martes, 6 de junio de 2023

Altamente conflictivas

 


Cronología de un boicot más politizado que real

Marina Ferrer


Los orígenes: la supuesta guerra de la fresa que desde hace una semana se cruza entre España y Alemania tuvo un primer repunte con una alerta lanzada desde “Ökotest”, una revista ecologista dirigida al consumidor que advertía a finales de abril de los efectos dañinos para el ambiente de la fresa temprana. Se destacaba en uno de sus ladillos los efectos “destructivos” de los regadíos irregulares sobre el parque natural de Doñana, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. El caso de Doñana y la sequía del sur europeo ocupaba por entonces grandes espacios informativos. La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, transmitía sus alertas sobre los regadíos irregulares en sucesivos viajes de trabajo por Bruselas, Berlín y otras capitales europeas, respaldada por la posición de la Comisión Europea (CE).

La campaña: el 30 de mayo, la plataforma Campact lanza su llamada a las grandes cadenas de supermercados Lidl, Rewe, Aldi y Edeka- para que dejen de vender las “fresas de la sequía”. En esos momentos tiene unos 150.000 suscriptores y el impacto debería ser menor. Pero su difusión ocurre un día después de los comicios locales y autonómicos españoles y coincide con el anuncio del avance de las elecciones generales al 23 de julio. Inmediatamente se cruzan los reproches entre el Gobierno central de Pedro Sánchez y la Junta de Andalucía de Juanma Moreno.

Los supermercados: la fresa española había empezado a desaparecer para entonces de los estantes alemanes. Como todos los años, en cuanto llega la fresa de proximidad alemana, a finales de mayo, desaparece la importada. Se reservan unos cupos por si falla la autóctona, en un año en que la cosecha alemana llegó al mercado con unas semanas de retraso. Esa es la respuesta que dan en Alemania desde Rewe y otras cadenas a preguntas de medios españoles. También recuerdan que no se exporta fresa roja sin certificación “Spring”, es decir, sin garantía de una gestión eficiente del agua por parte del productor; Aldi, desde España, insiste en que no hay boicot a la fresa española y se recuerda su compromiso con los “productores que hacen un uso responsable del agua”.

Los diputados: una delegación de nueve diputados del Bundestag (Parlamento federal), presidida por el verde Harald Ebner y con miembros de todo el espectro parlamentario alemán, anuncia el pasado viernes, en pleno revuelo por la supuesta “guerra de la fresa”, su viaje a Doñana. En su comunicado se aludía a "la escasez de agua y la protección de los consumidores", a que España sufre su quinto año de sequía y a que el embalsada "está muy por debajo de los últimos diez años". No hay relación entre la campaña y la misión parlamentaria, que llevaba preparándose desde finales de mayo. Entre los diputados había tanto representantes del tripartito de socialdemócratas, verdes y liberales del canciller Olaf Scholz como de la oposición conservadora, ultraderecha e Izquierda.

La retirada: la misión parlamentaria partió el domingo, pero el lunes se suspendió la “parte andaluza” del viaje. El escueto comunicado del Bundestag explica la cancelación en “la gran relevancia política” adquirida por el viaje ante las próximas elecciones nacionales españolas. Aparentemente, lo que iba a ser un paseo o inspección, autorizada por la Junta de Andalucía, se salió de los márgenes acostumbrados. Alemania empieza a tomar consciencia de un conflicto que para el consumidor nunca existió. Grandes medios de referencia, como “Süddeutsche Zeitung”, se hacen eco del “boicot español de Aldi”, aunque avanzan, de acuerdo al espíritu crítico de ese medio, que la fresa alemana puede ir adereza con un “cóctel de pesticidas” tal vez no advertido por el consumidor. Una semana y un día después de lanzar su mediática campaña, a Campact se le han añadido unos 14.000 suscriptores. Se sitúa así en los 164.000, lejos del objetivo declarado de los 200.000 y en un país de 83,7 millones de habitantes.

lunes, 5 de junio de 2023

Virgencita, virgencita



Los conservadores alemanes defienden el cordón sanitario sobre la ascendente ultraderecha

