entender que el NPD, pese a perseguir objetivos anticonstitucionales, no estaba capacitado para llevarlos a cabo dada su marginalidad y nulo peso parlamentario.

La situación es muy distinta para la AfD, con escaños tanto en el Parlamento federal (Bundestag) como en 14 de los 16 estados federados. Ocupa, además, el segundo puesto en intención de voto a escala nacional e incluso el primero en el este del país, donde el próximo septiembre se celebrarán elecciones regionales.

Carrozas y besos






“Espero ser un rey unificador”, fueron las primeras palabras de Federico X ante las decenas de miles de ciudadanos que aguardaban ante el palacio de Christiansborg su aparición. Se rondaban los cero grados en la capital danesa y el paisaje humano estaba dominado por los gorros de lana -además de las banderitas rojas con la cruz blanca, símbolo nacional-. Muchos llevaban horas aguardando. Pero al menos el ceremonial se resolvió en una hora y media exacta, entre la entrada en el palacio en coche del aún heredero y la salida del nuevo monarca en la carroza, tirada por caballos blancos.





La casa real nórdica demostró así que un acto histórico puede ser sobrio y a la vez cercano. Sin los fastos que rodearían una coronación entre sus equivalentes británicos, pero con un fervor similar. La aún reina Margarita formalizó su retirada con la firma de un acta como quien cumple un requisito burocrático. Le dirigió a continuación una sonrisa a su hijo, bajo la mirada de Mette Frederiksen, la socialdemócrata que lidera el actual gobierno danés, en coalición con su predecesor, el liberal Lars Lokke Rasmussen, ministro de Exteriores. Menos de una hora después saludaba a sus ciudadanos como Federico X.

La fecha elegida para la retirada de la última reina de sangre azul iba cargada de simbolismo. Fue un 14 de enero, exactamente 52 años después de que Margarita fuera proclamada reina tras la muerte de Federico IX. La nueva reina iba entonces de luto, por el fallecimiento de su padre, y el ánimo fue menos festivo que el de este domingo.


Un 80% de la población danesa respalda a su monarquía y no hay síntomas de que el apoyo vaya a debilitarse con Federico X. Los titulares de la prensa del corazón europea a propósito de sus infidelidades o rasgos de su perfil -inclusive pasión por la velocidad o tatuajes- no afectan a los daneses. Los reportajes sobre tales “escapadas” son considerados por muchos daneses como injerencias en asuntos privados; el perfil personal del nuevo rey, de 55 años, son los comunes en muchos ciudadanos del pequeño país nórdico, con 5,9 millones de habitantes, incluidos los de sus territorios autónomos de las islas Feroe y de la polar Groenlandia.
Fiesta en casa para los daneses

La ceremonia fue de una sobriedad estricta, sin invitados de casas reales extranjeras y sin acto de “coronación” física, de acuerdo a la tradición danesa. Afuera del palacio esperaban decenas de miles de ciudadanos, con sus banderitas nacionales y el teléfono móvil preparado para cualquier selfie o imagen a conservar como documento individual de la jornada histórica.

La firma del acta de abdicación y la corta alocución de Margarita se produjeron poco después de las dos del mediodía. Los aún príncipes Federico y Mary habían acudido al palacio de Christiansborg en coche, dos minutos después de que Margarita lo hiciera en carroza. Transcurrió menos de una hora entre la firma de la abdicación, un mensaje igualmente breve de Frederiksen y las salvas en el exterior, indicativo de que el país tiene un nuevo rey y una reina consorte, una abogada nacida en Australia como Mary Donaldson, madre de los cuatro hijos del matrimonio.

Exactamente una hora después del inicio de la ceremonia, Federico aparecía en el balcón del palacio mientras Frederiksen le proclamaba formalmente como el nuevo rey. “Cumplimos con nuestra tradición: una reina abdicó, le sucede su hijo, en quien confiamos y al que damos la bienvenida”, sintetizó la jefa del gobierno. Seis minutos después se le unieron en el balcón la reina consorte Mary, de blanco impecable, y sus cuatro hijos. Con puntualidad estricta estalló asimismo un júbilo ciudadano nada teatralizado. Hubo un segundo saludo de los reyes y sus hijos, además de un beso entre Federico y Mary. Ningún capítulo se prolongó innecesariamente. Hubo tiempo incluso para percibir que al rey le asomaba una lagrimita en el momento de su proclamación. A las 15.30 en punto salía la nueva pareja real de palacio con su carroza.

Todo parecía perfectamente planificado por una reina que se retira con altísimos niveles de popularidad. El primogénito, Christian, cumplió recientemente los 18 años, lo que de algún modo refuerza la sensación de que todo quedó atado y bien atado en la monarquía danesa.

Consenso político

Que a los daneses les afecta poco que el matrimonio real sea o no estable en su fuero interno y conyugal, más allá de los revuelos mediáticos, queda de algún modo reflejado en el alto grado de popularidad de Mary, mayor incluso que el de su esposo. En Dinamarca no hay apenas debate en torno a la institución monárquica. Los partidos izquierdistas, que en ocasiones se han distanciado de grandes actos presididos por Margarita, no presentaron recelos a la proclamación de Federico X. Tal vez la monarquía parlamentaria no sea el modelo de Estado “ideal” para todos, pero sí se consideró necesario aprovechar la ocasión para mostrar respeto, al menos, por el modo como ha ejercido el cargo Margarita y como se espera siga haciéndolo Federico X.

En Dinamarca, como en el conjunto de los países nórdicos, la monarquía cumple funciones eminentemente representativas. Al nuevo rey le corresponderá, como hizo Margarita, ratificar con su firma las leyes emanadas del Parlamento, presidir la formación del gobierno y reunirse periódicamente con la jefatura del Ejecutivo. La de Margarita ha sido la primera abdicación en 900 años de historia de la monarquía danesa, cuyo origen se remonta a tiempos vikingos y que se convirtió en hereditaria en 1660.

