domingo, 2 de agosto de 2026

Desvergüenza comunitaria

La inmigración vuelve a plasmar la división de la UE en plena ola ultraconservadora



Archivo - El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni durante una cumbre en Bruselas. / Frederic Sierakowski/European Co / DPA - Archivo

  Gemma Casadevall      Berlín02 AGO 2026 6:01

La rápida intervención del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, determinado a repatriar a las decenas de miles de inmigrantes llegados a Ceuta, mitigó algo los alaridos de la ultraderecha europea ante una presunta "invasión africana" en dirección a territorio comunitario. Italia y Finlandia, entre los países donde la derecha radical lidera o forma parte de sus gobiernos, habían reclamado la "exclusión" de España del espacio Schengen –pese a que en rigor no es posible--.

Se les sumaron partidos hermanados de otros estados miembros donde la derecha radical aspira a alcanzar la presidencia, como Francia, o donde están políticamente aislados, pero ocupan la primera posición en intención de voto, como Alemania. Ahí donde, pese a su pujanza, están apartado del poder, como en los Países Bajos, se acusó a “los locos izquierdistas y liberales” de "dejar entrar a todo el mundo" en territorio de la UE. Este fue el mensaje lanzado por el líder de su ultraderecha neerlandesa Geert Wilders. Aludía tanto al gobierno de Sánchez como al del primer ministro neerlandés, el liberal Robb Jetten.

Clamor desde el poder o en pre-campaña


Se diría que la ultraderecha europea aparcó de pronto las diferencias que les impide aunarse en un único grupo en la Eurocámara. La primera que levantó la voz fue la jefa del gobierno italiano, Giorgia Meloni, con su reclamación de una hipotética suspensión de España de Schengen. Finlandia, donde el primer ministro, el conservador Petteri Orpo, tiene en su coalición al ultraderechista Partido de los Finlandeses, secundó aparentemente a Roma. Su ministra del Interior, Mari Rantanen, de la derecha radical, se apresuró a respaldar a Meloni tras acusar a España de "fracaso" en su política migratoria. Horas después, el propio Orpo matizó a su intempestiva ministra, recordó que "España no está sola" en la defensa de las fronteras exteriores, del mismo modo que Finlandia cuenta con el apoyo español en la protección de las suyas --principalmente sus 1.340 kilómetros fronterizos con Rusia, la más larga entre un país de la UE y el poderoso vecino-.

De Suecia, donde el gobierno del centrista Ulf Kristersson depende del apoyo parlamentario de la derecha radical, llegaron también precipitadas llamadas a la "exclusión" de España. Procedían de Jimme Äkesson, el recalcitrante líder de la ultraderechista SD, que marca desde fuera la agenda del Gobierno. En Suecia hay elecciones generales en septiembre y Kristersson ha avanzado su disposición a coaligarse con los ultras para mantenerse en el poder.

En la lista de países dispuestos a sacar a España de Schengen está también la República Checa de Andrej Babis, otro representante del trumpismo europeo. Para Babis, el origen de la crisis migratoria de Ceuta está en un “efecto llamada” por la regularización de 1,2 millones de migrantes. “Es escandaloso que un Estado miembro implemente una política de enfoque opuesto al de la UE”, señaló Babis.

España no puede ser expulsada de Schengen. Pero sí es posible establecer medidas especiales y controles fronterizos puntuales. Eso es lo que, por el momento, ha anunciado Francia, el país donde la Agrupación Nacional de Marine Le Pen y Jordan Bardella aspira a conquistar la presidencia el próximo año. Para la ultraderecha gala, la regularización de "cientos de miles de clandestinos ha abierto las puertas de Europa a todos los peligros".

La emergente AfD frente al debilitado Merz


No podía dejar pasar la ocasión de sumarse a este clamor Alternativa para Alemania (AfD), el partido más radicalizado entre las ultraderechas europeas. Según los sondeos, se disparará por encima del 40 % en los comicios regionales del próximo septiembre en el este del país. Para la AfD, el gobierno de Friedrich Merz está faltando a su obligación de "proteger a su población" por consentir que otros socios europeos dejen entrar "a inmigración dispuesta a la violencia y sin formación". La líder de la AfD, Alice Weidel, no habla ya de excluir a España, sino de suspender el conjunto del espacio Schengen.

Merz está siendo cuestionado entre filas conservadoras y su Unión Cristianodemócrata (CDU) está en caída libre en los sondeos. En medio de esta nueva crisis migratoria, que para la AfD remite a la de 2015, cuando llegaron a Alemania un millón de refugiados, ha optado Merz por una respuesta moderada. Ha alabado a Sánchez por mantener "fuera del continente europeo" a esa inmigración irregular y apremiado a Marruecos a cooperar para la repatriación de quienes ingresaron en Ceuta.

La línea dura danesa

Se suma así Berlín a los socios de la UE que buscan respuestas no rupturistas a lo ocurrido en Ceuta. La nota disonante en este contexto la ofrece la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen. "Es evidente que la UE debe considerar todas las opciones posibles, incluida la suspensión de Schengen", ha afirmado.

La mano dura en política migratoria es una de las señas de identidad de Frederiksen. La líder danesa logró su reelección hace unos meses, dejó atrás a sus anteriores socios centristas y lidera ahora un cuatripartito de signo izquierdista. Ello no la ha desviado, sin embargo, de una línea drástica en materia migratoria más cercana a Meloni que a la familia política a la que pertenece.