Marina Ferrer


“Mientras yo lidere mi partido no habrá ningún tipo de cooperación con esa formación”, aseguró el jefe de la Unión Cristianodemócrata (CDU), el derechista Friedrich Merz, a la televisión pública alemana ARD, en relación a la cada vez más emergente y ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Es un partido “xenófobo y antisemita”, cada vez más radicalizado, con el que no pueden trazarse alianzas, añadió.
La contundente respuesta de Merz se produce cuando, por primera vez, un sondeo de un medio dicho “serio” --esa misma cadena de televisión-- situó a la AfD en la segunda posición en intención de voto, solo superada por los conservadores de Merz y empatada con el Partido Socialdemócrata (SPD) del canciller Olaf Scholz.
La respuesta de Merz es más que relevante. Por una parte, mantiene la línea roja marcada en sus tiempos por Angela Merkel, bajo cuyo liderazgo el partido aprobó sucesivas resoluciones en contra de toda cooperación y a cualquier nivel con la AfD. Por otra, porque el cordón sanitario frente a la ultraderecha se ha roto en buena parte del centro y norte de Europa, desde Austria o Países Bajos a Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca, sea en sus gobiernos actuales o en anteriores coaliciones, con los ultras como socios o en forma de “aliado externo”. Las delegaciones regionales de la CDU del este alemán, donde la AfD es incluso primera fuerza, claman por “tender puentes” con esa formación.
La firmeza de Merz no era algo que pudiera darse por consabido desde que Merkel, que lideró el partido durante 18 años, dejó la cancillería en 2021. Merz asumió las riendas de la CDU desde su posición de rival histórico de Merkel. Si la ahora excanciller representó la línea más centrista del partido, Merz es el estandarte de su sector más derechista. Merkel está apartada de las estructuras del partido y ni siquiera interviene en sus congresos, mientras que Merz busca reconquistar el poder para el grupo conservador –integrado por la CDU y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU)--.
No está garantizado que lo logre sin el apoyo de la AfD. A la CDU/CSU le atribuye el sondeo de la televisión pública un 29 %, mientras que a la AfD se le estima un 18 %, el mismo porcentaje que al SPD de Scholz. A los dos socios del canciller, Verdes y el Partido Liberal (FDP), se les estima un 15 % y un 7 %, respectivamente.
La AfD, partido que nació hace diez años como euroescéptico pero viró luego a lo xenófobo con la crisis migratoria de 2015, aglutina todo tipo de votos de protesta. Su fuerza sigue siendo el rechazo a los refugiados y la inmigración. Un 65 % de sus votantes lo considera la razón principal para votarles, mientras que 47 % apunta a las medidas medioambientales y contra el cambio climático impulsadas por el tripartito y especialmente por los Verdes.
“El ascenso de la AfD nace de la insatisfacción por la gestión caótica del tripartito de Scholz”, sostuvo Merz. La AfD “es el partido de los malhumorados”, ha asegurado por su parte Scholz, para ratificar que su gobierno debe llevar adelante medidas tal vez impopulares, pero imprescindibles para poner a Alemania al día, económica y energéticamente.

sábado, 3 de junio de 2023

Am Kanal, con los pies colgando


Berlín, dominio del botellón acuático

Marina Ferrer

 

Las cuentas salen: un bote neumático de los más sencillitos cuesta 49,99 euros en un discount --Aldi o Lidl, por ejemplo--. Menos si se busca en Amazon o E-Bay. O hasta gratis, si se recupera el que quedó olvidado en el desván o sótano. Un par de cervezas por cabeza, un mínimo equipo musical o la del móvil y alta permisividad en cuanto al concepto de pícnic o fiesta espontánea. El resultado es una modalidad de “Partymeile” –Milla festiva—, cuyo epicentro está en el Admiralsbrücke, el puente más “botellero” de Berlín. Construido en 1880, es el más antiguo de los de ese canal berlinés. Desde hace unos años está presente en todas las guías sobre los lugares de interés teóricamente secretos de la capital alemana. Se afirmó durante la pandemia como espacio libre, en un país donde cerraron a cal y canto los bares, pero no hubo confinamiento estricto. La covid pasó, pero el concepto de diversión “low cost” al aire libre llegó para quedarse. No solo en torno al Admiralsbrücke, sino en cualquier parque, jardín, lago u orilla de un canal de la capital alemana.

En cuanto el termómetro marca los 20 grados y hasta que vuelvan las lluvias otoñales, el tramo del Landwehrkanal desde la altura del Urbankrankenhaus –un hospital público- hasta que regresa al río Spree es dominio del botellón acuático. Sentados sobre el muello o en botes neumáticos, canoas de cualquier categoría y condición; reciclados, recién adquiridos o alquilados. Cualquier cosa que flote sirve. La fiesta se reparte entre los aproximadamente tres quilómetros y medio del total de once que tiene ese canal. La milla festiva cruza Kreuzberg y Neükolln, para morir en Treptow. Es decir, dos de los barrios de la capital con reputación de festivos, noctámbulos, caóticos y también sucios, más el inicio del tercero, en el antiguo sector comunista.

No hay atardecer más hermoso en Berlín que el que verás desde el Admiralbrücke”, afirma Jacques, sentado en el café que lleva ese mismo nombre. No importa que alguna vez haya caído al agua uno de los músicos espontáneos que tocan sobre el puente –”creo que nadie se ahogó nunca ahí”, le parece recordar--. Tampoco que los vecinos libren su lucha desigual para tratar de que, al menos, a partir de las 22.00 circulen patrullas policiales para evitar jolgorios extremos. Parte del vecindario tradicional abandonó de por sí la zona, víctima de la gentrificación. Y algo de vigilancia policial sí hay, concede Jacques -que acaba confesando que no se llama como el café, ni tampoco es su propietario.

La presencia de decenas de botes neumáticos, incluso fiestas espontáneas o concertadas tampoco parece un problema. Algunos inflan su barca en la orilla, otros la bajan en volandas o la traen en el remolque de la bicicleta. La vida parece fácil en el Landwehrkanal.

El botellón acuático está profusamente flanqueado por las fiestas igualmente espontáneas en los márgenes. Grupos de danza africana se mezclan con otros de salsa,  techno, “Abba” o música disco. Inclusive en la pradera del hospital. Lo único que no se escucha son “Schlager”, música ligera alemana identificada con generaciones anteriores, que solo pervive en la programación de las cadenas nacionales ARD y ZDF a horarios para público “senior”.

¿Basura? Sí, claro. Toneladas. Huele mal. Y peor olerá cuando empiece el calor en serio. Pero de eso deberían ocuparse las autoridades”, explica Jahn, de la asociación de vecinos del Graefer-Kiez, como se denomina esa parte del barrio junto al Admiralbrücke. La culpa de la basura acumulada no son los centenares de botellas que quedan abandonadas al atardecer sino la inexistencia de papeleras o contenedores que no estén rotos o a rebosar de restos de comida o bebida, opina.