La perfecta retirada de Margarita parece una invitación a seguir el ejemplo para las otras monarquías nórdicas -Carlos Gustavo de Suecia, de 77 años, y sobre todo de Harald de Noruega, de 86 años-. Algunos expertos manejan también la abdicación de Carlos de Inglaterra, quien se convirtió en rey con 73 años a la muerte de Isabel II, con 96 años.
Dinamarca se vuelca en Federico en una mezcla perfecta de sobriedad y apoyo                                                                            


Gemma Casadevall

Sopa caliente y sol gélido

La protestas agitan Alemania en un año de turbulencias

Gemma Casadevall

“Los recortes en las ayudas al diésel agrícola son la gota que colmó el vaso de nuestra paciencia”, explica Sven Laske, agricultor de 35 años de Brandeburgo, el “land” que envuelve Berlín. Forma parte de un corrillo de unos veinte compañeros arremolinados junto a una hoguera, a unos 200 metros de la emblemática Puerta de Brandeburgo. Unos toman una sopa humeante recién cocinada en el hornillo de un camión, otros apuran el quinto café, alguno desafía el frío –7 grados bajo cero, a punto de llegar al mediodía- con una cerveza. Destaca en el corrillo un grupo de trabajadores de una empresa de limpieza de carreteras -Retec- enfundados en su mono amarillo. “No somos como los chalecos amarillos franceses. No tenemos infiltrados, no es una protesta politizada”, sostiene uno de ellos.



Un grupo de agricultores se calienta frente a la puerta de Brandeburgo / GEMMA CASADEVALL

Laske llegó con su tractor al centro de Berlín el pasado lunes. Ahí sigue aparcado junto con otra cincuentena de vehículos industriales. Está determinado a mantener esa posición hasta el próximo lunes. Ese día deberá confluir en la capital la gran revuelta de los tractoristas: miles de vehículos procedentes de todo el país, que en los días precedentes han reflejado ya la rabia del campo por toda Alemania, de norte a sur y de este a oeste. A los agricultores de medianas o pequeñas explotaciones se les habrán añadido transportistas, empresas de limpieza y otros sectores hermanados.

La presencia ultra

“Es injusto relacionar las protestas del campo con la ultraderecha. Haya o no elementos ultraderechistas en nuestras concentraciones”, apunta el presidente de la Asociación de Agricultores de Brandeburgo, Henrik Wendorff, desde la televisión pública regional RBB. La presencia de tales infiltrados se ha plasmado en sucesivas marchas tanto en el 'land'vecino a la capital como en los de Sajonia o Turingia. Son estados federados del este alemán, donde la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) podría erigirse en primera fuerza en los comicios regionales convocados para el próximo septiembre.



“La ultraderecha tiene un olfato muy fino para pescar electorado entre los descontentos. Así fue con la llegada de refugiados de sucesivas crisis migratorias o cuando capitalizó el descontento de los antivacunas, durante la pandemia. Ahora llegó el turno al campo”, explica el politólogo berlinés Hajo Funke. Este profesor emérito de la Universidad Libre de Berlín, autor de varios libros sobre la ultraderecha alemana, lleva años alertando de su peligro para la vida democrática y de su enorme capacidad conspiradora. La AfD es, a escala nacional, el segundo partido en intención de voto, solo aventajado por la oposición conservadora integrada por la Unión Cristianodemócrata y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CDU/CSU). Durante décadas, el voto del campo fue prioritariamente hacia estas grandes formaciones conservadoras. Ahora la AfD busca nuevo electorado entre el descontento agrícola.

Las infiltraciones radicales no proceden solo de ese partido, único del espectro ultra con representación parlamentario. Ahí están también formaciones marginales, como la llamada Tercera Vía, movimientos identitarios o, en el caso de Sajonia, los Freie Sachsen -Sajones Libres-. Se mezclan en las marchas con pancartas transmisoras de mensajes de odio o llamando a mandar a la horca a sus dos principales “enemigos”: el ministro de Economía y Protección del Clima, Robert Habeck, y el de Agricultura, Cem Özdemir, ambos de los Verdes.

Habeck, con rango de vicecanciller en la coalición de Olaf Scholz, vivió un conato de asalto por varios centenares de “agricultores” que pretendían irrumpir en el ferrry que le transportaba a Berlín, tras sus vacaciones navideñas en casa. Özdemir, quien muestra incansablemente su comprensión hacia las protestas del campo, ha sufrido implacables abucheos cada vez que habla ante concentraciones de tractoristas, algo que hace casi a diario. Se ha ganado al menos el respeto de los gremios de los agricultores con su coraje.

Es un político que conoce el acoso implacable ultra desde que, en 1994, se convirtió en el primer diputado de origen turco del Bundestag (Parlamento federal). Las pancartas con dibujos de Özdemir ahorcado salpican los marchas de los tractoristas. Son proclamas parecidas a las que se vieron en Dresde, capital de Sajonia y cuna del movimiento islamófobo Pegida, durante la crisis migratoria de 2015. En esos tiempos la horca se aplicaba a la entonces canciller, la conservadora Angela Merkel; ahora se dirige a los verdes Habeck y Özdemir o al líder de la coalición, el socialdemócrata Olaf Scholz. Dos años después de las grandes movilizaciones de Pegida, en las generales de 2017, la AfD logró por primera vez en su historia escaños en el Bundestag.
Las legítimas protestas del campo

No hay organización gremial del campo alemán, sea a escala nacional o regional, que no se haya distanciado de los infiltrados ultras. El presidente de la Federación Alemana de Agricultores, Joachim Ruckwied, insiste en la legitimidad de sus reclamaciones y también en que no cederán en sus protestas, se mezclen o no en ellas esos infiltrados. “Es especialmente triste para nosotros ver esa instrumentalización ultra”, afirma Laske, el tractorista brandeburgués plantado en Berlín, a la espera de la gran marcha del próximo lunes. La suya es una pequeña explotación agrícola ecológica. Fue votante verde, afirma, que no sabe a quien dirigirá su voto futuro. Descarta, sin embargo, a la AfD. “No es una alternativa, aunque ese es el nombre que se puso”.

