Un trepidante "Blackberry" alegra el arranque de la Berlinale
Gemma Casadevall
Berlín, 17 feb (EFE).- La canadiense "Blackberry", una película tan trepidante
como lo fue el auge y derrumbe de los primeros teléfonos inteligentes, alegró la
primera jornada a competición de la Berlinale, mientras que el australiano Rolf
de Heer aportó un apocalíptico filme sin diálogos.
El realizador Matt
Johnson, director y protagonista de "Blackberry", trasladó al festival a los
geniales innovadores de la telefonía móvil confrontados con los tiburones del
gremio.
Su personaje es Doug, el más "freak" entre los colegas de Mike
Lazaridis -interpretado por Jay Baruchel-, el jefe de una provinciana empresa
canadiense formada por colegas que se comportan como bebés grandes.
"Nunca
tuve un 'blackberry', mi padre sí. Es un producto de otra época", afirmó
Johnson, quien compareció con el mismo "look" que en el filme, mientras
Baruchel, a su lado, aseguraba que la marca es "un orgullo para Canadá" frente a
la superpotencia de Estados Unidos.
Johnson y su actor hicieron alarde ante
la Berlinale de aquello que da fuerza a su película: diálogos rápidos,
respuestas incisivas, dinamismo y el mismo aire de camaradería con que nació su
prodigio.
Su primer tiburón es Jim Balsillie -el personaje de Glen
Howerton-, al que se unirán otros depredadores, además de ingenieros reclutados
entre la competencia con contratos fraudulentos. Juntos lanzarán el "Blackberry
que durante diez años dominó la telefonía móvil, hasta que un ingenio superior
llamado iPhone lo degradó a obsoleto.
El villano no es, sin embargo, ni la
competencia "Made in China" ni Steve Jobs, sino los tiburones internos, además
de la Comisión Nacional del Mercado de Valores que indaga en los fraudes.
"Blackberry" es el tercer film del canadiense, tras "Dirties" y "Operation
Avalanche". Johnson envuelve deliberadamente su cámara en el caos, entre saltos
de imagen, órdenes y contraórdenes inapelables y miradas de desconsuelo de los
bebés grandes a los que se les rompe el juguete.
El filme está basado en el
best seller "Losing the signal" y da ocasión para reflexionar sobre la
dependencia generada por unos aparatos que iban a resolver el día a día del
usuario, pero que acaban esclavizándole.
El canadiense levantó una jornada
programada para presentar las tres primeras de las 19 aspirantes a los Osos del
festival. Las otras dos eran la australiana "The survival of Kindness", de De
Heer, y la primera de las cinco representantes alemanas a concurso, "Irgendwann
werden wir uns alles erzählen" -"Someday we'll tell each other Everything"-, de
Emily Atef.
La cámara de De Heer atrapa al espectador en la dura imagen de
una mujer negra, abandonada dentro de una jaula oxidada en un desierto,
atravesado por hormigas rojas. Ahí la deja un grupo de hombres blancos que se
comunican entre sí en un lenguaje ininteligible y cubiertos con máscaras de gas.
Es un film sin diálogos, más allá de los ruidos ininteligibles. Discurre
entre aldeas devastadas por los hombres blancos que enferman en una atmósfera
apestada, fábricas tóxicas y una travesía por el desierto en que el primer
alivio serán unas botas viejas, pero donde mejorar el calzado significa
acercarse a una civilización en vías de extinción.
El filme de Atef topó en
su pase para los medios con probablemente lo peor que puede ocurrirle a una
película: que los momentos supuestamente de mayor intensidad provoquen risas.
La realizadora, nacida en Berlín y de raíces franco-iraníes, concursó en la
Berlinale dos años atrás con "3 Days in Quiberon" y volvía con la historia de un
reencuentro en una granja perdida de la Alemania oriental entre parientes del
este y del oeste alemán, tras la caída del Muro.
En paralelo discurre una
historia de amor con ribetes literarios entre una muchacha que pasa del amor
adolescente a la pasión adulta. Las risas ante escenas que querían ser
sensuales, pero parsimoniosas, fueron inclementes.