Kreuzberg y Neükölln se llevan la palma en cuanto a distritos malholientes de Berlín, una capital que de por sí tiene fama de sucia. Son dos distritos multiétnicos, con todo el encanto y problemas que ello supone. La cuestión de la suciedad ocupa a los políticos solo durante las campañas electorales, lamenta Jahn. Así fue en los veinte años en que la alcaldía de Berlín estuvo liderada por socialdemócratas, en distintas coaliciones; nada apunta a que vaya a cambiar con el actual alcalde conservador, Kai Wegner. “Wegner vive en Spandau”, recuerda Jahn, en alusión al barrio de ese político, a 14 kilómetros de Kreuzberg.




Dejarse mecer entre el caos, la música, el alcohol y el sol, en cuanto asoma. O despotricar y considerarlo insalubre. La respuesta al dilema está clara tanto para quienes disfrutan de la “Partymeile” como para los que nunca se acercarían a ella.

El verano anterior hubo un intento de prohibir el consumo de alcohol en horas nocturnas en dos parques del céntrico Mitte berlinés. Pero un juzgado berlinés tumbó la prohibición que vulneraba el derecho al ocio libre y gratuito. “En tiempos de inflación y gentrificación, no se corresponde expulsar a los jóvenes del parque”, estimó la justicia.

El verano alemán es corto. Quien tiene un auto descapotable, abre su “cabrio” en cuanto asoma el sol. Quien tiene un bote neumático, lo luce por el canal mientras el resto de congregados en el Landwehkanal bailan, beben o se comen un pizza con los pies colgando desde el muelle.

viernes, 2 de junio de 2023

Apretando

La ultraderecha alemana escala al segundo puesto, empatada con los socialdemócratas

Marina Ferrer



La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), único partido de ese espectro en el Parlamento alemán, se ha disparado a la segunda posición en intención de voto, empatado con el Partido Socialdemócrata del canciller Olaf Scholz. La oposición conservadora defiende sin problemas su primer puesto, mientras que los coaligados de Scholz, los Verdes y el Partido Liberal (FDP), siguen en caída libre en los sondeos.

Un 18 % de los votos obtendría la AfD de celebrarse ahora elecciones generales, según el sondeo de la primera cadena pública nacional, la ARD, considerado de los más fiables del país. Ese es también el porcentaje que se atribuye a los socialdemócratas del canciller, once puntos por debajo del bloque conservador formado por la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU). Es el primer grupo parlamentario de la oposición, que lidera el derechista Friedrich Merz, rival histórico entre la familia conservadora del centrismo que representó Angela Merkel.
El ascenso en los sondeos de la AfD es de relevancia teórica, puesto que no hay elecciones generales a la vista. Sin embargo, abunda en el mal momento del tripartito de Scholz, cuyos socios Verdes sufren una dramática caída en la valoración ciudadana. Sus dos ministros más destacados, el de Economía y Protección del Clima, Robert Habeck, y la de Exteriores, Annalena Baerbock, llegaron a alternarse la primera posición en el aprecio de los electores, incluidos los de que tradicionalmente votaron a otros partidos. En los últimos meses han visto fuertemente cuestionada su gestión, en el caso de Habeck por las impopulares medidas que quiere impulsar para substituir las calefacciones de gas o petróleo por sus equivalentes de renovables, así como acusaciones de nepotismo en su ministerio.
La intención de voto atribuida a los Verdes se sitúa ahora en un 15 %, su nivel más bajo desde mediados . A los liberales del FDP se les sitúa en un 7 % mientras que La Izquierda podría quedar relegada a extraparlamentaria, por quedaar en un 4 % y por tanto debajo del mínimo del 5 % que garantiza el acceso a escaños.
A diferencia de lo que ocurre en otros países europeos, desde Austria a los nórdicos o Países Bajos, la ultraderechista AfD está excluida a rajatabla como socio de gobierno por el resto del espectro parlamentario alemán. También para la oposición conservadora toda colaboración con ese partido es una línea roja, ratificada en sucesivos congresos de la CDU bajo la “era Merkel”. Sin embargo, algunas agrupaciones regionales del partido apuntan la necesidad de abrirse “al diálogo”. Esto ocurre principalmente en el este del país, el antiguo territorio comunista, donde la AfD llega a tener rango de primera fuerza en algunos de sus bastiones. En los últimos tiempos, la CDU se ha visto abocada a ratificar o apoyar coaliciones a escala regional que en el pasado se consideraron contranatura, a cambio de mantener fuera a los ultraderechistas.
La AfD irrumpió en el Parlamento alemán en 2017 y se convirtió así en la primera formación de ese espectro con escaños desde los años 50. Había nacido apenas cuatro años como fuerza euroescéptica y antirescates a los países del sur de Europa, pero viró ese discurso hacia la xenofobia con la crisis de los refugiados de 2015, que ese año llevó a Alemania a un millón de peticionarios de asilo. En los últimos años ha compatibilizado el voto antiinmigración con el apoyo a diversos movimientos de protesta, incluidos el de los antivacunas en tiempos de la covid. Como a otras formaciones de la familia ultraderechista europea, se le considera un partido pro-Vladímir Putin, con vínculos con el Kremlin.

jueves, 1 de junio de 2023

El boicot que nunca existió

La "guerra de la fresa" sacude la campaña del 23J                                   Marina Ferrer