El detonante de la revuelta es el recorte en los beneficios fiscales y la subvención al diésel agrícola, aprobado al cerrar el año pasado por el gobierno de Scholz. Fue una de las medidas de austeridad decididas de pronto, precipitadas por una sentencia del Tribunal Constitucional que bloqueó un fondo de 60.000 millones de euros. Hubo que recortar muchas partidas de los presupuestos de 2024 -aún no aprobados-, entre ellas subvenciones implantadas hace más de medio siglo. La del diésel entraba en las ayudas calificadas de dañinas desde el punto de vista medioambiental y que, por tanto, deben ser sustituidas a medio o largo plazo.

Al anuncio del equipo de Scholz respondió el campo con una primera movilización masiva de tractoristas sobre Berlín, aún en diciembre. El canciller rectificó y dejó los recortes en la mitad de lo previsto -aunque mantiene el objetivo de su supresión gradual para 2026-.

La supuesta gota que rebosó el vaso supone, según cálculos de la primera cadena de la televisión alemana, ARD, una pérdida media de 1.780 euros anuales para el total de 263.500 explotaciones agrarias existentes en toda Alemania. Una cantidad aparentemente moderada, que supone un 6 % de los apoyos agrícolas, entre los procedentes de fondos europeos y del Estado alemán. Pero que transformó en rabia el malestar persistente de un sector del que dependen un millón de trabajadores en el país -ampliables a 4,4 millones, si al propiamente agrícola se suma el sector alimentario, lo que supone uno de cada diez trabajadores del país.

El campo ha perdido en 25 años una cuarta parte de sus explotaciones. Está quejado por múltiples y crecientes incertidumbres, incluidas las climáticas, vistos los estragos derivados de devastadoras inundaciones y otras catástrofes naturales que, según las alertas de expertos y organismos globales, no van a ceder, sino a multiplicarse. El sector agrícola no es el gran motor económico de Alemania, país eminentemente industrial.

Pero en tiempos de inflación -sobre el 6 % en 2023-, de contracción económica -una recesión estimada en el 0,4 % del PIB- y con la ultraderecha empujando, su revuelta es todo lo contrario a lo que Scholz necesita para recuperar el terreno perdido. Las previsiones son de más estancamiento o de recuperación más lenta de lo deseable: un crecimiento del 1,3 % es lo que preveía el equipo de gobierno para 2024. Las devastadoras inundaciones registradas a finales de diciembre en el norte y centro alemán, más el parón provocado por la confluencia estos días de una nueva huelga nacional de ferrocarriles -la tercera en pocos meses- y la revuelta agrícola hacen temer una revisión a la baja.
Todos contra el semáforo de Scholz

Son muchas las consignas alusivas a la “muerte del campo” que exhiben los tractoristas alemanes en sus marchas o bloqueos de carreteras, en todo el territorio de la primera economía de la zona euro. Pero su rabia se ceba especialmente en la palabra “Ampel” -semáforo, en alemán. Es el término que se aplica al tripartito del canciller Olaf Scholz entre socialdemócratas, verdes y liberales. Sigue el modelo alemán de identificar cada partido con un color -rojo, para la socialdemocracia de Scholz, verde para los ecologistas y amarillo para los liberales.

El semáforo está en rojo fulminante para el canciller, al que los sondeos atribuyen un 15 % en intención de voto a escala nacional. Le superan la oposición conservadora, en primer lugar, o la ultraderecha, en segunda posición, y le disputan el tercer puesto los Verdes, pese a que también cayeron a mínimos. El tercer socio, los liberales, están en la cuerda floja del 5 %, mínimo para obtener escaños.

Lo que a escala nacional apunta a una notable debilidad se convierte en niveles misérrimos para las regionales que tendrán lugar en el este del país el próximo otoño: el partido de Scholz podría caer al 5 % o incluso al 3 % en el “Land” de Sajonia.

Que a sucesivas coaliciones de gobierno se les vaticine la ruptura inminente es casi un clásico en Alemania, aunque pocas veces se produzca el cataclismo. Lo mismo ocurre con el término “Dämmerung” -crepúsculo- que se aplicó a Angela Merkel en cada crisis de coalición que sufrió, para acabar retirándose invicta tras 16 años en el poder. Pero esta vez son muchos y persistentes los temporales que azotan a la alianza de Scholz.

El detonante de su hasta ahora peor crisis fue la reciente sentencia del Tribunal Constitucional, en respuesta a la demanda elevada por la oposición conservadora. El argumento opositor era que el gobierno de Scholz se había saltado el freno a la deuda al dotar con lo sobrante de un fondo articulado contra la pandemia a un paquete destinado a la transición energética verde. El Constitucional respaldó la demanda opositora: el freno a la deuda solo puede suspenderse ante emergencias; lo sobrante de una situación “especial” no es trasladable automáticamente a otras necesidades.

Scholz podría haber tratado de argumentar que el freno a la deuda es obsoleto o que lastra la recuperación tras la crisis energética precipitada por la invasión rusa de Ucrania. Tanto su Partido Socialdemócrata (SPD) como los Verdes claman por reformar o enterrar ese instrumento, según el cual el endeudamiento no puede superar el 0,35 % del PIB. Pero cedió al imperativo de la austeridad y la contención del gasto público, una señal de identidad de su socio liberal, entre cuyas filas se ha generado una fuerte corriente partidaria de abandonar la coalición.

Scholz quiso zanjar la crisis de coalición con el compromiso de que en 2024, tras cuatro años de suspensiones, se respetará el freno a la deuda. Pero la revuelta del campo ha reactivado entre los socialdemócratas las voces que reclaman su “reforma” -término eufemístico para su abolición-. No son voces aisladas, sino que las sustentan líderes de regiones de fuerte arraigo agrícola. Entre ellos, la primera ministra de Mecklenburgo-Antepomerania, Manuela Schwesig, en el este, y su colega de Baja Sajonia, Stephan Weil, en el centro. No son presiones procedentes del enemigo ultraderechista o del rival conservador. Es fuego amigo, como lo fue una resolución del último congreso socialdemócrata, celebrado el pasado diciembre, que reclamaba suspensión del freno a la deuda a la que se aferra, a escala alemana como europea, el socio liberal.

sábado, 13 de enero de 2024

El oxímoron pervive


















Dinamarca, ante un relevo en el trono tras una abdicación "normal"