Con esas películas se
abrió la carrera hacia los Osos, que entregará el jurado presidido por la actriz
estadounidense Kristen Stewart y con la directora española Carla Simón entre sus
miembros. En los próximos días se presentarán el resto de candidatas, entre
ellas "20.000 especies de abejas", de la española Estíbaliz Urresola, y "Tótem",
de la mexicana Lila Avilés. EFE gc/rf
La Berlinale, un altavoz del exilio iraní y del apoyo a Ucrania
Berlín, 17 feb (Efe).- Irán, una cinematografía que en ediciones pasadas de
la
Berlinale ganó los máximos
honores del festival alemán, está presente en su actual edición a través de sus
cineastas en el exilio, convertidos en altavoz de las protestas contra el
régimen de Teherán.
"Estamos obligados a levantar la voz contra el régimen.
Sea con nuestras películas, con nuestras palabras o con nuestras actitudes",
afirmó la directora Sepideh Farsi, tras la proyección para los medios de "La
Sirène", un filme de animación centrado en el conflicto Irán-Irak en los años
80.
Su película, exhibida fuera de concurso en la sección Panorama, se
estrenará oficialmente el sábado, pero ya tras su previa ante los medios sirvió
de plataforma a las protestas contra el régimen ante el
Berlinale Palast.
Varias mujeres iraníes desplegaron
una pancarta con la frase "Woman Life Freedom", mientras que la actriz iraní
Golshifteh Farahani denunció asimismo la situación en su país en su presentación
como parte del jurado internacional del festival que preside su colega
estadounidense Kristen Stewart.
"Irán es una dictadura. La existencia de
nuestros artistas e intelectuales está en peligro", afirmó Farahami, quien, al
igual que Farsi, vive en el exilio.
La
Berlinale ha convertido las protestas contra el régimen
en uno de los contenidos políticos de esta edición, después de que en el pasado
varios realizadores iraníes ganaran el Oso de Oro del festival.
El último de
ellos fue Mohammad Rasoulof, en 2022, con "There is no Evil", si bien no puedo
acudir a recogerlo por estar retenido en su país, mientras que en 2015 fue una
sobrina de Jafar Panahi la que recogió el suyo por "Taxi", por causas parecidas.
Junto a la solidaridad hacia la oposición iraní, el festival alemán es
exponente del apoyo a Ucrania y a su presidente, Volodímir Zelenski, quien
intervino de modo virtual en la gala de apertura del jueves previo al estreno
del film "She came to me", de Rebecca Miller.
Zelenski, quien en 2022
intervino ya de forma virtual en los festivales de Cannes y Venecia, es el
personaje central del documental del actor y director estadounidense Sean Penn
"Superpower", que se estrenará el sábado fuera de competición.
El filme fue
rodado en Ucrania entre 2021 y hasta poco antes del inicio de la invasión rusa,
el 24 de febrero de 2022, que sorprendió al equipo de Penn en el país.
La
Berlinale renueva así su carácter de
festival con una alta voluntad de compromiso político, en este caso plasmado en
el apoyo a la oposición iraní y contra la guerra de agresión de Rusia contra
Ucrania.
Al margen de estas expresiones políticas, el festival se ha visto
salpicado por algunas manifestaciones fuera de programa, como la protagonizada
en la jornada inaugural por dos activistas climáticos de la llamada "Letzte
Generation" -"Última generación"-, que se pegaron en el suelo ante el
Berlinale Palast.
La acción
apenas alteró el discurrir sobre la alfombra roja de los invitados a la gala
inaugural, entre ellos varios ministros del gobierno de Olaf Scholz -como la
titular de Cultura, Claudia Roth, y el vicecanciller y ministro de Economía,
Robert Habeck, ambos de los Verdes, así como la de Interior, la socialdemócrata
Nancy Faeser-.
También coincidiendo con la jornada inaugural hicieron llegar
su protesta en las inmediaciones del
Berlinale Palast un grupo de empleados de salas de cine
implicadas en el festival, dentro de la campaña de huelgas convocada por el
sindicato del sector servicios Ver.di. EFE gc/rf