Una plataforma ciudadana alemana llamada Campact ha desatado la llamada "guerra de la fresa" y levantado las alertas del campo andaluz contra un presunto boicot desde la primera potencia europea. Sus efectos inmediatos han sido más bien colaterales y sobre la apenas iniciada la campaña electoral del 23 de julio. Que Campact tenga 153.600 seguidores en su cuenta en twitter, en un país de 83 millones de habitantes o que el consumidor alemán común no haya percibido esa llamada al boicot importa poco. De pronto las reacciones en España van del cruce de acusaciones entre el Gobierno de Pedro Sánchez y la Junta de Andalucía de Juanma Moreno, a comunicados de la Interprofesional Andaluza de la Fresa y los Frutos Rojos (Interfresa) calificando de "insidiosa y dañina" la campaña llamando a un boicot alemán.
El origen de esa guerra fue una campaña de Campact, una plataforma similar al change.org, lanzada el pasado martes y apremiando a las grandes cadenas de supermercados del país -Edeka, Lidl, Aldi y Rewe- a "no contribuir a la desecación del Parque Nacional de Doñana". Era una de las campañas que impulsa periódicamente esta plataforma, a veces orientadas contra los pesticidas, otras contra la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) o contra el trabajo infantil. La que dirigió contra la fresa de Huelva no era ni siquiera su primera llamada de atención en defensa del parque natural andaluz. Otros años, coincidiendo con la llegada a los supermercados alemanes de la fresa española había lanzado alertas similares.
Pero esta vez su dardo saltó dos días después de que se abriesen las urnas tras los comicios locales y autonómicos España y al siguiente de que Sánchez avanzara las elecciones generales al 23 de julio. Tal vez la campaña de Campact haya pasado desapercibida al grueso de los consumidores alemanes. Pero es cierto que el nombre de Doñana y la problemática de su desecación o los regadíos irregulares llevaban tiempo apareciendo en los informativos de las televisiones públicas y otros grandes medios de referencia de Alemania. Se habían convertido en referencia de la sequía y desertización que sufre el sur europeo y que va desplazándose hacia el norte, más allá de los Pirineos, como se evidenció el año pasado ante con las imágenes del Rin, el Loira y otros grandes ríos europeos exhaustos.
En esas informaciones precedentes sobre Doñana se incluían referencias a la determinación de la Junta de Andalucía a marcar su propia hoja de ruta, sin escuchar a la Comisión Europea ni menos aún a Sánchez. También sucesivas advertencias de la ministra de la Transición Ecológica y el Reto Demogrático, Teresa Ribera, sobre la posición del gobierno de Moreno. La vicepresidenta tercera de Sánchez llevó esa batalla a sus sucesivas visitas de trabajo a Bruselas, a Estocolmo -en virtud de la presidencia rotatoria de turno sueca de la Unión Europea (UE)- y también a Berlín -donde intervino ante el Diálogo de Petersberg sobre el Clima, preparatorio para la COP28 que se celebrará en Dubai, hacia finales de año.
Que Sánchez y Ribera tengan el respaldo europeo no le sirvió de mucho al PSOE en los comicios del pasado domingo. El PP y Vox triunfaron en Andalucía, Huelva incluida.
Ninguna de las intervenciones europeas de Ribera o llamadas al orden de la CE contra los regadíos irregulares andaluces tuvo el impacto del teórico boicot de Campact. La plataforma alemana no lanzó su llamada en abstracto, sino que aludió directamente al éxito electoral del Partido Popular del pasado domingo y el peligro a que "el robo de agua pase ahora a estar permitido oficialmente". Una referencia más que clara a la ley de regadíos que tramita el PP de Moreno con Vox.
Interfresa rebate la campaña "insidiosa" con sus propios argumentos: el sector de la fresa en Huelva tiene un fuerte compromiso con el medio ambiente, fomenta la investigación y promueve la sostenibilidad del territorio, sostiene en su comunicado.
El cultivo de la fresa y los frutos rojos representa el 11,35% del PIB de la provincia de Huelva y da trabajo de manera directa a 100.000 personas y asciende a 160.000 con empleos indirectos, prosigue. Y, remata, las fincas más cercanas a Doñana están a 35 km del espacio natural
En los supermercados alemanes no se observa sacudida alguna. Ahí conviven los productos de cercanía -como las fresas de Brandeburgo, el "land" que rodea Berlín- con sus equivalente procedentes de Bélgica, España, Turquía o Marruecos. Hay que apuntar ahí que la fresa brandeburguesa tiene un público muy fiel, que año a año guarda cola ante los puestos callejeros donde se vende exclusivamente esa fruta y que esta temporada arrancaron más tarde porque se retrasó la cosecha.
Sí hubo una reacción por parte de la cadena Aldi, pero desde España y a través de un comunicado en que aseguraba que solo trabajarán con "productores que hagan un uso razonable" del agua.
Uno de los últimos tuits de Campact, aparentemente feliz por el eco logrado, reproducía los mensajes en esa red social de Sánchez y de Ribera, respectivamente, insistiéndole a la Junta de Moreno Bonilla en que retire su proposición de ley. "El negacionismo arruina nuestro medioambiente y corre el riesgo de arruinar las economías locales", señaló ahí Sánchez, para añadir su "Salvemos Doñana". Los siguientes mensajes de la plataforma alemanas se orientaban a otras dos campañas en curso -la del próximo Día del Orgullo y por los rescates humanitarios en aguas del Mediterráneo-.

lunes, 29 de mayo de 2023

Los Genc, 30 años después


Alemania recuerda Solingen, el atentado neonazi contra la inmigración turca hace 30 años

 

Marina Ferrer

“No podemos cerrar los ojos o pensar que son actos solitarios ni aislados. Hay unas estructuras y una ideología que no deben ser ignoradas”, proclamó el presidente alemán Frank Walter Steinmeier, ante el 30 aniversario del atentado ultraderechista de Solingen.  “El terrorismo ultraderechista existía antes de Solingen y persistió después. Hay una continuidad en la violencia racista y ultraderechista”, prosiguió Steinmeier, en el acto celebrado en esa ciudad renana, donde murieron cinco turcas y que conmocionó a un país políticamente absorto en frenar la llegada de refugiados, en esos momentos procedentes de los Balcanes.