Gemma Casadevall


El término "monarquía moderna" suena a oxímoron no solo entre republicanos, sino para todo aquel que considera una contradicción que la jefatura del Estado pueda ser, en democracia, algo vitalicio y hereditario, donde un rey o reina traspasa el poder sobre ese país --y sobre sus fuerzas armadas-- a su hijo o hija. También rechina el término a los enemigos de los fastos, vestuarios, coronas y carrozas con que acompañan sus ceremonias. Las monarquías nórdicas son un ejemplo de cierta normalidad tanto en comportamientos públicos como privados, aunque en lo formal se ciñan a la visibilidad algo anacrónica de sus casas reales.
La última en mostrar buen olfato para su retirada ha sido Margarita de Dinamarca, la única reina de sangre azul que quedaba en Europa y la más longeva. Tiene 83 años y lleva 52 en el puesto. Este domingo consumará el traspaso a su hijo Federico, de 55; su esposa, la australiana Mary Donaldson, pasará a ser la nueva reina de ese pequeño país, que geográficamente parece un apéndice nórdico de Alemania. Federico X reinará sobre 5,9 millones de habitantes, incluidos los 54.000 de las volcánicas islas Feroe y los 59.000 de la polar Groenlandia, la mayor isla del mundo, con una densidad de 0,026 habitantes por kilómetro cuadrado.
El anuncio de Margarita, una reina calificada de popular, extravagante y hasta 'cool', obligó a levantar páginas de periódicos la pasada Nochevieja. Aparentemente fue una sorpresa incluso para la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen. Fue en los últimos momentos de su mensaje de Año Nuevo, que en lugar de ser rutinario se convirtió en histórico.



Retirarse a tiempo

Las abdicaciones han dejado de ser tabú en las monarquías. Pueden responder a imperativos de sensatez por escándalos continuados --como la de Juan Carlos I de España en favor de Felipe, en 2014-- o un relevo lógico llegada cierta edad --como el de Beatriz de Holanda, quien unos meses antes del tormentoso relevo español había pasado la corona a su hijo Guillermo--.
El traspaso de Margarita de Dinamarca en Federico X se ajusta más al modelo neerlandés que al español. Pese a que anteriormente había asegurado que pensaba ejercer el cargo hasta el final, optó por no ver envejecer a su hijo mientras esperaba su turno. Se desmarcó así del caso de Isabel II de Inglaterra, reina hasta su muerte, con 96 años, lo que hizo que depositara su inmenso patrimonio y poder en un heredero de 73 años, Carlos.
La aún reina danesa ha marcado el camino a otras dos monarquías nórdicas catalogables como modernas, la sueca y la noruega. Carlos Gustavo de Suecia tiene 77 años y poco poder, más allá de lo meramente representativo, por lo que puede pensárselo aún; el tiempo apremia para Harald de Noruega, con 86 años y muchas ausencias de la vida pública por razones de salud, en las que ejerce sus funciones su heredero, Haakon.
Sobre las razones de Margarita para dar el paso ahora se ha especulado bastante. En la prensa del corazón europea causó un notable revuelo el reciente "paseo" por Madrid del príncipe Federico con la mexicana Genoveva Casanova. En Dinamarca el asunto --como anteriores escapadas más o menos mediatizadas-- no ha levantado mayor escándalo.
La monarquía danesa tiene el respaldo de un 70% de su población y el perfil del futuro rey está poblado de múltiples episodios que cuadran con el esquema de "normalidad" entre adultos del presente siglo. A los trazos más socorridos de su biografía oficial --estudios en el extranjero, carrera militar, piloto apasionado, deportista y flechazo con Mary Donaldson en los Juegos Olímpicos de Sídney, en 2000-- se suma algún tropiezo por conducción temeraria y bajo los efectos del alcohol. Pero también estas situaciones encajan en el concepto de monarquía "cercana". Por si acaso, la extravagante pero sabia reina danesa esperó para su retirada a que el mayor de los cuatro hijos de Federico y Mary, Christian, hubiera cumplido los 18 años, hace unos pocos meses.
La ceremonia de abdicación tendrá lugar en el hermoso castillo de Christiansborg a partir de las dos del mediodía del domingo. De acuerdo con la tradición, los ciudadanos tendrán la oportunidad de ver a su nuevo rey en su primer saludo como tal desde el balcón de palacio, sobre una hora después. La previsión meteorológica es de tres grados de máxima para este domingo. Pero esto encaja también en la historia de una monarquía nórdica cuyo origen se remonta a tiempos vikingos y que se convirtió en hereditaria en 1660. Margarita hizo ya historia al convertirse en su primera reina hace más de medio siglo. Su abdicación será la primera para esa casa real en más de 500 años.

Los desafíos daneses

A Federico X le esperan los desafíos propios de un rey en un Estado democrático y moderno. La jefatura del Gobierno danés está en manos de la socialdemócrata Frederiksen, quien desde 2022 lidera una coalición con el liberal y ex primer ministro Lars Lokke Rasmussen. Buscó con esa alianza la estabilidad que no tuvo en sus anteriores etapas gobernando en minoría y con verdes e izquierdistas como aliados externos.
Frederiksen defiende una línea dura en política migratoria, más propia sus socios actuales que a una socialdemocracia. En 2022, mientras Suecia y Finlandia pedían su ingreso en la OTAN acuciadas por la invasión rusa de Ucrania, condujo a su país al abandono de las llamadas excepciones en materia de Defensa europea por la vía del referéndum.
No hay roces políticos entre el Gobierno y la casa real danesa. Al nuevo rey no se le pronostican quebraderos de cabeza institucionales. Pero deberá atender, entre otros asuntos, la evolución política del independentismo tanto en las islas Feroe como en Groenlandia. Ha sido durante años la corriente dominante entre la población de la etnia inuit --un 88 % de sus habitantes groenlandeses-- aunque en los últimos tiempos se ha arraigado su versión más moderada. Groenlandia como las Feroe son territorios con una autonomía amplia y estatus de "nación constituyente". Formalmente, son territorios "asociados" pero no miembros de la Unión Europea (UE), pese a formar parte del Reino de Dinamarca, socio comunitario desde 1973, aunque fuera de la zona euro.

viernes, 12 de enero de 2024

Varsovia se pone fea



El choque entre el presidente y Tusk eleva la tensión en Polonia
Joana Serra
La confrontación entre el gobierno europeísta de Donald Tusk y la presidencia polaca, dominada por los ultraconservadores, entró en la línea de la confrontación directa a raíz de la detención de dos políticos del gobierno anterior. Para el presidente Andrzej Duda, afín al derrotado partido Ley y Justicia (PiS), los dos detenidos -uno de ellos, el exministro del Interior, Mariusz Kaminski- son "presos políticos", los primeros desde la llegada de la democracia a Polonia, en 1989.
Duda, quien llegó a la presidencia en 2015 como candidato del PiS, compareció ante los medios acompañados de las esposas de los dos políticos. Habían ingresado en prisión poco antes, tras ser detenidos el día anterior en el propio palacio presidencial, donde habían acudida en busca de la protección del jefe del Estado. La detención fue calificada por Duda de "provocación" alimentada por  el nuevo gobierno de Tusk.
Contra ellos pesaba una condena por corrupción y abuso de poder dictada en 2015, pero que no fue en firma hasta ahora. Duda ha anunciado que procederá a indultarlos, mientras que los dos presos se encuentran en huelga de hambre, según informaron sus familiares.
El caso de los dos políticos del PiS, el partido que cayó derrotado en las elecciones del pasado octubre, evidencia la difícil cohabitación entre el bloque europeísta liderado por Tusk y la presidencia del país.
Tusk tardó dos meses en superar los trámites parlamentarios hasta acceder al poder, ya que Duda encargó primero la formación de gobierno al exprimer ministro Mateusz Morawiecki, pese a que no tenía el respaldo parlamentario necesario.
El líder europeísta se ha comprometido a revertir la controvertida reforma judicial y despolitizar los medios públicos, que el PiS controló en sus ocho años ininterrumpidos en el poder. La etapa de dominio ultraconservador estuvo marcada por los encontronazos entre Varsovia y Bruselas, mientras que Tusk, expresidente del Consejo Europeo, representa el retorno a la familia del bloque comunitario. De su gestión se espera además el desbloqueo de los fondos post-pandemia, congelados por Bruselas.
Uno de los primeros pasos de Tusk tras acceder al poder fue el cese de las cúpulas de la radiotelevisión estatal y de la agencia de prensa pap. La justicia polaca, modelada asimismo por el PiS desde el poder, ha declarado ilegítimos los nuevos cargos.
La tensión política en Varsovia es enorme, tanto a escala institucional como en la calle. El Parlamento polaco ha suspendido sus sesiones hasta la próxima semana, en parte para evitar confrontaciones con los asistentes a las manifestaciones de protesta convocadas por el PiS.
Según fuentes de la alcaldía de la capital, a la concentración de este jueves ante el Sejm (Parlamento) asistieron unas 35.000 personas. Hay convocados asimismo actos de solidaridad ante la cárcel donde ingresaron los políticos detenidos.

jueves, 11 de enero de 2024

Trumpismo polaco

Duda congrega a 35.000 personas contra el Gobierno 




Gemma Casadevall

Varsovia vivió este jueves una concentración multitudinaria impulsada por el presidente de Polonia, Andrzej Duda, y en favor de los que calificó de "presos políticos", dos exdiputados de las filas del partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS). El presidente había calificado de "provocación" la detención de estos, cuya responsabilidad política atribuye al Gobierno europeísta de Donald Tusk. Duda brindó refugio el miércoles en su palacio a los dos políticos y compareció este jueves ante los medios con sus esposas. Fue una aparición teatralizada, como han venido siendo muchos de los pasos dados por Duda en el relevo en el poder. Seguía a las escenas del día anterior, con la entrada de la policía y detención en la misma sede presidencial de los políticos, uno de ellos, el exministro del Interior Mariusz Kaminski. Ambos ingresaron en la cárcel a continuación y, según sus familiares, están en huelga de hambre. Para Duda, son los primeros "presos políticos" en Polonia desde 1989, en que el país accedió a la democracia.

Su caso se remonta a una condena por corrupción y abuso de poder emitida hace ocho años, pero que ahora se hizo efectiva agotados todos los recursos. Duda se propone liberarlos por la vía de un indulto. Antes de su ingreso en prisión hubo ya una concentración solidaria ante la cárcel y otras marchas de apoyo, a una de las cuales acudió el líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski.

Para este jueves había convocada otra movilización en contra de Tusk ante el Parlamento, el Sejm. Congregó a unas 35.000 personas, según fuentes de la alcaldía. La Cámara de diputados había suspendido todas sus sesiones hasta la próxima semana para evitar tensiones en la calle. Entre los concentrados circularon consignas para seguir en dirección a la residencia de Tusk, mientras otros grupos se dirigían a la cárcel.

Pulso


Las marchas ultras reflejan el pulso entre Tusk y Duda, que llegó al cargo en 2015 como candidato del PiS. Tusk fue elegido primer ministro el pasado diciembre, dos meses después de su victoria electoral. Fue una transición obstaculizada por el presidente, quien encargó primero la formación de gobierno al ex primer ministro Mateusz Morawiecki, del PiS, pese a que no tenía perspectivas de prosperar por falta de respaldo parlamentario.Noticias relacionadas

Ya en el cargo, Tusk ha prometido que revertirá la controvertida reforma judicial impulsada por el PiS. Sus primeros pasos como primer ministro consistieron en relevar a las jefaturas de la radiotelevisión pública y la agencia de prensa oficial PAP, dominadas por el PiS. La justicia polaca ha declarado ilegales los nuevos nombramientos.

La cohabitación entre la jefatura del Estado leal al PiS y el bloque europeísta de Tusk se pronosticaba compleja, por la rivalidad incluso personal entre el presidente y el jefe del Gobierno. De Tusk depende, sin embargo, que se desbloqueen los fondos europeos, congelados por la confrontación entre Bruselas y Varsovia que marcaron los ocho años en el poder del PiS.