La noche del 28 a 29 de mayo de 1993, el festivo de Pentecontés en toda Alemania, murieron entre las llamas de una vivienda de la Wernestrasse, número 81, de Solingen dos mujeres de 27 y 18 años y tres niñas de 12, 9 y 4 años. Otros 17 habitantes sufrieron heridas y quemaduras, entre ellas un bebé de seis meses. Todos ellos eran miembros de la familia Genc, una de tantas familias de inmigrantes turcos de la populosa región de Renania del Norte-Westfalia.

Unos días después detuvieron a cuatro neonazis, uno de ellos vecino de los Genc, por lo que a todas luces había sido un atentado incendiario. Habían vertido gasolina en varios puntos de la casa, mientras la familia turca dormía. Solo uno de los detenidos era mayor de edad -Markus Gartmann, de 23 años- Los otros estaban sobre los 16 años. Frecuentaban una escuela de artes marciales y formaban parte de los llamados círculos neonazis. Markus eran un grandullón procedente de una familia desestructurada; el más joven, Felix, había crecido en un hogar acomodado, hijo de un matrimonio de concienciados antinucleares.

Los supervivientes entre los Genc y los acusados se reencontraron un año después en la Audiencia de Düsseldorf, con el inicio de un juicio que se abrió escindido entre versiones contradictorias. Markus pretendió primero que había actuado solo, luego implicó al resto y finalmente otro acusado confesó, mientras los dos otros persistían en su inocencia. Casi otro año y medio se demoró la sentencia: 15 años de cárcel para el mayor de edad y diez para los otros tres. En todo ese tiempo, asistió a las vistas tanto la madre de las víctimas, Mevlude Genc, como uno de los supervivientes, Bekir, un muchacho de la edad de los acusados. Llevaba el rostro cubierto por una máscara ortopédica que cubría sus quemaduras. Entre el atentado y hasta después del juicio fue sometido a una treintena de operaciones y transplantes.

Mevlude Genc se convirtió con el tiempo en símbolo de la reconciliación desde el dolor que desgarró su existencia. Recibió la Cruz del Mérito Federal por su incansable labor reclamando la calma. Fue hasta su muerte, en 2022, el rostro y la voz de la concordia, mientras que para parte de la comunidad de germano-turcos -actualmente, 3,5 millones de ciudadanos- Solingen marcó un antes y un después en las relaciones con Alemania.

Los días y semanas posteriores al atentado neonazi estalló la ira entre el colectivo de inmigrantes más laborioso del país. Hubo manifestaciones presididas por pancartas con frases como “No dejaremos que nos queméis vivos como a los judíos”. Se generaron  disturbios y encontronazos con los antidisturbios, mientras desde el ámbito político se advertía contra los desmanes.

Solingen no fue el primero ni menos aún el último atentado neonazi de la Alemania reciente. Seguía a los violentos disturbios de Rostock, en el este, donde durante semanas grupos de ultraderechistas y ciudadanos dichos corrientes asediaron y finalmente incendiaron bloques de viviendas del extrarradio habitadas por vietnamitas y otros extranjeros. El precedente inmediato de Solingen fue el incendio asimismo provocado por neonazis en otra casa de una familia turca, en la ciudad renana de Mölln, en noviembre de 1992, donde murieron tres mujeres.

El atentado de Solingen ocurrió apenas unos días después del cerrojo dado por el entonces gobierno del conservador Helmut Kohl a la ley de asilo, ante la primera gran ola de refugiados llegados a Alemania huyendo de la guerra de los Balcanes. “El barco esté lleno”, fue la consigna dada entonces por buena por Kohl, con el consenso de sus socios liberales y de la oposición socialdemócrata.

 

jueves, 25 de mayo de 2023

Ups, contracción!

 Alemania cae en recesión técnica, en un momento crítico para Scholz

Marina Ferrer

Alemania no esquivó finalmente la recesión, al confirmarse un segundo trimestre consecutivo con su Producto Interior Bruto (PIB) bajo el signo de la contracción. Algo que, además, se produce en un momento álgido para la coalición del canciller Olaf Scholz.
La primera economía de la zona euro registró una caída del 0,3 % del PIB en el primer trimestre del año, según los datos definitivos del departamento federal de Estadística (Destatis). Este dato, difundido este jueves, sigue al 0,5 con que se cerró el último periodo trimestral de 2022, lo que en términos de los expertos se define como recesión técnica.
Las cifras de Destatis cayeron como un jarro de agua fría en Berlín. Unas pocas semanas antes, el mismo departamento oficial de estadística había aliviado la situación al publicar unas estimaciones provisionales que apuntaban a un estancamiento -o 0,0 %-.
El principal factor que ha empujado ahora esos datos a la zona de la recesión es el consumo privado, que ha caído un 1,2 % arrastrado por el peso de la inflación. El ascenso del IPC ya no está en los niveles críticos en que se encontraba en el último trimestre de 2022. En octubre se había marcado el nivel récord del 10,4 % interanual. En los meses siguientes se ha logrado contener ese nivel récord hasta bajar en abril al 7,2 % interanual, recordó Destatis en su comunicado.
Sigue siendo, sin embargo, un nivel excesivo como para que animar el consumo privado, según destacó el analista Jörg Krämer, de la televisión pública ARD.
El descenso de la inflación viene observándose de forma sostenida sobre todo en los precios de la energía. En enero, el aumento del IPC en ese sector era aún del 23,1 % interanual, mientras que en febrero se había bajado al 19,1 % y en marzo al 3,5 %. La cesta de la compra sigue en cambio a unos niveles inflacionarios altísimos: un 17,2 % interanual en abril, que el 21,8 % de febrero y el 22,3 % de marzo.
El tripartito de Scholz, integrado por socialdemócratas, verdes y liberales, puso todo su empeño desde el inicio de la guerra en Ucrania y la crisis energética que se derivó en articular medidas para contener el alza de precios del sector y, a la vez, garantizar la seguridad de los suministros. Que durante el invierno Alemania no se quedara sin gas -como llegó a temerse con el corte de envíos desde Rusia- se consideró un éxito de gestión del ministro de Economía, el verde Robert Habeck.
Pero esta contención o búsqueda de instrumentos compensatorios en el sector energético no ha ido acompañada de medidas parecidas en la cesta de la compra. A Habeck, superada la emergencia invernal, le llueven ahora las críticas incluso de sus socios de coalición liberales, que bloquean la entrada en el trámite parlamentario de uno de sus grandes proyectos de ley -la sustitución progresiva, pero obligatoria de las calefacciones de gas o petróleo por sus equivalentes de energías renovables.
Habeck ha pasado de miembro estrella del tripartito a ministro al borde de estrellarse. A las críticas a su gestión se suman una serie de escándalos por tráfico de influencias y presunto enchufismo por parte de cargos de su confianza.
La confirmación de Destatis de una recesión técnica, que se supone será de corte temporal y aparentemente sin mayores impactos macroeconómicos. Hay impulsos positivos desde el motor tradicional de la economía alemana -la exportación- y de sectores industriales esenciales, como la construcción de maquinaria, electrodomésticos y automoción.
El conjunto de las exportaciones crecieron este primer trimestre un 0,4 % respecto al último de 2022. El mercado laboral sigue registrando récord de ocupación, con 45,6 millones de ciudadanos laboralmente activos, en un país con cerca de 83 millones de habitantes.
Pero las cifras de Destatis le vienen en un momento álgido a Habeck y, por extensión, en el conjunto del tripartito de Scholz. Los disensos son continuos en la coalición y la presión desde la oposición se hacen sentir no solo en los sondeos -ahora mismo la oposición conservadora supera en siete puntos a los socialdemócratas del canciller. El ánimo entre los coaligados está por los suelos y el propio Habeck acusó a los liberales de "romper con su palabra", al bloquear la entrada en el trámite parlamentario de su proyecto de ley.

miércoles, 24 de mayo de 2023

Los delincuentes del pegamento

 

Baviera persigue el activismo climático como presunta “organización criminal”

Marina Ferrer



Baviera, el más próspero y conservador “land” alemán, colocó al activismo climático de “Última generación” bajo sospecha de constituir una “organización criminal”. Tras meses ordenando el ingreso en prisión preventiva de sucesivos participantes en acciones de bloqueo o “pegado” en el alfalto convocadas por este movimiento ecologista, la Fiscalía de Múnich orquestó los registros coordinados de 15 viviendas repartidas en distintos puntos de Alemania en busca de pruebas en qué sustentar la sospecha de sus “actividades criminales”.

El operativo se dirigía contra siete activistas, entre 22 y 38 años, a los que se imputa recaudar fondos para su compaña. Concretamente, haber juntado hasta 1,4 millones de euros de donativos con los que llevar a cabo sus acciones. A dos de ellos se les imputa además una acción de sabotaje contra un oleoducto bávaro.

El operativo ordenado por Baviera supone un giro cualitativo en las medidas adoptadas contra estos grupos. El colectivo “Letze Generation” -”Última generación”- es la rama alemana de esta forma de activismo climático global especialmente presente en Europa occidental. En el caso de Alemania, a algunas provocativas acciones en museos como el Barberini de Potsdam, la ciudad vecina a Berlín, o simulacros de atentados contra obras de arte ha seguido el goteo de cortes de tráfico en puntos neurálgicos de la red viaria. Son acciones puntuales, pero con un alto grado de reincidencia que ha minado las simpatías con que muchos ciudadanos veían inicialmente sus objetivos. Primero se reaccionó con comprensión hacia los representantes de una generación que clama contra la falta de ambición de gobiernos y organismos internacionales frente al cambio climático y que recuerda a sus mayores que no hay un “planeta B” substitutorio al presente. Pero de ahí se pasó a contemplarlos como una “molestia” diaria que afecta al transportista o al ciudadano común camino al trabajo, a la escuela de sus hijos o al aeropuerto. Se les ha acusado de obstaculizar el paso de ambulancias o impedir la llegada de los primeros auxilios a una ciclista agonizante -un caso que levantó gran revuelo en Berlín-. Algún que otro conductor ha respondido con la agresión física a los acciones de “pegado” sobre el asfalto y hay abierto un procedimiento disciplinario en la capital por un operativo policial de violencia desproporcionada contra un activista.

“La política y la justicia no pueden tolerar el delito. Actúan, como es su deber y su responsabilidad”, aseveró la ministra del Interior, Nancy Faeser, mientras desde el movimiento “Letzte Generation” se denunciaba los intentos de criminalizarles. El gobierno alemán, como el ciudadano común, oscila entre la comprensión y el hartazgo ante las acciones del grupo. El propio

canciller Olaf Scholz calificó estos días de “tontada” la acción de un grupo de activistas que salpicó una visita suya a una escuela.