La espinosa vía de Karlsruhe

Un plan para expulsar a millones de extranjeros compromete a los ultras alemanes



Gemma Casadevall

¿Se puede ilegalizar en Alemania un partido con propósitos claramente tóxicos y anticonstitucionales, incluida la derogación del orden democrático? La respuesta es sí, aunque los requisitos para lograrlo son muy estrictos y el precio político, en caso de fracaso, muy alto. Así se demostró en 2017, cuando tras años de debates y complejos procesos, el Tribunal Constitucional decidió no ilegalizar el Partido Nacional Democrático (NPD), por entonces el principal aglutinante de neonazis del país. La corte estimó que, pese a sus objetivos, no tenía capacidad para socavar el orden constitucional. El NPD tenía por entonces 6.000 militantes y ningún escaño a escala nacional o en las cámaras regionales.

La pregunta en torno a una eventual ilegalización alcanza ahora a Alternativa para Alemania (AfD), con 78 escaños en el Bundestag (Parlamento) y representación en 14 de los 16 estados federados, además de ocupar el segundo puesto en intención de voto a escala nacional, solo superado por el bloque de la oposición conservadora. El partido está bajo observación de los servicios secretos de Interior en tres de sus bastiones del este alemán, donde se le califica de claramente extremista.

Unas revelaciones del medio periodístico de investigación Correctiv ha brindado ahora nuevos argumentos a los partidarios de la ilegalización. En un amplio reportaje se describe con todo lujo de detalles y cierto aire de película de suspense una reunión conspirativa en una villa de Potsdam, ciudad vecina a Berlín, entre radicales alemanes y austríacos. En ella participaron al menos un exdiputado de la AfD, Roland Hartwig, ahora asesor de la líder del partido, Alice Weidel, así como el jefe del movimiento identitario austríaco IBÖ, Martin Sellner, entre otros neonazis y algún empresario. También acudieron algunos miembros de la llamada Unión de Valores, una corriente interna de la oposición conservadora que predica el acercamiento a la AfD.

Dos millones de expulsiones

En la reunión se abordó un plan de "remigración", consistente en la expulsión en dirección a África de dos millones de personas, entre solicitantes de asilo, otros extranjeros e incluso personas con ciudadanía alemana pero consideradas "no integradas" en su sociedad.

A esas informaciones han seguido un cúmulo de condenas del conjunto del espectro parlamentario, así como sucesivas declaraciones de la dirección de la AfD distanciándose del encuentro o explicando que no eran ellos los convocantes. No han desmentido, sin embargo, la asistencia ni del asesor de Weidel ni de otros cargos regionales del partido, cuyos nombres constan en el listado publicado por Correctiv.

AfD es una formación en auge que según los sondeos podría convertirse en primera fuerza en las regionales que se celebrarán en otoño en el este del país. De momento la comprometedora reunión ha animado un debate en torno a la "oportunidad" de iniciar ahora un proceso de ilegalización. La decisión para partidos con estructuras nacionales puede emanar en Alemania del Tribunal Constitucional y debe estar respaldada por una petición procedente del Gobierno o del Parlamento.

miércoles, 10 de enero de 2024

Dos tazas

La huelga de los ferroviarios colapsa una Alemania crispada



Gemma Casadevall

Los maquinistas de la red de ferrocarriles alemanes --Deutsche Bahn, DB-- han iniciado una huelga nacional de tres días que, además de paralizar el tráfico ferroviario, acrecienta la crispación precipitada por la campaña de protestas de los agricultores. Las estaciones de tren aparecían este miércoles vacías y con un servicio mínimo --solo circularon uno de cada cinco ferrocarriles--, tanto para los de largo recorrido como regionales o cercanías. Es la tercera campaña de huelgas lanzada por el sindicato de los maquinistas, GDL, que representa a unos 10.000 afiliados y que ya en diciembre y noviembre pasados pararon durante varios días.

La dirección del GDL considera una "provocación" la última oferta de la patronal y ha convertido en su caballo de batalla la demanda de una reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales, sin recortes de salario, frente a las 38 actuales. Es la reivindicación principal del líder sindical, el mediático Klaus Weselsky, que ha logrado para su convocatoria un respaldo del 97% de los afiliados consultados. Es un colectivo minoritario dentro de la plantilla de los 221.000 empleados de la DB en Alemania, pero que hace valer la posición de fuerza propia de los maquinistas.

Los anteriores parones ferroviarios fueron asumidos con resignación por los ciudadanos, a los que la Deutsche Bahn ofrece el reembolso íntegro de los billetes adquiridos o el cambio sin costes para otra jornada. Pero la actual huelga coincide con los bloqueos de los tractoristas iniciados el pasado lunes, extendida por toda Alemania y que se prolongará previsiblemente hasta el próximo lunes. La confluencia de la huelga ferroviaria y del campo ha generado incidentes entre huelguistas y conductores que han tratado de romper los bloqueos.

La revuelta del campo alemán

El campo alemán inició sus movilizaciones el pasado diciembre, tras anunciar el Gobierno de Olaf Scholz el recorte en las subvenciones al diésel agrícola. Es una de las medidas decididas al cierre de 2023 por su tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales. El detonante era una sentencia del Tribunal Constitucional que bloqueó 60.000 millones de euros por considerar que vulneraban el freno a la deuda. Scholz se ha comprometido a respetar ese instrumento, presionado por sus socios liberales, para lo que serán necesarios recortes en sucesivos departamentos y especialmente en Protección del Clima. El campo alemán advierte que la supresión de beneficios fiscales a su actividad pone en peligro su subsistencia.