El operativo del miércoles partió de Baviera, donde el próximo octubre se celebran elecciones regionales. Su partido dominante es, desde hace décadas, la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), cuyo líder y primer ministro regional, Markus Söder, aspira a seguir gobernando con el aún más derechista partido de los Electores Libres. Rechaza hacerlo con los Verdes, partido que en las anteriores regionales experimentó un fuerte auge en Baviera, pero que ahora está de capa caída.

Asimismo de capa caída, o incluso peor, están los Verdes a escala federal. El titular de Economía y vicanciller, el ecologista Robert Habeck, ha pasado en meses de ser el ministro estrella del socialdemócrata Scholz a verse cuestionado tanto en su gestión como por sospechas de nepotismo en puestos de confianza.

Uno de sus más ambiciosos proyectos de ley -la sustitución progresiva, pero obligatoria de las calefacciones de gas y petroleo por sus equivalentes de energías renovables- ha quedado aparcada entre críticas de la oposición y recelos de los liberales, el tercer socio del tripartito de Scholz. El rifirrafe parlamentario en torno a ese proyecto discurre en paralelo al vía crucis de Habeck, que este miércoles tuvo que someterse a una comisión parlamentaria en medio de las acusaciones de conflictos de intereses en su Ministerio. Hace un par de días, Habeck encajó el relevo de uno de sus hombres de confianza, el secretario de Estado Patrick Graichen, envuelto en un enrevesado caso de solapamiento de intereses privados y familiares.

miércoles, 17 de mayo de 2023

Levantando acta

El Consejo de Europa lanza un registro de daños provocados por Rusia en Ucrania

Marina Ferrer
La cumbre del Consejo de Europa de Reykjavik se cerró con un acuerdo mayoritario a favor del objetivo central de la cita -la creación de un "registro" de los daños provocados por la invasión rusa de Ucrania-, así como el compromiso de varios de sus miembros -como Alemania- para revitalizar la organización y ampliar su dotación económica.
Un total de 40 de los 46 estados miembros suscribieron el acuerdo, con la adhesión además de Estados Unidos, Japón y Canadá, países asistentes a la cumbre en calidad de "observadores". Entre quienes no lo suscribieron estuvo Hungría, que reincidió así en su distanciamiento o morosidad de cuanto implique adopción de medidas frente a Moscú.
Otros estados miembros del Consejo asimismo con relaciones ambivalentes hacia Rusia o fuertes vínculos con el país agresor -como Turquía, Armenia, Serbia y Azerbaiyán- se desmarcaron de la mayoría al declarar que no se plantean "de momento" suscribir el acuerdo.
El registro no será solo un protocolo o banco de datos. Almacenará todo tipo de información y pruebas sobre los daños causados y debe servir de instrumento para hacer responder a los responsables de las pérdidas o daños causados por su actuación en Ucrania y también para indemnizar y compensar a quienes los sufrieron.
Se plantea un periodo inicial de aplicación de tres años y tendrá su sede o centro operativo en La Haya, con otra delegación en territorio Ucraniano. Es decir, la ciudad neerlandesa donde tiene asimismo su sede el Tribunal Internacional (CPI).
La lista de los cuarenta suscriptores incluye países que se muestran partidarios de contribuir al registro, pero deben evaluar aún si se dan las condiciones legales para aplicarlos en su territorio -como Suiza-.
Será la "piedra fundamental" para ejercer la "justicia y reparaciones" futuras, en palabras del primer ministro ucraniano, Denys Schmyhal, que representó a su país en Reykjavik, mientras que el presidente Volodímir Zelenski se dirigió a sus líderes en formato virtual.
La foto de familia de los líderes del Consejo de Europa incluyó al alemán Olaf Scholz, el francés Emmanuel Macron, la italiana Giorgia Meloni y el británico Rishi Sunak, además de la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen. Por parte española acudió el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albarés, quien en declaraciones a Efe calificó de "fundamental" la creación de ese registro.
Fue ése asimismo el término más utilizado por los líderes y representantes de los países suscriptores del acuerdo. "Es una contribución importante a los esfuerzos internacionales para hacer responder a Rusia por su brutal guerra de agresión", apuntó Scholz, ante medios alemanes.
Está en el aire cómo se implementará este propósito de la comunidad internacional. Kiev apuesta por emplear bienes rusos en el extranjero para liquidar las reparaciones, recordó el primer ministro ucraniano Schmyhal. El propio Scholz advirtió en cambio que esta vía es "compleja" y difícilmente practicable jurídicamente.
El canciller alemán se comprometió a incrementar con otros 10 millones de euros la dotación económica de su país al Consejo de Europa. Actualmente, la primera economía europea aporta unos 44 millones de euros anuales, lo que supone cerca de un 10 % del presupuesto total de la organización.
El acuerdo para el registro de daños y pérdidas causadas por la guerra tiene aún un largo camino hasta concretarse. Pero el amplio respaldo a esta iniciativa se consideraba en Reykjakiv una muestra de solidez para el Consejo de Europa, creado en 1949 para defender los Derechos Humanos y promocionar la democracia.
La de la capital islandesa era su cuarta cumbre, en sus más de 70 años de historia y estaba marcada por la exclusión de Rusia de la organización, el año pasado, a raíz del inicio de la invasión de Ucrania.
"El Consejo de Europa puede y debe jugar un papel relevante en la rendición de cuentas", aseguró la primera ministra de Islandia,  Katrín Jakobsdóttir, al cierre de una cumbre con la que su país traspasa la presidencia rotatoria a Letonia, gran aliado europeo de Ucrania, como el resto de los países bálticos.

martes, 16 de mayo de 2023

Rejkyawik, a lo lejos

 


Ucrania reactiva el aletargado Consejo de Europa desde Islandia

Marina Ferrer

El Consejo de Europa, una macroorganización algo desplazado de la agenda internacional, abrió este martes la cuarta cumbre de sus 70 años de historia, en la remota y estratégica Islandia y con Ucrania como motor de su activación.

Llevaba casi 20 veinte años sin convocar a una reunión entre sus líderes -la última fue en 2005, en Varsovia. Ahora desplazó a Reykjavik a los líderes -o representantes de alto nivel, como el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares- de sus 46 estados miembros -entre ellos, los 27 socios de la Unión Europea (UE). Rusia quedó excluida el año pasado a raíz del inicio de la invasión, que el Consejo condenó como “guerra de agresión”.

A la cumbre en la capital islandesa acuden el presidente francés, Emmanuel Macron, el canciller alemán, Olaf Scholz, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, el premier británico Rishi Sunak y la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen. Es decir, varios de los líderes con los que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, se reunió en su gira europea de la semana pasada.

Tiene, además, cierto carácter de preámbulo de la del G7, que esta semana reunirá en Hiroshima a los de las siete potencias -Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia y Alemania, además de Japón, que ejerce su presidencia de turno-. El puntal de la agenda de Reykjavik es la creación de un “registro” de crímenes de guerra cometidos por Rusia en Ucrania.

La rendición de cuentas es un requisito previo para la paz”, afirmó a su llegada a la capital islandesa von der Leyen, en una rueda de prensa con la primera ministra islandesa, Katrina Jakobsdóttir.

Es un objetivo tan ambicioso como ambiguo, pero que encaja en la razón de ser del Consejo de Europa: la defensa de los Derechos Humanos y la promoción de la democracia, o la denuncia de los estados que los vulneran. Sus resoluciones o condenas no siempre son tenidas en cuenta por sus propios estados subscriptores -como ha ocurrido repetidamente con Turquía, pero también con Reino Unido-.

El registro de los crímenes de guerra cometidos por Rusia es una apuesta de futuro para el Consejo. Ahí deberán quedar reflejados tanto sus responsables como sus víctimas para una rendición de cuentas futura, de acuerdo a los propósitos expresados por Islandia.

Previa a la llegada de los líderes, la secretaria general del Consejo, Marija Pejcinovic Buric, había calificado de "vital" que Rusia sea hecha responsable de la "muerte" y "destrucción" causada por la invasión.

Que justamente se celebre en Islandia –miembro de la OTAN, pero no de la UE- le da una relevancia especial. Es el país europeo geográficamente más remoto, pero altamente estratégico en lo político, energético y económico. En el pulso por el dominio del Ártico se lo handisputado como socio preferente tanto Estados Unidos como China o, hasta la guerra ucraniana, por Rusia.


domingo, 14 de mayo de 2023

Bremen, una pequeña alegría para Olaf

La socialdemocracia defiende su dominio en regionales alemanas

Joana Serra


El Partido Socialdemócrata (SPD) del canciller Olaf Scholz defendió su posición de dominio en las regionales celebradas este domingo en Bremen, un pequeño estado federado del norte de Alemania. Según los primeros sondeos a pie de urna, al cierre de los locales electorales, el SPD obtuvo un  29,5 % de los votos, cuatro puntos por encima de la oposición conservadora de la Unión Cristianodemócrata (CDU).
El SPD podrá seguir gobernando en ese "Land", como ha venido haciendo en casi 80 años, presumiblemente con sus socios de la pasada legislatura -los Verdes y La Izquierda, con entre el 12 y 10 %, respectivamente-.  
El "Land" de Bremen es el más pequeño de los 16 estados federados de Alemania, con menos de medio millón de electores en esa ciudad-estado del norte del país. Sin embargo, los comicios tenían cierto carácter de pulso, a escala federal, entre los socialdemócratas de Scholz y la CDU, primera fuerza de la oposición en el Bundestag (Parlamento federal).
La socialdemocracia ha liderado tradicionalmente los gobiernos de ese el "Land" durante años. Así fue incluso en la pasada legislatura, pese a que la CDU en las regionales de 2019 quedó en primera posición -con 26,7 %, dos puntos por encima de los socialdemócratas-. El SPD, sin embargo, logró mantenerse en el poder al obtener la necesaria mayoría en la cámara regional gracias al apoyo de los ecologistas y La Izquierda.
El otro punto de atención de estos comicios era la situación de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), aquejada en ese "Land" por una profunda división interna. La situación llegó a tal punto que se presentaron dos listas paralelas para los comicios, lo que hizo que ambas quedaran excluidas.
El ganador de la disputa interna entre los radicales fue un tercero, una formación marginal de derechas y desconocida en el resto del país llamada "Bürger in Wut" -"Ciudadanos Enojados"-, que de la nada pasó al 10 % de los votos, según los sondeos a pie de urna.
Asimismo favorecido resultó el Partido Liberal (FDP), que estaba en los pronósticos pre-electorales en la cuerda floja del 5 % -mínimo para obtener escaños-, pero que según los primeros sondeos quedó en un 5,5 %.          
Bremen es un "Land" pequeño, pero cuna serie de peculiaridades electorales convierten el recuento de votos finales en una labor compleja. No se esperan los resultados definitivos finales hasta el miércoles.