A las primeras movilizaciones de los tractoristas respondió Scholz rectificando algunas de las medidas anunciadas. Pero el campo pide más apoyo. En sus marchas se han mezclado formaciones de ultraderecha, ansiosas de capitalizar todo voto de protesta contra la coalición de Scholz, que se encuentra en caída libre en los sondeos. Ha habido amagos de escraches y abucheos masivos contra el ministro de Economía, Robert Habeck, y el de Agricultura, Cem Özdemir, ambos de los Verdes. El presidente del país, Frank-Walter Steinmeier, ha advertido contra la creciente agresividad que se respira en las protestas y de los mensajes de odio incluidos en sus consignas. Las organizaciones de agricultores se han distanciado de los radicales que se mezclan en sus concentraciones, pero insistido en que defenderá sus intereses con o sin la presencia de esos infiltrados.

martes, 9 de enero de 2024

Wasserpumpe

 Plou sobre mullat a Alemanya

L’emergència climàtica es pot pale­sar en una sequera històrica –i res­tric­ci­ons en l’ús de l’aigua– com la que viu Cata­lu­nya. Però també en set­ma­nes i set­ma­nes de pluja per­sis­tent que la terra no pot xuclar com les que s’han vis­cut entre finals del 2023 i prin­ci­pis del 2024 a Ale­ma­nya i altres països del nord euro­peu. L’escal­fa­ment dels oce­ans i l’eva­po­ració sobre­di­men­si­o­nada de les aigües del mar del Nord fan pre­veure que aquesta situ­ació per­sis­tirà o aug­men­tarà els pròxims anys, segons adver­tia aquests dies la inves­ti­ga­dora Insa Meinke, de l’Ins­ti­tut de Cli­ma­to­lo­gia del Mar del Nord Ale­many, a la tele­visió pública ARD. En les últi­mes set­ma­nes s’ha regis­trat un volum de plu­ges que mul­ti­plica per tres la mit­jana de les cinc últi­mes dècades per aquesta època de l’any. Són el resul­tat d’uns cor­rents d’aire empe­sos des del Canadà i Gro­enlàndia que en arri­bar al nord d’Europa es trans­for­men en pre­ci­pi­ta­ci­ons. En comp­tes de neu, com seria habi­tual en aques­tes dades, cau pluja. La tem­pe­ra­tura ha estat en les últi­mes set­ma­nes de l’any per damunt del que és nor­mal en un desem­bre.

Això fa témer que, encara que al gener i febrer sí que cai­gui neu, tam­poc no es pro­duirà el gran des­glaç esta­ci­o­nal i propi de la pri­ma­vera euro­pea, afa­vo­ri­dor de la rege­ne­ració dels camps i bos­cos.

Ara per ara, l’aigua cau en volums des­pro­por­ci­o­nats sobre la terra i inunda regi­ons sen­ce­res de mig país, com ara el land de Renània del Nord-Westfàlia o els veïns de Baixa Saxònia, Saxònia Anhalt i Turíngia. Al land renà, el més poblat del país, les pre­ci­pi­ta­ci­ons en forma de pluja han estat pràcti­ca­ment diàries des de l’octu­bre pas­sat. No han cai­gut forts rui­xats com a la Baixa Saxònia, el land més afec­tat per les inun­da­ci­ons. Però ho ha fet de manera cons­tant. “El pro­blema és múlti­ple: s’ha cons­truït massa als mar­ges dels rius o s’han des­na­tu­ra­lit­zat els seus mar­ges, cau més aigua del que la terra pot absor­bir i la tem­pe­ra­tura ambi­ent és massa alta”, explica Chris­tian Wol­ter, expert en rena­tu­ra­lit­zació dels rius, des de la mateixa cadena pública ale­ma­nya.

Les imat­ges de l’Ale­ma­nya inun­dada no són les úniques que aquests dies domi­nen els infor­ma­tius naci­o­nals. La situ­ació és sem­blant al nord de França i Angla­terra, men­tre que a Dina­marca, Suècia i Finlàndia s’estan regis­trant tem­pe­ra­tu­res rècord a la baixa, inu­su­als fins i tot per al món nòrdic euro­peu –fins a menys 40 graus sota zero a Lapònia–. És a dir, allà on l’aire polar trans­forma unes pre­ci­pi­ta­ci­ons igual­ment des­pro­por­ci­o­na­des en neu.

A Ale­ma­nya la sen­sació és que plou sobre mullat. L’exèrcit par­ti­cipa, ja des de prin­cipi d’any, en una ope­ració per asse­gu­rar els mar­ges dels rius a la Baixa Saxònia, Saxònia-Anhalt i Turíngia. Són acci­ons que la població afec­tada agra­eix, després de set­ma­nes de bom­be­jar l’aigua que els inunda soter­ra­nis, jar­dins, car­rers i camps de con­reu.

Però la pre­gunta que es fa el ciu­tadà ale­many és com afec­tarà aquesta nova catàstrofe natu­ral l’eco­no­mia d’un país que va tan­car el 2023 en recessió –0,4% del PIB–. La con­tracció econòmica és atribuïda prin­ci­pal­ment a la cri­sis energètica pre­ci­pi­tada per la guerra d’Ucraïna en un país que durant dècades va depen­dre dels sub­mi­nis­tra­ments rus­sos. No és una gran cai­guda, però pre­o­cupa la falta de símpto­mes de recu­pe­ració a curt ter­mini.

Les últi­mes set­ma­nes de l’any pas­sat van estar mar­ca­des per la crisi interna a la coa­lició d’Olaf Scholz. El deto­nant va ser una sentència del Tri­bu­nal Cons­ti­tu­ci­o­nal, que va blo­que­jar 60.000 mili­ons d’euros des­ti­nats a pro­jec­tes rela­ci­o­nats amb la tran­sició cap a l’ener­gia verda. El tri­par­tit de govern entre soci­al­demòcra­tes, verds i libe­rals pre­te­nia des­ti­nar els crèdits sobrants apro­vats per apai­va­gar els efec­tes de la pandèmia a aquest nou con­cepte. Però la justícia va sen­ten­ciar que allò vul­ne­rava el fre al deute, un meca­nisme que no per­met que el dèficit superi el 0,35% del PIB. Ale­ma­nya havia dei­xat en sus­pens aquest fre durant qua­tre anys seguits –és a dir, des de la pandèmia–. Però pel Cons­ti­tu­ci­o­nal els fons extra­or­di­na­ris auto­rit­zats en una situ­ació d’emergència no són trans­fe­ri­bles de manera automàtica al següent des­as­tre.

El gua­nya­dor de la par­tida va ser el minis­tre de Finan­ces i líder dels libe­rals, Chris­tian Lind­ner, que va acon­se­guir el com­promís de Scholz que el 2024 es tor­nava a la via de l’aus­te­ri­tat o el fre al deute. El per­de­dor va ser el titu­lar d’Eco­no­mia i Pro­tecció del Clima, el verd Robert Habeck, el depar­ta­ment del qual haurà d’encai­xar noves reta­lla­des.

Però la bata­lla con­tra el fre al deute con­ti­nua. Tant entre els soci­al­demòcra­tes de Scholz com entre els verds, són molts els qui recla­men l’aixe­ca­ment del fre a deute, un ins­tru­ment que ha con­ver­tit l’eco­no­mia ale­ma­nya en un malalt euro­peu, men­tre altres socis euro­peus enfi­len cap a la recu­pe­ració.

Es recorda també que un dels con­cep­tes que no pati­ran les con­seqüències de les reta­lla­des és el fons creat –i que encara té acti­vats 2.500 mili­ons d’euros– per pal·liar els danys cau­sats el 2021 per una altra catàstrofe natu­ral: les inun­da­ci­ons de la vall del riu Ahr. No van ser ales­ho­res set­ma­nes i set­ma­nes de pluja, sinó una tromba d’aigua que en una nit de juliol es va endur car­re­te­res, ponts, bar­ri­a­des i pobles sen­cers. Hi van morir 135 per­so­nes –del total de gai­rebé 200 morts entre aque­lla regió i la veïna, a Renània del Nord-Wesfàlia–. Per Scholz, tant aque­lla par­tida com la que pugui arri­bar a pro­duir una nova esca­lada a Ucraïna que­den fora del fre al deute.

lunes, 8 de enero de 2024

El otro voto de protesta



Alianza Sahra Wagenknecht, el nuevo partido de la izquierda alemana que sacude el tablero político





Sahra Wagenknecht, durante la rueda de prensa en la que ha presentado su nuevo partido, este lunes en Berlín. /JOHN MACDOUGALL / AFP


Gemma Casadevall


Berlín 08 de enero del 2024. 17:31

Que un partido adopte como denominación el nombre de su líder --Sahra Wagenknecht-- es indicativo del grado de personalismo que lo genera. La exlíder del ala comunista dentro de La Izquierda alemana presentó este lunes la llamada Alianza Sahra Wagenknecht por la Sensatez y la Justicia (o BSW, por sus siglas en alemán), envuelta en un notable revuelo mediático y arropada por un economista independiente --el empresario iraní-alemán Shervin Haghsheno--, la exjefa del grupo parlamentario de La Izquierda, Amira Mohamed Ali, y el exalcalde socialdemócrata del populoso Düsseldorf, Thomas Geisel. "Nuestro programa no incorporará cuestiones como el lenguaje inclusivo de género u otras consignas dichas izquierdistas. A muchos ciudadanos eso no les dice nada", afirmó Wagenknecht. Su formación busca un electorado transversal, aunque se identifica como "izquierdista, entendiendo el término como la defensa de la justicia social", añadió.

"Hay que actuar contra la inmigración incontrolada", apuntó por su parte Geisel, quien ha abandonado la socialdemocracia para unirse al BSW como candidato para las elecciones al Parlamento Europeo, su primera prueba ante las urnas. "No se trata de abolir el derecho de asilo, sino de ceñirlo a quienes necesitan protección porque son perseguidos", matizó Wagenknecht.
Espectro electoral

Desde que la jefa de la BSW abandonó el grupo parlamentario de La Izquierda junto con otros ocho diputados, a finales del año pasado, los analistas políticos tratan de evaluar el espectro electoral que puede alcanzar. Wagenknecht lideró durante décadas el ala comunista de la Izquierda, partido surgido de la fusión entre el postcomunismo del este de Alemania y una escisión del Partido Socialdemócrata (SPD) comandada por Oskar Lafontaine, con quien se casó en 2015. Pero sus posicionamientos migratorios y la mano dura frente al asilo la acercan a los planteamientos de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

Zarpazo a la AfD y estocada a La Izquierda

Los analistas consideran que el BSW puede reclutar electorado que actualmente da su voto a la derecha radical. Y también que el nuevo partido podría dar la estocada final a La Izquierda, partido que en los comicios generales de 2021 quedó en el 4,9%, por debajo del 5% mínimo para obtener escaños, aunque finalmente obtuvo grupo parlamentario gracias a varias victorias en sus bastiones del este.

"Se dice que somos una amenaza para la democracia, pero la verdadera amenaza es un gobierno como el actual", afirmó Wagenknecht, en alusión al tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales del canciller Olaf Scholz. Ni esas formaciones ni la oposición conservadora dan respuestas "sensatas" a la Alemania en recesión, que además se ha convertido en el "primer suministrador de armas de Ucrania", recordó la líder de la BSW, considerada más cercana a Moscú que a Kiev. Su recién nacido partido tiene asegurada cierta base financiera --1,5 millones de euros procedentes de donativos-- y busca nueva militancia, pero rehusará una "transferencia automática" de afiliados procedentes de la AfD, aseguró, aunque sin precisar cómo se materializará ese filtro.

Crispación política y radicalización de las protestas

El nuevo partido de Wagenknecht puede sacudir el tablero político alemán. La AfD es la segunda formación en intención de voto a escala nacional, con perspectivas de erigirse en primera fuerza en los tres estados del este donde el próximo septiembre se celebrarán comicios regionales. Su aparición se produce en un momento de debilidad económica en Alemania y recortes presupuestarios, precipitados por la austeridad defendida por los socios liberales de Scholz. Este lunes fue la primera jornada en la serie de movilizaciones masivas del campo alemán contra los recortes a las subvenciones al diésel que, según los agricultores, ponen en peligro su actividad. Toda esta semana se sucederán las protestas por todo el país, mientras que el lunes de la siguiente se espera que confluya en Berlín una gran concentración de tractoristas.

La crispación del campo va en aumento, lo que se ha traducido en conatos violentos atribuidos a ultraderechistas infiltrados. Hubo incluso un escrache al ministro de Economía y Protección del Clima, el verde Robert Habeck, cuando varios centenares de manifestantes trataron de asaltar el ferry en que viajaba tras pasar la Navidad en el norte de Alemania. El gremio de agricultores se distanció de inmediato de esas formas de protesta. Pero dejaron claro que seguirán con sus movilizaciones contra los recortes.